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Mundialmente
Lando llevaba la pelota de fútbol en la mano, pasándola de un lado a otro, mientras hablaba a la cámara. Oscar no prestaba atención, solo miraba al frente, sabiendo que ese video sería un hito más en su trágica historia con los deportes que incluyeran una pelota. Cualquiera que sea.
Habían cruzado camino con el equipo de marketing de Cadillac, que también traían una pelota en sus manos, y había escuchado de Alex, que Williams también iba a hacer un video relacionado al fútbol. Sabía que el mundial era más popular que casi cualquier otro deporte en el mundo, la cantidad de personas que lo seguían no tenía comparación. Pero un poco le molestaba ya, que todo girara en torno a eso. O al menos que muchos de los equipos de la Fórmula 1 no tuvieran más ideas originales que giraran en torno al mundial de fútbol, que usar la pelota. No se sorprendería que Mercedes, Audi o Ferrari también estuvieran haciendo algo parecido al mismo tiempo.
De reojo pudo ver una pelota yendo hacia él. Levantó la vista y el turquesa de las camperas de Alpine casi le saca una mueca, que estaba seguro iba a quedar grabada en alguna cámara. Una de las camperas estaba acercándose, una mano arriba en señal de disculpa, y más atrás pudo ver otra persona corriendo hacia un costado.
Cuando la pelota llegó a sus pies, se agachó y la agarró. Se enderezó, encontrándose con el rostro entre sonriente y apenado de Franco Colapinto.
—Perdón, perdón, se me escapó — Oscar tenía toda la intención de entregarle la pelota en la mano, pero Franco se estaba girando, mientras seguía hablando —Pierre no sabe patear... —el equipo de McLaren seguía filmando, estaba seguro de eso y las cámaras de Alpine estaban sobre Franco, quien se había quedado parado, señalando detrás suyo con intención clara de apuntar a Pierre, pero no había nadie allí —¡Qué forro! —Oscar no supo que había dicho en español, aunque juzgando por la rápida manera en la que Franco había tapado su propia boca y mirado a su equipo, supo que no era algo muy bueno —No, pará, no es tan malo el forro. —pudo escuchar a algunos de su equipo largar unas risas a su alrededor, una chica de Alpine se llevó la mano a la frente, como acostumbrada a eso. Franco se giró hacia la cámara de McLaren y alzó los hombros —No es mala palabra, es más, se la voy a decir en la cara después.
—Por favor, dejalo ahí ¿sí, Franco? —Oscar vio al argentino girar sobre sí mismo, para hablarle de frente a la chica de Alpine.
—No, en serio Ruth, esta vez no es mala palabra, te lo juro. —el camarógrafo que apuntaba hacia Franco estaba mordiéndose el labio, aguantándose la risa. Oscar notó por el rabillo del ojo, que Lando se había parado a su lado, la pelota descansando en su cadera y la cámara detrás, enfocándolo a ambos, sosteniendo tanto la pelota propia como la ajena. Estaba seguro de que Franco también entraba en el plano.
—No importa, después vemos que hacemos en edición.
—Pero en serio, se puede usar como insulto, sí, pero depende del tono en que lo digas. —la mujer morocha rodó los ojos.
—Como todas las palabras argentinas ¿cierto?
—Ey, no es mi culpa que no puedan captarlo tan rápido. —la mujer negó con la cabeza, lista para irse.
—Si, claro. Dejalo ahí y sigamos con el video. —Franco hizo una venia, sonriente.
—Como diga, mi generala. —el silencio a su respuesta hizo suspirar a Franco, que empezaba a caminar por donde había venido, la cámara siguiéndolo. —Significa “mi general” en femenino... —la mujer negaba con una sonrisa y todo el equipo de Alpine comenzaba a alejarse. Oscar dio un pequeño paso hacia delante, alzando un poco la pelota que tenía en sus manos.
—¡Franco! —el argentino se giró hacia él, el 81 hizo caso omiso al casi inaudible sonido de sorpresa e intriga que hizo Lando a su lado. Franco era más fácil de decir que Colapinto, eso era todo.
—¡La pelota! —Oscar vio a Franco sonreír, agachando la cabeza, un tanto avergonzado. —Que boludo. Perdón otra vez. —Oscar se rió un poco.
—No te preocupes.
El australiano esperaba que Franco tomara la pelota de sus manos y dijera un “gracias” más y siguiera camino. Lo normal. Pero Franco se acercó, llevó una mano hacia pelota y otra hacia su hombro. Oscar hizo una pequeña inhalación cuando notó que Franco seguía acercándose, hasta que sintió un tibio beso en su mejilla, al tiempo que el peso de la pelota desaparecía de sus manos.
—Gracias, Oscar. —el australiano quedó inmóvil, supo que Franco había levantado la mano de su hombro, moviéndola hacia donde estaba Lando y vio con claridad absoluta que el argentino le regalaba un pequeño guiño, antes de separarse por completo y trotar a paso ligero hacia su equipo de nuevo.
Escuchó a Franco diciendo algo hacia su cámara y luego el nombre de Pierre en un grito, antes de que todo el grupo de Alpine lo siguiera rumbo vaya a saber dónde.
Tampoco supo si estuvo parado una eternidad o apenas un segundo, pero le tomó que Lando se parara frente suyo y tapara la casi desaparecida espalda de Franco, para que Oscar se moviera. Bajó sus manos con vergüenza, que seguían un tanto elevadas. Carraspeó su garganta y no quiso mirar a las cámaras. Con la cabeza un poco gacha se giró en dirección donde caminaban en un principio.
—¿Seguimos? —el bufido divertido de Lando, lo forzó a alzar la cabeza, su entrecejo fruncido —¿Qué? —su compañero le señalaba la cara.
—Estás colorado. —Oscar sintió el calor aumentar en sus mejillas y se acomodó la gorra, sin saber muy bien qué más hacer.
—Si, bueno ¡no estoy acostumbrado a eso! —Lando se rió con ganas, alzando una mano en señal de disculpa. Oscar bufó una vez y empezó a caminar, ignorando las cámaras y las sonrisas mal disimuladas en el resto del equipo de marketing.
Al día siguiente, Oscar quería que la tierra lo tragara. McLaren había subido un video, corto para lo él sintió como horas, donde se mostraba como la pelota llegaba a sus pies y Franco detrás. Un poco de la charla del argentino con su equipo y escuchó su voz llamándolo. Vio con el corazón acelerado a mil como Franco se acercaba. Se tapó la boca cuando vio el beso y ahogó un grito cuando el video se detenía en su rostro después de aquel beso. Un pequeño “Oscar.html” aparecía arriba de su cabeza en letras blancas y el dinosaurio del famosísimo buscador, se movía traslúcido sobre su rostro. Largó el celular y se echó para atrás en la cama, dando un quejido alto, tapándose la cara con ambas manos cuando vio que sí se había notado el guiño.
Dio un largo grito contra sus manos, mientras el video se cortaba con la voz de Lando diciendo “Creo que se tildó” y volvía a empezar.
La segunda vez que lo vio, notó como Franco había saludado a Lando con una mano después de darle ese beso. Y lo que le llamó la atención fue la casi neutralidad de la cara del argentino cuando lo hizo, para luego guiñarle a él, a Oscar Piastri, a un australiano, con una sonrisa pícara en los labios. No era noticia que Colapinto no podía ocultar sus emociones con un rostro tan expresivo como el del argentino, así que, que saludara a Lando casi sin expresión, era una expresión en sí misma.
Oscar no le diría a nadie que había perdido la cuenta de cuántas veces había visto el video. Tampoco que se ocultó del mundo con una almohada sobre su cabeza y con su celular tan cerca de su rostro, que le terminaron por arder los ojos. Ni loco mencionaría que miraba y volvía a mirar el pequeño beso y aquel guiño.
Franco no había visto el video todavía, que ya Pierre, Checo y Fernando lo habían llamado rompecorazones. Gabriel era el único que, como él, no le daba importancia a un saludo con beso. Eran todos demasiado exagerados.
Pero cuando el argentino finalmente vio el video, su tenedor quedó a medio camino de su boca. Lo vio una y otra vez, lanzando solo un sonoro “mhn” antes de bloquear su celular y dejarlo boca bajo sobre la mesa. Su pollo con verduras quedó a medio comer mientras Franco golpeteaba los dedos de su mano contra la mesa, su otro brazo colgaba a un costado de la silla.
La expresión de completa sorpresa de Oscar, sumado al color rojo de sus mejillas, se le grabó al argentino en su mente y una sonrisa ladina se dibujó en sus labios. Capaz había encontrado oro. Podría ser que el australiano tuviera algo escondido por ahí dentro, algo que Franco podría pulir hasta que brillara. Y capaz, también había encontrado la manera de saludar a Oscar. Un poco de argentinidad le vendría bien, total ¿qué podría pasar?
