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La primera vez que vi a Sebek Zigvolt, me pareció una persona singular. Al momento de hablarle, me flechó su misma admiración y adoración hacia alguien. Por fin me sentía comprendido, por fin podía sentir que no estaba solo en este mundo. Y de repente, se fue. Me dejo en el pasado, como un recuerdo perdido, como una promesa olvidada. La única persona capaz de comprenderme estaba fuera de mi alcance. Pensé que en algún momento me encontraría con él de nuevo. Espere en NRC pacientemente. Espere después de graduarme. Espere como nunca. Ese día nunca llegó. No en vida.
Sebek llegó a mí en muerte, pero no como uno pensaría. No llego en la ultratumba. Llego al limbo entre la vida y la muerte. En donde él era la vida, aun con sangre y en sus años de juventud, y yo era la muerte, un fantasma que añoraba estar a su lado.
Al principio, solo lo observaba. Observaba su vida antes de Halloween, al principio del semestre. Observaba su vida antes de conocerme. Su adoración al príncipe Malleus Draconia era tal como recordaba. Sebek Zigvolt era tal y como anhelaba. Veía cómo pasaba tiempo en su dormitorio. Como ayudaba a Lilia Vanrouge en lo que necesitara, y como entrenaba con Silver. Sus días de club eran mis favoritos. Ver a Sebek cabalgar su caballo con tanta elegancia hacía que mi corazón latiera con fuerza.
No sé cuál fue el punto de quiebre. No sé cuándo mirar a Sebek se convirtió en mi rutina. No sé cuándo el querer observarlo ya no era suficiente. Tenía que poder hablar con él, poder tocarlo, abrazarlo, escucharle hablar de Malleus sin necesidad de tener que sobreescuchar una conversación.
Entiéndame, por favor, no soy un chico de muchos amigos. Antes, en vida, no logré tener amigos cercanos, y ahora, en muerte, no puedo socializar mucho. La gente me tachaba de raro por ser tan excéntrico. Por amar el Halloween. Sebek no lo hizo; simpatizó conmigo y me escuchó. Por eso, me enamoré de él perdidamente y perdidamente va a caer él también.
Descubrí que podía agarrar cosas y decidí usarlo a mi favor. Al principio fueron cosas sencillas. Una flor en su escritorio o uno de sus libros favoritos en su mochila. Cosas que lo hicieran darse cuenta. No funcionó. Unas notas de amor. Te estoy vigilando <3. Para que supiera que siempre estaría ahí. Con él. Tambien escribiaTe amo <3 en alguna de sus libretas por si me echaba de menos. Pero al parecer, eso seguía sin ser suficiente.
Sebek parecía cada vez más cansado. Las ojeras, antes inexistentes, ahora marcaban su lindo rostro y su piel morena por el sol; parecía incluso más pálida que la mía.
Preocupado, me di a la tarea de empezar a hacerle comidas. Comidas que dejaba enfrente de su habitación con una nota especial. No me sorprendió cuando las empezó a tomar. Le preparaba platillos con su ingrediente favorito, el salmón, desde carpaccio de salmón hasta salmón al horno; también le daba postres y, de vez en cuando, le ofrecía mi té especial, té de lavanda con canela.
Poco a poco empecé a ver los efectos de mi comida. Pero al parecer, solo yo los veía. Cada vez que espiaba observaba a Sebek; siempre le preguntaban por su salud. Pero yo lo veía mejor, perfecto y listo.
Hasta que vi un obstáculo más. Sus amigos nuevos. A algunos de ellos los reconocía por esa vez de Halloween, y a otros no. Él se veía feliz con ellos. Pero eso no podía ser porque él solo es MÍO. Sus amigos de primero se tenían que ir, sobre todo ese Yuu. Estaban arruinando lo que estábamos progresando, Sebek y yo. Él estaba a punto de caer. De caer ante mis encantos. Tenía que apurar el proceso, así que le empecé a enviar más té.
Lo veía mientras dormía, sudado y con un dolor en su cara. Eso no me preocupa del todo. Pronto todo esto acabaría. Pronto Sebek me recordaría de nuevo y sabría que él es más feliz CONMIGO. Aunque no podía ver sus sueños, podía ver sus reacciones y escuchar sus pláticas.
He tenido estas pesadillas desde hace unos meses, Lilia-sama. Un chico alto, vestido elegantemente esquelético, no me deja ir. No he podido dormir bien gracias a esos sueños. Si no fuera por sus tés, estaría con insomnio. Muchas gracias de verdad, Lilia-sama.
La última conversación que escuché entre ellos. La última conversación que escucharé de Sebek con otras personas.
El último té que tomará antes de dormir.
Sebek, por fin eres mío.
¿Skully…?
