Work Text:
- ¿Estás seguro de que con eso va a quedar pendejo?
- Ya te dije que sí wey, tú déjame trabajar, me estas ahogasionando por favor.
Una escena poco típica se desarrollaba en el bosque. Bueno, no era exactamente en medio de la nada, ya que había un claro camino hacia la carretera y un montón de letreros que anunciaban el lugar, pero sí sería un poco dificil encontrar un mecánico dispuesto a viajar hasta este lugar.
Porque, ¿Cuál es el sentido de un campamento si estas tan cerca de la civilización? Conociendo a algunos niños dentro de las cabañas, seguramente escaparían de noche y se meterían en un problema. Al menos la enorme cantidad de árboles los intimidaba.
Pero, en este momento, dos apenas adultos de 21 años discutían debido a un problema dentro del coche de uno de estos. Roier, que siempre usaba una bandana y Quackity, que siempre utilizaba aquel beanie. Eran los consejeros más sencillos de ubicar cuando eras nuevo en el campamento. O bueno, hasta ahora.
- Tengo que estar mañana en San Diego, agh.
- Que sí va a funcionar, deja de chillar que me pones nervioso.
El verano estaba por terminar, los pequeños se irían a casa en tres días, pero Roier había recibido una llamada de uno de sus padres acerca de un reconocimiento importante para su otro padre, y sabía lo importante que eran para él y para su hermana, dormida en el asiento del acompañante, presenciar el cómo lo recibía.
Bueno, completamente dormida no estaba, pues, en cuanto los dos se inclinaron a observar lo que Alex hacía en el motor, entreabrió uno de sus ojos para enviar un mensaje desde su celular a prisa.
“Esto no está funcionando >:c”
“Paciencia, aún hay tiempo”
“Yo creo que ya casi lo reparan”
“Si no hay fé, qué más podemos hacer”
Quienes le contestaban eran otros tres niños. Rondaban la edad de Leonarda, la hermana de Roier. Todos entre 11 y 14 años, asomados desde un arbusto, observando cómo se desenvolvía todo. Dapper quien actuaba como el líder y Richarlyson, que sele estaban acabando las ideas eran los más preocupados. Ramón en cambio rodaba los ojos.
“Les dije que era mejor idea hablar directamente con ellos que se dejaran de tonterías”
“Imposible, son muy estúpidos para eso”
Dapper genuinamente pensaba que ser directo con cualquiera de los dos no funcionaría. Estaban tan absortos en su mundo, viendo las oportunidades escaparse. Y es que, los tres habían sido amigos desde hace dos veranos, siendo Richas el único en unirse este año, pero siendo el más rápido en notar lo que se traían los dos consejeros.
Desde que habían comenzado a trabajar era notorio que tenían algo el uno por el otro. La manera en que se reían y divertían, la manera en que siempre se metían en problemas, el odio de Quackity cuando llegaba de visita improvista -e ilegal- el ahora exnovio de Roier. Todas las señales estaban ahí y ahora tenían el tiempo encima.
No era algo que los campistas normalmente supieran, no al menos los más pequeños, pero Leonarda, al ser hermana de Roier, les había informado de una importante regla. Sólo podías ser consejero durante 3 años en este campamento, luego debías retirarte. Esto lo hacían porque el dueño era de esos tipos que quiere darles oportunidad de primer trabajo a chicos primerizos y mantener el ambiente fresco donde se divirtieran tanto como los campistas, pero esto también se atravesaba con el estúpido slow burn de esos dos.
En cuanto Leo les habló de esto, los cuatro comenzaron a barajar sus cartas, tratando de crear escenarios donde cualquiera de los dos se atreviera a algo. Era increíble que les costara tanto siendo que podían llegar a ser tan coquetos, ahora que los espiaban se daban cuenta de eso.
La primera idea era sencilla y cliché. Estuvieron pendientes del día en que fuera su turno para guardar el equipo. Se dio justo después de que hayan tenido que navegar en kayak, por lo que debían cargar los pequeños barcos entre dos. Cuando el último fue guardado, para que otros consejeros no notaran de inmediato la ausencia, Richas y Leo cerraron la puerta y la trabaron de la manera más natural que pudieron.
Aquella noche los niños trataron de quedarse lo más despierto posibles, pero en cuanto hubo un rondín normal de otros consejeros tuvieron que volver a la cama. Para su mala suerte, nada pasó. Ramón tuvo esperanzas al ser el primero en levantarse y ver por la ventana que habían dormido acurrucados antes de ser encontrados por Jaiden… ¡Pero nada! Sólo risas durante el día, casi todas en sus bromas pesadas de siempre y una que otra tímida que revelaba que no se habían dicho nada.
Tuvieron que pensar bien qué otra cosa podrían hacer. Barajearon ideas sobre una cita a ciegas, pero Quackity fue el único que acudió al Roier pensar que era una broma la carta anónima que recibió.
Dapper pensó que era un tonto, porque tal vez, si Alex le hubiera contado a Roier sobre la cita a la que fue y nadie asistió, seguramente se habrían dado cuenta de que alguien los estaba tratando de juntar y tal vez se hubieran confesado. Pero no, nunca dijo nada. Leonarda tenía la teoría que por orgullo. Richas porque se sentía triste. Pero Dapper simplemente creía que era idiota y ya está.
El siguiente intento fue el día que les tocaba practicar nado en un lago cercano, pero al final los cuatro no pudieron ponerse de acuerdo, especialmente porque Leonarda tenía miedo a nadar demasiado profundo y Ramón se había metido en líos por haber modificado el calentador de su cabaña. Dapper y Richas intentaron que coincidieran de algún modo, pero no pudieron hacer mucho, no se coqueteaban directamente cuando estaban frente a los niños. Puntos como adultos responsables, pero igual querían ahorcarlos.
El último plan era el más elaborado. Siempre había una pequeña fiesta el día antes de que los enviaran a casa. No era algo del otro mundo, simplemente adaptaban la cabaña más grande para tener una pista de baile, mucha comida y uno que otro juego. Era algo simple, eran niños después de todo, pero Dapper ya había visto a uno de los consejeros, Missa, invitar a bailar una canción lenta a Phil, el tipo de seguridad, ante los ojos curiosos de todos los niños. No pasó a más que ese baile, pero había la posibilidad.
Leonarda era la más creativa y Richas tenía excelentes ideas sobre qué canciones pedirle al encargado de la música intentando que se diera ese escenario, especialmente el pequeño; era un fan acérrimo de los libros y series románticas.
Pero el plan se derrumbó en cuanto recibieron la noticia de la prematura partida de Roier y Leonarda. Estaban tristes por no pasar más rato con Leo, pero la verían el año siguiente, estarían bien. ¡Pero esos dos--!
Tuvieron que pensar rápido en un último escenario que los obligara a estar solos. Seguramente Quackity querría acompañar a Roier hasta el último momento, sabían que lo harían de manera discreta para no perturbar a los otros niños que adoraban al chico de bandana. Fue cuando los conocimientos de Ramón entraron en juego.
Aflojó un poco las cosas que sabía que no dañarían realmente el coche, pero ayudarían a que no arrancara. Una tuerca por acá, zafar un cable por allá. Algo que les diera el suficiente tiempo. Leonarda no tenía manera de huir para dejarlos solos, pero al estar viajando a las 6 de la mañana, era fácil que esta fingiera dormir bajo su cobija en el asiento de copiloto, además, ser la espía directa de los niños.
Fue una treta que les daría un rato a solas más que algo grave que los podría meter en problemas. Los conocimientos en mecánica del chico fueron de ayuda. Sabían que Quackity le sabía un poco a los coches porque parecía menos perdido que Roier cuando había que seguir ciertas instrucciones en algunos de los aparatos del campamento. Ramon de todos modos pensaba que ya se habían tardado en arreglarlo y aún así… parecían los mismos idiotas que siempre.
¿No se daban cuenta que después de esta ocasión no volverían a verse tan seguido? Cada uno, alejado en su casa, pensando en lo que pudo ser. O eso decía Richas siempre que Dapper se cansaba del asunto y quería mandarlos a ser infelices por tontos. Siempre lo terminaba convenciendo con ese discurso acerca de la tristeza que tendrían que enfrentar por su separación. Era bajo. Por más, ellos también los extrañarían… tenían menos posibilidades de volver a verlos al ser solo niños. Y bueno, los querían… eran los más idiotas y divertidos del campamento. Por eso seguían intentándolo. Como un regalo de despedida tal vez, por los buenos momentos de estos años.
- A ver, intenta prenderlo.
Leonardo se hizo la dormida de nuevo al ver a su hermano darle la vuelta al coche para subirse e intentar prenderlo. Incluso se reacomodó cuando el motor comenzó con un sonido fuerte antes de finalmente prenderse por completo.
- ¡Eso!
Grito Quackity, para luego ser callado por Roier con “¡Shh!” por su hermano, aunque los dos rieron luego de ese segundo. Bajó del coche para cerrar el motor junto a Alex.
- Ya quedó cabrón. Te dije que sólo tenías que confiar en mí.
- ¿A poco sí mi amor?
Dapper se palmeó la frente en silencio y Richas escondió medio rostro con una de sus largas mangas. Siempre con esas frases que rompían el ambiente romántico. Esto no era como en las películas que había visto.
- Pues sí. Ahora sí, ya te puedes ir al premio de tu papá que tanto quieres. – y aunque Quackity rodó los ojos, Roier sonrió un poco preocupado por el tono de esa frase.
- Sabes que, si fuera por mí, me quedaba hasta el final, ¿Cierto?
- Siempre podrías ir y regresar luego…
- Es mucha gasolina y viaje para solo volver a irme a las horas de llegar.
- Los niños te van a extrañar…
- Qué me van a extrañar esos chilpallates. Son como pequeños monitos cavernícolas, en cuanto otro wey los haga reír ahí van a ir corriendo. – o eso se decía Roier para no ponerse triste de perder esto para siempre. Lo crean o no, le gustaba pasar sus veranos aquí.
- Sí, pero… pues no sé wey. Igual fue repentino, pero pues ya te dije todo el otro día, como quieras.
- Pfft. Cuando estas nervioso te pones a repetir palabras a lo puro pendejo.
- No me digas eso cuando tienes como 500 variantes para llamar a pepito.
- Aaah, cuídame a ese, de milagro sigue vivo ese niño.
- Va, va…
Y tras un pequeño silencio un poco raro, Roier se acercó a Quackity para darle un abrazo amistoso y fuerte.
- Bueno. Fue chido mientras duró. Al chile, de las mejores cosas que viví. – se separó un poco, para darle una sonrisa más de cerca a Alex. – Tienes mi número cualquier cosa.
- Sí… - Pero Alex estaba un poco más perdido en su tristeza y en observar los bonitos ojos almendra de Roier… - Ahí pa’ lo que necesites wey.
Ro le dio una última sonrisa amistosa, antes de subir al coche.
Los tres niños se vieron entre sí, para luego bufar cansados y molestos. A pesar de todos sus intentos, no había funcionado. ¡Ugh!
- Es que son estúpidos. – les susurró Dapper.
- Les dije… les dije. – Ramón negaba con el rostro, y Richas se cubría por completo el rostro esta vez.
Roier apagó y volvió a encender el coche solo para verificar que todo estuviera bien ahora, para alzar la mano desde su asiento.
- Nos estamos viendo pues. Cuídate wey.
- Va, va, cuídate Roier.
También alzó una mano y de brazos cruzados comenzó a observar comenzaba a alejarse lentamente por el camino de tierra para no crear tanto polvo ni hacer tanto ruido para los campistas. Los niños se escondieron no queriendo ser revelados por la luz que generaba el coche y se quedaron ahí quietos.
Si hubieran asomado la cabeza, habrían podido notar la expresión en el rostro de Quackity. La manera en que entrecerraba lo ojos, la manera en que presionaba la boca hacia un lado y apretaba con la mano derecha su brazo izquierdo.
Porque mientras más veía que esa placa tan familiar se iba alejando de él más iba procesando el hecho de que esto se había acabado. Las bromas estúpidas a los otros consejeros. Las risas mientras organizaban las actividades de la semana. Todas esas veces que venían otros consejeros a callarlos porque cantaban a todo volumen cualquiera estupidez con la que hayan iniciado un karaoke en la cabaña de alguno de los dos. ¿Y qué tal esas mañanas donde no había animo de levantarse a un arduo duro de trabajo y su sonrisa lo hacía ponerse las pilas? ¿O cuando todo valía la pena entrada la noche porque él estaba ahí con su risa y una baraja de UNO para relajarse?
Es que él… no quería perder todo eso. A pesar de que era inevitable… Porque lo era, ¿O no? Era inevitable que ellos simplemente se mandaran mensajes entre clases. Ocupados en la universidad… deseando que sea verano para volver a verlo, aunque sabía que ya no llegaría…
Totalmente… inevitable…
- ¡Roier! – gritó finalmente, corriendo los metros que había avanzado el coche. - ¡Roier! ¡Roier! – movía los brazos frenéticamente esperando que lo notara en medio de la oscuridad. Tenía que alcanzarlo antes de que saliera a la carretera.
Los niños se asomaron de tirón una vez más al verlo correr. ¿Estaba pasando? Dudaron un segundo si había sido demasiado tarde, pero los faroles traseros del coche se iluminaron de rojo mientras se detenía a la distancia. ¡Rayos! ¡No escuchaban nada! Tendrían que confiar en que serían informados por su último agente, la niña que luchaba por verse lo más natural posible en su papel, aunque moría de los nervios.
- ¿Qué pasó wey?
Volteó a ver a Alex que lo había alcanzado hasta su ventana, respirando un poco agitado debido a lo abrupto de la carrera. Quackity lo miraba directamente a los ojos, en un silencio que no era incómodo de alguna manera. ¿Por qué? ¿Era porque Roier sabía que él era medio pendejo o acaso tambien esperaba que dijera algo en especial…?
Y es que Alex siempre había sido un idiota para hablar sobre sus sentimientos. Siempre terminaba jodiendo a morir a quienes les gustaba, y sabía que el otro era parecido a él en ese sentido, pero… No lo entendería si no se lo decía. Lo había comprendido tarde, cuando Roier comenzó a salir con alguien más, y ahora que estaba soltero era su oportunidad, y aunque lo intentó mil veces… nada salía.
- ¿Qué pasó wey? Tengo que irme.
Lo presionaba, pero sus cejas pobladas se arqueaban, aun… esperando.
- Yo… - tenía las mejillas rojas. Subió una mano a su gorro y lo jaló, cubriendo su frente y desviando la mirada al camino de tierra. – Quería saber si a ti… te gustaría salir conmigo alguna vez…
- … ¿A tomar algo? – preguntó Roier, queriendo más… detalles.
- Sí, ya sabes, de compas.
- Oh…
- ¡No! ¡Eso no! ¡Agh! – apretó más el gorro antes de suspirar y acomodarlo, tratando de tomar todo el valor que había tratado de reunir durante tres años. – Salir… salir de algo más… salir de… besarte y tomarte de las manos y todas esas cosas gais… que no es que tenga algo de malo, al contrario, yo…
- ¿Como… una cita?
Alex tardó, pero terminó asintiendo lentamente. De nuevo otro pequeño silencio, antes de que Roier riera pasando el dorso de su mano a cubrir sus labios.
- No mames pendejo, pero si San Diego está lejos de Los Ángeles.
- En coche son dos horas nada más.
- ¿Y quieres que yo las conduzca wey? – la sonrisa de Roier le daba más confianza y esperanza, por eso rápidamente contestó.
- Yo las conduciré por ti. Si aceptas, claro…
Roier lo torturó por unos segundos más.
- … Está bien pues, ¡Pero no me lo vuelvas a decir a último minuto porque te dejo plantado pendejo!
- … ¿¡De verdad!?
- ¿Te mentiría con eso?
Roier se enterneció al ver a Quackity erguirse más de la emoción, para luego inclinarse a robarle un beso desde esa ventana. Ahí fue donde al chico le pegó la vergüenza también.
- Perate pendejo, ¡Invítame un café primero!
- Va, el domingo a las siete.
Ambos estarían libres para entonces, y aún quedaba algo de tiempo antes de que la universidad los llamara… Roier rio, alzando los hombros. Qué idiota.
- Ni un minuto tarde~ - y ahora sí, temiendo que se le saliera algo sentimental, volvió a arrancar el coche. – Adiós pato.
- Va, nos vemos… -
Alex se alejó de la ventana, viendo como este avanzaba hasta adentrarse en la carretera y perder la luz en la distancia.
Los niños esperaron unos minutos más, para finalmente Richas y Ramón chocar las palmas y Dapper suspirar. No necesitaban la confirmación de Leo para saber que todo, al fin, había salido bien.
El rostro de idiota enamorado con el que regresaba Quackity era más que suficiente.
