Chapter Text
I
───Deberíamos terminar con esto.
Aquellas palabras al otro lado de la línea, sonaron tan claras como el goteo que provocaba la caída de los copos de nieve, derritiéndose en la punta de las hojas de los pinos y cayendo directamente al charco frente a sus ojos.
La respiración de Sakura pareció detenerse por unos segundos, tratando de asimilar el significado de esa oración, mientras sus piernas temblaban, negándose a seguir avanzando. Su nariz estaba completamente roja por el frío y sus extremidades rígidas por no cubrirse adecuadamente. Su garganta seca, sólo pudo dar una respuesta con voz rasposa.
───¿Qué dijiste? ───. Su rostro mostró de inmediato su conmoción. Sus cejas temblaron, los ojos le ardieron y sus pupilas se dilataron, cientos de pensamientos negativos invadieron su mente en cuestión de segundos. ¿Qué había hecho? Sus dedos helados sostuvieron con mayor fuerza el celular pegado a su oído.
Estaba cortando con él… por teléfono.
───Haruka ───lo nombró Sugishita, con un tono de voz cansado, con ese toque de profundidad de su voz grave; luego, dejó salir un largo suspiro, acompañado del vaho que exhalaban sus labios. Los pasos del hombre que casi medía dos metros se detuvieron justo a la orilla del río. Su mirada se dirigió a la luna creciente que brillaba en lo alto del firmamento. El peso de sus botas lo hacían hundirse con facilidad en medio de los rastros de la nieve, ya lo había decidido, no llegaría al lugar donde acordaron reunirse.
───¿Kyō... taro? ¿Por qué…? ───. Se mordió los labios al escuchar su nombre. Conocía perfectamente a Sakura, lo suficiente como para saber qué expresión estaría poniendo en esos momentos, una que denotaba confusión, miedo y dolor. Tuvo que enterrar las uñas de su mano libre en su propia palma, hasta dejar marcas en su piel, todo con tal de tratar de calmarse.
───Ya no podemos seguir así. Sé feliz ¿sí? ───respondió en un débil murmullo───. Te lo mereces… más que nadie en el mundo ───finalizó, cortando la llamada y apagando el teléfono.
Al final, no hubo llanto de parte de ninguno. Sólo quedaría la sensación de vacío profundo en sus pechos. Un atisbo de nostalgia por todo lo que pasaron juntos y un sentimiento de culpa por no poder evitar que acabara así.
Ambos sabían que era un final inevitable, uno que postergaron más de lo necesario.
Y en medio de la víspera de Navidad, después de su despedida, cada uno tomó su propia dirección, en sentido contrario. Terminando así con su caótica relación de preparatoria (si es que podían llamarla así).
Alguien una vez les dijo que: «el primer amor nunca se olvida, siempre dura toda la vida... en forma de recuerdos», y los dos concordaron en que, esas palabras eran una tontería.
II
───¡Oh! ¡Vamos! ¡Ya dinos! ¿Cómo fue que lograste que Nirei te dijera que sí?
───Siempre sospeché que lo que le dabas no era precisamente té, Suō-chan ~
───¡Hace tanto que no nos vemos! ¡Dinos si te amenazó Nirei! Y… y... y... ¡Sakura lo enfrentará si te coaccionó!
Las risas estallaron por todo el salón de banquetes, rentado exclusivamente para su reunión. Era un sitio relativamente pequeño pero de apariencia fina y costosa, tenía una vista de toda la ciudad y atención personalizada de parte de los meseros; lo suficientemente amplio para albergar al menos a un máximo de treinta o cuarenta personas.
Suō no escatimaría ni un centavo en su despedida de soltero o como él lo llamaba: «la fiesta para presumir que se iba a casar».
───Yo diría, que fue mi encantador canto de sirena lo que dio resultado al final ───respondió el anfitrión, con su usual sonrisa, que lo hacía lucir como una persona encantadora. Un ángel con cuernos y cola por supuesto.
Hayato dio un par de pasos con elegancia, luciendo su traje oscuro y moviéndose hasta tomar su lugar en la gran mesa redonda, llena de adornos orientales, justo al lado de su prometido. No perdió el tiempo, apenas y se sentó, paso su brazo por la cintura del hombre con pecas, el espacio personal era nulo entre ellos.
───¿Eh? ¿No fue porque le estuviste insistiendo? ¿Casi rogándole con tu mirada? ¿Cuánto? ¿Diez años más o menos? ───. Las palabras animadas y dichas sin malicia de Tsugeura provocaron un silencio sepulcral en toda la sala, creyendo que irritaría a Hayato, pues era un experto en ello.
Sin embargo, contrario a lo que imaginaron, una sonora carcajada salió de los labios de Suō, al mismo tiempo que se inclinó para recostar su cabeza sobre el hombro de su pareja, ───. Yo diría que fueron once años en realidad. Y no iba a darme por vencido.
───¡Hayato! ───le reclamó el rubio, sintiéndose avergonzado de repente por sus palabras, pero sin moverse ni un centímetro.
Todos los invitados volvieron a respirar. No por nada Nirei seguía teniendo el título de «domador de bestias» de su generación. A veces les seguía pareciendo increíble cómo era capaz de dominar al joven del parche y mantenerlo en calma, con su sola presencia.
───¿Por qué esto parece más un funeral que una fiesta?
Aquella voz resonó por todo el sitio, fuerte y claro, llegando en el momento perfecto para disipar cualquier tensión en el lugar.
───¡Sakura! ───. Todos los presentes hablaron al mismo tiempo, recibiendo con alegría a quién alguna vez fue su querido líder en Fūrin, su compañero, amigo y la familia que eligieron.
La sonrisa del chico de ojos con heterocromía era deslumbrante, suave pero rebosante de confianza. Los años lo convirtieron en un adulto muy apuesto, que aún mantenía ese toque de inocencia que lo caracterizaba.
Una vez que terminó de saludar a todos sus excompañeros de clase, tomó su asiento al lado de Nirei.
───¿Fui el último en llegar? Lo siento. Aún si son vacaciones de invierno, tenía que lidiar con un par de madres que tenían dudas de las calificaciones de sus hijos ───aclaró, mirando con deleite el entremés que empezaron a servir. Era un excelente momento para comer y beber hasta desfallecer y eliminar su estrés; antes de ello, miró hacia su costado ───. Suō, Nirei, felicidades por su compromiso ───, se sentía realmente feliz por ellos.
───¡Sakura ya es todo un profesor! ───exclamó Akihiko, sintiéndose profundamente orgulloso y tiñendo sus mejillas de un tenue sonrojo ante su felicitación, las lágrimas se le saldrían en cualquier momento.
───Muchas gracias Sakura ───respondió el chico del parche, con la suavidad de su mirada y sosteniendo a su prometido de la mano, justo ahí, donde brillaba su anillo de compromiso, para después, observar disimuladamente por todo el sitio───, aunque en realidad no fuiste el último, hay alguien que...
Las palabras del joven de cabellos rojizos fueron interrumpidas por el encargado de la recepción que llegó acompañado de otra persona, explicando que se había perdido y no encontraba el lugar del evento.
───¡Sugishita! ¡Sí lograste llegar! ───. La voz animada de Nirei volvió a resonar por el salón.
Kyōtaro se sintió un poco cohibido al momento en que todas las miradas se posaron en él. El hombre portaba una larga gabardina oscura, que lo hacía ver más alto de lo que ya era. Hace mucho que dejó de caminar encorvado, así que era más sencillo poder apreciar sus finas facciones. Su cabello largo y sedoso, se encontraba finamente amarrado y arreglado en una media coleta, dejando caer pequeños mechones rebeldes en su rostro.
───Buena noche a todos.
La incomodidad inicial no duró mucho, ya que, en cuestión de segundos, sus antiguos compañeros lo jalaron a la mesa para hacerle un montón de preguntas, esperando no morir en el intento.
Sugishita terminó sobrecargado con todo el contacto físico. Le hicieron un espacio al lado de Sakura, quien, al tenerlo cerca, simplemente rio; notó de inmediato sus ganas de golpearlos a todos───. Menos mal que viniste, al menos tendré un digno rival para beber.
El joven más alto de azules cabellos, parpadeó un par de veces al virar la vista al más bajito, asegurándose de haber escuchado bien el reto que le había lanzado. Pronto, en su semblante se formó una pequeña sonrisa burlona.
───Prepárate para perder.
III
La velada transcurrió de la mejor forma posible. Entre que cada contaba sus anécdotas de su época de gloria en Fūrin, otros como Takanashi mostraba feliz las fotos de su bebé de dos meses, Anzai por su parte presumía el anillo que portaba en el anular, mientras que Kiryu prefería mostrar fotos de su bendición (su querido gato). Hubo quiénes le dieron su sentido «pésame» a Nirei, por dejar su bella soltería para casarse con Suō, sin embargo, Suō parecía una fortaleza impenetrable esa noche, estaba tan feliz, que ningún comentario parecía tener un efecto en él, parecía más un infante a punto de sacarles la lengua, abrazando con mayor fuerza a su prometido.
Más entrada la noche, todos comieron y bebieron entre la música de fondo y cantos desafinados, con un improvisado karaoke. Finalmente, la parte favorita de todos fue el concurso por ver quién aguantaba beber más alcohol hasta desfallecer.
───¡Y con ustedes! ¡Los finalistas de esta noche! ───exclamó Kakuichi, con un tenedor como micrófono───. ¡En esta esquina tenemos a nuestro querido líder que ya no es líder pero sigue siendo nuestro líder! ¡Haruka Sakura! Y por el otro, aquel que es tan sólido como una montaña y tiene la altura de una, el más grande rival para el Jefe ¡Kyōtaro Sugishita! ¡Hagan sus apuestas! ¡Toda mi plata a Sugishita! ───. Un bonito centro de mesa con flores rojas terminó siendo arrojado a la cara del presentador, el muchacho de largos cabellos no se tomó bien esa presentación; de todos modos, la competencia se mantuvo en pie.
Los dos últimos sobrevivientes a la competencia, se tuvieron que aflojar las corbatas por el calor del momento; con sus blancas camisas debajo de sus sacos arrugados y con las mejillas totalmente teñidas de carmesí, se miraron con intensidad, con esa ferocidad que imperaba durante su adolescencia, como si el rugido del dragón se enfrentara al de un tigre. Ninguno tenía la intención de perder.
───¡Fondo, fondo, fondo, fondo, fondo!
Perdieron la cuenta de cuántas cervezas tomaron. Y, después de la quinta ronda, ambos competidores terminaron por dejar caer sus grandes tarros sobre el mantel. Sus frentes se estamparon al mismo tiempo en la mesa. ¡Ya no daban para más! Con sus últimas fuerzas, con la marca del golpe en sus frentes, los dos giraron sus rostros, quedando frente a frente, sin soltar aún el mango de sus bebidas. Apenas y podían respirar adecuadamente y probablemente sus vejigas explorarían pronto o regurgitarían todo en su interior, lo que pasara primero.
───Pensé que... tendrías más aguante... ───se burló Haruka, sin ser capaz de mover una extremidad más; los músculos del rostro le dolían hasta para hablar.
───Tsk. Tú pareces que en cualquier momento vas a vomitar ───contratacó. Ninguno pensaba ceder, incluso si se trataba de un reto de miradas. Los iris bicolores, nublados por la niebla de su ebriedad, aún lucían con la intensidad del fuego interior de Haruka chocando contra los dorados penetrantes de Kyōtaro.
───¡Ya dejen de pelear y llévense bien!
Aquel grito hizo que perdieran su concentración. Cuando sus cuellos se movieron para observar al dueño del regaño, se dieron cuenta que Akihiko dormitaba en el hombro de su pareja, murmurando entre sueños.
───Bueno, ya lo oyeron, nadie le dice que no a mi corazón. Así que, creo que es todo por ahora ───pronunció el del parche, acariciando con cariño los cabellos esponjosos de su prometido y acomodándolo mejor entre sus brazos. Su capacidad para no sudar ni una gota y mantenerse fresco como lechuga pese a todo el ajetreo a su alrededor no había cambiado nada, nadie fue capaz de notar si Suō bebió alguna copa de vino al menos ───. Sakura, Sugishita, ya es tarde, pueden quedarse en nuestro departamento si lo desean, los llevaré.
───No es necesario, ya renté una habitación de hotel cerca de aquí ───. Kyōtaro se puso de pie y aunque todo a su alrededor dio vueltas y experimentó una sensación parecida al haberse roto todas las costillas, trató de aparentar normalidad al recoger sus cosas ───. Gracias por la invitación, nos veremos en la ceremonia ───completó, antes de salir de ahí.
───¡Yo estoy perfectamente bien...! ───. Sakura también trató de levantarse de su asiento, volviendo de inmediato a sentarse al sentir como si todo lo que comió quisiera volver por su tracto digestivo ───. Me retracto, acepto tu oferta, no voy a poder conducir.
Suō soltó una risita al verlo, cargando a Nirei en sus brazos ───. ¿Me podrías esperar unos veinte minutos? Tengo que asegurarme de que todos estos borrachos puedan regresar seguros y después nos vamos.
Sakura asintió ante su indicación. Aprovecharía para buscar el baño y tratar de no morir en el intento.
IV
La buena noticia era que el sitio no era tan grande y no había extraños por ningún lado, pues apartaron todo el piso para su reunión; la parte mala era que, apenas y podía caminar derecho y se topó con demasiadas puertas por todos lados. Sólo porque una mesera se apiadó de él, logró dar con el sanitario. Luego de vaciar todo su interior, únicamente le quedaba tratar de adivinar el camino de regreso. Ya que su conciencia regresó por unos instantes, se arrepintió de su decisión. No sabía qué estaba pensando cuando actuó de forma tan imprudente, hace años que no bebía nada de alcohol, su resistencia era pésima y aun así, aceptó esa tonta competencia, la resaca del día siguiente sería su perdición. Todo era culpa de Sugishita, con él en la ecuación, siempre las cosas terminaban así.
Estuvo abriendo un par de puertas sin éxito. Hasta que se topó con la que se suponía era la correcta, casi tropezando con sus propios pies. Su torpeza lo llevó a estamparse contra algo suave... Un calor familiar lo envolvió, evitando que se cayera.
───Oye, ¿qué se supone que haces?
Incluso bajo la influencia del alcohol, pudo reconocer perfectamente la voz grave de Sugishita. Bastó con alzar la vista un poco como para ver aquel rostro con una expresión de molestia, lo cual era un contraste gracioso con el carmesí de sus mejillas. ¿Era el frio? ¿La subida de la cerveza? Quién sabe. Tampoco supo cuánto tiempo exactamente estuvo anclado a sus brazos antes de espabilarse y apartarse.
───¡¿Tú qué haces aquí?!
Un largo suspiro salió de la boca del más alto, quien solamente se apartó un par de pasos hacia atrás y después se dio media vuelta para volver a apoyarse en el pequeño balcón, perfecto para respirar el aire helado de la madrugada y bajarle un poco su borrachera. Con un pequeño movimiento de cabeza, le indicó a Sakura que lo siguiera; Sakura se colocó a su lado, imitando su posición, descansó sus brazos sobre el barandal, para evitar caerse.
Treinta centímetros o quizá menos, era la distancia que separaba sus codos.
No hubo palabras de ninguno de los dos por un largo tiempo, una pausa que pareció una eternidad, aunque no era precisamente un silencio incómodo; su falta de comunicación se llenaba con el ruido de los autos, de sonidos nocturnos de la ciudad y de la luna brillante en el cielo; las luces neón eran un buen paisaje para admirar.
Había transcurrido ocho años desde la última vez qué hablaron. Estando al lado de los demás, todos juntos, les era sencillo fingir que nada pasó entre ellos; a pesar de que su rivalidad siempre sería real; sin embargo, estando en soledad, provocaba que viejos recuerdos volvieran a surgir en sus mentes.
El silencio finalmente fue roto por una risa genuina de Haruka, quien finalmente decidió voltear a ver al más alto, deslizándose lo suficiente como para apoyar su mentón entre sus brazos, ocultando parte de su rostro entre las mangas de su abrigo───. De verdad que te ves muy bien. Los años te han sentado bien. ¿A qué te dedicas ahora?
El cerebro aletargado de Sugishita tardó en procesar por unos segundos su pregunta, sintiendo escalofríos en un principio, pero asintiendo suavemente ante su pregunta───. Flores ───respondió, moviéndose lo suficiente como para también mirarlo───. Un lugar encargado de arreglos para eventos, diseño de jardines. Y también, sigo cultivando en unos terrenos que mis abuelos me heredaron.
───El señor y la señora Sugishita, ¿han estado bien?
Ante su pregunta, el hombre de largos cabellos volvió a fijar su vista hacia adelante, con la suficiente rapidez como para que su acompañante no pudiera ver la expresión que hizo en ese momento───. Mi abuela enfermó, hace dos años más o menos. Mi abuelo la siguió un año después, y antes de que digas algo, está bien. Ambos se fueron en paz.
───Lo lamento de todos modos ───. Fue un poco torpe en sus palabras, puesto que no esperaba tal respuesta. Conoció a los abuelos de Sugishita hace mucho tiempo, aquellos dulces ancianos siempre lo trataron con cariño, nunca lo juzgaron y lo recibían con los brazos abiertos a su hogar. Desde la vez en que en la preparatoria lo atraparon visitando a escondidas a su nieto, siempre había un plato de comida extra y una habitación preparada para él. Su pecho no pudo evitar estremecerse por aquella noticia, le hubiese gustado despedirse al menos.
───¿Y tú? ───. Como si Sugishita fuese capaz de leer sus pensamientos, giró todo su cuerpo para ponerle toda su atención, desviando el tema ───. Realmente luces feliz. Me alegro.
La respiración abandonó un momento a Sakura cuando pronunció las últimas palabras, el rostro de Sugishita parecía tan sereno, tan tranquilo, y por un breve instante, una ligera sonrisa se formó en sus labios, algo tan extraño de ver como un cometa que atraviesa la tierra cada cien años.
───Sí, lo soy ───contestó, sin un ápice de dudas, con un brillo reluciente en sus ojos───. Ser profesor y poder cuidar de los niños, es... simplemente maravilloso.
───Ya veo ───. Una pequeña vibración en la chaqueta de Sugishita los interrumpió. Al leer el mensaje que recibió, se acercó al más bajo───. Siempre tuviste un buen corazón ───expresó, extendiendo su largo brazo enguantado hacia adelante───. Sólo espero que sigas siendo así, Haruka.
El pronunciamiento de su nombre le erizó toda la piel de pies a cabeza. Ya casi había olvidado cómo sonaba saliendo de la boca de Sugishita. Por mera inercia, fue capaz de devolver el apretón de manos, que no duró más que unos segundos───. Supongo que, nos veremos después ───indicó, dándole la espalda y despidiéndose con un ademán con la mano.
Antes de poder obtener una respuesta, su figura se desvaneció, como una sombra en la noche.
───De verdad, eres un experto en alterarme ¿no? ───pronunció al aire, observando un buen rato su mano.
V
───¡Bienvenido a nuestro humilde hogar! ¡Siéntete como en casa!
Sakura miró curioso a su alrededor, al llegar al departamento que compartían los futuros esposos, entendía que hace poco se habían mudado a ese espacio; incluso había cajas selladas en el piso. No es que estuviese juzgando su casa, sino que, se le hacía curiosa la combinación de ambos. La mayor parte de paredes lucía impecable, minimalista, de colores fríos y luego, encima de todo se podían apreciar pequeños arreglos y objetos de colores brillantes y vivaces, que por supuesto, aseguraba que eran elección de Nirei. Debía ser lindo tener a alguien con quien elegir la decoración de tu hogar y con quien pelearte por elegir el color de las cortinas...
Pelearse... discutir. A Sugishita le encantaría tener como diez posters de Umemiya por todos lados ¿cierto?
Estaba desvariando de nuevo.
Apenas entró y se aplastó en el sillón. Sus energías se habían agotado lo suficiente como para quedarse dormido en cualquier instante.
───Sakura, te dará un resfriado si te quedas ahí tirado. Tenemos una habitación para ti ───. Le indicó Suō, sentándose con su bello durmiente en brazos en el sillón contrario; el rubio parecía no querer soltarlo por ningún motivo. Sin embargo, el joven de cabellos bicolores, le dio la espalda y lo ignoró, ahí estaría bien.
Hayato, siendo tan perceptivo como de costumbre, esbozó una sonrisa bastante divertida en su cara───. Debo advertirte que, a veces mi lindo prometido se pone «travieso» con el alcohol y es muy «ruidoso» en la cama.
Las orejas de su invitado no tardaron en colorearse ante sus palabras. ¡Esa información no la quería saber! ───. Siempre puedes correr al hotel más cercano. ¡Es más! ───continuó Suō, sacando su celular para mandarle un mensaje a su amigo ───. Como recomendación, Sugishita se queda en este hotel, dicen que tiene una muy buena fama para una noche de pasi...
Sus palabras fueron cortadas por una almohada que salió volando justo en dirección a su persona. Un objeto que fácilmente esquivó.
───No digas tonterías. ¡Pensé que estabas sobrio!
───Es curioso. El maduro y tranquilo Sakura siempre parece desaparecer cuando se trata de Sugishita ───continuó pese a las amenazas de almohadas voladores; observando como el otro se hacía un ovillo más pequeño en el sillón ───. Ya pasaron ¿tres meses? Desde que terminaste con tu última novia ¿o me equivoco? Aunque no nos dijiste exactamente qué pasó. ¿No te satisfizo de manera sexual?
───¡Hayato...! ───la vocecita de Nirei hizo eco en medio de su conversación───. ¡No molestes a Sakura! ───. Ambos chicos bajaron la vista, sólo para mirar al joven de pecas hablar dormido, siendo un fiel defensor de Sakura en sus sueños. La mirada del chico del parche se ablandó, llevando de inmediato la yema de sus dedos a acariciar con cariño la cabecita de aquel ser que, si se lo pidiera, se atravesaría un cuchillo en el pecho, todo con tal de verlo sonreír. Luego, se puso de pie, con la intención de llevarlo hasta su propia habitación. Sus deseos eran órdenes a sus oídos.
───De todos modos, revisa lo que te envíe, tal vez te sirva. Ten dulces sueños.
Un gruñido se escuchó como respuesta. Bien, Suō tenía razón, se estaba comportando de forma muy infantil esa noche, como hace tiempo no lo hacía. Pero estaba bien, siempre podía culpar al alcohol si era necesario.
Realmente los ojos le pesaban demasiado, pero necesitaba una ducha primero. Se sentía echo mierda en más de una forma.
Agradecía la fortuna que había hecho su antiguo vicecapitán, tan grande como para darle una habitación con baño propio. Eran las tres de la mañana y una buena sumergida de agua caliente no le vendría mal. Aunque si se quedaba dormido en la bañera y se ahogara ahí, tal vez nadie lo notaría.
La soledad siempre era mala cuando la melancolía atacaba de repente.
El ver a Kyōtaro de nuevo estaba en su lista de probabilidades, después de todo, era su «amigo» o algo así, más cercano de Nirei que de los demás. No debería importar su reencuentro, pensó que estaba listo para verlo.
Su historia juntos nació y murió en su época escolar, no había más. Sin embargo, sólo comprobó, que seguía siendo un idiota, un idiota que era demasiado atractivo para su propio bien.
No recordaba bien como ese juego de «estira y afloja» que tenían en Fūrin empezó. En primer año, solían pelear a menudo, acercar sus cuerpos con la cercanía suficiente para chocar sus pechos rozar sus barbillas y... en algún punto, terminaron besándose.
Al principio, no sabían ni siquiera qué estaban haciendo. De un momento a otro, cuando se quedaban solos terminaban besándose, con una total torpeza que de vez en cuando terminaba en un roce de dientes y un golpe de narices; ninguno sabía besar.
No había ternura o cariño en la unión de sus labios, sino un hambre voraz de probarse el uno al otro. Era torpes, inexpertos y aun así, terminaban con los labios hinchados, las respiraciones agitadas y los ojos llorosos, buscando por más.
Podía culpar a sus hormonas adolescente o a su curiosidad por explorar algo desconocido para ambos. La mayoría pensaba que Sakura era un ser inocente y un tanto ingenuo, que terminaba por explotar cuando veía situaciones de romance a su alrededor.
No obstante, un secreto empezó a aflorar entre ellos. La inocencia se despidió de él en su habitación, arrinconada por los brazos de Sugishita que lo sostenían contra la pared; cuando sus piernas se enrollaban en la cintura del más alto, buscando mayor cercanía para saciar sus instintos. Su ignorancia al placer carnal moría cuando jalaba con fuerza de los largos cabellos de Kyōtaro, cuando jadeaba y dejaba al descubierto su cuello para que el más alto pudiese dejarle marcas por doquier, hasta llegar debajo de la clavícula. Moría cuando sentía el pene contrario, duro y largo, restregándose contra su muslo y cuando escuchaba el gruñido del perro gigante, excitado y ansioso por deshacerse de sus prendas.
Para todo el mundo, Sakura mantenía una apariencia de adolescente puro y tierno... para Sugishita, era un ser lleno de sensualidad e inhibición, que lo retaba con la mirada a continuar con los toques a su cuerpo. Tal vez por eso le atraía. Porque con Sugishita todo era diferente; todo era caótico, directo, inesperado; un caos que le resultaba reconfortante. No había promesas ni engaños, solo se dejaban llevar con la corriente, explorando lo desconocido.
Ya no eran los adolescentes inexpertos de antaño. Sin embargo, cuando Sakura recordó el cómo terminó cayendo en sus brazos en el balcón, no lo ayudó mucho. Pese a todo el licor en su sistema, todavía fue capaz de aspirar ese aroma fresco que desprendía el más alto... Ese rostro que lo miraba sin odio, el pronunciar de su nombre, el calor de su cuerpo.
En medio de las fantasías que se mezclaban con sus recuerdos, cuando miró hacia abajo y estiró las piernas, se dio cuenta que… tenía una erección.
───Ugh.
Tal vez Suō tenía razón y estaba frustrado sexualmente. Había tenido varias parejas en todo ese tiempo, cuatro hombres, tres chicas. Sólo a uno de ellos le gustaba metérsela, los demás preferían que él fuera el dominante, así que aprendió el arte de la versatilidad y hace demasiado que nada le entraba por detrás. Todos solían ser muy suaves con él, como si se fuera a romper y eso no lo satisfacía realmente.
Se hundió en el agua hasta la cabeza, aguantando la respiración. Estaba sobrepensando demasiado y para colmo se «calentó». Qué pésima combinación. Debía bajar esa hinchazón e irse a dormir...
VI
Sugishita estaba tan enojado que pateó con tanta fuerza la puerta para abrirla, que emitió un sonoro grito a causa del dolor en la punta de su pie.
Todo el su cuerpo se desplomó en el piso al entrar a su cuarto en renta; sostuvo su zapato y gruñó bajito. La cabeza le explotaría por esa maldita resaca de la noche anterior, pese a todos los analgésicos que se tragó y a que intento dormir adecuadamente por la noche, nada sirvió.
Lamentablemente, su mente parecía que lo odiaba, porque lo traicionó de la manera más cruel posible.
Porque después de tantos años... soñó nuevamente con Sakura. Con esa sonrisa, ¡esa maldita sonrisa!, que solía aparecer constantemente en sus sueños. Esa sonrisa que odiaba amar con todo su corazón.
Sabía que no era una buena idea volver a encontrarse con él, lo sabía perfectamente bien. Ya se había acostumbrado a la vida en el mar, a las orillas de Okinawa, aunque solía viajar a menudo, por los contratos que tenía para varios eventos y para diseños de jardines... las flores de su cosecha se volvían más y más populares con el tiempo. No era para menos, criaba a sus brotes como si de sus hijos se trataran.
Pero era la boda de Nirei y de Suō. Y no podía negarse a asistir, al menos no si era la petición del único ser con el que compartía una neurona por admirar tanto a alguien y Akihiko a veces parecía más su psicólogo personal que su amigo.
Tuvo un par de parejas antes de entregarse por completo al trabajo, aunque ninguna de ellas duraba mucho, siempre era igual, usualmente se acercaban a él por su apariencia, pero huían al no ser capaces de comprender su personalidad, tildándolo de aburrido, de gruñón y de que sólo sabía hablar de plantas... y por algún motivo, las personas más pequeñas que eran inquietos y que lo invitaban a salir, lo hacían irritar más. Llegó a la conclusión que tal vez no estaba hecho para esas cosas. Con su mano era suficiente para satisfacerlo cuando lo necesitaba.
Su relación con Sakura había sido intensa... demasiado; aparte de inesperada y llena de altibajos y contradicciones. Todo el resentimiento, el odio, los celos que tenía por quién alguna vez tomó el lugar de su querido Umemiya, simplemente eran una fachada para evitar aceptar sus propios sentimientos. El descubrir que le gustaban los hombres no fue fácil en realidad.
En la preparatoria descubrió que le gustaba Haruka, muchísimo; se sintió atraído hacia él con terror y lleno de dudas. Preparado en todo momento para ser rechazado y tildado de asqueroso. Porque claro, ¿cómo aceptaría a alguien como él que le gruñía todo el tiempo? Siendo que el chico de cabellos blancos y negros siempre estuvo rodeado de personas encantadoras que lo amaban.
Así que, cuando se besaron por primera vez y, cuando en vez de ser alejado fue correspondido de manera torpe... algo se rompió en su cabeza.
Los labios de Sakura se volvieron una cadena invisible. Una forma silenciosa de sumisión y de correa personal. Su mente se consumió por completo con pensamientos de Haruka, con su esencia, con el calor de su piel, con su mirada perdida en el placer en sus encuentros clandestinos, cuando su líder terminaba teniendo un fuerte orgasmo del que se enorgullecía ser el culpable.
Y después vinieron las inseguridades y sus celos tomaron una nueva forma, diría que el doble de desagradables a los que tuvo en un inicio.
Sakura era popular, no sólo en la escuela y en la ciudad, sino más allá. No sólo era su fuerza, su carisma, su corazón, era sencillo caer ante la sinceridad de su alma. Y él... ¿qué era Sugishita? ¿Un perro guardián? ¿Un intento de ser un poste de concreto que lo mantenga en su trono?
Por supuesto, no era egoísta, no podía meter a Sakura en una jaula y mantenerlo sólo para él (por más que le encantaría hacerlo). Había una sensación desagradable en su pecho de la cual no era capaz de deshacerse, sobre todo en las mañanas, en las que amanecía con el más bajito enrollado en sus brazos, como si su vida dependiera de ello.
Y entonces, volvía a la pregunta a la que no hallaba respuesta: ¿Quién era él? Umemiya se lo había dicho en una ocasión, si amaba a alguien, sin importar de quién se tratara, debía cuidarlo con el mismo ahínco que a una planta... Si lo asfixiaba demasiado lo dañaría, si crecía rodeado de maleza, no lograría florecer, se marchitaría con facilidad. Una flor necesitaba abono, una buena tierra, un ambiente y cuidados adecuados para brillar.
Y estaba seguro que él no era capaz de hacer florecer a Sakura, por más que atesorara cada uno de los momentos en que estaban juntos. Separarse fue la mejor opción, podía comprobarlo ahora que se volvían a ver.
Sakura brillaba en su máximo esplendor y eso era todo lo que le importaba.
Sólo planeaba quedarse en la ciudad un par de días hasta el día de la boda, después podría volver a irse y desaparecer su rastro. Se aseguraría de solamente ver a Sakura lo necesario en la ceremonia y volverían a su contacto cero; dejaría todo el pasado de nuevo enterrado.
O al menos, ese era su plan.
VII
El reloj marcaba unos minutos pasados de las diez de la noche; Kyōtaro lidiaba todavía con su resaca, así que cuando la puerta de su habitación del hotel comenzó a sonar, emitió su usual gruñido.
Acababa de tomarse una ducha de agua fría, ya estaba acostumbrado a ello, aún si hubiera -10 grados a la intemperie. ¡Ya se disponía a dormir! ¿Quién perturbaba sus sagrados sueños? No era normal que el personal del hotel lo molestara a esas horas.
Traía puesta una larga bata de baño, y unos calzoncillos.
Abrió ligeramente la puerta, sin mirar por el orificio antes, tratando de ser razonable y no insultar al extraño. El manejo de su ira había mejorado considerablemente con los años.
Sugishita parpadeó un par de veces cuando observó a su no-invitado, sin creer lo que estaba viendo. Palideció de inmediato, como si hubiese visto un fantasma.
───Eh... ¿Hola?
La puerta fue cerrada de golpe, justo en el rostro de Sakura.
───¡Oye! ¡No seas un imbécil! ¡Ábreme! ───exigió dando más golpes a la puerta. Ahora el más bajo estaba irritado. ¡¿Cómo se atrevió a cerrarle así la puerta en la cara?!
Después de unos segundos, la puerta que los separaba se volvió a abrir───. Si haces un escándalo, nos correrán de aquí ───indicó el más alto, chasqueando la lengua y haciendo su cabello húmedo hacia atrás, un gesto que solía hacer muy a menudo.
Cuando la vista de Haruka se enfocó mejor en él, se le puso colorado el rostro. La ligera bata que portaba estaba suelta de la cinta y mal puesta, dejaba a la vista uno de sus hombros, dándole la perfecta vista de todo su torso, con algunos rastros de gotas de agua descendiendo desde sus pezones hasta su ombligo. Kyōtaro mantenía sus músculos bien formados. Para colmo, su vista se distrajo y llegó mucho más abajo, justo a su entrepierna.
───¡Ah! ¿¡Por qué demonios estás desnudo!? Bueno no completamente, sí, no, sí ¡pero no! ¡Pero sí! ¡Vístete!
Por un instante, Sugishita dejó de ver a Sakura como el adulto confiado que era, y en cambio la imagen del adolescente rebelde y nervioso volvió a él, tan vívido como si hubiese sido ayer. En aquellos días en que terminaban ocultos en un callejón, besándose hasta cansarse, con alguna que otra mordida en sus labios; terminando con la ropa arrugada, sin tener idea de dónde colocar las manos, con esa curiosidad por tocar el cuerpo del otro.
Una risa irónica, casi adolorida se le escapó.
Sabía que no debía abrir esa puerta, que lo mejor sería correrlo, por el bien de ambos, no saldría nada bueno de ese encuentro, más que reabrir viejas heridas.
Sin embargo, un espíritu desconocido se apoderó de él esa noche; sus largos dedos decidieron abrir por completo. Para tan sólo reafirmar que los centímetros que separaban su altura, continuaban igual. Esos veintitrés centímetros que los distinguían.
───¿Qué haces aquí?
Con tan sólo esa pregunta, la expresión de Haruka se descompuso. Balbuceó algunas cosas, se sujetó la nuca en señal de nerviosismo, sin saber exactamente qué decir.
───Yo... La verdad es que... ¡Vístete primero!
───¿Mmh? No me digas que... ───Sugishita se hizo a un lado, para dejarlo pasar, se apoyó en la pared, cruzándose de brazos, ensanchando más una sonrisa burlona en su rostro───. ¿Te excitaste al verme?
───¿¡Qué!? Yo... ¡N-no! ¡Claro qué no!
El rostro del joven con largos cabellos pasó de la burla a la incredulidad. Sólo lo estaba molestando, era una broma. ¿Había adivinado sus pensamientos?
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Continuará.
