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Buzzcut Season

Summary:

Jotaro conoce al amor de su vida.

Notes:

Advertencias:
Spoilers de los últimos arcos y final de Stone Ocean, de preferencia, si no has leído o no sabes en qué acaba el manga y quieres evitarte la confusión sal de aquí.

Otras advertencias: Incesto padre/hija y pensamientos depresivos.

Si decides continuar, bienvenidx.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:


 

Octubre, 2011.


Se despertó, la alarma en su teléfono sonaba indicando que ya eran las 6:30 y debía iniciar su día. Incluso si su día anterior había terminado apenas hace una hora. Los huesos de su espalda tronaron levemente con el movimiento de levantarse, con pesadez caminó hacia el baño para lavarse la cara esperando alejar el cansancio de su cabeza.

Miró su reflejo y no pudo entender por qué lo encontraba extraño. ¿Era esta la famosa crisis de los 40?

Bajó las escaleras y encendió la cafetera mientras abría su laptop para ponerse al corriente con sus correos. Hace tres días la Fundación Speedwagon le notificó sobre el arresto de Jolyne y aunque sabía que su hija era problemática (como él lo había sido por mucho que le costara admitir) confiaba en que su hija era inocente.

Incluso si llevaba 10 años sin verla en lo absoluto podía dar completa fe de ello.

Pensó en ir personalmente a la prisión y arreglar todo él mismo al final desistió de la idea dado el riesgo que eso significaba para Jolyne. No era a ella a la que querían ahí, ella solo estaba siendo cruelmente usada como carnada para atraerlo.

En su lugar decidió que enviarían a otro usuario de stand. Aun así, él se encargaría de vigilar todo el procedimiento, incluso si se negaba a aparecer ante su propia hija.

Joder, se había convertido en un padre aún más ausente que Sadao.

En su lugar el día de hoy saldría a arreglar algunos documentos del trabajo como profesor de biología en la universidad de Florida. Terminó de tomar su taza de café y dejándola en el lavavajillas de encaminó a alistarse completamente.

Su largo abrigo se ondeaba al ritmo de su caminar, había un cigarrillo en sus labios y el clima era demasiado perfecto para tratarse de Florida.

Había cosas que usualmente no le pasaban, una de ellas era chocar con alguien por ir distraído en sus pensamientos. La última vez que podía recordar que eso hubiera sucedido era con...

Con nadie especial.

—Ten cuidado por dónde vas, imbécil. —La mujer frente a él reclamó, curioso, agachó ligeramente la mirada para ver a la persona con quién se había estrellado encontrando a una chica joven con dos mechones de color verde.

Era extrañamente familiar pero desconocida al mismo tiempo.

—Lo siento. —Dijo y quiso seguir con su camino antes de ser detenido por la teñida.

¿Lo siento? Derramaste todo mi café. Mínimo dame el maldito dinero para comprar otro. —Entonces se tomó la molestia de mirar hacia abajo para encontrar que, en efecto, había un vaso de Starbucks derramado en el piso y que las botas azules de la chica estaban manchadas.

Ay por favor, ven, te compraré otro. —Sabía que había una cafetería mucho mejor que Starbucks a unas cuadras de aquí, y realmente no sentía prisa de llegar a dónde pensaba ir.

—¿Cómo sé que eres de confiar? —La pregunta lo tomó por sorpresa, normalmente las mujeres a su alrededor no cuestionaban lo que decía y siempre parecían dispuestas a seguirlo al fin del mundo solo por ser "atractivo".

La chica frente a él era bella e inteligente al parecer.

—Soy Jotaro Kujo, trabajo en la universidad como profesor de biología. —Dijo a la ligera, el clima seguía siendo perfecto justo como a él le gustaba.

Frío y sol haciendo la perfecta combinación.

—¿Eres el Doctor Kujo? Recientemente leí uno de sus artículos sobre la conservación de las estrellas del mar del Pacifico y su relación con las refinadoras petroleras. —Los ojos verdes limón se iluminaron con un poco de emoción mientras parloteaba. —Me pareció bastante interesante, apuntaba directo a la problemática y espero que realmente lo tomen en cuenta.

Él sabía mejor que nadie que no lo harían, entre mantener la biodiversidad y mantener el consumismo las personas siempre se inclinarían por la segunda opción.

—Me alegra escuchar eso, mi equipo de investigación ha enviado algunas peticiones, aunque dudo que sean tomadas enserio. —El asunto del café parecía haber quedado en el olvido.

—Soy Irene, mucho gusto. —Ese era un lindo nombre, acomodó su abrigo morado para cubrirse del frío mientras comenzaba a caminar.

—Ven, vamos por ese café. —Y si las mejillas de Irene se sonrojaron tal vez era una ilusión de su mente.

Irene resultó ser una mujer bella, inteligente e interesante. A sus cortos 23 años era una bióloga especializada en botánica, tenía un carácter fuerte y parecía completamente ajena a las miradas de las personas a su alrededor.

Se sintió ligeramente atraído. ¿Estaba realmente atravesando la crisis de los 40?

No era un pecado en realidad, su divorcio se había firmado hace 10 años y desde ese entonces no había sabido nada sobre su exesposa tampoco sobre Jolyne, ambas demasiado furiosas con él. Después de unos años había aprendido a vivir con el dolor de ser completamente repudiado por su hija, y otros pocos más tarde había intentado conocer a nuevas personas, sin éxito ya que nadie podía convivir con todo el misterio que mantenía sobre ser usuario de stand.

Caprichosamente manifestó a Star y para su completa sorpresa Irene lo miró.

—Tienen razón, los usuarios de stand nos atraemos. ¿Gravedad no es así? —Y la peliverde tomó un trago de su café completamente ignorante a su mirada.

—¿Tienes un stand? —Las señales de alarma se encendieron en su cabeza, esta mujer podría ser una aliada de Dio o como sea que se llamara el enemigo de Dolphin Street.

Irene no respondió, pero un humanoide azul con lentes rodeado de hilos se manifestó a lado de Star.

—Su nombre es Stone Free. Es bastante útil cuando se trata de conseguir muestras de plantas difíciles de alcanzar. —Irene se rio de su propio comentario volviendo a ocultar su stand. Star desapareció al mismo tiempo cuando se dio cuenta que la chica no era ninguna amenaza.

Entonces se sintió irremediablemente atraído. ¿Estaba mal sentirse así por alguien que tenía casi la misma edad que su hija?

—Sería bueno que mantuviéramos el contacto, ser usuario stand puede ser como una bendición como una maldición. —Aunque para él realmente solo había sido una maldición. Irene lo miró cortamente antes de sacar su teléfono decorado con una carcasa de mariposas.

—Te daré mi número de teléfono, podríamos salir por otro café o no lo sé. —Sin pensarlo le dio su número de teléfono personal, realmente sintiéndose necesitado de salir nuevamente con la mujer frente a él.

Despidiéndose, siguió su camino a casa.

Al llegar a casa miró los muebles del recibidor, la sala parecía simplemente fuera de lugar. Dormir menos de 5 horas estaba comenzando a afectarlo demasiado, pasando de largo fue a la cocina para preparar algo de comer.

Fue sacado de sus divagaciones cuando su teléfono vibró alertándolo de un mensaje.

"Hey, ¿Cenamos esta noche?
Soy Irene, por cierto. :)"


Miró el reloj en la pared sorprendido de ver qué ya pasaban las seis de la tarde.

"Claro."

Se preguntó si eso no le parecería muy cortante a Irene, anteriormente sus citas y colegas se habían quejado de sus mensajes concisos.

"Genial. Te envío la dirección del restaurante, venden una comida japonesa increíble."


Una ubicación fue enviada con la especificación de verse a las 8:30, dejando de lado la idea de cocinar algo subió las escaleras hasta su habitación, miró un momento por la ventana para admirar la vista que tenía hacia el océano.

Una pequeña cosa que siempre agradecería de que el viejo estuviera podrido en dinero. Las palmeras se veían irreales con la luz del atardecer y deseó tener a alguien con quién compartir un momento tan banal como mirar el mar.

Dejó de lado sus pensamientos y se cambió de ropa, decidió dejar sus pantalones de cuero y usar una de las camisas de cuello alto negras que solía vestir se quitó la gorra por una vez y rociando un poco de colonia se sintió satisfecho.

—Hola, lamento llegar tarde, el tráfico me atrapó y... Una locura. —Irene saludó, contrario a su encuentro de la mañana ahora vestía un sencillo vestido azul con escote y unas pequeñas zapatillas.

Su cabello estaba suelto acariciando su cintura y el collar de mariposa lo hacía considerar bajar la mirada y ver más de su escote. Pero no lo hizo.

—Tranquila, no llevo demasiado tiempo esperando. —Dijo para evitar seguir su rumbo de pensamientos, dios, ¿Hace cuánto tiempo que no se acostaba con alguien?

Ni siquiera podía recordar la última vez.

Debía admitir que Irene tenía los temas de conversación más inverosímiles que se le podían ocurrir, charlaron de todo y nada e irremediablemente debía admitir que estaba sintiendo algo parecido al enamoramiento. Ella era hermosa, era inteligente y no hacía preguntas personales o incómodas. No quería saber nada sobre su pasado y parecía bastante contenta con sus respuestas cortas.

Se dio cuenta en pocas horas que ella era la persona ideal que había deseado toda su vida.

Entonces, poseído con los genes Joestar que a veces lo hacían tomar decisiones apresuradas con el corazón le pidió a Irene llevarla a casa.

—Bien, no esperé que fueras uno de los que actúa rápido. Eso es bueno. —Y acto seguido Irene lo besó en su coche, bajo el manto de la noche donde nadie juzgaba a los amantes y él podía permitirse libertad.

Así que con confianza tomó la mejilla de Irene y la atrajo hacia él para profundizar el beso, sintió los cabellos negros enredarse entre sus dedos y simplemente se envenenó con la sensación de los suaves labios con sabor a sake.

—¿Quieres pasar? Mi compañera de cuarto no está hoy. —Irene murmuró en sus labios y maldito sea si no tomaba la oportunidad.

Ella lo besó con anhelo, como si realmente no importara en lo absoluto que se acabaran de conocer hace unas horas, como si él hecho de ser considerablemente mayor que ella no hiciera ninguna diferencia. En el tramo de las escaleras para llegar al departamento apenas y había podido mantener sus manos fuera de ella, sus caderas lo llamaban de una manera que jamás había experimentado.

Ni siquiera recuerda haberse sentido así en ningún momento cuando estuvo con su exesposa. ¿Estaba conociendo el primer amor a sus 40?

—Deja de pensar y concéntrate en mí. —Y siguiendo la voz de la sirena, lo hizo. Irene lo guío hasta su habitación mientras sus curiosas manos hurgaban dentro de su camiseta.

Dejó que sus propias manos viajaran a la cintura de ella y comenzó a amasar su trasero sintiendo la suavidad y la dureza en este, arrancó un suspiro de Irene quien trató de pegarse más a él, podía sentir los pezones erectos incluso a través de la delgada tela de su vestido. 

Se detuvo por un momento para tomar los muslos de ella y sostenerla entre sus piernas, la erección en sus pantalones ya estaba completamente formada y ese era un tiempo récord. Casi lo hacía lucir desesperado.

—Jojo por favor... —Y él era solo un hombre, un hombre solitario, débil a los encantos de alguien como Irene. Así que retirando el vestido azul descubrió el cuerpo de la peliverde, había un pequeño tatuaje de mariposa en sus costillas, un piercing en el ombligo y sus pechos cabían perfectamente entre sus manos.

Era la mujer perfecta para él, ahora lo sabía.

Embistió entre los muslos lechosos sintiendo los temblores del cuerpo ajeno, los pequeños suspiros que soltaba cuando tentaba con rozar su intimidad completamente empapada y cuando él mismo estuvo completamente borracho con la sensación decidió penetrarla.

Irene soltó un gemido que solo había sido capaz de imaginar en sus fantasías, y contrario a sus antiguos compañeros que de alguna manera esperaban que él hiciera todo el trabajo, ella tomó las riendas de su propio placer.

Y puede que eso lo haya hecho terminar de caer por ella.

Cuando terminaron se preguntó qué era lo que esperaba Irene con esto, si solo se trataba de algo de una sola noche o si esperaba que se quedara con ella. Entonces lo preguntó.

—Puedes quedarte, si quieres. —Y él no necesitaba que se lo dijeran dos veces. Pensando en cual debía ser su siguiente movimiento, la acunó entre sus brazos para dormir.

Y esa noche él durmió en paz.

Cuando regresó a casa miró extrañado el espejo en el baño, ahora parecía casi completamente normal. Pero de nuevo, ¿Qué había estado mal?

Los días pasaron rápidamente en una niebla paradisíaca donde todo lo que ocupaba su mente de había convertido en estar con Irene. Ella tampoco se había resistido mucho a él, de alguna manera la chica siempre estaba disponible cuando él podía verla.

Siempre lista y dispuesta para complacerlo, se había convertido en un hambriento de contacto donde ella siempre sabía exactamente que botones presionar para hacerlo volver loco. También se había metido en su corazón, las sonrisas cortas y las bromas ingeniosas tenían a su mente distraída pensando en algo ingenioso para compartir y robarle una risa.

Había olvidado por completo el asunto con Jolyne y la prisión de Dolphin Street se dio cuenta tres semanas después para su completa sorpresa. Con prisa encendió su laptop encontrando un simple correo de la Fundación Speedwagon donde le notificaban que el problema había quedado resuelto.

—¿Está todo bien? —Irene entró a la cocina luciendo su melena teñida completamente suelta y únicamente cubierta con una bata de satín, incluso sin maquillaje era tan hermosa.

—Sí. ¿Tienes hambre? Puedo llamar al restaurante y ordenar algo. —Sabia de sobra que en su refrigerador no habría nada útil para cocinar.

—No aún. ¿Qué te parece si salimos a la piscina? El clima está bastante hermoso. —Sin darle una segunda mirada a la computadora la apagó y siguió a Irene, su piscina al igual que todas las residencias de ese bloque, tenía un acceso privado a la playa.

Ni siquiera considero llamar para reportarse enfermo o pedir algunos días libres.

Los días siguieron pasando, la presencia de Irene había trascendido al punto en que sus productos de cuidado personal ya compartían espacio con los de ella, sus sábanas ahora tenían el aroma a limón y lavanda de ella.

—¿Alguna vez has pensado en lo agradable que sería vivir en la orilla de la piscina? Todo es tan azul y hermoso ahí. —Irene murmuró en su pecho una noche, sus piernas estaban entrelazadas y ambos estaban asimilando su orgasmo, las luces estaban completamente apagadas y aun así podía ver sus ojos brillantes.

Lo había pensado, más veces de las que le gustaría admitir. En especial cuando la batalla con Dio volvía a su memoria.

—Podríamos mudarnos a lado de la piscina, será agradable. —Ella se levantó y apoyó su cabeza en su pecho con una sonrisa.

—Eres increíble, Jojo. —Y le dio un beso en los labios. Sí, él estaba enamorado.

Diciembre, 2011.


En Florida no había nevadas, no este año al menos, el clima se había mantenido en ese agradable frío soleado que tanto adoraba. Irene ahora vivía con él y su vida era simplemente lo que siempre había anhelado. Ella no tenía familia, había crecido y logrado todo sola. Era originaria de un pequeño pueblo en California y le gustaba el jazz.

—Estoy divorciado y tengo una hija. —Confesó un día, Irene vestía un sencillo short de mezclilla acompañado de un top de crochet con mariposas.

—¿Ellas saben, les importaría? —Ella era inteligente, siempre preguntaba cosas que podían dejarse a mucha interpretación.

¿Ellas saben que estás conmigo? O podría ser, ¿Ellas saben que te enamoraste de mí?, ¿A ellas les importas?

—No lo creo. —Irene hizo un pequeño puchero con sus labios pintados en verde y se acercó a él.

—Bueno, eso está bien. A mí me importas. —Y se dejó caer nuevamente en la sensación de los labios sabor a limón.

Se había tomado unos meses de vacaciones de la universidad, así mismo estaba ignorando deliberadamente los correos de la Fundación Speedwagon. Su tiempo se dividía en dormir con Irene, despertar con ella y hacerle el amor una y otra vez, bajar a comer algo y gastar el resto del día bajo el azul manto del mar.

Eran solo él y Irene en el mundo y eso era justo lo que necesitaba.

Curiosamente nadie había cuestionado su decisión, así fue como aceptó que él, Jotaro Kujo, podía ser egoísta una vez en su vida. Y todo era tan perfecto que se sentía irreal.

—Creo que te amo. —Dijo, en la televisión un espectáculo sobre chicas siendo perseguidas por un asesino vestido de sacerdote. Irene vestía una de sus camisas, su cabello hecho dos rodetes en la parte alta de su cabeza, el comentario la tomó por sorpresa y sus mejillas se sonrojaron.

—Yo también te amo. —Fue asaltado con múltiples besos en su rostro y le fue inevitable reír de felicidad. Él, Jotaro Kujo se merecía esto.

Se casaron a finales de mes completamente en secreto. Irene vestida con un sencillo vestido blanco adornado con algunas mariposas junto a un collar con un dije de estrella y él enfundado en su característico abrigo morado.

Ahora había una nueva señora Kujo.

—Hubo una vez, un vampiro que era usuario stand. —Era su noche de bodas, su abrigo estaba tirado en el suelo casi junto al vestido blanco. Las ventanas estaban abiertas dejando entrar la luz de la luna y la brisa marina.

—¿Es eso posible? ¿Cómo lo venciste? —Y esa noche le contó por primera vez a alguien toda la historia de Dio Brando y los Stardust Crusaders.

—Nunca lo dije, pero tus cicatrices son una de las cosas que más me gustan de ti. —Irene besó su pecho, cerca de una de las marcas de los cuchillos que Dio le había lanzado.

—Aunque lo que más me gusta de ti es que todo parece un sueño, la vida a tu alrededor es tranquila. —Y él pensaba exactamente lo mismo de ella.

Fueron tres meses después cuando Irene llegó a casa con un sobre en las manos luciendo completamente pálida. Preocupado, se acercó a ella y la abrazó.

Incluso antes de que ella lo dijera él sabía lo que estaba pasando.

—Estoy embarazada. —Dijo con tanta preocupación en su voz, como si él realmente pudiera molestarse por eso. Incluso si Jolyne había sido un error la amaba y todavía dolía saber que ella no quería saber nada de él.

Ahora, con Irene tenía una oportunidad de hacer todo diferente. Ella era una usuaria stand, ella era fuerte y sabría protegerse a ella y a su bebé, el podía quedarse esta vez. 

Su felicidad en ese momento fue tan enorme que la tomó en brazos y la hizo girar, sabía que estaba sonriendo y Irene derramó algunas lágrimas de alivio. Cuando la dejó nuevamente en el suelo colocó su suave beso en su abdomen, se sentía como si finalmente valiera la pena vivir.

Julio, 2012.


—Buenos días, papi. —Fue despertado por las suaves caricias de su esposa en su miembro, el embarazo la estaba volviendo insaciable y él no tenía quejas en complacerla.

Su abdomen se había vuelto redondo y ella juraba que su bebé sería un hermoso niño al que llamarían Johnny. Aunque el debatía con que sería una bella niña a la que llamarían Jolie.

Tal vez también habían descubierto que tenía algo por ser llamado "papi".

Al terminar se levantó de la cama para ir al baño por toallas para limpiar, al pasar por el espejo nuevamente encontró que había algo que no cuadraba.

Se quedó mirando el espejo por más tiempo intentando encontrar que era aquello que podía estar mal, su cabeza se sintió pesada por el esfuerzo y de la nada comenzó a sentirse mareado.

—Irene... —Y todo se volvió negro.

...


—¡Está despertando! ¡Doctor, Doctor Kujo! ¿Puede escucharme? —Su cabeza palpitaba fuertemente, sentía sus piernas entumecidas y sus brazos adoloridos.

—¿Irene...? ¿Dónde estoy? —Comenzó a enfocar su visión encontrado que estaba en un cuarto de hospital, en sus brazos varias vías intravenosas conectadas a lo que suponía eran medicamentos.

—Doctor, ¿Sabe dónde se encuentra? ¿Podría decirme que día es hoy? —A su alrededor, varios médicos y enfermeras se encontraban mirándolo.

—Estoy en un hospital... Es julio del 2012. ¿Dónde está mi esposa? —Las facciones de los médicos se descompusieron, todos se miraron entre sí antes de que uno de ellos hablara.

—¿En qué hospital está? —La enfermera comenzó a checar sus pupilas mientras esperaban su respuesta.

—No lo sé, solo recuerdo haber estado en el baño de mi casa y me desmayé. ¿Alguien podría hablarle a mi esposa? Su nombre es Irene. —Ay por favor, solo había sido un desmayo no era para tanto. Haciendo un gesto el médico ordenó a todos que salieran del cuarto.

—Jotaro hay algo que debo informarte... Hoy es 02 de marzo de 2012, estás en el hospital de la Fundación Speedwagon en Florida y has estado en coma por 5 meses. —El médico informó con toda la tranquilidad que pudo reunir, su pecho se oprimió y soltó una carcajada. ¿Era una broma? 

—Doctor, voy a molestarme si no le llama a mi esposa en este preciso momento voy a levantarme e irme a casa. Llámela, su nombres es Irene. —No quería admitirlo, pero estaba comenzando a dudar.

—Me temo Doctor Kujo que usted no está casado, su hija Jolyne nos envió el día de hoy el último disco con sus memorias. —¿Disco? ¿Que no estaba casado? Si estaba esperando a su futuro hijo.

Entonces lo recordó. La pelea en Green Dolphin Street, él realmente había ido a visitar a Jolyne y el enemigo había atacado. En un intento desesperado por salvarla él había tomado un golpe mortal.

Su pecho se oprimió aún más, sí él había estado todo ese tiempo en coma significaba...
Significaba que Irene no era real. Que toda la felicidad que había experimentado era simplemente producto de su imaginación y su soledad.

¿Irene...? —Le estaba doliendo el alma como nunca, todo le había sido arrebatado de la manera más estúpida posible y él no podía hacer nada.

—No tenemos registro de nadie entre sus conocidos con ese nombre, Doctor. Su hija nos ha informado que escapó de la prisión para encontrar al sacerdote. —

Su esposa y su hijo no eran reales. Él nunca conoció a Irene porque Irene no existe. Él nunca se enamoró verdaderamente porque era todo producto de su imaginación.

¿Entonces por qué sentía la enorme necesidad de ahuyentar al médico y llorar?

Cierto, él era Jotaro Kujo y al parecer para él no había un final feliz nunca.

—Ordenaré algunos estudios y por el momento suspenderemos la nutrición vía intravenosa, necesitamos su mejoría lo más pronto posible. —Y entendió las palabras ocultas en eso, él tendría que salir y enfrentar al dichoso sacerdote.

Se mantuvo en silencio mientras la enfermera retiraba una de las intravenosas.

05 de marzo, 2012.


A pesar de los intentos de los médicos por descubrir porqué estaba preguntando por una mujer que nadie conocía se mantuvo completamente en silencio, contestaba simplemente lo necesario.

—¿Cómo se siente Doctor? ¿Hay alguna molestia? —Preguntaban por lo que parecía milésima vez, miró la blanca sábana que cubría sus piernas.

"Me siento fatal, el amor de mi vida no existe. Mi molestia es con ustedes, por haberme sacado del coma." Quiso contestar.

—Bien. No, ninguna. —Y volvería a su perpetuo silencio. Comenzó a comer por su cuenta y con ayuda de un fisioterapeuta estaba entrenando nuevamente sus piernas para ponerse en pie.

Deseó poder recrear el rostro de Irene solo para darse cuenta de que comenzaba a desdibujarse con los recuerdos del rostro de Jolyne.

Al menos aún podía recordar el sonido de su voz diciéndole que lo amaba y ese parecía ser suficiente motor para motivarlo a seguir adelante.

13 de marzo, 2012.


Habían pasado exactamente once días desde que despertó del coma, once días desde que volvió a sentir esa inmensa soledad en su pecho y esa asfixia de ser "el usuario de stand más poderoso".

Los médicos habían terminado por aceptar que su silencio pudiera deberse a un daño más allá de lo curable, algo relacionado meramente con su stand y su alma que ellos no podían tratar.

Ya podía levantarse de la cama y dar pequeños paseos a través del pasillo del hospital y había solicitado los archivos de todo lo relacionado con el sacerdote Enrico Pucci para ponerse al corriente.

Entonces su corazón se paralizó cuando en la primera hoja del archivo se encontraba la ficha de identificación de su hija Jolyne Kujo o Cujoh como lo habían redactado, y la fotografía era la imagen de Irene. De la mujer que se había enamorado tan perdidamente.

La mujer de sus fantasías era su hija. 

Se levantó rápidamente de la cama para ir a vomitar. La impresión había hecho que su corazón latiera desbocado y sus manos comenzaran a temblar.

Se desmayó antes de siquiera razonarlo.

14 de Marzo, 2012.


Paso los siguientes días ejercitando sus piernas y brazos, invocar a Star le producía un extremo agotamiento aún y pensar que debía arreglárselas para estar listo para pelear en cualquier momento lo hacía sentirse miserable.

Al menos al dormir aún podía pretender soñar que estaba en casa con Irene y su bebé en camino.

20 de Marzo, 2012.


—Doctor, nos han reportado un extraño incidente en Cabo Cañaveral. Los autos se están descontrolando y no hay manera de que ningún helicóptero se acerque, al parecer es la gravedad. —Bajó la mirada a sus pies, había llegado el momento de la batalla final. Suspiró y se levantó de la cama, su ropa ya estaba colocada en la silla de visitante esperando por él.

Tenía que enfrentarse a su hija y no pensar en Irene. Tenía que hacerlo porque sentía el peligro en el que estaba Jolyne.

Cuando llegó a Cabo Cañaveral encontró cientos de vehículos volcados y personas muertas por el peso de estos, su estómago se revolvió y sintió que podía vomitar por la simple imagen frente a él.

Irene, no, Jolyne estaba sangrando de los brazos su pecho estaba convertido en un infinito para frenar el ataque de Pucci en su corazón. Sin pensarlo ni un segundo corrió a ella, detuvo el tiempo justo en el momento donde el sacerdote había disparado directo a su cabeza y tomándola entre sus brazos aún débiles por la gravedad la quitó de ahí.

Ella era igual de fuerte que sus antepasados, igual de inteligente que lo había sido en su sueño y aún más hermosa en la realidad. Sangre brotaba de las heridas en su cuerpo y deseó por una maldita vez haber permanecido entrenando, podría matar al sacerdote en 9 segundos, pero no en 2.

Quería llevarla lejos de todo este caos, la amaba demasiado como hija y quería protegerla de todo esto. Por eso la abandonó en un principio.

Miró los ojos verdes oliva y encontró la misma fiereza que habían tenido en su sueño. El mismo cabello solo que recogido en dos moños, el mismo gusto de colores e inclusive la misma voz.

Él realmente se había enamorado de su hija. Y su corazón latiendo desbocado por simplemente verla era una prueba de eso.

Incluso si lo pensaba, Irene y Jolyne sonaban igual. 

—Realmente has crecido, Jolyne. —Dijo, su hija apenas y lo miró demasiado aturdida por la pelea. Con cuidado la ayudó a apoyarse aún con sus ojos sorprendidos por verlo realmente ahí.

Cuando tomó su mano sintió la agradable electricidad que había sentido en su fantasía cuando conoció a Irene, el mismo toque suave en su mano y la misma textura de piel.

Ella no dijo nada, y él tampoco lo hizo.

Peleó hasta que el sacerdote se escondió en el transbordador, Jolyne se mantenía alerta a cualquier ataque y él observaba para saltar al mínimo peligro para ella. Fue sacado de sus pensamientos por el tipo de cabellos rosas que había decidido seguir a Irene, Jolyne, a su muy probable muerte.

—Entonces señor Kujo, quería pedirle su permiso para casarme con su hija. —¿Qué? Los celos poseyeron rápidamente su cerebro, este bastardo creía que le daría su permiso para... No.

Él no era digno. No de alguien como Jolyne.

—Maldito loco, balbuceando en esta situación. —Fue lo que contestó a toda la perorata de porqué Jolyne era su mujer ideal, incluso si debía admitir que prestó atención a cada palabra y en cada una de ellas encontraba la similitud con Irene.

Y no estaba mal pensar así, ¿verdad? 

Nada estaba mal si no era real, intentó convencerse a sí mismo.

E incluso si se traicionó a si mismo cuando las nubes comenzaron a acelerarse y Anasui atrajo en sus brazos a Jolyne para protegerla y él se la arrebató bruscamente jamás admitiría en voz alta que fueron celos y no precisamente paternales.

Deseó ser egoísta una vez, estaba dispuesto a renunciar a su alma una vez más si podía ver los ojos verdes de Jolyne mirarlo con el mismo amor que en su sueño.

Daría lo que fuera por recuperar el paraíso que su mente tan cruelmente construyó para él.

Y él lo sabía, sabía que el día de hoy era su muerte. Que todas esas veces que había sobrevivido eran para llegar a este momento en específico a dónde el cielo se movía tan rápido que la noche y el día se habían vuelto uno, se preguntó si eso sintió el anciano en Egipto cuando Dio succionó su sangre, pero él sabía en el fondo de su corazón que hoy daría su vida y que seguramente sería para salvar a Jolyne.

Estaba bien, ella era la mujer que más amaba en el mundo. Tanto por ser su hija como por ese extraño sueño donde era Irene.

Incluso si tenía que soportar que su ella pareciera tan cómoda con la idea del matrimonio con Anasui, soportaría todo eso y más porque su amor no era posible en la realidad.

Entonces en un momento todo falló, el plan que habían diseñado se vio comprometido por su culpa. Porque el sacerdote tenía la inteligencia emocional que Dio no había tenido, supo encontrar una debilidad que no había tenido en 1989.

Pucci se dio cuenta que Jolyne era su debilidad. Y él no pudo controlarse, perdió el control de sus emociones y actuó precipitadamente.

Se quedó a dos pasos de evitarlo. A dos pasos.

Supo que había perdido cuando sintió como su rostro era partido en dos, cuando los ojos verdes de Jolyne se llenaron de tanto miedo que aun habiendo visto como todo había sucedido creyó que él no estaba herido y vendría a salvarla.

Las mismas olas que él había visto todos los días con Irene se llenaron de su sangre, de la de Jolyne y la de sus amigos.

El cielo era una estela de colores y él no estaba en contra de morir, aunque hubiese querido ver a su amada Irene una vez más.

Así que antes de que sus ojos se cerraran a la eternidad de la muerte murmuró para sí mismo.

—Te amo, Jolyne. —

Y ella nunca sabría todo lo que significó para él.

...


—¡Jotaro la cena se está enfriando! —Despertó, se encontraba en su cama y la brisa marina entraba por la ventana abierta. Las cortinas blancas se ondeaban suavemente y podía escuchar el sonido de un niño pequeño riendo a lo lejos. 

No era posible.

Tocó su rostro rápidamente sintiendo el relieve de una cicatriz y el desajuste focal de solo ver con un ojo. ¿Pero cómo?

Apresurado bajó las escaleras solo para encontrar a Jolyne con un vestido verde y su cabello peinado en una trenza sencilla.

—¿Jolyne? —¿Qué demonios estaba pasando? El sacerdote lo había matado, aún podía sentir el cuchillo en su cabeza y si se concentraba, el agua filtrándose en su ropa. 

—¿Sí? Ven, preparé comida japonesa como me enseñó la abuela. Apuesto que ella no pensó que la cocinaría como tú esposa, pero bueno, detalles. —La mesa estaba perfectamente colocada y un pequeño de cabellos rubios entró corriendo a la cocina. —Johnny, cariño vamos a cenar deja al señor Oso unos minutos. —

Miró el cuello del niño solo para encontrar una estrella igual a la que había en su cuello y el de Jolyne. No era posible...

—¿Estás bien? Soñaste con él, ¿verdad? —Jolyne dejó a Johnny en su silla mientras se acercaba para acariciar su mejilla y llevarlo afuera.

Se hundió en la caricia sin poder creer lo mucho que la había extrañado, ella era Irene, Jolyne y era su esposa.

—Un poco. Aún no puedo creer que lo hayamos logrado. —Jolyne bajó levemente la mirada, incluso si ella sentía remordimientos todo esto era perfecto.

—Lo hicimos. Lo hiciste, y te amo por eso. —Sonrió un poco sintiendo un nudo en su garganta. Había extrañado a su familia y podía ser que estuviera muerto, todo esto parecía un sueño.

—Yo también te amo, Jolyne.

Hecho en el cielo solo para él.

Fin.

Notes:

—•—
Jotaro Kujo, eres el pixel más guapo que he visto en mi vida. Hazme un hijo o un flan, lo que cuaje primero pero con tu leche

Feliz día papito hermoso.

Siempre me ha dado la impresión que Jotaro de la parte 6 sufre una depresión y soledad muy profunda, es el único de todos los protagonistas que realmente renunció a la idea de tener una vida normal después de la pelea. Además, sentía curiosidad por lo que podría haber pasado durante esos meses en coma con una parte de él pero sin sus recuerdos.

Esto está fuertemente inspirado por Buzzcut Season de Lorde, A Man Without Love de Engelbert Humperdinck y una historia que leí sobre un hombre que estuvo en coma y durante ese tiempo en su mente conoció a una chica, se casó, consiguió el trabajo de sus sueños y tuvo dos bebés.

La parte final de este OS son simplemente los pocos segundos de consciencia que tiene Jotaro antes de morir, una última vez en su paraíso personal, lo que es triste pero probable.

Practicar con este emparejamiento fue bastante divertido debo confesar.

Lxs tqm.