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Los golpes a su puerta fueron demasiado insistentes como para tratarse de una broma, a mala gana, Marco se levantó del suelo para abrir, quejándose cuando la luz natural del exterior le golpeó en la cara.
-¿Akagami?
-Hey Marco, tanto tiempo- saludo el pirata con una mueca tensa en la cara, sintiendo un temblor en la ceja ante el tono rasposo del fénix.
El médico no contestó la cortesía, achicó los ojos asomándose cauteloso por encima del hombro de Shanks, buscando a los demás miembros de la tripulación del pelirrojo, encontrándose con un paisaje tranquilo y vacío.
Un carraspeo ansioso provocó que volviera a erguirse y arrugó la nariz ante el pirata.
-Vengo solo, pajarito.
Marco reaccionó bajo el apodo mojándose los labios resecos con su lengua y rascando con cierta insistencia el callo de su mano derecha.
-¿Tú…? ¿Qué haces aquí?- la pregunta fue bastante acusatoria y no era para menos, Shanks era uno de los últimos personajes que espero ver en Sphinx.
El menor se encogió de hombros.
-Eso no es una respuesta- gruño el rubio, cerrando el puño alrededor del picaporte, dispuesto a cerrar la puerta en las narices del pelirrojo.
-¿No está algo oscuro?
Sin dar contestación, el Capitán pelirrojo se invitó a sí mismo a entrar en la cabaña, bastando un pequeño empujoncito para que Marco tropezara con sus propios pies al retroceder y dejará libre el umbral.
-¡Akagami!- gritó una vez que se recuperó de la osadía inicial y cuando los ojos de ambos se encontraron cerró la boca de golpe, había un brillo extraño en la mirada del pelirrojo algo que no fue capaz de reconocer y lo dejó con un sentimiento extraño.
Mejor no le dio importancia.
Shanks pensó en comportarse íntegro frente al fénix, conocía lo desgraciada que había sido su vida desde MarineFord, pero al verlo retraído, hablando apenas-como si se hubiera negado a volver a pronunciar algo desde hace mucho-, con grandes bolsas en sus ojos y actuando como todo un ermitaño, supo que no sería escuchado de buenas a primeras, solo actuando un poco cabrón sería notado perfectamente, aunque sería un cabrón decente.
El interior de la casa era bastante lamentable, ni siquiera la peor habitación del Red Force era comparable, parecía demasiado abandonada, cualquiera que viera el lugar le costaría creer que Marco estaba viviendo ahí desde hace un tiempo. Pronto la humedad y el aroma tierra le causaron cosquillas en sus fosas nasales provocando que estornudara hasta que sus ojos se sintieron llorosos, tuvo que sacudirse la nariz y casi dejó caer su botella en medio de sus malabares así que mejor la dejo en el suelo junto al sofá.
-¡Aka…!- se quejó el fénix antes de que un ataque de tos cortará sus palabras.
Shanks se giró suavemente buscando preguntar algo enfrentándose a la imagen de un hombre confundido -también bastante enfurruñado- y descuidado, esa persona que siempre pensó grande ahora se notaba pequeña.
-¡ Akagami ! ¿Estás escuchando?- incluso la fuerza de sus gritos era cada vez más frágil, tal como si las cuerdas de un violín estuvieran rompiéndose poco a poco.
-Pajarito, pajarito, me rompes los oídos- respondió finalmente, arrancando una cortina del ventanal, dejando la luz filtrarse por la sala-¿Has comido?
Marco no contestó, pero fue suficiente respuesta para el pelirrojo.
- Te traeré un poco de la barbacoa que hará Lucky, ¿Puedes imaginar que estaban tan contentos por estar solos? ¡Esos bastardos! Pensar que los cuido tanto y me tratan de ese modo… Ahora ¿Tienes conque limpiar?
El pelirrojo se quitó la capa, dejando esta sobre una silla sin mucho cuidado, acercándose a los cajones de la alacena, junto al fregadero.
Marco se quedó junto a la mesa, perplejo por el actuar del otro, sus dientes chocaron entre sí cuando cerró con pesadez la boca, la mantuvo abierta desde que no encontró modo de quejarse, y no tardó en sentir un tic en el ojo.
¿Qué se creía ese mocoso?
-¡Oh! Encontré una franela ¿Tienes alguna cubeta?- escucho al otro decir, antes de ver una mancha pelirroja ondeando un trozo de tela con gran entusiasmo.
-¡ Akagami !-gruño con las uñas enterradas en la carne de sus palmas; una pequeña flama azul se escapó de su hombro y los ojos de Shanks resplandecieron, amenaza o no, esas llamas siempre eran impresionantes- no estoy para juegos tuyos.
A grandes zancadas, atravesó la distancia que lo separaba de Shanks sosteniéndolo de la camisa, los puños de Marco temblaron y sus nudillos no tardaron en volverse blancos pese a que el agarre era bastante flojo.
-Ahora, ahora, ¿Quién está jugando?- preguntó Akagami con bastante calma- este sitio es de lo menos habitable, pajarito, no es bueno para ti.
-¡No sabes lo que es bueno para mí!
El nudo en la garganta del fénix provocó que las palabras salieran extrañas, más agudas y la pequeña sonrisa que el pelirrojo mantuvo por largo rato se borró finalmente.
-Quizás no, solo sé que este lugar, en este estado, es perjudicial para ti.
Marco vio nuevamente ese brillo entre las pupilas de Shanks, sintiéndose helado y desnudo bajo la misma; tal fue así, que no fue capaz de soportarlo y soltó al menor.
-Estás siendo un idiota- farfullo, sin estar seguro de mantener a flote su enojo.
-¿Yo estoy siendo un idiota? Solo debes verte a ti mismo pajarito- los nudillos de Shanks acariciaron la mejilla que mostraba signos de barba crecida y enmarañada.
Marco retrocedió, el enojo pasó a consternación y las agruras atacaron su estómago vacío, las punzadas casi lo hicieron doblarse ahí mismo pero de alguna forma logró mantenerse recto. Se pasó las manos por la cara, con un resoplido débil, buscando mirar a otro punto que no fuera Shanks.
-Solo lárgate.
No tentó demasiado a su suerte, pronto la respiración de Shanks se escuchó cerca de su oído y el calor de este se extendió hasta tocar su piel.
-Barbablanca nos daría un buen golpe, a ti por dejarte vencer así y a mi…- “si te dejo así”
Con la frase finalizada en su mente se dio media vuelta para buscar artículos de limpieza, dejando a un Marco confundido por sus palabras a mitad del pequeño pasillo y saltó cuando escuchó el grito victorioso de Shanks.
-¡Mira si tienes escoba!
Durante las siguientes dos horas, fue testigo de cómo Shanks aseo la sala y la cocina (lo escucho quejarse porque había casi nada y lo poco ya estaba incomible), de momentos el hombre se detenía a beber algunos tragos de licor y después regresaba a la contienda.
Y en esas dos horas Shanks habló hasta por los codos.
Marco estuvo en una esquina con los brazos cruzados, mordiéndose el interior del cachete y con dolor en las entrañas, se sentía ultrajado.
El discurso del pelirrojo fue bastante vago pero tenía razón -Marco no dirá en voz alta que lo admitió- el viejo Newgate desaprobaría, con una mirada culpable en el rostro arrugado y cansado, la mierda donde el médico estaba refugiándose.
Marco necesitaba un consejo de su papá o incluso ese golpe.
-Esto es difícil, mierda- Shanks se encontraba en una pequeña pelea con el trapeador.
-¿Qué carajo? ¿Es que planeas hacer de la habitación una alberca?- Marco tuvo un pequeño dolor en el cráneo cuando medio piso de la sala se vio inundado y fuertemente aromatizado a jazmín- ¡Dame eso!
-Puedo enfrentarme a medio mar con una mano, pero aquí término yo más exprimido que el trapeador.
Marco le quitó el palo de las manos ignorando el mal chiste del Emperador quien tenía los pantalones empapados y sus sandalias emitían un chillido molesto al caminar, tanto que afectaban los nervios del médico.
El fénix entonces se ocupó de los charcos en el suelo y empujó al pelirrojo fuera de la casa para que pudiera secarse con el calor que azotaba esas horas de la tarde, casi en inconsciencia continua con lo que el menor comenzó, fue como entrar en modo automático, a grandes pisotones junto las sábanas y la ropa sucia antes de dejarla afuera también, sacudió las ventanas y limpio la recámara, todo mientras maldecía mentalmente a Akagami , el idiota había invadido su espacio personal haciendo lo que le dio la gana.
-¿Qué se piensa ese estúpido?- gruñó durante el resto del tiempo que el sol estaba en lo alto.
Marco solo cayó en cuenta de todo al final del día cuando el cansancio se apoderó sobre él y sintió los brazos adoloridos, las noches en vela, el mal comer, la bebida constante, junto al esfuerzo del trabajo pasaron factura en ese momento.
-¡ Tch !
Desde que llegó solo había estado lamentando su pérdida y ahogándose entre pensamientos negativos, lo pésimo que fue como capitán, como hermano, huyendo a lamerse las heridas en el único sitio seguro que aún quedaba bajo el nombre de su padre y entonces llegó el mocoso de cabello rojizo a invadir su pequeño mundo, de una manera singular y tan propia de él.
Pelirrojo, pelirrojo…
"¡ Akagami !" Cayó en cuenta de que perdió la pista del hombre desde que lo sacó a base de golpes con el trapeador a secarse afuera, en resumen se olvidó de la presencia del mocoso, es decir, ¿Quién pasa de algo la figura de don señor "Destacó aún si estoy sentadito sin decir pío" ?
Revisó cada cuarto de la casa, incluso un poco más allá de los límites de su visión pensando que pudo caer dormido pero no hubo nada, es posible que se marchara con su tripulación para tener un momento más entretenido ¿No dijo que harían algo al anochecer? Lo que fuera, sin duda era mejor que tenerlo ahí.
El doctor imaginó que debía sentirse aliviado por estar solo nuevamente pero no fue el caso, trató de no darle demasiadas vueltas y puso atención a su alrededor, las lámparas iluminaban la casa y Marco no pudo evitar sentir una pequeña chispa de orgullo al notarla brillante y fresca, se sintió satisfecho con algo, pese a que no fue su intención limpiar desde el principio.
Bostezo y movió pesadamente hacia el baño para mojarse la cara, con lo agotado que estaba es posible que logrará dormir sin sufrir pesadillas; no terminó de abrir la puerta cuando se encontró el reflejo de sí mismo frente al espejo, todas sus equivocaciones y malas decisiones-algunas sin sentido- se marcaban en su rostro demacrado.
Golpeó en lavamanos con las palmas antes de arrancar el espejo de la pared y dejarlo caer al suelo, estremeciéndose bajo el sonido del cristal chocando contra la superficie, evitó mirar los trozos rezagados y los junto torpemente con la suela de su sandalia.
-Papá la estoy jodiendo- medito con las manos aferradas a la estructura del lavatorio.
-No se que estoy haciendo, vine a Sphinx, para cuidarla como tú lo hacías pero… ¿Realmente puedo hacerlo? ¿Podrán ellos confiar en mí como lo hacían contigo?
"¿Y hay alguna razón para que entreguen su confianza a ti?"
La voz de sus pensamientos rompió una parte de sus barreras, sonó repugnante, similar a la de Teach -Marco se mostraba reacio a llamar a ese bastardo “ Barbanegra ” era algo que no se merecía- la empezó a escuchar desde la muerte de Thatch, primero lejana ahora tan cerca que le causaba asco. Solo al estar tan ocupado no le prestó atención hasta ahora.
"Solo mira ¡Detrás de ti! ¡A esto los has arrastrado! Zehajajaja"
El dolor en su estómago aumento obligándolo a encogerse en el espacio, se mordió los labios soportando el malestar, mientras palabras hirientes se escuchaban dentro de su cabeza, con ese tono burlesco, tan parecida al traidor, mismas voces que le privaron en sueño durante varias semanas, meses y que aún continuaban detrás de él.
"Por seguirte, a ti, a tus órdenes, los condenaste a la derrota. Ven, ven a mi, Marco, tomaré cuidado de ti y tus hermanos restantes."
La bilis terminó por llevarlo a abrazar el excusado, se sintió asfixiado aferrándose a sus rodillas, detestaba el ruido de sus arcadas, la sensación vacía en su estómago y aún así el cuerpo forzando vaciar las entrañas, con las extremidades temblorosas, sintiéndose repugnante bajo el sudor helado que empapa su cuerpo.
El tormento se esfumó bajo la presión suave de algo cálido sobre su espalda, algo que no sentía desde lo vivido en MarineFord ; pequeñas palmadas lo ayudaron con su ataque de tos y se quedaron ahí el tiempo que duró hincado en el suelo.
-¿Ya es todo? Vamos, arriba- escuchó a su costado, pero los sentidos abrumados por el ataque no le permitieron concentrarse.
Sintió que se desplomaría contra el suelo cuando se levantó, pero no lo dejaron caer, mojaron su rostro y su boca tan despacio como una especie de sueño, después lo empujaron con cuidado hacia la habitación; no escucho quejas por la lentitud de sus pasos, tampoco por los pequeños tropiezos o por detenerse cada que una punzada de dolor perforaba su cabeza, la noción de los sucesos comenzó a ser confusa cada paso daba un escenario distinto, el pasado y el presente parecían juntarse para reírse de su miseria, sólo la firmeza que pesaba en su cadera y el calor humano a su costado asustaron lo suficiente las burlas de Teach grabadas en sus pensamientos.
-Te traeré agua.
Marco cae sin gracia sobre el colchón, flácido y rueda hasta quedar boca abajo, las sábanas se sienten frías, otorgando comodidad a su piel caliente y húmeda. El confort es momentáneo, el peso ligero a su costado lo obliga levantarse un poco y colocarse sobre su espalda; el vaso frío golpea contra sus labios y nunca pensó en beber tan avidamente como lo hizo en ese momento, su garganta cantó en gloria cuando el líquido arrastró la sensación pastosa y amarga del vómito.
Su cabeza golpea las almohadas al momento que dejan de sostenerlo, está temblando lo sabe y está cansado, tiene miedo de dormir. Las caricias a su frente son como un arrullo silencioso, el cuarto está en penumbras y solo escucha, un golpeteo suave contra el suelo, la respiración tenue a su derecha, los grillos cantando.
Un matiz rojizo inundó su visión al acostumbrarse a la negrura y se levantó azorado de la cama, sorpresa fue encontrarse con Akagami sentado al borde del colchón con los ojos tan abiertos y ¿nervioso?.
El rostro de Marco enrojece, no ha permitido a nade verlo desmoronarse y ahora aquí está dando una imagen, quiere que la tierra lo trague, dejándolo en las profundidades de la misma hasta que no sea más que huesos y abono para la tierra, quien sabe quizás un bonito árbol crezca sobre sus restos.
Sus cavilaciones son interrumpidas cuando el mocoso engreído de cabello rojo se acomoda un poco más al centro de la cama.
-¿Akagami?- comenzó sintiendo pequeños empujones en su hombro por parte de Shanks, pareciera que lo obligaban a acostarse nuevamente- ¿No te habías ido?
El hombre se mostró bastante consternado ante la pregunta, pero no tardó en mostrar una pequeña sonrisa.
-¿Te olvidaste? Traje la cena, Lucky se lució ¡Fue una suerte que lograra tomar un poco!
Marco parpadeo, intentando encontrar sentido a las palabras del pelirrojo, incluso se olvidó de su dolor de cabeza o que acababan de sacarlo del baño tal cual borracho en un bar.
-Pero…-continuó el emperador sentándose cómodamente en la cama- te ves de la mierda así que descansa.
-¿Por qué volviste?-
No hubo respuesta, el silencio reinó entre ambos y Marco intento no contar los segundos que pasaron después de su pregunta.
Lo intentó de nuevo, una vez más no obtuvo contestación.
Hubo dolor en el pecho del fénix, este mutismo comenzaba a ponerlo nervioso, Shanks siempre hablaba ¿Justo ahora se le ocurría callar?
-¡Akagami!- insistió.
No hubo una tercera vez para preguntar, Marco se lanzó contra el pelirrojo, haciéndolo caer sobre la cama, se haría escuchar de algún modo.
-¿Por qué regresaste?- Marco golpeó el pecho del pelirrojo- ¡Akagami! ¿Por qué tu? Ellos se fueron, se fueron…¿Que te hizo venir aquí? No hay nada, Akagami ¡Nada!
Shanks guardó silencio preso entre la cama y el cuerpo de Marco mientras su mano sostenía el costado del rubio, había querido negarlo pero el ex-comandante había perdido peso, casi sintió que podía rodear la cintura del hombre con su brazo incluso no tendría problemas en quitárselo de encima, pero le dejó actuar.
Marco siempre fue alguien fuerte, seguro de sí, verle de esta manera era doloroso, los golpes en su pecho continuaron una muestra de impotencia por parte del rubio cuyas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas pese a sus intentos de frenarlas, Shanks lo rodeo con su brazo, presionado para no dejarle escapar y solo el confort de los dedos callosos deslizándose por su espalda lograron que el fénix finalmente cediera, dejándose caer por completo sobre el menor.
-Falle…a todos- su lamento fue entrecortado, como si costara admitir sus palabras.
Durante mucho tiempo guardó sus emociones, constantemente se convenció de que necesitaba ser firme y finalmente explotó.
El alma de Marco gritó, fue tan fuerte como pudo frente a sus hermanos, en todo momento, intentó guiarlos de la misma manera que su padre y falló, ahora todos estaban dispersos, desaparecidos, muertos… fueron ellos quienes lo sacaron de las garras de Teach cuando esté lo apresó entre sus dedos; Marco no podría olvidar la sensación helada y vacía que sintió cuando se encontró tan cerca de la oscuridad, Marshall había arrebatado algo de él en ese momento, su voluntad, el maldito bastardo logró su cometido, convertir al orgulloso primer comandante en un alma en pena.
Shanks no dijo nada, sus dedos continuaban moviéndose por la espalda del fénix, quizás diría sus pensamientos más adelante, se sentía halagado por ser él quien brindará un soporte a la persona que considero preciosa desde que le conoció en su niñez.
-Me preguntas la razón de estar aquí, ¿No lo adivinas?- mencionó Shanks bajito, de la misma manera que se hace al contar un secreto.
Hizo un pequeño movimiento, su nariz golpeó las hebras doradas y continuó así hasta que Marco alzó el rostro; el agarre de Shanks persistió en su cadera, tal como una promesa silenciosa de no soltarlo.
-Quería verte, pajarito.
-¿Qué?
Marco se mostró estupefacto y parpadeó incrédulo hasta que las últimas gotas se deslizaron por sus mejillas hasta desaparecer en su mentón, buscó la burla en los ojos de Shanks, encontrándose con ese destello nuevamente, uno enternecedor y cálido, no lo entendía aún, pero ya no era tan abrumador.
-¿Te sorprende? Es solo eso, quería verte.
Marco parpadeo, Shanks se presentó en Sphinx para verlo, sintió que podía reír a carcajadas, la frase se escuchó tan sincera que le causó cosquillas en la punta de sus dedos. La inesperada respuesta fue de gran ayuda, empezó a calmarse poco a poco junto a la atención en su espalda, no dudaba que pudiera quedarse dormido.
-Vine aquí al escuchar que te habían visto por los alrededores- continuó el pelirrojo.
-¿Cuándo?- Marco apoyó el mentón sobre el pecho del pelirrojo- ¿Cuando te enteraste?
-Hace unas dos o tres semanas, en la isla de Thestias.
-Semanas…espera, espera, ¿Semanas?
¡Algo no cuadraba!
Sphinx y Thestias eran islas con una distancia considerable, ¡Se trataba de casi un mes de viaje!
-Tu… ¿Cómo?
Fue como aquella ocasión en MarineFord, Shanks apareció aun cuando los informes habían dicho que estaba peleando contra Kaido.
-Sencillo…quería verte y algo me decía que era necesario venir pronto.
Marco se dejó caer, sintiendo las caricias ahora en su nuca, trató de rodar fuera del abrazo de Shanks, pero la presión en su cabeza lo detuvo, manteniéndolo sobre el menor; los latidos se escucharon debajo de él, en un son irregular y calmado.
Y luego de noches en vela, Marco se quedó dormido, tan profundamente que Shanks tuvo la oportunidad de besarlo en la frente y el único gesto que hizo el fénix fue voltear el rostro a otro lado.
-Descansa, pajarito.
Murmuró en la oscuridad, ignorando que su pierna comenzaba a doler debido a la mala postura en la que se encontraba.
— — — — — — — — — — —
Fue hasta horas después que Marco se despertó mirando incrédulo los rayos de sol metiéndose en la habitación a través de la ventana.
No hubo pesadillas esa noche.
Se estiró, mientras se sentaba sobre el colchón, quejándose por lo bajo ante los dolores de su cuerpo, era como revivir sus días de resaca cuando era más joven.
Dando un vistazo a su alrededor se percató de que Shanks ya no se encontraba, la única de seña de que el pelirrojo estuvo en su cama fue la capa que actualmente cubría su estómago, con cierta curiosidad, palpo la tela, era más gruesa de lo que imagino ideal para cuando baja la temperatura a causa de las tormentas, también bastante ligera, el rubio se preguntó qué había llevado al mocoso a usar una prenda como esa.
¿Evocar una especie de héroe o villano malvado de los cuentos de hadas?, no pudo evitar reír tras el pensamiento.
-Tu cara es bastante desconcertante ahora mismo, ¿Es por las ojeras?
Shanks entró en la habitación y Marco empujo la capa lejos de sus manos, pero la mirada divertida del menor fue suficiente para darle a entender que fue visto; enfurruño el rostro lanzando una almohada hacía el invasor.
-¡Hey! Alguien despertó con bastante energía- Shanks volvió a ese tono empalagoso y alegre que dejaba a Marco con los nervios de punta- buenos días- canturreo- te ves de la mierda.
-Jodete, Akagami.
-Y sin duda de mejor humor, ahora, traje el almuerzo- informó, clavando los pies a un lado de la cama con una expresión que asustó al fénix- pero antes…
No terminó la frase y pronto Marco se vio levantado por el pelirrojo, Shanks no necesito mucho esfuerzo para poder colocar al mayor sobre su hombro y sacarlo de la cama. El médico se sintió como una especie de barril al ser cargado de tal modo.
-¿Qué dem…? ¡Akagami!
Marco haría un recuento de las veces que dijo en voz alta el mote del emperador y daría un trago de licor por cada una de ellas, sentía que ya había roto récord.
-Nunca pensé que diría una de las frases más comunes de Benn pero…¡Tienes que ducharte!
-¡Bájame!
-No fallaste, pajarito- interrumpió el pelirrojo, deteniéndose un momento al salir de la habitación- anoche debí decirlo, pero ahora también es buen momento.
Los reclamos de Marco disminuyeron y trato de mirar hacia el pelirrojo, encontrando sólo la brillante nuca del mismo.
-Y sin duda Barbablanca pensara lo mismo, no fallaste… jugaron absurdamente sucio, pero así como el viejo Newgate se levantó muchas veces, tu también podrás hacerlo, eres su hijo ¿No? Tienes la voluntad de él contigo.
-Cuando hablas así de serio no puedo decir que te pateare el trasero, eres un bastardo, Akagami.
El mencionado solo carcajeo, un sonido fantasioso y divertido.
Marco jalo de un pequeño mechón carmín dejándose arrastrar hasta el baño por el menor, los trozos de cristal continuaban en el suelo, la mayoría amontonada en un rincón, Shanks junto otros pocos más antes de tener cuidado de dejar a Marco en el suelo abriendo la regadera usando su pierna como barrera para que el mayor no escapara el fénix observó la extremidad incrédulo, un empujón y era libre, pero siendo honesto consigo mismo se sentía asqueroso así que aguardo mientras su extraño rival realizaba maniobras para lograr que la bañera fuera más espuma que agua.
-Yo puedo hacerlo.
-Ni hablar, me quedo contigo.
La mueca de Marco decayó bajo las palabras del menor, se sintió bastante inútil en ese momento y no era para menos, su actuar más reciente no dejaba buenos comentarios. Shanks al notar el cambio de ambiente se apresuró a corregir el malentendido de su boca insensata.
-No lo hago porque piense que eres débil, pero no alcanzaras tu espalda, incluso yo recibo ayuda de Benny, aunque recientemente lo escuche decir que instalará un cepillo para la espalda en la pared.
Marco no encontró fallas en su lógica, incluso en el Moby solían bañarse en conjunto -aunque la cantidad de tripulantes también tenía mucho que ver-.
Terminó desnudándose sin pudor alguno ignorando la profunda mirada que Shanks le dedicó, no era lastima, tampoco repudió u algún otro sentimiento similar, los ojos del menor continuaban reflejando algo que continuaba sin dar nombre. Le vendría bien el apoyo de Izo en este momento, ese hombre era un experto en leer las emociones escondidas, o al menos las acertaba la mayor parte del tiempo.
Emitió un pequeño sonido antes de hundirse en el agua, fue una especie de alivio, uno que se negó a darse; esperó alguna palabra por parte del capitán Akagami pero, a su gran asombro, hubo silencio.
Lentamente se dejó envolver por el vapor y la calidez del agua pero el fuerte aroma floral de los aceites le picaron en la nariz ¿Acaso Akagami buscaba hacer una especie de perfume?
Un pequeño arrullo llegó a sus oídos, tosco pero gratamente cálido; el rumbo de sus pensamientos se detuvo y miró a su costado donde Shanks se acomodo a un lado, con las rodillas pegadas al suelo, tarareando una melodía que el fénix desconocía. El sonido disarmónico le recordó al choque de las olas del mar, las tormentas y a la calma que viene después de ella, en la alegría y el enojo, la felicidad y el dolor, de finales y comienzos.
-¿Ya estás enamorado de mi?- pregunto el pelirrojo, moviendo las cejas e interrumpiendo su pequeño solo- me observas tan detenidamente que empiezo a sentirme nervioso.
Marco resopló y mostró el indicio de lo que parecía ser una sonrisa, era más bien una mueca pero Shanks se alegró tanto internamente de ver un gesto diferente en el rostro del fénix que estuvo a punto de golpear el suelo con sus pies, deteniéndose por el agarre a su muñeca.
-Solo continúa, Akagami.
Y Shanks cumplió.
Los dedos del capitán acarrearon agua de forma torpe y empaparon su cabello, espalda, hombros, incluso su rostro, hubo pequeños roces que se mezclaban con la melodía, hubo formas trazadas sobre su cabello bajo aquella mano, Shanks resultó ser bastante diestro en la tarea, pero no es algo que Marco admitiera en voz alta.
El tiempo que quiso estar dentro de la bañera fue bastante corto, esta vez el pelirrojo salió diciendo que había llamado a Beckman para un pequeño favor quedando entonces solo, con una toalla en la cintura y una muda de ropa ya lista a su costado, algo que Shanks debió llevar desde antes de arrastrarlo. Los pantalones eran iguales a los que solía usar, pero la camisa estaba fuera de su patrón de color usual, siendo de un color azul claro, casi blanco, un atuendo bastante fresco.
Al pasarse la mano por la mejilla sintió el picor de la barba que había descuidado y dejado crecer como enredadera sobre su cara con los dedos temblorosos tomó uno de los pedazos de cristal del suelo, el más grande que vio. Su reflejo no causó otro ataque ansioso pero sí un gesto de desaprobación aunque se encontraba limpio continuaba notándose bastante andrajoso, nunca fue un hombre que se preocupara demasiado por el pensamiento de otros hacía su apariencia, pero si era sincero, el vello comenzaba a darle picazón.
Y entonces del cajón donde guardaba algunos medicamentos sacó una navaja y un jabón.
Ahora… ¿Cómo te afeitas si tu único espejo es un pedazo de cristal roto que no puedes sostener cómodamente?
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Fue cerca de una hora la que tardó Marco en salir del baño, afeitado y hambriento, cabe mencionar que el mismo se sorprendió de escuchar su estómago quejarse; en la cocina, Shanks lo esperaba apoyado en la encimera con una pequeña canasta a un lado.
-Hey, te afeitaste.
-No, solamente le dije al animal que anidaba en mi cara que ya se podía ir.
El pelirrojo se mofó, dejando una taza de café cargado sobre las manos del fénix antes de abrir la canasta descubriendo bocadillos suaves, algunos dulces y frutas, lo más relevante, un tazón con trozos de piña cortados en forma de ave.
-Akagami…-Marco se mostró algo cohibido, sabía que sus mejillas no estaban rojas por el afeitado reciente y no ayudaba para nada la total atención que el pelirrojo le prestaba- mierda, es más sencillo darte un puñetazo.
-¿Es una especie de cumplido?- Shanks trató de ser gracioso pero aun se escuchaba preocupado- Debo decir que no se siente como…
-Intento decir gracias, pelirrojo- gruño el médico, sintiendo deseos de realmente golpearlo en la cara.
Shanks dejó caer el mentón sobre la palma de su mano, tenía un gesto bastante soñador pintado en las facciones. Marco no espero verle así, había pasado un tiempo desde la última ocasión que vio esa expresión en el rostro del Emperador, como si estuviera viendo algo precioso.
Esperaba que fuera la puerta que se encontraba detrás.
-Shanks…
-¿Qué?
-Es Shanks, no Akagami.
-¿Y tú punto?- preguntó el fénix, dando un bocado a la fruta picada.
-No estoy como capitán aquí contigo, Marco, ese título lo dejé al otro lado de la puerta, solo soy Shanks, al menos aquí, quiero y pido que me llames así.
Marco sintió ácida la garganta al tragar un poco de agua, era ya costumbre dirigirse a él por sus apodos más conocidos, y en su mente tenía otros pocos, que llamarlo “Shanks” provocaba que la lengua se enredara.
-Sueñas, Akagami.
El resto de la tarde Marco volvió a estar solo, Shanks regreso al Red Force, Yassop había pasado a buscarlo poco después del almuerzo diciendo que Ben lo necesitaba, el francotirador saludo efusivamente desde la entrada de la casa antes de llevarse a rastras al Capitán no sin que esté prometiera a gritos volver más tarde.
Ahora la cabaña se sentía bastante grande, de una forma que Marco no había experimentado o realmente no había puesto atención. Imagino que volvería a su enfurruñamiento pero se descubrió sacando algunos carteles de recompensa, eran de su tripulación, no todos pero sí algunos que logró encontrar, estaban arrugados, algunos con rastros de humedad.
El primer cartel fue el de Vista y una sonrisa melancólica apareció en su rostro, debajo de ese, se encontraba el de Ace, sus ojos se cristalizaron y solo derramaron lágrimas cuando descubrió el siguiente cartel, era el de su Papá. Los recuerdos lo invadieron, pero ninguno fue de aquellos días oscuros, eran más alegres, de esas noches en vela, de las fiestas, las pláticas todo…todo lo bueno, su corazón se hinchó de nostalgia. Tuvo el temor de caer nuevamente, pero una melodía desentonada y graciosa lo acompañó durante la travesía de pasar cartel por cartel, arrastrando bonitos momentos en el Moby.
Teach no salió en ninguno de ellos.
Ni su imagen ni su voz.
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-¿Qué es eso?
Shanks regreso por la noche, bañado y con otra canasta de alimentos, más sobre esta, una gran tela de color negro se encontraba doblada.
-Pensé que querrías tenerla- dijo alzando la canasta hacia Marco para que tomara el bulto.
Era la bandera de los barbablanca, aquellas que entregaban a las islas como prueba de que estarían bajo su protección; estaba algo maltratada tenía agujeros y un claro desgaste por el tiempo, la intemperie y, quizás, una dura batalla.
-¿Cómo?- quiso saber.
Marco se sentó en el sofá y Shanks tomó lugar a su lado dejando en el suelo, junto a sus pies.
-Un hombre la resguardaba…- contó mirando la forma en que la bandera cubría casi por completo el cuerpo de Marco- logró hacerse con ella cuando la isla fue reclamada por Big Mom y la escondió; no fue fácil persuadirlo para que me la diera, pero esta bandera… estará más segura en tus manos.
Los hombros del médico se tensaron, era de suponer que los Emperadores no perderían el tiempo, su padre tuvo muchas islas cuidadas bajo su nombre, con su muerte estas quedaban vulnerables y viables a ser reclamadas; sus manos apretaron la bandera, lamentando no haber sido más fuerte para proteger el legado de su padre. Pronto el brazo de Shanks lo rodeo y poco a poco fue acercándose al cuerpo del pelirrojo, no hubo más palabras o señas, no lo necesito, bastó solo la compañía.
-Gracias, Akagami.
-No dices mi nombre aún.
Fue absurdo que se quedaran toda la noche en aquel pequeño sillón, pero la mañana los descubrió apoyados uno contra el otro con sus manos entrelazadas, si se dieron cuenta o no, no dijeron nada luego de despertar, pero Marco sentía más ligera su alma y su mente.
Ahora la bandera adornaba en su totalidad la pared de su sala y los carteles de recompensa estaban pegados sobre ella.
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Shanks se quedó por tres días y tres noches más-esta hora fue más agradable de lo que pensó, después de todo el pelirrojo tarareaba para él sin ninguna queja-, Marco se preguntó si su tripulación no estaría ansiosa por partir a la mar luego de tantos días en tierra; nunca los vio, pese a que el pelirrojo le llevó a caminar por la playa.
-Creo que deberías conocer la isla- le había dicho el pelirrojo, empujándolo por casi cada rincón del pueblo.
Marco prestó atención, aquel que no puso cuando llegó, la isla era realmente preciosa. Volvió a volar, Shanks no escondía su asombro alabando al fénix desde la superficie.
-Tus colores son bonitos, pequeño fénix.
El médico no evitó tener las orejas calientes el resto del día.
La tercera noche, Marco despertó por la madrugada, inquietó, Shanks dormitaba frente a él emitiendo suaves ronquidos.
Ver está faceta relajada del menor se volvió algo cotidiano, era algo muy distinto a las visitas al Moby, esto era más…natural. Sus dedos marcaron la forma del mentón de Shanks y ni siquiera cuestionó las razones por las cuales permitía que el menor invadiera su cama.
La inquietud que sentía no era por pesadillas, era algo diferente; sus emociones comenzaban a tomar orden y finalmente dio nombre a ese pequeño destello que siempre adornaba las iris del pelirrojo. Esas que estuvieron desde el inicio.
-Creo que ya lo estoy entendiendo…-murmuró- solo espérame.
Era egoísta pero no podía entregar solo pedazos de él a un ser que estaba completo, no era justo. El cosquilleo en su nariz a causa de la respiración de Shanks le sacó una pequeña mueca y sintió como el brazo le rodeó con un poco más de fuerza.
-Tonto Akagami, viaja con cuidado.
Y beso la comisura del labio de Shanks, por un momento pensó que el menor despertaría de su sueño, pero no fue así. Con la ansiedad desvaneciéndose de su corazón, no tardó en volver a quedarse dormido, recargándose un poco más contra el pelirrojo.
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La mañana del cuarto día, Marco se descubrió completamente solo, raro no le pareció, no se molestó por la falta de despedida ya había tenido muchas en el último año que otra simplemente le jodería el alma.
-¿En serio?
Bufo, al encontrarse con la dichosa capa de Shanks cubriéndolo nuevamente, tendría que lavarla muy bien y tenerla al resguardo para regresarla a su dueño.
Porque claramente eso era un “Nos vemos pronto”.
La capa se quedó a un lado y salió descalzo de la habitación, no había silencio absoluto, afuera la actividad del pueblo se encontraba en su mejor esplendor y abrió las cortinas, la luz le ayudó a dar un mejor vistazo a su alrededor.
-¿Hm?- silbo cuando un pequeño presente captó su atención.
Sobre la mesa de la sala estaba una pequeña canasta, había frutas y una que otra botella de alcohol, a un lado un pequeño Den Den Mushi con un característico tono rojizo en el caparazón y tres líneas en su ojo izquierdo, debajo de este encontró una pequeña nota. Era de Shanks.
“Llamame”
No pudo evitar soltar una carcajada, el acto fue bastante liberador y miró nuevamente el papel. Un intercambio de palabras no vendría mal.
Ya lejos de ahí, sobre el mar, Shanks se quejaba por la crueldad de su primer oficial, ¡Mira que encerrarlo en su propio camarote y ponerlo a trabajar!
El sonido de su den den mushi lo detuvo de resoplar nuevamente y contestó presuroso, teniendo una idea de quién podría estar al otro lado de la línea.
-¿Me extrañas, pajarito?
- Debí suponer que era muy mala idea hacerle caso a tu nota
Shanks golpeó el suelo con los pies, ¡Marco llamó!
- Akagami… dejaste tu capa .
-¿Oh? De verdad, bueno, alguien la tenía entre manos que simplemente decidí dejarla, ¿solo por eso es tu llamada?
Al otro lado se escuchó una queja y la cara del den den mushi se puso un poco rígida, claramente el pajarito estaba avergonzado.
- Como sea, vienes por ella - gruño Marco antes de agregar- algo más, llame por una razón más simple.
-Me pregunto que será- canturreo el pelirrojo.
-... Ten un buen viaje, Shanks.
Después de decir eso el rubio logró escuchar un estruendo, similar a cuando dejas caer algo, siguieron pasos presurosos y fuertes golpes, pronto los gritos de Shanks se filtraron a través del caracol casi ensordeciendolo.
- ¡Lleva el barco de regreso! ¡Benny! Es una orden… ¡BENNY!
Marco finalizó la llamada, está no será la última visita.
Ese fue su pensamiento mientras observaba la bandera doblada a un lado del caracol con la insignia de los pelirrojos en su mayor esplendor.
