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En la tierra como en el infierno

Summary:

John abandono a sus hijos después de cumplir su venganza para iniciar de nuevo como Negan Smith.

Desesperados porque servicios sociales no se lleven a Sam deciden unirse al servicio militar. Desde ahí han pasado diez años, Sam trabaja para la CIA, y Dean es un militar de elite al que se le encargan las misiones más confidenciales. Un día es llamado para escoltar a un grupo de científicos que tienen un oscuro cargamento. Jugando a ser Dioses crean algo inhumano, y esto escapa y se propaga por el mundo. Los muertos regresaran a la vida, y Sam y Dean junto a sus amigos deberán encontrarse en medio del desastre y sobrevivir.

Conocerán el horror de pertenecer a un mundo en donde los monstruos reinan, pero para Dean esto es más cómodo de lo que jamás admitiría. Un ángel viajara a su lado para sanar su dolor siempre que sea necesario. Mientras tanto los hermanos se encontraran a lo largo de los años con el grupo de Rick, conociéndolos en todas sus etapas de una u otra forma, hasta finalmente tener que unir fuerzas para enfrentar a Negan, su padre.

 

[Esto es un romance a pesar de la adversidad de todo]

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1:

Chapter Text

 

 

Capítulo 1

 

Para Dean Winchester la vida no fue más que una cuesta inclinada hacia abajado desde el momento en el que unos hombres entraron a su casa a los cuatro años y asesinaron a su madre. Para cuando su padre escucho los sonidos desde el piso de abajo corrió al reconocer el peligro. Usando toda su experiencia como ex militar les dio pelea a los invasores, pero en el forcejeo se rompió algo, nunca supimos qué con claridad, y empezaron las llamas. John solo tuvo tiempo de entregarle a Dean su hermanito menor y gritarle que corriera, para intentar recuperar el cuerpo de su esposa malherida. Pero Mary Winchester fue tragada demasiado rápido por las llamas infernales. Para su padre fue la peor pesadilla de todas.

Dean corrió al jardín delantero con su hermanito, Sam, y al escuchar la ventana de arriba estallar se detuvo en seco. Dean solo observo impotente como su hogar ardía. Otra explosión resonó, pero su pequeño cuerpo paralizado se levantó del suelo. Su padre los tomo a los dos y corrió lo más lejos posible de las llamas. Su madre nunca salió.

Esa noche entre las sirenas de la policía y los bomberos, las voces de sus vecinos y tal vez curiosos que pasaban, su padre los sostuvo muy fuerte mientras que sus ojos enrojecidos gritaban ira. Aun así Dean no dudo en buscar refugio en el costado de su padre. Hacia frio, tenía miedo, quería a su mamá. Ella dijo que los ángeles lo cuidaban, todas las noches sin falta lo acompañaba junto a un beso. ¿Entonces por qué los ángeles no detuvieron esto? ¿Por qué lo permitieron?

John le entrego una descripción detallada de los intrusos a la policía. Su recuerdo estaba gravado en sus retinas. Los tres hombres entraron por la ventana de la habitación de Sam cuando su madre los noto y se desato el horror. Aun no sabían que buscaban. Huyeron cuando las llamas quemaron el piso de madera.

Pasaron muchas noches durmiendo en un hotel al lado de la carretera, comiendo pizza o hamburguesas. Dean tuvo que aprender a cambiarle los pañales a Sam y preparar su biberón para que dejara de llorar, mientras su padre le ladraba al teléfono por justicia para su madre. Dean lloro muchas noches entre pesadillas, rogando por su madre. Al principio su padre lo abrazo para calmarlo, pero luego una noche  le gruño que se durmiera de nuevo, que ya no era un bebé.

Su madre estaba muerta y nunca regresaría con ellos. Lo aprendió por la mala.

Cuando tuvo seis años y Sam ya podía caminar, su padre los empezó a llevar en su auto por toda Kansas buscando respuestas. Su padre fue el que le inculco que la ley era inútil, que eran hombres mediocres que no estaban ahí por el dolor de las victimas sino para llenarse los bolsillos y llenarse la boca de mierda. Él estaba harto de esperar a que la justicia llegara, ya espero demasiado.

Con solo seis años John llevo a Dean al bosque y le entrego un arma. Jamás olvidara esa primera sensación de metal frio y pesado, y la mirada dura de su padre sobre él. Puso latas en un tronco caído, y le dijo que apunte y dispare, que se haga hombre.

Sam lloro cuando escucho resonar los disparos desde el auto.

A los nueve años Dean tenía el deber de cuidar a Sam cuando su padre viajaba solo, a veces por semanas, en una ocasión fueron dos meses. Él no sabe cómo hizo rendir el dinero, seguramente el tomar la cartera de esa mujer en el parque los ayudo a alargarlo un poco.

Rezo mucho. Pasó noches y madrugadas rezando por una salida, ni siquiera tenía que ser por él, Sammy se merecía algo mejor. Su hermanito estaba triste todo el tiempo. Tenía cinco años y todo lo que había en su mundo eran él, su padre que la mayoría del tiempo no estaba ahí, cuatro paredes, ya fueran de un hotel o del Impala, y la pobreza. Sam no podía tener juguetes, dulces, nada.

Su padre había renunciado a todo para iniciar su persecución de los hombres que asesinaron a su madre, por lo que no tenían una fuente de ingresos. Del dinero del seguro de la casa ya casi no quedaba nada. Su padre ganaba lo poco que tenían en bares de apuestas y en ‘cacerías’, como él lo llamaba.

En medio de sus investigaciones descubrió un submundo de otros como él que buscaban justicia para sus seres queridos. Cientos de familias arruinadas por monstruos crueles, y la policía no hizo nada. Un hombre se acercó a su padre y le ofreció una buena suma de dinero si lo ayudaba a vengar a su esposa, una joven enfermera que fue violada y torturada en un estacionamiento hasta desangrarla de muerte. Su padre compartió su ira y dolor con el hombre, sabiendo que sufrían igual, y una noche John Winchester regreso al hotel en donde se quedaba con sus hijos, con sangre en los pantalones. Dean no lo menciono.

A los doce Dean ya tenía la habilidad para desarmar a un hombre adulto hasta hacerlo tragar tierra. Su padre lo llevo a cazar.

La primera vez solo miro a su padre atar a dos hombres a una silla, el primero, un hombre moreno de cabello rapado, fue puesto sobre una bañera de metal llena de aceite. Su padre tiro una cerilla y dejo que el segundo, lo suficiente parecido al otro como para que pudieras suponer que eran hermanos, observara.

Los gritos fueron la peor parte.

No quería mirar, pero su padre le dijo que mirara. Le dijo que esto es lo que merecían, que era justo. Tomo un cuchillo de filo lizo y le dijo “Recuerda a tu madre, Dean. Recuerda lo que le hicieron, lo que nos hicieron. Esto es nuestra justicia”

Su padre lo hizo fregar el suelo de sangre. Se había salpicado más allá del plástico que pusieron. Dean vomito cuando regresaron al hotel “Nunca se te ocurra hacer eso cuando estemos trabajando. Es jodida evidencia” le gruño su padre. Dean se disculpó tembloroso.

A los pocos meses le entrego una carpeta de un caso de una familia de tres sin resolver, junto a otra de un hombre mayor con toda su información recopilada por su padre para atraparlo.

“¿Cómo están seguros de que fue él?”

“Fue él” no ofreció más y Dean no se atrevió a exigir más. Si su padre lo decía él debía acatar.

Solo un año después su papá término con solo dejarlo observar y aprender, extendió el cuchillo con el lado del mango hacia él, y le dijo que se hiciera hombre. Dean tembló, estaba vez eran una pareja de amantes, dos hombres en sus treintas.

Dean corto la carne como su padre le enseño, solo superficialmente, sin cortar nada importante. Quebró huesos con sus pies y manos, golpeo tan fuerte que le sacudió todo el brazo. Dean tuvo que dar el golpe final.

“Por fa-vor, por favor… Déjenlo vivir…Lo siento mucho. Yo lo hice. Él es inocente… Por favor” suplico por su amante. Pero John le ordeno que acabara con los monstruos.

Dean limpio sus manos de sangre con un trozo de tela arrugada. John y un desconocido cargaron los cuerpos en una camioneta vieja. John cerró la puerta de atrás y maldijo “Maricones. Más te vale que no te vea juguetear de esa manera con otros hombres, Dean. No me decepciones”

“Si, señor”

A los dieciséis Dean le rogo a su padre que no metiera a Sam en esto. Él era más que suficiente ayuda para su padre. Pero John no lo permitiría, no lo dejaría seguir siendo inocente. Sam era un niño muy inteligente, más de lo que Dean nunca sería. Ya sospechaba algo terrible a pesar de todos los mejores intentos de Dean por mantenerlo ciego.

John llevo a ambos jóvenes a una cacería. Dean no pudo mirar a Sam cuando su padre revelo el cuerpo del hombre que había atrapado esta vez para su padre.  La cara de terror de su hermanito lo perseguiría en sus pesadillas.

“Tenemos un deber con la gente, Sam. Estos no son hombres, son monstruos. Tenemos que eliminarlos”

“¡La policía es la que debe encargarse de hacer justicia! ¡Esto es inhumano!” Oh, Sammy. Siempre tuvo el valor de enfrentarse a su padre. No como él.

“¡La maldita policía no hará nada! ¡Míranos a nosotros! ¡Han pasado doce años y los asesinos de tu madre siguen saliéndose con la suya! ¡No es justo!”

“¡Pero-!”

“¡PERO NADA!” tomo el arma y la puso en la palma abierta de su hermano, apretando los nudillos contra el metal cuando su hermano se negó a sujetarla “Seres como él no cambiaran, hijo. Quítate esa idea idealista de la cabeza. Si no hacemos nada más personas como él quedaran libres para destruir familias, para llenarlas de dolor. ¿Cargaras con eso en la conciencia? ¿Permitirás que se salgan con la suya solo porque eres demasiado cobarde para apretar el gatillo?” Sam lloro esa noche. Dean no dejo de mirarlo a través del retrovisor, ahogado en culpa, mientras su padre conducía para deshacerse del cuerpo. En el hotel le entrego a Sam una cerveza y le dijo que hizo un buen trabajo, que estaba orgulloso, y se marchó a alguna taberna de mala muerte.

Sam se desplomo en cuanto el sonido del Impala se alejó por la calle. Dean no dudo en correr a sujetar a su hermano, entregarle ese consuelo que él nunca obtuvo después de su primera cacería. Sam no lo alejo como temía.

“Somos unos monstruos, Dean…” el niño grazno “No somos diferentes”

“Lo sé, Sammy, Lo sé. Y lamento no poder protegerte”

Esa fue la primera vez que Dean considero entregar a su padre a las autoridades. No le importaba si terminaba implicado como cómplice, calculaba que pasaría mucho tiempo atrapado en una correccional de menores. No importaba, él no, siempre y cuando Sammy no tuviera que seguir sufriendo.

Luego la realidad lo golpeo. Nunca volvería a ver a su hermano y ejecutarían a su padre, Dean estaría solo el resto de su vida. Eso lo aterro.

Dean se acusó de cobarde.

Cuando llego a los diecisiete su padre los llevo a cazar a un grupo que estaría conectado a los que asesinaron a su madre. Sam fue el señuelo mientras su Dean, su padre y Rufus, un amigo de un amigo, estarían en la retaguardia.

Eran una secta adoradora del demonio Azazel, un príncipe del infierno. Su objetivo era secuestrar niños supuestamente elegidos por el demonio para unir a sus filas. Los criarían bajo sus enseñanzas hasta la edad adulta, después en un rito de iniciación volverían a sus hogares con sus familias, y las asesinarían.

Dean dejo que Sammy vendara su herida mientras el sobreviviente de la masacre que cometieron les narraba todos sus objetivos a su padre. John ardía en llamas.

“Entonces asesinaron a mi esposa para llegar a Sam. Destruyeron mi familia solo porque lo querían” la voz de su padre estremeció a Sam. Dean vio el absoluto dolor en sus ojos y pensó que el revoltijo en su estómago lo haría vomitar. Sam se culpaba, lo supo.

Su padre no pudo mirar a Sam a los ojos todo un mes. Dean tenía miedo de que su familia de despedazara más allá de lo poco que les quedaba.

Pero una noche John trajo cervezas y comida para llevar, y le entrego una lata a Sam. Dean supo que estaban bien ahora.

En el cumpleaños número catorce de Sam encontraron a los tres hombres.

John estaba eufórico, como un sabueso apunto de morderle el cuello a su presa.

Estaban aquí, la cúspide de su venganza, los monstruos que iniciaron todo esto al destruir su feliz familia hasta que solo quedaban remaches de lo que fueron.

Fue casi demasiado fácil, había pasado el tiempo. Los niños crecieron en jóvenes fuertes, los monstruos envejecieron. Sam los encontró usando su brillante cabeza conectando líneas de tiempo y una multa de estacionamiento. Dean armo y desarmo sus armas, la energía nerviosa tenía tensos sus hombros.

Esa noche fue la más larga de la vida de Dean, y para cuando el sol salió y los gritos cesaron dentro de esa vieja cabaña, eran libres.

O eso es lo que esperaba Dean.

Su padre tuvo paz por unas cuantas semanas, destruyeron esa desagradable secta, salvaron a muchos, y de pronto un día limpiando el Impala encontró una mancha de sangre en el asiento. Su expresión fue como si despertara de un sueño entumecido. Por primera vez desde que su padre se convirtió en cazador Dean vio sus ojos brillar con horror. Limpio el auto con una esponja desde adentro hacia afuera, cuando eso no fue suficiente lo envió a tapizar y pulir. Se lo entrego a Dean como regalo atrasado de dieciocho años.

Dean estaba tan orgulloso de ese auto, incluso para tratarlo como su bebé.

Una tarde después de una cita con una linda chica recogió a Sammy de la escuela. Fueron por hamburguesas para almorzar. Pidieron una para llevar para su padre. Habían regresado a su hogar en Kansas. Por primera vez se estaban quedando en un apartamento en lugar de un motel o el sofá de un desconocido. Era pequeño y más viejo que la suma de los tres juntos, pero era un inicio.

John no estaba. Tampoco sus cosas.

Sam encontró una suma grande de dinero para un par de meses de renta y comida y temió que su padre haya vuelto a una cacería.

Esperaron semanas cuando Dean se impaciento por no poder contactar a su padre. Él por lo menos solía reportarse para que supieran que estaba vivo. Sam le recordó que no era la primera vez que se desconectaba por semanas sin decirles nada, regresando después de meses sin responder demandas de su paradero. Dean intento consolarse con eso.

El dinero se empezó a terminar y Dean tuvo que buscar un trabajo en un viejo taller. Su padre nunca le permitió trabajar, le quitaba tiempo y de todos modos nunca sabían cuando debían irse de improviso. Si no hubiera sido por la constante amenaza de los servicios sociales tampoco los hubiera dejado seguir en la escuela. Pero John no aparecía y Dean no tenía órdenes. Tenía que buscar una manera de pagar la renta hasta que su padre regresara.

La maldita escuela de Sam descubrió que su padre los había abandonado y llamo a servicios sociales para ir por Sam.

Dean estaba aterrado. Él ya era mayor de edad, un adulto en derecho, podría pedir la custodia de Sam. Pero apenas si podía pagar el alquiler con su salario mínimo en el taller. Tenía que trabajar todo el día y Sam estaba solo en casa, en caso de un incidente no habría un adulto responsable para él. Además de que ningún juzgado lo vería como lo suficientemente responsable con su apariencia de rebelde sin causa, su pantalón de mezclilla y su chaqueta de cuero demasiado grande. Y añadiendo a eso tenían un historial de nunca establecerse en un solo lugar, conflictos en la escuela, abandono espontaneo, y grandes huecos en sus vidas que Sam y Dean no podían justificar. Le reconocerían a Dean su deseo de hacerse cargo de su hermano menor, pero no lo permitirían.

“Un niño no puede cuidar a otro niño” dijeron.

Dean sintió que iba a perder la cabeza.

Llamo a todos los conocidos de su padre antes de que le quitaran a Sam y lo llevaran a una casa de acogida en donde se perdería en el sistema. No, el deber de Dean era cuidar a su hermanito.

Bobby Singer les dijo que su padre estuvo hace unas pocas semanas en su casa para buscar documentos falsos, una identificación, permiso de conducir y pasaporte.

“Cuando le pregunte por ustedes me dijo que cada quien se iba por su lado. Que ustedes eran lo suficientemente capaces para cuidarse solos y que él ya no los necesitaba. Chico, ¿qué mierda está pasando?”

“Nada, Bobby. Muchas gracias”

Dean estaba a medio colapso nervioso cuando una pareja de hombres en uniforme militar caminaron hacia él como vendedor de seguros.

“Un techo, tres comidas al día, y una carrera asegurada, muchacho. ¿Qué más podrías pedir?”

“¿Cuál es la edad mínima?”

“Quince, con autorización de los padres”

“¿Y si no hay padres pero si un tutelar?” el hombre mayor miro a Dean a los ojos encontrando su desesperación. No era la primera vez que se encontraba chicos como él. Parecía un buen muchacho, pero sin la orientación adecuada sería solo problemas…

“¿Sabes que haré? Hablemos mientras caminamos, y dependiendo de lo que me digas puedo llamar a algunos contactos que pueden o no permitir que un menor entre al servicio. Eso sí, con la condición de que pase lo que pase tengo tu nombre asegurado para reclutar”

“Yo-Si, señor” Dean no tenía tiempo para dudar.

Muy superficialmente le hablo de su padre y su estilo nómada de vida que recogió después de la muerte de su madre. Los abandono a su suerte meses atrás, sin manera de contactarlos. Y cuando servicios sociales lo descubrieron vinieron para quitarle a su hermano menor, su única familia en el mundo. Dean le suplico desesperado, dispuesto a humillarse de ser necesario, con tal de que le permitieran seguir al lado de su hermano.

Por suerte para él estaban en Kansas, orgullosos de contribuir jóvenes renegados al servicio de su país.

Sam estaba bastante sorprendido por el cambio abrupto de acontecimientos, y se mostró más consternado porque tendría que raparse la cabeza que por la locura en sí de entrar al servicio militar.

“No importa, Dean. Siempre y cuando sigamos juntos todo estará bien” se rio el adolescente. Esa melena rebelde que tenia se iría muy pronto “Además seguir ordenes, entrenar combate cuerpo a cuerpo, manejar armas, y compartir camas incomodas, ya estamos acostumbrados a todo eso”

A Dean se le agrio la boca “Lo siento…”

Sam carraspeo arrepentido cuando vio que su intento de humor puso tan mal a su hermano “Quiero decir…” lo intento de nuevo “Por lo menos los créditos me ayudaran a entrar a una buena universidad, ¿no crees?” Dean curvo su labios en una sonrisa más ligera.

“Nerd”

“Bruto”

“Perra”

“Idiota”

En la base militar efectivamente raparon la cabeza de Sam y Dean. Dean disfruto cada momento de la cara de sufrimiento que hizo su hermano al ver caer más y más cabello. El sujeto que se ocupó del asunto se quejó de que no sabía que ahora aceptaran a niñitas. Sam le envió su cara número uno de perra come mierda.

Dean limpio los pelos sueltos en su propia calva, fascinado por la extraña sensación de los folículos raspando su mano.

Sam y él dormían en pabellones separados, los más jóvenes estaban a cargo de un recluta líder mayor que Dean. Era el de mejor promedio y uno de los mejores de su edad. Dean se propuso llegar a ese nivel para tener más acceso a Sam.

Sam tenía razón, no fue tan duro para ellos. Ya estaban acostumbrados.

Dean terminaba los circuitos de obstáculos en un tiempo récor, casi sin perder el aliento. Sus golpes no eran los más fuertes pero si certeros. Conocía los puntos del cuerpo que harían tambalear a un hombre. Sus compañeros entendieron rápidamente lo desafortunados que eran los que fueran su pareja de combate. Sabían usar armas, de hecho muchos en Kansas eran de hijos cazadores –Cazadores de animales, no de monstruos de dos piernas- Pero nunca usaron algo tan complicado como un rifle de asalto. A Dean se le dificulto aprender a usar la mirilla. Sam resalto en los simulacros, liderando equipos de tal manera que tenían bajas mínimas. Ordenado y eficiente. Dean trabajaban mejor solo, claro que no era malo en equipo, pero sus superiores notaron que cuando iba solo era más letal. Atacaba en silencio, pero con fuerza. Un cuchillo bien afilado esperando órdenes.

A los veintiuno a Dean le llego la orden de unirse a un escuadrón real. En una jungla en Guatemala. Dean no pudo pegar el ojo por varias noches, releyendo el papel con su nombre.

Sam se acababa de graduar y ya estaba buscando trasladarse a una academia militar para complementar sus estudios. Si seguía ejerciendo como militar le entregarían una beca, por lo que no fue una elección difícil. El cerebrito quería entrar en la CIA, lo más alto de lo más alto.

“Lo que papá nos hizo hacer, Dean… Eso no era justicia, solo venganza. Mira lo que nos hizo… Si entro en la CIA haré las cosas bien. Ayudare a la gente, mantendré a salvo a todos los que pueda. Y claro, la placa es demasiado llamativa para ignorar” Sam pudo entrar a FBI, ahí ayudaría más de cerca a detener la tragedia para las familias. Pero Dean sabía que su hermano necesitaba tener cierta distancia de esas familias. Cada vez que tuvo que mancharse las manos… Eso no era para él. La CIA era más impersonal.

Dean en cambio era un soldado, seguía órdenes, se encargaba del trabajo.

Sammy daría órdenes desde lo alto, y él acataría en el barro. Justo como debía de ser.

Por lo menos su hermano estaba creando su propia vida dejando atrás el pasado, papá, las cacerías…

Dean maldijo cuando disparo a la cabeza del niño. No podía tener más de quince años y ya lo habían reclutado las guerrillas. El chico tomo un arma de una manera que le recordó a Dean su más tierna edad, cuando su padre lo llevo al bosque a practicar, y le apunto a Dean Un disparo limpio en la cabeza. Todo lo que le pudo dar fue una muerte rápida.

Dean nunca creyó realmente en que lo que su padre los hizo hacer era justicia, solo era una masacre. Pero no negara que tomo el discurso de su padre para protegerse. Aprendió a disociar lo que sentía de lo que tenía que hacer. Sam tenía razón, eran monstruos. Dean no conocía nada más. Así que también tomo el discurso de su capitán de escuadrón de que estaban protegiendo su nación, de la justa retribución por amenazar a las familias inocentes. ¿Y no era ese el consuelo? Lo hacían por los inocentes.

Dean recargo y Dean disparo. Era demasiado bueno en esto.

No tenía mucho que hacer en su tiempo libre. Sam estaba ocupado en la universidad y la irregularidad de sus misiones no le permitía tener muchos amigos fuera de su escuadrón. Y después de Guatemala muchos de ellos no estaban de humor para conversar. Dean se paseaba de bar en bar buscando una hermosa chica que quisiera pasar el rato sin complicaciones. Hallaba que entre un par de piernas bien apretadas tenía un momento de tranquilidad, los gritos y la sangre no importaron por ese pequeño momento. Después si lo hacía especialmente bien la chica lo elogiaría, habría hecho algo bien.

Dean logro comprarse un departamento respetable a los veintitrés. Por primera vez obtuvo su propio espacio desde los cuatro años. Un hogar al que regresar cuando le molían los huesos. Sam lo visito con una planta de interior en los brazos. Dean estaba seguro de que la dejaría morir en algún momento. Bebieron y vieron la tele.

Sam le pregunto si era difícil, Dean le mintió.

Las misiones de Dean fueron aumentando en dificultad y tiempo. Se sentía más cómodo cuando estaba entre misiones, con un propósito. Servir y proteger, era así de simple. Allá en casa, en el mundo tranquilo civilizado, Dean era un monstruo que jugaba a interpretar el papel de ser humano. No tenía amigos, solo compañeros. Sin novia, a pesar de que su apariencia y sonrisa descarada lo ayudaría a traer una chica diferente cada noche si quisiera.

Pero Dean no lo hizo. Tenía pesadillas todas las noches de las que mentía para no hablar de ello. Era paranoico, revisaba las puertas y ventanas, seguro de que en cualquier momento el fantasma de una de sus víctimas al fin vendría por su cabeza. No podía hablar de su juventud más atrás del servicio militar, todo era una mentira que se cansó de repetir.

Él y Sam acordaron una única vez, una conversación privada en una noche al aire libre, que su pasado con su padre nunca existió. Crearon una historia juntos que era bastante creíble, y la memorizaron. Sam podía recitarla a sus amigos hasta el cansancio, pero para Dean era agotador, para él… Era una mierda. Pero lo hizo por el bien de los dos, por Sammy, siempre por él.

Después de una horrible masacre más liderada por su escuadrón, los superiores reconocieron la capacidad en bruto de Dean y le dieron su propio equipo. Cuando ordeno matar, Dean se preguntó cuánto tiempo más hasta que su suciedad afecte alcance a su hermano. Lo que menos quería en este mundo era que Sam lo volviera a ver de esta manera.

A los veintiséis Dean lideraba misiones clasificadas de alto rango. Nunca preguntaba, siempre cumplía. Ya fuera con su escuadrón intacto o completamente solo, siempre regresaba con la misión terminada. Entre sus compañeros empezaron a señalarlo como una leyenda, una especie de supermaquina de matar.

Dean esperaba el día que una bala afortunada le atravesara la carne. Sammy recibiría su cuerpo, o tal vez tendría la fortuna de perderse en acción.  Lo que fuera mejor.

Dean estaba por cumplir veintiocho años, Sam acababa  de entrar a la CIA y lo celebraron en la casa de su hermano. La nueva novia de su hermano, Jessica, era una belleza más allá de la liga de su hermano, y se aseguró de decirlo en voz alta.

“¿Cómo es que una belleza como tú cayo en las garras  de alguien como mi hermanito?” Dean regalo su mejor sonrisa engalanada, recibiendo una vista de una de las mejores caras de perra come mierda de su hermanito.

Jessie sonrió al lado de su hermano, divertida con la cara que hacia su novio. A Dean le agrado más “Bueno, nos conocimos como toda pareja de nerds lo haría. Peleándonos porque el otro estaba equivocado en su tesis. No dejamos de discutir hasta llegar a los dormitorios”

“¡Jess!”

“No la detengas, Sammy. Está llegando a la mejor parte”

“Uf, asco, Dean” Dean lo ignoro en favor de posicionarse para escuchar mejor a Jessie. La rubia le sonrió a su novio con una mirada pacificadora. Sam rodo los ojos pero no interrumpió más.

“Y desde entonces no dejamos de pelear por cada cosa. Competíamos por las mejores notas, promedios, incluso por ver quien le gustaba más a los maestros. Al final me harte y tuve que invitarlo a salir”

“¿Ella fue la que tuvo que sacarte, Sammy?”

“¡Solo no quería propasarme!”

“Mojigato”

“¡Dean!”

Las risas fueron agradables mientras duraron.

Demasiado pronto para su gusto Dean tuvo que irse. Tenía una nueva misión mañana, y entrar en la mentalidad necesaria lo tendría despierto toda la noche. Él se estableció en Kansas, a un par de kilómetros de la base militar en donde se quedó con Sam. Le gustaba la familiaridad. Sam obviamente vivía en DC ahora, por lo que tuvo que conducir más de diecinueve horas. Cuando Sam le dijo que era un idiota por no tomar un avión Dean lo descarto. Amaba la sensación de la carretera, sentirse solo en el mundo con su bebé. Era divertido, de joven le tenía miedo a volar porque creía que el maldito avión se caería y lo mataría, pero en el servicio tuvo que tragarse sus niñerías y tomar vuelos en todo tipo de cacharros voladores, incluso llegando a tirarse desde más quince mil metros de altura con solo un trozo de tela asegurando su pellejo. Ahora había poco a lo que le tuviera miedo.

 Se subió a su auto, el Impala 1967 que su padre le dejo, y en el camino de regreso a casa se despojó de ese lado divertido y despreocupado con el que se burlaba de su hermano para hacerle creer que estaba bien. Cada día era más difícil.

Pensó hace mucho vender el auto, fue registrado bajo su nombre cuando su padre se lo regalo. Dios sabe que lo necesitaba. Pero para Dean el auto significaba mucho. Fue más que el auto de su padre, fue su hogar y el de Sammy. Así que lo conservo. Pero era una lástima lo poco que podía usarlo. Entre misiones lo almacenaba en bodegas hasta que regresara. Justo ahora tendría que guardarlo en una porque no le alcanzaba el tiempo para llevarlo a casa. Tendría que tomar un vuelo.

Su cumpleaños al fin llego, oficialmente tenía veintiocho años.

Sabía que Sam le habría enviado un mensaje, una carta a lo mejor. No tuvo la cabeza para pensar en ello, Dean acababa de matar.

Le dijeron que debía permanecer en la base unos días más para esperar instrucciones importantes. Dean intento acomodarse. La litera dura le era una sensación familiar.

“Oye, jefe. ¿Cómo va el viaje?” Benny Lafitte, uno de los pocos compañeros con los que solía hablar, y su segundo al mando en más misiones de las que pudo recordar –Veintitrés y tres, se dijo- le sonrió al pasar por su catre. Eligio su espacio dándole unos buenos tres metros libres a Dean, consiente del mal humor de Dean, y se sentó a fumar un habano tan grande que Benny tenía que sujetarlo con los dientes para que no se cayera. Dean no pudo contener la sonrisa.

“Me da miedo ver lo que te haría el mayor Harrigan donde te vea fumando”

“Tiene que permitírmelo. Fue un día largo”

“Si…” reflexiono Dean. Vio sangre por un segundo.

Benny dio una gran calada antes de volver a hablar “Escuche de Jim que estaremos en una misión importante dentro de dos días”

“Hoy en día siempre son las importantes”

“No, quiero decir…” tomo una larga pausa entre caladas que irrito a Dean. Su compañero a veces podía ser tan despreocupado cuando compartía información. Mas perdido en su propia cabeza que en la reacción de otros “Quiero decir que es realmente importante. Como ultra secreto. Están reclutando a soldados como tú y yo que no indagan y obedecen incluso cuando es muy feo. Creo que también será una misión larga. Hannah noto que están llenando nuestras agendas hasta el tope. Va a ser como esa misión de Irak”

“No empieces con lo de Irak”

“Lo siento, jefe. Malos recuerdos, lo sé” tomo más de su cigarro “Malos recuerdos” el humo lleno poco a poco la pequeña celda. Dean se durmió recordando la masacre.

Abrió los ojos cuando su avión aterrizó en tierra americana. Por lo menos esta nueva misión estaba cerca de casa.

Atracaron en Delaware, en una pequeña bahía desde donde conducirían hasta Washington. Dean estiro las extremidades. Volvía a ser el líder de misión. Calculaba que si seguía así para los treinta seria subido de rango a mayor.

Viajaron con un grupo de científicos en bata que a lo lejos gritaban basura gubernamental. No era la primera vez que tenían que cuidar identidades importantes o de interés. A veces una persona valía tanto como para permitirse unas cuantas vidas.

Sus órdenes eran simples, proteger a los doctores, en especial a dos en específico, y evitar que el cargamento fuera descubierto por terceros. Disparar de ser necesario. No debían preguntar, solo obedecer. La clasificación de la misión era tan alta que si cualquiera de ellos llegara a filtrar información de lo que viera, sería atrapado por el hombre del saco.

Dean lidero y desplego a sus subordinados, cincuenta hombres sin contarse a sí mismo. No se sentía cómodo con un número tan grande, por lo general le daba mala suerte.

Una mujer en bata de cabello apretado y sonrisa de revista política se acercó a él “¿Me imagino que es el señor Winchester, verdad?”

“Así es, doctora Nelson”

“Por favor, solo Naomi. Es agradable fomentar las buenas relaciones, ¿no cree?”

“Seguro, señora”

“Señorita. Los cuarenta no es tan viejo hoy en día”

“Seguro, si” la mujer tenso su sonrisa al ver su poca disposición, seguro acostumbrada a siempre ser respetada. A Dean no le importó. Era común que cuando escoltaban civiles de interés estos se creyeran en una especie de película de aventura en la que todos se harían amigos y compartirían historias de vida. Él estaba trabajando, no la iba a entretener.

Naomi, como quería la señorita, busco una excusa blanda para ir con su equipo. Dean al fin tuvo paz para asegurar el perímetro.

Los camiones se pusieron en posición para recibir el cargamento. Un gran buque de carga fue anclado, demasiado delicado para arriesgarse con el vuelo. Cargaban un gran contenedor negro con el código AG-012 marcado en un costado. Todos contuvieron la respiración cuando abrieron las puertas.

Los parpados de Dean se abrieron una fracción cuando con una orden Naomi hizo que del contenedor un hombre y una mujer caminaran en sincronía hasta el frente. Luego otra pareja los siguió, luego otra. Fueron doce, hombres y mujeres vestidos de blanco. Expresiones planas, apariencia impecable. Dean creyó por un momento que eran robot humanoides.

Naomi sonrió orgullosa a sus sujetos. A su lado un hombre de color con el ceño perpetuamente fruncido ordeno dividirlos en grupos de tres en cada camión.

Por más extraña que fuera la situación, Dean dio órdenes de continuar. No era su trabajo cuestionar esa mierda.

Fue hacia el camión blindado en el que viajarían Naomi y su compañero, el Doctor Rafael Friendman. Dos hombres y una mujer vestidos de blanco estaban siendo subidos al camión. Dean alcanzo a escuchar como Naomi los llamaba “Muy bien, Uriel, Ananiel, Castiel. Suban y sean buenos ciervos” los nombres era raros, presuntuosos. Dean se subió de ultimo entre estos ‘buenos ciervos’ y la puerta.

Aseguro la puerta y dio orden de avanzar.

Años de experiencia afinaron sus sentidos, por lo que pudo saber que lo observaban.

Levanto la mirada para encontrarse con ojos azules tormentosos. El ultimo sujeto en subirse, Castiel, lo observo con una mirada curiosa, su cabeza ligeramente inclinada. Los otros dos mantuvieron su vista al frente. A Dean le perturbaba hasta la medula. Todo esto le daba una mala vibra.

Castiel lo miro unos segundos más con ojos penetrantes. Dean sintió como si no simplemente lo estuviera ojeando, sabia en sus tripas que lo estudiaba.

Naomi camino hasta ellos. Castiel retiro la mirada de inmediato.

“¿Pasa algo, señor Winchester?”

“… Nada en absoluto. Ya envié mis órdenes. Llegaremos al anochecer”

“Eso es magnífico. Apreciamos mucho su compañía” dicho eso se giró para regresar, no sin antes darle una mirada pausada a Castiel. Por lo poco que conocía de ella, estaba esperando una reacción de él. Castiel apenas si parpadeo. Ella se fue.

Dean intento no mirar y centrarse en lo suyo, pero aún no podía evitar que su mente divagara. Era un viaje así de largo sin mucho que hacer. Observo a los tres sujetos. Uriel era un hombre de color calvo corpulento, de unos cuarenta años. Su cara era más que suficiente para asegurarle a Dean que no le caería bien de topárselo por la calle. Demasiado remilgado. Ananiel -¿Qué mierda con ese nombre? ¿Era bíblico? Sammy lo sabría- Era una joven de más o menos su edad, pelirroja, muy bonita. Se veía dulce, del tipo maestra de primaria. Dean de seguro la invitaría a salir. Castiel parecía estar entrando en los treinta. Cabello realmente negro, libre en demasiadas direcciones que le daban un aire de descuido mañanero. Mentón hundido, bastante masculino y firme. Cuidado para evitar el vello facial. Del tipo de hombre que verías todos los domingos en la iglesia. No sabía exactamente en dónde clasificarlo. Sus ojos-

Castiel volvió a mirarlo de reojo.

Dean trago un poco.

No tenía idea de que pensar de él.

El viaje fue tan largo como temió, sin incidentes. Los sujetos fueron acarreados dentro de unas grandes instalaciones. Verlos obedecer órdenes como muñecos era inquietante. Dean aún no decidía si eran humanos o algún tipo de robots tecnológicos del futuro. Eso explicaría la alta confidencialidad de todo esto.

Le hizo una señal a Benny para que posicionara los equipos de vigilancia.

Dean entro con los científicos, su deber era proteger lo más importante.

Los doce sujetos fueron divididos de nuevo en un laboratorio. El trio con el que viajo permaneció con los doctores. Se abrió tres celdas de cristal sin nada en su interior, marcados como número uno, número dos, y número tres, en el mismo orden en el que entraron y bajaron del camión. Los pusieron en cada una y las cerraron. Parecían juguetes en un estante.

“Estos tres son los más prometedores, señor Winchester. Por lo que son la mayor prioridad. El resto de sus hombres se pueden ocupar de ellos. Pero queremos que usted priorice este lugar en especial”

“Entendido”

“Muy bien. Entonces, a trabajar” Naomi se dirigió esta vez a su equipo, quienes acataron de inmediato en ordenas documentos importantes y configurar sistemas.

Dean echo un último vistazo a los tres sujetos de prueba. Se paraban imperturbables en sus pequeños espacios. Sin quejarse, sin cansarse, sin preguntar. Ellos estaban en espera.  Dean noto sus pechos subir y bajar al respirar, y apretó los puños a sus costados.

¿Qué jodida mierda?

Se encargó de sus asuntos, reviso las caras de todos los científicos y de sus asistentes para asegurarse de no tener sorpresas más adelante. Los vio moverse apurados, luego estudio el espacio a su alrededor.

“No hay cámaras de seguridad. Tampoco creo que instalaran micrófonos” reconoció al aire. Rafael le echo una mirada sin dignarse a dirigirle una palabra. Parecía que estaba demasiado por debajo para él. Naomi sonrió. A Dean no les gustaba.

“Manejamos todo en archivos escritos. Lo que hacemos aquí es de alto secreto como para permitirnos dejar evidencia”

“Eso podría ser problemático. En caso de algún incidente-”

“Aceptamos correr el riesgo, señor Winchester. Muchas gracias. Además, para eso están usted y sus hombres”

“Si, sí, es cierto” abandono la discusión. Odiaba trabajar con esos contratiempos, pero no era su labor decirles que hacer a estos estirados. En su periferia observo como un tipo se acercaba a los tres sujetos AG y parecía revisar sus reflejos visuales “Entonces dejare que se acomoden. Tengo que reportar a mis superiores y organizar a mis hombres”

“Por supuesto. Le agradecemos su disposición, señor Winchester”

“Si” salió de ahí antes de que se le reventara una vena. Este trabajo sería demasiado largo.

Se cruzó con Benny para recibir su reporte. El lugar estaba despejado.

“Sin embargo me molesta la falta de sistemas de seguridad. No hay ninguna cámara a kilómetros a la redonda. Hay acceso a la red, privada, por supuesto. Pero me inquieta solo confiar en los sensores de movimiento. No puedo creer que accedan a arriesgarse de esa manera con tal de impedir una filtración”

“Nada sale y todo lo que se acerque será baleado…” Dean considero “Y esas personas”

“Son escalofriantes”

“Como el infierno” Debía ser algún tipo de experimentación biológica. Y esas personas sujetos de prueba. Detestaba más que nada cuando le tocaba ver cosas similares. La hipocresía de su país al proclamar derechos humanos cuando claramente eran capaces de aberraciones como estas en nombre del bien. Le hacía querer escupir.

“Ordena el turno de noche” resoplo. Nada conseguía con enojarse, como si fuera a hacer algo “Repórtame cualquier incidente. Te relevare a penas salga el sol. Los de bata me quieren cerca todo el tiempo”

“Quieren sentirse importantes”

“Ya me duele la cabeza” Benny se rio. Dean busco su recamara privada, uno de los pocos beneficios de ser el de mayor rango.

Primero envió sus reportes antes de tomar un baño corto. Estaba acostumbrado a los viajes largos y tediosos, a la espera de lo que venga, pero esta vez en específico estaba agotado. Bendiciones por el agua caliente.

Abrió su computadora portátil y llamo a su hermano mientras se secaba el cabello. La pantalla de la video llamada tardo unos minutos en espera, luego Sam, con ese bonito cabello de niña que tanto cuidaba, apareció en cámara. Estaba en un escritorio con las luces tenues “Dean”

“¿Qué tal, Sammy? ¿A tu trasero le agrada tu nueva silla?”

“Cállate. No es de todo un trabajo de oficina. Salgo mucho con la directora cuando me necesita. Es solo que han ocurrido incidentes, ya sabes, trabajo, y se nos acumuló más de lo que me gustaría”

“Si, y a los pasantes siempre le dejan la parte engorrosa”

“Cállate” sonrió, pero flaqueo al final.

“Diablos, no hagas eso. ¿Qué es? ¿Tienes problemas con tu jefe?” intento bromear, pero de verdad lo asusto la cara de su hermano. Si por alguna razón no es feliz…

“No, no. Mi trabajo es increíble. No te preocupes” descarto rápido “Es solo que…” suspiro “Dean, no es lo único que me ha mantenido ocupado. Yo… Hice algo, pero quiero que mantengas la calma”

“Mantendré la calma en tanto no hayas hecho nada estúpido” Sam abrió la boca para volverla a cerrar. Estaba batallando para hablar “Sammy”

“Dean, yo-” otro suspiro, esta vez frustrado “Tú sabes que todos estos años he seguido buscando el paradero de papá, solo por la pura frustración de no saber nada, de que siempre nos hizo y deshizo como quisiera y solo nos tocó aceptarlo”

“No lo hiciste…”

“Lo encontré”

Dean palideció. Su hermano estaba loco.

Justo ahora se les permitía comunicarse bajo absoluta vigilancia. Ambos hermanos trabajaban para altos cargos del gobierno y trataban información confidencial. Todas sus vidas estaban investigadas, sus amigos y contactos, sus propiedades, sus movimientos financieros. Nunca descubrieron lo que hicieron bajo el ala de su padre. Ellos dijeron que su padre los arrastro por medio país en un arranque de dolor, perdido en su pena e incapaz de asentarse en un solo lugar. Siempre huyendo hasta que también lo hizo de ellos. Les creyeron al no encontrar evidencia que los contradijera, por lo que el gobierno solo los investigo desde que se enlistaron al servicio militar y tal vez un poco de antes del incidente de su madre. Estaban limpios, pero si conocían el paradero de su padre eso abría la posibilidad de que de alguna manera descubrieran las cacerías, sus crímenes. Lo perderían todo.

O puede que no, por lo menos para Dean. Lo que él hacia no era diferente. Sabía de muchos compañeros a los que se le hizo la vista gorda solo por su rendimiento. Pero Sam… La CIA no aceptaría tal cosa, incluso si fue forzado, o siendo menor de edad. Eran un lugar demasiado precavido. Serían tachados de psicópatas.

Y esta llamada estaba siendo monitoreada y grabada. Ambas computadores, la de Sam y Dean estaban intervenidas, era parte del contrato. No es como si los vigilaran todo el tiempo, pero si alguien indagaba y veía esta conversación…

Además de eso siempre le reprochó a su hermano que buscara el paradero de su padre. No quería saberlo, no quería saber nada. Bastantes años le ha tomado intentar olvidar su fantasma y conocer su paradero era facilitar la posibilidad de que volviera esa vocecita que le recalcaba que se hiciera hombre. Lo asustaba.

Como leyendo sus pensamientos, Sam se apresuró “No investigue en donde vive. Solo algunos datos… Para cerrar este capítulo ya… Le quiero proponer matrimonio a Jess, y si no me saco esto del pecho antes de atreverme con ella…”

“Entiendo” Dean se froto los parpados “Pero Sam…”

“No tienes que saber. Si es demasiado para ti” por supuesto que es demasiado. Se trata de su padre, el jodido John Winchester.

“Ya sé lo que hiciste. Si no me lo dices la duda me hará un hueco en la cabeza” Sam asintió desviando la mirada. Saco lo que pareció ser un sobre de entre unas carpetas y aplano el papel. Dean empezó a apretar la mandíbula.

“Solo pregunte por los datos básicos. Una dirección sería tentar la suerte” la estupidez de Dean, querrá decir. Sam se aclaró la garganta con una repentina dificultad para hablar. Dean sudaba “Ja, maldito… Se cambió el nombre” las comisuras de la boca de su hermano se levantaron con amargura “Negan Smith”

“¿Negan Smith? ¿Qué pasa con los nombre de mierda hoy?”

“Si, parece el nombre de un matón que usa chaqueta de cuero y un bate” Sam casi sintió diversión, casi. Pero lo que seguía… apretó los labios conteniéndolo todo un segundo “Trabaja, tiene su propia casa, y… Se casó con Lucille Smith. Eso es todo” el estómago de Dean se llenó de piedras.

“Entonces… Nos abandonó para iniciar una nueva familia feliz, ¿eh?” su sonrisa estaba peligrosamente cerca de convertirse en una mueca. Los dos hermanos quedaron en un silencio ensordecedor.

“Dean, yo-”

“¿Sabes, Sammy? Tengo que irme. Debo dormir. Ya sabes, el trabajo” puso su mejor cara despreocupada, la que siempre usaba cuando peor se ponía “No quisiera interrumpir también tu tiempo con esas cosas importantes. Sé lo mucho que te gusta llenar documentos”

Sam definitivamente vio que su hermano estaba muy afectado. Él mismo necesitaba un momento, pero para Dean…  Su hermano era diferente a él.

“Buenas noches, Dean”

“Noches, Sammy” corto la llamada.

Dean se recostó en su cama y se permitió dejar rodar unas lágrimas.

Jodido Negan Smith.