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Los hermosos girasoles de la primavera se alzaban al amanecer con el primer toque de un rayo de sol. Las aves comenzaban a cantar sus hermosas melodías al despertar. La vida empezaba a relucir y Charles se rehusaba a levantarse.
"Joven Xavier," lo llamó su nana, "tiene que ponerse de pie." Charles intentó abrir sus ojos pero el cansancio se lo evitaba.
"¿Porqué?" Preguntó exhausto y carraspeó, dando media vuelta en la cama. Dándole la espalda a su nana.
"Hoy llega el barco de tu padre y debemos recibir a—" su voz se cortó y Charles entre-abrió los ojos curioso de saber qué la había callado. Su nana estaba parada junto a su cama con ambas manos sobre sus labios.
"¿A quién?" preguntó Charles finalmente sentándose en su cama. "¿Quién llega en el barco?" La nana sólo negó con la cabeza y siguió con sus deberes, sin antes dejar la ropa de su amo sobre su cama.
"El desayuno está listo, no quieres hacer enojar a tu madre." Su nana se retiró y Charles exhaló.
"No importa, ella siempre estará enojada conmigo."
~•~
El comedor Xavier era uno de los lugares que más se apreciaban de toda la mansión: era enorme y estaba completamente hecha de madera de la más fina; la mesa estaba en el medio, detrás de ella había una chimenea y por encima de ésta había un cuadro de la familia, pintado al óleo, enmarcado en un finísimo diseño hecho de plata. La mesa estaba acompañada, a un metro o un poquito más, por unos enormes ventanales que daban al bello jardín inundado de florecillas de todos colores y tamaños.
La mesa abundaba en comida pero carecía de familia. Xavier, bien vestido, se sentó en una de las cabeceras e inmediatamente, sus sirvientes, comenzaron a servirle todo tipo de comidas y bebidas. Charles negaba con la cabeza débilmente, no le gustaba parecer superior a ellos. Le molestaba. Odiaba como su madre los hacía sentir inferiores, pero Charles ya había discutido sobre esto con ellos y ellos le explicaron como les era imposible tratarlo como un igual al estar su trabajo de por medio.
Eran tiempos difíciles, Europa se veía en problemas con el surgimiento de un líder soberbio y pedante: Adolf Hitler. Reino Unido apenas había cortado su comercio con Alemania y parecía que habría una guerra tarde o temprano; pero Charles sólo se concentraba en embarrar su tostada con un poco de mermelada.
"Can you hear the people sing?" comenzó a cantar mientras preparaba su desayuno. "Singing the song of angry men."
Después del desayuno, Charles subió las escaleras y encontró a su padre hablando, de una forma no del todo común, con su madre. Su madre miró a Charles y en ese momento la conversación terminó.
"Querido," su madre caminó hacia él y su padre sólo la miró con resentimiento, "dile a tu padre que no estás dispuesto a compartir tu hogar con sucios animales."
Charles miró a su papá y luego sonrió.
"¿Los visitantes son animales?" su inocencia hizo que una carcajada desvergonzada se le escapara a su madre. Su padre sólo frunció el ceño y negó con la cabeza.
"Son personas." el Señor Xavier clarificó y Charles dejó ir su sonrisa. "Son personas que necesitan de nuestra ayuda en estos momentos y yo estoy dispuesto a compartir mi hogar con ellos porque lo que les está sucediendo a ellos, y a su país, es injusto." La Señora Xavier dejó de reír y lo miró con un fogoso odio.
"Por algo los odian en su país, Brian." Su madre escupió y Charles no pudo evitar levantar sus cejas en asombro y disgusto. Odiaba escuchar tales cosas sobre un cierto grupo de personas. En el fondo, Charles sabía que todos debían ser tratados por igual y que no debería de haber odio a ciertos grupos sociales. "Por algo se escapan. Deberías dejarlos en su miseria. ¡Nos van a robar y cuando nosotros estemos en miseria, todo será tu culpa!" Brian inhaló lo que pudieron sus pulmones de oxígeno antes de retirarse cuando pudo haber abofeteado a Sharon ahí mismo. Charles, por otro lado, miró a su madre.
"Eso no es cierto." Afirmó indignado. "Churchill lo ha dicho: Hitler está loco y no tiene fundamentos justos para cometer esas barbaridades en contra de los Judíos y su pueblo…" Su madre lo miró y él pudo notar el alcohol en sus venas, sus ojos perdidos, su aliento a whisky. Charles apretó los labios con desilusión y giró para seguir a su padre.
Charles sólo pudo escuchar un grito de su madre. Le rogaba que regresara y no le diera la espalda, pero ya era muy tarde: Charles había decidido no hacerle caso a Sharon Xavier.
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La nana de Charles, Dorothy, interrumpió la lectura del joven casi a media tarde.
"No bajó a comer, Joven Xavier." La mujer musitó con una charola llena de comida en las manos. "Le traigo un poco de comida." Charles se asomó por detrás de su libro y miró a su querida nana: la mujer había envejecido últimamente con todos los regaños que su madre le propiciaba cuando 'hacía algo mal'. Sus mejillas estaban por caerse y sus manos tenían ya marcada su edad. Charles sonrío suavemente y asintió con la cabeza.
"Eres muy amable, Dorothy."
"Estoy para—" Charles la miró y frunció el ceño, luego levantó una ceja. "Digo, es lo mínimo que puedo hacer por usted." Charles exhaló.
"¿Mi madre asistió al comedor a la hora de la comida?" preguntó Charles curioso de saber si su madre era igual de inmadura que él: evitando al enemigo a toda costa para evitar conversaciones y momentos incómodos.
"Sí." Dorothy ayudó a Charles a acomodar la charola correctamente para que ningún platillo perdiera el equilibrio. Charles apretó sus labios hacia adelante y Dorothy sonrió. "Su madre, con todo el respeto, es una mujer inculta."
"Lo sé." Charles respondió dando una probada a la crema de papa que Dorothy y las cocineras le habían preparado. "Está delicioso, Dorothy." Comentó, haciendo que la pobre mujer se pusiera nerviosa.
Dorothy siempre había soñado con tener un hijo y Charles lo había podido… predecir de alguna manera. Creyó que ella misma la había confesado que había escapado de un matrimonio forzado hacía ya 25 años pero Dorothy negó haberle confiado algo que— jamás podría confesarle a un chico de 17 años. Charles nunca pudo explicar ese evento pero, desde entonces, dejaba que Dorothy lo tratara como su propio hijo aún enfrente de su propia madre. Dorothy amaba a Charles como su hubiera salido de su propio vientre y Charles la amaba como si fuera su propia madre.
Aunque los malcriados de la dulcería de Westminster se burlaran de él por tener una 'madre' negra. A Charles se le hacía indiferente. Colores, tamaños y formas… en un humano eran irrelevantes para obtener derechos, trabajo, respeto. Pero Charles no podía luchar sin antes probarlo de alguna manera.
El joven Xavier terminó su comida y su padre entró en la biblioteca, saludó a Dorothy (quién se despidió y retiró la charola inmediatamente) para informarle a Charles que el barco había llegado; y con él, sus invitados de honor.
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Charles y su padre, Brian, viajaron en su auto hacia el puerto para recibirlos cordialmente. Al llegar, Charles no pudo evitar admirar el océano y al enorme barco que estaba frente a él, casi tapándole a la vista.
Brian se adelantó, dejando a Charles admirar el puerto al Este de Londres. Charles observaba a la gente, a los maleteros, a las gaviotas. Todo le parecía fascinante pues no salía mucho de casa y era la primera vez que recibía a alguien en el puerto. El sonido de los metales y murmullos de la gente lo hacían sonreír, aunque tenía el presentimiento de que los murmullos parecían aumentar sin que el número de personas lo hiciera.
Comenzó a observar las bocas de las personas a su alrededor para poder distinguir las voces, ya que los murmullos se hacían cada vez más fuertes, cuando una mano tocó su hombro.
"Él es Charles," era su padre. Charles había saltado un poco del susto y se sonrojó al ver a la familia junto a su padre, "es casi de tu edad, Erik." El chico, Erik, se esforzó en levantar la mirada e hizo una media sonrisa a Charles. Charles sonrió y saludó a los padres de Erik, disculpándose por no ponerles la atención debida al principio. Los señores Lehnsherr le sonrieron y le dijeron que no había problema, con un acento muy alemán.
"Espero que disfruten de su estancia en Inglaterra." Comentó Charles abriendo las puertas de su carro para dejarlos entrar.
En el camino, Charles pudo escuchar una voz murmurar algo en alemán, pero no pudo confirmar si venía de Erik o de alguien más.
