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Aegon el Fugitivo

Summary:

Si quieres una historia profunda y significativa no leas esto.

 

El libro y la serie coinciden en algo: Aegon no estaba interesado en ser rey. Así que digamos que la mañana después que muere Viserys, Aegon se entera que lo están buscando para coronarlo rey y dice "nada, me largo de aquí"

Chapter 1: "Poner los pies en polvorosa": huir, escapar precipitadamente.

Chapter Text

Mira, Aegon no quería ser un semidiós… espera, fandom equivocado.

Empecemos de nuevo:

Mira, Aegon no quería ser rey. No importa lo que la propaganda verde quiera hacer entender, él no estaba interesado.

En serio.

Si le preguntaban, él solo quería pasar sus tardes con una copa de vino y perderse en la profundidades de la mirada de Sunfyre. También quería un estipendio de por vida de pasteles de limón, su bufanda roja favorita y en ocasiones a Helaena. No necesariamente en ese orden. También deseaba huir de una vez por todas de los agudos chillidos de la reina ¡por los dioses, esa mujer lo volvería sordo algún día!

El caso es que Aegon disfrutaba tranquilamente de una espectacular resaca cuando escuchó la noticia más escandalosa: el rey momia había estirado la pata por fin y su hermano tuerto lo buscaba para coronarlo rey. El hermano tuerto de Aegon, no del rey. (Por lo que Aegon sabia, el hermano del rey no solo era la belleza valyria personificada, sino que hasta el sol de hoy podía presumir de poseer sus dos ojos)

Con un súbito subidón de adrenalina Aegon se levantó, tomo su bufanda favorita descartada injustamente sobre una silla horas antes (tendría que pedirle perdón adecuadamente después) y se dispuso a salir del burdel, de la ciudad y del mudo si era posible. El plan marchaba sobre ruedas hasta que en su salida apresurada del establecimiento no veía por donde corría y se tropezó con un balde.

Culpa del balde, no de Aegon.

La repentina conmoción tuvo la desafortunada consecuencia de asustar a una joven lavandera que pasaba por ahí. Aegon sostendría hasta el día de su muerte que en ese momento no había chillado como una rata ahogada. Repentinamente un soplo de aire frio le hizo darse cuenta de que en su premura había olvidado ponerse la ropa. Toda la ropa. Decidiendo que la ropa era imprescindible para su épico escape regresó al burdel.

Y no, su apresurada retirada no tenía nada que ver con el gruñido de ira de la lavandera. Pfft, que absurdo.

Mientras se ponía la segunda bota se sobresaltó de nuevo cuando vio una colosal rata aferrada a la punta de su bufanda mirándolo fijamente con malicia.

Por motivos de conservar la escasa dignidad de Aegon vamos a adelantar esta historia hasta un callejón, donde el príncipe casi fugitivo se escondía detrás de un árbol para evitar ser visto por su hermano tuerto.

-¡Busquen hasta por debajo de las piedras si es preciso! ¡Ese hijo de puta no puede estar muy lejos!

Sir Criston carraspeó incómodo.

-Mi príncipe, recuerde que es su hermano,

Aemond lo miró como si el caballero fuera particularmente lento.

-Lo sé.-Respondió secamente.

-Bien. Así que tal vez llamarlo hijo de… correcto, correcto iré por…-señaló una dirección al azar-por aquella dirección.  Sí, eso haré.

Aemond no entrecerró el ojo con furia porque hacerlo solo disminuiría su ya limitada visión. Así que se conformó con un entrecerrar de ojos mental. Satisfecho, siguió con su búsqueda evitando cuidadosamente una rata en su camino. Esa rata no lo miraba con odio ¿cierto? No, seguramente el estrés de buscar a su hermano le estaba pasando factura…

Queda de parte del lector juzgar si la razón por la que Aegon no fue encontrado en ese preciso momento fue por la anteriormente mencionada limitada visión de la copia fallida del Príncipe Rebelde o por la maravillosa interpretación de Aegon de un árbol (con las manos a los lados imitando ramas y una expresión general de “solo soy un árbol, nada que ver por aquí”)

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