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Rumores | Jacemond

Summary:

Jacemond | Broken Jacegon

Notes:

De nuestro canal Jacemond en WA para la linda personita que pidió este OS, gracias por participar en nuestro canal, espero lo disfrutes.

Work Text:

Los rumores en la corte de Aegon II Targaryen habían comenzado como un murmullo casi insignificante, una de tantas habladurías que nacían en los corredores de la Fortaleza Roja. Sin embargo, con el paso de los años, aquella insinuación se había vuelto más pesada, más peligrosa, más obvia, hasta adquirir la forma de una acusación que nadie se atrevía a pronunciar directamente frente al trono. El hijo que Jacaerys Velaryon había dado al rey —un niño fuerte, de cabellos claros y ojos demasiado intensos— había despertado demasiadas preguntas entre los nobles. Algunos aseguraban que era imposible ignorar el parecido con otro príncipe de la familia, uno cuyo nombre flotaba en cada conversación como una sombra inevitable.

El nombre de Aemond Targaryen.

La acusación finalmente fue presentada en frente del consejo del rey, envuelta en palabras cuidadosas que pretendían disfrazar el veneno que llevaban dentro. Se habló de traición, de linaje manchado, de la posibilidad de que el heredero del rey no lo fuera realmente. El murmullo creció entre los nobles como un incendio alimentado por el viento, y Jace comprendió de inmediato que negar aquellas palabras no sería suficiente para detenerlas.

Cuando se le presentó la acusación directamente, Jace exigió un juicio por combate, excusándose con que semejante calumnia contra él no podría pasar desapercibida y que, luego de que los dioses confirmaran su inocencia, porque lo era, él mismo quitaría la cabeza de los que habían levantado aquella mentira

Sin embargo, antes de que la decisión fuera anunciada públicamente, el rey lo mandó llamar a sus aposentos. Cuando Jace entró en la habitación, encontró a Aegon de pie junto a una ventana abierta, con una copa de vino en la mano y el ceño profundamente fruncido. No había guardias presentes, ni consejeros, ni sirvientes. Solo ellos dos. Aegon no se volvió inmediatamente cuando habló.

—Estos rumores son una humillación.

La palabra quedó suspendida en el aire, pesada, amarga. Finalmente giró el rostro hacia Jace, y en su expresión había algo más que enojo: orgullo herido, incertidumbre, incluso una sombra de duda que parecía irritarlo más que cualquier otra cosa.

—Dime la verdad Jacaerys—continuó—. ¿Te entregaste a mi hermano? ¿Es cierto en lo que dicen?

La pregunta cayó entre ellos como una espada desenvainada. Jace lo observó en silencio durante un momento antes de responder alzando la barbilla con molestia.

—Cuidado esposo, cuando mi inocencia sea probada en frente a todos, podría ser tu cabeza la que pida. Solo un hombre inseguro aceptaría una mentira así como verdad.

Aegon frunció el ceño.

—No estoy bromeando, Jacaerys.

—Ni yo —respondió Jace con calma y con un brillo amenazante en los ojos—. Si aceptas esa idea, eres tú quien se humilla a sí mismo Aegon, no yo. Deberías ser tú quien defienda mi honor y el de tu hijo, en cambio has dejado que pisoteen la reputación de tu Omega. Qué clase de Alpha eres.

Aegon sostuvo su mirada durante varios segundos. Parecía debatirse entre la rabia y algo más complejo, algo que ninguno de los dos estaba dispuesto a nombrar. Finalmente bebió de su copa y apartó la vista, como si aquella respuesta fuera suficiente para cerrar la conversación… o al menos para posponerla. Jace abandonó la habitación con el corazón latiendo con demasiada fuerza.

Porque… sabía que Aegon no era el único al que estaba engañando.

Desde el exterior, su matrimonio con el rey era una unión política que mantenía la estabilidad del reino. Sin embargo, en los pasillos oscuros de la Fortaleza Roja existía otra verdad, una que solo dos hombres conocían. En secreto, lejos de los ojos de la corte, Jace mantenía una relación con Aemond. Lo que había comenzado como rivalidad y resentimiento había terminado transformándose en algo mucho más peligroso, algo que ninguno de los dos había planeado y el deseo entre ellos terminó desbordándose en la profundidad de la fortaleza cuando Jace se entregó a Aemond y este lo lleno con su semilla incontables veces.

Aemond era un alfa dominante, orgulloso hasta el extremo, y Jace sabía perfectamente lo que significaría para él reclamar aquello que considerara suyo. Se lo había propuesto incontables veces: matar a Aegon, huir lejos, poner la corona en su cabeza si hacía falta, pero Jace siempre se negó, no quería comenzar una guerra. Por eso había guardado silencio. Porque el niño que todos creían hijo de Aegon… en realidad no lo era.

Jace lo había sabido desde el momento en que lo sostuvo por primera vez. Los omegas conocían ciertas verdades que ningún maestre podía explicar del todo, instintos antiguos ligados al vínculo entre alfa y omega. Había reconocido en su hijo algo que pertenecía a Aemond antes incluso de que los rumores comenzaran a circular por la corte. Pero Aemond no lo sabía. Y Jace se había asegurado de que nunca lo supiera. Si el príncipe descubría la verdad, no se conformaría con mantener el secreto. Aemond reclamaría al niño, lo reclamaría a él también, y no dudaría en desafiar al rey si era necesario. El reino entero podría arder por una decisión así, y Jace no estaba dispuesto a permitirlo.


Cuando finalmente el juicio fue llamado a atención pública el siguiente día en la mañana, Aemond dio un paso adelante para convertirse en el campeón de Jace. La sorpresa recorrió la corte como una descarga eléctrica. Nadie esperaba que el príncipe de un solo ojo defendiera el honor de Jace, y sin embargo ahí estaba, con la espada en la mano y la determinación grabada en cada línea de su postura.

—Si se me permite su majestad — Aemond alzó la mirada a su hermano el rey, que contemplaba todo desde la cima de su trono —peleare como campeón de Jacaerys, tu esposo, puesto que es mi nombre el que está envuelto en esta asquerosa habladuría — Aegon arrugó la nariz al verlo y Aemond le dedicó una mirada gélida a su hermano. Aegon sabía que en esa mirada no solo había orgullo pisoteado, había desafío, había un “haré yo lo que no haces por tu Omega”, había un insulto en el azul del ojo de su hermano menor. Aegon no respondió, se levantó del trono y descendió para marcharse, no había más nada que decir.

Esa misma tarde se sucedió el combate, el cual fue rápido y brutal. Cuando Aemond finalmente derrotó al caballero del acusador y colocó la punta de su espada contra su garganta, el veredicto de los dioses quedó sellado ante toda la corte. El honor de Jacaerys Velaryon había sido defendido. Pero Aemond no se quedó allí, sin contemplaciones pasó el filo de la espada por el cuello del contendiente, nadie que osara ofender a Jace iba a quedar con vida si estaba en sus manos. Desde las alturas del palco Aegon y Jace vieron la mirada fiera de Aemond cuando levantó la cara hacia ellos. Jace asintió, y miró a Aegon antes de levantar, este lo miró con rabia.

—Quiero la cabeza de los calumniadores mañana, en mi habitación, servidas con mi desayuno. Disfrutaré de un café mientras que los ojos muertos de los que me insultaron observan. — se volteó y se marchó sin decir más nada. En la arena, Aemond se volteó y dejó el lugar.

 

 

Aquella noche, cuando todos dormían, Jace encontró a Aemond en su habitación. El príncipe parecía tranquilo, casi indiferente, pero cuando sus miradas se encontraron algo cambió en la tensión del aire.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Jace finalmente—. No tenías que involucrarte.

Aemond lo observó con calma.

—No permitiría que la corte manchara tu nombre con mentiras. Además… como dije ante Aegon, también estaban manchando mi honor.

Jace soltó una breve risa sin humor.

—Eso no responde a mi pregunta.

Hubo un silencio breve antes de que Aemond hablara otra vez. Esta vez se acercó a Jacaerys, acarició su mentón con sus largos dedos y presionó su pulgar contra los carnosos labios del moreno.

—Cada vez que veo al niño en los jardines… siento algo extraño.

Jace se quedó inmóvil.

—¿Extraño?

—Familiar —corrigió Aemond mirando fijamente la boca de su amante—. No sé por qué.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente y luego subió la mirada a los ojos marrones de Jace.

—Dime algo, Jacaerys… ¿los rumores son realmente tan absurdos como dices?

El corazón de Jace latió con fuerza, pero su expresión no cambió.

—¿De verdad vas a creer en chismes de corte?

Aemond no se contuvo más, eliminó la distancia entre ellos y le mordió la boca, solo para luego besarlo con aquella fiereza y pasión a la que Jace no podía resistirse.

—Hace 5 años—dijo en voz baja sobre su boca—. Cuando todo esto empezó, cuando apenas habías sido comprometido con Aegon, cuando no habías concebido a tu hijo, fuiste mío muchas veces, mi semilla llenó tu vientre, mi nudo quedó dentro de ti incontables veces, lo sabes... y un tiempo despues, quedaste encinta  — lo volvió a besar mientras subía sus manos por su cintura, deseoso—. Dímelo Jace, ¿es mi hijo?

Jace sostuvo su mirada sin responder. Había secretos que podían destruir reinos enteros. Y aquel era uno de ellos. Poco a poco bajó su mirada, pasó la mano por la abultada entrepierna de Aemond y le quitó el cinturón. Jamás podría decirle la verdad, pero jamás dejaría de recibirlo en su cama, estaba dispuesto a dar a luz 20 bastardos si todos eran de su amante, de su guerrero, del amor de su vida.