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La Subasta - (Traducción de The Auction by Lovesbitca8)

Summary:

Tras el triunfo del Señor Tenebroso sobre Harry Potter, los derrotados deben aprender cuál es su lugar. Hermione Granger, ex Chica Dorada, ha sido capturada y reducida a ser una esclava. Vendida al mejor postor, como el mayor premio de una subasta de miembros de la Orden y simpatizantes, es arrojada a las rabiosas y expectantes manos de los Mortífagos. Pero a pesar de los horrores del nuevo mundo de Voldemort, la ayuda, y la esperanza parecen surgir de los lugares menos esperados.

3era parte de la serie Correctos e Incorrectos (RIGHTS and WRONGS)

Notes:

  • A translation of a work in an unrevealed collection

Nota de Traductor

¡Hola! Aquí les dejo mi primerísima primera publicación,
una traducción autorizada de uno de mis fics favoritos: The Auction, de la genial Lovesbitca8.
Acepto críticas y sugerencias.
¡Espero que lo disfruten!

{Edit} Irene Garza ha traducido las primeras dos partes de esta trilogía de Correctos e Incorrectos. Les dejo links y recomiendo su maravilloso trabajo!!
1 - La Forma Correcta de Actuar
2 - Todo Lo Incorrecto

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Nota de Autor

La Subasta es un oscuro AU (Universo Alternativo) donde Voldemort Gana, con momentos de violencia y sexo no consensuado. Haré lo posible para incluir advertencias de contenido en los capítulos que contengan asuntos específicos. Esta es la tercera historia de la serie de Correctos e Incorrectos. Aunque considero que La Subasta puede ser leída de manera independiente, no lo recomiendo.

¡Esta es mi primera historia de muchos capítulos con Betas! Aunque son más como Alfas para este pequeño omega solitario. Muchísimas gracias a SaintDionysus y raven_maiden. Mucho amor para NikitaJobson, que hizo el arte para este fic hace meses con la bondad de su talentoso corazón.

Y por último, gracias a quienes me han estado siguiendo durante años, pidiendo un fic de subastas. Es por ustedes que esto existe.

(Extractos tomados de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte)

Chapter Text

                                                   

 

Harry Potter está muerto. Fue asesinado mientras huía, intentando salvarse a sí mismo mientras ustedes sacrificaban su vida por él. Les traemos su cuerpo como prueba de que su héroe ha muerto.

La batalla está ganada. Han perdido a la mitad de sus combatientes. Mis Mortífagos los superan en número y El Niño Que Vivió está acabado. La guerra debe terminar. Todo aquel que continúe oponiendo resistencia, hombre, mujer o niño, será masacrado, al igual que cada miembro de su familia. Salgan del castillo ahora, arrodíllense ante mi, y serán absueltos. Sus padres y sus hijos, sus hermanos y hermanas, vivirán y serán perdonados, y se unirán a mí en este nuevo mundo que construiremos juntos.

Hermione cayó de rodillas.

Harry Potter está muerto.

Hacía frío. Tenía sangre en el rostro, tensándole la piel. No recordaba si era suya. Tenía mugre debajo de las uñas y bilis en la garganta.

Escuchaba a Ron diciéndole algo, una tontería. Algo acerca de seguir luchando.

Si Harry estaba muerto...

Había tenido pesadillas acerca de este momento durante los últimos siete años. Acerca de lo que debería hacer a continuación. Seguiría la cadena de mando. Primero McGonagall. Cuando McGonagall cayera, sería Kingsley. Luego Remus. Pero detrás de todos ellos, ella y Ron tendrían que ser los nuevos rostros de la revolución.

Su héroe está muerto.

Se puso de pie, tambaleándose. Ron la ayudó a levantarse.

No debería haberlo besado. No debería haber pretendido un poco de normalidad en su vida. El mundo se estaba acabando.

McGonagall gritó. Hermione se volvió hacia la entrada del castillo, y vio a Hagrid cargando un cuerpo.

Se veía tan pequeño, su cabello todavía apuntando en todas direcciones.

Sintió que un alarido salía de sus propios labios mientras Ginny se precipitaba hacia adelante, gritando su nombre.

Miró el rostro de Ginny, apenas imaginando lo que se sentiría ver a tu amor muerto frente a ti. Y sus ojos se volvieron hacia los rostros de los Mortífagos que se aproximaban, buscando...

Una cabeza rubia se movía rápidamente entre ellos. El corazón de Hermione latió con fuerza, siguiendo la figura. El rubio se deslizó entre las filas, hasta finalmente separarse y dirigirse a una entrada lateral. Era Narcissa Malfoy. Hermione miró a su alrededor y encontró todos los ojos fijos en Hagrid, que colocaba el cuerpo de Harry a los pies de Voldemort.

Nadie vio a la esbelta mujer dirigirse a toda velocidad hacia el castillo. Nadie más que Hermione.

Se volvió. Ron se aferraba a Ginny, las lágrimas corrían por su rostro. McGonagall se mantenía erguida, con la varita lista. El resto de los Weasley estaban detrás de ella. Los ojos de Kingsley recorrían la línea de Mortífagos, al parecer los estaba contando.

Si Narcissa Malfoy estaba planeando algo, alguien debía seguirla. Hermione no la podía dejar escapar.

Voldemort estaba todavía regodeándose y predicando a la multitud reunida. Ella se deslizó hacia la izquierda, por detrás de los estudiantes, arrastrándose hasta el muro de piedra. Miró el cuerpo de Harry por última vez. Vio a Ron y a Ginny, preparados para luchar.

Justo cuando estaba a punto de escabullirse por el pasillo, Neville salió corriendo hacia adelante. Voldemort lo aturdió de un disparo.

Toda la atención estaba sobre Neville, y Hermione hizo su escape.

Se metió de nuevo entre la multitud, siguiendo el sedoso cabello rubio que zigzagueaba entre los Mortífagos hacia la entrada lateral. Hermione vio la puerta cerrarse detrás de Narcissa.

Había gritos detrás de ella. Odiaba ser capaz de identificar los alaridos de Neville. Sus propios recuerdos se envolvían alrededor del ritmo familiar de las carcajadas de Bellatrix.

Hermione se deslizó al interior del vestíbulo de entrada, y observó el infinito de sábanas blancas del Gran Comedor. Madame Pomfrey levantó la mirada hacia ella, el único ser viviente entre los cuerpos.

—¿Qué está pasando ahí afuera, Granger?— Su voz temblaba.

—Harry está muerto—. Escuchó la voz salir de sus labios.

Pomfrey palideció.

—Creo que vamos a luchar—, continuó. Vio temblar los labios de la medimaga.

Hermione parpadeó, y se dio la vuelta, caminando en la dirección en la que Narcissa Malfoy se había deslizado al entrar.

Debía ser el shock. Se permitió reflexionar sobre el asunto… Harry había muerto, y ella estaba persiguiendo a Narcissa Malfoy por el castillo vacío.

Hermione giró en un pasillo desierto, los escombros se acumulaban en los rincones. Nunca había visto el castillo tan fantasmal.

Muerto.

Voces en un pasillo lateral. Hermione se apretó contra la pared, sintiendo las piedra fría contra la espalda, y se asomó por la esquina.

Dos cabezas rubias.

Se echó hacia atrás, golpeándose el cráneo contra la pared en la prisa por esconderse. Apretó con fuerza los ojos, e intentó escuchar a pesar del latido en su cabeza.

—...tiempo de irnos. Nos encontraremos con tu padre… a Francia con…— El rápido susurro de Narcissa hacía flotar frases cortas en su dirección.

—No me voy a ir—. La voz de Draco era nítida.

Una suave tibieza invadió el pánico de Hermione al darse cuenta que Narcissa Malfoy no tenía un plan maestro. Estaba simplemente arriesgando su vida para buscar a su hijo.

—¿A dónde vas?

—¿No la viste en el patio?

—Yo te estaba buscando a ti—. Fuertes pisadas. —¿Me has oído?— Preguntó Narcissa. —Potter está muerto.

—Si, te escuché—. La voz de Draco estaba cerca. Estaban yendo en su dirección. Hermione salió disparada por el camino que había venido, y encontró un pequeño armario de escobas donde esconderse.

No pudo escuchar mucho más de lo que decían los Malfoy debido el sonido de los latidos de su corazón. Las rápidas piernas de Draco lo hicieron pasar de largo frente a su puerta, con Narcissa pisándole los talones. Hermione se asomó por la puerta del armario, y lo observó mientras se alejaba.

Las cosas estaban a punto de ponerse exponencialmente más difíciles. Ahora iba a tener que volver al vestíbulo de la entrada. Tendría que hacer el inventario de los que habían sobrevivido mientras ella corría detrás de los Malfoy, pretendiendo que lo había hecho por la causa. Tendría que consolar a Ginny y a Ron, e intentar dejarse consolar por ellos… eso si es que podía encontrarlos.

¿Qué tal si se lo había perdido? Si se lo había perdido todo. Qué tal si volvía al vestíbulo de la entrada y los cadáveres de sus amigos estaban ahí, esperando a que se uniera a ellos.

Tal vez podría no regresar. Podría encontrarse con los estudiantes que habían sido forzados a abandonar la escuela antes de que todo esto empezara. Intentaría recopilar la mayor cantidad de información posible, y si ellos eran los únicos que quedaban, tendría que organizarlos. Y si, milagrosamente, alguno de sus amigos había sobrevivido a lo que había pasado, se encontrarían en algún lugar, a medio camino.

Miró hacia el final del pasillo por el que Draco Malfoy había desaparecido, probablemente en dirección al patio, buscando a quienquiera que fuera la persona por la que había desobedecido, no solo a su madre, sino también al Señor Tenebroso. Apretó los labios.

Él la había salvado, en la Mansión Malfoy, los había salvado a los tres. Por supuesto que los había reconocido. Así como ella lo podría señalar a él en una multitud, sabía que él podía hacer lo mismo. Él reconocería su cabello y su actitud de “mandona”.

Ella reconocía la longitud de sus pasos. Lo pasmada que había quedado en quinto año, cuando él había crecido hasta ser tan alto como Snape. Era como memorizarlo todo de nuevo.

Reconocía su tono de rubio, por supuesto. Un faro en la oscuridad, pero después de haberlo visto junto a sus padres en el Mundial de Quidditch y algunas otras veces más, podía distinguir su color entre los tres. De Narcissa había heredado el tono exacto, pero de Lucius la calidad.

La curvatura de sus cejas, justo antes de lanzar un remate ingenioso y fatal, estaba escrito en sus venas. La inclinación de sus labios antes de sonreír, atormentaba un rincón oscuro de su mente. La recientemente desarrollada cualidad exánime de sus ojos, estaba dibujada en su subconsciente. Como si careciera de alma. Al menos de una que ella estuviera autorizada a ver.

Y luego, apenas un puñado de sonrisas. Verdaderas sonrisas. Abriendo las encomiendas de su madre en la mesa del desayuno. Ante alguna jugada verdaderamente sublime de Quidditch. Por algo que Blaise Zabini le había susurrado en el oído durante la clase de Pociones. Sentía que hacía años que no veía una de esas.

Por su propio bien, esperaba que él y su familia huyeran a Francia. Si llegaba a encontrar esos hombros cuadrados, debajo de una túnica de Mortífago, lanzando maleficios contra ella y su ejército, no sabía si sería capaz de…

¡Desmaius!

Y, antes de derrumbarse sobre el conocido suelo de piedra de su vieja escuela, su último pensamiento fue que debería haber adivinado que, por preocuparse por él, ella terminaría así. Distraída, desarmada, y destruida.