Actions

Work Header

Fucked Up

Summary:

Chenle y Jisung se odian, pero la línea entre el desprecio y el deseo es más delgada de lo que imaginan. Chenle no piensa antes de actuar, especialmente cuando se trata de Jisung, y tal vez eso lo llevará a sucumbir a lo que ha reprimido por tanto tiempo.

Notes:

Este es oficialmente mi primer fic en ao3 omg!!
Disculpen si encuentran errores gramaticales o tipográficos, revisé y edité todo yo mismo tot
yyy nada, ¡disfruten!

Work Text:

A Jisung le gustaba caminar solo.

Estaba acostumbrado a que lo miraran como si fuera un bicho raro y que hablaran de él como si su vida fuera más interesante que la de las patéticas personas a su alrededor. Se había convertido en su rutina diaria: caminar por los pasillos del colegio con sus audífonos puestos y el volumen de la música a tope, totalmente ajeno a lo que sucedía en el mundo y sin algo o alguien que lograra hacerle sentir una pizca de emoción.

Desde su punto de vista, todos eran simples parásitos que no eran capaces de ocuparse en sus propios asuntos.

Pero, había alguien que lograba destacar entre todos ellos, aunque de igual forma no era por una buena razón.

Su hombro fue repentinamente golpeado con fuerza, logrando que uno de sus auriculares cayera de su oído, permitiéndole escuchar el molesto bullicio del colegio. Una verdadera tortura cuando el día recién comenzaba.

—Tengan cuidado. Lo maricón se contagia.

Chenle rio escandalosamente junto a su séquito de lame botas que lo seguían como si respiraran gracias a él. El sonido fue tan irritante como de costumbre, pero Jisung ni siquiera se inmutó; mordisqueó el piercing de su labio mientras lo miraba con lástima y lo ignoró completamente para continuar caminando como si nada hubiera pasado.

Y eso irritaba a Chenle más de lo que debería, porque si había algo que detestara inmensamente, era ser ignorado.

Estaba acostumbrado a ser el foco central, el tema principal de una conversación y la persona de la que todos buscaban un poco de atención; todos menos él. Tal vez por eso le gustaba molestarlo. Siempre aprovechaba cada oportunidad que tenía para provocar al más alto, aunque Jisung sólo podía pensar en que lucía patéticamente desesperado por conseguir aprobación.

Era una constante batalla en la que Zhong parecía ser el único que se esforzaba, sin entender el porqué de esa terrible sensación que le provocaba la simple existencia de Park Jisung. Lo odiaba y estaba seguro de eso, pero al mismo tiempo se encontraba a sí mismo observando con imperiosa inquietud al chico. A menudo pensaba que Park no tenia nada de especial; era reservado y casi intimidante, parecía estar cansado de la vida como un emo promedio —vistiendo completamente de negro casi todos los días, por si fuera poco— y era sin dudas un rechazado social.

Y Chenle era totalmente lo opuesto: popular, brillante, carismático y encantador. Principalmente conocido por su increíble rol dentro del equipo de básquetbol, era el favorito de muchos; disfrutaba de su popularidad, de las personas que lo rodeaban y de la gran cantidad de chicas que estaban detrás de él. Había luchado para conseguir lo que tenía y lo apreciaba, así que había hecho lo necesario para mantenerlo. Pero le era difícil fingir que todo estaba bajo control cuando Park Jisung caminaba frente a él, no podía seguir ignorando los latidos de su corazón que se aceleraba cada vez que lo tenía cerca.

Tenía todo lo que cualquiera podría desear y, sin embargo, se detenía a mirar a alguien que no se interesaba en él.

──── 𝓯. 𝓾. ────

—¡Jisung, espérame!

Chenle no pudo evitar buscarlo con la mirada al escuchar su nombre.

Lo vio a unos metros, caminando despreocupadamente como de costumbre mientras un chico apenas unos centímetros más bajo que él lo perseguía con una sonrisa.

Era Na Jaemin, la única persona a la que Jisung parecía soportar.

Constantemente sus compañeros se encargaban de esparcir el rumor de que era debido a que ambos mantenían relaciones sexuales, ya que Jaemin era el único dispuesto a cumplir las aterradoras fantasías de Park.

Porque claro, nadie podía pensar en que eran simples amigos y que Jisung sentía un genuino cariño por el precioso chico. Chenle estaba convencido de que había algo más entre ellos, porque no era normal que un hombre le demostrara tanto cariño a otro y, peor aún, que Jisung no se viera molesto con las muestras de afecto de Jaemin. Ellos también eran opuestos pero, a pesar de que el rosa y el negro contrastaban bastante, se llevaban bien.

Y Chenle también detestaba eso.

Detestaba que Jaemin pudiera obtener la atención de Jisung sin problemas, sin siquiera esforzarse. Se sentía irritado y seguía sin saber por qué razón exactamente.

¿Era por la forma en que el más alto sostenía la cintura de Na para evitar que los hiciera caer a ambos? ¿Tenía algo que ver con la minúscula sonrisa que apareció en los labios de Jisung mientras veía a su amigo?

¿O era por la patética necesidad que sentía de ser él quien ocupara el lugar de Na Jaemin? Aunque eso no estaría bien, porque no le gustaban los hombres y él odiaba a Jisung.

Pero… ¿era verdad o solo intentaba convencerse de ello?

Agitó la cabeza, sintiéndose abrumado de repente. Odiaba a Park Jisung por todas las cosas que despertaba en él, por la mezcla de rabia, confusión y atracción que le generaba. Sostuvo con fuerza la cadena que colgaba de su cuello en un intento de distraer su mente y la creciente ansiedad que se instaló en su estómago. Pero no pudo ignorarlo. Le frustraba sentirse así y era casi imposible para él dejar de pensar. Pronto se encontró admitiendo con pesar que, por más que lo intentó, ninguna chica logró hacerlo sentir de aquella manera.

Jisung no tenía nada de especial, pero nuevamente estaba pensando demasiado en él.

Sus compañeros hablaban sin parar sobre un tema del que había perdido el hilo —y también el interés—. Ya no podía concentrarse y eso lo irritaba, pues siempre buscó rodearse de personas porque le temía al silencio; no le gustaba estar solo porque era cuando su mente se encargaba de atormentarlo sin piedad. Y sin embargo, en ese momento, a pesar del ruido sentía que su cuerpo entero burbujeaba por la ansiedad. No podía dejar de mirarlos, quería hacer algo.

Debía hacer algo.

Así que mientras se levantaba observó a Jisung con mayor atención. Se fijó en sus uñas pintadas de negro, decorando los largos dedos que se aferraban a la cintura levemente descubierta de Na Jaemin. Comenzó a caminar hacia ellos. Los audífonos de casco descansaban alrededor de su cuello, y desde su posición alcanzaba a ver una porción de la piel de sus hombros descubierta gracias a la manera en que Jaemin estaba colgado de él, tirando de su ropa holgada sin intención. Llevaba el cabello desordenado, el piercing de su labio parecía brillar con intensidad y todo eso lo hacía lucir estúpidamente… fascinante.

Sentía celos de Jaemin en esos momentos y estaba tratando inútilmente de disimularlo.

—Maricones de mierda —murmuró con rabia cuando pasó frente a ellos.

Estaba acostumbrado a no obtener reacciones por más que se esforzara para provocarlas. Fue por eso que se congeló en su lugar cuando escuchó aquella grave voz que le ponía todos los vellos de punta. Su tono era plano y duro, incluso aunque no dijera palabras hirientes. Chenle odiaba escucharlo hablar porque su voz lograba desarmarlo por completo. Y Jisung sabía eso.

—Eso suena completamente a envidia.

Al girarse, pudo ver a Jisung mirándolo con aburrimiento, como si su presencia no le causara nada.

A Chenle no le gustó.

—¿Qué mierda dijiste? —preguntó, con la sangre hirviéndole por la rabia. Sus manos se apretaron en puños, causando que poco a poco los nudillos se volvieran blancos por la fuerza con la que lo hacía.

—Creo que hablé lo bastante fuerte y claro para que pudieras escuchar —Jisung se encogió de hombros. Jaemin seguía colgado a él y lo miraba con una expresión burlona —¿O me dirás que eres tan estúpido como para no comprender unas simples palabras?

—¿Te atreves a retarme? —Chenle rio como si la situación fuera verdaderamente graciosa y se acercó un poco más a ellos. No estaba dispuesto a permitir que Jisung le hablara así —No quieres meterte conmigo, Park.

—Oh, por supuesto que no —Jisung le dio la razón de inmediato —. No eres mi tipo.

El ceño de Chenle se frunció con confusión por unos segundos, antes de que pudiera comprender a qué se refería.

¿Él… hablaba en serio?

—Estoy seguro de que desearías poder meterte en mis pantalones —contraatacó Chenle, ignorando la sensación amarga que le dejaron las palabras de Jisung mientras lo miraba de pies a cabeza con desprecio —. Eres asqueroso, y yo no soy como tú

—Claro, ¿por qué lo serías? —la voz de Jisung adquirió un tono burlón. Entonces su mano se deslizó descaradamente hasta el trasero de Jaemin para sostenerlo con fuerza y estrujarlo como si le perteneciera —. Es repulsivo, ¿verdad? No quisieras que un asqueroso como yo te toque de esta forma… ¿o sí, Chenle?

Sí, quiso decir Chenle.

Tenía más impulsos y fantasías de las que le gustaría admitir, pero había reprimido cada una de ellas. Porque para él era imposible admitir que le atraía un hombre. Que le atraía Jisung. Supo que le daría problemas desde el momento que lo conoció, porque para Chenle siempre fue difícil ignorar a Jisung a pesar de que para el resto era sencillo. Se encontró a sí mismo fantaseando más de una vez con el chico, con sus grandes manos, con su voz grave, deseando impregnarse de su perfume y deshacerse en gemidos entre sus brazos mientras el más alto lo poseía. Se tocó pensando en él, gimió su nombre incontables veces en la oscuridad de su habitación, y aún con todo eso seguía sin poder admitir en voz alta que lo quería, que anhelaba poder compartir al menos una noche con él.

Su mundo se redujo a esa mirada.

Jisung lo estaba desafiando. Y Jaemin también, ya que había comenzado a repartir besos por la mandíbula del más alto y parecía que en cualquier momento atacaría sus labios. Fue entonces cuando la impulsividad se apoderó del cuerpo de Chenle, mezclada con la rabia y el deseo.

Caminó hacia ellos dispuesto a hacer cualquier cosa para borrar la sonrisa de sus rostros; para separarlos y hacer que dejaran de tocarse. Jisung alejó a Jaemin por instinto, apartándolo justo a tiempo para evitar que Chenle lo empujara con fuerza. El bullicio no se hizo esperar, pues todos solían emocionarse por presenciar una pelea. Pero Chenle apenas alcanzó a darle un primer golpe —bastante débil— en la mandíbula cuando fueron separados por la seguridad de la escuela y lo obligaron a soltar el cuello de la sudadera de Jisung (el cual no supo en qué momento agarró).

Se sentía impotente, pero satisfecho porque había logrado su objetivo.

El problema real llegó cuando el director los confrontó y decidió castigarlos por el alboroto, haciéndolos quedarse tiempo extra para que limpiaran algunos salones del colegio y esperando que con eso no volvieran a crear un conflicto… al menos dentro de las instalaciones.

—Eres un imbécil —Jisung le dijo al salir de la oficina. Su voz era seca, pero parecía que escupía las palabras.

—¿Disculpa? —Chenle lo miró ofendido y algo sorprendido, pues no esperaba escucharlo hablar de nuevo.

—Tenía cosas importantes que hacer luego de la escuela y lo arruinaste todo —Park reclamó con verdadero enojo.

—Aw, pobre —se burló de él con un puchero exagerado —. No me importa si tenías una cita, si ibas a follar o si tenías que hacer tus cosas raritas, te lo mereces.

Quiso dar por finalizada la conversación e ir a su próxima clase, pero Jisung se lo impidió cuando lo empujó y acorraló contra la pared más cercana a ellos. Su respiración se cortó y casi se encogió en su lugar, pero se negó a apartar la mirada porque él no era débil.

—Si vuelves a provocarme y meterme en problemas te arruinaré, Chenle —lo amenazó —. No estoy para soportar tus estúpidos teatros ni intentos desesperados por llamar la atención. ¿Entendiste?

No, Chenle ni siquiera lo escuchó con claridad. Sus sentidos se nublaron ante la cercanía y el maldito aro de metal en su labio que lograba distraerlo siempre. Por un instante sintió el impulso de inclinarse.

Si lo hacía tan solo un poco podía…

Pero entonces Jisung lo soltó y se alejó, yéndose por el pasillo sin mirar atrás. Sin mirarlo a él.

Tuvo que tomarse un tiempo para poder regular su respiración y aclarar sus sentidos, porque estaba a punto de perder la cabeza y todo sería culpa de Park Jisung.

──── 𝓯. 𝓾. ────

Chenle no pudo seguir a sus amigos e irse con ellos cuando las clases por fin terminaron, por lo que suspiró con cansancio, apoyando su frente contra la madera del pupitre en el que estaba sentado.

Necesitaba reunir fuerzas —y valor— para poder comenzar con su castigo, porque no se sentía preparado para ver a Jisung tan pronto otra vez.

Había llegado a su limite.

—¿No piensas levantarte de ahí?

Se sobresaltó en su asiento, asustado. Creyó que estaba completamente solo y no escuchó ningún ruido que le hiciera saber que había alguien a su lado. Pensó en que Jisung era aterrador, apareciendo de la nada mientras él estaba en busca de un momento de paz.

—Idiota, no me asustes así —se quejó, pero de igual forma recogió sus cosas para poder ponerse de pie.

—Creí que estabas muerto, tenía que comprobarlo de algún modo —Jisung se encogió de hombros en un gesto despreocupado, comenzando a caminar fuera del salón sin siquiera asegurarse de que Chenle iba detrás de él.

—Desearías que lo esté, ¿no? —Zhong lo miró curioso, trotando un poco para poder caminar hombro con hombro junto al más alto.

—Oh sí, demasiado. Podría diseccionar tu cuerpo, hacer una fiesta y bailar break dance sobre tus restos —dijo sin una pizca de tacto, tan serio y frío que Chenle se quedó parado en medio del pasillo mirándolo con terror.

Pensó seriamente en salir corriendo y pedir ayuda.

Pero a Jisung le pareció divertida su expresión y comenzó a reír bajito, cubriendo su boca con una de sus manos como si quisiera evitar reír a carcajadas. Chenle logró relajarse, aunque estaba sorprendido de ver una faceta de Jisung diferente a la habitual.

Sin embargo, no era completamente ajeno a ella.

A su mente llegó un recuerdo que tenía de Park, cuando lo notó por primera vez. En aquel entonces recién habían comenzado el colegio y salían de clases entre la multitud de estudiantes que anhelaban lo mismo que él: llegar a casa, comer algo delicioso y dormir por el resto del día. Chenle aún no era miembro del equipo de básquetbol, pasaba desapercibido y su única compañía era su prima Yizhuo porque era bastante tímido como para intentar hacer amigos. Fue cuando lo vio, acompañado de Jaemin (quien, días después, supo que era su mejor amigo). Aparentemente Na había hecho o dicho algo bastante gracioso, lo suficiente para hacer reír a Jisung a tal punto que logró ver sus bonitas encías. Pudo haberlo descrito como un flechazo, un momento que le hizo querer saber quién era ese chico y por qué despertaba tanto su curiosidad.

Pero no fue capaz de acercarse como una persona normal. Aprendió a comportarse como un imbécil cuando fue aceptado en el equipo, porque eso era lo que todos esperaban de él; los jugadores eran vistos como crueles, los típicos populares que eran capaces de hacerte la vida imposible si se lo proponían. Tenía el poder y debía aprovecharlo.

Siempre fue explosivo e impulsivo. Y con el tiempo descubrió que no podía controlarse cuando se trataba de Jisung.

Realmente nunca comprendió el rechazo que sus compañeros tenían hacia él, pero fue participe de ello e incluso dio comienzo a los rumores de que era gay por un comentario que le hizo a sus amigos del equipo sobre su amistad con Jaemin.

No lo hizo con mala intención, pero tampoco lo detuvo.

Porque creyó que de esa manera nadie se daría cuenta de lo que sucedía con él, del tiempo que se dedicaba a observar a Jisung mientras su mente se perdía en las diversas fantasías donde el más alto también era protagonista.

—En verdad das miedo —murmuró cuando salió de su burbuja y recompuso su postura. Comenzó a caminar nuevamente y le golpeó en el hombro con suavidad cuando pasó frente a él —. Date prisa, maricón.

Y con eso, Jisung tuvo suficiente para no volver a decir nada.

Lo siguió en completo silencio hasta el almacén de limpieza, donde consiguieron los artículos suficientes para comenzar con su labor. Ni siquiera se repartieron las tareas; Jisung comenzó a barrer el piso sin mirar a Chenle, y el más bajo decidió ocuparse en limpiar la pizarra y tirar la basura que encontraba sobre los pupitres. Mantuvieron ese ritmo al limpiar los siguientes salones, pero pasada poco más de una hora y cuando llegaron al último, Chenle ya no lo soportaba. Detestaba el silencio tanto como detestaba que su cuerpo reaccionara ante la mínima cercanía que tenia con Park. Sobraba mencionar que no podía estar quieto o callado durante tanto tiempo incluso aunque estuviera cansado. Se desesperó y nuevamente sintió que debía hacer algo para cambiar la situación. Jisung no le prestaba atención, lucía aburrido y pudo notar que se había puesto los audífonos para ignorarlo por completo.

—Park Jisung —lo llamó, pero el susodicho continuaba con su arduo trabajo limpiando el escritorio.

Chenle no pudo contenerse. Tomó una de las esponjas que consiguió para tallar cualquier mancha difícil de quitar y la lanzó a la cabeza de Jisung, demostrando su buena puntería. Pero ni así logró que lo volteara a ver.

—¿De verdad me estás ignorando? —preguntó molesto, acercándose a él —No tienes idea de lo mucho que me desesperas, en serio no puedo creer que esté metido en esto gracias a ti y tu estúpida indiferencia.

Lo empujó sin mucha fuerza y consiguió tirar del cable de sus audífonos para quitárselos. Fue así como Jisung lo miró; también estaba enojado y parecía que por fin había perdido la paciencia.

—¿¡Cuál es tu puto problema!? —vociferó, harto —¿¡Por qué no puedes dejarme en paz por un maldito segundo!?

—¡Es porque eres un idiota! ¿Crees que puedes ir siempre por ahí ignorando a todo mundo? —Chenle lo miró de pies a cabeza —Hubiera preferido mil veces estar castigado con la nena de tu amigo que estar contigo, fingiendo que no existo. ¿Disfrutas hacerte el interesante?, pues déjame decirte que luces totalmente patético.

Jisung rio breve, sarcástico.

—¿Patético yo? ¡Por favor!. ¿Te jode tanto el hecho de que no caiga rendido ante ti como todos los que te rodean?

—Wow ¿Y te sientes superior por eso?, qué risa —Zhong empujó su dedo índice contra el pecho de Jisung, provocándolo —. No eres más que un emo frustrado que se esconde en esos putos audífonos porque no soporta sentir nada.

Y Chenle por fin pudo ver algo en sus ojos. Algo que ardía.

—¿Y tú? —Jisung preguntó, dando un paso hacia él —¿Qué eres? ¿Un bully con crisis existencial? ¿Un macho confundido que se calienta cada vez que me ve?

Chenle lo empujó, sintiéndose atacado; y Jisung lo empujó de vuelta con fuerza, estrellándolo contra la pizarra. Se quedaron en silencio, con el sonido de sus respiraciones agitadas haciendo eco en el salón. Estaban lo suficientemente cerca como para que Chenle pudiera ignorar el repentino dolor que se extendía por su espalda.

—No te atrevas… —advirtió, aunque su voz ya no era firme.

—¿A qué? —susurró el más alto —¿A decirte la verdad, a golpearte?

Zhong apretó los dientes, pero no se movió. Jisung lo observó con la cabeza inclinada y una sonrisa, como si esperara algo.

Como si supiera que ya todo estaba jodido.

—Eres patético —le dijo Chenle, pero ya no sonaba a insulto, sino a súplica.

Y entonces se estiró para besarlo.

Aquello sorprendió completamente a Jisung, pero no tardó en corresponder con la misma intensidad. Se besaron con toda la rabia que habían estado conteniendo, con sus manos yendo de aquí a allá sin saber de dónde sostenerse, debatiéndose entre empujar o acercarse más. Finalmente Park lo sostuvo por la cintura, manteniéndolo firme entre él y la pared; y con ese simple toque, Chenle sintió que su mundo entero se venía abajo, lo que lo obligó a romper el beso,

—Espera, esto no…

—Cierra la boca —ordenó Jisung, apoyando la frente contra la de su bully mientras meditaba lo que acababa de pasar —¿Lo querías o no?

Las manos de Chenle se aferraron con fuera a la sudadera de Jisung. Tenía miedo, pero también estaba desesperado.

—No debería quererlo…

—Pero lo deseas, Chenle, literalmente estás temblando —Jisung le dijo como si no fuera obvio y su voz adquirió un tono más suave —. En este punto… ¿no eres capaz de aceptarlo?

Chenle lo pensó.

Lucho tanto tiempo por esconderlo, por reprimirlo; pero Jisung era más observador de lo que aparentaba. Y por Dios, acababan de besarse. En verdad estaba más que jodido.

—A la mierda.

Finalmente dejó de resistirse y se rindió ante él. Buscó sus labios nuevamente, ansioso, olvidando por completo que estaban en la escuela y que alguien podía verlos. El beso se volvió desastroso, con sus dientes chocando un par de veces, con Chenle lamiendo y tirando del piercing de Jisung mientras enredaba los dedos en su cabello, desordenándolo aún más. Se alejaron por unos segundos cuando Park se inclinó para tomarlo por los muslos y levantarlo sin esfuerzo, antes de darse la vuelta y apoyarlo sobre el escritorio. Cuando sus ojos se encontraron, ambos fueron capaces de percibir el deseo en ellos.

Sabían que, una vez que cedieran, no podrían detenerse.

—¿En verdad lo haremos aquí? —susurró Chenle entre una risita nerviosa, quizás un poco entusiasmado.

—¿Tan seguro estás de que voy a follarte? —se rio Jisung. No pensaba desaprovechar la oportunidad de burlarse de él.

Mucho menos cuando Zhong estaba temblando y lucía ansioso a pesar de solo haber compartido saliva.

—Si me voy a arrepentir de esto, al menos espero que valga la pena. Estoy dándote mi consentimiento, pero si no quieres entonces vete a la mierda.

Jisung volvió a reír pero, en lugar de responder, llevó sus manos a la camisa de Chenle para desabotonarla. Lo miró de reojo mientras lo hacía, como si quisiera asegurarse de que el chico no iba a alejarlo de una patada en el estómago, haciéndole saber también que, en caso de querer detenerse, todavía estaban a tiempo de hacerlo. Pero Chenle no podía ocultar la erección creciente bajo sus pantalones y hubiera sido vergonzoso seguir negando algo que deseaba desesperadamente.

Esperó paciente, con ojos brillosos y labios apretados. Jisung pensó en que era la primera que lograba verlo tan silencioso, lo cual le resultó gracioso y se encargó de hacérselo saber.

—¿Quién diría que tan sólo necesitabas que te besara y te tocara para quedarte quieto?, así hasta me pareces bonito.

—Hace unas horas dijiste que no soy tu tipo, así que jódete —su ceño se frunció, irritado, y para Jisung simplemente se veía adorable.

—¿Golpeé justo en tu ego? —Park preguntó con falsa lástima —Lo lamento tanto. Pero puedo tragármelo si lo deseas.

—¿Qué…?

Las palabras se atoraron en su garganta y su boca se quedó entreabierta cuando sintió la mano de Jisung sobre su erección aún cubierta. Nunca podría admitir en voz alta que era demasiado sensible, pero fue algo que dejó notar cuando se retorció y jadeó bajito sin dejar de mirar a quien juraba detestar.

Eso movió algo en Jisung.

Así que, motivado por ello, desabrochó sus pantalones y le pidió permiso en silencio para tocarlo directamente. Chenle asintió repetidas veces, incapaz de hablar, y solo empeoró cuando Jisung metió la mano bajo su ropa interior para liberarlo. Su polla estaba dura y la punta rosada brillaba, casi como si lo invitara a probarla.

—Por favor…

Suplicaba de una forma tan… exquisita. Jisung no necesitó escuchar más.

Se encargó de él con paciencia y un ritmo medido; su mano envolvía el pene de Chenle por completo, subiendo y bajando con precisión, probando los limites del chico, atento a sus reacciones y el rubor que comenzaba a cubrir sus mejillas. Sabia lo que hacía y Chenle tuvo que admitir para sus adentros que era mucho mejor de lo que había imaginado. Sus manos se aferraron a los bordes del escritorio y cerró los ojos, permitiéndose disfrutar sin preocupaciones.

Nadie los estaba viendo. Nadie podía juzgarlo.

Los gemidos emergieron de su garganta sin control alguno cuando Jisung lo tragó entero sin avisar; su boca era húmeda, cálida y casi podía jurar que hasta mágica. Sentía que iba a volverse loco a medida que la cabeza del menor subía y bajaba sobre su polla, chupando con esmero y una habilidad que le hizo preguntarse cuántas veces lo había hecho antes. Pero Jisung no tenía planes de hacerlo terminar con una simple mamada, por lo que se alejó sonriendo burlonamente y comenzó a desabrochar sus propios pantalones mientras ignoraba los reclamos.

—Hijo de puta. No sabes cuánto te odio.

—Me vas a amar cuando te la meta.

Rio, y aunque Chenle quiso hacerlo también, no pudo. Aunque no fue porque sintiera miedo; de hecho, su cuerpo entero ardía por la anticipación, lo cual era extraño porque él nunca había estado con un hombre, pero había fantaseado incontables veces con ese momento.

Con Jisung.

Observó atento sus movimientos: el cómo deslizó apenas un poco sus pantalones para poder meter la mano bajo su ropa interior y liberar su propio pene. Era grande, justo como lo imaginó y la imagen de Jisung masturbándose mientras lo observaba con alguna clase de superioridad era hipnotizante. Chenle quería chupársela; quería estar sobre él, montarlo hasta que le dolieran las piernas, que Jisung le dijera cosas sucias al oído y dejara marcas sobre su cuello.

Quería todo de él.

—Te ves hambriento —Jisung murmuró, sin dejar de tocarse —. Dime qué es lo que quieres.

Por instinto echó un rápido vistazo a la puerta. Pero no había nadie ahí, podría incluso pensar que eran los únicos dentro de la escuela. Así que volvió a mirar a Jisung pero, en lugar de responderle con palabras, lo guio por los hombros hasta la silla para hacerlo sentarse. Se arrodilló frente a él en silencio y se sostuvo de sus piernas como si estuviera tanteando terreno.

Jisung estaba curioso, pero tampoco dijo nada.

Chenle tomó su polla y comenzó a acariciarla con timidez. Jisung no era tan sensible como él, pero pudo notar que lo disfrutaba por el movimiento de su pecho al respirar profundamente. Pronto lo invadió la curiosidad, por lo que se atrevió a dejar un beso sobre la punta; y luego dejó otro par, hasta que decidió abrir la boca para sacar la lengua y lamer a lo largo del tronco, recorriendo las venas que eran visibles y riendo levemente cuando un sonido parecido a siseo escapó de la boca de Jisung. No sintió un sabor en particular o que le causara repulsión, y mientras más lo lamía sentía la necesidad de meterlo a su boca. Los ojos de Jisung brillaron cuando envolvió la punta entre su labios. Estaba claro que no lo había hecho nunca, pero Park no lo guio; decidió dejarlo probar e ir por su cuenta. Sin embargo, llevó su mano a los cabellos castaños para repartir caricias suaves, casi cariñosas, lo que a Chenle le dio más confianza para continuar.

Lo chupó con demasiado cuidado y lentitud, pues no quería lastimarlo. No entraba por completo en su boca, pero tampoco se atrevió a intentar engullirlo (porque no le gustaba tener arcadas y no era el mejor momento para descubrir nuevas habilidades). Las caricias de Jisung sobre su cabeza lo relajaban, pero sus gemidos casi silenciosos, la manera en que tensaba la mandíbula y tiraba sin fuerza de sus cabellos, como un reflejo, lo calentaban más de lo que admitiría.

—¿Te gusta? —preguntó, esperando recibir un elogio.

—Hm, no está tan mal —Jisung lo molestó, sin querer alimentar su ego.

Pero admitió para sí mismo que le encantó, porque algo en el hecho de saber que Chenle era inexperto lo excitaba muchísimo.

—Jódete.

—Prefiero joderte a ti. Ven.

Lo ayudó a levantarse para hacerlo caer a horcajadas sobre sus piernas; sus manos fueron de inmediato al trasero ajeno y Chenle lo miró mal cuando recordó la manera en que había tocado a Jaemin.

—Eres un estúpido.

—¿No dejarás de insultarme nunca? —rio Jisung, palmeando con suavidad sus glúteos.

—Dime que de verdad no follas con Jaemin. Lo manoseaste con mucha confianza frente a todo el mundo.

—¿Y por qué te importaría? —su gran mano se deslizó por el pecho descubierto de Chenle, yendo a su costado para acariciar su cintura y dejarla descansar sobre su espalda baja, con la punta de sus dedos rozando el borde del pantalón y su ropa interior —Hasta hace poco estaba seguro de que querías golpearme. ¿Me dirás que te pusiste celoso?

—Sí.

Lo admitió tan rápido que Jisung sólo pudo observarlo en silencio con cierta sorpresa. Chenle aprovechó para inclinarse sobre él y llevar sus labios a su cuello, dejando caricias perezosas sobre su piel que hicieron que Jisung lo comparara con un gatito mimoso. Pensó en que era tierno, hasta que sintió la humedad de su lengua trazando líneas por su cuello mientras se mecía sobre él, moviendo sus caderas de adelante hacia atrás con precisión para estimular su pene.

—No tienes idea de las veces que soñé con un momento así —decidió confesar Chenle —. Fantaseé con estar sobre ti, de este mismo modo, y montarte hasta cansarme o hasta que decidieras apoyarme contra la pared, el suelo, la mesa, tu cama… —creó un camino de besos hasta la mandíbula de Park, mordisqueando juguetonamente antes de separarse un poco de él para mirarlo a los ojos —cualquier puto lugar donde quisieras follarme hasta saciarte.

—Así que tenia razón cuando te dije que eres un macho que se calienta cada que me ve, ¿no? —Jisung deslizó su mano por debajo de su ropa interior para poder acariciar su trasero directamente —Estás tan ansioso por tenerme dentro de ti.

—Jisung… —gimió su nombre, retorciéndose al sentir que frotó su entrada con la punta de sus dedos —. Arruíname.

Chenle se meneó contra su mano, impaciente por sentirlo dentro. Jisung lo complació y empujó su dedo medio en el agujero que lo recibió sin problemas; por un momento creyó que lo escucharía quejarse ante la intromisión pero, en cambio, Chenle estaba hecho un mar de gemidos desesperados.

Su bully era más sucio y travieso de lo que había pensado.

Fue por eso que, con algo de trabajo, logró bajarle un poco más el pantalón, lo suficiente para poder meter otro dedo en él y moverlos con mayor facilidad. Chenle los recibió más que bien, como si se hubiera preparado previamente justo para ese momento, y continuó balanceándose sobre el más alto, coordinando con sus movimientos.

Jisung podía sentir el aliento cálido de Chenle contra su cuello, pues gemía ruidosamente con la cabeza recostada sobre su hombro. Pero Park deseaba verlo. Quería verlo a los ojos mientras lo follaba.

Y Jisung ya no se controló.

Lo alejó de golpe, sin darle tiempo a quejarse cuando lo alzó para recostarlo sobre el escritorio. Jisung parecía estar igual de desesperado, pero lo hizo evidente cuando le quitó el pantalón con movimientos apresurados y, sin la paciencia para quitarle la ropa interior también, decidió romperla directamente, posicionándose entre sus piernas para acariciar su entrada pero esta vez con la punta de su pene. Lo obligó a mantener las rodillas flexionadas mientras escupía sobre la palma de su mano, y sus ojos subían y bajaban continuamente, de su rostro a su trasero.

—Hazlo, por favor —suplicó Chenle, observando como Jisung se encargaba de esparcir su saliva a lo largo de su polla.

Eso debió parecerle asqueroso, pero solo logró calentarlo aún más.

—Creo que me gusta demasiado escucharte suplicar. Hazlo hasta que me convenzas.

—Maldito desgraciado, podría golpearte en este preciso momento y obligarte a que- ¡Oh Dios!

Su discurso se cortó y su espalda se arqueó cuando sintió que Jisung comenzaba a entrar en él. No dolió tanto como imaginó que lo haría (tal vez porque pasaba bastante tiempo tocándose y lo había hecho la noche anterior). Al contrario, sintió una especie de cosquilleo que lo hizo retorcerse y agradeció estar sobre el escritorio pues probablemente hubiera caído al suelo de no ser así.

—Mírame.

Jisung sostuvo su rostro para mantenerlo firme mientras lo penetraba, admirando la manera en la que sus ojos brillaban por las lagrimas que comenzaban a acumularse gracias al placer y lo sensible que se sentía; sus mejillas estaban rosadas, y pudo ver una fina capa de sudor sobre su frente y el pecho adornado por esa cadena.

—Jisung, muévete —alcanzó a decir —. Mierda, creo que estoy alucinando.

Su parloteo era gracioso, pero Jisung hizo caso a sus palabras y comenzó a moverse despacio. Estaba apretado, por supuesto, pero ni siquiera tenía que seguir sosteniendo sus piernas para que las mantuviera abiertas y flexionadas porque el mismo Chenle se abrió más para él. Mordió el piercing de su labio por hábito, aumentando la velocidad de sus movimientos y apoyando sus manos contra el escritorio a los costados del torso de Chenle.

—¿Esto es lo que tanto querías, hm? ¿Es como lo imaginaste, bonito? —Chenle asintió frenéticamente ante cada palabra que salía de la boca de Jisung, completamente hechizado —. No te soporto, pero no me molestaría mantenerte controlado de esta forma. ¿Te gustaría, Chenle? ¿Estás dispuesto a abrir las piernas para mí siempre que te lo pida?

—Sí, sí —murmuró con dificultad —. Jisung… bésame —lloriqueó.

Pero no esperó a que lo hiciera. Chenle soltó sus piernas y se estiró para atraer a Jisung por el cuello de su sudadera y estampar sus labios contra los de él. El beso fue mas desordenado que los anteriores, con los gemidos de ambos atrapados entre sus bocas y Chenle tironeando de su piercing como si hubiera desarrollado una nueva costumbre.

—Rápido Sungie… más rápido.

Ignoró el apodo para cumplir su petición, incorporándose para tomar sus caderas con fuerza y aumentar la velocidad de sus embestidas. Con cada golpe, la polla desatendida de Chenle rebotaba sobre su estomago, casi gritando por atención. No fueron capaces de darse cuenta de que habían movido el escritorio de lugar, pero cualquier cosa importaba poco cuando estaban a punto de terminar.

El choque de pieles hacia eco en el salón; sus movimientos se volvieron erráticos y perdieron el ritmo. Chenle comenzó a sentir que su garganta picaba por los gemidos que abandonaban su boca sin control, y Jisung apretó con más fuerza de la debida sus caderas, donde probablemente tendría una marca más tarde. Park se inclinó sobre él para poder besarlo, pero no lo logró cuando se vio interrumpido por su propio gemido y el orgasmo que lo invadió con intensidad; se hundió en Chenle por última vez y terminó dentro de él, con el calor de la espesa carga de su semen penetrándolo hasta el fondo. Al sentirlo, Zhong lo acompañó con un grito, manchando su pecho descubierto y la tela de la sudadera del más alto.

Un verdadero desastre al que no le dieron importancia… al menos por el momento.

Respiraban agitadamente, tratando de recuperar el aliento mientras compartían sonrisas cómplices y satisfechas.

—Mierda, terminé dentro —murmuró, como si el mismo Chenle no lo hubiera sentido.

—No me importa. Eso lo hizo todo mil veces mejor.

—Pero… si me alejo ahora habrá un desastre en el suelo —Jisung hizo una mueca, manteniéndose quieto —. Y no quiero limpiar otra vez.

—¿Entonces qué? ¿Me vas a llevar con el culo al aire y tu pene dentro hasta mi auto?

—Si es alguno de tus fetiches no voy a juzgarte, pero no quiero ser parte de ello en la escuela —Jisung rio cuando Chenle golpeó su espalda con ayuda de su pie.

—¡Idiota! Sólo sácalo, yo limpiaré.

—¿Crees que vas a poder ponerte de pie?

Chenle lo miró mal, así que Jisung tomó sus piernas para mantenerlas arriba y salir de él. Se deleitó con la sucia imagen de su semen deslizándose por el culo de Zhong hasta caer en el suelo, y sintió la necesidad de follarlo otra vez para volver a llenarlo.

Ah, parecía que acababa de descubrir un nuevo kink.

—Me tienes que comprar ropa interior nueva, maldito animal.

—También voy a romperla. Mejor no la uses.

Tuvo que alejarse cuando Chenle amenazó con golpearlo. Lo ayudó a arreglar su ropa —con la promesa de regalarle ropa interior nueva para compensar el incidente— y entre los dos limpiaron el desastre en el piso. Acomodaron el escritorio de vuelta en su lugar correspondiente y lo tallaron con esmero, temiendo dejar cualquier mínimo rastro de evidencia que pudiera delatar su intenso encuentro.

—No vayas a enamorarte de mí, Park —bromeó Chenle.

—No fue tan bueno como para hacerme enamorarme de ti, no te preocupes.

Se quedaron callados, mirándose con ojos entornados, juzgándose el uno al otro. Hasta que Chenle rompió la burbuja y caminó a la puerta. Jisung lo siguió casi de inmediato y caminaron a la par de vuelta al almacén para dejar los artículos que ocuparon y finalmente recoger sus cosas para poder irse a casa.

—Esto no cambia nada.

—No, claro que no —concordó Jisung.

Pero el silencio los obligó a compartir miradas una vez más, y fue Chenle quien sonrió primero.

—Entonces… ¿la próxima vez en tu casa?

La primera de muchas, pensó Jisung mientras asentía.