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Había sido una semana complicada.
Honestamente, había sido todo un año complicado. La sargento Michelle McCluskey estaba acostada en el sofá de su casa tratando de acomodar sus ideas. La preocupación de tener a uno de sus compañeros en una situación como la de la semana anterior no la había dejado descansar. Desde la cocina, su marido, Adam, estaba preparando algo para cenar, pero ella no podía ni considerar comer.
Cuando Michelle le había pedido a Toby que fuera su informante, ella jamás había imaginado que iba a ponerlo en riesgo de muerte. Por supuesto, la naturaleza del trabajo, y la naturaleza de Toby de ayudar, habían logrado que el hombre se pusiera en peligro muchas veces para salvar a civiles y a ella misma.
No podía mentir y decir que Toby Logan no hubiera sido un gran apoyo en infinidad de casos sin tener un arma, en especial luego de que Klein lo contrató oficialmente como consultor. ¿Pero por qué Toby insistía en defender a todos sin tener habilidades para eso?
La sargento era la primera en reconocer que el telépata era excelente leyendo tanto mentes como gente. Incluso era buen detective para no haber sido policía o algo similar antes. Pero su autodefensa era mediocre con suerte. Y no era que no lo intentara, Michelle sabía que él constantemente entrenaba en artes marciales mixtas y boxeo, pero eso no le ayudaba mucho.
Toby no era bueno luchando.
Sin embargo, eso no desmeritaba su valentía. Incluso luego de que le dispararon, el exparamédico no dudó en seguirla con un arma que encontró en la escena y salvarla al matar a Delgado. Hasta cierto punto, mucho de lo que había sufrido Toby durante su recuperación, era culpa de ella. Si hubiera esperado refuerzos, muy posiblemente su compañero no hubiera tenido que lidiar con el peso de una muerte siendo casi un civil.
Todo este asunto le pesaba en la conciencia.
Adam la llamó para decirle que la comida estaba lista. Michelle no se movió. Seguía contrariada pensando en ese último caso.
Tal vez debía reconsiderar la posición de Toby en el equipo. Si bien ella no era la líder, Klein tenía muy en cuenta sus opiniones. Michelle lo había pensado un par de veces antes, pero ahora si tenía más sentido impulsar el darle un arma a Toby. Después de todo el mismo exparamédico ya lo había comentado con el equipo, pero Klein no había logrado conseguir un arma para un consultor especial.
Tomó su teléfono y buscó los reglamentos qué hacía meses Dev le había enviado a su correo.
En algún lugar tenía que haber alguna cláusula con la que pudieran justificarlo.
Ahora solo tenía que encontrarla.
Desde la cocina, Adam sonrió al ver a su esposa concentrada y decidida. Ya comerían cuando ella salvara al mundo o a su amigo y compañero.
Horas más tarde, la sargento dejó su teléfono sonriendo. Tenía la solución. Ahora solo necesitaba hablar con su jefe.
***
Una semana después, Michelle McCluskey entró a su sala de conferencias favorita de la IIB. Dejó una maleta pequeña en la mesa y se sentó a esperar a Toby.
Ella lo había citado a la oficina aunque el hombre seguía en licencia de salud mental tras la investigación de la muerte de Roman Delgado. Cuando había hablado con el telépata, le había parecido que estaba bien. Tal vez menos animado que de costumbre, pero con el estoicismo de Toby era difícil saber su estado a través del teléfono. Toby era el tipo de persona que solo se podía leer al ver sus ojos en vivo.
Poco después, entró a la sala un hombre delgado vestido con ropa oscura. Se veía algo más pálido de lo usual, pero al mirarlo a la cara supo que su compañero iba a estar bien.
—Gracias por venir, Toby. Es bueno verte—. Le dijo Michelle mientras se levantaba para saludarlo con un breve abrazo. Normalmente, no hubiera sido tan efusiva pero la palidez de Toby hizo que ese abrazo fuera la única opción en el momento—. Te ves mejor.
—Gracias, Michelle. ¿Cómo va todo por aquí?—respondió el telépata mientras se sentaba en la silla a la par de ella.
—Todo ha estado tranquilo. No hemos tenido ningún caso grande desde la investigación sobre el Ministro de Justicia francés.
Toby Logan la miró fijamente sin decir nada. Unos años antes, Michelle tal vez hubiera creído que él estaba leyendo su mente, pero ahora sabía que esos ojos azules rara vez leían sus pensamientos sin permiso. Invadir la privacidad sin razones de peso no era el estilo ni el credo de su compañero. Michelle, se movió ligeramente en su silla preparándose para darle la noticia a Toby.
—Te debo una disculpa— le dijo ella antes de cambiar de idea—, es más, todos te debemos una disculpa. Cuando la IIB te contrató como Consultor Especial, no te dimos todas las herramientas que necesitabas. No debimos haber supuesto que solo con tus habilidades estarías seguro.
Toby abrió la boca para interrumpirla, pero Michelle continuó:
—Personalmente, te debo la vida... Y es imperdonable que hayas tenido que tomar el arma de un criminal para defenderme, más aún estando tú herido. Por eso, insistí con Klein y logramos esto.
La sargento Michelle McCluskey empujó la maleta hacía Toby y le hizo un gesto para que la abriera. El hombre dudó por un momento y manipuló el cerrojo. Adentro, había una Glock 17 que se veía nueva.
—Vaya… No esperaba encontrarme una Glock 17 de tercera generación—. Comentó él mientras sacaba la pistola y la examinaba con cuidado. Michelle sintió orgullo al ver que Toby había reconocido el modelo exacto.
—Por ser un consultor, no podemos asignarte un arma estándar de la Policía Montada. Pero encontramos la opción de comprar esta con el presupuesto discrecional de nuestro equipo y dejarla asignada permanentemente a ti— le dijo ella con una sonrisa.
Había tomado algo de tiempo encontrar ese vacío legal, y Klein había tenido que usar favores con algunos jefes para que se aprobara, pero finalmente habían logrado que todo el papeleo fuera oficial. Toby tenía toda la confianza del departamento y esa arma era la prueba física de eso.
El telépata dejó la Glock en la maleta y se quedó en silencio por unos instantes. Bajó la mirada y dijo muy bajito como si hubiera leído su mente:
—Gracias, aprecio la confianza de todos.
—De nada, Toby. Es algo que debimos haber hecho hace tiempo, la verdad—, le respondió ella. La conversación estaba poniéndose muy emocional y profunda. El mismo exparamédico se veía casi tan incómodo como ella se sentía—. Además no creas que es un regalo. Dev ya está preparando toda una larga lista de reglamentos que tienes que leer antes de siquiera poder llevarla. Eso sin contar que tienes que aprobar oficialmente la evaluación de uso y portación de armas de la IIB. Y también tienes que aceptar ser un buen tío para mi futuro bebé…
Toby Logan levantó la mirada y una sonrisa cruzó su rostro. Hasta sus ojos azules parecían brillar de alegría.
—Trato hecho, Michelle.
Michelle McCluskey le dio un breve apretón en el hombro y supo con más certeza que nunca que había tomado la decisión correcta con su compañero.
Ahora él también podría defenderse.
