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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-08-09
Completed:
2023-09-30
Words:
43,603
Chapters:
5/5
Comments:
46
Kudos:
223
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50
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4,300

Un reloj roto no detiene el tiempo

Summary:

[Tiempo restante: 00:02:56]

Aprieta los labios mientras ve los números bajando. Un par de memorias pasan por su cabeza.

Hay un peso hueco en su pecho cuando recuerda la situación compartida. Lleva una mano a su rostro. No le gusta esto. No le gusta el desagradable y cálido sentimiento que se asienta en su garganta y lo ahoga con lentitud. No tiene tiempo para ello.

(Kim Dokja no necesita saber quién es esa mujer.)

Notes:

sí, uh... es autoindulgente más que nada, lo lamento

so... me di cuenta de que es más fácil escribir desde el punto de vista de yjh que el de kdj, ya que al menos el wn este no se ve como un narrador poco confiable

wah~ realmente llevo algo de tiempo queriendo escribir esto, porque realmente me gusta mucho punisher, brO— no sabía cómo hacerlo así que le agregué un tropo extraño (?), lamento los inconvenientes /reverencia, reverencia

Chapter Text

Un gemido desagradable escapa desde lo profundo de su garganta. Hace una mueca con los labios y termina apoyándose contra una de las sucias paredes del callejón. Gira la cabeza hacia los lados, esperando no encontrar algún alma cerca. No lo hace, y eso alivia un poco el feo malestar que sube por su columna. Aun así, el estómago le pesa y sigue siendo innegable el dolor que se asienta sobre su piel y músculos.

Es una tortura. Este cuerpo. Este cuerpo pequeño y desagradable que está a merced de un trato tan estúpido.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género pregunta por su bienestar]

Gruñe una horrible maldición mientras observa el mensaje indirecto puesto ante sus ojos. Aprieta los puños, queriendo reírse sin ganas debido a esa sarcástica pregunta. No puede verlo, pero es más que seguro que el maldito bastardo que lo metió en esto debe estar sonriendo, viendo su actual estado desde más allá del cielo.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género sonríe maliciosamente]

Ah. Allí estaba. La innegable maldad de todos esos seres repugnantes que brillan entre la infinidad.

Un par de chispas se alzan por sus brazos y piernas, haciendo sonidos desagradables sobre sus oídos llenos de algodón. Duele, está caliente, quema. La ridícula temperatura que causa hace que quiera quitarse de inmediato el abrigo y las capas de ropa que lleva encima, tirar los cinturones, los zapatos y las armas, desear enterrarse en la tierra fresca pero asquerosa bajo sus pies solo para disminuir el ardor que continúa carcomiéndole desde dentro hasta afuera.

Pero en vez de hacer algo, simplemente se queda quieto. Aprieta los dientes mientras frunce el ceño con más fuerza, sintiendo un par de venas abultarse en su cuello y frente. Apoya el hombro contra el muro a su costado en cuanto otra ola de chispas le inunda de arriba abajo, y ahoga otro quejido. Por inercia, alcanza el mango de la espada en su cintura y el cuero de sus guantes hace sonidos chirriantes mientras aprieta con avidez.

Tiene que aguantar.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género sugiere ir en busca de un...]

—Cállate —gruñe, de manera amenazante, mirando con absoluta furia el mensaje indirecto a medio terminar.

Casi puede escuchar una risa burlona resonando en sus oídos. Es repugnante.

Yoo Joonghyuk nunca se ha arrepentido tanto de haber aceptado un trato con una constelación. Sabe que debió pensarlo mejor, razonar sobre los pros y los contras antes de simplemente ir de acuerdo a las pautas que le daría este bastardo de Star Stream. Pero fue enceguecido por algo más importante en su momento, y ya no se puede retractar.

No es que se arrepienta. No sirve de nada hacer algo así.

Pero la incomodidad le hace querer cortar todo lazo de inmediato y desaparecer de este plano de una buena vez.

Otra ola de chispas y un gemido involuntario. Aprieta las piernas juntas al sentir que tiemblan involuntariamente. Los segundos se le hacen eternos mientras respira con fuerza por la boca, soltando jadeos ruidosos en mitad de la nada. El algodón sube de nuevo a sus oídos y siente la cabeza ligera. Hay calor en su rostro, en su cuello, en sus brazos, manos y vientre. Hay calor por todos lados. La ropa no ayuda, el largo cabello que cubre parte de su visión tampoco lo hace. Es una tortura silenciosa.

Si tan sólo...

[La constelación a la que le gusta cambiar de género declara que te sentirás mejor si obedeces las condiciones]

—A la mierda tus condiciones —escupe, todavía jadeante. Una gota de sudor resbala por su frente y baja por su mejilla, hasta caer desde la barbilla directo a su pecho. La mano alrededor de su espada empieza a doler debido a la presión que ejerce al apretar, pero no se detiene. Mira con odio profundo al cielo casi vacío—. No seguiré tus asquerosos deseos.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género está sonriendo]

Justo después, hay otra ola de probabilidad.

Ahoga un grito al apretar los dientes. No hay aroma a carne quemada como en una situación normal, sin embargo, preferiría eso a sentir el sudor resbalando por su cuello y pecho, el ardor y presión en zonas blandas, y una rara viscosidad bajando por sus muslos.

Asqueroso.

Jadea una vez más. Abre una ventana y la luz azul alumbra sus pupilas dilatadas.

[Tiempo restante: 03:12]

Tres minutos. Sólo tres minutos más. Tiene que aguantar.

Pero en medio de sus repeticiones mentales para mantenerse en pie, no percibe la presencia que se alza detrás suyo. Hasta que esta misma lo toca.

A una velocidad sobrehumana, saca la espada de su funda y la coloca a escasos centímetros de la persona que había mostrado el descaro y la osadía de aparecerse justo a su espalda. Sin embargo, sus ojos fieros y su expresión rabiosa se disipa por un segundo al reconocer la bata blanca y la sonrisa extraña de este ente.

—Uh... Lamento haberte asustado —se disculpa el hombre, con las manos en alto y una postura ligera que deja ver sus puntos débiles, señal de que no le atacará—. Yo te llamé, pero no me escuchaste y pensé que–

—Kim Dokja —lo nombra, y se siente extraño el tono que sale de sus labios, tan distinto al de su verdadera voz. A pesar de eso, está seguro de que mantiene la cadencia amenazante.

Pese al obvio intento de advertencia, Kim Dokja enseña una de esas sonrisas que lo saca de quicio cada vez que llega a vislumbrar. Una sonrisa desconocida, rara, como si fuera una muñeca.

—Veo que conoces mi nombre —señala la constelación, con tono afable y calmado. Baja las manos al tiempo en que el filo en su cuello deja de apretar su carne, pero se mantiene allí como una advertencia implícita—. ¿Yoo Joonghyuk te ha hablado sobre mí?

Una de sus cejas se crispa.

Agradece que este estúpido no haya atado cabos desde la última vez que se vieron, o la última vez que discutieron.

—No —contesta secamente, volviendo a apretar el mango de la espada con fuerza. Su cabeza empieza a dar vueltas mientras continúa en esta posición de defensa, pero no puede simplemente bajar la guardia.

Kim Dokja suelta una ligera risita, tan irritante como sólo él podría ser.

Y aun así, algo dentro de su cabeza hace eco de ese sonido y consigue hacer que su pulso suba ligeramente.

—Me alegro —comenta despreocupadamente el hombre de blanco—. No quisiera saber qué cosas diría ese tipo sobre mí —agrega con un tono más bajo, desviando ligeramente la vista hacia otro lado.

Hay una ligera y extraña emoción en los ojos de Kim Dokja.

No le gusta. Algo hace que su estómago vuelva a pesar y su cabeza dé vueltas.

La espada en su mano tiembla, se tambalea, y no tiene de otra más que apartarla del cuello del idiota. Siente espasmos en sus brazos y piernas al tiempo en que la punta de metal toca el piso. Tiene tantas ganas de recostarse y esperar a que el dolor se desvanezca como las otras veces.

Pero hay alguien frente a él.

Tiene que irse.

—Oye, ¿puedo saber tu–?

Así que lo hace.

Da media vuelta y comienza alejarse, tan dignamente como se lo permiten sus piernas hechas gelatinas. Puede agradecer que sea lo suficientemente bueno como para que no se note que es un dolor terrible el estar huyendo—

No, no huyendo. Alejándose. Buscando un lugar seguro donde no verán el desastre en el que se ha convertido por culpa de—

Por culpa del imbécil que está alcanzándole.

—¡Espera, espera! Aún no hemos–

—No tengo... nada de lo que hablar contigo...

Maldice por dentro el hecho de que su voz ha salido con tanta dificultad, pero podría hacerlo pasar por un odio terrible.

Sólo que Kim Dokja es un bastardo persistente.

—¿Te sientes mal? —aventura suavemente la constelación, caminando a su lado a su misma velocidad, mirándole con una cara extraña que tal vez jamás haya visto antes, o simplemente no lo haya notado. No es que se pasara su vida mirando el feo rostro de este tipo—. Te ves un poco...

Se detiene un momento para guardar su espada, y abre un panel frente a sus ojos.

[Tiempo restante: 01:32]

—No me sigas.

Kim Dokja, curioso como es, había intentado ver. No es que el tiempo allí delatara algo de la situación, así que ni siquiera le toma importancia cuando vuelve a intentar caminar en otra dirección.

Un minuto más y podrá estar bien. Podrá regresar a su cuerpo normal. Se librará de una estúpida condición y podrá golpear la cara del idiota que... Maldita sea, todavía está siguiéndole.

—Lastimosamente, te necesito para algo importante —declara el hombre, con una seriedad abrumadora. Le alcanza de nuevo y, antes de que trate de alejarse una vez más, toma de su brazo para detenerle—. Es realmente urgente. No te estaría molestando si no... Espera, ¿estás bien?

Está jadeando, pero jadeando en serio. Siente que el aire no llega correctamente a sus pulmones y la piel le arde con fuerza, especialmente donde está tocando Kim Dokja. Quiere apartar esa mano de inmediato, pero no tiene la fuerza ni destreza mental para tal cosa. Apenas puede mantener sus piernas firmes. Siente sus dedos entumecidos y su boca llena de saliva, pero su garganta está dolorosamente seca. La gabardina sobre sus hombros y el arma en su cintura pesan como nunca y desea tanto quitárselas de encima. Pero está seguro de que deshacerse de todo solo le pondrá en una posición más difícil.

Sólo era un minuto.

Sólo le quedaba un minuto y ahora no puede escapar. Su transformación...

[La constelación a la que le gusta cambiar de género se deleita con la situación]

Con sus ojos apenas abiertos, su mirada nublada quiere ir hacia arriba y maldecir abiertamente a ese bastardo.

Pero sólo termina mirando la cara confundida y preocupada de Kim Dokja.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género ha decidido cambiar las pautas]

—¿Qué...?

No.

No. No. No. No. No.

Con horror y unos temblores desagradables, levanta el brazo que no está bajo el toque del hombre que tiene enfrente y abre de nuevo la misma ventana.

[Tiempo restante: 03:59:56]

Cuatro horas.

Cuatro putas horas.

Quiere reírse. La cantidad de probabilidad que debía estar gastando esa perra solo para aumentar su sufrimiento debía ser increíble. Al menos podía contentarse con esa idea, con eso de sufrir las consecuencias de tratar de jugar con su situación.

Pero igual seguía siendo una jodida mierda.

—¿Estás segura de que te encuentras bien?

Idiota, no actúes caballeroso, quiere gruñirle y darle la peor mirada de asco de su vida. Sin embargo, sólo atina a apartarse de su toque y dar varios pasos hacia atrás hasta que su espalda choca contra otra pared. Suelta un gemido bajo y sus rodillas tiemblan levemente. Apoya sus manos enguantadas contra los ladrillos mohosos e inhala y exhala varias veces, intentando calmar los desenfrenados latidos de su corazón.

Esta situación... Realmente es de lo peor.

—Puedo llevarte a que te traten —sugiere Kim Dokja, acercándose con precaución pero manteniendo una sana distancia—. En serio parece que necesitas ayuda. Déjame–

—No necesito tu ayuda —gruñe de manera amenazante, dándole una mirada molesta. Kim Dokja retrocede un paso, tal vez por sorpresa o susto, aunque eso en realidad no importaba.

—Bien. —Da un asentimiento tranquilo, y luego suspira por lo bajo—. Si no quieres ayuda, lo dejaré. Pero al menos dime si–

—Kim Dokja.

La constelación guarda silencio mientras le mira, con esa curiosidad brillante en sus ojos. No vuelve a hablar, pero se queda allí, cerca, como si no quisiera irse hasta conseguir lo que busca o simplemente asegurarse de que estará bien.

Este idiota terco.

Yoo Joonghyuk siente que su pulso vuelve a subir.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género le recuerda sobre la penalización]

[La constelación a la que le gusta cambiar de género sugiere apresurar su decisión]

Baja la mirada por un segundo. Varios pensamientos suben por su mente.

No se librará de esto. Ni una sola de sus habilidades podrá disminuir el desastre en su estado. Era cuestión de tiempo (son cuatro horas, cuatro horas así) para que su mente se quebrara y buscara una manera de aliviar el dolor en su cuerpo.

Traga pesado.

Realmente no tiene de otra.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género sonríe complacida]

[500 monedas han sido patrocinadas]

Maldice por lo bajo y se empuja con sus manos para volver a erguirse. Corta la distancia con el hombre que tiene enfrente, quien de pronto le mira con sorpresa y está a punto de hablar. Pero lo calla rápidamente al agarrarlo del cuello de la camisa con rudeza.

—Tú...

Sí, es cierto. En primer lugar, es culpa de este estúpido. Fue por él que terminó eligiendo y aceptando el trato con esa constelación imbécil.

Tendría que compensarlo de alguna manera.

—Hazte responsable.

—¿Responsable? —repite Kim Dokja, con esa cara tonta suya. Siente que algo sube por su garganta cuando él sonríe, confundido, frunciendo ligeramente el ceño—. ¿Por qué sería yo...?

—Te ayudaré —sentencia rápidamente luego de darse cuenta de que su boca ha soltado una cosa que podría delatar su situación. No, no puede dejar que Kim Dokja lo descubra de esta manera. No puede dejar que lo descubra de ninguna forma. Aprieta más la ropa entre sus dedos, espantando al hombre—. A cambio, me ayudarás.

—Ok. —Es casi risible cómo lo ha aceptado con tanta facilidad, pero de nuevo, este es Kim Dokja, un completo idiota que no toma en cuenta las consecuencias sobre sí mismo. Yoo Joonghyuk ha aprendido un poco después de un par de veces—. ¿Qué es lo que necesitas?

—Yo... —Vuelve a tragar pesado. Una de sus cejas tiembla y su mano se afloja. Realmente no quiere decirlo, realmente no quiere hacerlo, pero es cosa más que necesaria y es mejor si es con esta persona que tiene enfrente a cualquier otro extraño con el que tendrá la desdicha de toparse más tarde—. Necesito que vengas conmigo.

—¿Vas a matarme?

Tiene las ganas de decir que sí, pero en cambio niega lentamente con la cabeza. Ya no quiere abrir la boca, siente que su voz comenzará a fallar de verdad en el momento en que lo intente.

Espera a que Kim Dokja no sea tan quisquilloso esta vez.

—Está bien —acepta con un suspiro largo.

Yoo Joonghyuk casi se siente aliviado de que sea un idiota sacrificado dispuesto a ayudar a los demás.

Pero también le molesta ese hecho. Cómo se atreve a ser tan suave con un extraño.

Lo atribuye a que probablemente es porque lo necesita para el próximo escenario. En esta forma.

Ese también es un problema. Nada es gratis con este nuevo rey demonio. Va a tener que arreglárselas.


—Estoy pensando en que me mentiste y realmente buscas matarme —menciona casualmente la constelación, mientras observa curiosamente los alrededores de la habitación.

—Cállate, Kim Dokja —gruñe en advertencia, terminando de cerrar con llave la puerta. Deja el objeto en una mesita cercana y se da la vuelta para encarar a la otra persona, quien se encuentra de pie en mitad del lugar.

Ambos se miran en silencio por un momento. La incomodidad de estar atrapados en un espacio cerrado, y además teniendo en cuenta de que se trataba del cuarto de un motel en el que nunca antes hubieran entrado por voluntad propia, sube como el agua de una bañera taponada y se siente casi como ahogarse en un vaso de agua; ridículo, desesperante, extraño. Pero era lo que tenían.

Kim Dokja mete las manos en los bolsillos de su abrigo y le da una sonrisa algo forzada.

—¿Bueno? ¿Para qué necesitas mi ayuda?

—Desnúdate.

—¿Eh?

—Ya me oíste. —Decidiendo ignorar la expresión estupefacta del lector, camina hacia él mientras quita los botones de su gabardina y la deja colgada en una silla cercana. Luego alza la mirada para volver a ver su compañero, quien continúa hecho una estatua en su sitio. Frunce el ceño con disgusto—. ¿No me escuchaste, acaso?

Kim Dokja rápidamente parpadea y luego se aclara la garganta, mientras retrocede disimuladamente y cierra su bata con fuerza. Ya ni siquiera hace contacto visual, y Yoo Joonghyuk está seguro de que puede ver un ligero tinte rosa subir por sus mejillas en los segundos siguientes.

Se ve un poco más lindo de esa manera. Hace que el calor vuelva a subir con más fuerza por todo su cuerpo, obligándole a apretar los puños y tragar pesado en cuanto siente un tirón en su vientre bajo y algo viscoso volviendo a bajar.

—Um... Esto, yo... —balbucea la constelación, apenas mirándole, mientras hace una mueca complicada—. ¿Lo que quieres de mí es–?

—Así es. —Asiente una vez, y con toda la fuerza que le queda en el cuerpo ya casi lánguido por intentar luchar contra las olas de probabilidad, se acerca a Kim Dokja y agarra con fuerza los lados del abrigo blanco, abriéndolo de golpe—. No... no tenemos todo el día... —Hubiera deseado que su voz no saliera tan suave y necesitada, pero realmente ya no podía luchar contra eso.

Es Kim Dokja quien lucha, en realidad, porque le agarra de las muñecas y le hace apartar las manos. Se espanta un poco ante la fuerza de su contrario y la facilidad con la que ha podido quitarse de encima su toque, pero se recuerda que eso se debe a su falta de energía debido a la penalización.

Cuando mira hacia arriba, de la manera más amenazante que se puede permitir, se topa con la expresión nerviosa del hombre.

—¿Estás segura de esto? Yo... No nos conocemos y...

Tonto, claro que nos conocemos, quiere decirle mientras ríe, pero sólo puede bufar por lo bajo.

Otra ola de calor le hace perder la poca fuerza que había podido mantenerle en pie, y cae tranquilamente hacia el frente, descansando su frente en el hombro de Kim Dokja. Este último se tensa por completo y los dedos que sostienen las delgadas muñecas femeninas se vuelven más suaves, dejando de apretar hasta convertirse en una especie de toque fantasmal. Pero permanece allí, quieto y sosteniendo con su propio cuerpo el cuerpo lánguido de Yoo Joonghyuk.

Kim Dokja no sabe que esta persona que extiende sus brazos hacia él y lo abraza tímidamente es en realidad Yoo Joonghyuk. Y es mejor así, piensa el protagonista. Es mejor así, se repite, mientras se libera de las manos de la constelación y maniobra sus manos para quitarse los guantes y aferrarse a la tela cálida del abrigo de su compañero, enterrando sus dedos con cicatrices en esa suavidad inaudita. Es mejor si Kim Dokja no lo sabe, si no lo piensa ni lo ve. Es mejor que crea que es la artimaña de una desconocida que se ha metido en problemas y que lo usará como una distracción de una sola vez para formar un trato ambiguo.

No quiere que Kim Dokja lo vea en este estado. Tan débil, tan inútil, tan vulnerable, tan lejos de ser el hombre que lo mató debido a una profecía estúpida. Es mejor si mira a otra persona. A una mujer hermosa que no conoce y de la cual depende para pasar al siguiente escenario.

Pero eso no evita que todo continúe siendo desagradable.

—Eres un idiota...

—¿Hm? ¿Dijiste algo?

—No. Cállate. —Esconde su rostro sonrojado y febril en el hombro de Kim Dokja, y siente las manos del mismo moviéndose tentativamente a sus costados, pero nunca le toca, como si le diera miedo hacer tal cosa. Se pregunta si podría ser más estúpido. Lo está sacando de quicio otra vez—. Siéntate.

Antes de que Dokja pueda volver a hablar, lo empuja hasta que quede sentado en la cama. Observa un segundo esa imagen, la de este hombre petulante y desagradable bajo sus manos, atrapado entre un lecho frío y la persona que lo ha guiado hasta aquí. Los brillantes ojos de gacela van de aquí para allá un segundo, las largas pestañas revoloteando en parpadeos rápidos, antes de posarse completamente en la grácil figura que tiene enfrente. Las manos de la constelación de aferran a las sábanas por alguna razón.

Yoo Joonghyuk no piensa mucho en esto. Prefiere no hacerlo. Es mejor ignorar cualquier dilema emocional.

Con maestría de años de práctica, lleva sus propias manos al cinturón en su pecho y lo quita rápidamente, tirándolo a un lado. Le sigue el de su cintura, dejando caer la espada al suelo de manera ruidosa. Entonces se inclina hacia adelante, colocando una de sus botas entre las piernas del hombre, casi tocando su entrepierna. Kim Dokja se tensa visiblemente y sus ojos bajan hacia allí. Puede escuchar los tragos pesados que hace.

—¿No piensas empezar?

—Uh, sí. Cierto. —Como un idiota, asiente un par de veces y luego lleva las manos a su propia ropa, deshaciéndose de su bata y luego empezando a quitar los botones de su camisa negra. Yoo Joonghyuk se dedica a desatar los cordones de sus zapatos por mientras—. Sólo me preguntaba, ¿realmente estás bien con esto? Estoy seguro de que yo no–

—Cállate —gruñe de nuevo, levantando la vista mientras se deshace del zapato y prosigue con el otro, esta vez manteniendo un contacto visual intenso con la constelación—. A menos que lo que salga de tu boca sea un rechazo directo de hacer esto, no quiero escucharte hablar.

Una parte de sí quiere escucharlo negarse a esta situación, rechazar la desagradable oferta para ir y buscar a su verdadero compañero... el cual está aquí mismo, aunque claramente ese es un detalle que fácilmente puede ignorar. Pero esa parte suya es tan molesta de oír que simplemente la ignora y termina de quitarse las botas, bajo la atenta mirada de Kim Dokja.

Lo único que recibe es silencio. Al levantar la mirada, Kim Dokja todavía está viéndole, pero hay una expresión indescifrable en su cara pálida.

Le molesta. Hace que su corazón vaya más rápido. El maldito traidor.

Con rapidez, agarra los lados de la camisa del lector y separa la prenda hasta hacer saltar los botones restantes. Escucha un grito de horror que le hace sonreír un poco y, antes de empezar a oír quejas, lo empuja para que caiga de espaldas sobre el colchón. Se sube rápidamente sobre él, sentándose sobre el estómago plano con fuerza, sacándole todo el aire. Escucha un quejido y una maldición en voz baja que le causa más gracia.

—Realmente no es sexy... —murmura Dokja con poca diversión, mirándole con algo de burla.

Frunce el ceño, sintiendo molestia por esa declaración. Lleva sus manos al dobladillo de su suéter y lo levanta rápidamente, quitándoselo de encima. Su pecho rebota suavemente cuando es liberado. Pesa más que antes y es más que nada piel suave y maleable, lo que es sumamente molesto a la hora de pelear. Y, sin embargo, sólo mostrar esto parece conseguir que Kim Dokja se quede completamente estático.

Lucha con las ganas de sonreír al ver la expresión estúpidamente encantada del idiota, quien parece no poder apartar los ojos de esa zona en específico. Es sencillamente divertido verlo embobado por algo así, aunque no es que tenga la intención de pensar en eso. De esa manera, bufa por lo bajo y tira hacia atrás los largos mechones negros para después inclinarse hacia el frente y agarrar la nuca de Kim Dokja.

Escucha un jadeo silencioso escapar de la boca de la constelación antes de pegar sus labios a los de él. Es un beso brusco, más que nada, solo un choque entre labios y dientes. Realmente nada sexy, aunque es mejor si es así. Mientras menos placentero sea, tal vez había más posibilidades de pudiera llegar a olvidar todo esto y actuar como si nada en todo lo que le restara de tiempo junto a este hombre.

Siente unas manos posarse en su nuca. Dedos suaves se enredan en su pelo, las yemas masajeando los lugares que toca, y se siente bastante bien, lo suficiente como para hacerle aflojar la boca y suspirar por lo bajo. De esa manera, el beso se torna más suave, más cálido y amable. No planea quejarse por ello, no mientras Kim Dokja se muestra más asertivo y se separa varios centímetros solo para volver a chocar sus labios con ligereza, como si lo que quisiera fuera besar todo su rostro pero se contentara sólo con un pequeño lugar.

Pasan un par de segundos. Yoo Joonghyuk frunce el ceño y jala del cabello al hombre debajo, mordiendo los labios de éste mientras lo hace tirarse ligeramente hacia atrás. Con la boca abierta y soltando un quejido debido a la rudeza, Kim Dokja no prevé la lengua que se cuela dentro y gime por lo bajo cuando el calor ajeno inunda el suyo propio.

Las manos del lector continúan acariciando amablemente a su contrario, peinando los largos cabellos de noche, bajando tentativamente por la espalda desnuda, causando escalofríos leves y temblores ligeros. El cuerpo femenino sobre él se le pega más, haciendo que el pecho abultado se deslice por el propio, dejándolo extasiado con la sensación de la piel suave pegada a la suya. Hace que su vientre sienta cosquillas y se aferre más a los lugares que sus manos alcanzan.

Yoo Joonghyuk gruñe por lo bajo y se aparta del beso un momento después. Aún sobre el cuerpo de su compañero, lleva sus manos a los botones de sus pantalones y se los quita, para después ponerse de pie y deshacerse de ellos. Kim Dokja jadea audiblemente y sigue su ejemplo poco después, tirando a un lado los zapatos que no se había quitado antes y luego tirando de las otras prendas, siendo repentinamente detenido cuando está a nada de quitarse la ropa interior, debido a que vuelven a sentarse sobre él.

Casi es dolorosa la rudeza y las innegables miradas de odio, pero no es algo a lo que no se haya acostumbrado antes, así que lo deja pasar con un bufido parecido a una risa mientras hunde los dedos en el colchón y desvía la vista, evitando mirar demasiado el cuerpo femenino que se alza enfrente suyo. El mismo que permanece quieto un par de segundos, como si la persona estuviera sopesando qué hacer a continuación.

—Sólo... —masculla la bonita voz femenina. Dokja no puede evitar volver su vista a ella para entonces, observando el fuerte rubor en sus orejas y rostro, y cómo una de sus cejas tiembla mientras aprieta los dientes. De no ser por los ojos brillantes y la extraña manera en la que mueve las manos sobre él, tanteando su piel, bien podría pensar que no estaba haciendo esto por voluntad propia. Pero tal cosa era absurda para ambos, incluso si uno no quisiera admitirlo—. Quédate... quédate quieto...

—¿Entonces lo que querías desde el principio era mi cuerpo nada más? —inquiere el lector, con una sonrisa casi engreída tirando de sus labios—. Casi me hizo sentir especial.

—¿En serio no puedes callarte incluso ahora?

—Lamento decepcionarte, pero en realidad soy– Ah... —Lleva una mano a su boca en cuanto un gemido se le escapa, y su cara adopta un nuevo tono de rojo.

Yoo Joonghyuk observa con satisfacción cómo el hombre debajo suyo se retuerce ligeramente y cierra los ojos, frunciendo las cejas mientras su parte baja se frota con la suya, empezando a hacer sonidos húmedos cuando los fluidos manchan la tela. No pasa mucho tiempo hasta que el bulto que tiene entre las piernas comience a crecer, al igual que los jadeos pobremente amortiguados.

Muy sensible, al parecer.

—Al menos —vuelve a hablar el idiota, mientras sonríe nerviosamente y su cara continúa igual de roja. Quiere callarlo al besar su boca, pero en cuanto se mueve para hacerlo, una mano se posa sobre sus labios—, al menos necesito un seguro de que no te vas a desvanecer para siempre en cuanto el tiempo acabe.

Gruñe por lo bajo, mordiendo los dedos su boca. Kim Dokja se queja pero no aparta la mano. Luego de un rato en silencio, esa misma mano intrusa es besada con cuidado en las zonas heridas, en tanto Yoo Joonghyuk sujeta con fiereza la muñeca del hombre, manteniendo el toque en su lugar. Después, los mismos largos y pálidos dedos son absorbidos entre los labios rojos y regordetes, llenándose de rastros de saliva caliente.

Es una vista buena, de seguro, si se tiene en cuenta cómo la constelación vuelve a tragar pesado y trata de apartar la mano con urgencia, hasta que se rinde al ver que no será liberado.

—Bien —suspira Kim Dokja, con resignación—. Está bien. ¿Te parece un contrato?

—Te haré una promesa y eso es todo lo que conseguirás de mí.

—¿Promesa? ¿Piensas que sólo con eso...? —El fuego azul brillando en el pecho femenino, alrededor del corazón que late fuertemente, interrumpe sus palabras. Mira sin comprender por un rato, hasta que asiente una vez y deja salir un suspiro—... Supongo que es algo.

—Ahora cállate —vuelve a ordenar, quitando la mano ajena de su boca para después estirar sus brazos hacia atrás, acomodándose para hacer espacio entre ambos.

Sentándose sobre los muslos del hombre, frunce el ceño concentradamente mientras extiende sus dedos hacia la última prenda presente entre ambos. Sostiene el dobladillo por un par de segundos, tragando pesado mientras un par de dudas surcan su mente y le dejan en blanco, mirando con ligera incertidumbre la tienda que forma la ropa ya húmeda. Sabe que, una vez vaya más allá de esto, realmente no tendrá oportunidad de retroceder más tarde.

No es que quisiera hacerlo. Mientras no pensara mucho en esta persona, seguramente estará bien. Seguramente—

—¿Vas a dejar de mirar tan intensamente? No es como que fuera a comerte o algo así.

Ah, en serio, alguien debía estarse riendo a carcajadas de su situación.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género se está riendo]

Sí, de hecho.

Volviendo su mirada a Kim Dokja, le da la expresión más estoica que puede formar, al mismo tiempo que se baja de encima de él y luego le quita a la fuerza la ropa interior, deslizándola por las largas piernas blancas hasta tirarla junto al resto de ropa. Chasquea la lengua y vuelve a sentarse sobre el hombre, mientras lo escucha reírse incómodamente por la situación, pero no le importa.

En cambio, agarra la erección entre sus dedos, escuchando un jadeo de sorpresa que calla cualquier otra palabra. El cuerpo debajo suyo vuelve a tensarse, lo que le hace querer reírse, pero no tiene tiempo de hacerlo mientras mueve su mano de arriba abajo por la longitud del hombre.

Yoo Joonghyuk en realidad nunca pensó que tendría que hacer esto, tocar a otro hombre de una manera tan directa e íntima. Tal idea se le habría hecho repulsiva en su momento.

Pero, por alguna razón, ahora mismo no siente que le desagrade tanto. No sabe si es por su estado debilitado debido a las condiciones del escenario de aquella constelación absurda, o este cuerpo femenino hambriento de tacto, o simplemente porque quien tiene cerca es Kim Dokja, que aunque es el mayor idiota que ha conocido entre sus regresiones, es el mejor compañero que había tenido antes. No podría discernir entre las opciones, no mientras su mente vaga sin querer hacia los ligeros sonidos que salen de la boca del lector mientras aumenta sus movimientos.

Bueno, en realidad preferiría no descubrir la razón. Sería mejor de esa manera.

El peso caliente en su mano le hace parpadear varias veces, dándose cuenta de que empieza a ponerse más duro que antes mientras el tiempo sigue corriendo y más lo toca. Una imperceptible sonrisa adorna su cara, oculta tras los largos mechones que se deslizan por su rostro. Con su mano libre, se apoya sobre la cama para levantarse un poco de su lugar.

Cuando lo considera lo suficientemente preparado, se remueve sobre él un par de veces, manchando de fluidos la zona baja. Ve a Kim Dokja morderse los labios con fuerza para evitar hacer sonidos, y también está apretando los dedos en las sábanas, mientras su cara se vuelve tan roja como la de un tomate. Encantador. Yoo Joonghyuk no puede evitar beber de esa imagen por un rato, mientras mueve las caderas superficialmente por encima de la entrepierna del hombre.

De hecho, esto se siente bien, puede admitirlo un poco. En algún punto, siente algo cercano tirando de su vientre bajo y tiene la intención de detenerse, pero su cuerpo no le obedece y continúa moviéndose más. Soltando el miembro ajeno, se apoya con ambas manos sobre el colchón y cierra los ojos, al tiempo en que un suspiro muy largo escapa de su boca mientras sus piernas tiemblan ligeramente. Hay algo, definitivamente hay algo tirando y obligando a su cuerpo a moverse más rápido por encima de la persona que tiene entre las piernas.

Finalmente y luego de lo que parece una eternidad, el nudo en su vientre bajo se suelta y percibe varios espasmos subiendo por sus músculos, haciendo tensar su estómago y apretar las piernas contra los costados de su compañero. Su respiración se corta por un segundo antes de comenzar a jadear ruidosamente, y nota apenas su mente hecha papilla por varios instantes enteros. Lo único que le saca del estado de éxtasis repentino es un par de manos acomodándose sobre su cintura, devolviéndole rápidamente a la realidad.

Siente su cara calentarse fuertemente cuando regresa su vista a Kim Dokja.

La maldita constelación le está sonriendo como si nada.

—¿Divirtiéndote?

—Maldición —masculla por lo bajo, irguiéndose rápidamente, pero los movimientos hacen que sufra otra oleada de espasmos y se quede de piedra. El calor permanece con fuerza en toda su cara, y está seguro de que tanto sus orejas como su pecho están lo suficientemente rojos como para estar dando una imagen realmente vergonzosa. Aparta la mirada con rapidez—. Yo no... No es...

—Está bien. —Golpea suavemente sus dedos en los lugares donde sostiene al bonito cuerpo que tiene encima. Los ojos ónices todavía no lo miran—. Sé de anatomía básica. Es algo natural.

Yoo Joonghyuk quiere golpearlo en la cara. Aprieta el puño, dispuesto a hacerlo de inmediato, pero el pensamiento se disipa cuando siente otro espasmo en su interior.

En realidad, nunca había sentido algo como esto. No se habría imaginado que un orgasmo en un cuerpo femenino fuera tan largo. Era casi aterrador, pero si no pensaba en los contras, en serio era una cosa placentera. Por sí mismo, ni siquiera puede evitar querer repetirlo rápidamente, sabiendo por instinto que podría conseguir uno más en menos tiempo de lo que le tomaría en su forma original.

Rápidamente desecha esa idea. No, para nada. No está buscando placer. No es un bastardo hedonista como el dios imbécil que lo metió en esto. No va a caer en las garras de los deseos carnales de los que debe huir para mantenerse—

—Ok, continuemos con los juegos previos.

Las palabras de Kim Dokja le sacan de sus pensamientos, pero antes de abrir la boca para mandarlo a callarse otra vez, el hombre se sienta y casi le hace caer de espaldas, de no ser por las manos que continúan sujetando su cintura. De esa manera, planta los pies sobre el colchón mientras las piernas de su compañero le rodean, dejándolos a ambos en una posición cercana.

Lo suficientemente cercana como para que pueda rozar su nariz con la del lector. El aliento caliente choca contra su mejilla, y algo dentro de su cabeza se apaga cuando mira por tres segundos enteros las pupilas brillantes del hombre. Casi ve estrellas, y como si quisiera alcanzarlas, extiende sus manos y abraza a su contrario mientras pega sus labios a los de él en un beso casi desesperado, pero lo suficientemente tierno como para evitar el dolor de un choque repentino. Kim Dokja no se rehúsa al toque, manteniendo sus manos en su lugar pero inclinándose más cerca, aceptando abrir la boca cuando la lengua intrusa vuelve a intentar colarse dentro.

[Tiempo restante: 03:07:31]

Se quedan así por un par momentos, disfrutando del sabor del otro, moviendo las manos lentamente, disfrutando de un tiempo limitado demasiado largo.


—A todo esto... Ah... —Varios suspiros interrumpen las palabras de Kim Dokja, pero no desacelera los movimientos. Aprieta los dedos alrededor de las piernas que sostiene contra su hombro, en tanto mira fijamente la figura sobre la cama—. ¿Por qué... por qué estás haciendo algo así? Hace rato... realmente parecía como que...

—Condiciones —contesta dificultosamente la voz femenina. Llevando una mano a su rostro, aparta los cabellos que interrumpen su visión, que por un momento va hacia abajo, hacia el sonido de chapoteo entre sus piernas apretadas juntas.

Siente que el aire se escapa y su interior se contrae. La imagen de la longitud deslizándose rápidamente entre sus muslos, los sonidos húmedos que hace la piel al chocar, la fricción suave contra la cara interna de sus piernas y su entrepierna caliente, todo hace que su mente empiece a dar vueltas y rápidamente aparta la vista otra vez. Lleva una mano a su boca para amortiguar los gemidos que se le escapan debido a las sensaciones repetidas de arrastre contra su punto externo más sensible, lo que vuelve a tirar de su cuerpo a otro clímax, tan potente como los otros.

Se las arregla para respirar y abrir la boca.

—Un escenario —explica vagamente. No es que pueda pensar en otras palabras ahora mismo más que el nombre de la persona que continúa deslizándose entre sus piernas, pero por ningún motivo empezaría a llamarlo en voz alta. Todavía quiere mantener a flote una mínima pizca de dignidad.

—Ah... Eso tiene sentido... —jadea la constelación, deteniéndose en el momento en el que siente las piernas ajenas removerse entre sus brazos. No sabe si es incomodidad por la sobreestimulación, pero prefiere no arriesgarse a ganarse una patada. Reconoce la fuerza de esta mujer, y no tiene intenciones de morir por ahora—. Bien. Eso ya está aclarado. ¿Hay algo más que debería–?

—No —lo corta rápidamente, envolviendo sus piernas alrededor de las caderas del hombre y levantándose para sujetarlo de la nuca, manteniendo un contacto visual directo. Pero a diferencia de las veces anteriores, no hay enojo en sus expresiones—. Sólo cállate y continúa.

Kim Dokja deja escapar una risa ligera. Se inclina más cerca.

—Bien.

Le besa.

El descarado.

Yoo Joonghyuk abre los ojos entre el beso. Mira la pantalla ante sus ojos.

Los números brillan.

[Tiempo restante: 02:18:54]

Tiene que apresurarse, aunque en realidad no sepa por qué.


—No es necesario.

El bastardo vuelve a reírse. Es la séptima vez que se ríe en todo el tiempo que llevan en la cama. No es que Yoo Joonghyuk lleve la cuenta.

En todo caso, es irritante. Tan irritante como la sonrisa suave que le regala y cómo acaricia su mandíbula, cómo esos dedos cálidos y sin cicatrices se pasean por su piel tan delicadamente, presionando con precisión los lugares que le obligan a retorcerse. Y es realmente injusto, por supuesto, pero no hay manera de negarse o rechazarlo sin que toda la situación se vuelque de mala manera. No quiere tener que lidiar con un rechazo o una herida emocional y luego tener que pasar por horas en busca de un remplazo para aminorar su estado de éxtasis obligado.

Le gusta de esta manera, en realidad. Con Kim Dokja adorando este cuerpo pequeño y lleno de lugares blandos, hipersensible al tacto ajeno y que da respuestas mucho más sinceras que su boca. Le gusta un poco más los besos en las mejillas y los labios, las mordidas en los hombros, y las manos entrelazadas. También podría gustarle los chupetones sobre el pecho y vientre, y los mordiscos ocasionales alrededor de sus pezones, incluso si eso es más rudo de lo imaginado. Está bien de esa manera.

Sabe que se está dejando llevar, pero Yoo Joonghyuk nunca ha sido una persona realmente fuerte.

Kim Dokja vuelve a besar sus labios, devolviéndole a la realidad.

—Se supone que tienes que disfrutar esto.

Esas palabras burlonas le hacen hervir la sangre, pero no de enojo, sino de vergüenza. Cómo se atreve este bastardo a soltar una línea tan ridícula.

Y aun así, no tiene más remedio que aceptar la oferta.

Aprieta los labios con fuerza y asiente un par de veces. Las manos de Dokja, entrelazadas con las suyas, se mueven y juegan con sus dedos un par de veces antes de soltarse. Él vuelve a reír. Es la octava vez. Le besa de nuevo los labios y comienza a bajar por su mandíbula y cuello, dejando rastros húmedos sobre su piel enrojecida y marcada con suavidad.

Es distinto también, de esta manera. Joonghyuk sólo tiene marcas ligeras que se borrarán al día siguiente, pero Dokja sangra debido a los arañazos que le han dado estas pequeñas manos suyas. Las mordidas sobre la piel femenina también son cosa simple, pero las mordidas en el cuello y los hombros del lector parecen hechas por una bestia hambrienta que buscaba devorarlo de verdad. Tal pensamiento solo consigue hacer que el protagonista eche humo por las orejas e intente negarse a sí mismo lo innegable.

Le echa la culpa al calor del momento y a su estado frágil. Incluso si no es verdad, nada pierde con mentirse a sí mismo.

Dientes clavándose en la cara interna de uno de sus muslos le hace soltar un respingo y mirar hacia abajo. No cree que pueda sentir más caliente su cuerpo o su rostro en específico, pero con ver la mirada divertida y depredadora del hombre que sostiene una de sus piernas y baja la mano por su suave estómago, tal vez es que realmente pueda empezar a escupir bocanadas de humo debido al cerebro repentinamente sobrecalentado.

Quiere maldecir abiertamente a Kim Dokja por mostrar una cara como esa. Hace que su corazón golpee con más fuerza y abra voluntariamente las piernas en el momento en que los dedos de la constelación alcanzan su punto más sensible.

Luego está una lengua de plata pasando entre el calor abrumador.

[Tiempo restante: 01:29:43]

Yoo Joonghyuk es patético.


—¿Es algo necesario?

Como respuesta a su pregunta, Kim Dokja sólo recibe un gruñido que bien podría sonar molesto o divertido.

Ambos escuchan el sonido de la hebilla de metal al moverse entre los dedos ágiles y delgados.

Yoo Joonghyuk agarra una de las muñecas de la constelación y la estira rápidamente hacia arriba, pegándola a la cabecera de la cama, donde maniobra con el cinturón en su otra mano para atarlo allí. Escucha un bufido de parte del hombre debajo, junto con un quejido ligero, pero no hay resistencia a sus acciones, lo cual alivia un poco la tensión en sus músculos. Luego sigue con la otra muñeca, haciendo nudos con maestría pero cuidando el no cortar la circulación sanguínea.

Entre su concentración, pega su pecho a la cara de Kim Dokja. Escucha otro bufido, pero no le toma importancia hasta que siente un mordisco sobre uno de sus senos, lo que le hace erguirse con rapidez y lanzarle una mirada amenazante al maldito lector, aunque el mismo no toma en cuenta su expresión y solamente le regala otra sonrisita petulante.

Frunciendo los labios y entrecerrando los ojos, alcanza la camisa negra sobre la cama y mete una manga a la fuerza en la boca del hombre. Lo ve y escucha quejarse por el trato rudo y su repentina falta de oportunidad de usar la boca, pero lo único que hace es sonreír con satisfacción y moverse correctamente por encima del pálido cuerpo masculino.

Posicionándose en el lugar correcto, como habían comenzado antes, mira una vez más la cara sonrojada de su compañero. Puede escuchar la respiración del mismo aumentando conforme pasan los segundos, probablemente previendo lo que ocurriría a continuación. A pesar de ello, no muestra señales de querer echarse para atrás; sus únicos movimientos son los de sus ojos, moviéndose un par de veces para mirarle con intensidad, mientras parpadea varias veces, haciendo revolotear esas pestañas tan bonitas y llenas de lágrimas fisiológicas.

Los bonitos labios rojos e hinchados se mantienen sujetando la tela de la camisa arrugada, pero hace que quiera remplazar la mordaza apresurada con su propia boca o simplemente sentarse sobre él para que no abra la boca sino para que le complazca como ya lo había hecho un par de veces. Las manos atadas de Kim Dokja permanecen arriba, hechas puños, pero no forcejean. Su pecho magullado con mordidas notables sube y baja en respiraciones erráticas. La cintura delgada pintada con rasguños carmesíes es en lo que más se tarda al mirar.

Cuando regresa en sí, continúa bajando la mirada y luego siente que su interior tiembla en anticipación.

Se levanta sobre sus rodillas y, usando sus manos otra vez, sujeta la muy dolorosa erección que no había bajado ni disminuido en todo este tiempo (casi siente lástima por él) y la guía a su entrada. Se empapa con los fluidos que ya habían manchado casi la totalidad de sus piernas, y tantea sus puntos sensibles antes de insertar la punta adentro.

Se muerde los labios cuando encuentra algo de resistencia. Apoya una mano sobre el pecho masculino y se inclina hacia adelante, mejorando la posición para continuar introduciendo más. Abre la boca para jadear, queriendo gruñir por la molestia extensa que está cortando toda su excitación.

Algo más llega a sus oídos de repente, y levanta la mirada para vislumbrar, bajo el velo de su largo cabello oscuro que les cubre a ambos de una manera casi íntima, la expresión de Kim Dokja; las finas cejas fruncidas en concentración y los ojos entrecerrados, las pestañas brillando y escondiendo apenas las pupilas llenas de estrellas, la mandíbula apretada mientras un hilo de saliva escapa por la comisura y se derrama sobre su piel prístina. Las manos de la constelación finalmente se mueven, aferrándose a la cabecera de la cama, y hay un gemido grave escapando desde lo profundo de su garganta.

Ah, él realmente está disfrutando esto.

Siente algo revolotear en su estómago y bajando por su vientre. La incomodidad comienza a desvanecerse de a poco mientras más le mira, y no es capaz de evitar que su cuerpo se incline más hacia su compañero, hasta que sus labios besen el cuello del mismo y sientan las vibraciones causadas por los sonidos que no van más allá de la tela entre sus dientes. Entre una bruma extraña, ve la nuez de Adán subiendo y bajando repetidas veces, y besa ese lugar mientras sus manos le sujetan los lados del cuello.

(Quiere ahorcarlo.)

Antes de darse cuenta, empieza a moverse lentamente por encima de la circunferencia que invade su interior. El arrastre es lento, la fricción casi dolorosa, pero hay algo increíble en los sonidos que escucha salir de Kim Dokja que no le deja pensar mucho en las demás molestias.

Se yergue sobre él, poniendo sus manos en los pectorales del hombre, sintiendo el aleteo del corazón del mismo bajo las yemas de su mano derecha. Es una cosa... una cosa extraña. Se siente bien sentirlo así. Es cálido. Siente algo pesado tras los párpados, pero no es sueño ni cansancio. Le gusta, le embriaga. Quiere seguir tocando y sintiendo y moviéndose y escuchar y escuchar y ver.

Kim Dokja le mira también. Es algo—

Aumenta la velocidad. El dolor se desvanece antes de que lo note. Quita con cuidado la tela de la boca de la constelación y besa sus labios secos, los lame, los llena con su propia saliva antes de apartarse y limpiar la cara del mismo con su propia mano, apartando los fluidos y el sudor, haciendo a un lado el fleco pegado a su frente. Un toque suave, demasiado cariñoso, pero no es importante.

Siente los espasmos picar en sus piernas, pero es opacado por el delicioso ardor que sube desde su interior cada vez que se deja caer sobre la dura circunferencia. Puede oír con claridad los ruidos que hace su piel al chocar contra las caderas ajenas, la humedad aumentando y manchando más las sábanas y a los dos, el calor aumentando entre ambos cuerpos y los fuertes jadeos que se entremezclan. No pasa mucho hasta que percibe otra descarga sensorial desde el interior de su vientre, y los espasmos repentinos le hacen detenerse un segundo mientras escucha, con absoluto gusto, cómo su compañero también gime por lo bajo debido a las sensaciones compartidas.

—Desátame —pide de pronto la constelación, tomándole por sorpresa.

Tragando pesado, se tira hacia adelante con ligera dificultad. Sus piernas todavía tiemblan y hay bastantes líquidos bajando por el interior de sus muslos. Tiene que morderse los labios para no gemir audiblemente mientras siente el miembro palpitante arrastrándose por sus paredes mientras todavía está tan sensible. Con las manos ligeramente temblorosas, deshace los nudos de una de las muñecas de Dokja, pero antes de que pueda desatar la otra, la mano del lector se aferra a su brazo.

Luego esa misma mano va directo a su nuca y le hace bajar la cabeza para besarle.

Hay un sabor ácido y también ferroso en la punta de su lengua, pero no es algo a lo que le tome importancia. No mientras el toque en su nuca desciende por su espalda y baja por su trasero, volviendo a hacerle sentarse de golpe sobre él.

Ahoga un gemido contra los labios ajenos.

—¿Duele? —pregunta suavemente Kim Dokja, todavía regalándole varios besos.

—... No...

—Avísame si lo hace.

No seas cuidadoso conmigo, quiere gruñirle, pero de nuevo nada sale de su boca ocupada. Nada más que jadeos y quejidos de gusto mientras empieza un nuevo ritmo, siendo guiado esta vez por el irritante hombre que tiene debajo.

Las manos amables vuelven a tocar su piel.

No cambian de posición esta vez.

Yoo Joonghyuk observa una vez más la pantalla que se abre ante sus ojos.

[Tiempo restante: ...]

Deja de mirarlo cuando escucha a Kim Dokja gimiendo otra vez.

Siente su corazón yendo más rápido que nunca mientras esta constelación bajo sus dedos le sonríe en éxtasis.


[Tiempo restante: 00:02:56]

Aprieta los labios mientras ve los números bajando.

Nunca había sentido algo tan desagradable al ver un temporizador yendo en picada. Nunca había sido así. Porque el tiempo agotado significaba que pronto se acabaría el infierno limitado al que fue lanzado por culpa de las existencias malditas que se alzan sobre su cabeza, fingiendo ser dioses omnipotentes y disfrutando alegremente de cualquier tipo de sufrimiento al que pudieran acceder en su contra.

Yoo Joonghyuk siente náuseas. Apaga la pantalla y gira la cabeza en otra dirección; su atención se posa en la cama en mitad de la habitación, y sus ojos se suavizan en el momento en el que nota a la persona recostada cómodamente entre las blancas y limpias sábanas.

Tragando pesado, se acerca a ese lugar. Sus pies descalzos no hacen ruido alguno, y es mejor así. Se detiene justo antes de que sus rodillas toquen el colchón o que las gotas de agua en su cabello lleguen a esta persona.

Kim Dokja está dormido.

Yoo Joonghyuk no recuerda la última vez que lo habrá visto dormir.

Sólo recuerda su cadáver, destrozado, frío, abandonado en mitad de la nada, esperando a pudrirse o a resucitar en el tiempo correspondiente que no va de acuerdo al suyo. Y es horrible. El recuerdo le hace saborear algo amargo, le hace sentir algo intangible, le hace querer extender sus brazos y atrapar a esta estrella y apretar, apretar entre sus dedos hasta convertirlo en polvo estelar y guardarlo en una caja y—

Entonces se recuerda que no hay necesidad de aferrarse. No importa esta nimiedad. No importa esta vida. No importa incluso si Kim Dokja es una variable extraña que no ha visto en sus otras regresiones y que no volverá a ver en las próximas.

Realmente no lo hace.

Y, aun así, no puede evitar deslizar sus dedos por el cabello sedoso del hombre, apartando un par de mechones para grabarse la expresión tranquila y relajada que tiene al dormir.

Una sonrisa tira de sus labios otra vez. Se odia por ello, se odia por sonreír tanto en este día, y odia a este hombre por obligarle a hacerlo.

Alcanza las mantas de la cama y cubre los hombros llenos de marcas de la constelación. Bufa por lo bajo, imaginándose el dolor que sufrirá en cuanto despierte y ya no tenga adrenalina en su sistema. Realmente le dolerán estos rasguños y mordidas, y probablemente le odiará por un rato por haberle hecho esto.

Aunque es mejor así, por supuesto. Sólo el odio. Incluso si se trata de odiar una versión suya, una que podría aceptar con más facilidad.

Porque, por supuesto, Kim Dokja sólo lo querría si fuera una mujer.

No es que pensara en ello.

Retrocede y agarra su abrigo y botas, dirigiéndose a la salida del lugar.

Cierra la puerta con cuidado. Deja la llave en el cerrojo.

Mira el temporizador otra vez.

[Tiempo restante: 00:00:01]

Y el segundo siguiente, el brillo al que no se ha acostumbrado le inunda, regresándole a su forma original. Su cabello de nuevo corto y húmedo deja caer varias gotas sobre su rostro, y sus ojos oscuros y apagados observan sin interés las notificaciones que brillan en su rostro.

[Las condiciones han sido cumplidas.]

Aprieta los dientes. Mira de reojo sus manos, sus muñecas.

No hay marcas. Realmente no queda nada.

[La constelación a la que le gusta cambiar de género está complacida]

[800 monedas han sido patrocinadas]

—Maldito... —escupe con furia al ver ese mensaje indirecto en específico. Sus manos se aprietan con fuerza.

Pero sabe que no puede hacer nada ahora. No tiene manera de alcanzar las estrellas todavía.

(Aunque ya ha tocado una estrella.)

[La constelación a la que le gusta cambiar de género sugiere que...]

Apaga el mensaje antes de terminar de leerlo. No necesita escuchar más de ese bastardo ahora que ya se ha acabado la penitencia.

Camina silenciosamente los el corredor mientras ordena sus pensamientos.

Kim Dokja tiene que encontrarse con aquella mujer en el próximo escenario. Hay una promesa de por medio, e incluso si no la hubiera, ya habría estado allí. Pero ese idiota no necesitaba atar cabos.

Un par de memorias pasan por su cabeza.

Hay un peso hueco en su pecho cuando recuerda la situación compartida.

Lleva una mano a su rostro. No le gusta esto. No le gusta el desagradable y cálido sentimiento que se asienta en su garganta y lo ahoga con lentitud.

No tiene tiempo para ello.

Kim Dokja debe encontrarse con él en la tienda de Aileen.