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¿Cómo te llamas, niña?

Summary:

Garou tiene once años cuando conoce a Bad.

Bad tiene diez cuando un niño se le abalanza encima como una bestia furibunda.

Su primer encuentro no es el mejor de todos, pero eso no les impide volverse amigos.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

El cielo ya se estaba volviendo de color naranja. Garou pensó que ya era un buen momento para volver a casa y se levantó intentando no hacer mucha fuerza en las partes donde Tacchan lo había golpeado. Las lágrimas y los mocos habían dejado un rastro de piel seca que tiraba y dolía con cada mueca.

—Oye, ¿estás bien?

El niño se sobresaltó cuando Garou se dio vuelta y lo miró con aquella furia ardiendo en sus ojos dorados. Parecía un animal salvaje al que habían intentado cazar y ahora reaccionaba ante el más mínimo contacto con los humanos. Tenía el rostro lleno de tierra y el niño se preguntó si su pelo estaba despeinado o se alzaba de esa forma a propósito.

—¿Qué quieres? —contestó Garou con tono brusco.

El niño frunció el ceño. Luego lo apuntó con un bate de madera que hasta ese entonces Garou no había notado. Combinaba con la gorra de béisbol que llevaba en la cabeza. No pudo evitar el repudio que le generó pensar en lo popular que debía ser. Los deportistas siempre lo eran.

—¿Cuál es tu problema? —le dijo—. Solo preguntaba porque te ves horrible, ¿acaso te dieron una paliza?

Entonces el niño sonrió y quizá no lo hubiera hecho con mala intención, o sí. Pero no importaba porque en ese momento, lo único que vio Garou fue la sonrisa burlona de sus compañeros y supuestos amigos. La de aquellos que se reían de él por gustarle más los villanos que los héroes. De los que lo golpeaban hasta hacerlo llorar. Una sonrisa de suficiencia. Grande, de dientes brillantes.Tétrica.

La sonrisa de Tacchan.

Y en un instante Garou y su ira estaban encima del niño. El bate caía al suelo, soltado ante el impacto y la sorpresa. Al igual que la gorra, ahora aplastada por el peso de los dos cuerpos.

Ambos rodaron por el suelo en un enredo de patadas, puños y malas palabras por las que hubieran recibido un buen regaño de sus padres si los hubieran escuchado. Garou ni siquiera se echó atrás cuando recibió golpes en lugares que dolían de antemano. El niño tampoco cuando Garou rasguñó su cara como un gato encolerizado.

En aquella plaza solo estaban ellos y el atardecer. No había nadie que los detuviera.

Hasta que se escuchó un grito.

—¡Hermano!

Ambos detuvieron temporalmente su riña y miraron hacia la misma dirección. Garou, ahora debajo del niño, sintió la tierra removerse y filtrarse por las hebras de su cabello cuando giró la cabeza. Una niña más pequeña venía corriendo hacia ellos, con un vestido amarillo sacudido por la brisa y arrastrando una muñeca.

—¡Zenko! —gritó el niño.

Entonces Garou aprovechó ese momento de distracción para clavar los dientes lo más fuerte que pudo en el puño que rodeaba el cuello de su remera. El niño gritó. Cuando aflojó el agarre, Garou lo empujó, se puso de pie y corrió. No se dio la vuelta al escuchar el llanto de la niña ni ante los insultos a gritos del hermano. Corrió, corrió y corrió y no se detuvo hasta llegar a casa. Nadie lo siguió durante todo el camino.

Cuando los padres vieron a su hijo cubierto de tierra y moretones lo llenaron de preguntas, pero lo atribuyeron a un juego de niños una vez que Garou comenzó a hablar de Tacchan, de héroes y de villanos. Nada más terminó recibiendo una regañina por jugar de manera tan brusca y arruinar su ropa. Nunca llegó a contarles sobre el niño y su hermana.

Esa noche, en sueños, su mente lo llevó de nuevo a esa tarde en el mismo parque. Solo que esta vez Garou era mucho más fuerte y más alto. También tenía garras largas y colmillos filosos. Estaba en frente del grupo de Tacchan, observando con satisfacción varios pares de ojos atemorizados. Garou daba una patada al aire y todos salían volando. Entonces aparecía Tacchan, con el pecho inflado de valentía, una sonrisa desagradable  y disfrazado de Justice Man. Intentaba golpearlo como siempre mientras repetía palabras vacías sobre justicia y heroísmo, pero Garou ahora era más rápido. Agarraba su puño con una sola mano y lo mandaba a volar hasta que se perdía en lo vasto del cielo.

Sin embargo, al otro día en la escuela, Tacchan se encargaría de demostrarle que su imaginación no era más que eso.

Y el pequeño Garou solo agacharía la cabeza derrotado.