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Agua. Tierra. Fuego. Aire.
Mi madre solía contarme historias de tiempos antiguos, aquellos tiempos de paz en que el Avatar mantenía el equilibrio entre las Tribus Agua, el Reino Tierra, la Nación del Fuego y los Nómades Aire.
Pero todo cambió cuando los Nómadas Aire empezaron a reunir un ejército.
Solo el Avatar es capaz de dominar los cuatro elementos, un ser poderoso destinado a traer paz, pero cuando el mundo más lo necesitaba, desapareció.
Sospechosos de que el nuevo Avatar se hubiera unido al ejército de los Nómadas de Aire, la Nación de Fuego decidió atacar.
Pero las tribus de Agua no se quedaron de brazos cruzados. A pesar de que la Nación de Fuego libró al mundo de la amenaza de los maestros Aire y empezó a compartir su gloria con las otras naciones, brindándoles seguridad, los salvajes de la tribu de Agua crecieron hambrientos de poder y se aliaron para tratar de derrocarlos.
Han pasado cien años y la Nación del Fuego sigue resistiéndose a cederle el poder. Hace dos años, las tribus decidieron tomar el control del Reino Tierra para poder acceder a sus recursos, interfiriendo con la labor de la Nación de Fuego de llevar la llama de Agni a sus tierras.
Ahora el final de la guerra se decidirá con la conquista de la capital.
Algunos creen que el Avatar nunca más volvió a nacer entre los Nómades Aire, y que el ciclo se ha roto. Pero yo tengo fe en que él regresará y verá el bien que tratamos de lograr, ayudándonos a ponerle fin a la guerra.
Pero hay algo que está claro para todos. Si la guerra sigue durante más tiempo, los nómadas del aire no serán la única nación en extinguirse.
