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El rugido de los motores en el asfalto de Miami había cesado, pero en el interior de Alex Albon, el estruendo apenas comenzaba. Para el mundo exterior, Alex era el piloto tranquilo y sereno, el hombre de calma inquebrantable que no mata una mosca,que guiaba a Williams con la precisión de un cirujano. Sin embargo, bajo esa fachada de profesionalismo, su lobo estaba arañando las paredes de su autocontrol. El aroma a sándalo y lluvia que usualmente lo definía se había vuelto denso, cargado de una nota metálica de advertencia.
Todo se reducía a un nombre: Kimi Antonelli.
Para entender la tensión que flotaba en el aire, había que revivir varios hechos...
Todo había comenzado meses atrás. Alex recordaba la frustración de las vacaciones de pretemporada. Mientras él se rompía la espalda en Grove junto a Carlos, tratando de entender por qué el chasis del FW48 llegaba con retraso, Franco estaba en Europa, solo. Alex recordaba las videollamadas nocturnas donde veía a su omega cenando solo, con los ojos cansados de estudiar los manuales de Alpine.
Una noche en una de sus recurrentes llamadas Franco le contó que se había encontrado con Kimi Antonelli en un restaurante italiano, Alex no pensó mal. Kimi era un cachorro, un talento generacional de 19 años. Pero el tono con el que Franco mencionó la cena...
—Es muy divertido, Alex, me hace acordar a mis inicios— plantó una semilla de inquietud que Alex había ocultado demasiado bien.
Alex decidió alejar cualquier pensamiento que haya dejado alguna espinita de inquietud en el, confiaba en su novio y sabía que lo amaba así que no había motivos para estar celoso.
Que equivocado estaba...
Pareciera apropósito que Kimi había decidido que su misión principal era ser la sombra de Franco.
Alex comenzó a enumerar mentalmente cada afrenta. El primer golpe fue en el GP de Australia. Alex recordaba haber observado desde el hospitality cómo Kimi no se despegaba de Franco. No era solo cercanía profesional, era una invasión de espacio personal. Cada vez que Franco se movía, Kimi lo seguía como un cachorro hambriento, inclinándose para susurrarle al oído y rozando con su nariz la mejilla del omega, tratando de impregnarlo con su aroma a lambrusco cítrico.
Luego vino el descaro en el Drivers Parade de China. Alex sintió que su sangre hervía cuando vio a Kimi pasar su brazo por la espalda de Franco y tomarlo firmemente por la cintura, atrayéndolo hacia él para las cámaras. Franco reía, inocente de las intensiones de kimi, esto Alex lo sabía ya que cada vez que hablaba con Franco del tema este siempre de referia a kimi como un amigo,además de que este conocía lo distraído que era su novio. Pero Alex vio la mano de Kimi apretando el costado del omega, un gesto posesivo que ningún alfa debería tener con la pareja de otro.
En Japón, la situación rozó lo insoportable. Durante el evento en la FanZone, Kimi no miraba a la multitud; sus ojos estaban fijos en Franco con una devoción hambrienta. Al momento de la foto grupal entre Mercedes y Alpine, Kimi extendió su mano y entrelazó sus dedos con los de Franco frente a miles de personas. Fue un segundo, pero para Alex fue una declaración de guerra.
Alex se había mantenido bastante calmado hacia sus afueras pero por dentro estaba pensando en como desaparecer al italiano sin dejar rastro alguno y no lo malinterpreten Alex confía ciegamente en Franco, pero no confia en el alfa que mira a su novio como si acabara de ver un angel en persona, no confiaba en Antonelli...
Actualmente estábamos a horas de la carrera por el Gran Premio de Miami, donde Alex acababa de llegar al paddock, este se encontró con Carlos en la parte trasera del garaje de Williams.
El español que compartía equipo con él, notó de inmediato que algo no andaba bien. La postura de Alex era rígida y sus ojos destellaban una intensidad que Carlos no reconocía en el tailandés.
—Oye, Alex, ¿qué te pasa? Pareces un resorte a punto de saltar cabrón —comentó Carlos, ajustándose la gorra.
Alex soltó un suspiro que sonó como un gruñido bajo. Se acercó a Carlos, asegurándose de que nadie más escuchara.
—Es Antonelli, Carlos. No puedo más. En Australia fue la sombra de Franco, en China le puso las manos encima en el camión, y en Japón... el muy imbécil le tomó la mano frente a todo el mundo. ¡Le entrelazó los dedos, Carlos!— expresó con notable irritación en la voz
Carlos se quedó en silencio un momento, parpadeando, visiblemente en shock. Conocía a Kimi, el chico maravilla de Mercedes, pero el descaro que Alex describía era una violación flagrante de los códigos de respeto del paddock. Sin embargo, lo que más impactó a Carlos fue la voz de Alex: sonaba agresiva, ronca, cargada de una furia de alfa que contrastaba totalmente con la imagen de chico bueno que todos tenían de él.
—Vaya... no sabía que el chico era tan... atrevido —respondió Carlos, con cautela—. Nunca te había escuchado así, Alex. Estás a un paso de perder los papeles.
—Dame un consejo, Carlos. Porque si lo veo acercarse a Franco una vez más hoy, te juro por lo que más quieras que voy a cagarlo a piñas frente a las cámaras. Me importa un carajo la superlicencia o lo que diga James. Mi lobo quiere arrancarle la garganta.
Carlos puso una mano firme en el hombro de Alex, tratando de anclarlo.
—Escúchame bien. Kimi es joven y estúpido. Quiere provocarte porque sabe que eres el dueño de lo que él desea. Si le pegas, él gana. Williams pierde, tú pierdes y Franco queda en medio de un escándalo. No le des ese gusto. En lugar de golpearlo, demuéstrale quién manda donde realmente importa. Mantenlo a raya en la pista, y cuando termine el día, asegúrate de que Franco recuerde por qué está contigo y no con un niño que no sabe respetar jerarquías. Sé un alfa, Alex, no un animal herido.
Alex apretó los dientes, asintiendo lentamente. Las palabras de Carlos le dieron una estructura a su furia, pero la calma duraría poco.
La gota que colmó el vaso fue tras terminar la carrera, donde Alex logró rescatar un P10 agónico, bajó del coche con el cuerpo temblando. Buscó a Franco y lo encontró en el pesaje. Vio a Kimi acercarse para ese abrazo que parecía no terminar nunca. No fue un abrazo de "buen trabajo". Kimi hundió literalmente su nariz en el espacio entre el cuello y el hombro de Franco, buscando el aroma del omega, una invasión de privacidad que hizo que el lobo de Alex soltara un gruñido sordo en su pecho, el chico de mercedes estaba olfateando directamente su glándula de aroma de SU omega...
No fue un roce accidental... fue un intento deliberado de marcar a Franco con su propio aroma, tratando de sobreescribir el rastro de Alex. Kimi miró directamente hacia donde estaba Alex mientras lo hacía, con una sonrisa de suficiencia que decía: "Mira cómo lo disfruto".
Eso fue suficiente para Alex...
Al llegar a la suite del hotel, Alex no solo estaba tenso estaba furioso, su mente no dejaba de repasar la imagen del descaro de Antonelli "Pendejo irrespetuoso de mierda" pensaba el alfa tailandés mientras miraba por la ventana en lo terminaba de abrochar su camisa, ya que habian quedado con los demás en ir a festejar sus puntos de hoy y en este momento ya se estaba arrepintiendo de decir que si
Franco salió del baño luciendo deslumbrante pareciendo la encarnación de un angel, este acercándose hacia donde estaba Alex que seguía con la mandíbula apretada mientras miraba a la nada
—Alex, basta —dijo Franco, cerrando la puerta—. Estás dejando que tu lobo se vuelva loco al pedo.
Alex se giró, con los ojos oscuros y las pupilas dilatadas.
—¿Al pedo, Franco? Carlos me dijo que mantuviera la calma, pero hoy ese imbécil intentó marcarte frente a mí. Olfateó tu glándula, Franco. Intentó poner su rastro de lambrusco sobre mi sándalo. Es un alfa de diecinueve años probando sus límites, y sus límites terminan donde empiezas tú.
Franco, notando la desesperación bajo la furia de su alfa, caminó hacia él y puso sus manos sobre su pecho.
—Lo intentó pero no lo deje Alex. ¿No confias en mi?—expresó este con el rostro afligido
—Confío en vos—el tailandes se acercó a su omega tomando su rostro en sus manos— No confío en el...
El mayor dejó un beso sobre sus labios y sintió como Franco desprendía su aroma con feromonas que lo tranquilizaban, este soltó un suspiro y se separó del menor—Se nos está haciendo tarde, ¿vamos?
¿Estas seguro que querés ir? —susurró Franco con picardía, dejando un rastro de besos en su cuello —. ¿Realmente queres ir a una fiesta llena de gente y ruido?
El aroma de Franco, una dulce mezcla de vainilla y frescura cítrica, inundó los sentidos de Alex. El omega dejo ver el brillo de lujuria en sus ojos,el argentino no lo había dicho pero ver ese estado de su novio lo calentaba muchísimo...
El argentino comenzó a desabotonar la camisa del tailandés con una lentitud agonizante.
—Creo que en estos momentos se me ocurren mejores formas de celebrar que no incluyen ver a Antonelli merodeando cerca de ti —gruñó Alex, girándose para atrapar los labios de Franco en un beso posesivo...
Las manos del alfa se posicionaron en la cintura de Franco, deslizándose bajo la camisa del menor, La camisa este voló unos segundos después y el omega quedó desnudo de cintura para arriba, su piel pálida contrastando con el bronceado de las manos de Alex.
Los pezones se endurecieron al contacto del aire, y Alex bajó la cabeza, atrapando uno entre sus labios.
—Ah... —el gemido escapó de Franco antes de que pudiera contenerlo.
Alex mordió suavemente, solo lo suficiente para que doliera, para que supiera... Su lengua jugueteó con el pezón mientras su mano libre bajaba y desabrochaba los pantalones de Franco, esta se deslizó dentro de estos. El argentino ya estaba duro, la humedad de su lubricación natural empapando el algodón de su ropa interior.
La decisión estaba tomada. Se quedarían.
Acto seguido ,ya en la cama, Franco comenzó con un vaivén desesperado moviendo sus caderas sobre el miembro de su novio, este manchando la creciente erección del alto con su lubricante.
Alex no espero mas y despojó a Franco de sus pantalones y ropa interior, el omega arqueó la espalda cuando los dedos de Alex encontraron su entrada, presionando suavemente, probando la resistencia. Estaba listo, siempre estaba listo para Alex, como si su cuerpo supiera que su alfa llegaría.
Este no se contuvo y metió 2 dedos, ya que con lo mojado que estaba el menor facilitaba las cosas, Los dedos se bombeaban dentro de él, estirándolo, preparándolo. Franco se aferró a los hombros de Alex, sus uñas marcando la tela de su camisa. El mundo se redujo al ritmo de la mano de Alex, y al calor que crecía en su vientre.
El tailandés pareció sentir que su chico estaba a nada de venirse por lo que sacó sus dedos de este recibiendo una queja por parte de el menor. Alex sin embargo cambio de posiciones dejando a Franco boca arriba en la cama, deshaciéndose de su cinturón y bajando ahora sus pantalones dejando ver su ya firme erección
—¿Estas listo hermoso?— el menor asintió con desesperación y a continuación una mano agarró la cadera de Franco, la otra guió su miembro, ya duro y goteando lubricante, hacia la entrada de su omega.
Alex empujó, enterrándose hasta el fondo en una sola embestida. Franco ahogó un grito, su boca abierta en una "O" silenciosa, con sus manos aferrándose a las sábanas
Este dejó que se acostumbrará para no dañarlo y comenzo con las embestidas, primero lentas y luego más rápidas y rítmicas, profundas, cada una golpeando ese punto dentro de Franco que hacía que sus ojos se pusieran blancos.
Franco gemía, un sonido involuntario que Alex amplificó empujando más profundo, más duro...
El encuentro se estaba tornando más intenso, era una mezcla de necesidad acumulada por las semanas de distancia y la reafirmación de su vínculo. Franco era ya un coro de suspiros entrecortados sobre la piel de Alex mientras arañaba la espalda de este
En la bruma de lujuria e intimidad un sonido y una vibración se hizo presente...
Era el teléfono de Franco que comenzó a vibrar con insistencia sobre la mesita de noche.
"Kimi Antonelli" brillaba en la pantalla...
Franco intentó ignorarlo, pero Alex, con una chispa de malicia en los ojos e impulsado por su lobo interno, estiró el brazo y contestó, poniendo el altavoz, pero manteniendo el teléfono cerca de Franco.
—¿Franco? —la voz de Kimi sonaba animada— Ey estamos entrando al club y no me respondías los mensajes ¿dónde estás?. No me digas que te dormiste...—siguio el italiano con un tono divertido— Vení que te reservé un lugar al lado mío en el VIP.
—K-Kimi... yo... —Franco soltó un jadeo lascivo, incapaz de articular una frase coherente debido al placer—. No... no puedo...
—¿Estás bien? —preguntó Kimi, su tono cambiando a uno de preocupación genuina, pero también de curiosidad intrusiva—. Suenas raro, Fran. ¿Estás enfermo? ¿Voy para allá?
Franco intentó hablar, pero Alex eligió ese preciso momento para morder la unión entre su cuello y hombro con fuerza, marcando territorio mientras seguía embistiendo
Del otro lado de la línea, el silencio de Kimi fue sepulcral. El joven alfa no era tonto, los sonidos que emanaban del teléfono eran inconfundibles.
Alex tomó el dispositivo con mano firme,con sus ojos ya dorados y su voz saliendo profunda cargada de una autoridad de alfa dominante que rara vez mostraba en público.
—Kimi. Franco y yo estamos muy ocupados celebrando a nuestra manera —dijo Alex con una sonrisa de suficiencia que se transmitía en su tono—. No nos esperen. No vamos a salir en toda la noche. Y la próxima vez que quieras "reservar un lugar" para él, recuerda que su lugar ya está ocupado. Permanentemente.
Alex colgó sin esperar respuesta. Arrojó el teléfono a un lado y tomo a Franco, levantándolo y poniendo una almohada de bajo de su cadera, llevando las piernas de este a sus hombros. La nueva posición le permitió hundirse aún más profundo.
Este miró a su novio que estaba sonrojado y con los ojos empañados por el deseo. Dejando una imagen preciosa y exitante que solo el podía ver.
Franco solo podía gemir, su mente un desorden de placer y sumisión. Las embestidas de Alex eran implacables, cada una un recordatorio y un descargo.
Este comenzó a sentir que el nudo del alfa empezaba a hincharse, enganchándose en la entrada de Franco con cada movimiento de retroceso, dando las embestidas finales cuando el nudo se hinchó por completo, atrapándolos juntos. Alex mordió suavemente el cuello de Franco, no lo suficiente para marcar, solo lo suficiente para recordarle.
Mientras el semen caliente llenaba el interior de Franco, a la vez que los espasmos del orgasmo sacudían su cuerpo.
Alex dejó un beso en la frente mojada de su novio y Franco lo rodeó con las piernas con una sonrisa satisfecha.
—Eso fue muy poco diplomático,señor Alexander Albon —rio Franco. —Nunca te había visto así...
—Supongo que todo esto fue la consecuencia de haberme guardado todo lo que sentia, sumado al estrés de todo lo que está pasando en la escudería.
La actitud de Kimi fue lo que me término por sacar de mis casillas.
Pueden intentar meterse con todo pero no con vos Franco...
Franco anonadado por ver está versión de su novio dejó un beso en los labios de este
—De todas formas quiero que te quede claro una cosa Albon, Él o cualquier persona puede mirar todo lo que quiera, Puede intentar tomar mi mano o hacerme reír. Pero al final del día, el que está en esta habitación conmigo sos vos. El que me hace sentir como si el mundo se detuviera sos vos. Al final del día el dueño de mi corazón sos vos...
—Te amo...— dijo Alex totalmente embelesado por la persona que tenía enfrente, que podía asegurar era el amor de su vida — Yo te amo más...
Esa noche, bajo el cielo de Miami, quedó sellado que el corazón de Franco Colapinto tenía un solo dueño, y que el joven italiano tendría que aprender a respetar las leyes de la naturaleza en la Fórmula 1.
