Chapter Text
En las profundidades del Netherworld, antes de que el velo de misterio envolviera la desaparición del Rey Demonio Delkira, las Trece Coronas se reunían en la gran sala del Palacio Real. Era una época de poder consolidado, donde los demonios más influyentes gobernaban las sombras del mundo demoníaco. Entre ellos, destacaban Delkira, el carismático y poderoso Rey Demonio, con su cabello morado oscuro largo hasta la cintura, recogido en un pequeño moño, y ojos violetas que brillaban con una inteligencia astuta. Vestía un top ajustado morado sin mangas, con una manga larga separada del mismo color adornada con bordes dorados, pantalones blancos largos, un cinturón dorado y zapatillas casuales moradas, un atuendo relajado pero imponente, sin rastro de capas ostentosas.
A su lado, en las reuniones, siempre estaba Amduscias Poro, uno de los miembros más leales y devotos de las Coronas. Poro, con su estatura imponente —solo un poco más bajo que Delkira—, lucía un cabello oscuro, corto alrededor del rostro con puntas en forma de notas musicales, y un largo ponytail que se movía como una cola prehensil. Sus ojos amarillos, delineados con maquillaje negro en forma de notas, solían brillar con admiración hacia el Rey. Tenía un solo cuerno en la frente, inspirado en su naturaleza unicornio. Vestía un traje pinstripe en tonos oscuros (negro con rayas blancas finas), de escote bajo que revelaba su pecho, con un broche musical dorado, y tacones altos blancos que acentuaban su presencia flamboyante y musical. Sus alas, marcadas como teclas de piano, completaban su aspecto elegante.
Las otras once Coronas completaban el círculo: Lord Vorthar, con su aura de tormenta eterna; Lady Elowen, calculadora y venenosa; Lord Kaelthar, el manipulador de sombras; Lord Draven, maestro de las fortalezas inquebrantables; Lady Seraphine, la seductora de almas; Lord Zoltar, pactante de destinos; Lord Myrddin, guardián de arcanos olvidados; Lady Nocturne, la reina de las noches eternas; Lord Grimor, el guerrero de espinas infernales; Lady Eclipse, devoradora de luz; y Lord Vortigern, el bebedor de esencias vitales. Juntos, formaban el consejo supremo del pasado, pero esa reunión en particular estaba destinada a ser interrumpida.
La sala estaba cargada de tensión mientras discutían sobre las fronteras del Netherworld y las amenazas externas. Delkira presidía con su habitual carisma, su voz resonando con autoridad juguetona. "Debemos fortalecer las alianzas con los clanes menores", decía Lord Vorthar, su voz grave como un trueno lejano. Lady Elowen asentía, sus ojos afilados evaluando cada palabra.
Pero faltaba uno: Poro. El asiento a la derecha de Delkira permanecía vacío, y los murmullos comenzaban a extenderse. "¿Dónde está Lord Poro? Es inusual que llegue tarde", comentó Lord Kaelthar, arqueando una ceja.
De repente, la puerta se abrió con un crujido, y Poro entró. Pero no era el Poro impecable que todos conocían. Su traje pinstripe oscuro estaba desalineado, con botones mal abrochados y arrugas visibles. Su cabello oscuro, normalmente estilizado con precisión, era un desastre: el ponytail colgaba desordenado, mechones revueltos como si hubieran sido jalados. Ojeras profundas marcaban sus ojos amarillos, y parecía sufrir un dolor de cabeza intenso, frotándose la sien con irritación. Su maquillaje, siempre perfecto, estaba corrido, dejando rastros negros bajo los ojos. Cojeaba ligeramente al caminar, como si cada paso le costara esfuerzo. Y lo más impactante: en su cuello, visibles por el escote bajo, había marcas rojas que parecían chupetones, moretones frescos que gritaban una noche de pasión descontrolada.
La sala se sumió en un silencio atónito. Lord Draven tosió, fingiendo ajustar sus papeles. Lady Seraphine miró hacia otro lado, un rubor sutil en sus mejillas. Lord Vortigern soltó una risa nerviosa que murió rápidamente. Nadie se atrevía a mencionar el elefante en la habitación. Delkira, sin embargo, frunció el ceño, sus ojos violetas clavados en Poro con una intensidad que nadie notó... aún.
Poro, ignorando las miradas, se dirigió a su asiento cojeando, sentándose con un gruñido de dolor. La reunión intentó continuar. "Como decía, las fronteras...", prosiguió Lord Vorthar, pero su voz sonaba forzada.
Apenas Poro se acomodó, Delkira no pudo contenerse. Se inclinó hacia él, su voz baja pero audible para todos: "¿Quién demonios te hizo eso, Poro?"
Poro levantó la vista, sus ojos amarillos inyectados en sangre y llenos de irritación. Parecía estar en su ciclo de maldad, esa fase demoníaca donde la agresividad se apoderaba de él. "¡Qué te importa! Métete en tus asuntos", espetó con rudeza, su voz afilada como una nota discordante.
Un jadeo colectivo recorrió la sala. Nadie hablaba así al Rey Demonio, especialmente Poro, cuya devoción por Delkira era legendaria. Era como si el mundo se hubiera invertido. Lord Myrddin parpadeó sorprendido, Lady Nocturne cubrió su boca. Delkira se quedó congelado, una mezcla de desconcierto y algo más oscuro en sus ojos violetas.
La reunión continuó, todos tratando de ignorar la tensión. Discutieron estrategias, alianzas, pero el aire estaba cargado. A mitad de la sesión, mientras Lady Eclipse exponía sobre las sombras del este, Delkira interrumpió de nuevo, incapaz de contenerse. Su voz era más dura esta vez: "Poro, dime ahora: ¿quién te dejó en ese estado?"
Poro, fastidiado, harto y muy molesto, explotó. "¡Déjame tranquilo, Delkira! ¡No es de tu incumbencia!" Gritó, poniéndose de pie con dificultad, pero caminando un poco mejor ahora, como si la ira le diera fuerzas. Se dirigió a la puerta, ignorando las protestas.
"¡La reunión no ha terminado!", le recordó Lord Grimor, su voz autoritaria.
Poro se detuvo en el umbral, girándose con furia. "¡Métete la reunión por donde te quepa! ¡Que se vayan a la mierda todos!" Bramó, su ciclo de maldad en pleno apogeo. Azotó la puerta al salir, dejando un eco resonante en la sala.
