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Regulus Black
James sonreia de oreja a oreja brillando bajo la luz del sol. Riéndose a carcajadas en descontrol. Su grupo de amigos parecían planetas girando al rededor de el. Siguiéndole el juego y riendo juntos.
Mientras el, estaba sentado a una distancia considerable para no escuchar sus chistes, aunque eso no lo evitaba que no escuchara su risa. Mantenía su mirada clavada a los párrafos de su libro de artes oscuras intentando a toda costa que su mirada no fuera directo a la persona que no debía observar.
Estaba usando todo el auto control posible para no llegar hasta donde él y tomarle el rostro y simplemente observarle.
Por qué si Regulus Black tenía un alto nivel de desilusión mental como para estar enamorado del menos indicado.
Al menos lo reconocía ¿no?
Su corazón palpitaba con fuerza al reconocimiento desilusionado de saber que por quién cantaba estaba cerca. Sus nudillos estaban blancos de solo apretar con tanta fuerza su pluma intentando mantenerse en control. Por qué como carajos, el un Black hecho y derecho se vuelve una Hufflepuff recién seleccionada.
Inclusive, ellos tenían mejor auto control.
¿Estaba sudando?
Podría ser.
¿Quería lanzarse un imperdonable a si mismo?
Si, si quería hacerlo.
¿Quería besarle?
¡Insólitamente si!
Con todas las ganas del mundo.
Pero solo se conformó con mirarlo del rabillo del ojo.
Incluso una estrella como el deseaba un sol cómo lo era James Potter.
Un ser tan jodido he roto como el, deseaba aquella luz sobre sí mismo.
Quería ser egoísta, quería ser valiente, quería levantarse y dejarle saber que sentía y quería de él. Quería aquella mirada intensa grabada en su piel. Quería sus latidos expuestos en una orquesta sinfónica. Un beso para calmar los deseos he sentir el hambre de querer más. Correr en la tormenta de lo que significa estar enamorado de el mismísimo niño de oro y salir victorioso con su corazón intacto y no hecho mil pedazos con el resto de corazones que aquel maldito hijo de la gran puta tenía a sus pies.
Bueno, corrigiendo sus palabras la Sra. Potter se veía alguien decente no podía insultarla por haber tenido el maldito hijo perfecto.
Capitán de su equipo de Quidditch.
Estudiante estrella.
Amigo ejemplar.
El típico chico popular del que todos deben hablar aunque sea una vez en el día.
Si le pagasen a él por cada vez que escucha a alguien hablar pestes, halago o cualquier estúpida razón por la cual Potter era el tema de hablar. Sería tan maldita mente rico que gringott sería completamente suyo.
Le dolía el hecho de conformarse con solo mirar de reojo cuando lo más que deseaba era verlo deslumbrar.
Alguna veces corría con suerte y se sentaba en un lugar adecuado para poder observarlo de forma que no se delatase. Había veces que solo podía escuchar su voz y aunque no era lo mejor era todo lo que necesitaba para sonreír el resto de su día. Y, había veces donde compartían el silencio.
Jamás pensó que un James sin palabras que decir concentrado estudiando lo era todo.
Le encantaba colarse a la biblioteca y esconderse en alguna pequeña esquina donde pudiese ver a un James Potter estudiar mordiendo su labio inferior mientras analizaba, re ojeando las páginas a lo que apuntaba de forma rápida lo que el creía correcto en recordar.
No había forma que su rostro no estuviera completamente rojos en situaciones como esas. Pero podía culpar a la odiosa cantidad exagerada de prendas que componía el uniforme escolar y la incómoda esquina acogedora que había escogido para poder ver al chico que le gustaba.
Pero en estos momentos, su corazón era demasiado para el.
De un salto se puso de pie recogiendo sus cosas de forma rápida.
Necesitaba desahogarse sobre esto, necesitaba liberar aquel odioso he molesto sentimiento. Necesita, necesitaba escribir. Escribir era lo mejor que podía hacer.
Sin mirar atrás dejando al sol brillar, Regulus huyó de lo que su corazón anhelaba más.
Por qué eso siempre sería, un cobarde, que se enamoró de quien no debía y anhelaba más.
