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Las horas del día pasaban con una lentitud que sacaba de quicio a Crowley. Miraba a los relojes disponibles en su dirección ansiosamente con la impaciencia de un niño que no puede esperar la hora en la que lo lleven al parque.
La causa de su impaciencia era porque, en un berrinche espontáneo decidió que era el día y momento perfecto en el que le expresaba todo lo que había sentido a través de esos pesados y largos seis mil años a Azirafel. El problema es que no sabia exactamente que seguía después. No tenía idea de cómo reaccionaria a la reacción de Azirafel, y temía ser rechazado, y que tan bella y trabajada amistad termine en el caño por su culpa, no se perdonaría perder a Azirafel por algo así.
Apenas pudo distraer su mente del estrés en todo lo que habían hecho en el día, que no había sido poco.
Habían disfrutado un buen picnic de lo más exquisito, aprovechando el sol primaveral combinado con el olor de los tulipanes esparciendose po el aire, planeado en su totalidad por el pelirrojo. Habían caminado por el parque, alimentado los patos en el lago y comido un helado. Había Sido un buen día y el sol ya se ponía, pero Crowley no parecía encontrar una manera de calmar el remolino de emociones que se retorcía en su estómago causandole náuseas, algo que de otra manera sería totalmente imposible debido a su ausencia de apetito, pero lo hacía sentir como si estuviera lleno al tope.
Crowley y Azirafel iban en el bentley y Crowley no podía dejar de pensar en lo que iba a hacer. Si en un momento tenía preparado con cautela todo lo que le iba a decir a Azirafel pues todo eso se había ido al demonio, no creía que era siquiera capaz de decir una palabra en estás condiciones. Pensaba en la librería,el lugar donde todo su discurso pasaría, como el punto de su perdición.
Azirafel estaba diciendo algo mientras Crowley conducia con sus manos sujetadas al volante como si se lo fueran a arrancar de las manos, sin prestar nada de opinión a lo que el angel le decía.
En la radio sonaba One year of love.
One sentimental moment in your arms
It's like a shooting star right through my heart
It's always a rainy day without you
I'm a prisoner of love inside you
I'm falling apart all around you...
— ¿Crowley? ¿Crowley..? ¿Que tienes, querido? – La suave voz de Azirafel despertó a Crowley de un trance, justo en el instante en el que casi atropella a un humano.
— ¡Ten más cuidado! – Gritó por la ventana, antes de volverse a Azirafel con un lánguido suspiro. — No tengo nada, eh... Solo estoy cansado, no es nada. – Vocifero, su voz baja apenas superando el sonido de la música resonando.
— ¿Estás seguro? Encuentro que estás actuando extraño.
— Pffft, ¿Extraño, yo? Pero si yo estoy A LA PERFECCIÓN. Estoy mejor que nunca, nada de lo que preocuparse. – Habló apenas volteando a ver a Azirafel mientras se adelantaba a una velocidad irresponsable a través del tráfico de Soho.
Es más que obvio que la respuesta no tranquilizó a Azirafel, pero lo tomó.
— Como tú digas.– Mencionó antes de cambiar de tema. — Hoy me divertí mucho, ¿Sabes?
— Eeeen serioo...
— Si. Hay que hacer este tipo de cosas más seguidos, ya sabes, salir juntos. El clima en particular a sido fabuloso, ¿No te parece?
— Pues si a ti te gusta, a mí también. – Dijo, concentrado en la carretera para no hechar volando a ningún auto, tomando en cuenta la velocidad que llevaban.
— Hay muchos ruiseñores últimamente. Querido, ¿No se te hacen preciosos? Cantan tan alegramente todo el día.
— ¿Por qué crees que estarán tan felices? – Respondió el demonio, sin pensar mucho sobre las palabras que pronunciaba.
— Porque han sido días maravillosos.
— ¿Tu crees?
— ¿No han sido para ti? A mí me ha invadido una felicidad repentina, no puedo explicarme porqué. – Crowley sonrió a las palabras.
— A mi igual, Ángel. – Crowley no pudo ocultar una sonrisa tonta, fantaseando que a lo mejor su plan no era tan mal y terminaba en sonrisas, pero no deseaba pensar mucho sobre lo que pasaría si no.
Para la sorpresa del pelirrojo, ya habían llegado a la librería. Azirafel se bajó del bentley, esperando a que el demonio hiciera lo mismo antes de entrar a la librería.
Juntos caminaron hacía la parte de atrás de la librería, a Crowley le temblaban las piernas con la violencia de un terremoto. Nada de eso podía ser buena idea si su recipiente reaccionaba así. Claro, los humanos tienen reacciones raras a cosas raras, pero no se siente sano, para nada.
— ¿Te gustaría algo de vino? – Dijo el ángel, volteando se hacia el sudoroso, tembloroso y nervioso a morir demonio.
Era cierto que el alcohol ayudaría bastante en esta situación, pero Crowley quería estar lo más sobrio posible para la revelación.
— Azirafel, tenemos que... Te tengo que decir algo. — Dijo casi en un susurró, como si alguien lo fuera a escuchar además de Azirafel, es más, como si tuviera a una multitud enfrente suyo.
— ¿Que pasá, querido? – El apodo que en la suavidad de los labios de Azirafel nunca se sintió extraña, ahora se sentía anormal, y extrañamente dolorosa, cómo una apuñalada que le saco un quejido más alto de lo que hubiera preferido.
— Bueno, hmm... Yo, tengo que, que decirte algo. – Tartamudeo en un farfullo desgarrador. Cómo si sus palabras se pegasen a las paredes de su garganta dolorosamente y su voz se hubiese puesto en su contra. Y los sonidos crujían como madera al ser pronunciados, las astillas clavándose en sus encías, sumiendolo en un dolor absoluto, confundiendo su mente.
— ¿Que tienes que decirme? ¿Es algo urgente? – Pudo ver cómo la preocupación se pinto en sus cejas al pronunciar la palabra.
— Yo lo siento con mucha urgencia. – Expresó quebradisamente.
— ¿Y que es? ¿Que pasá? – Se preocupó Azirafel una vez más, acercándose con pasos largos, a los que Crowley reaccionó con un par de pasos hacia atrás, como si Azirafel lo fuera a morder.
— Pasa que... Yo, yo, hmm... Pues, es complicado. –
— Entonces haré un esfuerzo para entender. – Crowley suspiró mientras se quitaba los lentes.
— Bueno... Pasa que, tu y yo nos conocemos por mucho tiempo, ¿Sabes? Y estos últimos años las cosas han sido distintas entre nosotros, a diferencia de como eran, nose, antes. – Crowley odiaba la mirada expectante de Azirafel sobre el, muy internamente quería correr, pero ya era muy tarde para eso. — Y, la manera en la que me siento respecto a ti, se puede decir que también ha cambiado.
— Y lo que quiero decir es que, pues, ngh, que quizás confío un poco más de lo que lo hacía antes. ¿Y eso suena muy simple si lo digo así, cierto? – Se río falsamente para aliviar la tensión mientras estiraba sus brazos. — Pero es que es más difícil conseguir palabras para describir a lo que me refiero, y más ahora.
— Quiero decir que, estar sin ti, ahora, es más complicado de lo que eran unos, quizás mil años, o incluso cien. Lo cierto es que, siento que cada día es más difícil estar sin ti, y los momentos en los que no estás, hablando sobre algo sin importar que tan estúpido sea el tema, son rellenados por silencio. Y me siento solo, me siento solo cuando tú no estás. – Sintió como su voz se empezó a quebrar y en su garganta se apretaba un nudo que amenazaba con rasgarse en cualquier momento. Observó la mirada sorprendida y confundida del ángel sobre el antes de volver su mirada a sus pies.
— Quizás es ridículo, quizás pienses que yo soy ridículo, pero de verdad siento como si te necesitara. Cómo si te quisiera siempre conmigo, por la eternidad y para siempre. Y cada vez es más difícil ocultartelo, ocultar lo mucho que te aprecio, quizás más de lo que se me tiene permitido, incluso quizás más de lo que pensé que un demonio como yo sería capaz. – Crowley sonrió, agarrando el valor de mirar a Azirafel, pero sentía como sus ojos se cristalizaban.
— Y se puede decir que te quiero, mucho, demasiado hasta podría decir. Perdóname, por esto, de verdad, perdón. – Una gota gruesa se deslizo por la mejilla de Crowley hasta su mandibula. Su corazón saltaba en su pecho con tanto sobresalto que estaba seguro que se saldría de su pecho.
La mirada de Azirafel se había transformado. Sus ojos verdes cristalinos abiertos contorsionados en absoluto estado de shock lo observaban con una plena intensidad mientras cubría su boca con sus manos. La habitación se lleno de un silencio asesino en el que el único sonido que percibían eran sus respiraciones alteradas. La habitación apenas era iluminada por una pequeña lamparita que proporcioba luz cálida, que hacía que el cuarto entero se llenará en una atmósfera atrapante de calidez que sofoca, el viento soplaba fuerte contra la ventana pero adentro se sentía anormalmente caliente.
— Yo... Yo... – Trato de expresar, su voz temblorosa, uniéndose al sollozo del demonio.
— Ángel, perdón por hacerte llorar, no era...– Fue interrumpido por el rubio.
— Yo me siento igual. – La expresión de sorpresa aún no se había disipado de su rostro a lo largo que sus lágrimas fluían, Crowley tampoco podía detener su llanto débil y más a esa respuesta.
— Me he sentido así... Por tanto tiempo, tuve que habértelo dicho antes, perdóname a mi.– Antes de que Azirafel pudiera terminar, Crowley sostuvo sus mejillas en sus manos y en sus labios plantó un profundo beso con la delicadeza de una supernova.
Ninguno de los dos había hecho eso antes, pero ambos deseaban con profundidad que fuera con el otro.
Era descuidado y casi animalistico, resultado de un deseo que había sido ignorado dolorosamente por tanto, tanto tiempo. Crowley estaba dudoso de donde poner sus manos, deslizandolas por el pelo blanquecino rubio de Azirafel, hasta sus mejillas y cuello. Las manos de Azirafel desfilaron hasta la cintura del pelirrojo, arqueando su espalda naturalmente.
Sus labios se conectaban con una conmoción desesperada, y colisionaban entre si como si estuvieran echos para el otro, como si realmente no importará si son ángeles o demonios, y que lo único que importaba era su amor y el momento. El silencio fue colmado por los sonidos lascivos que producían sus bocas mientras que Crowley empujaba al ángel con ligereza contra la pared amarilla.
Crowley se despegó del beso que apesar de haber durado unos instante se sintió como una eternidad en la que estaban dispuestos habitar.
Colocó su cabeza sobre el hombro del rubio, entretanto de sus ojos se despilfarraban gruesas lágrimas resguardadas por la chaqueta de Azirafel, repartiendo cortos besos por su cuello con la mano del ángel que peinaba cariñosamente los bucles de Azirafel.
— Te amo Azirafel... Te amo, te amo, te amo, te amo... – Lloró pesadamente sobre el, una de sus manos presionando su cadera y la otra acariciando su mejilla, lleno de una sensación de liviandad por la que había anhelado tanto, ya consumada la manifestación de tal profuso afecto que desgarraba.
— Te amo demasiado, mi ángel...– Murmullo Crowley en un tono de voz trepidante, y suspiro pesadamente.
