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Adueñarse del estilo.

Summary:

Luego de permanecer más de 300 años encerrados en gigantescos tubos de ensayo, a los clones de la difunta clase A, se les brinda una habitación a la que pueden llamar suya. Para uno en particular, es el comienzo para encontrar todo lo que puede llamar suyo junto con quienes considera una parte indispensable de ella.

Notes:

Los nombres de los clones de la clase A son literalmente números en alemán, por lo que seguiré esa lógica para nombrar a los que no obtuvieron su número.

Work Text:

La habitación era espaciosa y estándar, tenía todo lo necesario, pero no se sentía esencia alguna que les dijera que el blancuzco cuarto era ocupado por alguien, sin fotos, sin ropa colorida o llamativa, a excepción de esos uniformes rosa y verde que a la mayoría no le gustaba, y por supuesto sin una fila de camas bonitas, en su lugar había altas literas de cobertores aburridos y colchones rectangulares, lo salvable de estos era lo mullido que eran. Tal vez más de uno se sintió decepcionado del paisaje del dormitorio que usarán, pero para Vier todo era la experiencia más asombrosa que había vivido. 

Pasó 300 años atrapada dentro de esos cilíndricos y horribles tubos de ensayo, así que para ella todo estímulo era un regalo de su, normalmente sereno, padre. Además que la habitación fuera aburrida y monótona no significaba que debía mantenerse así para siempre, podía adornarla como se le placiera y darle la vida que venía planeando desde que se enteró que tendría un espacio suyo, no le causaba fastidio la idea de compartir el dormitorio con los demás clones, pues al fin y al cabo durante unos 3 siglos que había estado compartiendo con ellos su espacio, ya hasta se le hacía raro estar sin ellos. 

--¡Quiero la de abajo!--anunció alegremente. 

Sin dudarlo, Vier corrió a la litera más pegada a la pared y se lanzó a la cama inferior disfrutando del contacto nuevo, rió como una niña pequeña y con placer abrazó el cobertor verde oscuro, adoraba la idea de dormir como un humano normal en lugar de permanecer suspendida en ese líquido caliente por quién sabe cuánto más. Neun, la más joven, la miró entretenida para luego imitarla, sus almas de niñas pequeñas nadie se las iba a apagar. 

--¡Neun, deja de copiar todo lo que hace Vier!--se quejó Acht con los brazos cruzados y su brillante mirada verdosa clavada en la aludida. 

--Déjala ser, Acht. Disfrutemos nuestro tiempo en nuestro nuevo cuarto. 

--Eres demasiado permisiva, Zehn. 

--Y tú, ridículamente estricta, disfruta la vida--se quejó la dama de cabello corto y oscuro. 

Zehn abandonó la discusión con la misma rapidez con la intervino inicialmente, para poder elegir su cama, sus ojos chocolate recorrieron las opciones hasta que por fin se decidió por una litera ubicada en el centro del dormitorio, justo a la izquierda de Neun, quien ignoraba olímpicamente la discusión que se formó por ella y gozaba de la cama mullida que reclamó como suya. Acht bufó ya habituada a las actitudes de los clones y con un encogimiento de hombros prefirió tomar una cama antes de que las opciones disminuyeran drásticamente. 

--Como sea, voy por una de abajo--manifestó con rapidez la chica mientras pasaba sus dedos por su corto y recto cabello sujetado por un cintillo. 

--La de arriba--declaró con el ceño fruncido Fünf sin dar más detalles.  

El clon de Sumitani sonrió más cuando la arisca y malhumorada chica de coleta alta subió a la cama que estaba encima de ella y la reclamó como suya acostándose rápidamente. Se sentía más real todo el asunto de su libertad cuando no estaba sola, los clones ya se habían vuelto en una parte valiosa e insustituible de ella, aunque nunca lo admitiera en voz alta. Pronto cada cama había sido tomada por un clon causando que el ambiente se endulzara, al menos para Vier fue así, se sentía como ese deseo que por fin se cumple luego de un incalculable y doloroso lapso desbordante de ruegos. 

--¡Escuché que podemos poner cobertores de otro color o diseños!--exclamó con alegría Sechs--¡Le pondré celeste a mi cama! 

--¿Celeste? Pensé que elegirías rosado--comentó distraídamente Sieben. 

--El uniforme es rosado, mi cabello es rosado, ya tengo suficiente de ese color. 

--Hablando del uniforme… ¿Tenemos que usar sí o sí esa cosa?--se quejó Vier--¡Los uniformes del servicio especial son diferentes y más lindos! 

Vier se posicionó boca arriba en la cama, su rostro expresaba perfectamente la irritación que sentía al tener que usar un atuendo tan aburrido y que, para variar, la hacía sentir que no era ella misma. Sabía que era un clon, un humano artificial, sabía que su apariencia le pertenecía a una muchacha muerta y que lo único que podía llamar suyo era su nombre y aquella estrella en la comisura de su labio, pero todo eso no evitaba que deseara al menos no usar la ropa que utilizó la original, quería desligarse de esa niña delicada y dócil que ya no importaba, esa mocosa estaba muerta y Vier estaba viva. 

¡Prefería seguir usando el conjunto blanco que les dieron los científicos a usar ese estúpido uniforme de la clase muerta! Inconscientemente se abrazó y tiró de la tela de su camiseta manga larga y cuello redondo que hacía juego con el pantalón holgado, pues ambos eran del mismo color. En ocasiones la arquera pensaba que estaba usando la misma ropa que usaría un paciente de un hospital psiquiátrico, pero al menos no le pertenecían a un par de chicos que ya eran polvo. 

--Padre así lo determinó, aunque también dijo que todo lo demás era de nuestra elección--le contestó Eins con una sonrisa astuta. 

--¿Todo lo demás? ¿Nuestra ropa interior cuenta? 

--Todo, Vier. Puedes andar sin ropa interior si te da la gana o decorar con sangre las paredes y el techo, pero tienes que usar el uniforme--espetó Fünf. 

--¡Eso es perfecto!--exclamó el clon de Asumi sin inmutarse ante el tono agresivo de Fünf--¿Por qué no vamos a buscar ropa interesante? ¡Quizá hasta podamos ver revistas de humanas, escuché que la mayoría contiene información sobre las prendas y tendencias llamativas! 

--¿Existen revistas solo de ropa interior?--Acht no pudo evitar soltar una risilla--Los fetiches de hoy en día son hilarantes. 

--Fetiche o no, llamaron mi atención--declaró con una sonrisa interesada Zehn--Estoy dentro. 

--Bien, ¿Por qué no? Es decir, realmente tenemos que cambiar nuestro vestuario en algún punto del día--apoyó Eins. 

--Supongo que algo divertido puede salir de esto-- rió Zwei. 

--¡Apoyo la moción con toda violencia!--exclamó Neun con sus orbes morados destellando como si de estrellas se tratasen--¡Hagámoslo! 

Vier sonrió emocionada ante la aceptación grupal de su estrafalaria idea, desde hace años que tenía el anhelo de realizar alguna actividad entretenida con los clones, esa era otra de las razones por las que comenzó a desear salir de esos tubos y ahora que por fin consiguieron obtener el visto bueno de su padre tenían derecho a gozar. Ella por fin podía saber lo que era una "reunión de amigos" por más que no supiera lo que era un "amigo".  

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--¿Para qué son los vestidos?--cuestionó Acht a la vez que arreglaba su cintillo lila, realmente odiaba cuando su cabello rubio no le obedecía--Creí que solo la ropa interior entraba en el asunto. 

En el centro del enorme cuarto había una cantidad considerable de ropa de todas las tallas y colores en todo su esplendor. No solo habían vestidos o la tan afamada ropa íntima, sino que los pantalones, faldas, chaquetas, zapatos, calcetines y un sin fin de accesorios más, formaban parte del montón en el suelo. Era como ver todos los productos de una tienda de ropa a merced de los clones. 

--Con todo esto podríamos abrir nuestra propia tienda--bromeó Drei a la vez que con curiosidad buscaba entre los géneros algo que le gustara. 

--Me quedo con esta chaqueta--sin dudarlo Zwei se colocó la oscura chaqueta de mezclilla. 

--Le pregunté a padre si realmente era necesario que usáramos ahora los uniformes y me dijo que podíamos ponernos cuanta ropa queramos con la condición de no quejarnos cuando nos ordene usarlos--aclaró con simpleza Eins. 

--En ese caso, ¡Pido el vestido de lentejuelas rojas y el de doradas también!--sin perder tiempo Neun sacó los dos vestidos cortos del montón.  

--¡Yo voy por la ropa íntima!--sin pensarlo mucho Vier se lanzó a cumplir su objetivo. 

La arquera ni siquiera se preocupó de recoger sus elecciones y llevarlas a un sitio más privado, solo se desvistió frente a las miradas de los clones con una naturalidad envidiable. Su piel blanca y suave se erizó ligeramente por la frescura del ambiente, que también logró erguir sus pezones, eso por sí solo debería lograr despertar un mínimo de pudor en ella, más fue completamente inútil, además los demás chicos apenas repararon en la desnudez de su compañera, cada uno destinó su atención a sus propios asuntos, incluso hubo quienes la imitaron para facilitar sus objetivos. La falta de impresión u horror por parte de todos se debía únicamente al lapso que estuvieron presos en los tubos, pues en estos no podían usar ropa, asimismo nadie tuvo la cortesía de explicarles las normas no escritas que regían las vidas de quienes debían imitar. 

Tal vez más adelante obtengan ese conocimiento, pero hasta que ese instante no llegue, para todos era normal la desnudez. 

Siguiendo las instrucciones que obtuvo de Eins, la chica con el poder de la Pursuit Baron logró vestir su pecho con un llamativo sujetador escarlata con dos tirantes unidos a las copas y a los tirantes que iban por sobre los hombros, le gustó el diseño y el color, sin embargo, le hubiera gustado aún más si el creador de la prenda le hubiese añadido un tono más claro a la misma. Con paciencia se colocó las bragas que iban a juego con el sostén y agarró el espejo de cuerpo entero que Sechs consiguió para "modelar" lo que escogen. 

--Me lo quedo--determinó sacándose las piezas de tela y buscando otro par para hacer suyo. 

--Toma--sin más aviso que ese el clon de Ichinose le lanzó un brasier azul rey con un encaje floral y con la abrochadura en el puente, también venía la braga correspondiente--Me queda muy ajustado, pruebatelo tú que tienes menos pecho que yo, y si no te queda dáselo a Fünf que tiene menos que tú.

La nombrada gruñó, pero no dijo nada. 

Eins, al igual que Vier, se desnudó apenas tuvo en sus manos las piezas de género cosidas por hilos a juego, pero a diferencia de ella, la chica ya tenía a su derecha una pila perfectamente doblada de sus prendas favoritas. Al parecer, Eins tenía lo que las científicas llamaban "un buen ojo" para los estilos y combinaciones que le favorecen.  

--¿Por qué las chicas tienen ropa más interesante que nosotros?--se quejó Drei--Hasta el momento todos los bóxer me parecen iguales. 

--Bueno, ¡Tienes estos!--comentó Sechs con burla mientras sostenía unos calzones oscuros que Vier estaba segura que se llamaban zeppelin. 

--No son mi estilo--sentenció firmemente. 

--¿Ahora tienes estilo?--sin molestarse en ver en donde caían, Sechs lanzó la prenda lejos. 

Un estilo, algo que solo le pertenecía a ellos y no a su padre o a la clase original.

--¡Y es uno de los mejores!

--Ajá. 

La arquera se burló de la respuesta junto a Sechs, ganándose un bufido de Drei que le divirtió más. Se sentía cotidiano, como algo que siempre debió ser así, tan normal y tan novedoso a la vez que sin duda amaba la sensación, porque era mejor que la de vacío o depresión que sentías al permanecer en el limitado mundo del laboratorio. Era un instante irremplazable en medio de la destructiva tormenta que eran sus vidas. 

--Creo que yo también acabo de crear mi estilo--declaró Vier mirándose en el espejo. Tenía algo más a lo que llamar suyo.

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