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Si le hubieran pedido a Donghae que explicara detalladamente en qué momento su vida empezó a desmoronarse, la verdad era que no habría podido. No porque no quisiera: sentado ahí, mirando la pantalla en negro de su computadora casi obsesivamente, él mismo deseaba poder entender qué había sido lo que empezó a alterar el tranquilo equilibrio en su vida, cómo se le había ido tan rápido de las manos.
Tampoco existía una explicación para la forma en la que se había comportado o, incluso peor, para todo lo que había sentido en los últimos días.
Durante años, había mantenido todo en un orden, y le gustaba, aunque nunca lo hubiera admitido completamente. Le gustaba demasiado tener todo acomodado y en su lugar. Era casi reconfortante aferrarse a una rutina: despertarse temprano para salir a correr o ir al gimnasio, pasar los días cumpliendo su agenda, marcando mentalmente cada casillero, ir a su iglesia, encontrarse con su familia, salir con sus amigos.
Vivía una vida que, si le preguntaban a otras personas, habrían catalogado como obsesivamente saludable. No le importaba. Aunque algunas veces deseaba comer algo con más grasa o con menos proteínas y fibras, siempre se apegaba a su dieta, porque hacer esos pequeños sacrificios casi no le importaba la mayor parte del tiempo.
Sí, podía ser que algunas veces se exigiera demasiado en el gimnasio, hasta el punto de estirar más allá del dolor todos sus músculos, su espalda dolorida o su rodilla, pero estaba bien, ese dolor significaba que no iba a tener tiempo para pensar en otras cosas, y era satisfactorio tener el recordatorio al día siguiente después de un buen entrenamiento.
Su vida finalmente había alcanzado un punto en el que se sentía cómodo en todos los aspectos. Tenía a su familia, le iba bien en el grupo, tenía a Hyukjae.
Hyukjae.
Su mejor amigo desde hace más de veinte años. La persona con la que compartía casi toda su vida, tal vez incluso la única. Vivían en el mismo edificio porque a los dos les había parecido reconfortante estar cerca cuando los demás miembros empezaron a irse del dormitorio donde empezó todo.
Después de tantos años Donghae era capaz de admitir que muchas veces su relación llegaba a la codependencia. Su subunidad se formó porque fue incapaz de verse en un escenario solo. La solo idea de imaginarse eso se sentía tan incorrecto que ni siquiera lo pensó demasiado cuando la única condición que puso fue que iba a hacer una subunidad con Hyukjae y nadie más.
Y tenerlo en su vida era una de las constantes que le hacía sentir bien. Le enviaba mensajes casi todos los días, a pesar de que se veían demasiado seguido. Incluso después de haber terminado su gira y los conciertos se le hacía extraño no tener la compañía de Hyukjae todo el día, por lo que siempre lo compensaba llamándolo o mandándole mensajes.
Hyukjae era una constante a la cual sabía que siempre podría aferrarse. Por ejemplo cuando lo llamaba esas noches cuando no podía dormir, terminando los dos en cualquier lugar que estuviera abierto a esa hora, Hyukjae se quejaría y diría cosas casi hirientes pero siempre estaría ahí, acompañándolo incluso cuando él mismo estuviera cansado. En las pequeñas cosas también, como ver todas las películas de acción que le gustaban a Donghae y que pocas veces terminaban por gustarle a Hyukjae pero aún así lo acompañaba igual.
Era reconfortante saber que existía alguien en el mundo que lo conocía mejor que nadie, que incluso muchas veces no necesitaba hablar para que Hyukjae entendiera lo que quería o necesitaba. Tenían ese lenguaje silencioso que muchas veces lo utilizaban sin darse cuenta, una mirada, un pequeño gesto, ambos podían entenderse incluso sin hablar.
Todo estaba perfecto.
Hasta que dejó de serlo.
“¿Dejar la SM?” Incluso decirlo en voz alta le pareció irreal.
Habían estado en silencio con Hyukjae, escuchando los ruidos de la noche y los esporádicos autos que pasaban a su alrededor. Era una noche fría, dejando su nariz roja, después de estar tantos minutos sentados en la oscuridad de su auto, mientras pestañeaba incontables veces, intentando asimilar la información tan rápido como su cerebro lo permitía.
“¿Es posible?” murmuró finalmente, poniéndose completamente de costado para mirar a Hyukjae. Sin dudas esa opción siempre había sido imposible para Donghae, incluso no recuerda haber pensado en esa posibilidad en sus peores épocas.
Hyukjae había encogido los hombros, con las manos juntas entre sus muslos, viéndose casi pequeño, tanto que Donghae había tenido que retener el impulso de abrazarlo, con el corazón dolorido por la necesidad primaria de calmar esa mirada.
“Es la mejor opción ahora mismo.”
Incluso cuando Donghae había querido reírse de forma histérica, en el fondo ya sabía la respuesta, como si pudiera existir otra para cualquier pregunta que le hiciera Hyukjae.
Sabía que ambos habían llegado tan lejos porque funcionaban de esa forma: confiaba en el criterio de Hyukjae plena, ciegamente, de la misma forma en que Hyukjae confiaba en él, en sus canciones, en sus letras.
Cuando finalmente se habían mirado, con los ojos marrones parcialmente iluminados por las luces de los autos y de la calle, Donghae lo supo en ese instante.
Lo seguiría a todos lados.
“Está bien. Confío en ti.”
Tal vez, esa noche hace tantas noches atrás, fue donde todo empezó a cambiar, tan sutil y lentamente que Donghae no lo notó. El pequeño aleteo de la mariposa empezó en ese momento y terminó meses después con él ahí, sentado en el silencio de su departamento, con más mensajes y llamadas sin responder por parte de Hyukjae de lo que le hubiera gustado tener nunca.
Pero todavía le dolía su última conversación, a pesar de que no debería, le dolía y la molestia burbujeaba incómodamente debajo de su piel sin tener un lugar a donde escapar.
Hyukjae le había cancelado un plan por tercera vez en el mes porque estaba encontrándose de nuevo con el invitado que había ido a su programa de YouTube hacía más de dos meses, ese día que Donghae no pudo asistir a la grabación. De tan solo pensarlo sentía como una pesada carga en el fondo de su estómago lo hacía tragar con dificultad.
Ellos nunca cancelaron los planes. Hyukjae nunca le cancelaba los planes, y si lo hacía siempre encontraba una forma de compensarlo de forma sutil pero intencionada. Nada de eso había pasado en todas esas semanas, y Donghae podía sentir como su buen humor se iba diluyendo cada vez más con cada negativa, hasta que explotó y dejó de contestar los mensajes de Hyukjae.
La verdad era que había intentado sin éxito, las semanas que siguieron después de que Hyukjae le hubiera dado la noticia de que lo habían invitado a una salida más privada, en actuar normal y no presionar demasiado por obtener más información.
Era la segunda vez que Hyukjae le contaba que estaba intentando algo con un hombre y quería ser el mejor amigo comprensivo y alentador, a pesar de que tenía tantas preguntas y dudas.
Por eso todo ese tiempo había fingido no ver el video de la copia final del programa, incluso cuando se lo habían adjuntado al correo de la empresa. Lo había dejado ahí, casi obstinadamente, en su bandeja sin leer, pensando de forma casi infantil que, si no lo veía, entonces no existía, al menos por esas semanas.
Pero la sensación de incomodidad que se había quedado pegada a su piel después de leer el mensaje de Hyukjae horas antes finalmente lo había llevado a encender su computadora. Sus dedos se movían con nerviosismo sobre la lisa madera de su escritorio mientras el video empezaba a reproducirse.
Porque una parte de él necesitaba saber.
Necesitaba ver.
“Salí con un hombre, Hae.”
Donghae no recuerda nada de lo que habían estado hablando esa noche cuando Hyukjae le había confesado por primera vez que también le gustaban los hombres.
Fue un mes después de que habían terminado de firmar todos los contratos y papeles, oficialmente siendo los dos dueños de su propia empresa.
Estaban sentados en el sillón del departamento de Hyukjae, con sus rodillas juntas después de haber terminado la comida, y el silencio familiar entre ellos. Casi se había convertido en una costumbre en los últimos años: cenar en el departamento de Hyukjae cuando sus agendas coincidían.
Cuando estaba de buen humor, Donghae cocinaba, soportando las quejas de Hyukjae, aunque siempre terminaba comiendo todo lo que le ponía delante. Algunas veces, Donghae se encontraba tan feliz en esa cocina, los ruidos de las ollas, el cuchillo cortando las verduras, las tapas abriéndose, todo se volvía un murmullo de fondo para la risa y los comentarios sarcásticos de Hyukjae. Era tan fácil dejarse envolver en esa pequeña burbuja.
Por eso, esa noche no había notado nada extraño, no cuando estaba tan sumergido en su propia burbuja hogareña, riéndose de Hyukjae y de sus muecas de disgusto por usar tan poca sal en la comida.
Lo que sí recordaba era la piel roja y brillante de las orejas de Hyukjae y su sonrisa suave. Se había comportado de forma tan vulnerable e insegura que fue como si el chico de quince años se hubiera materializado frente a sus ojos: ese que había sido su primer amigo en la ciudad, al que, media vida después, todavía seguía a todos lados.
Recordaba su propia sonrisa, que se había sentido casi falsa, demasiado tirante en los bordes; incluso lo había notado cuando Hyukjae lo miró con confusión y cautela.
¿Te gustan los hombres? Había querido preguntar, casi enojarse. ¿Desde cuándo lo sabes y no me lo has dicho?
Porque se suponía que lo sabían todo el uno del otro, que ya no se guardaban secretos, no desde aquella pelea en los primeros años de su amistad, cuando Donghae había bajado de la camioneta que llevaba a todo el grupo después de una agenda.
Habían tardado días en solucionar esa discusión. Incluso Donghae le había hecho jurar a Hyukjae que intentarían ser más abiertos entre ellos. Es vergonzoso admitir que a Donghae le gustaría siempre saber lo que estuviera pensando Hyukjae, muchas veces se quedaba mirando más de lo necesario esos ojos marrones que conocía de memoria.
Pero al parecer no sabían todo del otro, o al menos Donghae no lo sabía. Hyukjae todo ese tiempo le había estado negando una información tan vital de él mismo que el ardor de la mentira le pinchaba en el pecho como una espina molesta.
Tal vez en ese momento fue donde todo volvió a desequilibrarse en su vida.
“Eres la primera persona a la que se lo digo”, había susurrado Hyukjae tan bajo que apenas lo había escuchado, con los dedos moviéndose nerviosos sobre su jean. Ninguno de los dos había tenido fuerzas para cambiarse la ropa que habían usado en el programa de radio al que habían asistido.
Donghae finalmente lo había mirado. El amor y el cariño que existían en su corazón y que solo le pertenecían a Hyukjae se habían expandido con tanta fuerza y rapidez que le dolió. Se obligó a dejar sus sentimientos de lado, el enojo por el secreto y la duda de las mentiras; enterró todo para poder estar presente para su mejor amigo en ese momento.
“Ahora que ya tenemos una empresa juntos”, había continuado Hyukjae, con la mirada fija en algún punto entre ellos, “pensé que deberías saberlo”.
Verlo con todo su maquillaje y peinado de idol, siendo tan vulnerable, era extraño, Donghae solo quería alargar la mano y despeinarlo, ver a Hyukjae y no a Eunhyuk.
Los ojos marrones lo buscaron cuando dejó de hablar; su mirada era tan insegura y, a la vez, tan expectante, que Donghae le sonrió, esta vez de forma más sincera, intentando calmar sus visibles nervios.
La verdad era que no sabía qué decir. Era la primera vez que alguien le decía algo así directamente. A lo largo de su vida había aprendido a ser más abierto y tolerante, alejándose un poco de la rectitud con la que su madre y, a veces, su hermano, se manejaban.
Pero, mirando a la persona que lo conocía todo sobre él, a quien seguiría hasta el fin del mundo sin dudarlo, no podía encontrar una razón para sentir rechazo.
No dudó cuando acortó la distancia y rodeó el cuello de Hyukjae con sus brazos. El otro se dejó atraer con facilidad, casi hundiéndose en su pecho con un sonido de alivio, como si le hubieran cortado todos los hilos.
Donghae suspiró, cerrando los ojos.
“Gracias por decirme.”
La grabación del hombre con el que Hyukjae estaba saliendo se reía alegremente en la pantalla, contando una historia, pero Donghae apenas podía prestar atención. Estaba demasiado concentrado en la curiosidad de esa mirada chocolate: casi tímida, brillante, con un leve aleteo de pestañas que solo él podía notar por lo acostumbrado que estaba a cada emoción en el rostro de Hyukjae.
El sentimiento filoso y enojado se asentó en su estómago. La necesidad de volver el tiempo atrás y estar presente en ese momento lo abrumó.
Quería interponerse, infantilmente, en lo que fuera que hubiera pasado ese día, en cómo Hyukjae se había dejado deslumbrar tan fácilmente por ese hombre. Le irritaba saber que lo que había comenzado a formarse tímidamente en esa grabación había terminado en Hyukjae cancelando su salida juntos: aquella que Donghae le había avisado con una semana de anticipación, aquella en la que ambos se habían prometido ver la segunda parte de la película.
Sabía lo infantil que sonaba, que podían ver esa película cualquier otro día. Pero una parte de su interior le susurraba, cruelmente, que Hyukjae ya no lo estaba poniendo como su prioridad, algo a lo que se había acostumbrado después de tantos años.
Siempre había sido posesivo. Compartir a Hyukjae, en cualquier sentido, siempre le dejaba una sensación de malestar. Había sido casi demasiado feliz siendo el centro de su atención cada vez que el otro se lo permitía. Y, en los últimos años, ambos habían estado solteros, demasiado cómodo sin tener que compartirlo con nadie como para darse cuenta de cuánto había monopolizado su tiempo.
Donghae cerró los ojos con fuerza y se pasó una mano por la frente.
Por eso es que los últimos días se había sentido tan fuera de eje, había discutido más veces con Hyukjae de lo que lo hizo en todos sus años de amistad. Algunas veces la culpa de pensar que se estaba desquitando injustamente con Hyukjae por mentirle, era tan fuerte que le daba vergüenza. Él no se comportaba así.
Ellos no se comportan así, mintiéndose, escondiendo verdades a medias, y Donghae lo odiaba, pero tampoco sabía cómo hacer para volver todo a como era antes.
Algunas veces Donghae odiaba como Hyukjae había podido alterar toda su vida tan equilibrada con una sola frase.
“Salí con un hombre, Hae.”
La risa de Hyukjae resonaba en su departamento, devolviéndolo al video. Su interior se retorció, apretándole el pecho, cuando el mayor volvió a acercarse al invitado, apoyando la mano en la pierna del otro con confianza. Incluso odió el cambio de cámara que dejó el gesto fuera de cuadro. Donghae quería ver, necesitaba saber si Hyukjae había dejado su mano más de lo necesario, si esa mano descansaba en la rodilla del hombre como si perteneciera ahí.
El sentimiento oscuro que seguía apretándole el pecho lo obligó, finalmente, a cerrar la computadora sin terminar el video, apenas logrando contener el ardor en sus ojos.
Sabía que no debería sentirse así. No tenía ningún derecho sobre su mejor amigo, por mucho que una parte de él quisiera gritar lo contrario. Y también sabía que no era justo, que era mezquino, que Hyukjae no merecía nada de eso cuando recién estaba empezando a vivir su sexualidad con más libertad y seguridad.
Pero aun así, no toleró ni un segundo más encerrado ahí, sabiendo que, en algún lugar de la ciudad, Hyukjae estaba riendo y regalando su compañía a alguien más, abriéndose tan despacio como siempre lo hacía cuando conocía a otra persona.
Fue la primera noche en la que, egoístamente, no respondió a ninguno de los mensajes que Hyukjae le había enviado.
Otro cambio en su vida, siempre le respondía los mensajes.
***
“¿Cuándo vas a encontrar a una mujer, Hae?”
La pregunta de su madre lo había tomado por sorpresa un domingo. No había sonado demandante, sino más bien desilusionada, y eso hizo que algo se removiera con dolor en el interior de Donghae, dejándolo en silencio por unos segundos.
Estaban desayunando después del servicio, en una cafetería tranquila y con poca gente a esa hora.
A pesar de que Donghae prefería ir a la iglesia más cercana a su edificio, ese día su madre lo había invitado a acompañarla. Su hermano no había podido hacerse tiempo para ir, todavía acomodando su vida alrededor de su pequeño hijo. Incluso Donghae se sentía culpable por no visitarlo más seguido.
Ni siquiera sabía qué responder. Mantuvo los ojos fijos en los marrones de su madre; las arrugas alrededor de ellos hacían que su mirada se viera más cansada y frágil de lo habitual.
Odiaba decepcionar a la gente. Odiaba esa mirada de resignación que lo obligaba a fingir una sonrisa, aun cuando la culpa se le clavaba con fuerza en el estómago.
“Es difícil”, había dicho finalmente.
Y había querido quejarse, decir que no era justo exigirle algo así cuando había pasado su juventud dejando todo de lado por su carrera como idol, por sus fans, por poder darle a ella y a Donghwa una vida más cómoda y segura.
Parpadeó para alejar el ardor en sus ojos y bajó la mirada hacia su taza. Sabía que tampoco era justo decirle todo eso.
Y no era que no lo hubiera intentado, porque lo había hecho, y mucho. Cuando era más joven y tenía más ilusiones, incluso bromeaba en entrevistas diciendo la edad a la que quería casarse y tener hijos.
Hubo un tiempo en el que pensó que lo tenía todo. Estaba enamorado. Pasaba las noches libres, cuando no estaba completamente absorbido por su vida como idol, creyendo que no podía ser más feliz.
Nunca había llegado a pedir matrimonio.
Siempre terminaba con el corazón roto. En cada relación, en cada mujer a la que se había aferrado con la esperanza de formar una familia, algo fallaba. Como si hubiera algo en él que fuera insuficiente, un espacio que nunca lograba llenar, aunque lo diera todo. Siempre terminaba igual: él era quien recogía los pedazos de su propio corazón.
Nunca había logrado entender qué era lo que estaba mal, a pesar de haber suplicado y rogado respuestas.
“Solo quiero poder disfrutar de tener nietos de mis dos hijos.”
No había dicho nada más. Ese día salió de la cafetería aceptando citas con las hijas de las amigas de su madre para los meses siguientes.
***
“¿Quieres salir a cenar?”
Donghae había levantado la mirada de su celular al escuchar la pregunta.
Estaban en el estacionamiento esperando los autos, Hyukjae tenía las manos en los bolsillos de su campera. El clima se había vuelto cada vez más frío y esa noche habían terminado de grabar demasiado tarde.
Donghae se permitió la indulgencia de observar durante unos segundos las mejillas sonrojadas y la nariz fría de Hyukjae. La necesidad de pasar las yemas de sus dedos por esa piel tersa y sentir el frío lo recorrió con fuerza, incluso antes de pensar en una excusa.
“Mañana me levanto temprano” murmuró finalmente, apenas sintiendo la culpa de la mentira.
Su relación con Hyukjae se había vuelto inestable por primera vez en años. Ya no pasaban tiempo juntos más allá de lo necesario por sus agendas. Su empresa seguía creciendo poco a poco, pero ya no hablaban de sus vidas. Era un dolor casi constante al que Donghae había empezado a acostumbrarse.
Quería llorar y quejarse la mitad del tiempo, porque no sabía cómo dejar de sentirse así.
Pudo ver el brillo de exasperación y dolor en Hyukjae, pero, sinceramente, no sabía si tenía la fuerza suficiente para escuchar sobre su nueva relación, para experimentar de cerca lo feliz y tranquilo que se veía. Estaba dividido entre la satisfacción de saber que su mejor amigo había encontrado a alguien que lo hacía feliz y el dolor de sentirse desplazado.
La complejidad de su relación siempre más cercana a la codependencia que a una amistad convencional, lo hacía todo más difícil. Porque una parte de él sabía que no tenía derecho a enojarse con Hyukjae por compartir su tiempo con alguien más.
Incluso en todos esos años, nunca habían cruzado el límite de quejarse del tiempo que el otro pasaba con sus parejas.
Pero saberlo y aceptarlo eran cosas muy distintas.
Y por eso lo había estado evitando: porque tenía miedo de lo que podía llegar a admitir si Hyukjae seguía presionando.
“¿Desde cuándo es un problema?” La voz de Hyukjae había sonado frustrada. Sus ojos eran tan fijos que Donghae sintió miedo de que pudiera ver la verdad en su mirada.
Había pasado casi un mes sin pisar el departamento de Hyukjae.
Y Donghae sabía que lo estaba haciendo todo mal. Que tal vez debería calmar sus preocupaciones y ser un mejor amigo, darle alguna otra explicación.
Pero no podía.
No sabía cómo explicar lo que sentía. La confusión en su interior estaba demasiado enredada con esos sentimientos oscuros que no le parecía correcto pasar tiempo con Hyukjae. No cuando esa voz en su interior le repetía una y otra vez que Hyukjae lo estaba reemplazando.
“Donghae”, le advirtió Hyukjae, acercándose un poco más, con la voz ahora más dolida que enojada, casi perdida, como si no pudiera entender la distancia que Donghae se empeñaba en mantener.
“Estoy cansado” dijo rápido, evitando seguir mirando los ojos marrones y caminó rápidamente al auto que lo llevaría a su departamento.
Sabía que se estaba comportando de forma egoísta. Sabía que fingir que no pasaba nada, cuando en realidad algo dentro de él se retorcía con dolor, algo oscuro que se parecía demasiado a los celos, no era justo.
Por eso no respondió a ninguno de los mensajes de Hyukjae durante días.
Solo podía esperar que, cuando finalmente lo confrontara, tuviera más respuestas y no solo las dudas que ni él mismo lograba entender.
Había una en particular que incluso le daba miedo explorar.
Después de años de solo tener a Hyukjae bajo la etiqueta de su mejor amigo, era casi difícil para él poder explicar cómo es que ahora lo veía desde otra perspectiva. Que algunas noches, era en lo único que podía pensar. La pregunta se repetía en su mente, obsesiva:
¿Por qué no él?
Siempre terminaría sintiendo culpa de hacer esa pregunta, pero casi le parecía razonable. Si a Hyukjae le gustaban los hombres, ¿por qué él nunca había recibido esas miradas que Donghae vio en el video? No es que deseaba que Hyukjae estuviera enamorado de él cuando no le gustaban los hombres, pero una parte oscura de sí mismo algunas veces se enojaba de nunca poder ser capaz de tener ese lado de Hyukjae, casi sentía como si le estuviera estado negando esa parte suya para dársela a un hombre que apenas lo conocía.
No se lo merecía, nadie se lo merecía además de él.
Era complejo de explicar y difícil y por eso había vuelto a la iglesia dos veces por semana, refugiándose ahí como tantas otras veces en su vida. Oraba para encontrar respuestas, para dejar de sentir esa confusión oscura que lo consumía.
Incluso había vuelto a salir por segunda vez con una de las chicas que su madre le había presentado. Era alegre, tenía energía suficiente para igualarlo, y por eso le había gustado.
La primera vez que salieron habían hablado durante horas, compartían gustos musicales y ella se reía incluso de sus chistes más incómodos.
Era fácil.
Y Donghae se aferró con todo su ser a esa facilidad cada vez que volvieron a verse.
***
Los sueños habían comenzado una semana después de que Donghae entrara al departamento de Hyukjae y lo encontrara besándose con su novio, con las piernas abiertas en una postura vulnerable, ambos recostados en el sillón, con la misma ropa que Donghae le había visto usar tantas veces.
Había ido casi por necesidad, después de un día pesado, con reuniones para detallar los últimos planos de su nuevo edificio. Estaba agotado; quería pasar la noche con Hyukjae, comer cualquier comida rápida que encontrara en su heladera y despejar la mente. Ya habían pasado más de dos meses desde la última vez que cenaron juntos.
No supo qué ruido hizo tras los primeros segundos de sorpresa, de pie en el pasillo de entrada, pero debió haber sido algo, porque Hyukjae se separó con rapidez del beso, con un sonido húmedo que lo hizo estremecerse. En ese instante, Donghae supo que ese sonido lo perseguiría durante años.
Algo en su interior se retorció con fuerza cuando sus ojos se fijaron en los labios hinchados y rojos de Hyukjae, en su mirada brillante y apenas desenfocada. Incluso habría resultado graciosa la expresión de terror en los ojos de Hyukjae si no fuera por el choque de pensamientos que atravesó a Donghae.
¿Desde cuándo no puedo entrar al departamento sin avisar?
Te extraño.
¿Ya no soy importante?
Cuando finalmente logró reaccionar, el calor de la vergüenza lo hizo moverse con rapidez. Se puso las zapatillas con torpeza, el corazón golpeándole contra las costillas y la respiración agitada.
“¡Donghae!”
No podía. No en ese momento, tal vez nunca. No se dio la vuelta cuando sintió movimiento a sus espaldas. No sabía si podía volver a ver a Hyukjae en ese estado sin sentir que una parte de sí mismo se arrodillaba en súplica.
¿Ya no soy importante?
“Hae, espera.”
Negó con la cabeza mientras se acercaba al ascensor para presionar el botón. Sus manos temblaban y su mente reproducía de forma obsesiva la imagen de Hyukjae siendo besado por alguien más. No era que nunca lo hubiera visto así; había sido testigo muchas veces de los gestos cariñosos con sus novias. Pero esto era diferente.
No sabía por qué sentía ese dolor en el fondo del estómago.
“Hae…”
“Debería haber enviado un mensaje, lo siento” dijo sin mirarlo. Hyukjae estaba a su lado, incómodo, en el pasillo iluminado. Donghae bajó la vista hacia sus pies y esbozó una leve sonrisa al notar las medias blancas de Hyukjae; ni siquiera había intentado ponerse las zapatillas antes de salir detrás de él. “Deberías volver.”
Como lo conocía demasiado bien, Donghae supo que Hyukjae estaba a punto de decir algo; podía verlo en la tensión de su cuerpo, apenas contenida.
“Puedes quedarte también. Podemos pedir comida.”
Donghae quiso reírse de lo ridículo que sonaba. Apenas habían hablado en las últimas semanas y ahora Hyukjae esperaba que se quedara ahí, sentado junto a él y su pareja.
“Quiere conocerte” murmuró Hyukjae, con la voz baja y suave.
Donghae sintió ganas de llorar.
“Otro día, ¿sí? Lo prometo.”
Hyukjae se acercó a él, inseguro, aferrando su hombro con una necesidad casi desesperada.
“No te vayas.”
Donghae suspiró, cansado, relajando apenas los hombros. Una parte de él deseaba quedarse, recuperar un momento a solas con Hyukjae como antes, pasar la noche hablando de cualquier cosa.
“Hyuk, yo…”
“¿Todo bien?”
La voz del novio de Hyukjae interrumpió lo que estaba por decir. Donghae levantó la mirada y lo vio acercarse con incertidumbre, la ropa ya acomodada y las zapatillas de Hyukjae en la mano.
Donghae quiso odiarlo. De verdad lo quiso. Aunque lo conocía solo de forma superficial, sabía de su vida en el mundo de los idols y, cada vez que había buscado información, nunca había encontrado nada negativo. No tenía razones reales para odiarlo, salvo una: ahora era él quien ocupaba el tiempo de Hyukjae.
No pudo evitar compararse. Jackson se veía relajado, seguro de su lugar en la vida de Hyukjae. Se acercó lo suficiente como para rozar su hombro con el de él, y Donghae dedujo que su mano se posaba en la espalda de Hyukjae por la forma en que este se relajó apenas ante el contacto, murmurando un suave “gracias” cuando recibió sus zapatillas.
Se veían bien juntos, como si encajaran de una forma en la que Donghae no estaba seguro que lo hicieran él mismo y Hyukjae.
Algo dentro de él se apagó lentamente cuando vio a Hyukjae mirar a su pareja, con una calma y una sonrisa que nunca le había dedicado. Por primera vez fue testigo de esa mirada íntima, casi privada, que compartían, y supo que tenía que irse antes de avergonzarse a sí mismo.
Se obligó a sonreír, levantando la mano para restarle importancia al momento. Evitó mirar esos ojos marrones que volvían a enfocarse en él.
“Sí, lo siento” dijo con una risa incómoda, acomodándose el pelo con nerviosismo mientras miraba al otro hombre, que le devolvió una leve sonrisa. “No quería interrumpir.”
“Está bien. Deberías quedarte.”
Donghae negó con la cabeza obligándose a ser lo más político y tranquilo posible a pesar de que podía sentir los leves temblores en sus manos todavía.
"Tengo que irme, pero podemos vernos algún día, ¿si?” Sabía que sonaba casi agitado y sonreía exageradamente, pero agradeció que no insistieran de nuevo cuando finalmente las puertas del ascensor se abrieron.
Al entrar, se permitió mirar a Hyukjae una vez más. Sus ojos estaban fijos en él, con un brillo de algo que apenas comenzaba a comprender, antes de que las puertas se cerraran.
Su cerebro seguía repitiendo ese momento, cuando se apoyó pesadamente contra el ascensor después de marcar el piso, lo único que seguía en su mente era el suave ruido del beso, los labios rojos y húmedos por la saliva.
Donghae cerró los ojos con fuerza, llevando las palmas de sus manos sobre ellos.
Era extraño cómo ver a Hyukjae con un hombre por primera vez se había convertido en una imagen que no lograba borrar por completo de su mente.
Días después siguió pensando en eso.
No entendía por qué seguía reviviendo ese momento, a pesar de que no había vuelto a hablar con Hyukjae desde ese día, todo se sentía tan reciente. Cada vez que se quedaba pensando, todas las imágenes volvían a él con fuerza, lo único en lo que podía pensar. Se había obsesionado tanto con ese momento, que fue ahí cuando empezaron los sueños.
Al principio todo era confuso, las sensaciones borrosas, no podía decir en donde estaba, si estaba parado o acostado, quiénes eran las personas en el sueño, porque incluso se sentía como si estuviera viendo desde fuera todo, pero el placer lo envolvía de una forma cálida y suave, en pequeñas olas que iban y venían constantemente. No fue hasta que reconoció los labios y esas manos suaves que conocía de memoria que los pequeños jadeos y gemidos en el sueño lo hicieron estremecer.
La primera vez que despertó estaba empapado en sudor, con el corazón latiendo con fuerza contra sus costillas y la mente girando tan rápido que ni siquiera le dio importancia al dolor en su bajo vientre.
Esa mañana vomitó apenas su mundo dejó de girar. Sus ojos, brillantes y cargados de lágrimas no derramadas, se encontraron con su reflejo en el espejo, se veía tan desolado como se sentía.
¿Cómo había llegado a ese punto?
A él ni siquiera le gustaban los hombres.
Es imposible.
Se sentía desgarrado por dentro. Durante días no fue capaz de mirar a Hyukjae a los ojos, avergonzado de haber tenido ese sueño. No encontraba una explicación lógica a lo que le estaba pasando; lo único a lo que podía aferrarse era al hecho de que no podía controlar lo que soñaba.
Por eso empezó a ir al gimnasio todas las noches, llevándose más allá de su límite, entrenando más de lo que había hecho en años. Recibía el dolor con los brazos abiertos, llegando a su departamento apenas con fuerzas para ducharse, permitiendo olvidarse por unas horas en lo que se había convertido su vida.
Una voz en su interior le preguntaba si todo eso no era más un castigo que una forma de drenar su energía.
No le importaba.
Pero los sueños no se detuvieron.
La segunda noche en la que se despertó, en plena madrugada, con las sábanas pegadas a su piel húmeda, quiso gritar.
Él no era así.
No podía serlo.
Se sentía casi traicionado por su propia mente que le mostraba pequeños fragmentos de algo que él nunca había pedido. No quería imaginar cómo sonaría Hyukjae perdido en el placer, no quería imaginar a qué sabrían los labios húmedos y suaves de su amigo, como su piel pálida contrataría con la suya levemente bronceada.
“Creo que deberías dejar de exagerar tanto en el gimnasio”, le dijo una noche Heechul, cuando todos se reunieron para hablar de la próxima gira. Estaban en un restaurante que les gustaba, casi privado, con buena comida y música.
Donghae había llegado casi último, así que no tuvo opción al elegir lugar: el único asiento libre estaba entre Heechul y Leeteuk. Apenas sonrió cuando sus ojos se cruzaron con los de Hyukjae al otro lado de la mesa en un pequeño saludo.
Todos tenían sus cámaras grabando para sus respectivos canales de YouTube, así que las conversaciones eran ruidosas y alegres. Una parte de Donghae odiaba tener que pensar siempre el doble antes de contestar cualquier pregunta, todo casi como un show al que muchas veces fallaba.
“¿Qué?” preguntó con una risa, evitando mirar de nuevo hacia donde ahora sentía la mirada fija de Hyukjae. “Sigo entrenando igual que siempre”.
“¿Igual que siempre? ¿Te has visto?” La voz de Heechul era ligera mientras apretaba el músculo de su brazo, pero aun así Donghae sintió un leve atisbo de vergüenza.
“Hyung”, se quejó, apartándose un poco sin perder la sonrisa, intentando verse amistoso y no nervioso por toda la atención ahora puesta en él como un reflector.
Porque Donghae sí se veía. Cada noche, frente a los espejos del gimnasio, notaba cómo sus músculos se marcaban cada vez más. Era, de alguna forma, un consuelo: la prueba de todas esas horas encerrado allí.
Le gustaba. Era reconfortante.
Y si eso significaba que algunas noches llegaba tan agotado a la cama que apenas podía pensar, entonces iba a seguir haciéndolo.
***
“¿Todo bien entre tú y Hyukjae?” Donghae parpadeó con rapidez para mirar a Leeteuk. Se había sentado a su lado en el pequeño sofá hacía unos minutos, pero apenas lo había registrado por estar respondiendo los mensajes en su celular.
Sin detenerse a pensar, buscó a Hyukjae por la habitación. Sus ojos lo encontraron rápido, acostumbrado a saber todo el tiempo dónde se encontraba cuando ambos estaban en el mismo lugar, una órbita a la que estaba habituado a ser atraído. Estaba al otro lado de la sala de prácticas, sentado contra el espejo; una capucha gris demasiado grande le tapaba casi la mitad de su cabeza.
Estaba solo, concentrado en su celular. Si Donghae hubiera tenido que adivinar, habría dicho que estaba viendo la grabación de la coreografía para ver si se necesitaban hacer arreglos o cambiar posiciones, pasos.
Por un segundo, Donghae sintió el tirón en su interior de acercarse, ese que siempre estaba atado a su pecho y tiraba de su propia gravedad hacia Hyukjae. Era consciente de todos los días que había pasado sin haber sentido su perfume, su calor; del vacío en su pecho que dolía y lo extrañaba tanto que se obligó a dejar de observar para mirar a Leeteuk, que lo miraba curioso.
“Sí”, se rió casi falsamente, acomodándose mejor en el sillón y odiando lo fuerte que sonaba su risa. “¿Por qué?”
Leeteuk lo miró ahora casi dubitativo, o tal vez con preocupación, pero Donghae estaba casi vibrando en el lugar que no se permitió leer demasiado en la expresión del otro. Una alarma de pánico sacudió todo su sistema: si él era capaz de sentir la extraña atmósfera entre ellos dos, ¿los demás también lo sentían?
Cuando el mayor finalmente levantó los hombros y miró a Hyukjae, hubo una cierta vacilación, como si estuviera pensando en cómo formular lo siguiente que quería decir.
“Cuando bailamos ustedes dos están… a destiempo” Leeteuk se detuvo y negó, ahora riéndose y volviendo a un aire más tranquilo, como si hubiera cambiado de idea en el momento. “Seguro no es nada.”
Y Donghae mordió su labio con fuerza, porque él mismo era capaz de entender lo que decía. Sabía que tanto él como Hyukjae habían estado bailando todo el tiempo sin tocarse en lo más mínimo. Evitándose incluso en los momentos en que no lo necesitaban, apenas habían cruzado miradas en el espejo cuando empezaban cada práctica.
“Está todo bien” volvió a repetir, y esa vez Donghae no supo si lo dijo para sí mismo o no.
La próxima vez que se puso en posición para empezar la coreografía, se obligó esta vez a buscar a Hyukjae con la mirada, sabiendo que necesitaba actuar con más normalidad entre ellos porque, si alguien ya había notado la extraña tensión, iban a seguir llegando más preguntas y todavía no estaba preparado para responder a nada.
Se quedó sin aire cuando descubrió que Hyukjae ya lo estaba mirando fijamente en el espejo. El brillo de cautela que había en los ojos marrones le dolió porque él mismo había sido quien puso esa duda en ellos; él mismo había sido quien en las últimas semanas se había aislado por completo de Hyukjae sin ninguna explicación.
Le sonrió tímidamente, intentando relajarse al notar lo tensos de sus hombros y sus manos, agradecido cuando Hyukjae le devolvió una leve sonrisa y un asentimiento con la cabeza. Tal vez todavía no había arruinado todo.
Hyukjae se le acercó cuando ya no quedaba casi nadie en la sala, su pelo levemente mojado y sus mejillas todavía con un tenue sonrojo.
¿Así era como se veía?
“¿Qué harás esta noche?” le preguntó cuando ya estaba a solo unos pasos de Donghae. Esbozó una sonrisa que intentó ser tranquila, pero que falló cuando la mirada de Hyukjae viajó por todo el rostro de Donghae.
Donghae odiaba cómo ahora lo miraba, como si quisiera entender algo, como si hubiera una parte de información que le faltara siempre cuando intentaba leer sus expresiones. Lo odiaba porque nunca había podido ocultar lo que sentía, y menos a Hyukjae, que con los años había perfeccionado el arte de leer cada emoción que pasaba por su rostro.
Bajó la mirada para agarrar la botella de agua antes de responder.
A una parte de Donghae no se le escapó lo gracioso de que ahora, años después, Hyukjae era el que buscaba cualquier excusa para hacer planes con él, cuando antes era él mismo quien siempre estaba pegado a Hyukjae en cada oportunidad, cuando eran más jóvenes.
“Ir a casa y cocinar” respondió finalmente, intentando sonar lo más amistoso posible, levantando su mirada para toparse con los ojos marrones que no habían dejado de mirarlo. Donghae se lamió los labios antes de volver a hablar. “¿Y tú?”
“¿Quieres cenar?”
La pregunta llegó tan suave e insegura que le dolió el pecho a Donghae imaginar que Hyukjae casi esperaba resignado que lo rechazara, como lo había venido haciendo desde hacía tiempo.
Era muy consciente de que tal vez iba a ser difícil enterrar todo lo que sentía, pero vivir sin Hyukjae todo ese tiempo había sido mucho más doloroso, que de pronto Donghae se dio cuenta de que aprender a vivir con todos sus sentimientos enterrados sonaba mucho más fácil de hacer.
No iba a perder a Hyukjae, no podía.
Por eso, por primera vez en semanas, cuando miró a los ojos marrones no sintió el deseo de huir y esconderse.
“Claro, pero no voy a cocinar.”
Pudo ver el alivio que recorrió levemente el cuerpo de Hyukjae, ahora sonriendo más ampliamente antes de reírse.
“Tengo ramen.”
Fue por la costumbre que ambos fueron sin dudar al departamento de Hyukjae, incluso sin haberlo hablado explícitamente. Y por eso Donghae no fue consciente de lo que eso significaba hasta que estuvo en la puerta del departamento y todos los recuerdos volvieron a él, de la última vez que había estado en ese lugar.
“Tengo comida o podríamos pedir algo. ¿Qué quieres?”
La voz de Hyukjae se diluyó cuando entraron por la puerta y Donghae miró el sofá.
No pudo admitir que le dolía un poco saber que todos sus recuerdos de ese sofá, donde habían pasado tantas noches juntos, en ese lugar donde Hyukjae había decidido decirle que le gustaban los hombres, donde habían pasado horas leyendo contratos y buscando información para su empresa, todos esos recuerdos ahora se encontraban eclipsados por lo último que había visto cuando entró al departamento.
Tal vez era la primera vez que se sentía como un intruso en el departamento de Hyukjae, y sabía que era un pensamiento sin sentido porque había pasado años entrando a ese lugar. Su lado posesivo y casi celoso estaba tan fuera de sí que se tenía que obligar constantemente a no decir cosas fuera de lugar.
Es nuestro lugar.
Lo dejaste entrar tan rápido.
“¿Hae?”
Miró a Hyukjae a su lado, como si se hubiera detenido a mitad de lo que estaba diciendo, consciente de la poca atención que Donghae le estaba dando.
“Lo siento, estoy cansado”, susurró, terminando de sacarse sus zapatillas y quitándose su abrigo.
El suave olor a ambientador que siempre usaba Hyukjae le removió algo tan enterrado en su interior que Donghae tuvo que parpadear rápidamente para alejar las lágrimas que intentaban formarse.
Quería decirle a Hyukjae que no debería haber dejado entrar a nadie más que a él, que algunas veces ese lugar olía más como a su hogar de lo que su propio departamento lo hacía y que por eso no podía entrar nadie más.
Habían tardado años en construir ese lugar, había tanto recuerdos y objetos esparcidos por todos lados que Donghae se tuvo que morder el labio para no decir lo que ardía en su interior.
¿Le dijiste que yo te regale esa heladera?
¿O de tu reloj?
Donghae se obligó a relajar sus hombros cuando ambos caminaron hasta la cocina de Hyukjae, enterrando con fuerza cada pensamiento mezquino.
“¿Ramen entonces?” preguntó finalmente, mirando a Hyukjae que estaba abriendo la puerta del estante donde sabía Donghae que guardaba todos los envases de su comida favorita.
“Si.”
La atmósfera era casi incómoda cuando Donghae decidió sentarse en unas de las sillas de la mesa. Admirando en silencio a Hyukjae que se movía metódicamente por su cocina, lo había extrañado tanto que poder ver cómo hacía algo tan doméstico en el silencio de la noche le hizo querer suspirar.
Era extraño como ahora existían en su interior dos mitades, una que casi suspiraba por cada pequeño detalle de Hyukjae, por cada información que sabía de él, como por ejemplo que siempre le agregaba solo la mitad del sobre de picante a su ramen porque apenas soportaba el sabor, o como siempre se quedaba mirando el agua hasta que hervía a pesar que tardaba unos segundos. Esos pequeños datos que Donghae guardaba en su interior con calidez y que fue recolectando al pasar los años.
Pero también existía otra parte, la que había surgido en el último tiempo y que apenas podía callar, la que miraba más de lo necesario las manos suaves y delicadas de Hyukjae al hacer cualquier cosa, que deseaba en silencio poder acercarse más, deslizar sus dedos por su cintura y obligar a Hyukjae a mirarlo a él, poder apreciar su perfume desde cerca.
Lo odiaba y odiaba aún más no saber cómo callar ese lado suyo. Casi se había rendido después de todos sus sueños.
“¿Ahora soy tu sirviente?” Le preguntó Hyukjae cuando se dio vuelta y vio que no estaba haciendo nada, su sonrisa de burla apenas iluminaba sus ojos.
Donghae le hizo un puchero exagerado, evitando pensar en lo caliente que se sentían sus mejillas por sus propios pensamientos.
“Tu me invitaste a cenar.”
“¿Desde cuándo eres un invitado aquí?”
Donghae se rió por primera vez con verdadera alegría desde que entraron al departamento, levantándose finalmente para buscar en la heladera sus bebidas. Intentando con todas sus fuerzas disolver la tensión en el ambiente y volver a ese lado cómodo y seguro que siempre sentían cuando estaban ahí.
Hyukjae todavía conservaba su bebida favorita en la heladera.
Todo se detuvo un segundo cuando Donghae pudo asimilar ese hecho mientras miraba el paquete de su bebida favorita sin abrir. Habían pasado meses, pero Donghae todavía recordaba que la última vez que ceno ahí, se había tomado la última bebida que quedaba.
Hyukjae le había comprado más, como siempre, como cada noche que pasaba ahí y bebía él solamente de ella porque Hyukjae siempre se había quejado de lo fuerte de su sabor, a pesar de que Donghae había tratado años en convencerle que le diera una oportunidad.
A pesar de tantas cosas, ese pequeño detalle fue lo que finalmente le hizo darse cuenta de que no importaba cuánto le costará, iba a silenciar ese lado suyo. No podía perder a la única persona que estaba tan profundamente grababa en su interior que incluso se sentía casi fusionado a su propio ser.
Cuando cerró la puerta de la heladera, Hyukjae lo observaba en silencio.
“Esperé, ¿sabías? Esperé semanas para que vinieras y me dijeras qué era lo que pasaba contigo. Por qué de pronto ya no tenía a mi mejor amigo a mi lado.”
Hyukjae se alejó de su lado para caminar por el lugar y Donghae sintió la pérdida como un dolor físico.
“Creí que cuando estuvieras listo vendrías y hablarías conmigo. Es lo que siempre hacías”. La voz de Hyukjae se quebró en la última palabra y Donghae caminó hacia él sin pensarlo, el tirón en su pecho obligándolo a seguir al mayor como siempre.
“Hyuk, solo estaba dándote espacio…”
“Yo nunca te pedí espacio, ¿lo hice? Yo nunca acepté que te alejaras de mí”. Los ojos de Hyukjae brillaron con enojo y frustración. “¿Piensas que voy a reemplazarte? ¿Es eso?”
Donghae se sobresaltó por lo cerca de la verdad que sonó eso y tuvo que lamer sus labios con nerviosismo para evitar decir todo lo que tenía acumulado en su interior.
“No, yo…”
“¿Tú qué, Donghae? ¿Es porque es un hombre?”
“Claro que no. No eres tú, ni él.”
Hyukjae, por unos segundos, se rió; la burla apenas llegó a sus ojos.
“¿"No eres tú, soy yo”? ¿De verdad?”
“Yo solo… no lo sé”, murmuró Donghae bajo, finalmente rompiendo la mirada con Hyukjae para mirar sus pies. No podía admitir que estaba cansado, cansado de tantas cosas que no recordaba cuándo había sido la última vez que había podido dormir más de cinco horas. Y sabía que no lo podía admitir porque tendría que explicar qué era lo que lo despertaba casi todas las noches.
Odió sentir cómo las lágrimas empezaron a formarse en sus ojos y el nudo de dolor le apretó la garganta.
“Hae…”
Negó cuando vio la mano de Hyukjae acercarse a él con inseguridad, dando un paso hacia atrás.
“No quería alejarme”, susurró entre el nudo de su garganta y las lágrimas que ahora corrían por sus mejillas con lentitud. Las secó con brusquedad para mirar de nuevo a Hyukjae, que se veía tan desolado como Donghae se sentía en su interior.
¿Cómo lo había arruinado tanto?
“No quería hacerlo, solo estaba… pasando por muchas cosas”. Sonó tan vacío que Donghae por poco evitó hacer una mueca de incomodidad. No era propio de él no hablar de lo que sentía en realidad, pero era la primera vez que no podía obligarse a hacerlo.
No cuando tenía tanto para perder.
Hyukjae lo miró en silencio, caminando los últimos pasos que los separaban, como si no soportara estar alejado de Donghae de la misma forma que él no lo soportaba.
"No te alejes, Hae. Cuando estés listo para hablar, voy a estar aquí.”
Cuando volvieron finalmente a estar cerca, Donghae pudo admirar el brillo de súplica en los ojos de Hyukjae. El dolor de su mirada derrumbó cada pared endeble que había estado construyendo en los últimos meses, incapaz de seguir contribuyendo a ese dolor cuando lo único que quería era la felicidad de Hyukjae.
No dijo nada más cuando acortó la distancia y levantó sus brazos, atrayendo a Hyukjae hacia él, encerrando sus brazos en su cuello.
Se abrazaron con fuerza. Donghae pudo sentir las manos aferrándose a la parte baja de su camisa, los dedos de Hyukjae arrugando la tela y rozando la piel de su espalda. Nunca se habían abrazado de esa forma, pero encajaron como si lo hubieran hecho miles de veces, ambos tan cerca que por unos segundos nada más importó.
“No me alejes”, suplico esta vez Hyukjae, con su mejilla apoyada en el cuello de Donghae.
Donghae cerró los ojos, sintiendo finalmente las lágrimas resbalar por sus mejillas, mojando la camisa del mayor. Negó cuando el nudo de su garganta le impidió decir nada más; sabía que si abría la boca solo iban a salir sonidos de dolor.
“No puedes”, volvió a repetir Hyukjae, casi como una afirmación. “Tenemos una empresa juntos, es casi como si estuviéramos casados ya” su voz sonó casi congestionada, pero ligera. Donghae sabía que era una broma pero algo dentro suyo se removió con anhelo y no pudo hacer más que reirse un poco todavía en el abrazo y sintiendo el último apretón de los brazos de Hyukjae cuando finalmente se separaron.
“No voy a firmar más papeles de nuevo en mi vida”, dijo Donghae con una sonrisa cansada. Esperó que al menos sonara más ligero; la presión que había estado apretando en su pecho ahora era casi imperceptible.
Podía aprender a vivir con ella, cuando Hyukjae le sonrió con los ojos rojos y las mejillas igual, antes de alejarse para abrir su heladera.
“Sí, no lo pensaría hacer de nuevo tampoco.”
Esa misma noche, Donghae le contó que estaba viendo a una chica, que llevaba casi dos meses saliendo esporádicamente, y fue capaz de fingir que la sonrisa de sorpresa y alegría que recibió de Hyukjae no se sintió como un dolor sordo en su pecho.
***
Fue dos semanas después que Donghae se encontró sentado delante de Hyukjae y su pareja en su departamento, cuando no pudo encontrar una excusa a la pregunta casi demasiado alegre de Hyukjae.
“Deberíamos cenar los cuatro.”
La idea sonaba mal desde el inicio. No de forma obvia, no de esas que uno puede rechazar con una excusa rápida. Era peor porque sonaba razonable, algo sumamente normal. Una cena entre amigos. De hecho, si Donghae no hubiera estado tan obsesionado con lo que hacía y decía Hyukjae lo debería haber visto venir.
Donghae lo supo en el momento exacto en que Hyukjae lo dijo, con esa sonrisa ligera, casi esperanzada, como si no creyera que fuera a decir que no.
“Podría ser este viernes”, agregó, apoyando el mentón sobre su mano, mirándolo con atención. Donghae sostuvo su mirada más de lo necesario. Ese brillo, esa mezcla de nervios y expectativa, le resultaba peligrosamente familiar.
“Sí, claro”, respondió sin poder decirle que no.
Cuando Hyukjae lanzó un grito de felicidad y giró su rostro para darle un pequeño beso a su novio, Donghae supo que había aceptado su sentencia de muerte.
Como todas las cosas que uno detesta, el viernes llega demasiado rápido.
Donghae pasa más tiempo del necesario frente al espejo. No era vanidad o al menos no solo eso. Era otra cosa. Una incomodidad que no sabía cómo nombrar. Tenía que verse bien. Así que se cambia dos veces. Luego tres. Termina usando algo simple, pero lo suficiente como para verse elegante y atractivo. Se observó en silencio unos segundos más.
¿Por qué se esforzaba tanto si solo eran ellos cuatro?
El restaurante no era particularmente elegante, pero sí lo suficiente como para exigir cierta compostura. Luces cálidas colgaban en hileras irregulares sobre las mesas de madera oscura, y el murmullo constante de conversaciones ajenas creaba una especie de barrera sonora que hacía que todo se sintiera ligeramente más íntimo de lo que realmente era.
Donghae llega unos minutos antes.
No fue casualidad.
Había insistido en pasar primero por Miyeon, recogerla, abrirle la puerta del auto, asegurarse de que todo se sintiera… correcto. Normal. Como si esa noche fuera exactamente lo que debía ser: una cena entre amigos, dos parejas compartiendo un buen rato. Solo que ella no tenía idea que la pareja de Hyukjae sería un hombre, Donghae no había encontrado un momento indicado para decirle.
Guardaba un poco de esperanzas en que tal vez no le importara el sexo de la pareja de Hyukjae. Donghae realmente lo esperaba.
Miyeon caminaba a su lado con naturalidad, su mano rozando apenas su brazo cada vez que se movían entre las mesas. Se veía bonita, más que eso, en realidad. Había algo en su presencia que siempre resultaba fácil de llevar: no exigía demasiado, no leía entre líneas, no lo miraba como si intentara descifrarlo.
“¿Estás nervioso?”, preguntó ella en voz baja, inclinándose apenas hacia él mientras el anfitrión los guiaba.
Donghae esbozó una sonrisa leve.
“No”, miente casi sin esfuerzo.
Eligieron la mesa con cuidado, no demasiado cerca de la ventana, pero tampoco en el centro, lo suficientemente apartada como para que la conversación no se mezcle con el ruido de alrededor y que les brinde privacidad. Lo último que deseaba es que algún fan los reconozca y empiecen rumores. Se sentó frente a Miyeon, acomodó los cubiertos sin necesidad real y fingió revisar el menú más de lo necesario mientras ella hablaba. Algo sobre el tráfico, sobre una amiga que vió hace poco, sobre un lugar nuevo que quiere probar. Donghae asiente en los momentos correctos, sonríe cuando corresponde pero no está ahí del todo. Su atención está fragmentada, expectante, como si algo en su cuerpo supiera que en cualquier momento—
La puerta del restaurante se abre.
Donghae levanta la mirada y los ve de inmediato, no porque esté pendiente si no porque siempre ha sabido encontrar a Hyukjae, es algo automático e instintivo.
Hyukjae entró primero, con esa forma suya de moverse que Donghae conoce de memoria: relajado pero atento, como si siempre estuviera midiendo el espacio sin parecerlo. Llevaba una chaqueta oscura, el cabello ligeramente desordenado, las manos escondidas en los bolsillos. El novio aparece detrás, no realmente tan atrás como a Donghae le hubiera gustado, en realidad se encuentra muy cerca a Hyukjae, demasiado cerca. Donghae puede sentir cómo se va formando un nudo en su garganta cuando ambos, de pronto, se rozan las manos al detenerse para hablar con el anfitrión. Puede ver a Jackson, el novio, inclinarse apenas hacia Hyukjae para decirle algo, y Hyukjae gira la cabeza, escuchándolo con una media sonrisa que luce tan familiar e íntima que el estómago de Donghae se contrae.
“¿Son ellos?”, preguntó Miyeon, inclinándose levemente con confusión para seguir su mirada.
“Sí”, responde demasiado rápido.
Dios, realmente debió explicarle a Miyeon más sobre ellos pero no puede apartar los ojos de cómo Jackson apoya su mano en la parte baja de la espalda de Hyukjae para guiarlo cuando empiezan a caminar hacia la mesa. Hyukjae no se aparta, ni siquiera parece notar el toque, como si ese contacto fuera… normal, tan natural que ni siquiera le importa que estén en público y alguien pudiera verlos.
Donghae siente algo caliente subirle por el pecho.
¿Por qué él no es quién está a lado de Hyukjae?
¿Qué hace ahí con Miyeon?
Hyukjae es el primero en notarlos completamente. Levanta la mirada, y cuando sus ojos encuentran los de Donghae, algo cruza su expresión, rápido, casi imperceptible antes de que sonría.
“Hola”, dice, y su voz tiene una ligereza que no termina de asentarse, como si estuviera cuidadosamente colocada. “Perdón, tardamos un poco.”
Miyeon responde antes que él, con una amabilidad natural que no arrastra el peso que Donghae sí siente.
“No pasa nada.”
Donghae se pone de pie entonces, casi por inercia.
Su cuerpo actúa antes que su mente. Asiente hacia el novio, Jackson, en un saludo breve, contenido. No hay necesidad de más. No hay manos extendidas ni palabras de cortesía. Ya se conocen, y esa familiaridad silenciosa elimina cualquier espacio para distracciones, para formalidades que podrían haber suavizado el momento.
Hyukjae desvía la atención hacia Miyeon, y el cambio es inmediato.
Su expresión se suaviza, sí, pero también se afila en otra dirección. Sus ojos se vuelven más atentos, más presentes, como si enfocarán con precisión cada detalle de ella.
“Tú debes ser Miyeon”, dice inclinando apenas la cabeza, con una cortesía que se siente demasiado pulida.
“Sí” responde ella, sonriendo. “Es un gusto.”
Antes de que Hyukjae pueda decir algo más, Jackson da un paso al frente, con esa seguridad relajada que parece natural en él.
“Jackson”, se presenta, extendiendo la mano hacia Miyeon. “Encantado.”
Miyeon la estrecha con un poco de confusión.
“Miyeon. Igualmente.”
Hay un intercambio breve, educado, pero un poco incómodo, todos se sientan en sus lugares después de eso. Donghae no puede evitar notar cómo Jackson vuelve a acercarse ligeramente hacia Hyukjae, como si ese fuera su punto de equilibrio. Y Miyeon se gira hacia Hyukjae algo que Donghae sabe muy bien qué será
“Oh Hyukjae ¿Y tu novia? ¿Le pasó algo?”
La mesa se quedó en silencio por un segundo demasiado largo. Hyukjae parpadea, la sonrisa aún congelada en los labios, pero sus ojos marrones se endurecieron al instante. Donghae siente el peso de esa mirada caer sobre él como una piedra: un reproche silencioso, afilado, que decía todo lo que Hyukjae no podía pronunciar delante de los demás. Debiste habérselo dicho. ¿Por qué no se lo dijiste?
Donghae tragó saliva. Siente el calor subirle por el cuello, instalándose incómodo bajo su piel. Por un segundo piensa en evitarlo, en dejar que Hyukjae lo maneje como siempre, en dejar que esa sonrisa diplomática arregle todo.
Pero Hyukjae no sonríe. Solo lo mira. Esperando.
Así que Donghae exhala, lento, y se inclina apenas hacia adelante.
“Hyukjae no tiene novia” dice. Su voz suena más firme de lo que se siente.
Hace una pausa mínima, como si su propio cuerpo intentara frenarlo, pero ya es tarde.
“Jackson es su novio.”
El silencio ahora sí cae por completo.
Miyeon parpadea. Una vez. Dos. Su sonrisa no desaparece de inmediato, pero cambia. Se tensa en los bordes, pierde naturalidad, como si no supiera bien dónde colocarla ahora.
“Ah…” murmura bajando apenas la mirada hacia la mesa antes de volver a levantarlos. “Ya veo.”
Hyukjae desvía la mirada por primera vez, tomando el vaso frente a él aunque no bebe. Sus dedos se ajustan alrededor del vidrio con más fuerza de la necesaria.
Jackson, sentado a su lado, se limita a sonreír con cortesía, aunque Donghae puede notar cómo su mano se deslizaba discretamente bajo la mesa, buscando la de Hyukjae. Un gesto pequeño, protector. Donghae se ve obligado a apartar la vista.
La camarera se acerca en ese momento para tomar la orden de bebidas. El alivio fue momentáneo. Piden soju y unas cervezas, agua para Miyeon. Cuando la chica se aleja, el silencio volvió a instalarse, más denso que antes.
Después de un momento, Miyeon continúa hablando.
“Espero no decir algo incorrecto”, empieza, y Donghae siente inmediatamente cómo algo en su estómago se contrae. “Pero… soy bastante creyente. Y pensé que vendrías con una chica. Como siempre has sido tan… normal.”
Hyukjae se tensa visiblemente. Sus hombros se cuadran bajo la chaqueta oscura y Donghae ve cómo sus dedos se cierran con fuerza alrededor del borde de la mesa. Jackson aprieta la mano que tenía bajo la mesa, inclinándose un poco hacia él.
“Hyukjae es normal”, dice Jackson con voz tranquila, aunque había un filo de advertencia debajo de la calma. “Que le gusten los hombres no cambia quién es.”
Miyeon levanta la mirada, sorprendida por el tono. Sonríe, pero no llega a sus ojos.
“Claro, claro. No quise ofender. Es solo que… en mi familia, en la iglesia, siempre nos enseñaron que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, ¿sabes? Para procrear, para formar una familia como Dios manda. No es que juzgue, pero…” deja la frase colgando, como si esperara que alguien la completara por ella.
Donghae siente que el estómago se le revuelve. Quiere decir algo, cualquier cosa, pero las palabras se le quedan atascadas. La culpa le pesaba en el pecho como una losa. Él había traído a Miyeon aquí. Él había aceptado la cena sin advertirle nada. Y ahora Hyukjae estaba sentado frente a él, con la mandíbula tensa y los ojos brillando de algo que se parecía demasiado al dolor.
Hyukjae suelta una risa corta, sin humor.
“No te preocupes” dice, aunque su voz suena más seca de lo habitual. “No todos tenemos que seguir el mismo manual.”
Jackson le pasa el brazo por los hombros con naturalidad, atrayéndolo un poco más cerca. Fue un gesto sencillo, pero protector. Hyukjae se dejó hacer, aunque Donghae notó cómo sus orejas se ponían rojas, esa mezcla de vergüenza y rabia que conocía tan bien.
La conversación intenta retomar un rumbo neutral. Hablan del menú, de los platos que recomendaban, del clima que se había puesto más frío últimamente. Pero cada vez que Miyeon abría la boca, Donghae sentía que el aire se volvía más pesado.
“O sea, no es que esté mal”, continuó ella después de un rato, pinchando un trozo de kimchi con los palillos. “Pero es triste, ¿no? Que no puedan tener hijos propios. Una familia de verdad.”
“Hay muchas formas de formar una familia” dice Hyukjae, mirando directamente a Miyeon. “La biología no lo es todo. Y somos felices. Eso debería ser suficiente”.
Miyeon asiente, pero su expresión seguía siendo de esa compasión condescendiente que Donghae conocía demasiado bien de las conversaciones en la iglesia.
“Supongo. Es que uno se cría con ciertas ideas… Dios tiene un plan para cada uno, ¿verdad? Y a veces uno se desvía un poco del camino.”
Donghae aprieta los dientes. Quiere defender a Hyukjae, decir que no estaba desviado de nada, que era la persona más buena y leal que conocía. Pero no dice nada. Se queda callado, mirando su vaso, sintiendo cómo la culpa le quemaba por dentro. Cada palabra de Miyeon era como un pequeño cuchillo que él mismo había puesto en la mesa.
Hyukjae levanta la vista entonces. Sus ojos se encuentran con los de Donghae al otro lado de la mesa y, por un segundo, Donghae ve todo: el enojo, el dolor, la decepción, la pregunta muda de ¿por qué me hiciste esto? Se ve obligado a apartar la mirada con el pecho apretado.
La cena continúa avanzando a trompicones. Los platos llegan: carne a la parrilla, banchan variados, un poco de jjigae que nadie toca con mucho entusiasmo. Hyukjae comía poco, casi mecánicamente. Jackson intentaba mantener la conversación ligera, preguntando por el nuevo edificio de la empresa, por los proyectos de Donghae. Donghae respondía con monosílabos, la voz ronca.
Entonces Miyeon, después de un sorbo de agua, suelta la frase que rompe todo:
“He visto casos”, continúa ella. “Hombres que pasan por esto y después forman una familia de verdad, ¿te acuerdas del hermano del pastor, cariño?”, pregunta volteandose hacia Donghae.
Entonces el vaso de soju que sostenía se le resbala entre los dedos. No fue un movimiento brusco, solo un temblor torpe causado por la oleada de vergüenza y rabia que le subió por el pecho. El líquido frío se derrama sobre su camisa y parte de sus pantalones, manchando la tela clara con un olor fuerte y dulzón.
“Mierda” murmura, poniéndose de pie tan rápido que la silla raspa contra el suelo.
Hyukjae se levanta casi al mismo tiempo, el rostro pálido y los ojos brillantes de algo que iba más allá del enojo.
“Voy al baño” dice Donghae, la voz estrangulada. No espera respuesta. Camina rápido entre las mesas, sintiendo las miradas de los demás clientes sobre él, pero sobre todo sintiendo la presencia de Hyukjae siguiéndolo de cerca.
Entran al pasillo que lleva a los baños. El ruido del restaurante se amortigua apenas. Donghae empuja la puerta del baño de hombres y entra, Hyukjae detrás de él. El lugar estaba vacío, las luces blancas demasiado brillantes sobre los azulejos.
Se detiene frente al lavabo, abriendo el grifo con manos temblorosas. El agua fría cae sobre sus dedos mientras intentaba limpiar la mancha de soju de su camisa y pantalón. No funciona. Nada funcionaba.
Hyukjae cierra la puerta detrás de ellos y se queda ahí, respirando agitado. Cuando Donghae se atreve a mirarlo a través del espejo, ve que sus ojos estaban rojos, las pestañas húmedas.
“¿Por qué no se lo dijiste, Donghae?” pregunta Hyukjae, la voz baja pero cargada de todo lo que había estado conteniendo durante la cena. “¿Por qué nos trajiste aquí para que pasáramos esto? ¿Para que ella nos mirara como si fuera… como si estuviéramos enfermos?”
Donghae cierra el grifo. El silencio que siguió fue ensordecedor. El agua goteaba lentamente. Su camisa estaba mojada, pegada al pecho, pero el frío que sentía no venía de ahí.
“Lo siento” susurra “No pensé… no creí que ella fuera a decir esas cosas.”
Hyukjae suelta una risa amarga, acercándose un paso más.
“No pensaste. Como siempre. Tú nunca piensas en cómo me voy a sentir yo cuando decides guardar silencio. Cuando decides que es más fácil no decir la verdad.”
Donghae se gira por fin, enfrentándolo. Hyukjae estaba tan cerca que podía oler su perfume mezclado con el olor leve del restaurante. Sus ojos marrones brillaban con lágrimas contenidas y con ese enojo sordo que Donghae había provocado él mismo.
“Hyuk… yo…”
“No” lo corta Hyukjae, levantando una mano. “No quiero excusas ahora. Solo… dime la verdad por una vez. ¿Te avergüenzas de que tenga un novio hombre? ¿Es eso? ¿Por eso no le dijiste nada a tu “novia” antes de traerla?”
La palabra “novia” salió con un tono mordaz que le dolió más que cualquier insulto directo.
Donghae niega con la cabeza, el pecho apretado.
“No. Dios, no. Nunca me avergonzaría de ti. Es solo que… yo mismo no sé qué estoy haciendo últimamente. Todo está tan revuelto y tú… tú estás con él y yo…”
Se detuvo, porque las palabras que quería decir eran demasiado grandes, demasiado peligrosas.
Porque te quiero de una forma que no debería. Porque verte con él me está matando. Porque cada noche tengo estos sueños contigo.
Hyukjae lo mira fijamente, esperando. El dolor en su mirada era tan evidente que Donghae siente que se le rompe algo por dentro.
“Dime” pide Hyukjae, más bajo esta vez, casi suplicante “Dime qué te pasa, Hae. Porque ya no te reconozco.”
Donghae abre la boca, pero el nudo en su garganta no le deja pasar nada más que un suspiro tembloroso. Fuera, en la mesa, Miyeon y Jackson seguían esperando. Dentro de ese baño, el mundo se había reducido a los dos, al olor a soju y a la distancia que Donghae había creado él mismo entre ellos.
Y por primera vez en meses, Donghae cree que ya no podía seguir huyendo.
“Lo odio”, susurró, saliendo como si apenas pudiera pronunciar la palabra, sus ojos fijos en algún punto de la pared del baño, incapaz de mirar la expresión de Hyukjae y lo que le revelaba con su admisión. “Lo odio y odio verlos juntos”.
Sus palabras rebotaron huecas por las paredes pulcras del baño, absorbiendo todo el aire entre ellos, hasta que Donghae tuvo que parpadear para dejar de mirar borrosamente la pared.
“¿Qué?” Hyukjae suena casi lejano, apenas superando el ruido de la sangre que corría por sus oídos.
“Odio cómo lo dejaste entrar a tu vida, a nuestro… a tu departamento, como si no importara, como si él…” Donghae tuvo que tragar saliva para intentar disolver el nudo que amenazaba con cerrar su garganta. No quería llorar, pero estaba tan cansado.
“No entiendo, Hae”. La voz de Hyukjae fue rápida esta vez, casi alarmada cuando se acercó a él, sus ojos brillando, buscando encontrarse con la mirada de Donghae, pero este siguió esquivandolo.
“Odio que él pueda conocer el sabor de tus labios, que haya escuchado los ruidos que haces cuando…” Su voz se quebró antes de terminar lo que quería decir, haciendo que levantara la cabeza para mirar las luces fuertes y brillantes del techo.
“No entiendo. A ti no te gustan…tu no eres…” Hyukjae sonó perdido, casi tan perdido como él se sentía, que Donghae se rió sin gracia, desplomándose contra el lavabo.
“Estaba tan celoso que apenas podía soportarlo, Hyuk”, admitió finalmente, bajando la mirada para mirar los ojos marrones que se abrieron con sorpresa. “Debería haber sido él. Quiero serlo."
Decir finalmente en voz alta lo que pensaba se sintió tan bien que Donghae se permitió disfrutarlo por un segundo. No más mentiras ni esconderse, a pesar de que estaba tan aterrado y ya no sabía qué era lo que le esperaba; saber que ya no escondía una verdad tan importante en su vida fue como un bálsamo para su ser.
Tal vez todavía le quedaba mucho por asimilar, incluso no sabía si alguna vez sería capaz de decir en voz alta que había una posibilidad muy alta de que solo le gustaran los hombres, pero ese momento, donde podía admitir lo que realmente quería, se sentía bien.
No se le escapó cómo Hyukjae parecía detenido en el tiempo, mirándolo de una forma que nunca había hecho.
“Hae…”
Donghae le sonrió con suavidad, dándose cuenta de lo mucho que estaba temblando cuando las manos de Hyukjae se levantaron para presionar sus hombros, un punto de donde aferrarse.
“¿Cómo es que esperaste meses para decirme esto?” Hyukjae sonó casi triste, su voz más fuerte que un susurro.
“No podía”.
Y todo se resumió a eso.
Todos los años que Donghae pasó sin dudar o cuestionar todas las normas que aprendía sentado junto a su hermano y su madre en la iglesia, todas las cosas que escuchó y de las que aprendió a normalizar. Cómo se obligó a sí mismo a encajar en ese molde que la sociedad le impuso, doblándose de todas las formas que podía para encajar.
Nunca se obligó a mirar y explorar demasiado lo que sentía cada vez que su atención se desviaba. Había aprendido demasiado joven a reprimir sus sentimientos, que ahora, años después, la carga de toda esa represión lo abrumó durante meses.
Pasó tantos años buscando algo que no quería, que ahora mirando a Hyukjae, que tenía casi lágrimas en los ojos, fue abrumadora la sensación de estar tan cerca de tener por fin algo que realmente quería. Lo deseaba tanto que las puntas de sus dedos vibraban con energía.
Quería a Hyukjae. Lo quería siendo su compañero de banda, su mejor amigo, su socio de la empresa, pero también lo quería de todas las formas que buscó desesperadamente en otras personas; lo quería siendo su novio, prometido, su futuro esposo.
Hyukjae lo mira sin palabras, su mirada viajando desde sus ojos hasta sus labios para volver a subir frenética.
“¿Qué se supone que haga ahora?” pregunta con incertidumbre, finalmente alejándose de Donghae, dándole la espalda para llevar sus manos a su pelo. “Tengo novio y tú tienes...”
Donghae lo mira en silencio cuando sigue hablando en voz baja, caminando de un lado a otro por el baño, tal vez debería decir algo pero no le parece justo exigir algo más cuando Hyukjae sigue asimilando todo.
A él le costó meses llegar a ese punto, le parece bien esperar por Hyukjae.
“No tienes que hacer nada, Hyuk” Donghae se anima a decir eso, viendo como todo el cuerpo de Hyukjae se mueve para volver a estar en su punto de visión. “No lo dije para que hagas algo. Querías la verdad. Ahí está”
Hyukjae se ve completamente desalineado, como pocas veces, sus ojos brillando tan intensamente que Donghae siente la necesidad de acercarse. No lo hace.
“No lo entiendes. Nunca fue una opción. Y ahora me dices que sí, pero estoy…" La frase de Hyukjae no se completa nunca cuando alguien entra en el baño con un suave ruido de la puerta, rompiendo finalmente la burbuja en la que se encontraban.
Los ruidos del exterior llegan a ellos lentamente, la persona que entra los mira un segundo con sorpresa antes de seguir caminando a uno de los cubículos.
“No puedo, lo siento, ahora no puedo” Hyukjae lo mira por última vez antes de caminar hacia la puerta.
Es la primera vez que Donghae no siente el impulso de seguir a Hyukjae. Le debe eso. Le debe el tiempo para procesar todo y pensar.
***
Pasaron varios días después de su encuentro en el baño.
A pesar de que Donghae quería ir al departamento de Hyukjae y exigir hablar de eso que se sentía casi inconcluso entre ellos, no lo hacía.
Le mandaba mensajes a Hyukjae, de cosas simples, intentando dejar esa puerta abierta para cuando se sintiera listo para buscarlo, mostrando que no se iba a rendir en un futuro cercano. Pero no quería imponerse ni obligar a Hyukjae a hablar cuando no estaba preparado.
“Esperé, ¿sabías? Esperé semanas para que vinieras y me dijeras qué era lo que pasaba contigo.”
La frase de Hyukjae, que le había dicho esa vez en su cocina, resonaba en su cabeza cada vez que se sentía casi al borde de la desesperación.
Se consolaba con las lecturas de “visto” de cada mensaje, una tenue esperanza de que, a pesar de todo, Hyukjae todavía seguía leyendo cada cosa que le mandaba, sin importar lo enojado o confundido que se encontrara.
Él podía esperar.
Se lo debía.
Rompió su intento de relación con Miyeon ese mismo día de la cita, cuando salió unos minutos después del baño y se encontró con ella sola en la mesa, mirando su plato con fastidio. Casi parecía aliviada cuando le pidió terminar; a pesar de que intentó dejar las cosas de la mejor manera, no volvieron a hablar después.
Su madre lo había llamado a la mañana siguiente, posiblemente después de que, en su desayuno con su amiga, se enterara de la noticia de su ruptura. No le dio muchos detalles y estaba seguro de que Miyeon tampoco iba a ser capaz de hablar demasiado por vergüenza. Se sintió casi liberador poder decirle a su madre que no iba a salir con ninguna otra chica que le presentara.
A pesar de que pudo sentir la decepción en su voz, Donghae no se dejó llevar por el pinchazo de la amargura; ahora era consciente de que posiblemente nunca iba a poder llenar todos los estándares que su madre esperaba de él.
Iba a tener que aprender a vivir con eso y estaba bien.
Esa noche se encontraba mirando el techo de su habitación después de haber terminado su rutina en el gimnasio. Ahora, al menos, no se había exigido demasiado, pero le iba a costar dejar su rutina después de tanto tiempo.
No había recibido ninguna notificación de Hyukjae todavía. Tal vez su plan de esperar a que él se acercará empezaba a tener muchas fallas y dudas, pero sinceramente no sabía qué otra cosa hacer. Había dejado en claro lo que sentía y lo que quería, abriéndose para Hyukjae de una forma en la que nunca lo había hecho con otra persona; todo estaba ahora del lado de Hyukjae.
No sabía si todavía seguía con Jackson o no. Era algo en lo que tampoco quería pensar demasiado, porque si había llegado tan tarde y Hyukjae tenía sentimientos por él, no había nada más que decir.
Donghae cerró los ojos con frustración; la picazón debajo de su piel que lo había acompañado todo el día lo hacía casi querer gritar. No sabía cómo explicarlo, pero sentía esa energía dando vueltas en su interior, enroscándose en su estómago, en la punta de sus dedos.
Irónicamente, había dejado de soñar con Hyukjae desde la cena. Todas las mañanas se había despertado de la misma forma en la que se había acostado, con las sábanas secas y suaves, casi en la misma posición de costado. Ni siquiera creía que hubiera soñado algo en los últimos días.
Y una parte suya, muy pequeña, lo odiaba. Porque, por primera vez, hubiera sido capaz de tal vez disfrutar mejor esos sueños, de dejarse llevar por toda la necesidad que existía dentro de él.
Extrañaba las sábanas suaves que conocía, las mañanas cálidas o las noches silenciosas, rodeado de un perfume que podría reconocer en cualquier lugar. Los labios suaves, cálidos, la sensación de plenitud cuando Hyukjae besaba su piel.
No fue consciente de lo que hacía hasta que sintió su mano bajar por su pecho desnudo, su toque casi electrizante mientras seguía bajando por debajo de la tela de su suave pantalón de algodón.
Dejó escapar el aire cuando sus dedos tocaron su erección, ya dura y necesitada. Sentir el roce de su mano le hizo casi gemir mientras cerraba de nuevo los ojos, dejándose envolver lentamente en la fantasía de su sueño.
Hyukjae como centro de todo.
Hyukjae debajo suyo, deshecho, gimiendo, llamando su nombre.
Hyukjae.
Hyukjae.
Hyukjae.
“Hyuk…” salió bajo, apenas más fuerte que un susurro, porque nunca se atrevía a decirlo más alto, un secreto que casi atesoraba mientras su mano se movía con suavidad, su pulgar acariciando la punta de su erección y deslizándose por su piel, mientras se sacaba el pantalón por completo para poder abrir mejor sus piernas.
Buscó el lubricante que estaba en el cajón de su mesa de noche y apenas contuvo el temblor de su cuerpo cuando su mano fría, con el lubricante, rodeó su pene en un agarre conocido. No fue gentil; estaba frustrado y necesitado, y sabía que no iba a necesitar demasiado para llegar.
Si hubiera sabido que estaría masturbándose un lunes a la noche en su cama, con imágenes de su mejor amigo en su cabeza, un año atrás no lo hubiera creído.
Pero ahora lo deseaba tanto.
Tal vez porque estaba tan perdido en sus caricias y en la fantasía que no escuchó ni sintió el movimiento del colchón hasta que una mano que conocía incluso con los ojos cerrados se apoyó en su rodilla, atrayendo su atención hacia la mirada acalorada de Hyukjae, sentado a su lado, a la altura de su cadera.
"Hae…” susurró igual de bajo.
Fue un segundo en el que todo se detuvo. Donghae, de pronto, no pudo escuchar lo que decía Hyukjae por el ruido de su sangre que le tapaba los oídos, su corazón latiendo con tanta fuerza contra sus costillas que temió que saltara de su pecho hacia el suelo, a los pies de Hyukjae.
La vergüenza llegó a él con fuerza; sus mejillas se tiñeron de rojo y un dolor sordo le pinchó el pecho, dándose cuenta de lo patético que debía verse para el mayor. Intentó cerrar las piernas, pero la mano de Hyukjae lo retuvo, sus dedos delicados y, a la vez, fuertes, clavándose en su piel.
“No…” Donghae negó rápido con la cabeza, mordiendo su labio maltratado.
“Quería estar tan enojado. ¿Sabes lo aterrorizado que estaba de pensar que te estaba perdiendo?” La lengua de Hyukjae lamió sus labios cuando se inclinó imperceptiblemente más sobre él, sus ojos fijos en cada expresión de Donghae. “Me odiaba por no saber cómo hacerlo mejor, por no saber qué necesitabas, por qué siempre me mirabas con esa mirada.”
Donghae negó con suavidad y quiso suplicar.
Hyukjae se detuvo a centímetros de su rostro, con sus ojos casi enojados y críticos de una forma que lo hizo querer decir algo, como cuando le mostraba una canción y esperaba esos segundos de vacilación después de que terminaba la melodía, expectante e inseguro de su propia creación.
“¿Desde hace cuánto te tocas gimiendo mi nombre?”
Donghae quiso hundirse en ese momento en su colchón y no salir nunca más. A pesar de que podía ver un leve brillo de diversión en los ojos marrones, no se atrevió a decir nada, porque sería aún peor admitir que hacía semanas que el nombre de Hyukjae se le escapaba de los labios cuando llegaba al orgasmo.
“Mientras yo creía que mi mejor amigo me odiaba, aquí estabas tú… teniendo una erección por…”
Donghae se removió bajo la mirada marrón, que viajaba lentamente por su cuerpo expuesto. Su erección, que había cedido por la sorpresa, intentó nuevamente llenarse al sentir la atención de Hyukjae sobre ella. Donghae hundió los dedos en la sábana fresca; el impulso de taparse luchaba con la necesidad de que Hyukjae siguiera viéndolo de esa forma.
“Lo siento”, susurró, sintiendo el calor de la vergüenza subir por su cuello.
“Donghae…” se quejó Hyukjae, casi frustrado, cuando volvió a mirarlo a los ojos. “No digas eso. No estoy enojado, no de verdad.”
No era que Donghae realmente lo hubiera creído, o al menos no completamente, pero escuchar eso de Hyukjae lo alivió de una forma que no se había dado cuenta de que necesitaba.
“¿Te gustan los hombres, entonces?” Preguntó después de unos segundos Hyukjae, una suave sonrisa de cariño apenas disimulada en sus labios.
Era incómodo tener esa conversación ahí, con él desnudo en su cama y Hyukjae completamente vestido; se sentía vulnerable de una forma en la que nunca antes se había sentido.
“¿Podemos tener esta conversación en la sala?”, pidió, pero no hizo ningún movimiento para alejarse ni para tapar su erección, que todavía seguía dura y expectante, apoyada sobre su estómago.
Era vergonzoso, sí, pero no lo suficiente como para querer hacer algo todavía.
“No lo sé. Estoy bastante cómodo”. La risa se filtró en cada palabra de Hyukjae mientras su mano, que todavía seguía sobre su rodilla, se movía suavemente.
De pronto, se volvió muy difícil para Donghae intentar hablar cuando pudo sentir el calor de la palma de Hyukjae frotándose contra la suave piel de su muslo, subiendo lentamente en un toque casi tan suave como una pluma. Sintió cómo su estómago se contraía por la sensación de la mano de Hyukjae sobre él.
Donghae tuvo que cerrar los ojos y morder su labio para evitar gemir y suplicar.
“¿Entonces?” La sonrisa de cariño y burla iluminó incluso los ojos de Hyukjae; se veía tan divertido por toda la situación que Donghae no pudo sentir nada más que satisfacción. Siempre le había gustado hacer feliz a Hyukjae, sin importar la situación, y ese momento no era la excepción.
El casi dolor de querer frotar su erección contra algo hizo que su cadera se moviera.
“Te gustan los hombres”, intentó nuevamente Hyukjae, sus dedos ahora tan arriba que se posaron en el borde de su cadera, su pulgar acariciando la fina piel sobre el hueso.
“Sí”, Donghae asintió rápido, con un movimiento fuerte de su cabeza, sus ojos entrecerrados por las caricias suaves. Necesitaba tanto tocarse que apenas se contenía.
“¿Quieres estar con otros hombres?”
“¿Qué?” Donghae no pudo pensar; estaba tan sobreestimulado por tantas cosas que se le hacía difícil seguir la conversación de Hyukjae cuando su erección estaba dolorosamente húmeda. Levantó su mano para agarrar la muñeca de Hyukjae, no para detenerlo, sino para aferrarse a algo.
“Sí”, continuó Hyukjae sin darle el tiempo suficiente para que su cerebro se pusiera al día con la conversación. “Explorar más sobre tu sexualidad o buscar las cosas que te gustan”. La mirada de Hyukjae estaba fija en él cuando hablaba. “Está bien si quieres hacer eso. Pero no lo vas a hacer conmigo.”
Donghae parpadeó en confusión, apenas abriendo la boca para quejarse cuando Hyukjae negó con rapidez.
“No. Escúchame. Tú no eres un experimento para mí, nunca podrías serlo”. La calidez en la voz de Hyukjae al decir eso calentó el pecho de Donghae de una forma que lo dejó casi sonriendo con felicidad. “Si voy a estar contigo, si quieres estar conmigo, entonces eso es todo; no soportaría que estés conmigo y después decidas que no es lo que quieres.”
Hyukjae lo miró con detenimiento antes de continuar.
“Entonces, si no estás completamente…”
“¡Lo estoy!” Fue vergonzosa la rapidez con la que Donghae habló, pero necesitaba que Hyukjae entendiera que para él tampoco era un experimento. Nunca podría serlo con Hyukjae.
“¿Estuviste con un hombre alguna vez?”
“No. Pero no lo necesito. Te quiero a ti.”
Hubo cierta vacilación en los ojos de Hyukjae que le dolió a Donghae.
“No es solo eso. Hae, si te toco, ya no te voy a dejar ir, ¿lo entiendes? Incluso si un día despiertas y ya no quieres esto.”
A pesar de que la mirada de Hyukjae era intensa y sus ojos se veían casi eclipsados por el negro, Donghae no pudo evitar removerse de excitación; sabía que lo que decía Hyukjae era mucho más que palabras posesivas, pero no le importaba.
Casi le gustaba.
Donghae mordió su labio, porque sabía lo que quería y sabía que, en ese momento, la necesidad que sentía por Hyukjae era tan fuerte que incluso resultaba aterradora. Pero también sabía que era injusto prometerle a Hyukjae que, dentro de unos meses, o tal vez unos años, no iba a cambiar de opinión.
Porque no lo sabía, aunque deseaba tanto que fueran ellos dos por siempre, y tal vez una parte muy grande de su interior ya sabía que sería así, nada estaba completamente asegurado.
“Tampoco lo sabes, Hyuk… ninguno de los dos puede prometer que en unos años seguiremos sintiendo lo mismo.”
Hyukjae bajó la mirada a algún punto de su cuello, frunciendo las cejas.
Donghae finalmente levantó la mano para acariciar su mejilla, obligándolo a alzar el rostro para poder encontrar de nuevo su mirada. Necesitaba que lo viera cuando le dijera lo siguiente.
“Pero nunca he querido tanto algo en mi vida como a ti”, susurró con calidez, sintiendo cómo la sonrisa de amor, esa que le pertenecía solo a Hyukjae, adornaba su rostro.
¿Cómo era que había dejado pasar tantos años? Donghae había sido un tonto al pensar que lo que sentía era completamente platónico, cuando el amor que sentía por Hyukjae era casi asfixiante.
Pensó en todos los años que pasaron sin hacer nada, en cómo ambos decidieron fingir que no existía nada entre ellos, aun cuando ese sentimiento tenía vida propia, era vibrante y abrasador, tirando de ellos todo el tiempo, amenazando con consumirlo todo.
“Esta bien” La voz de Hyukjae fue grave, una caricia por toda su piel febril, tocando sus puntos sensibles y sonando tan exasperada y cariñosa que Donghae gimió, moviendo la cadera. “¿Qué quieres hacer ahora?”
La punta de su pene brilló bajo las luces suaves de la habitación; Donghae mordió su labio ya rojo para evitar decir cosas que aún le daban vergüenza, ya lo suficientemente vulnerable en esa posición, con las piernas abiertas y la mano de Hyukjae todavía en su cadera.
Úsame.
Pensó con los ojos cerrados, imaginando lo correcto que se sentiría Hyukjae sobre él, unidos de la única forma en que aún no lo habían estado. Borrar finalmente toda distancia entre ellos, sentirse tan dentro del cálido interior y quedarse ahí por horas, llenándolo y dejando que Hyukjae lo usara hasta que no quedara duda para ninguno de los dos a quién pertenecía.
“Hae…” sonó a súplica sin paciencia. Hyukjae se escuchaba al borde de su control y, cuando Donghae volvió a mirarlo con un suave pestañeo, los ojos marrones le devolvieron la mirada de una forma que nunca antes lo habían hecho. Estaban casi frenéticos, apenas sosteniendo toda el hambre y la necesidad.
Donghae lo miró en silencio, su propia respiración demasiado rápida, los labios secos y abiertos.
“Necesitamos hablar”, fue lo único que pudo decir Donghae. Incluso con la necesidad cruda y febril, su mente ya estaba puesta en el después, en todas las preguntas, los obstáculos, las discusiones. Su mirada se llenó de lágrimas de frustración y tragar saliva se volvió una tarea tan difícil como apartar la mirada de los ojos marrones que desbordaban una adoración que nunca antes había contemplado, no así de cruda y honesta.
Hyukjae levantó la mano que no estaba descansando en su cadera, llevando la palma a su mejilla con suavidad, el pulgar acariciando con ternura la delicada piel debajo de su ojo.
“No es lo que pregunté”, murmuró, acercándose más, acaparando todo, haciéndose un lugar ahí en la cama de Donghae, tan cómodo y fácil que desarmó cada miedo y preocupación hasta que solo pudo abrir más las piernas, indefenso, para darle espacio cuando se subió suavemente sobre él.
Todo.
Quería todo con él.
“No pienses en nada más, no ahora”, susurró Hyukjae, sus labios bajando lo suficiente para que, cuando dijo las siguientes palabras, el aliento le hiciera cosquillas en los labios ahora casi secos. “¿Qué quieres, Hae?”
Donghae cerró los ojos por última vez.
“A ti” rogó, casi crudo y tan honesto que resultó doloroso, como una verdad que había estado reteniendo por más de quince años. Apenas pudo saborear las palabras en sus labios cuando Hyukjae lo besó.
No hubo un segundo de vacilación cuando finalmente se encontraron, moviéndose casi con desesperación. Sus labios se sumergieron, buscando el sabor del otro, memorizando cada sonido; la lengua cálida y húmeda de Hyukjae se abrió paso con una posesividad tan evidente que Donghae solo pudo rendirse y gemir suave, entregándose por primera vez sin nada más en su mente que el placer de los labios suaves y la humedad de su saliva.
La pieza que faltaba finalmente encajó en su lugar. Esa molestia que siempre existía en el fondo de su mente y que nunca había sido capaz de llenar del todo desapareció con cada movimiento experto de los labios de Hyukjae.
Esto, pensó Donghae, esto era lo que buscaba en otras personas, esta sensación. Todo ese tiempo había estado enfrente suyo y había sido tan ciego de no poder verlo.
Pudo sentir la lengua de Hyukjae recorrer cada lugar, sus dientes, su lengua, y Donghae cedió bajo cada presión de su cuerpo, entregándose y dejándose llevar, siguiendo el ritmo que imponía con sus labios.
Se estaba quedando sin aire con demasiada rapidez, pero no disminuyó el ritmo, levantando la cadera para enganchar sus tobillos en la espalda baja de Hyukjae y frotar su dolorosa erección.
Su interior fue un constante HyukHyukHyuk que, cuando los labios finalmente le dejaron respirar y bajaron por su cuello para dejar besos húmedos y calientes sobre su piel, lo hicieron sentir casi eufórico, jadeando por llevar aire a sus pulmones y, a la vez, quedándose sin aire con cada mordisco de los dientes sobre su piel, cada marca aguda de propiedad haciéndolo temblar.
“Hyuk…” susurró con voz grave, como si hubiera estado gritando, tan destrozado que no sabía cómo iba a sobrevivir si solo se ponía así con unos besos.
Lo era todo y, a la vez, era tan poco. Necesitaba que estuvieran incluso más cerca, cada centímetro de sus cuerpos tan fusionados que nada pudiera separarlos nunca más, cada célula de su cuerpo llamando por su otra mitad.
Un sonido tan necesitado y lastimado que nunca había escuchado antes salió de sus labios por un pinchazo más fuerte de los dientes de Hyukjae, pero no pudo sentir vergüenza cuando Hyukjae finalmente levantó la cabeza y sus pupilas estaban completamente dilatadas.
“Mírate, cariño, apenas te toqué”, susurró con tanta adoración y asombro goteando de cada palabra que Donghae solo pudo cerrar los ojos. “Eres tan sensible, ¿nadie te cuidó como merecías?”, preguntó con dolor en su mirada, sus ojos viajando por cada punto que sus labios besaron y marcaron, sonriendo complacido cuando una de sus manos acarició su pecho y Donghae arqueó la espalda levemente en busca de más roce.
“Hyuk…”
“Esta bien, dejame mostrarte”, dijo, subiendo de nuevo por su cuello, besando las marcas rojas que había dejado.
No supo cuánto tiempo se quedaron ahí, Donghae temblando de placer con cada beso, cada roce de labios sobre su piel. Incluso cuando había pasado semanas soñando con ese momento, no se comparó con nada. Hyukjae lo besó con adoración, cada roce de su boca y sus manos una declaración de todo el cariño y amor que sentía; se sintió tan abrumado que apenas pudo pensar en algo más.
Todo el dolor y anhelo que había sentido todos esos meses finalmente se silenció.
“Tan perfecto, Hae…”, gimió Hyukjae, mordiendo su cadera con fuerza, sus dientes hundiéndose en la sensible piel de ese lugar que hizo que Donghae se preguntara febrilmente si podía llegar a tener un orgasmo solo con esos toques.
“Por favor…”, suplicó, su mano buscando su erección olvidada, quejándose cuando Hyukjae le negó el toque, agarrando su mano con fuerza.
“No todavía, cariño.”
“Yo no…”
“Déjame cuidarte, Hae”, fue más una orden que una súplica, y Donghae solo pudo aceptar, incapaz de negarle algo a Hyukjae, incluso con lágrimas en los ojos. Le daría todo, cada parte de su cuerpo, su propia alma si eso lo hacía feliz.
“Quiero verte también”, pidió cuando sus ojos siguieron el cuerpo de Hyukjae, que todavía estaba con el pantalón apenas desabrochado por los dedos temblorosos de Donghae. No se perdió la sonrisa de cariño que le dedicó cuando se levantó de la cama.
“Todo tuyo.”
El sentimiento de posesividad fue tan fuerte que todo su cuerpo casi vibró, buscando la mirada chocolate mientras se desvestía con rapidez, tirando la ropa sin ver dónde caía.
Donghae se rió sin aire mientras miraba los movimientos rápidos y casi desenfrenados de Hyukjae. Apenas parecía la persona calculadora y experta que siempre se veía en el escenario cuando bailaba.
La satisfacción de saber que Donghae lo había llevado hasta ese punto lo hizo casi temblar.
Cuando finalmente Hyukjae quedó desnudo, Donghae permitió verlo con detenimiento por primera vez. Su piel pálida brillaba bajo la tenue iluminación de la habitación; su estómago apenas marcado daba lugar a un pene firme y levemente rosado, con unas gotas de líquido seminal brillando en la punta, haciendo que Donghae se humedeciera los labios sin darse cuenta.
Era la primera vez que veía otro pene además del suyo y, a pesar de que se sentía extraño y casi le quitaba el aliento, la necesidad de tocarlo y sentirlo con su mano era mucho más fuerte que cualquier otro sentimiento. Porque era Hyukjae, era el cuerpo que conocía casi como el suyo. Ya se habían visto desnudos a lo largo de los años, en momentos donde tenían que cambiarse con rapidez en conciertos, en los camerinos, cuando eran más jóvenes y vivían todos juntos en el dormitorio. Y, a pesar de que no era lo mismo, se sentía casi familiar.
“¿Terminaste de ver?” La voz de Hyukjae le hizo levantar la mirada de nuevo, para encontrarse con una suave sonrisa, haciendo que asintiera con rapidez.
Sus dedos apretaron la piel de Hyukjae mientras abría las piernas cuando volvió a recostarse encima suyo, ambos gimiendo cuando ahora pudieron sentir sus cuerpos juntos y sus erecciones se frotaron sin nada en medio que las separara.
"¿Todo mio?" preguntó sin aliento Donghae.
Hyukjae le sonrió con suavidad, sus labios besando su mejilla, apoyándose en él.
“¿Te gusta eso?” La voz de Hyukjae fue casi divertida. “¿Saber que soy tuyo solamente?”
Y a Donghae le encantó; estaba temblando y a nada de suplicar.
“Sí.”
“Siempre lo he sido.”
Después, todo se volvió borroso. Donghae apenas pudo disfrutar el roce de sus erecciones juntas cuando Hyukjae volvió a unir sus labios, moviéndose contra él de una forma tan precisa y rápida que resultaba vergonzosa la velocidad con la que podía sentir cómo su orgasmo empezaba a formarse.
Quiso decir que deberían ir más despacio, que él también quería explorar el cuerpo de Hyukjae como se lo merecía, pero estaba tan perdido en la sensación y en el placer de estar debajo de su cuerpo que no pudo formar ni una sola palabra.
“Lo estás haciendo tan bien”, susurró el mayor, besando un punto debajo de su oreja. Sus dientes mordieron su piel, haciendo que la espalda de Donghae se arqueara de placer por las palabras y su toque. “Te sientes tan bien”.
Nunca se había sentido tan abrumado por el placer. Con todas las mujeres con las que había estado, él siempre había sido quien tomaba las decisiones y guiaba. Pero ahí, dejando que Hyukjae lo moviera y lo rozara a su antojo, se sentía tan fácil dejarse llevar y perderse en las sensaciones. No necesitaba pensar si estaba haciendo algo mal, ni preguntar si el otro lo disfrutaba, porque Hyukjae seguía susurrando contra su piel, besándolo.
Y él absorbía cada palabra y cada frase de Hyukjae como una flor girándose hacia el sol.
“Hyuk”, gimió, sus dedos hundiéndose en las caderas de Hyukjae para acompañar el movimiento, para moverse contra él. La sensación se formaba en lo profundo de su estómago, mientras sus movimientos se volvían cada vez más descoordinados.
Ni siquiera habría podido recordar la última vez que tuvo un orgasmo con algo tan simple como rozarse. Pero no le importaba. Lo era todo, era perfecto.
Él llegó primero con un sonido casi herido, sus uñas romas hundiéndose en la piel de Hyukjae mientras su semen se esparcía entre sus estómagos apretados, haciendo que Hyukjae gimiera más fuerte al sentir el calor de su orgasmo.
Toda la fuerza abandonó a Donghae cuando las últimas gotas de semen empaparon su estómago.
“Hyuk”, murmuró entre las ondas de placer de su orgasmo y la sobreestimulación que seguía recibiendo por los movimientos rápidos del cuerpo de Hyukjae y su erección caliente y empapada. “Por favor, lo necesito.”
Hasta que finalmente lo sintió más de lo que lo escuchó cuando Hyukjae también llegó. Su cuerpo se tensó sobre él unos segundos después, sus dientes hundiéndose con fuerza en el hombro de Donghae y sacándole un último jadeo de dolor.
Sus jadeos siguieron fuertes mientras ambos se quedaron quietos en la cama. Donghae solo pudo abrir más sus piernas para acomodar mejor a Hyukjae entre ellas mientras se aferraba a su espalda húmeda, apoyando su mejilla contra la cabeza de Hyukjae.
No quería estar en otro lugar por mucho tiempo.
“¿Siempre es así?”, preguntó Donghae unos minutos después, abriendo los ojos y parpadeando. No sabía cómo explicar lo que sentía, como si le hubieran drenado toda su energía pero, a la vez, se sentía tan lleno que estaba vibrando. Era abrumador; nunca se había sentido así el sexo con nadie. “¿Con hombres?”
Hyukjae se rió sin aliento cuando levantó finalmente su rostro para buscar la mirada de Donghae. Tenía el pelo húmedo y pegado a la sien, sus ojos brillantes y los labios de un rojo intenso. Donghae creyó que nunca lo había visto más hermoso.
“No”, respondió, con el cariño filtrándose en su voz ronca. Su mano se levantó para correr el flequillo de la frente de Donghae y luego bajó a su mejilla, viendo con placer cómo Donghae se inclinaba en su toque, cerrando los ojos. “Creo que solo somos nosotros.”
Donghae sonrió suave contra la mano cálida de Hyukjae.
Oh.
La neblina post orgásmica se instaló suave y lenta entre ellos. Apenas pudieron moverse para acomodarse mejor en la cama, ahora con Hyukjae acostado encima de Donghae, pero de costado.
“Podríamos haber estado haciendo eso todo este tiempo”, dijo Hyukjae en una queja suave, sus dedos acariciando con lentitud el estómago de Donghae, que habían limpiado superficialmente con la ropa tirada, apenas un roce sobre su piel cálida.
“Tenemos todo el tiempo ahora”, murmuró Donghae, cerrando los ojos, pero ya pensando en que deberían ir a darse una ducha antes de acostarse a dormir.
Hyukjae detuvo su caricia y se quedó en silencio unos segundos. El silencio de la habitación fue tranquilo; por primera vez en mucho tiempo, el ambiente entre ellos era cálido y cómodo, y ambos se sentían tan saciados y completos que, por unos segundos, nada más importó.
Solo ellos dos.
Hyukjae y Donghae.
“Lo siento”, dijo Hyukjae, con una voz pequeña, apenas un susurro contra la piel de Donghae.
“¿Qué?”, respondió Donghae.
“Yo sabía que algo te molestaba, pero no insistí lo suficiente”, susurró Hyukjae. “Estaba tan cómodo explorando mi nueva relación que me volví, tal vez… descuidado contigo.”
Donghae no respondió, mirando el techo de la habitación tenuemente iluminado por las luces exteriores, pensando en sus palabras y en cómo, tal vez, escuchar el tenue dolor en la voz de Hyukjae se sentía como un calmante al dolor que lo había acompañado durante tanto tiempo.
No había nada que perdonar.
“No tienes que pedirme disculpas por eso. No éramos nada, Hyuk.”
“Te lastimé.”
Donghae pensó unos segundos en su respuesta, porque tal vez sí, pero también sabía que no había sido culpa de Hyukjae; no habían hablado. Pasaron los meses sin comunicarse bien entre ellos, y no era justo para Hyukjae sentirse culpable por algo que no había podido controlar.
“Yo era el que seguía negando lo que quería”, dijo Donghae, tragando saliva cuando su voz se quebró al decir eso. Todo seguía siendo tan nuevo y extraño que decirlo en voz alta todavía se sentía un poco aterrador. “Yo también te lastimé, Hyuk.”
Hyukjae no dijo nada más, y Donghae finalmente decidió dar el último paso, sabiendo que Hyukjae siempre lo iba a esperar del otro lado.
“Te amo.”
Hyukjae sonó casi abrumado cuando levantó la cabeza. No era la primera vez que se lo decía, pero por cómo brillaban sus ojos marrones y recorrían todo su rostro con asombro y felicidad, Donghae supo que entendía.
“No quiero seguir desperdiciando todos los años que vienen sin dejar en claro que no existe nada más. No quiero a nadie más.”
Hyukjae le sonrió con suavidad, sus dedos levantándose para apoyarse en la mejilla de Donghae.
“Podríamos casarnos en otro país.”
“¿Qué?” Casi grito Donghae, riéndose mientras negaba incrédulo. “Ni siquiera me has dicho que me amas y ya tienes planes de casarte conmigo.”
Hyukjae se rió sin aliento, sus dedos aferrándose a su hombro, sus mejillas sonrojándose.
“Dijiste que no querías esperar ni un segundo más.”
Donghae se rió con todo el amor que solo le pertenecía a Hyukjae, acercándose para dejar un suave beso en su mejilla, sintiendo el calor de su vergüenza en sus labios, su propio corazón amenazando con explotar de lo feliz y lleno que se sentía en ese momento.
No creía haberse sentido nunca tan feliz como ahí, unido a Hyukjae.
“Mi propuesta de casamiento no va a ser en una cama con nosotros desnudos.”
“Me parece romántico.”
“Ni siquiera somos novios todavía.”
“¿Cómo que no?”
“Hyukjae.”
La sonrisa de Hyukjae fue brillante y perfecta cuando se sentó sobre las caderas de Donghae, llevando sus manos a cada lado de su cabeza. Su pelo cayó sobre él, apenas tapando su frente, y sus ojos marrones viajaron con lentitud por todo el rostro de Donghae.
“¿Quieres ser mi novio, cariño?”
Donghae no le dio tiempo a decir nada más cuando se levantó, acercando sus pechos hasta que no quedó ningún espacio entre ellos. Buscó sus labios como un hombre hambriento, incapaz de imaginar ahora un mundo donde no pudiera tener eso todo el tiempo.
Donghae solo pudo imaginar lo insoportable y apegado que iba a volverse ahora que podía decir a qué sabían exactamente los labios de Hyukjae.
“¿Eso fue un sí?”, preguntó Hyukjae, con una sonrisa sincera, alejándose unos segundos después del beso. Sus dedos ahora acariciaban el pelo húmedo de Donghae. “¿Vas a seguir escribiéndome canciones?”
Ambos se rieron cuando Donghae finalmente lo dio vuelta para que Hyukjae quedara debajo suyo, abierto y feliz de una forma que le quitó el aliento. Era perfecto.
“¿Quién dijo que mis canciones eran sobre ti?”
Los labios de Hyukjae se fruncieron en un fingido puchero de dolor, pero el brillo casi travieso de sus ojos apenas se disimuló.
“¿No soy tu musa?”
Donghae pestañeó para mirarlo, cada pequeño detalle: las arrugas ahora más visibles en los bordes de sus ojos, su nariz redonda y perfecta, los labios húmedos y tan bien besados que pudo sentir cómo su sangre volvía a bajar lentamente y su erección empezaba a llenarse nuevamente.
“Sí”, respondió, tan sincero y vulnerable que todo brillo de humor se diluyó de los ojos de Hyukjae, dejando paso al cariño que ahora Donghae podía reconocer abiertamente en su mirada marrón.
De esa forma en que Hyukjae lo había estado mirando desde hacía años.
La respuesta de Hyukjae llegó mucho tiempo después esa noche, cuando ambos ya estaban bañados y acostados en sábanas limpias, Hyukjae aferrándose a la espalda de Donghae, sus manos unidas en el pecho del menor.
“Sí quiero ser tu novio.”
***
Después de ese día, todo cambió y, a la vez, no. No le dijeron a nadie que estaban juntos, porque querían tener algo de privacidad por unos días antes de contárselo a alguien más, cuidando su tierna y nueva relación de cualquier crítica.
Donghae, algunas veces, se dejaba llevar por todo el amor que le comprimía el pecho cuando se sentaba demasiado cerca, cuando se permitía dar algunos toques suaves con sus dedos en la cadera o la espalda de Hyukjae. No era extraño para nadie lo cerca que estaban siempre, acostumbrados a la casi codependencia que siempre había existido entre ellos; solo que ahora se sentía tan abrumadora para ambos que pasaban los días casi pegados el uno al otro.
Por un acuerdo silencioso, ahora todos los días dormían en el departamento de Hyukjae. La sensación de paz que Donghae sentía cada mañana, cuando podía admirar en el suave silencio el rostro tranquilo y relajado de Hyukjae mientras dormía, era algo por lo que todavía se sentía agradecido.
Hyukjae, para su sorpresa, dormía siempre abrazándolo, casi como si no quisiera que se alejara de su lado. Algunas veces, Donghae bromeaba sobre eso solo para ver las orejas rojas y la mirada tímida de Hyukjae.
Donghae levantó su mano para acariciar el pelo castaño; el suave aroma de su shampoo y jabón llegaba hasta él. Todo se sentía tan perfecto, después de tantos años.
“¿Ya te vas a correr?” preguntó la voz ronca de Hyukjae, cuando abrió levemente los ojos.
“Sí.”
Hyukjae se quejó, hundiendo más su rostro en el costado de Donghae, sus dedos aferrándose a su brazo mientras intentaba casi fusionarse con él, haciendo que Donghae suspirara con diversión.
“Podrías venir conmigo” intentó cálido, sin moverse todavía. Incluso sin verlo, Donghae pudo sentir la cara de desprecio que Hyukjae hacía.
“O podrías quedarte aquí y disfrutar una hora más conmigo.”
Donghae cerró los ojos, tentado, sintiendo el calor del cuerpo de Hyukjae y sus labios dejando besos lentos sobre su hombro.
“Después voy a estar de malhumor.”
Cuando finalmente Hyukjae levantó su rostro para buscar con sus ojos los de Donghae, lo hizo con una expresión casi de diversión y cariño.
“Me traes el desayuno.”
“Bueno.”
***
“¿Hyukjae?”
Donghae entró en la habitación incluso antes de terminar de hablar, pero su pregunta se desvaneció en un susurro cuando su mirada se levantó del celular y se encontró con la figura del mayor parado delante del espejo.
Todo su mundo se redujo, de pronto, a una sola cosa: Hyukjae.
Hyukjae llevaba puesta la ropa que le habían enviado para que se la midiera antes de los conciertos. La mirada de Donghae recorrió su cuerpo, parpadeante, examinando en silencio el nuevo atuendo. La cintura delgada y estrecha quedaba marcada en lo ajustado del pantalón blanco, que tenía más volumen por una falda larga que llegaba hasta sus rodillas, acentuando aún más su figura.
Donghae se lamió los labios secos cuando levantó la mirada, pasando por la tela transparente sobre su pecho, sus pezones a la vista, para finalmente fijarse en los ojos marrones de Hyukjae. Estaban brillantes, la emoción apenas atenuada por la leve vergüenza y las puntas de sus orejas rojas. Un sentimiento fuerte y denso se formó en el fondo del estómago de Donghae; la necesidad de besar esas orejas, de sentir el calor de su piel con sus labios, era tan abrumadora que tuvo que parpadear para volver a enfocarse.
Hyukjae le había comentado sobre el vestuario que quería usar para el próximo show, pero apenas había podido imaginarlo. Verlo ahora, usando la ropa, y cómo el blanco hacía que su piel se viera mucho más pálida y brillante, hizo que sus dientes casi dolieran por la necesidad de besar y morder cada centímetro.
“¿Entonces?” La voz de Hyukjae finalmente logró sacarlo del trance, atrayéndolo como un imán hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para poder levantar la mano y sentir con sus dedos la suavidad de la tela brillante, pero se contuvo.
“¿Entonces?” Donghae repitió con una mirada divertida, ambos observándose a través del espejo y se rió cuando Hyukjae cruzó los brazos, molesto.
“¿Qué piensas?”
“¿Desde cuándo piensas que tengo buen gusto con la ropa?”
Hyukjae hizo un sonido molesto y se dio vuelta para mirarlo directamente. Sus manos bajaron hacia la tela suave de la falda, pasando sus dedos en un gesto casi tranquilizador. Donghae se sintió tan cálido por dentro que finalmente dio el último paso y llevó sus manos a la pequeña cadera.
“¿Qué crees que pienso?” murmuró con suavidad, para bajar su cabeza y señalar el revelador bulto de sus pantalones.
Hyukjae hizo un sonido entre incrédulo y burlón.
“Esa es tu reacción a cualquier cosa que haga.”
Se burló con tanto cariño en su voz que Donghae solo pudo reírse y atraerlo para dejar un beso en sus labios, tan simple que contrastaba con la necesidad que empezaba a encenderse por todo su cuerpo.
“Es un poco raro” murmuró Hyukjae, sus manos aferrándose a las muñecas de Donghae en un leve intento de alejarse, pero sin fuerza.
Su voz sonó tan insegura que Donghae no lo soportó y volvió a girar su cuerpo para que ambos miraran el gran espejo en la pared, apretando su cuerpo contra la espalda del mayor lo suficiente para que su erección se frotara con la suave tela de su ropa, ahogando apenas un gemido.
A pesar de que le había costado bastante ser quien tuviera la iniciativa, y por eso mismo le había tomado varios días sentirse con el valor suficiente para tener relaciones con Hyukjae, más allá de frotarse y besarse, después de esa primera vez todo se había sentido más fácil y cómodo. Sabía que tal vez no tenía ninguna experiencia en tener relaciones con hombres, pero Hyukjae siempre le dejaba explorar todo lo que quisiera, feliz de ser su primera vez en cada cosa que experimentaran.
“Mírate”, susurró Donghae, buscando los ojos de Hyukjae en el espejo. Esperó pacientemente hasta encontrarlos. “¿No lo ves? Te ves perfecto.”
“Tu punto de vista nunca es neutral.”
Donghae soltó un quejido de frustración, llevando sus manos suavemente hacia arriba, levantando la tela transparente de la camisa que llevaba Hyukjae para sentir la suavidad de su estómago plano.
"Somos novios, el tuyo tampoco lo es conmigo.”
“¿No crees que es raro?” Insistió lo mismo Hyukjae, su voz rozando la molestia.
“Es ropa”, murmuró Donghae, perdiendo finalmente la pelea con su autocontrol y dejando suaves besos en el cuello de Hyukjae. Sus dedos subieron lo suficiente para trazar con delicadeza los pezones, que reaccionaron a su toque, erizandose. Sonrió contra la piel de Hyukjae cuando lo sintió estremecerse, apretando más su cadera contra su erección.
“Ropa de mujer”, aclaró Hyukjae con voz tan baja que apenas la escuchó.
“Creo haber visto a hombres usar eso.”
Donghae chupó una porción de piel lo suficiente para dejar una leve marca roja, que sabía que desaparecería en unos minutos. “¿Creerías que sería raro si yo la estuviera usando?” preguntó, sin alejarse demasiado de la cálida piel.
Ya habían hablado de ese tema. Hyukjae quería explorar más cosas, usar ropa sin un género específico, y Donghae estaba más que dispuesto a apoyarlo en cada decisión que tomara.
Hyukjae lo miró entonces por el espejo, dejando más espacio libre para sus labios hambrientos, haciendo que Donghae murmurara en apreciación contra su piel, sus dedos apretando suavemente sus pezones sensibles, casi deseando poder tocarlos hasta que estén inflamados y dolorosos.
“No sería raro, te quedaría bien”. La voz de Hyukjae sonó más ahogada ahora, haciendo que Donghae sonriera satisfecho, complacido por lo fácil que se volvía bajo sus atenciones, derritiéndose entre sus manos como masilla. La certeza de ser el único en poder llevarlo a ese estado le hacía doler de necesidad en el estómago.
“Te ves perfecto Hyuk. Si te gusta y te sientes cómodo, incluso te verías perfecto usando solamente una falda.”
Hyukjae cerró los ojos y gimió cuando Donghae empezó a moverse, frotando su erección contra su trasero en movimientos leves.
“Pero sentiría un poco de celos. Que todos puedan verte así.”
Su voz fue apenas un gruñido, vibrando en su pecho. Sus dedos se volvieron más demandantes, pellizcando ya entre el placer y el dolor. “Pero puedo comprarte ropa linda de encaje, para que muestres tus piernas y tu piel perfecta solo para mí.”
Hyukjae asintió, dejando escapar pequeños sonidos ahogados que hicieron que Donghae lo mirara fijamente, admirando cada detalle.
"¿Eso quieres, bebé? ¿Vestirte bonito solamente para mí?”
El gemido que dejó salir Hyukjae sonó tan roto y necesitado que Donghae sonrió, lleno de placer, aferrándose a su cadera.
“Hae… No podemos ensuciar la ropa.”
Donghae suspiró mientras llevaba rápidamente sus manos a la cintura, desatando el nudo del cinturón y arrodillándose frente a él, casi como si fuera su propio dios al que adorar.
A veces lo sentía como si fuera verdad. Lo único que necesitaba.
Con suavidad giro a Hyukjae para que quedara ahora mirándolo a él.
“No podemos…” murmuró Hyukjae, todavía inseguro.
“Podemos ser rápidos. ¿Sí?”
Hyukjae miró hacia abajo, con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados, tan sin aliento que apenas asintió. La vergüenza brilló en sus ojos como una verdad indiscutible: le dejaría hacer lo que quisiera a Donghae.
Donghae admiró por unos segundos la tela brillante; ahora, más de cerca, podía apreciar sus destellos y lo cara que se veía. Se sentó sobre sus talones para mirar hacia arriba, sonriendo con satisfacción.
“Mírate, tan perfecto”, susurró, bajando con delicadeza el pantalón, revelando unas piernas largas y suaves, siendo recompensado por un gemido casi ahogado.
Donghae se mordió el labio, admirando la piel pálida, mientras sus manos tomaban un delicado tobillo para quitar el pantalón y luego hacer lo mismo con el otro.
“Hae…” Hyukjae suspiró, aferrándose a sus hombros.
“¿Sí?”
“No tenemos mucho tiempo.”
Y realmente no lo tenían, porque Donghae había ido a buscarlo para ir al ensayo que empezaría en menos de una hora. Aun así, besó los pequeños lunares, mordiendo con suavidad su favorito.
“Hae…” advirtió de nuevo el mayor, apenas más fuerte que un susurro, con urgencia en su voz.
A Donghae le encantaba.
Mío.
Solo mio.
“¿No querías saber mi opinión?” preguntó con fingida inocencia.
El rostro de Hyukjae se tensó cuando los labios de Donghae se posaron sobre su erección, por encima de la ropa interior.
“Por favor”, se rindió finalmente Hyukjae en un suave gemido, moviendo las caderas, mientras sus dedos se enredaban en el cabello castaño del menor.
Donghae sonrió contra la húmeda tela de algodón, sintiendo el inconfundible olor de Hyukjae, haciendo que la saliva se acumulara en su lengua. Todavía no era un experto, pero le gustaba poder tener el pene de Hyukjae dentro de su boca, sentir con su lengua su suavidad y calidez, su peso mientras lamía cada centímetro, dejándolo tan húmedo con su saliva que Hyukjae se volvía débil y tembloroso.
Cuando finalmente Hyukjae quedó desnudo ante él, Donghae levantó su mano para rodear el duro miembro, recibiendo un gemido ahogado. A pesar de que cada vez tenían menos tiempo, Donghae no pudo evitar llevar a su boca la cabeza de la erección de Hyukjae, chupando y pasando su lengua por la suave piel, sintiendo los dedos hundiéndose en su cabello con fuerza en respuesta, mientras saboreaba la sal del sabor de Hyukjae.
“Hae.”
Soltó la punta con un último sonido húmedo y casi obsceno, levantando la mirada para ver que los ojos de Hyukjae lo observaban hambrientos y fijos, el marrón casi fundido en el negro de sus ojos dilatados.
“Te ves tan bien ahí” admiró Hyukjae, las puntas de sus dedos tirando su cabello con fuerza, haciendo que Donghae gruñera con dolor.
Donghae podría pasar horas ahí pero ese no era el momento.
“¿Puedo abrirte?” preguntó en cambio, todavía moviendo su puño sobre el pene de Hyukjae, admirando en silencio como su boca se abría en un gemido ahogado cuando hizo un movimiento de muñeca que había aprendido que le gustaba.
“Si, si”, rogó Hyukjae sin aliento, apenas dándole tiempo mientras se soltaba del toque de Donghae y se daba vuelta para quedar apoyado contra el espejo, exponiéndose por completo, tan confiado y expectante que el menor tuvo que cerrar los ojos un segundo o iba a terminar antes de empezar.
Que Hyukjae siempre fuera tan abierto con su deseo y se muestre tan vulnerable para él, lo desarmaba cada vez. Donghae sabía que se había vuelto rápidamente un adicto por hacer sentir bien a Hyukjae cada vez que tenían relaciones, le encantaba dejarlo completamente desecho, llevarlo tan lejos en el placer que se volvía solo un manojo de nervios y gemidos.
Donghae llevó sus manos al trasero de Hyukjae, abriendo levemente sus mejillas, admirando en silencio. No dudó cuando se acercó más, para poder pasar su lengua por el sensible músculo, rodeando el agujero con un gemido, besando la piel y dejando marcas rojas y fuertes sobre la pálida superficie, sintiendo como Hyukjae se removía con fuerza contra él. Su lengua fue cada vez más demandante, hasta que estuvo completamente adentro. Ambos gimieron por la sensación.
“Dios, Hae.”
Donghae hundió sus uñas romas con fuerza en suave músculo, mientras lo exponía mejor a su lengua cada vez más experta, entrando y saliendo del cálido interior de Hyukjae.
“Hae”, volvió a gemir Hyukjae, su cuerpo tembloroso mientras negaba con fuerza. “Necesito más.”
Donghae se alejó levemente del cuerpo de Hyukjae para lamer rápidamente su dedo, antes de volver a entrar al cálido interior con su lengua, persiguiendo su sabor, lamiendo todo hasta que empezó suavemente a empujar su dedo en el estrecho y empapado agujero, gimiendo con placer cuando finalmente, unos segundos después, pudo entrar por completo.
No podría decir cuánto tiempo estuvo ahí, escuchando los ruidos de Hyukjae, sintiendo complacido los temblores debajo de sus manos mientras hacía lo mismo una y otra vez, hasta que dos de sus dedos entraban fácilmente junto con su lengua, Hyukjae casi gritando con cada embestida de su mano ahora.
“Listo, listo” dijo finalmente Hyukjae con urgencia, llevando una mano hacia atrás para agarrar el pelo de Donghae y alejarlo de su ahora roja y abierta entrada. “Te necesito, Hae, por favor.”
Donghae no se iba a negar.
Apenas se bajó levemente su pantalón junto con su ropa interior cuando se paró, suspirando cuando finalmente frotó contra su puño su pene necesitado, empapando su saliva contra su piel caliente. Su otra mano se hundió en la espalda de Hyukjae, bajando su cuerpo hasta que su pecho y hombros quedaron contra el espejo.
“Rápido”, demandó Hyukjae, impaciente mientras su mano acariciaba también su erección con fuerza. Donghae solo pudo reír con cariño y excitación, mirando unos segundos la visión en el espejo de Hyukjae.
Bajó su cabeza para escupir saliva sobre su mano antes de esparcirla por su miembro. Aunque sabía que lo mejor sería agarrar el lubricante, estaba tan excitado que no pensó en nada más cuando se agarró y se alineó contra el borde de Hyukjae.
Se deslizó lento, las paredes que lo rodeaban lo apretaron fuerte, los espasmos le obligaron a morderse el labio con dolor, dándose cuenta, casi con sorpresa, que su orgasmo estaba más cerca de lo que creía.
“Sí” gimió Hyukjae, dejando de frotar su erección para llevar ambas manos al espejo, empujándose con sus palmas para mover su cadera contra Donghae. “Tan bueno.”
Ambos suspiraron con placer cuando las caderas de Donghae se apretaron al ras de Hyukjae, tan dentro del interior caliente que podía sentir cada temblor de su cuerpo contra el suyo.
“¿Si?” preguntó Donghae casi en un gruñido, acercándose a la espalda de Hyukjae para dejar un beso en su cuello, olfateando el olor de su perfume. “¿Te gusta?”
“Sabes que si, Hae.”
Donghae sonrió contra el hombro de Hyukjae, sus dientes rozando la piel húmeda antes de empezar a moverse lentamente, disfrutando esas primeras embestidas, saliendo casi por completo y viendo fascinado cuando se alejó de la espalda de Hyukjae, como su pene brillaba y estaba húmedo, antes de volver a entrar en el cálido interior.
“Te voy a llenar tan bien bebé” gimió Donghae, sus manos aferrándose a su trasero para abrirlo más, sus pulgares hundiéndose en la piel con fuerza, viendo casi hipnotizado cómo su erección desaparecía con cada embestida en la húmeda entrada de Hyukjae. Su cuerpo abriéndose por completo para recibirlo.
Esa sensación de plenitud cada vez que estaba llenando a Hyukjae era casi adictiva, desde la primera vez, Donghae se dio cuenta que nunca más iba a poder sentir lo mismo por otra persona, era imposible.
Los golpes de su cadera y el sonido de sus pieles era lo único que resonaba con fuerza en el dormitorio, junto con los gemidos y gritos de Hyukjae cuando le frotaba ese punto en su interior que lo hacía deslizarse por el espejo, casi sollozando.
“Por favor” pidió Hyukjae, sus dedos aferrándose inútilmente a la lisa superficie, ahora el espejo completamente empañado por su respiración rápida que salía en jadeos, su mejilla apoyada en el duro material.
“Te vas a ver perfecto”, suspiró Donghae, sin cambiar el ritmo de sus embestidas, llevando una de sus manos al cuello de Hyukjae, sus dedos rodeando la base y haciendo fuerza para atrás, obligando a Hyukjae a enderezarse y apoyarse completamente contra su pecho, alejándose unos minutos del espejo. “Te voy a llenar tan bien, cariño.”
Hyukjae grito ahogado cuando Donghae empezó a golpear ahora con cada movimiento su próstata. Tan perdido en el placer que las lágrimas se empezaban a acumular entre sus pestañas.
“Mírate, te encanta”, la voz de Donghae era tan grave y demandante que Hyukjae solo pudo asentir, incapaz de poder formar un pensamiento coherente.
Donghae se pegó imposiblemente más a la espalda de Hyukjae, llevando su otra mano al pecho, subiendo hasta que frotó entre sus dedos un sensible pezón, arrancando un quejido roto de los labios rojos de Hyukjae.
“Te vas a llenar también aquí” susurro Donghae, sus dedos apretando casi dolorosamente el botón rosado “Tan lleno para nuestros hijos. Tan lleno en todos lados, bebé.”
“Hae” sollozo Hyukjae cuando las lágrimas empezaron a bajar lentamente por su rostro, casi temblando por el placer, rebotando con cada embestida dura de Donghae.
“¿Quieres eso cariño? ¿Vestido con tu ropa bonita y llevando a mis hijos dentro tuyo?”
Hyukjae asintió de nuevo con fuerza, bajando una mano con rapidez para rodear su pene olvidado y rojo.
“Si, si”, susurró casi ido, tan perdido en el placer de sentir el duro pene de Donghae en su interior que sus rodillas apenas aguantaba su peso.
“Tan bueno para mí” gruñó Donghae, empujandolos a ambos contra el espejo de nuevo, para que Hyukjae tenga un punto de apoyo y él se aferre casi castigador a las caderas de Hyukjae, usando el soporte para atraerlo a él con cada embestida de su cuerpo. Sentía como su orgasmo se empezaba a formar en su interior, erizando su piel húmeda.
“Hae” pidió Hyukjae, jadeando ahora con fuerza, temblando por todo su cuerpo mientras se seguía masturbando al mismo ritmo que Donghae lo penetraba.
“Si cariño, estoy cerca.”
No pasaron más de unos minutos cuando Donghae llegó al orgasmo con fuerza, cerrando sus ojos mientras gemía y se aferraba con dolor al cuerpo de Hyukjae, apretándose contra el cálido interior, sintiendo eufórico como se derramaba dentro de él, con cada movimiento casi descoordinado de sus caderas.
El sentimiento primitivo de saber que estaba marcando tan íntimamente a Hyukjae, lo mantenía moviéndose a pesar de la la leve incomodidad de la hipersensibilidad, quería llegar tan profundo, como nadie más lo había hecho antes.
Hyukjae lo siguió unos segundos después, gritando y salpicando el espejo con chorros de su semen, sus piernas temblando y su interior cerrándose en espasmos en el sensible pene de Donghae.
Ambos jadearon sin aire cuando Hyukjae se derrumbó sobre el espejo, Donghae apenas sosteniéndolo a ambos mientras podía sentir como su pene se ablandaba dentro de Hyukjae.
“Te amo” susurró Donghae todavía recuperando su aliento, dejando pequeños besos sobre el hombro y saboreando la sal de la piel húmeda, sonriendo sin aire.
“Creo que no puedo moverme” murmuró Hyukjae con los ojos cerrados, sus palmas sobre el vidrio y su mejilla aplastada.
Donghae se rio antes de dejar un último beso en el hombro y salir del cálido interior, ambos siseando por la sensación, hasta que el agujero brillante y rojo de Hyukjae lo soltó con un suave sonido húmedo.
“Ahora vamos a llegar tarde” se quejo Hyukjae, todavía sin abrir los ojos.
Donghae no podía hablar, viendo fascinado como las gotas blancas de su semen empezaban lentamente a salir del maltratado agujero, su boca llenándose de saliva mientras sus manos lo abrían más, para ver mejor. Quería caer de rodillas ahí y lamer cada gota, limpiar y calmar el rojo intenso de la piel de Hyukjae.
“Hae” se quejo Hyukjae pero no se movió, sintiendo como dos dedos de Donghae recogían el semen que goteaba y lo volvían a llevar a su interior, sus dedos suaves y lentos, pasando por toda su piel hasta que estuvo satisfecho luego de unos segundos.
“Listo.”
“Eres tan raro.”
Donghae sonrió, dando vuelta a Hyukjae finalmente para mirarlo de frente, observando con calidez los ojos marrones, antes de dejar un suave beso en los labios secos.
“Me amas” murmuró Donghae cuando se alejó de sus labios, todavía sonriendo y feliz. “Voy a conseguirte la ropa más bonita.”
Hyukjae suspiró con molestia, levantando sus manos para aferrarse a los hombros de Donghae, fingiendo que el calor que podía sentir subir por su cuello no existía, al igual que el temblor de sus piernas.
“Vamos al baño. Vamos a llegar tarde y voy a decir que fue tu culpa.”
