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The Good Side Of Things (return of the blanket fort)

Summary:

Dick y Wally han avanzado mucho en su relación desde que eran adolescentes, pero a veces, el mundo aún puede ser poco amable. El amargo recordatorio de que las personas intolerantes aún existen hace que Dick se ponga de mal humor. Así que, obviamente, Wally desentierra un viejo remedio para calmarlo y hacerle recordar que aún hay un lado bueno en el mundo.

Notes:

Este esta completamente lleno de referencias a Blanket Fort , así que si quieren pueden ir a darle una releida, aunque no es necesario para entender este.
Le autore dijo que para escribir esta parte se inspiro en "The Good Sidde" de Troy Sivan por si la quieren oír y darse una idea de las vibes.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

El lado bueno de las cosas (el regreso del fuerte de mantas)

 

 

Wally podía sentir como sus nudillos dejaban marcas en su mejilla al recargarse sobre su puño, pero no podía encontrar una sola célula en su interior a la que le importara. Ya había leído este párrafo unas diez veces, y no lo podía asimilar. Incluso había dejado de leer a toda velocidad en un intento de encontrarle sentido al bloque de texto. O necesitaba un descanso urgentemente, o esta página sobre teoría cuántica había sido escrita por un chimpancé con una Macbook. Con la cara resbalandosele y con un gemido de derrota absoluta, Wally dejó que su frente golpeara el libro de texto. Estaba bastante seguro de que si tomaba más café su corazón se abriría paso a través de su caja torácica y saldría por la ventana. Lo cual, por supuesto, sería bastante inconveniente. Estaba disfrutando de estar vivo. Así que mejor un Gatorade.

Apartándose del escritorio, Wally se levantó con un bostezo, rascándose un persistente picor entre los omóplatos. Una de las pocas ventajas de hacer cursos online entre sus prácticas era poder estar en pijama todo el día. Uno de los contras era poder estar en pijama todo el día. Avanzando a trompicones por el apartamento, Wally se detuvo ante el refrigerador. Miró sin comprender el contenido antes de recordar por qué se había levantado en primer lugar. Un gatorade naranja en la puerta le estaba llamando. Cerró la puerta del refrigerador, se apoyó en la encimera, le quitó la tapa y bebió una cuarta parte de un trago.

Era un día algo miserable. La lluvia caía a cántaros sobre las ventanas del departamento. Un cielo nublado se cernía bajo sobre Bludhaven. Al otro lado del río, los rascacielos de Gotham estaban envueltos en una espesa niebla que cortaba la ciudad por la mitad a medida que los edificios más altos desaparecían entre las nubes. Al menos no hacía viento, se dijo Wally mientras se acercaba a las ventanas. Y al menos él no estaba fuera en ese clima. Dick probablemente se lo estaba pasando en grande en su turno de patrullaje.

La primavera por fin estaba derritiendo el hielo y la nieve contaminada de Bludhaven. Wally dejó la botella en el alféizar, apoyó las manos bajo el pestillo y lo empujó hacia arriba. Se filtró una brisa cálida. Lo suficientemente fresca. Desde fuera, el suave sonido de la lluvia, el zumbido de la ciudad interrumpido de vez en cuando por bocinas de coches, sirenas o voces, se coló en la habitación. Con un poco de aire fresco circulando, Wally se arrastró, aunque a regañadientes, de vuelta a su escritorio. Había estado sentado, mirando su libro de texto por tal vez unos dos segundos antes de que su teléfono rompiera el silencio del departamento. Wally se rindió con demasiada facilidad a la distracción.

Levantó el teléfono del escritorio, se recostó en la silla y se impulsó para girar en círculos lentos. Una foto de Dick y él besándose a medianoche en Año Nuevo apareció. Wally se detuvo un momento para sonreír. Dios, qué cursi era. Contestó la llamada acercándose el celular al oído. 

—Hola, Babe.

—Hola, —contestó Dick desde el otro lado de la línea. Si Wally tuviera que adivinar, probablemente se encontraba en los pasillos de su comisaría. La conversación y el sonido de papeles se escuchaban en el fondo. Dick sonaba algo sin aliento… probablemente acababa de entrar corriendo huyendo de la lluvia.— ¿Qué haces?

—Estudio, —contestó Wally con un pesado suspiro.— Y sintiendo que mi cerebro lentamente se derrite y se sale por mis oidos.

—¿Pensé que hoy estabas en Starr? —replicó Dick. Había salido por la puerta para ir a trabajar antes de que Wally se despertara. Wally tenía el vago recuerdo de un beso presionado contra su mandíbula y un murmurado “nos vemos” antes de que el chirrido de la puerta de su habitación lo dejara en silencio otra vez. En cuestión de segundos había vuelto a quedarse profundamente dormido.

Wally negó con la cabeza. —No, es martes.

—Cierto, —se rió Dick, todavía un poco sin aliento.— Bueno, eso funciona aún mejor, supongo. Voy a ir a comer en media hora. ¿Quieres que nos veamos para comer algo? En realidad no hemos tenido oportunidad de hablar en los últimos días.

Lo cual era, por desgracia, cierto. Dick había tenido un turno en la Atalaya, supervisado una misión con el Equipo, había trabajado sus turnos y había patrullado, todo ello sólo con descansos para dormir y darle a Wally un beso de buenos días y buenas noches. Sinceramente, Wally no sabía cómo lo hacía. Cada vez que Dick se iba a una misión o a patrullar, una parte de Wally que aún estaba dolida lo seguía como un imán. Pero no podía... todavía no. La degeneración celular se había ralentizado, pero su corazón seguía... bueno... Wally, rápidamente para librarse de esos pensamientos, respondió con una sonrisa. 

—Me parece perfecto. Ese restaurante de curry que hay a una cuadra de la comisaría estaría bastante bien. ¿Al que fuimos la última vez?

—Vale. ¿Nos vemos en cuarenta minutos?

Wally hizo una pausa, tomándose un momento para olerse. —Cuarenta y cinco. Tengo que bañarme.

—Ya era hora. Los vecinos empezaban a quejarse. Pensaban que se había muerto algo.

—Qué gracioso, —Wally puso los ojos en blanco.— Nos vemos allí. Pídeme una coca si llegas antes.

—Okay. Te amo.

—Te amo. —Al terminar la llamada, Wally colgó el teléfono y dejó de girar en su silla el tiempo suficiente para agarrar su gatorade. Miró su libro de texto antes de cerrarlo y meterlo en la mochila. Haría que uno de los científicos locos de Starr se lo explicará mañana. Una larga mañana de su cerebro dando vueltas sobre sí mismo había hecho que se cansara, y una cita para comer con Dick sonaba mil veces mejor.

Wally se tomó el resto de su gatorade, tiró la botella a la basura y volvió a caminar hacía la ventana. Por un momento, vio su reflejo en el cristal, proyectando una imagen fantasma sobre la ciudad empañada por la lluvia. Wally se pasó la mano por el pecho. Cerró la ventana y se dirigió al baño.

 

 

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Tal vez después de todo no necesitará un baño. Cuando Wally llegó al restaurante, ya estaba todo empapado otra vez y con la chaqueta toda mojada. En el tiempo que tardó en esperar el autobús y luego correr por la calle desde la parada hasta la puerta del restaurante, la lluvia lo había azotado. Se agachó en el umbral del pequeño establecimiento y se sacudió toda el agua que pudo del pelo antes de levantar la vista y ver a Dick esperándolo en una mesa junto a la ventana, y riéndose de él. No llevaba el uniforme puesto, probablemente trabajaría en la oficina el resto del día. Se acercó a la mesa, sacudió el agua de los dedos en el rostro de Dick y se quitó la chaqueta. La colgó en el respaldo de la silla y finalmente se sentó con un pesado suspiro.

—¿Está un poco húmedo afuera? —Dick sonrió travieso. Se limpió las gotas de agua de la mejilla, aunque él mismo parecía todavía estar secándose de la lluvia.

Wally se encogió visiblemente. —Ugh, no uses esa palabra, fenómeno.

Dick sólo se encogió de hombros. —Oye, al menos hace un calor razonable afuera. No hay nada peor que tener frío y estar hume…

Wally le dio una patada a su pie por debajo de la mesa. Dick le sacó la lengua a su pareja y le acercó un vaso de coca. Al agarrar el vaso, Wally echó un vistazo al volumen de la bebida burbujeante que contenía y lanzó una mirada burlona a Dick. 

—¿Me robó el mesero o te tomaste parte de mi coca-cola?

—Lo segundo.

—Literalmente tienes la tuya delante de ti.

—La tuya sabe mejor.

Wally puso los ojos en blanco y agarró el vaso de Dick para beber un largo sorbo con su popote. Regresandole el vaso, Wally se recargó en su silla y apreció a su novio desde el otro lado de la mesa. 

—Recuérdame ¿por qué arrastré mi culo bajo la lluvia por ti?

Dick, de nuevo, se encogió de hombros. 

—Para ser sincero, no lo sé. Fue algo un poco estúpido. Totalmente no vale la pena. —La luz opaca que entraba por la ventana iluminaba sus ojos hasta un tono imposible, como si todo el azul que faltaba en el cielo se hubiera drenado en el remolino de su mirada. Hermoso bastardo.

—Bueno, —sonrió Wally.— Recordaré no volver a cometer este error nunca jamás.

 

El mesero se detuvo en su mesa. Dick pidió Tikka Masala y Wally, Pollo a la Mantequilla. El suave coro de conversaciones en voz baja y el tintineo de la vajilla sonaban de fondo, mientras la lluvia golpeaba el cristal de la ventana. De nuevo solos en su pequeño rincón del restaurante, sorbieron sus bebidas en un agradable silencio. Cuando Dick se recostó en su asiento, un rayo de luz captó la cadena que colgaba de su cuello, asomandose por debajo del cuello de su camisa. No podía verlo, pero Wally sabía que el anillo que le había comprado años atrás aún colgaba del extremo. Habían hablado de ello varias veces desde su regreso, llegando al mutuo acuerdo de esperar. No era un buen momento, sus vidas eran demasiado caóticas e inestables. Además, considerándolo todo, estaban bastante cómodos donde estaban.

Desviando su atención hacia la ventana, Wally observó arriba a un avión que descendía hacia el lejano aeropuerto. 

—Ya reservé nuestros boletos de avión para California, —dijo. Los Tubos Zeta eran tentadores, pero siempre era mejor evitar usarlos cuando no se viajaba por Asuntos de Héroes. Para dejar rastros de papel y todo eso.— Zee y Artemis dijeron que podíamos quedarnos en su casa, ahora están a sólo una hora de Palo Alto.

—Suena bien, —asintió Dick.— ¿A qué hora es tu primer examen?

—El 16 a las 10 de la mañana. Luego tengo dos el 18, y el último es el 19. Nos vamos el 15 y volvemos el 23.

—Será agradable, —comentó Dick.— No he regresado a California desde que me mudé aquí. Y al menos tendremos algo de tiempo para divertirnos después de que termines de sufrir.

Wally gimió. —Ya estoy sufriendo.

—Oye, al menos después de todo esto habrás terminado. Serás un hombre libre.

—Todavía tengo que terminar mis prácticas en Starr.

—Medio libre.

Wally rió, empujando el pie de Dick por debajo de la mesa,  esta vez un poco más juguetón que vengativo. Pasándose la mano por el cabello, miró entre su novio y la ventana. 

—Estoy teniendo ganas de tomar el sol. Pasar un rato en la playa, ir al centro. Podríamos tener una cena elegante, quizá en un viñedo o algo así,— dijo, guiñandole un ojo.

—Está ese al que siempre quise ir en el Valle de Napa. No recuerdo cómo se llamaba, pero estaba tan enojado porque todavía tenía 19 y no podía ir con una identificación falsa.

—Es por tu cara de bebé, —se burló Wally.

Ahora era el turno de Dick de patearlo debajo de la mesa.

La comida llegó. La conversación fluyó con naturalidad entre bocado y bocado, la comida caliente y las especias ahuyentaban el frío húmedo. Sin embargo, Dick sólo tenía una hora libre para almorzar y tenían que tener en cuenta el tiempo para volver a la comisaría. En cuanto terminaron, pidieron la cuenta, pagaron y volvieron a salir. Durante la comida, la lluvia había amainado afuera. Todavía no había ni rastro de azul en el pesado cielo, pero la luz del sol se filtraba con facilidad a través del brillo, y la lluvia había disminuido hasta convertirse en una ligera llovizna.

—Pero de verdad, gracias por venir a comer conmigo, —dijo Dick mientras se ponía la chaqueta.

—No hay problema, necesitaba el aire fresco, —sonrió Wally.— Nos vemos en casa.

Con eso, compartieron un rápido beso de despedida. Eso fue todo. Dick deslizó sólo un brazo alrededor del hombro de Wally, Wally tenía su mano en la cintura de Dick, un pequeño gesto entre ambos. Con el objetivo de separarse en el siguiente segundo para poder volver a sus trabajos y estudios con esa pequeña promesa de “más tarde”. Corto y dulce… pero se tornó demasiado corto cuando un hombro tosco golpeó la espalda de Wally al pasar. Wally se enderezó a sí mismo frunciendo el ceño, volteando para mirar por encima del hombro mientras tres hombres más o menos de su edad reían desagradablemente caminando por la acera. Lo habría dejado pasar de no haber oído el bajo “maricones” murmurado en voz baja.

—¡Hey!— rugió Wally.— ¡¿Tienes algún maldito problema?!

El trío se detuvo, volteandose hacia ellos con burlas, llenos de valentía. Evidentemente, seguían entretenidos, y avanzaron hacia ellos con el mismo regocijo. Wally dio un paso adelante, pero la mano de Dick en su hombro lo detuvo. Mirando por encima de su hombro, encontró a su compañero completamente sereno, casi en calma chicha. Poniéndose junto a Wally, Dick metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó lo que parecía una cartera de piel. La sostuvo frente a él, dejó caer el panel y reveló su placa de policía. La valentía se regó por la acera, los tres jóvenes maldijeron en voz alta y al instante tropezaron entre sí para salir corriendo. Doblaron la esquina y se metieron en un callejón junto a el Curry House. Dick corrió tras ellos, con Wally pisándole los talones, derrapando hasta detenerse en el callejón cuando comprobó que ya habían desaparecido. Con movimientos bruscos, Dick cerró la cartera y se embolsó la placa. Wally lo observó atentamente… conocía bien su carácter. La rabia de Dick ardía como un infierno bajo la superficie de su gélida mirada.

 

Girando bruscamente sobre sus talones, Dick arremetió, pateando una pila de cajas de cartón con un grito de rabia. Las cajas cayeron en un charco cercano, absorbiendo el agua sucia.

Wally lo tomó como su señal. Aunque él también seguía enojado y aún se estaba conteniendo de correr a toda velocidad tras ellos, su novio era más importante. Suspiró pesadamente, tratando de exhalar su propia frustración. 

—Dick…

—Debí haber arrestado a esos cabrones en el acto, —espetó Dick.

Dick , —repitió Wally.— No dejes que te afecten, eran unos imbéciles.

—Es que, —Dick se pasó la mano por el pelo,— carajo , mierda como esta ya no debería de pasar.

Wally se puso delante de su pareja, con las manos sobre sus hombros y la cabeza agachada para mirarlo a los ojos. 

—Oye, —continuó suavemente,— ellos no son nada.

Con la furia sofocada por el suave consuelo de Wally, Dick suspiró . Dejó caer la frente contra el hombro de Wally, toda su rabia saliendo de su cuerpo y goteando hacía los desagües. Wally lo rodeó con los brazos, le dio un beso en la sien y se limitó a abrazarlo. Pasaron unos instantes antes de que Dick pudiera enderezarse. 

—Tienes razón, —suspiró de nuevo. Apartándose del abrazo de Wally y levantándose la manga para mirar el reloj que llevaba en la muñeca.— Tengo que regresar antes de que se me haga tarde, —farfulló. Dick bajó la mano, apretó la mano de Wally e intentó sonreír en disculpa.— Nos vemos en la noche.

Mientras Dick salía del callejón y regresaba a la calle, Wally decidió que aquella despedida no era suficiente. Wally lo siguió hasta la acera y volvió a tomarlo de la mano. Antes de que Dick pudiera preguntarle qué estaba haciendo, tiró de su pareja y lo envolvió en sus brazos. Wally lo besó, con fuerza y sin miedo, al aire libre, donde toda la maldita ciudad podía verlos. Dick, tenso como estaba, se derritió contra él. Estaban más allá del punto de esconder sus besos de despedida donde las miradas indiscretas no pudieran encontrarlos. A veces ambos necesitaban ese recordatorio.

Wally se apartó, con el pecho ardiendo de calidez, al ver que Dick le devolvía la sonrisa.— Hasta luego, babe.

Dick rió, sacudiendo la cabeza mientras le robaba un último beso y retrocedía. —Te veo luego.

Wally observó la espalda de Dick alejándose por la acera hasta que se disolvió en la corriente de peatones, desapareciendo al doblar la esquina. De pie bajo la llovizna, se encontró un poco perdido. Su autobús venía avanzando calle abajo, frenando en la parada justo delante de él. No subió. Necesitaba un poco de tiempo para despejarse, al diablo con la lluvía. Metiéndose las manos en los bolsillos, Wally se dio la vuelta y empezó a caminar hacia casa.

Conocía a Dick. Se había calmado de su rabia inicial, y diría que lo había superado, pero esto lo hundiría como una piedra en las entrañas y lo deprimiría durante días. Sinceramente, Wally sólo quería alguna forma de hacerlo sentir mejor, de suavizar ese golpe. Mientras caminaba por las calles de Bludhaven, pasó por delante de una pequeña tienda que anunciaba en el escaparate una oferta de series de luces. Wally se detuvo y miró a través del cristal las luces parpadeantes. Una sonrisa se dibujó en su rostro.

 

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No hubo forma de recuperar su ánimo desde ese encuentro de mierda después de la comida. Dick volvió al trabajo, metido en la comisaría llenando papeles e informes de los casos en los que había estado trabajando. Enterrarse en la monótona y mundana tarea lo alejó de lo sucedido, pero no hizo nada por aligerar la frustrada melancolía que le calaba hasta los huesos. Durante el resto del día se mantuvo aislado, sin alzar la voz a los intentos de conversación de sus compañeros, pero sin participar tampoco. Dick odiaba estar de mal humor. Y eso sólo empeoraba su mal humor.

Afortunadamente, llegó el momento de marcar su salida y volver a casa. El día se había alargado demasiado, pero inevitablemente sobrevivió. Algo era algo. Después de entregar su trabajo al capitán, recogió su chaqueta y salió. Mientras esperaba en la parada del autobús, e incluso mientras volvía a casa apoyado en la ventanilla, no pudo evitar mirar a la calle, casi con la esperanza de volver a encontrar a aquellos hombres. La venganza no era algo en lo que creía, pero maldita sea si no era tentadora.

A pesar de que hacía horas que había dejado de llover, aún estaba húmedo cuando llegó a su edificio. El aire estaba cargado de la niebla que había dejado la lluvia, que se cernía sobre la ciudad y se introducía en su ropa con un ligero escalofrío a medida que se hacía de noche. Todo lo que quería era una ducha caliente, un cambio de ropa y el zumbido adormecedor de la televisión para pasar el resto de la noche. Después de subir en ascensor hasta su piso, Dick no tardó en juguetear con las llaves de su departamento. Abrió la puerta y entró, dejando la chaqueta húmeda en el perchero.

—Babe, —dijo, entrando al departamento mientras se quitaba los zapatos,— estoy en casa. —No hubo respuesta. Dick frunció el ceño mientras dejaba las llaves en la mesa junto a la puerta.— ¿Wally? —De nuevo, no hubo respuesta. El departamento estaba bastante obscuro, por lo que podía ver desde la puerta de la entrada. ¿Tal vez había salido? Dick se alejó de la puerta, dobló la esquina hacia la sala de estar…

Un enorme fuerte de mantas había sido construido en medio de la habitación. Sujetas con unas tachuelas en el techo y con unas series de luz, estaban colgadas las sábanas de repuesto y las mantas de su cama estaban tendidas sobre el sofá y sobre unas cuantas sillas de la mesa, todo dispuesto en picos de colores. Dick se detuvo en el umbral, mirando con asombro y diversión. Dentro, apenas podía ver la silueta de su novio sentado en el centro del fuerte. Un trozo de papel estaba pegado con cinta adhesiva en la sábana frontal. Dick se rió en voz alta, acercándose para arrancar la nota de la “puerta”.

“Código de vestimenta del fuerte :

No se permite ropa de trabajo.

Hay que usar pijama para que se permita la entrada.

Se aceptan sudaderas cómodas.

Es preferible no llevar nada de ropa.”

Dick tuvo que resoplar solo para no reírse demasiado alto. —¿Hablas en serio?

La silueta de Wally se movió en el interior. —Lo siento, no te puedo oir.

Dick puso los ojos en blanco. —Está bien, está bien, pero me voy a bañar primero.

Después de una humeante ducha caliente, Dick volvió a la sala. Para cumplir con el aparente código de vestimenta, se había puesto una camiseta suave y sus favoritos pans viejos de Wally. Con las manos en los bolsillos, se acercó al fuerte de mantas y se agachó delante de la sábana que hacía la hacía de puerta. Metiendo una mano, levantó la sábana y descubrió a Wally sentado con las piernas cruzadas sobre una cama de mantas, sonriendo como un idiota con, de entre todas las cosas, un Pocky de fresa entre los dientes. Dick soltó una carcajada silenciosa en cuanto lo vio, agachando la cabeza y sonriendo hasta que le dolieron las mejillas.

Aun así, mordió el anzuelo. Literalmente. Inclinándose hacia delante sobre sus rodillas, mordió el extremo del pocky, saboreó aquel sabor a “vaga idea de fresa” y besó a Wally con una suave sonrisa. 

—Eres ridículo, ¿lo sabías?.

Wally se apartó, haciendo un show de poner los ojos en blanco mientras alargaba la mano para sujetarle la sábana a Dick. 

—Cállate y métete en mi Fuerte.

En broma regresándole los ojos en blanco, Dick obedeció y se arrastró adentro. Wally había forrado las paredes y el suelo de la fortaleza con todas las almohadas y mantas que poseían. Había colocado una sábana sobre la parte trasera del televisor para que entrara y había apartado la mesita de café para dejar más espacio para las piernas. Dick se acomodó con la espalda recargada en las almohadas apoyadas al pie del sofá, asimilándolo todo. Cuando la sábana cayó detrás de él, los dos quedaron encerrados en su pequeño mundo de lucecitas y calor. 

—No me lo puedo creer, —se rió Dick.

—Hey, aprendí del maestro, —sonrió Wally.— Hablando de eso, —se volteó hacia la mesa de café, donde había dos tazas humeantes de chocolate caliente. Wally le pasó una a Dick, quien se echó a reír de nuevo al aceptarla.

Si no lo había sido ya, era bastante obvio ahora que Wally estaba intentando recrear el Fuerte de Mantas que Dick les había hecho cuando eran adolescentes, aquella pesada noche en que a Wally lo habían corrido de su casa después de que sus padres lo sacaran del closet. Otra noche en la que el solo hecho de ser quienes eran se había posado sobre ellos como una manta mojada, sofocante e ineludible. La sonrisa de Dick se suavizó cuando rodeó la taza y bebió un sorbo. Sus ojos se abrieron de par en par al tragar. 

—¿Esto tiene alcohol ?

—Um, dah . Ya no somos niños , Dick, —sonrió Wally.— Es Kahlua.

Dick bebió otro sorbo largo. Aunque inesperado, era sorprendentemente asombroso

—Genial.

Así que allí estaban, dos hombres hechos y derechos, sentados en un fuerte de mantas en medio de su departamento. Wally había instalado Sonic Mania en la tele y había pedido pizza veinte minutos antes de que Dick llegara a casa. La expresión en la cara del Chico de la Pizza cuando se asomó al apartamento y encontró una fortaleza totalmente construida de mantas y series de luces no había tenido precio. Durante horas, los dos se atiborraron de pizza y comida basura, cambiaron el chocolate caliente por cerveza e intercambiaron turnos para intentar terminar el juego cada vez que uno de los dos fallaba. Wally estuvo a punto de atragantarse con su pan de ajo cuando Dick empezó a rabiar contra Tails por no estar siempre donde lo necesitaba y, en general, por estorbarle. Sin duda fue una forma de desahogar su rabia de antes. El mundo exterior era inexistente, intrascendente, incapaz de alcanzarlos en su pequeño refugio seguro. Era la misma sensación que cuando eran niños, sin tener nada más que el uno al otro. Sin embargo, la mejor parte esta vez, era que Bruce no estaba allí para exigirles que mantuvieran la puerta abierta. No podía evitar que Wally dejara chupetones en el cuello de Dick sólo para distraerlo del juego. Los últimos indicios de luz diurna se desvanecieron, dejando su apartamento en completa obscuridad, salvo por los parpadeantes colores del televisor y las constantes series de luces.

Finalmente, cuando habían llegado lo bastante lejos en el juego y Dick había conseguido descargar su furia contra los personajes pixelados de la pantalla, pasaron a ver una película. Después de buscar en Netflix, acordaron ver una vieja película de Spiderman. Wally se recostó contra las almohadas, extendiendo el brazo a Dick, quien se acurrucó descaradamente a su lado, con la cabeza apoyada en el hombro de su pareja. El sonido de la película era amortiguado por las mantas que los rodeaban.

Mientras se acomodaban, Wally presiono los labios contra la cabeza de Dick y tiró de él para acercarlo. 

—¿Quieres hablar de ello?, —murmuró.

Dick guardó silencio por un momento, con la respiración entrecortada.

—Simplemente no esperas que ese tipo de mierda siga ocurriendo.

—Apesta, —asintió Wally,— y tienes razón, no debería ocurrir en absoluto. Pero piensa en cómo era el mundo cuando éramos niños. Piensa en mi padre. —Dick hizo un sonido en asentimiento. La relación de Wally con su padre había mejorado enormemente desde su regreso. Rudolph West se había suavizado desde su divorcio, y aún más después de perder a su único hijo, ambos eventos desafortunados pero que, sin embargo, llevaron al hombre a buscar ayuda y a ser más introspectivo consigo mismo. Su relación no era perfecta. Había un peso del que nunca podrían desprenderse y cosas que Wally nunca podría olvidar. Seguía siendo tensa, pero si alguna vez hubo un testimonio de la posibilidad de mejorar la apertura mental, ése era el de la familia West. Wally besó detrás de la oreja de Dick, ganándose un escalofrío.— Las cosas están mejorando, ¿sabes? Míranos, estamos aquí, literalmente contra todo pronóstico. Un par de idiotas en la calle no van a hacernos retroceder.

Justo cuando Dick pensaba que era físicamente imposible enamorarse más de este hombre. Exhaló lentamente. —Supongo que tienes un buen punto.

—Por supuesto que lo tengo, —sonrió Wally, optando por besar a Dick en los labios esta vez. Sonrio contra sus labios.— Eres el Tails de mi Sonic.

—Awwwww, —Dick rió sin romper el ritmo lento del beso,— Odio a Tails, carajo.

Separándose, Wally presionó su frente contra la sien de Dick con una risa burbujeante. Nunca se habían apartado del resto del mundo. Pero, cuando el resto del mundo no era amable, tenían un lugar donde esconderse un rato. Dick se quedó dormido a mitad de la tercera película, a las dos de la madrugada, con la cabeza apoyada en el pecho de Wally.

Notes:

Ya tenía tiempo que actualizaba. Me alegra volver a hacerlo y más con este fic que es puro confort y una lindura (realmente necesito cosas lindas en estos momentos)
Espero que lo hayan disfrutado y que se encuentren bien.

Recuerden tomar agüita, cuidar de su salud mental y mandar a la mierda a los fascistas.

Lots of Love <3

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