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Entre la acumulación de personas, Jimin no pudo evitar sentirse abrumado al pensar en todas las historias que convergían en ese momento en el aeropuerto. Despedidas y bienvenidas, felicidad y tristeza, amor y desamor, tal vez… Como si de una broma se tratara, en un segundo, su corazón dio un vuelco hasta su estómago al chocar con un hombre joven, de cabello medianamente largo. Esa mirada felina le miró con vergüenza por haber impactado abruptamente con él y, en ese momento, Jimin supo que no era Min Yoongi.
Min Yoongi habría hecho cualquier otra cosa, menos pedirle disculpas. Una media reverencia después, aquel hombre se alejó, dejando a Jimin con un sabor amargo en la boca. Regresar a Corea había sido una cosa difícil. Se había sentido tan pequeño y frágil al observar la inmensidad del cielo azul, justamente era el mismo sentir que le había invadido cuando se había marchado a Alemania siete años antes.
Estaba feliz por regresar, aunque una parte de él lamentaba dejar atrás toda la vida que había creado en esos siete años de vivir lejos de casa. No hay nada más desgarrador que encontrarte completamente solo y darte cuenta de que solo tú puedes sacarte de un lugar oscuro; y así, aunque hubiese sido difícil, Jimin había logrado amigarse con los monstruos que vivían en su mente. Con el tiempo, forjó amistades y vivió la experiencia que todos le habían prometido cuando dijo que se marchaba a estudiar al extranjero. Había sido feliz, aunque un tirón aparecía en su estómago de vez en cuando, un tirón llamado Min Yoongi.
Mientras seguía a sus amigos Hoseok y Taehyung hasta el coche, Jimin no pudo evitar recordar los ojos llenos de dolor y traición con los que Yoongi le había mirado siete años atrás. A veces, Jimin se encontraba pensando en si valdría la pena reconectar con él. ¿Pero qué diría? ¿Cómo sería capaz de mirarlo a los ojos y fingir que nada había pasado?
—Jimin —los ojos alegres de Hoseok miraron a Jimin por el espejo retrovisor—, ¿estás emocionado de ver el estudio que renté para ti? Es bastante bueno y creo que te gustará mucho. Si te gustó por las fotos que te envié, supongo que en persona te gustará más… Y no tendrás problema con compartir el estudio, el otro artista que también trabaja ahí es bastante reservado y no te molestará con cháchara inoportuna.
—Se veía encantador, hyung. Intentaré comenzar a llevar algunas cosas esta semana.
—Puedo acompañarte si quieres —dijo Tahyung, una sonrisita en los labios.
—Taehyung tiene un particular interés en tu futuro compañero de estudio.
—¡No es cierto! —Taehyung se defendió, fingiendo indignación, pero al cabo de unos segundos, su sonrisita volvió. —Hoseok-hyung solo está celoso porque intenté ser una buena persona e incluir al Señor Silencio en una salida —miró fijamente a Hoseok con coquetería y Jimin no pudo evitar preguntarse por qué Taehyung es–taba actuando tan raro. —Pero el Señor Silencio no aceptó… porque es un hombre muy ocupado. —Después de unos segundos, Taehyung dijo.—Tal vez tu tengas un poco más de suerte, Jimin.
—¿Eh? —Jimin hizo una mueca. —Ay, no. No quiero tener citas ni nada de eso. Quiero disfrutar de estar en casa.
—Al fin en casa, mi Chim —Jimin se sorprendió al notar un guiño de Taehyung. Y entonces, cayó en la cuenta de que, durante un segundo, la mano derecha de Hoseok dio un ligero apretón en la mano de Taehyung.
¿En qué rollo estaban metidos esos dos? ¿Y por qué no se lo habían contado a Jimin?
¿De qué más se había perdido? No pudo evitar que el temor lo golpeara, temor de haberse perdido demasiado durante esos siete años en el extranjero. Sintiéndose un poco inseguro, trato de fingir que todo estaría bien.
—Sí, al fin en casa.
