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Triple destiny.

Summary:

Algo en la mente de Zuko no creía en tal absurda situación... ¿Un trío? ¿Con Katara? Bendita primera experiencia sexual tendría con la sureña.

(si, el titulo es una asco)

Notes:

Lemon (Y One shot) que se me ocurrió al leer la grandiosa historia de ErsatzErmine.

 

Me inspiré al leer el capitulo 6 de su obra "Across Deep Waters"
Necesitaba escribir cómo terminarían estos tres si la respuesta de nuestros Maestros hubiera sido diferente.

 

Así que si quieren entender mejor el contexto tras esto, vayan a leer la historia.

 

Me disculpan desde ya si se les hace muy denso o confuso.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

ᅠᅠ · ࣪ 

 


 

 ¿Cómo podrían las cosas salir tan mal? Porque... Esto estaba mal ¿Verdad?

 

Los ojos de Zuko se posaron en la curvilínea figura de la chica del reino tierra, tenía un cuerpo bonito... Pero era el cuerpo junto a ella lo que lo tenía inquieto.

La situación en el ferry pasó por su cabeza y juraba que su miembro empezaba a querer despertar.

La piel morena de la Maestra Agua contrastaba con la de Jin, las manos de esta trazaban suaves caricias en su brazo. La mirada de Katara iba de ella a los ojos dorados del Maestro Fuego.

Tragó saliva, no podía creer que había aceptado.

Que habían aceptado.

Los labios de ambas mujeres se rozaron luego de que Jin dejara bien en claro lo que esperaba de ellos esa noche.

 


 

Unos momentos antes...

 

Cientos de ideas pasaron por su cabeza al salir del restaurante. Desde huir como alma que lleva el diablo y dejar a Zuko sólo con su nueva amiga, o insistirle que fingiera que estaba enfermo, hasta similar el vomito si era necesario.

Sin embargo... Algo en ella había despertado, una curiosidad creciente que creyó haber enterrado.

No había muchos chicos de su edad en la aldea, ninguno que llamara la atención de la joven maestra agua. Pero había un par de chicas, tan solo un año menor. Y quizás, jugando...

Sus labios habían rozado los de una de ellas.

Quizás los labios de ambas.

Quizás no solo una vez.

Pero fue algo que juró enterrar.

 

Katara volvió al presente tan rápido como observó las escaleras a la pequeña pieza de Jin.

Me preguntaba si... Querían entrar. Tengo algo mejor que el té si están cansados de beberlo. — Una risa acompañó a la chica. Zuko fue rápido en aceptar.

Por los espíritus, lo que sea con tal de no probar otra taza de té. — Quizás su tío se molestaría por eso, pero no estaba cerca para reprenderlo.

Zuko se adelantó, dejando a Katara atrás. Más eso no evitó que mirase en su dirección, se inclinó y tomándola de su muñeca la jalo hacía las escaleras.

Por nada en el mundo entraría sólo a esa cueva de lobo. Porque la mirada que le dedicó la chica del reino tierra era de un lobo, uno vestido con piel de oveja.

Katara maldijo entre dientes ¿Cómo podía ser tan despistado? ¿No sabía interpretar las señales de una chica?

Cada paso de la escalera crujía un poco, pero eso no los detuvo de llegar al segundo piso. La puerta se abrió dejando ver una pequeña sala de estar bastante acogedora.

— Traeré el alcohol. — Jin rápidamente fue hasta la cocina cruzando el umbral de la puerta.

Katara se acerco al maestro fuego, pellizcando uno de sus costados.

— ¡Eres un idiota!— Pronunció lo más bajo que pudo. — No oíste antes lo que dijo en el restaurante, pero...

Se escuchó el ruido de varías botellas moverse... ¿Cuanto alcohol podría tener guardado?

Con un suspiro Katara terminó de hablar. — No solo está interesada en ti. 

Los ojos de Zuko se abrieron con asombro, luego miró hacia la puerta y negó con la cabeza. — Estás diciendo tonterías. — Y dicho esto, se sentó en una silla cercana.

— Estoy hablando en serio, me lo dijo. Siendo muy explicita, Lee...

Katara, somos prácticamente desconocidos...

— Eso es exactamente lo que el sexo causal requiere.

Por favor, no nos va a pedir algo así.

 

Algo en la mente de Zuko no creía en tal absurda situación... ¿Un trío? ¿Con Katara? Bendita primera experiencia sexual tendría con la sureña.

No.
No.
Ni siquiera debería pensar en algo así. Menos con ella.

 

Su mirada se fijó por un momento en la de Katara, quién solo miraba con nervios la puerta por donde desapareció Jin... No. No eran sólo nervios.

¿Acaso era... Deseo?

Muy pocas veces había visto esa expresión, pero recuerda muy bien como esa caza recompensas se comía con la mirada a su tío de forma "discreta".

Oh... Ella.

Agni, estás interesada.

— ¿Qué? ¡No! — Sus mejillas estaban rojas.

Zuko iba a responder que no juzgaba, pero unos pasos lo interrumpieron.

¿No deseabas beber? — El tono de Jin parecía decepcionado.

— No, no. Digo sí. Es decir, sí deseo beber. — La expresión de Jin volvió a ser risueña, aunque pronto sonrió provocativa mente.

Es bueno saber que les gustó la cita. — Dejó una bandeja con tres pequeños vasos y una botella de licor. — Aunque no ha terminado, podemos divertirnos de muchas formas más... — Sirvió el licor.

Esa oración fue suficiente para Zuko. Katara tenía razón.

Agarrando su vaso, Zuko bebió por completo su trago. Quemaba en su garganta, pero de alguna forma necesita desacelerar todas las sensaciones que estaba experimentado.

No estaba siendo retenido, sus manos y pies estaban libres. Podía irse en cualquier momento, inventar una excusa vaga y salir corriendo.

Pero algo no lo dejaba hacerlo.
¿Quizás sentía la misma curiosidad que Katara?

 

La nación del fuego a pesar de su atrocidades cometidas en los últimos cien años de guerra siempre había sido un país liberal en esa aspecto... el sexo no era Taboo, tampoco la práctica para mismo género. Agni no tenía distinciones... Aunque con la llegada de su padre al trono esto había cambiado ligeramente.

 

~ Ah ~

 

Salió de su ensoñación gracias al agradable sonido que escapó de los labios de la maestra agua. Al parecer el sabor del licor le había gustado. Notó que Jin también lo había escuchado, en ambos generó la misma reacción en su cuerpo. Un escalofrío agradable... Se preguntó que otros sonidos podía hacer.

¿Qué dices, Katara? — Oyó a Jin preguntar, deslizándose en su asiento para dejarle espacio, no se había sentado aún.

Katara tomó asiento, cerca de ella con las mejillas apenas sonrosadas gracias al alcohol.

— Creo que estaría bien... Entretenernos.—

¿La Maestra Agua sería un amante tímido o sería quién tuviera la iniciativa? Zuko estaba dispuesto a comprobarlo.

Entonces es momento de divertirnos.— La voz de Jin sonó seductora para ambos.

Katara miró de reojo a Zuko antes de acercarse a Jin, siendo ella la primera en rozar sus labios, sorprendiendo al maestro fuego por tal arrebato de valentía.

 


 

Presente..

 

La mente de Katara no estaba siendo del todo racional, no quería hacerlo. Jin era una chica muy linda y desde la cena, después de su esa interesante propuesta, por su cabeza pasaron muchas cosas. Besarla había sido una de ellas, quiso saber qué tan diferente podía sentirse ahora besar a una chica...

Ambas estaban sentadas en un sofá, lejos de Zuko. Sintió la mano de Jin sobre su brazo y ella... Ella ya había juntado sus labios, las dos mujeres se besaban con una calma que apenas duró un segundo, pues el deseo a lo nuevo era inigualable.

Zuko se había quedado sin aliento, su boca entreabierta, mirando la erótica escena. Era nuevo en esto... No había visto muchos tríos en su vida.

Agni, dame fuerzas.
Zuko pensó.

Tragó saliva, sintiendo como la mano de Jin que estaba libre le hacía señas para que se acercara. La cual el maestro fuego hizo caso de inmediato.

Jin sintió el peso de un nuevo integrante en su sofá, así como la calidez que desprendía del cuerpo de Zuko. Sus labios tocaron la tersa piel de su cuello.

Lee~.Jin gimió su nombre y esto a Katara no le había gustado en absoluto. Era ella quién la estaba besando. Era su nombre el que debía gemir.

En un arrebato de puros celos los labios de Katara capturaron una vez más los labios de la chica de la tierra. Siendo un beso más agresivo, atrayendo su cuerpo al de ella. Sintiéndose complacido al oír la serie de gemidos que ahogó contra sus labios.

Esto hizo que el cuerpo de Zuko se inclinara hacia adelante pues estaba concentrado en su tarea. Ahora estaba besando su hombro desnudo, las manos del príncipe habían hecho la túnica ajena a un lado para dejar su piel a la vista.

Jin no esperaba que ambos tuvieran la iniciativa, ambos parecían querer dominar por sobre el otro. Y eso le encantaba. 

Una risita soltó mientras se inclinaba más hacia la maestra agua, invitando a Katara a arrodillarse mientras ella se acomodaba.

Ahora Katara estaba entre sus piernas, apoyada en sus rodillas al igual que el Maestro Fuego, más este seguía detras de la chica de tierra, besando su cuello y hombros, sujetándola por su cintura con suavidad.

Hm~ Chicos. Esto es estupendo. — Las manos de Jin buscaron de nuevo el trasero de Katara, apretando con fuerza para sentir sus grandes pechos. No pudo dejarlos de mirar en toda la noche. No había comparación con los propios.

La Maestra Agua no podía creer lo que hacía, no podía creer que se había atrevido a hacer esto... Con Jin, con Zuko allí. Y no sentía remordimiento alguno. 

Tanto tiempo sin tener un buen encuentro... Un buen amante. Y ahora tenía dos a su disposición.

Sus manos querían tocar a la chica como ella lo hacía, así que estiró sus manos pero en el camino tocaron las de Zuko al querer adentrarse más en ese juego peligroso.

Sintió una descarga  eléctrica a partir de sus dedos, recorriendo su espalda de una forma intensa... Ambos maestros se quedaron quietos.

¿Qué había sido eso?

Sus ojos se abrieron y se encontró con la mirada dorada de Zuko, con la misma expresión de asombro, para pronto oscurecerse de deseo.

El agua era un transmisor de electricidad... ¿No?

Jin podía sentir lo que ocasionó ese mínimo toque. Su trasero podía sentir algo duro, caliente, reposando contra uno de sus glúteos, aún con su tela sirviendo de escudo.

Los pezones de Katara se habían puesto duros. Y de pronto la mente de la chica de la tierra se preguntó qué tan oscuros serían sus pezones...y que tan rosada sería la polla del refugiado Lee.

Su culo frotó contra la erección del hombre y sus manos dejaron el trasero de Katara para jugar con sus pechos.

Soltó una maldición la maestra agua mientras su espalda se arqueaba.

Jet... Maldito frígido de mierda ¿Por qué nunca la tocó así...?

— Jin. — Katara gimió contra sus labios en la primera oportunidad que tuvo, sus manos frías se habían colado por debajo de su ropa.

Y justo en ese momento fue el turno de Zuko de sentir celos... ¿Está noche sería capaz de gemir su nombre así?
Contuvo las ganas de decir algo, las caricias en su pene estaban robándole la atencion y la cordura.

Empujó, varias veces contra ella, sin apartar sus manos de su cintura. Disfrutando del lascivo roce. De pronto sintió la mano de Jin entre sus pantalones, adentrándose por cualquier tela molesta. Maldijo para sus adentros. Su mano estaba fría pero se sentía bien.

 

Con lascivia la chica del reino tierra habló.— Oh~ Es grande. — Había tomado su longitud con su mano, no alcanzaría solo una para tomarlo por completo. Y en esa posición sería un poco incómodo pero no quería desatender al exiliado.

Sus palabras hicieron que Katara volviera a fijarse en el maestro fuego, quién tenía ya las mejillas sonrojadas. De deseo. De vergüenza. El halago había inflado su ego, también su miembro. 

Katara empujó contra sus cuerpos, estirando su mano derecha nuevamente hacia adelante, pero no sé detuvo en Jin, la punta de sus dedos tocó el abdomen plano del Maestro Fuego y una nueva oleada de electricidad los azotó, pero eso no la detuvo en seguir moviendo su mano hacia abajo, sintiendo el camino de vello púbico hasta lo que le interesaba comprobar.

Rozó la mano de Jin y continuo hacia arriba, rodeaba con sus dedos el resto de la polla de Zuko, concentrándose en la punta. Todo esto sin dejar de mirarlo.

Zuko debía agradecer su autocontrol, porque fácilmente pudo haber manchado la mano de ambas. Tuvo que cerrar sus ojos, mordió a Jin para contenerse mientras reprimía el gemido que ocasiona ser masturbado por ellas. Dejó una marca en su hombro.

Katara era una muestra habilidosa, su mano libre se deslizó por el muslo de Jin, metiendo su mano dentro de su vestido, subiendo lentamente por la cara interna de su muslo.

Ups, lo olvidé... — Sin ropa interior los dedos de la sureña se deslizaron con facilidad entre los húmedos pliegues. Y cómo compensación por su tacto la chica del reino tierra volvió a atender sus pechos con su mano libre.

 

Retomaron los besos pero esta vez fue Zuko quién probó a la de ojos verdes al hacer que girase su cuello un poco. Katara ahora besaba su cuello y hombros. Zuko se sentía extasiado, los labios de la chica tenían un gusto particular... Su lengua se deslizó entre sus labios, buscando más de ella.

Jin también estaba extasiada, por un lado la dureza palpitante y los deliciosos besos del hombre tras ella y por otro los dulces labios sobre su piel de la belleza exótica frente a ella. Su plan había salido a la perfección. 

No sabe cuánto duró esa faena, lo único que sabía era que se turnaban para besarla, tocarla. Zuko no pudo aguantar más y con suma delicadeza apartó las manos de ambas chicas de su polla.

Podrán atenderla más tarde. — Porque por Agni, hará que cada una vuelva a tocarlo. Pero no iba a ser quien se corriera primero.

Las palabras de Zuko hicieron cosquillas en su oído. "Más tarde." Pensó Katara, impaciente. La túnica de la maestra tierra se había deslizado más hacia abajo y ahora podía ver el comienzo de sus senos.

El Maestro Fuego tomó la iniciativa de subir la prenda por encima de su cabeza y dejar el torso de Jin al desnudo. Sin embargo cuando Katara se dirigía a sus pechos, la mano de Zuko se interpuso cubriendo con su brazo su desnudez, empujando contra su cuerpo. Jin arqueó su espalda y el príncipe gimió por lo bien que se sentía bajo sus brazos.

Cambiemos. — No fue una petición, su tono lo demostraba. Jin como pudo se soltó de su agarre cuando él aflojó y de esa forma le dió la espalda a Katara. Los brazos de Jin rodearon el cuello de Zuko, este pudo jurar que el ambiente se volvió más frío por unos segundos. Sonriendo contra los labios de la mujer por el arrebato de celos que tuvo la maestra, para calmarla Zuko estiró su mano hacia ella.

Katara tontamente entrelazó su mano, pero Zuko tenía otros planes que ameritaba darle atención a su pecho pero para eso necesitaba más piel expuesta.

Katara aún así llevó sus manos entrelazadas por debajo de su prenda, dejando la mano de Zuko sobre su seno izquierdo. Mientras, admiró la vista que ambos le daban... Katara debía admitirlo, encontraba sumamente sexy lo territorial que demostraba ser el Maestro Fuego.

 

Zuko se sentía en lo alto, la suavidad de su pecho, el tamaño. Era perfecta. Su boca no dejaba de atender los labios de la mujer de ojos verdes, pero su mirada estaba perdida en ese océano agitado que se había formado en los ojos de la maestra agua.

Maldita seas, Maestra Agua.

 

Frustración creció en él, al tal punto que aprovechando que Jin estaba de espaldas a ella usó su fuego control. Fue mínimo, pero lo suficiente para quemar puntos estratégicos en su camisa, la tela cayó al suelo dejando ver el pecho desnudo de la maestra agua. Su mirada demostró lo mucho que le gustaba la vista, podía mirar su torso desnudo todo la noche. 

 

— Maldito seas, Zuko. — Movió sus labios, no hizo ningún sonido pero Zuko podía saber perfectamente lo que dijo y sólo pudo excitarse más ante su insulto. Ya resolverían el problema de su vestimenta. Sin apartar su mirada besó con más agresividad a Jin, pero en ningún momento apartó su mirada de Katara.

Katara apegó su pecho desnudo contra la espalda de Jin, esto la hizo jadear. Frotó sus pechos contra ella y besó su espalda suavemente. Había demasiadas sensaciones ocurriendo al misma tiempo, estaba caliente y sensible. Y necesitaba más que la mano de Zuko, deseaba aún más y de esto pareció saber el hombre, porque con una fuerza que jamás llegó a imaginar que fuera placentera, apretó su seno. Pero Katara era más recia y sin despegar su mirada de él no produjo ningún sonido, mordió su labio con tanta fuerza que sangre resbaló por su comisura. Zuko volvió a maldecir. Cómo le encantaba retarlo.

 

De pronto las manos de Jin empezaron a desabotonar la camisa del Maestro Fuego. Ahora estarían en igualdad de condiciones. Jin estaba complacida al ver el pecho de Zuko, el torso de un soldado aunque Jin no pudiera saberlo. Cicatrices de heridas pasadas, débiles quemaduras imperceptibles para alguien más pero no para la Maestra Agua. Katara pudo notar que no estaba igual de musculoso que antes cuando los perseguía, pero seguía teniendo un cuerpo bonito... Uno muy ardiente.

Estás cómo me imaginé. — los demás refugiados no se compraban con el cuerpo del príncipe. Bajó su pantalón y contuvo la respiración. — Justo como me imaginé. — Katara maldijo para sus adentros cuando oyó el gemido lastimero de Zuko cuando al parecer, Jin sujetó su polla con demasiada fuerza.

Zuko tomó su muñeca, desvío su mano y la dejó sobre su abdomen plano. — Tienen demasiada ropa. —El príncipe masculló.

 

Katara escondió su camisa semi quemada, tirándola lejos. Y él se levantó del sofá tan solo para ubicarse en el centro, mirándolas bajó sus pantalones, junto al resto de sus prendas. Totalmente desnudo, el príncipe exiliado extendió sus brazos por el respaldo del mueble. Las observó en silencio por unos segundos, ellas igual lo hicieron.

 

Estaba como los espíritus lo trajeron al mundo, con algo latente entre sus piernas que no aguantaban por probar.

Ambas estaban a cada lado de él, todavía con demasiada ropa para gusto.

Quítense la ropa.  — Una nueva orden que ambas cumplieron con rapidez, Katara mostrándose más orgullosa, esperando a Jin para después ser ella quién se desprendiera del resto de su vestimenta de última. 

Sus cuerpos eran tan diferentes pero a la vez majestuosos. El príncipe creyó que se acercarían a él. Qué iluso.

Jin dio rienda suelta al deseo de antes, sé abalanzó hacia la maestra agua. Sus labios tocando sus labios, sus manos sujetando con fuerza ese enorme trasero. Y Zuko, él miraba con lujuria lo sensuales que podían ser con tan sólo hacer eso. Sintió la necesidad de tocarse, su mano cubrió su miembro y empezó a bombear muy lento. Fue solo un par de segundos.

 

Chicas. — Llamó, casi desesperado. El gemido de Jin al Katara morder su labio lo hizo gruñir. — Vengan aquí. — Tiró de ellas, sentando a ambas a cada lado de su cuerpo. Necesitaba probar a la Maestra Agua y Jin no fue tonta al ir por su cuello mientras él y Katara se veían con intensidad. 

Dorado y Azul.

Por fin.

Pensaron ambos.

Cuando sus labios se encontraron, ambos gimieron contra sus bocas. No fue un beso suave, fue uno necesitado, desesperado... ¿Hace cuanto no deseaba besarla de esa forma? Su mano sujetó la nuca de la maestra, sus lenguas danzaban a un ritmo agitado y placentero, estuvieron así minutos enteros.

Pero ambos necesitaban recuperarse, rompieron el beso mientras sus jadeos se escuchaban por toda la sala. Zuko brindó una caricia en su nuca, Katara lamía sus labios sin siquiera ser consciente de la distancia, de lo que hacía por el deseo de probar nuevamente esos labios.

— Lee...— se oyó cargado de excitación, los oídos del maestro fuego fueron bendecidos. Sí, la haría gemir su nombre más adelante, su verdadero nombre.

 

Katara...— respondió en voz baja, mirando después a la chica a su lado.

Por su parte la chica del Reino Tierra atendía con besos su cuello, su pecho, ya estaba bajando por su abdomen cuando escuchó a Katara gemir el nombre ajeno. Ahora era su turno de hacerlo gemir su nombre y para eso su traviesa lengua formó un circulo alrededor del glande de su nuevo amigo. Con eso fue suficiente para saborear el líquido preseminal del príncipe. El cuál su lengua se encargó de limpiar.

Jin, mierda...— Los labios de Katara volvieron a tomar posesión de los suyos, su mano se deslizó por su espalda desnuda, hasta acunar su nalga con una de sus manos. Apretó con necesidad, mientras ella apegaba su cuerpo al ajeno, sentía sus pechos sobre su costado, contra su pecho. Los labios de Katara eran un trocito de cielo, al igual que la boca de Jin, quién lo atendía tan bien. Miró hacia abajo. Esta se arrodilló en el suelo, entre sus piernas lamiendo desde la base de su miembro hasta la punta. Así, durante varios viajes donde Zuko solo podía gemir de forma ronca, varonil, se deshacía bajó la boca de ambas. 

Y antes de que Zuko la detuviera, ella se incorporó limpiando sus labios con el dorso de su mano.

Tienes mucho aguante. No es de extrañar que seas un hombre fuerte.— Volvió a tomar asiento a su lado. Y de esa forma ambas chicas retomaron los besos de antes, todo bajo la dorada mirada del exiliado príncipe. Pero Jin empezaba a sentirse impaciente, la humedad entre sus piernas se hacía notar y la necesidad de sentir aún más a Lee la llamaba. 

Sin dejar de besar a la maestra agua, se deslizó por el cuerpo de Zuko hasta estar sobre su regazo. La vista del Maestro Fuego estaba en ella, fijamente, deseoso por más. Este sujetó su cintura con una mano y con la otra guío su duro miembro hasta la entrada de ella. A su vez, miraba a Katara, tratando de descifrar lo que pasaba por su mente.

 

No había celos, ni envidia. Mirar cómo Zuko se abría paso en Jin la calentó de una forma que jamás se imaginó. La expresión de éxtasis de ambos fue su recompensa, ella sentía la necesidad de aliviar el calor entre sus piernas y su mano la ayudaría con ese cometido. Zuko quiso estirar su brazo pero ella lo desvío a sus pechos, ella misma haría el trabajo de masturbarse mientras veía a Jin montar a Zuko.

Con la mano libre sujetaba con fuerza las caderas de la chica, sintiendo como su interior arropada su miembro. Se sentía muy bien, era obvio que la chica tendría experiencia. Lo montaba de una forma ejemplar. 

 

Lo gemidos de ambas chicas se mezclaban, rebotaban en las paredes. Esperaba que los vecinos de la chica no irrumpieran con toques molestos por el ruido que empezaban a hacer. Porque en cuanto Zuko comenzó a moverse contra su cuerpo una vez ella terminó de acostumbrarse a su tamaño, solo su nombre falso resonaba por todo el lugar.

De reojo miraba cómo los dedos de la maestra desaparecían entre sus piernas, notaba cómo dos de ellos se hundían en ella. Su expresión de éxtasis, la forma en que gimoteaba y parecía murmurar... Era perfecta.

 

A-Ah. — Está vez fue de su boca que escapó un gemido. Su cuerpo estaba centrado en brindarle placer a la de ojos verdes, su mano, a la maestra agua. — Déjame. — Suplicó, Katara cedió ubicándose mejor en el sofá. Desde allí la vista a su centro lo dejó en absoluto trance. Su piel ligeramente morena lo llamaba, su mano se deslizó hacía ella, sus dedos acariciando su centro, resbalando. Remplazó los dedos ajenos con los suyos, arrebatando un gemido de lo más profundo de su garganta. 

 

De esa forma los tres estaban recibiendo el placer merecido, Katara debía admitir que era fascinante. La idea de compartir un momento como ese de tal forma, estaba en una nube de placer. Jin no paraba de mover sus caderas contra Zuko y al parecer por la cantidad de palabras sucias que de su boca salía, no iba a tardar mucho llegar a su clímax 

Con un fuerte grito se liberó, con el miembro del príncipe aún en ella. Zuko sintió su cuerpo temblar contra el de él y aún así, nunca dejó de masturbar a la Maestra Agua. Pero sus dedos no serían suficientes, sujetando su muñeca lo hizo detenerse. Había disfrutado, pero ahora sería su turno de montarlo.

 

Jin se tomó unos segundos para reposar sobre el pecho de Zuko antes de que totalmente satisfecha se hiciera a un lado. Katara la besó brevemente y después tomó posición sobre el Maestro Fuego, la ensoñación de este desapareció en el momento que sintió el cambio de peso. Katara era más alta que Jin, tenía mayores curvas y unos muslos que desde el primer momento no pudo dejar de mirar en cada oportunidad.

El aguante del príncipe era esencial, agradecía que su dureza no había amainado. Katara fue más rápida, no pensó en las consecuencias de caer de lleno sobre el pene del maestro fuego. El calor que desprendía el cuerpo de Zuko la azoraba y claro, estaba su tamaño, no era algo de lo que estaba acostumbrada. Sus ojos cristalinos por unos segundos observaron al príncipe, el cual llevó ambas manos a sus pechos y los mimó mientras ella se acostumbraba. Él la sentía estrecha, por un segundo pensó que tal vez sería su primera vez, pero se desenvolvía muy bien para ser así. No le dio mucha importancia.

Jin se encontraba a un lado, mirando la escena mientras su pecho subía y bajaba por todo el esfuerzo, el orgasmo aún sacudía su cuerpo.

Echándole un rápido vistazo a la chica, Katara dejó sus manos sobre el pecho del Maestro Fuego y se movió, tomándolo por completo con una suavidad que sorprendió al mismo Zuko. Por unos momentos sus manos se afianzaron con fuerza, provocando que sus uñas lastimaran su piel pero esto a Katara no le importó.  — Tan... tan bueno.— Exclamó, tomando más confianza en sus movimientos.

Te sientes muy bien. — La voz cargada de excitación del príncipe la tenía en una nube, se elevaba más y más alto en cada movimiento, la cintura de Katara se movía con lentitud, Zuko había dejado que tuviera todas las decisiones. Ella estaba al mando. Se acostumbró rápido al tamaño del príncipe y dejándose llevar por el placer, continuó subiendo y bajando sobre su miembro. Zuko se sentía tan bien dentro de ella, la llenaba por completo. Sus ojos cerró disfrutando del cuerpo del hombre, gritando con fuerza cuando la abrazó por la cintura y comenzó a penetrarla al igual que había hecho con Jin. Más esta vez su rostro se había hundido en su pecho, capturando entre sus labios uno de sus pezones. 

 

Quería gemir su nombre con fuerza, pero sólo el nombre falso escapaba de su boca. No quería arriesgarse, no quería detener ese momento. Sintió como Zuko se alejaba solo para darle espacio a Jin de también mimar su pecho. Zuko desaceleró pero ambos seguían gimiendo por el placer provocado.

Les dije que sería divertido.

Jin besó los labios de Zuko, Katara buscaba acariciar su espalda sin dejar de subir y bajar sus caderas. Eran un manojo de manos, besos y mordidas en cada trozo de piel que estaba a su alcance. Ninguno dejaba desatendido al otro.

Cuando Katara empezó a sentir todo más intenso, volvió a apoyarse en el pecho del Maestro Fuego. Sus ojos ardían de deseo y solo deseaba una cosa. — Toda. La quiero toda, Lee. — Fue clara, tanto en sus palabras como en los fuertes movimientos que hacía.

Y Zuko no iba a negarse, estaba desesperado por él también liberarse. No tardó mucho en cumplir con la petición de la sureña. Sus dos manos sujetaron con fuerza sus glúteos, apretando mientras empujaba con fuerza hacia su centro.

Gimió su nombre una vez más, escuchado el suyo por parte de ella. Y de esa forma, Katara tuvo su tan esperado orgasmo y el príncipe, también, terminando en su interior con una ferocidad inimaginable. Katara podía sentir el semen invadiendo su interior, tenía los ojos en blanco del placer.

Zuko volvió a apoyar su rostro contra su pecho, mientras recuperaba el aliento. Algo decía Jin, pero no pudo escucharlo, el placer fue demasiado intenso. Miró el rostro de Katara al levantar su mirada, ella estaba igual de satisfecha que él. Ella besó sus labios una vez más para dejarlo bien en claro. 

 

Así estuvieron unos minutos mientras pasaban el orgasmo o eso pareció.

 

 

La mano traviesa de Jin se deslizó por su espalda sudorosa, arqueándose en repuesta... Con eso fue suficiente para saber qué ella ya estaba lista para otra ronda más. 

Él, definitivamente necesitaba un minuto. Katara se levantó lentamente, arrastrando su cuerpo sobre el de la chica, se sintió vacía al dejar a Zuko fuera de ella, pero los besos de la chica la entretuvieron lo suficiente.

Cerrando sus ojos Zuko recostó su espalda en el sofá, escuchando a las chicas besarse sin descanso... 

Iba a ser una noche especialmente larga y placentera.

 

Ngh...

Al menos no resultó ser tan malo como creía al principio.

 

 

 

Notes:

Este es el primer One-shot me que atrevo a escribir desde hace ya muchos años. Y el primer escrito en esta plataforma, espero que les guste.

 

Solo alguien que escribe tonterías.