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En la cima de la Apatía, la maestra de la Pagoda de Marfil meditaba metida en su capullo, no había mucho más que hacer, de todos modos ¿Qué más haría? Después de su encuentro con Dark Cacao, no había mucho que hacer más que recuperar sus fuerzas. De todos modos, cualquier cosa que hiciera no tenía importancia, todo era inútil, fútil y sin ningún propósito; no había sentido siquiera en intentar.
Sin embargo, a pesar de comprender esto, eso no significaba que el tiempo pase más rápido, o que recupere sus fuerzas de inmediato, o que incluso los días pasen más rápido.
En otras palabras, era aburrido, pero Mystic Flour nunca podría admitirlo.
Los días eran monótonos en la pagoda, que en épocas de antaño estaba llena de galletas que buscaban por su bendición, tanto que era difícil encontrar un momento de paz o simplemente un lugar donde estar sola. Ahora era esa misma paz y soledad la que reinaba en la pagoda, donde rara vez había ninguna otra alma aparte de ella y Cloud Haetae, sin contar la vez que Dark Cacao estuvo aquí y la muy ocasional visita de Peach Blossom.
Esto era todo lo que anhelaba: paz, tanto tiempo escuchando los deseos de las galletas, tanto tiempo cumpliendo los deseos vacíos de galletas codiciosas, tanto tiempo escuchando sus exigencias, cumpliendo sus exigencias, obligándola a cumplirlas de no hacerlo... Simplemente, si tuviera un único deseo ahora, probablemente seria este, la paz, incluso con la soledad que eso conlleva, no le importa, al final nada importa, ni siquiera importa lo que piense Dark Cacao al respecto.
... Sus pensamientos se desvían a Dark Cacao más de lo que le gustaría admitir, pero, de todos modos, sigue sin importar.
Sin embargo, esa paz y soledad fue repentinamente interrumpida.
—¡Maestra! ¡Maestra! –Cloud Haetae entro corriendo a su salón, algo extraño en sí mismo, Haetae sabía que cuando estaba en su salón era porque quería estar sola y ciertamente no quería interrupciones y nunca la interrumpía; por eso mismo que entrara corriendo tan desesperadamente era tan raro y en cierto modo, alarmante.
—¿Qué sucede? –Mystic Flour abrió levemente los ojos, mientras dejaba su meditación y bajaba de donde estaba levitando..
—Ha... –El pequeño Haetae parecía nervioso, como si supiera que lo que le va a decir molestara a su amo– Ha venido una galleta a buscarte, dice que viene a pedirte un deseo.
... ¿Que?
La maestra de la Pagoda abrió sus ojos que se habían tornado de negro. Esto simplemente no podía ser cierto.
—Dile que se vaya, este es el hogar de la Bestia de la Apatía, no recibimos visitas y definitivamente ya no cumplimos deseos –Su voz se había vuelto más seria y firme, era una orden directa– Pelea con el si es necesario o cierra la puerta hasta que se largue; de lo contrario, será regresado a la harina.
—Ese es el problema, maestra –Cloud Haetae parecía un poco más nervioso, jugando con sus manitas– Ya hice eso, le exigí que se fuera, le dije que ya no se cumplían deseos ¡Ya hasta eh peleado con el pero aún no se va! Al final cerré la puerta y esperé que eventualmente se fuera, pero...
Mystic Flour lo miro en silencio, esperando a que continuara.
—¿Pero...?
—Esta aquí desde la mañana y el sigue afuera.
La Bestia de la Apatía se congelo por un momento, pero fueron un par de segundos antes de que Haetae lo notara. Simplemente se vio sorprendida por saber de alguien con la paciencia suficiente como para esperar por una respuesta de la bestia durante tanto tiempo. En tiempos de antaño, la mayoría se habría rendido a la hora o dos, los únicos dispuestos a esperar tanto tiempo afuera fueron...
—Llévame con él, yo misma lo convertiré en harina –Ordeno con su voz profunda.
Cloud Haetae se inclinó ante su maestra y empezó a caminar, seguido por ella de cerca.
La última vez que alguien estuvo tanto tiempo esperando afuera, Mystic Flour ordeno que las puertas no se abrieran al público ese día, solo un único día donde poder meditar dentro de su capullo, ordeno que les informaran que ese día no verían a La Virtud; unos se fueron, pero hubo otros que se quedaron afuera esperando, esperaron durante mucho tiempo, tanto que cuando inevitablemente se dieron que esa puerta no se abriría, entraron a la fuerza, y lo que siguió después de eso... Simplemente no se va a tomar la molestia recordarlo.
Mystic Flour no dudo en ningún momento en su camino hacia la entrada, decidida a regresarlos a la harina antes de que pudiera emitir ningún sonido. Al menos lo estaba, antes de que se abriera la puerta y le revelara al viajero.
No esperaba ver a el hijo de Dark Cacao en la puerta de su Pagoda.
Aunque lo había visto en los recuerdos de Dark Cacao gracias a la conexión de sus Souljams, ciertamente no era lo mismo que verlo en persona, pero tenía la seguridad de que esa joven galleta era el hijo de Dark Cacao, pero incluso sin la conexión podía estar segura. Esa galleta era básicamente el clon más joven de Dark Cacao.
Estaba sentado en las escaleras, esperando, tal y como dijo Cloud Haetae; parecía que se estaba quedando dormido. Cuando se abrió la puerta, se despertó repentinamente, alterado, con la guardia en alto y colocando su mano en la empuñadura de su espada, mirando a todos lados en busca de una amenaza, hasta que poso su mirada en la bestia frente a él y al pequeño Haetae que le gruñía detrás de ella.
Un silencio incomodo se formó entre los dos, ambos mirándose fijamente, sorprendidos; incluso podrías notar la sorpresa en el rostro de Mystic Flour si eras especialmente observador.
Lógicamente, Mystic Flour sabia de la existencia de Dark Choco, y también sabía que él y su padre tenían una relación... Complicada, por decirlo de forma amable; por eso mismo nunca se le había pasado por la mente ningún escenario en el que estuviera involucrado Dark Choco, mucho menos tener que interactuar con el directamente.
—¿Qué es lo que buscas? –Pregunto Mystic Flour, recuperando la compostura y su semblante inexpresivo, esperaba que la joven galleta no hubiera notado su leve desconcierto.
—¡Ah! –Afortunadamente, parece que el joven estaba incluso más perdido en sus pensamientos hasta que su llamado lo regreso a la realidad– E-eh... Bueno, yo eh...
Mystic lo miraba con ese mismo rostro inexpresivo como se enredaba con sus propias palabras, lo que, consciente o no, hacia que la galleta más joven se tropezara aún más.
"Tanta determinación para llegar hasta aquí, para poder hablar conmigo, y ahora que me tiene en frente no tiene idea de que hacer. Pero que... decepcionante." –Pensó con un deje de amargura. No es que ella esperaba algo diferente... O bueno, se sentía estúpida por permitirse, por un segundo, esperar algo diferente.
—Vete –Interrumpió el pobre balbuceo de Dark Choco– Antes de que te devuelva a la harina.
En realidad, no tenía intención de hacerlo, realmente no tenía la intención de hacer algo en contra del joven; toda motivación de devolver a los intrusos a la harina había desaparecido al descubrir la identidad del invitado no deseado. Simplemente dejaría que la joven galleta descubriera por su cuenta que todo su viaje había sido en vano, tal vez así aceptaría la apatía en su alma y, tal vez, al ver que su propio hijo había aceptado la apatía, eventualmente también él lo haría.
Y de alguna manera, otra vez sus pensamiento se habían desviado hacia Dark Cacao...
—¡E-Espere! –Dijo Dark Choco, levantando la voz por primera vez– P-Por favor...
Intrigada por su repentina determinación, Mystic Flour se quedó parada en el mismo lugar mientras lo veía con el mismo rostro neutro.
—¿Y bien?
Dark Choco respiro hondo, tal vez dándose valor a si mismo de lo que estaba por pedir.
—Escuche que aquí se solía venir a pedirle deseos. He venido a pedirle un deseo.
—Aquí ya no se cumplen deseos desde hace siglos.
—Lo sé, pero aun así vine con la esperanza de que pudiera cumplir el mío.
—Te desgastas a ti mismo al mantener la esperanza en algo sin sentido.
—¿Por lo menos, me dejaría decirle cuál es mi deseo?
La bestia no contesto, se mantuvo en su lugar sin moverse, con los ojos entreabiertos mirando al joven príncipe exiliado.
Estrictamente hablando, la bestia no había contestado a su pregunta, pero considerando el hecho de que todavía no lo había echado ni convertido en harina, Dark Choco tomo ese silencio como un permiso para continuar.
Dio un gran respiro antes de hablar.
—Yo... Deseo... Deseo poder regresar a mi reino con mi honor restaurado –Empezó Dark Choco, mientras mantenía los ojos cerrados, con la cabeza baja y el puño en el pecho– Deseo poder regresar a mi reino como un príncipe digno de su pueblo. Deseo... –Levanto la vista y tuvo el valor de ver a la bestia a los ojos– Deseo poder ser capaz de volver a ver a mi padre a la cara, con mi honor restaurado y... Que pueda estar orgulloso de mí al verme. Deseo que me diga lo que tengo que hacer para poder regresar con honor a mi hogar.
Cuando Dark Choco Cookie termino, la única respuesta que recibió de la bestia fue silencio.
El silencio se prologo entre los dos nuevamente. Mientras Dark Choco esperaba incómodamente a que la bestia respondiera, intento descifrar el rostro inexpresivo de la Bestia de la Apatía. Se sentía como un niño nuevamente, intentando adivinar el estado de humor de su padre a través de su seño perpetuamente fruncido.
Tal vez esos años de experiencia le estaban sirviendo ahora, podría jurar que, a través de ese rostro inexpresivo, podía ver la sorpresa en los ojos de la Bestia, al igual que la confusión y la duda.
—Eso... –Finalmente respondió la Bestia, pero Dark Cacao podría jurar que la duda también estaba marcada en su voz– Eso no es algo que yo pueda conceder, incluso en los viejos tiempos.
Y era verdad, en todos sus años como Virtud nunca había podido conceder ese deseo.
En todos sus años como una Virtud nunca le habían pedido ese deseo para empezar.
Siempre solían pedir algo que pudieran poseer, algo que pudieran tocar con sus propias manos. Riquezas, tesoros, abundancia... Pero nunca honor. Nadie parecía interesado en el honor, mucho menos en preguntarle a ella lo que debían hacer para recuperarlo.
¿Qué respuesta se supone que debía dar?
No tenía otra más que esa, y esperar la respuesta de Dark Choco. No sería diferente a la de otros a los que no pudo conceder su deseo en el pasado, después de todo ¿Qué podía esperar del hijo que atacó a su propio padre?
Pero nada de lo que esperaba paso, no, en su lugar, la joven galleta bajo su mirada y suspiro resignado, como si una parte del ya esperara esa respuesta.
—Entiendo... –Finalmente respondió– Perdone por haber venido a molestarla.
Y así sin más, la conversación había terminado, sin dramas, sin alboroto, sin ninguna exigencia; simplemente había aceptado su respuesta y estaba dispuesto a irse.
La bestia observo como Dark Choco miraba al horizonte, o más bien, el largo camino que le esperaba de regreso. Un largo camino que había hecho para nada.
Está bien, eso era bueno, así el finalmente comprendería que no hay sentido en luchar cuando al final no importa. Tal vez no sea Dark Cacao, pero su hijo finalmente abrazaría la apatía, y el eventualmente lo haría.
Si... Así era, entonces ¿por qué...?
—Es un camino largo de regreso, y en la noche se vuelve oscuro e incierto, pasa la noche aquí y te vas en la mañana.
—¡¿Eh?!
Dark Choco volteo a mirarla con sorpresa, al igual que Cloud Haetae quien jadeo detrás de ella ¿Le estaba ofreciendo al hijo de su enemigo pasar la noche? Mystic Flour debió haberse vuelto loca por sugerir algo así.
—... Bien.
Y Dark Choco debió haberse vuelto loco por aceptar.
—¡¿Eh?! ¡¿EH?!
Y el pequeño Haetae pensaba que tal vez él es quien se había vuelto loco.
Mystic Flour se dio la vuelta para entrar en su pagoda, seguido de Dark Choco, quien le seguía a una distancia segura, a su vez siendo seguidos por Cloud Haetae, quien se había quedado atrás, viendo a ambos confundido, y luego siguiendo a Dark Choco, asegurándose que no hiciera un movimiento sospechoso en contra de su maestra.
—Hace mucho que no hay ninguna visita aquí, así que las habitaciones están algo... indispuestas –Por no llamarlas un desastre polvoso– Va a tardar un rato en estar lista para que alguien pase la noche, mientras tanto, encuentra un lugar donde ponerte cómodo.
—Ya veo...
—Si me disculpas, me retiro.
La maestra de la pagoda se dio la vuelta y se fue por uno de los pasillos. Cloud Haetae se quedó parado incómodamente por unos segundos, con la vista fija en Dark Choco, mirándose entre sí.
—Eh... ¡Maestra, espéreme! –Salió corriendo detrás de su maestra, tal vez haciendo una "salida estratégica", tal vez más preocupado por su maestra, o tal vez decidiendo que el joven no era una amenaza... al menos no una inmediata.
De cualquier forma, en cuanto el Haetae se fue, Dark Choco soltó el aliento que no se dio cuenta que estaba reteniendo y busco en donde sentarse.
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—¡Maestra! ¡maestra!
Mystic Flour se detuvo y dio la vuelta al escuchar a Cloud Haetae llamándola.
—¿Qué sucede? –Pregunto la bestia.
—¿A dónde va?
—A la habitación cerca del almacén, creo recordar que no estaba en tan mal estado como las otras, con limpiar un poco debería ser suficiente.
—Oh, entiendo –El pequeño se vio nervioso al contestar, parecía que quería decirle algo.
—¿Qué sucede? –Pregunto al ver que probablemente no hablaría por sí mismo.
—E-Eh, maestra, si está bien que pregunte... ¿Por qué lo invito a entrar?
¿Por qué lo invito? Ella se ha estado preguntando lo mismo desde el momento en el que abrió la boca y lo incito a quedarse ¿por qué haría eso? Estaba tan cerca, tan cerca de que Dark Choco, el hijo del portador de la mitad de su Souljam comprendiera de verdad la apatía y, tal vez, eso llevaría a su padre a hacer lo mismo.
Entonces ¿Por qué...?
¿Acaso se compadeció por su deseo? ¿Al pedir algo que ni en su mejor momento pudo cumplir? ¿Acaso la conmovió la falta de ira en su reacción al saber su respuesta? O acaso... ¿acaso por qué no podía soportar la idea de que se fuera solo después de que se diera cuenta que todo había sido en vano?
—¿Maestra? ¿Está bien?
Mystic Flour se sobresaltó y volteo su mirada a Cloud Haetae, quien la miraba preocupado ¿Cuánto tiempo se había perdido en sus pensamientos?
—¿Maestra?
—Aún deben sobrar duraznos de la última vez que Peach Blossom Cookie vino de visita, llévale algunos a nuestro invitado.
—¿Eh? Pero maestra-
Y antes de que pudiera protestar, Mystic Flour siguió su camino.
Cloud Haetae se quedó parado mientras miraba a su maestra irse, más confundido que al principio, antes de refunfuñar algo sobre darle de comer al intruso e irse a cumplir lo que su maestra le había ordenado.
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Dark Choco caminaba por la pagoda, cerca de la salida que dirigía hacia los bellos jardines del templo. En sus manos, tenía un plato lleno de duraznos que habían sido traídos por el pequeño guardián del templo, casi arrojándoselo en las manos antes de salir corriendo a algún lado dentro de la pagoda.
Buscaba algún buen lugar para sentarse, uno donde no estorbara de preferencia, ya era bastante incomodo estar bajo el mismo techo que la temida bestia de la apatía.
Aunque claro, eso no pareció molestarle cuando hizo todo el viaje hasta aquí en primer lugar.
De todos modos, decido buscar algún lugar para sentarse con vistas a los jardines, era un lugar tranquilo, con bellas vistas que a pesar de estar algo descuidados por el tiempo que estuvo abandonado, seguían siendo hermosos.
Mientras buscaba algún lugar cómodo, pudo vislumbrar algo a lo lejos, una figura blanca sentada en las escaleras que bajaban al jardín. Nadie más que la dueña de la pagoda en persona.
Esa era su señal para darse la vuelta y buscar otro lugar, en otro lado, literalmente cualquier otro lugar menos aquí.
Si, eso pensaba su lado racional, su lado impulsivo que ya lo había traído hasta aquí, ahora lo estaba llevando a sentarse al lado de la bestia. No exactamente al lado, tal vez aun metro de distancia uno del otro. La mujer solo estaba sentada, con sus manos sobre su regazo y los ojos cerrados, como si estuviera meditando. Ni siquiera volteo a verlo cuando se sentó, tal vez no lo noto, pero lo más probable es que no le importaba.
En silencio, empezó a comer uno de los duraznos, eran dulces y jugosos, tal vez lo mejores que había probado en su vida; pero amargados por el silencio incomodo que se había formado entre él y la bestia. Tampoco podía decir que no estaba acostumbrado, situaciones así eran bastante comunes cuando vivía con su padre.
—Es... un bonito jardín ¿verdad? –Torpemente, intento romper el silencio entre ambos.
Al menos sabía que la bestia si había notado su presencia, ya que no pareció alterarse al escucharlo de repente, sin embargo, tampoco se inmutó ante la pregunta del joven. Y ahora había un silencio incómodo entre ambos.
Debía pensar en algo para arreglarlo ¡Rápido! Algo más del jardín, el templo, incluso el clima ¡Lo que sea!
—... Parece que está noche hace un buen clima.
—Siempre lo hace.
Olvídalo, hablar del clima no ayudo, tal vez lo empeoró. No debió de abrir la boca para empezar.
Y ahora estaban justo donde habían comenzado, en un silencio incomodo.
Dark Choco odiaba los silencios, se sentía otra vez como un niño cuando estaba con su padre, intentando hacer conversación, cualquier conversación sobre cualquier cosa, pero nunca conseguía nada. Las únicas veces que su padre hablaba era en sus arduos entrenamientos cuando era más joven.
Incluso podía recordar una interacción muy similar a la que acaba de tener con la bestia.
"—Hoy hace un clima muy frio" –Había dicho un pequeño Dark Choco en la mesa hace muchos años.
"—Siempre es así" –Respondería su padre, sin apartar la vista de su plato, tal vez la mayor conversación que le había sacado en la cena, o en cualquier otro momento que no fuera en el campo de entrenamiento.
Negó con la cabeza, intentando disipar ese recuerdo, aunque tenía que reconocer que la bestia y su padre, a pesar de sus diferencias en sus ideales, son bastante parecidos, al punto que resulta un poco inquietante.
—Tu deseo... –Inesperadamente, la Bestia de la Apatía tomo la iniciativa de hablar. Dark Choco volteo a verla; ella tenía los ojos entreabiertos, sus ojos grises fijos en el jardín– Yo... cumplí deseos durante siglos, escuche todo tipo de deseos, deseos humildes, deseos astutos, deseos egoístas... muchos deseos egoístas –Murmuro a esto último, pero Dark Choco aun fue capaz de escuchar– Pero un deseo como el tuyo... nunca lo había escuchado.
Dark Choco no dijo nada, un poco porque no sabía que contestar, un poco porque temía que si decía algo la bestia no volviera a hablar.
—Cuando alguien buscaba respuestas, buscaba a la Fuente del Conocimiento y su basto intelecto; cuando buscaban consejos para la vida, buscaban al Heraldo del Cambio y su extensas experiencias en vida; cuando buscaban un descanso del pesar que su vida, iban con la Azúcar de la Felicidad y su jardín paradisiaco; cuando buscaban fuerza, iban con la Sal de la Solidaridad y su confiable ejercito... Dudo que ninguno de ellos, ni yo, pudiera saber cómo cumplir tu deseo. Se que yo no hubiera podido cumplirlo, ni antes, ni ahora.
—Si... Honestamente, yo mismo ya sabía que tal vez no encontraría lo que busco –Con algo de duda, Dark Choco decidió hablar– No es algo que simplemente pueda desear o conseguir tan fácilmente.
—¿Qué sentido tiene hacer un viaje tan largo del que sabes que probablemente saldrás decepcionado?
¿Qué sentido tiene? Dark Choco se llevaba haciendo esa misma pregunta desde el momento en que emprendió su viaje a estas tierras ¿Por qué arriesgarse a viajar al continente de las Bestias? Al territorio de una de las cinco bestias, a encontrarse cara a cara con la Bestia de la Apatía en persona. Ella no se equivoca, muy probablemente no conseguiría nada, entonces ¿Por qué...?
—Pues... Pensé que podría valer la pena.
La Bestia volteo su mirada al joven, su expresión aún no había cambiado; sus ojos entreabiertos, su expresión seca y apática.
—Dime, joven príncipe, ahora que llegaste hasta aquí ¿valió la pena?
El joven se quedó pensado, realmente pensando muy seriamente la pregunta de la mujer ¿Valió la pena?
—... Tampoco puedo decir que no lo valió.
El príncipe pudo ver la sorpresa por segunda vez en el rostro de Mystic Flour, ella no esperaba esa respuesta, aunque solo él pueda notarlo. Una parte de él se sentía orgulloso por haber hecho que la Bestia de la Apatía se sorprendiera dos veces en un día, pero nada en su rostro lo delataba y solo miro a Mystic Flour, esperando su respuesta.
—... Eres igual a tu padre, tan necios... –Fue todo lo que respondió la Bestia antes de regresar su mirada al jardín, "mirada" ya que había vuelto a cerrar sus ojos, sin rastro alguno de la sorpresa que hace algunos segundos había.
El joven príncipe pensó un momento lo dicho por la mujer y sonrió levemente.
—Tomare eso como un alago.
La Bestia ya no reaccionó ante esto y Dark Choco supuso que eso había dado por terminada la conversación, por lo que siguió comiendo de los duraznos, seguían siendo dulces y deliciosos, y al mismo tiempo bastante llenadores, con tal solo dos estaba más que satisfecho, más aún quedaban tres duraznos en el plato.
Miro su plato y luego miro a la mujer sentada delante suyo.
—¿Quieres uno? –Pregunto extendiendo el plato a la mujer pálida.
Mystic entreabrió los ojos y volteo a ver el plato que le ofrecía Dark Choco, solo para regresar a como estaba al principio.
—No es justo que yo coma cuando hay galletas en alguna parte muriendo de hambre ahora mismo.
Está vez, fue el turno de Dark Choco de verse sorprendido. No esperaba una respuesta tan empática de la Bestia de la Apatía.
—... ¿Dije algo raro? –Sin siquiera verlo, Mystic Flour pudo notar la sorpresa del otro.
—No, nada, solo que... Fue una respuesta inesperada viniendo de ti... Eh, sin ofender.
—... Solo digo que una bestia como yo no necesita comer ni dormir para seguir viva, ni siquiera cuando era una virtud.
Bueno, eso sonaba más a la Bestia de la Apatía, pero tenía sentido. Alguien que había vivido durante tanto tiempo y con un poder como el suyo, alguien quien era casi considerada una diosa, seguramente algo tan básico como comer o dormir era algo innecesario.
Si... era algo innecesario, pero seguía siendo uno de esos pequeños placeres de la vida, momentos que volvían tu vida un poco mejor; no arreglaba ningún problema mundial ni nada parecido, pero era uno de esos momentos que podían llenar tu alma de paz. No hay nada mejor que llegar a tu hogar después de un largo día y encontrar un plato de comida caliente esperándote.
Pero si la Bestia no necesitaba comer, incluso desde el tiempo en el que era una virtud...
—¿Hace cuanto no comes? –Se atrevió a preguntar el príncipe.
La bestia se quedó en silencio, no sabía si era que se negaba a responder o si estaba pensando en la respuesta, pero el prolongado silencio en sí mismo fue respuesta suficiente.
Sin decir nada, Dark Choco extendió la mano y coloco el plato de duraznos justo al lado de la mujer pálida, un mensaje claro en el que ofrece los duraznos que quedan. Tampoco quería tentar al destino diciéndole abiertamente que coma, ya se había arriesgado más que suficiente a estas alturas.
Al principio, la Bestia no se inmuto como era de esperar, más unos segundos después volteo su mirada al plato a su lado, lo tomo y lo puso en su regazo, mirándolo fijamente, como si pensara que explotaría en cualquier momento.
Dark Choco sonrió levemente y negó con la cabeza. Tampoco esperaba cambiar una costumbre de siglos de una bestia milenaria, pero sentía que había hecho un avance. Regreso su mirada al horizonte, mirando como el sol se ocultaba entre las montañas y sus últimos rayos abandonaban el bello jardín ¿Cuántos habían tenido la suerte de ver tal espectáculo en la historia? Tal vez era el primero en hacerlo en mucho tiempo.
Se había perdido en la belleza del atardecer que no se había dado cuenta que la mujer ahora tenía uno de los duraznos en la mano, cerca de su rostro, podía oler su dulce aroma. Tan cerca de su boca y...
—¡Maestra! ¡Ya está listo el cuarto!
Cloud Haetae llego corriendo y gritando, sobresaltando a Dark Choco, quien instintivamente tomo el mango de su espada hasta que se dio cuenta de quien era; mientras que Mystic de inmediato volvió a poner el durazno en el plato.
—Haetae ¿Qué te paso? –Pregunto la dueña de la pagoda. Cloud Haetae estaba cubierto de pies a cabeza de polvo.
—Eh...
Mystic Flour suspiro levemente.
—Después de que insistieras tanto en limpiar tú mismo... –Negó con la cabeza, su voz tenía un leve tono de regaño, pero no enojada- Ven, vamos a limpiarte.
Mystic Flour se levantó con el plato de los tres duraznos aun en manos antes de colocarlo en una mesa cercana, antes de cargar a Cloud Haetae, quien parecía un cachorrito feliz en sus brazos. No parecía molestarle el hecho de que estaba ensuciando su blanco vestido.
—Se está haciendo tarde, si vas por ese pasillo al fondo a tu derecha esta tu habitación por esta noche –Dijo mirando a Dark Choco, quien aún parecía alerta– Ve a descansar.
—E-Eh si, buenas noches –Contesto mientras bajaba la guardia, además de estar intrigado por la aparente cercanía de la Bestia con su lacayo. Pensaba que solo eran un amo y su sirviente, pero tal vez fue muy rápido al juzgar.
La mujer no respondió y solo se llevó al pequeño a un lugar desconocido para el dentro de la pagoda. No le molesto, tenía la sensación de que ya le había sacado mucha más platica de lo que cualquiera haya hecho antes.
Finalmente, decidió terminar el día e ir a dormir.
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No podía dormir.
No era que le molestara el dormir en un lugar extraño, llevaba mucho tiempo haciendo eso. Tampoco era el hecho de estar en territorio de la bestia, en la guarida de la bestia, bajo el mismo techo que la bestia. No, ya había superado eso más temprano. Era solo que...
—La cama esta dura... –Murmuro medio dormido, el sueño ya lo alcanzaba, pero simplemente estaba muy incómodo.
No es que tuviera grandes estándares ni fuera malagradecido, había dormido en lugares peores, pero simplemente no podía dormir y lo único que se le ocurría era la extraña dureza de la cama. Tampoco era sorpresa, la pagoda lleva sola durante siglos y la prioridad no era mantenerla en buen estado para las visitas.
Pero eso da igual, ya tenía mucha suerte de poder pasar la noche aquí y haber salido vivo de una charla con la dueña del lugar. Si se concentraba lo suficiente, eventualmente debería dormir...
Un chirrido en la puerta.
El príncipe escucho pasos de alguien entrando a su habitación, aunque "pasos" es decir mucho, apenas era un toque en la madera, casi como si estuviera flotando, Pero Dark Choco lo sabía, casi podía sentirlo.
Era ella, la Bestia.
¿Qué hacía aquí? ¿Acaso esto fue lo que planeo? ¿Acaso todo fue una trampa desde el principio?
Dark Choco siguió fingiendo dormir, dándole la espalda a la puerta, pero estaba tenso, listo para saltar de la cama en cuanto tuviera la oportunidad.
Sintió sus pasos más cerca, justo frente a su cama, estaba en frente de él. No estaba haciendo nada, solo sentía su mirada fija en él. No sentía peligro alguno, pero aun así...
Debía huir, debía contraatacar ahora, debía-
Sintió unos dedos fríos en su cabeza, tocando ligeramente, peinando sus mechones con delicadeza, con cuidado de no "despertarlo", aunque de estar dormido, probablemente cumpliría su objetivo. Un gento que sentía casi cariñoso, casi... maternal.
Oh no, ahora sí que se había vuelto loco.
No tuvo oportunidad de darle más vueltas a ese pensamiento antes de que el toque en su cabello desapareciera. Sintió como la mujer tomaba la manta que estaba medio extendida a la altura de su cintura y lo arropaba con ella.
Sintió que la mujer empezaba a retirarse, tan silenciosamente como había llegado. La puerta se cerró detrás de ella.
Extrañamente, la cama dejo de sentirse tan dura y el sueño lo venció poco después de eso.
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Despertó al día siguiente con la energía renovada. Había descansado como no lo hacía desde hace mucho tiempo.
Después de despertar, había salido al jardín del templo, tal y como había dicho la dueña de la pagoda el día de ayer, parece que el clima siempre era bueno, estaba fresco y era una mañana tranquila. Perfecta para entrenar.
Encontró un lugar espacioso en el jardín y se puso a entrenar, un hábito desarrollado desde niño y que nunca había podido ni querido abandonar.
Estaba tan enfocado en su entrenamiento matutino que no se dio cuenta que alguien más se acercaba.
—Argh ¿Sigues aquí?
Dark Choco volteo hacia la voz, se trataba del pequeño lacayo de la dueña de la pagoda quien sostenía una escoba, probablemente a punto de empezar sus labores del día.
—¿No es muy temprano para que te vuelvas a ensuciar? –Bromeo el príncipe, recordando como apenas anoche se notaba que el color de su pelo era originalmente blanco.
El pequeño gruño en respuesta.
—¡Yo no soy tan torpe! El día de ayer fue la excepción, pero ¡Por algo la Maestra confía en mí!
—Claro, claro... –Contesto mientras seguía entrenando, sin prestarle realmente atención.
El pequeño noto que ni siquiera le estaba prestando atención, lo que lo enfado más.
—¡Es en serio! ¡Por eso soy el guardián de la Pagoda de Marfil!
—Lo sé, te vi afuera-¡EY!
Sin ninguna advertencia más que un gruñido enojado, Cloud Haetae se lanzó directo a Dark Choco.
A diferencia del ataque más serio de ayer, este no tenía intención real de lastimarlo o de que se fuera, se podría decir que era una provocación, casi juguetón.
En respuesta Dark Choco no tuvo más remedio que contraatacar, pero lejos de ser un gran combate o una verdadera batalla, parecía más un juego que un enfrentamiento serio.
Siguieron con su "épica batalla" durante un buen rato, y Dark Choco tampoco podía decir que lo odiaba, le recordaba a hace mucho tiempo, cuando entrenaba a los jóvenes guerreros de su reino. Era nostálgico, y más divertido de lo que recordaba. Podría adivinar que el pequeño también se la estaba pasando bien, pero probablemente preferiría morir a confesar algo así.
—¡Ey! ¡Eso es trampa! –Se quejo Cloud Haetae cuando el príncipe lo levanto del cuello de la ropa, mientras se sacudía intentado liberarse.
—¡Tu empezaste! ¡No había ninguna razón para morderme la pierna! –Se quejo mientras levantaba la pierna, que tenía una muy clara y visible mordida arriba del talón.
—Pff...
Escucharon un sonido, un resoplido, igual a cuando alguien contiene una risa, un sonido casi inaudible si no fuera por el buen oído de ambos y por el ambiente ya de por si silencioso. Ambos voltearon a ver la entrada del templo, donde escucharon el sonido.
Estaban tan concentrados en pelear entre ellos que no se dieron cuenta en qué momento la Maestra de la Pagoda había llegado. Estaba sentada en uno de los escalones de la entrada, mirándolos pelear desde sabrán las brujas cuanto tiempo, con una mano cubriendo su boca.
—¡Señora! –Haetae se soltó (o, mejor dicho, Dark Choco lo soltó), y corrió a los brazos de su maestra.
Dark Choco también se acercó a la mujer, con algo de confusión y sospecha en el rostro.
—Te... ¿Te acabas de reír? –Pregunto el príncipe, preguntando por el sonido que claramente tanto el cómo Haetae habían escuchado antes.
Había sido una risa, o al menos el intento de ahogar una. Un hecho remarcable considerando que proviene de la Bestia de la Apatía, a quien difícilmente la había visto poner otra cara que no sea neutra o apenas sorpresa.
—Deberías prepararte, aún de día afuera el peligro es incierto, pero es mucho mejor que viajar de noche. No quieres que se haga tarde.
Y empezó a evadir el tema, claro, ya había notado que hace eso cuando hay algo de lo que no quiere hablar; otra cosa bastante similar a su padre.
Pero tampoco se equivoca, ya va siendo hora de que se vaya.
—Creo que aún quedan algunas reservas de sobra en el almacén. Iré a buscarlas para tu viaje.
La mujer bajo a Haetae y antes de volver a entrar a la pagoda.
Haetae sonreía y saltaba como un cachorrito por el simple hecho de haber sido cargado por su maestra, antes de recordar que tenía un testigo y voltear a verlo con el ceño fruncido.
—¡Tendré mi revancha! –Lo señalo con dramatismo.
Dark Choco rodo los ojos.
—Lo que tu digas, enano.
Cloud Haetae camino hacia la mesa y tomo un durazno del plato que allí estaba, el mismo plato de ayer.
Dark Choco se acercó para tomar uno el mismo, hasta que noto algo curioso.
Quedaba un solo durazno, cuando apenas anoche aún quedaban tres, Haetae acababa de tomar uno, entonces...
—... Oye enano ¿anoche te comiste un durazno? –Pregunto el príncipe
—¿Eh? –Volteo a ver al príncipe, ya con la cara manchada de jugo– No, yo no fui –Regreso su cara al durazno antes de irse a seguir a su maestra.
Dark Choco regreso su mirada al plato con el único durazno, acaso... ¿sería posible que...?
El príncipe sonrió para sí mismo antes de tomar el último durazno; seria para el camino.
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Las únicas tres almas en la pagoda estaban en las puertas de entrada, era hora de que el príncipe se vaya.
—Aquí hay un par de provisiones, deberían ser suficientes hasta regresar a Crispia –La mujer le entrego el trozo de tela que él llamaba bolsa que había traído con sus propias provisiones, agotadas antes de llegar.
—N-No era necesario, pero gracias –Cuando el príncipe tomo la bolsa, se dio cuenta que era mucho más pesada de lo que imaginaba, definitivamente más pesada de lo que deberían ser "un par" de provisiones. Estaba sorprendido de que la mujer lo hubiera cargado sin ninguna señal de esfuerzo– Y gracias por haberme dejado pasar la noche.
—... Agradecer por algo así es inútil.
Dark Choco rodo los ojos mientras negaba con la cabeza. Ya se estaba acostumbrando a su respuestas apáticas.
—Y eh... -Tartamudeo el príncipe.
—¿Sucede algo?
—Yo eh... me acabo de dar cuenta que no pregunte su nombre –Dudaba antes de hablar, sintiéndose avergonzado por no haber preguntado algo por algo tan básico hasta estas alturas. Digo, sabía que ella era la Bestia de la Apatía, la Virtud caída que concedía deseos en la Pagoda de Marfil, antigua portadora de la Souljam de la Voluntad; pero todo eso seguía sin ser un nombre.
Por unos segundos hubo un silencio ya familiar entre ellos, pero ya no se sentía incomodo... Al menos no del todo.
—... Mystic Flour Cookie –Finalmente respondió después de haberlo meditado unos segundos, no vio sentido en intentar ocultarlo.
Dark Choco sonrió levemente.
—Yo soy Dark Choco Cookie.
"Lo sé" –Se sintió tentada en contestar eso, pero a estas alturas no valía la pena, además de ser... raro, como mínimo.
—Bueno... Fue un gusto, Mystic Flour Cookie, Cloud Haetae –Sonrió levemente a los dos– Espero volvamos a vernos.
—... Tal vez.
Ambos miraron como el príncipe se despedía con la mano y emprendía su camino escaleras abajo. Ese joven... no era nada como esperaba, y aun no decidía si eso era bueno o malo, pero... era una bocanada de aire fresco. Ciertamente tenía sus problemas, pero no había malicia en él y... había sido una buena compañía.
Negó rápidamente con la cabeza ¿En qué estaba pensando? No tenía tiempo para pensar en esos sinsentidos. Al final, había hecho un viaje exageradamente largo y complicado para no conseguir nada, no cambia nada; solo había servido para darse cuenta de que él era igual de terco y cabeza dura que su padre.
"... Al menos había sido un buen compañero de juegos para Cloud Haetae por un día" -Pensó, mientras intentaba ignorar el dulzor del durazno que aun sentía en la boca desde la noche anterior.
Por su lado, Dark Choco iba pensando por su lado en su estancia en la Pagoda, pero, sobre todo, en su encuentro con la "bestia". No había sido nada comparado a lo que se imaginaba, muchísimo más tranquilo, hasta podría decir que se lo había pasado bien.
Aun repasaba la conversación que había tenido la noche anterior con ella, en especial, recordaba la pregunta que le había hecho.
"Dime, joven príncipe, ahora que llegaste hasta aquí ¿valió la pena?"
Mystic Flour, Bestia de la Apatía, Maestra de la Pagoda de Marfil, antigua Virtud de la Voluntad que había caído hace tanto tiempo...
—Valió totalmente la pena... –Murmuro para sí mismo, mientras una pequeña sonrisa se filtraba en su rostro.
