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Tenía la leve impresión de que el universo estaba en su contra. Aunque no era una sorpresa para él, y tampoco resultaba distinto a su usual forma de pensar, pero la situación entre manos lo hacía querer llorar, y la única razón por la que estaba evitando hacer eso era gracias a su hermano mayor sentado a la orilla de su cama.
No era inusual que sus padres lo hicieran sentir de esa forma. Presionado, como si necesitara probarles constantemente que era una especie de prodigio en todos los aspectos, y eso le resultaba estresante, creía estar desarrollando alguna especie de trastorno de ansiedad por todas las noches en las que intentaba cerrar los ojos y sus ganas de llorar lo ahogaban hasta que el cansancio lo obligaba a dormir.
Y, por si acaso alguien aún lo dudaba, Torao solo sabía lo que era un trastorno de ansiedad por aquella competencia de ciencias y biología en la que sus padres lo había metido, claro, no sin antes haberlo forzado a leer todos y cada uno de los libros disponibles en su hogar sobre las materias mencionadas.
Pero aunque frente a sus padre no tenía más opción que cerrar la boca y obedecer con un leve asentimiento, frente a su hermano podía quejarse hasta que su corazón ya no se sintiera tan bloqueado por todos sus sentimientos.
Su hermano simplemente le sonreía amablemente mientras lo escuchaba quejarse sin parar por horas enteras, y era simplemente la sonrisa más brillante del mundo para Torao, le hacía sentir que en verdad no estaba esforzándose en vano, que tal vez, incluso si no era el excepcional niño que sus padres deseaban que fuera, por lo menos su hermano siempre se sentiría orgulloso de él.
“Nii-san…¿crees que madre y padre se molesten si en verdad no quiero participar?” Apretó las sábanas de su cama en sus manos, mirando a su hermano con un leve flash de esperanza, quizá, si lo intentaba con suficiente fuerza, su hermano lo sacaría de esa horrible situación.
Pero su hermano suspiró, negando con la cabeza, aunque su leve sonrisa nunca desapareció de su amable expresión. “Lo siento mucho, Torao, pero no creo que te dejen faltar.” Torao soltó un pequeño sonido de queja, y su hermano solo pudo reírse de él un corto segundo antes de agregar, viendo su molesta expresión y su inamovible puchero: “Aunque haré mi mejor esfuerzo por convencerlos de que no quieres hacerlo.”
Torao consiguió sonreírle a su hermano después de escuchar eso, pero de alguna forma no creía que fuera buena idea que su hermano hiciera eso por él, le aterraba de manera exagerada que sus padres fueran a molestarse con su hermano nuevamente solo por intentar ayudarlo. Lo último que Torao quería era que sus padres y su hermano tuvieran otra pelea por su causa.
“Está bien nii-san, solo es un juego… y madre prometió que sería el último.” Eso, por supuesto, era una mentira, y mentirle a su hermano dolía mil veces más que mentirle a sus padres, pero ya no quería escuchar a su padre decirle cosas crueles a su hermano mayor por su culpa. “Lo haré lo mejor que pueda, pero…” Torao jaló la manga de su hermano mayor, e intentó sonar tan decidido como su voz se lo permitiera, utilizando tanta firmeza en su expresión como pudiera. “¡Tienes que prometer que irás a verme!”
Su hermano soltó una corta y suave risa, llevando una mano a su cabello y revolviéndolo con el mismo afecto de siempre. “No me lo perdería por nada.” Se levantó, dejando a Torao en su cama para acomodarse, agitando una mano suavemente mientras apagaba la luz de la habitación. “Ahora descansa, ¿de acuerdo? Y nada de levantarse a escondidas.”
Torao asintió una sola vez antes de volver a hundirse bajo las sábanas de su cama, sonriendo alegremente, tal vez si su hermano estaba ahí, participar en esa competencia no sería algo tan malo.
~
Coordinación. Un componente importante en cualquier equipo, independientemente de la actividad en la que estuvieran participando, después de todo, la coordinación era lo que permitía a las personas cubrir los errores de sus compañeros y lo que fortalecía a un equipo.
Pero la coordinación no era un elemento precisamente fácil de conseguir entre las personas. No todos los corazones podían latir con la misma intensidad y, por supuesto, no todos podían hacerlo a la misma velocidad, porque todos funcionan de maneras distintas.
Donde algunos veían una oportunidad, otros veían peligro, y donde unos no dudaban en ir hacia adelante, otros optaban por quedarse detrás.
Y esa era simplemente la forma en la que las personas funcionaban. Miedo, dolor, alegría, tristeza, todos funcionan de maneras diferentes aunque tengan definiciones fijas, porque así son las personas.
Se interrumpen y se empujan. Se pelean y se reconcilian. Atacan o defienden. Porque nada es igual para nadie, porque aunque todos tengan el mismo corazón, estos no funcionan de la misma manera para todos.
Por eso la coordinación no era algo posible entre los seres humanos. Había planes, estrategias, ensayos y órdenes que podían ayudar a que un equipo hiciera las cosas de cierta forma para parecer coordinados, pero la coordinación es mucho más complicada que simples estrategias y posiciones.
Torao no esperaba nada del resto de su equipo, porque eso hubiera sido tonto de su parte. Ninguno de ellos pensaría de la misma manera que él, ninguno de ellos vería las oportunidades igual que él, y claramente ninguno de ellos sabría cuándo era el momento de actuar y cuándo de retirarse.
Así que cuando todos decidieron arruinar sus oportunidades de hacer literalmente cualquier cosa, no se sorprendió, pero eso solo significaba que debía empujar a la gente a su alrededor con más fuerza aún, por lo menos la suficiente como para que se apartaran de su camino finalmente y dejarán de arruinar por completo sus oportunidades de ganar.
No había plan o estrategia que fuera a reparar el desastre que era su equipo, eso era un hecho. Y si no quería decepcionar a sus padres, más le valía empujar a todos a su alrededor para ganar, pues desde hacía un tiempo había dejado de ser un juego en equipo y se había convertido en un esfuerzo individual para no fallar.
Debía admitirlo, fue bastante agradable cuando su equipo dejó de estorbarle y le permitieron hacer
algo
sin tropezarse o pelear por lograrlo.
Pero era aterrador, pues parecía que nadie quería acercarse a él, quizá por incertidumbre, quizá por miedo a arruinar la estable puntuación que Torao había conseguido darles en su esfuerzo solitario, pero, fuera como fuera, le aterraba pensar que tenía que completar todo solo y que, si llegaba arruinarlo, sería su culpa y solo suya.
Aunque tal vez eso no estaba lejos de como estaba acostumbrado a hacer las cosas.
Creyó, verdaderamente, que no tendría el mínimo de ayuda. Creyó, sin dudarlo, que terminaría cayendo y arruinando todo. Creyó, sin esperanza alguna, que cuando hizo ese movimiento equivocado nada sería capaz de salvarlo y todo su esfuerzo se desperdiciaría.
Pero finalmente nada ocurrió. Por lo menos nada malo, pues cuando menos esperanza tenía de salvar aquello, otro chico de su mismo equipo lo hizo por él.
Le agradeció a mitad el juego sin palabras, con un leve asentimiento, uno que no esperaba que su compañero comprendiera, pero el solo segundo que los brillantes ojos ambarinos de su compañero se conectaron con los suyos una leve sonrisa apareció en los labios del otro, y un “de nada” se formó suavemente con la sonrisa en una fracción de segundo.
No esperaba que el otro chico fuera a hacer mucho más después de eso, quizá por eso Torao se sorprendió cuando al moverse de lugar, el otro chico se movió casi inmediatamente para cubrirlo.
Y no fue tan solo una vez. Repentinamente Torao estaba jugando en equipo con otra persona que lo cubría cada vez que se equivocaba, y a la que podía cubrir cuando cambiaban posiciones.
Fue algo extraño, tanto que Torao estaba seguro de que incluso el otro equipo se asustó al ver algo así. Pues no eran planes o palabras lo que estaban utilizando para que sus jugadas fueran efectivas, Torao no tenía que avisarle a su compañero que cambiarían posiciones o que se movería, porque tan solo daba un paso y el otro chico ya estaba moviéndose casi de manera perfecta para apoyarlo y era igual a la inversa.
No sentía que le estuvieran dando órdenes, y tampoco creía estar dandolas; tan solo sentía que estaba… coordinado con alguien.
Y eso era… realmente divertido…
Torao no había sentido nada similar en su vida. Era como si su corazón pudiera latir al mismo ritmo que el de esa persona, de manera tan acelerada y fuerte que en cualquier momento abandonaría su pecho.
Así que, por el solo momento que duró ese juego, Torao disfrutó de la inusual conexión que había hecho con aquel chico.
~
Había terminado bien, quizá demasiado rápido, pero habían ganado y eso era lo que importaba.
Aunque Torao para el final se sentía completamente exhausto y su respiración no parecía querer regularse de nuevo, así que, un segundo después de haber terminado el juego, decidió dejarse caer al suelo sin mucho más esfuerzo, la adrenalina disipándose lentamente y siendo intercambiada por sueño y cansancio.
Pero tenía que levantarse para recibir las felicitaciones del equipo y esas cosas, así que empujó algo de fuerza interior a salir para levantarse de nuevo; y lo primero que vio al levantarse fue la sonrisa de ese chico, el único que se había arriesgado a ayudarlo de todo su equipo.
Debía ser sincero, probablemente no habrían ganado de no ser por su ayuda, el chico era rápido, ágil y considerablemente fuerte para verse tan pequeño, por lo menos a comparación suya, y definitivamente sabía jugar.
“¡Buen juego!” ¿Acaso podían los brillantes ojos de ese chico destellar aún más? Torao casi sentía que no podía mirar directamente a ellos sin querer apartar la vista antes de que sus ojos se quemaran. “Fue divertido jugar con alguien tan bueno como tú.” A eso Torao no supo qué responder, pues verdaderamente no sentía que hubiera hecho nada tan especial como ese chico lo hacía parecer, así que tan solo consiguió asentir incómodamente en su lugar.
El otro pareció notar que Torao no estaba precisamente cómodo con la conversación, así que le dio otra sonrisa más sin mediar otra palabra antes de pasarlo de largo e ir con la demás gente del equipo.
Aunque Torao nunca pensó que el tipo de coordinación que tuvo en ese momento existiera, ahora tenía toda esa experiencia para probar ese pensamiento como erróneo, pues había sentido una conexión verdadera en lo que parecía ser la primera vez en toda su vida y, a diferencia de lo que su silencio incómodo había hecho parecer, se había divertido genuinamente durante una actividad que hasta ese entonces solo consideraba tortura.
Quizá debía agradecerle a ese chico, quizá incluso preguntar su nombre; si estuvieron en el mismo equipo, seguramente estaban en la misma escuela, tal vez con un poco de esfuerzo podría encontrarlo en algún momento de nuevo y quizá incluso podría preguntarle si estaba de humor para otro partido más, aunque esta vez solamente con él.
Vaya, Torao negó con la cabeza ante el rumbo por el que sus pensamientos lo estaban llevando, no creí que pudiera pensar esas cosas con tanta facilidad. Pero, debía admitir, probablemente mantener una amistad con quien quiera que fuera ese chico solo probaría ser un problema para él, después de todo, ¿quién vería algo más que su apellido y su familia? Probablemente nadie, por eso quizá sería mejor si era la última vez que veía a ese chico.
Pero aun así, una parte de él deseaba que, si llegaba a ser obligado a participar en otra competencia deportiva, ese chico estuviera ahí de nuevo.
Y probablemente si hubiera pedido el nombre de ese chico, no tendría oportunidad de arrepentirse de no volver a tener la oportunidad de saberlo, pero era cobarde y, aunque se volteó con la intención de darle un último vistazo, no había nadie al otro lado que portara los mismos brillantes ojos de ese chico.
Se había ido, y con él, su oportunidad de abandonar su cobardía.
Oh, pero el día estaba por ponerse mil veces peor que solo eso, Torao lo supo en cuanto su madre le dio una pequeña mirada desaprobatoria al recogerlo. Quizá se habría tomado en serio cualquier cosa que sucediera después de ese partido con sus padres si no sintiera su corazón latir con tanta angustia dentro de su pecho, como si, de alguna manera, algo malo estuviera sucediendo, pero eso era lo gracioso, Torao no creía que fuera a él.
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“Déjame ver si entendí…” Torao no hizo mucho esfuerzo por ocultar la sonrisa que estaba escapando de él y, si no fuera porque Touma se veía completamente aturdido, apenas formulando palabras sin atorarse, se habría reído en definitiva. “Separaste toda una sección de la playa…¿solo porque querías celebrar el aniversario del grupo diferente?”
Si Touma lo decía de esa forma, casi sonaba como si Torao hubiera perdido la cabeza completamente, pero no lo había hecho aún, ¿tan raro era que quisiera pasar el aniversario de ŹOOĻ con sus amigos? “Minami me ayudó a pagarlo.” Torao dijo como si eso le ayudara a Touma a entender la situación. “No que lo necesitara.” Agregó, ganándose una corta risa del rubio y meros segundos después un leve golpe en el brazo que no dolió, pero definitivamente lo aterró.
“Me siento realmente ofendido de que no nos dejaran pagar una parte también.” Haruka dijo, sus brazos cruzados y una de sus muecas de molestia que no ayudaban a que Torao pudiera tomarlo en serio. “¡Incluso separaste una casa entera para nosotros!” Touma exclamó y, por su voz, podía deducir que estaba a nada de tener un ataque, aunque no se veía molesto como Haru, más bien se veía escandalizado.
“Gente rica.” Haruka murmuró, rodando los ojos, pareciendo aún más molesto con cada segundo que pasaba. “¡¿Por eso nos dijiste que trajéramos más ropa de la normal?!” Touma se vio en la obligación de sostener la muñeca de Haruka cuando estuvo por lanzarle la mochila que había traído consigo a Torao.
“Estás exagerando, el lugar solo está separado por un día y medio y una noche.” Minami a su lado soltó una leve risa cuando dijo aquello, y él no contuvo la suya cuando Haruka se vio obligado a sostener a Touma para que no se cayera al suelo de la impresión.
“A decir verdad, creí que se darían cuenta al ver la camioneta tan cargada de cosas.” Torao asintió ante el comentario de Minami, y escuchó a Haruka chasquear la lengua. “¡Idiota! ¡Idiotas los dos! ¡¿Cuánto les costó todo esto?!” El centro menor del grupo gritó, y era probable que cualquier persona alrededor los habría escuchado incluso con audífonos a máximo volumen, porque vaya que Haruka tenía una voz potente cuando quería.
“Haru, calma...” Touma dijo, tragando lo poco de saliva que aún le quedaba, los nervios y el aturdimiento aún presentes por la situación actual. “Creo que será mejor si no lo sabemos…” Haruka emitió un leve sonido de fastidio y volvió a cruzarse de brazos, Torao mentiría si dijera que no le parecía linda la expresión molesta de Haruka.
Pero aun así, no podía dejar que el mal humor de Haruka le impidiera disfrutar del derroche de dinero que él y Minami habían hecho con la excusa de celebrar el aniversario del grupo, después de todo, si algo deseaba Torao, era que sus compañeros pudieran divertirse sin preocupaciones en un lugar tan tranquilo como el mar, en especial Haruka. El centro del grupo se esforzaba mucho por todos ellos y, viendo cómo habían sido los meses después de su derrota contra IDOLiSH7, todos, pero Haruka en especial, merecían un pequeño respiro.
Torao solo quería ver una pequeña sonrisa sincera de Haruka, eso haría que todo el dinero que gastó en esas improvisadas vacaciones valiera la pena. “Vamos Haruka, ¿no dijiste que jamás habías tenido unas vacaciones en la playa?” Ante el comentario, Touma inmediatamente saltó, asintiendo con un ánimo considerablemente raro si se tomaba en cuenta que antes casi se había desmayado por la situación, colocando una mano en el hombro de Haruka.
“Tiene razón Haru, además, ya pagaron y estamos aquí, ¿qué podemos hacer si no disfrutarlo?” Haruka apretó la correa de su mochila y otro sonido de fastidio dejó sus labios, pero se veía menos molesto que antes, eso Torao lo contaba como una victoria.
“Los odio tanto…” Haruka murmuró después de suspirar y, aunque esta vez Touma no evitó que el menor le lanzara su mochila a Torao, sintió que el impacto había sido un precio bastante bajo a comparación de la recompensa. “Bueno, las cosas no van a bajarse solas y el día se nos acaba, ¿qué esperan gente rica?”
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Tirar las cosas a suerte no era lo que usualmente un idol debiera hacer, pero en ese caso era diversión sana, así que, ¿qué mal podría hacerles? Eso Torao lo respondería pronto, considerando que no tenía la mejor de las suertes cuando se trataba de lanzar monedas, de hecho, incluso podría llamar a su hermano para que confirmara que Torao solía perder la mayor parte de las veces que decidían con eso.
Pero no tenía por qué preocuparse si era solo para decidir equipos, mientras no le tocara contra Minami estaba seguro de que sobreviviría. O quizá si le tocaba con Minami las cosas se pondrían peligrosas, realmente no podía decidir cuál opción era peor cuando se trataba del rubio.
Sabía que con Touma podía trabajar, pero Touma no era precisamente la persona con los reflejos más rápidos del mundo y definitivamente no era el más atlético de los cuatro, aunque no que él fuera mejor, pero por lo menos tenía uno o dos trucos bajo la manga.
Y ¡por favor! Era voleibol de playa, no era el deporte más complicado del mundo ni por asomo.
Aunque quizá tendría suerte y Haruka sería su compañero, con él, el juego sería bastante más sencillo considerando que, de los cuatro, Haruka era definitivamente el mejor en cuanto a atletismo.
“O podríamos hacer una ronda de centros contra apoyos.” Minami sugirió, y lo hizo, curiosamente, después de ver el resultado de su tiro con la moneda, pero se negó a compartir su lado de la moneda con cualquiera de ellos. “Mido-san y yo contra Inumaru-san e Isumi-san, ¿no sería lo mejor dada la compatibilidad de nuestros confiables centros?”
Haruka soltó un leve “hmm” en afirmación, pero en seguida agregó con cierto tono de burla: “Te había tocado con Touma, ¿verdad?” Touma, ante eso, se vio completamente indignado, y aunque parecía que quería decir algo al respecto, Minami asintió antes de que pudiera atreverse a decir algo. “Desafortunadamente.”
Torao no resistió la necesidad de reírse de la miseria de Touma cuando este se vio como un cachorro pateado, aunque tampoco hizo el intento de defenderse después de eso, quizá ya sabía que era en vano y que ninguno de los tres pretendía herir su sentimientos, por lo menos no de verdad. “No te preocupes Touma, yo seré equipo contigo.” Torao dijo, y juraría que si Touma fuera un perro, sus orejas se habrían levantado y su cola se estaría moviendo sin parar.
“Oh, ¿entonces seremos los dúos del álbum? Bueno, jamás tuve dudas de que Unbalanced Shadow era superior.” Haruka asintió, como si fuera una verdad innegable, y se veía muy orgulloso de sí mismo con esa afirmación de Minami, aunque quizá no tanto como el propio rubio.
“Oi, tú compusiste las dos.”
Minami ladeó la cabeza, una de esas sonrisas suyas que daban escalofríos se posó en sus labios. “Lo hice, ¿no es así? Bueno, supongo que le mostré favoritismo a Isumi-san.” Después de eso soltó una leve risa, una a la que Haruka se unió casi inmediatamente. “Pff- Torao, no pongas esa cara, arruina tu rostro y eso es el 90% de tu encanto.” Haruka dijo, ahogando una risa tras su mano.
Torao solo chasqueó la lengua y cruzó sus brazos sobre su pecho. “Todo es risas ahora, pero cuando pierdas, espero que no llores.” Haruka entonces le lanzó la pelota directamente a la cara, pero a diferencia de una mueca molesta, Haruka solo estaba al borde de reírse otra vez cuando volvió a mirarlo.
“Sí, ya lo veremos idiota. No voy a perder contra ti.”
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Algo realmente extraño sucedió durante un largo periodo de tiempo entre sus primeros años de universidad y un poco antes de que conociera por primera vez a Tsukumo Ryo. Torao describiría aquella cadena de eventos como peculiar, a falta de términos mejores, pues tantas cosas sucedieron, a la par que tan pocas lo hicieron.
Un día estaba bien, o por lo menos tan bien como podía estar cuando cada mañana sus ganas de levantarse eran menos, pero de repente una mañana sentía que su corazón le pesaba. Sentía como si estuviera ahogándose en sentimientos que no alcanzaba a comprender, como si esa mañana algo horrible hubiera sucedido, pero tan solo acababa de levantarse, tan solo había abierto los ojos y una extraña sensación de malestar le había embriagado.
No lo comprendía, ¿acaso había tenido un mal sueño? Pero incluso eso no conseguía descifrar, su mente completamente en blanco, y solo persistía el misterioso dolor que su corazón no dejaba ir. ¿Por qué se sentía como si todo su mundo se hubiera venido abajo tan de repente?¿Por qué sentía tanta ira y tanto dolor cuando no recordaba que nada le hubiera sucedido para sentir esas cosas?
¿Por qué?
Torao quería saber tanto como quería ignorar la razón de la sensación. Realmente hacía mucho tiempo que no sentía cosas tan… fuertes, considerando que él se dedicaba a ignorar sus sentimientos cuando se volvían molestos, los negaba y escondía tan profundo como pudiera hasta que finalmente pudiera sonreír y hablar como se supone que era su deber; por eso era que esa extraña oleada de sensaciones no era normal, y por eso debía negarla también y seguir con su vida.
Pero pronto se dio cuenta de que ignorar esos sentimientos que apretaban su corazón no funcionaba, o por lo menos no funcionaba como lo hacía con sus propios sentimientos. Y ante eso, Torrao tampoco podía dar una explicación, solo esconder las sensaciones lo más que pudiera hasta que estuviera por sí mismo en su hogar, y entonces pegaría su mirada al techo, dejando que esos sentimientos tan extraños lo embriagaran completamente.
Descubrió que, al parecer, dejarlos fluir funcionaba mejor que forzarlos a desaparecer. Pues, después de cerrar los ojos durante un largo periodo de tiempo, sin pensar en nada en específico, al abrirlos de nuevo el aplastante peso de aquel dolor se aminoraba considerablemente; aunque no desaparecía, por lo menos le permitía ocultarlo con mucha más facilidad.
Y después de un tiempo así, concluyó que esos sentimientos no eran suyos. Que las sensaciones que le dificultaban la respiración no eran provenientes de su día a día, y que no tenía poder alguno para deshacerse de ellas, porque esa capacidad solo la tenía aquella persona que estaba ahogándose en sentimientos tan hirientes fuera de su alcance.
¿Por qué lo creía? Porque no era la primera vez que le sucedía algo así.
No era tan común que su corazón se viera implicado en sentimientos que no eran suyos, y aunque en el pasado hubiera experimentado cosas similares, nada de eso se comparaba con aquel periodo de tiempo en el que mantener a raya incluso sus propios sentimientos era complicado gracias a la constante brutalidad con la que las extrañas sensaciones de dolor provenientes de quien suponía era su soulmate lo golpeaban.
Pero, eventualmente, un día el dolor se detuvo.
Ese día, cuando Torao despertó sin aquella sensación tan ardiente en el pecho, se levantó de golpe, llevando sus ojos a su muñeca inmediatamente, sintiendo una ola de miedo repentino que no creyó ser capaz de sentir desde hacía mucho tiempo; pero cuando sus ojos cayeron sobre las letras y números escritos en su muñeca, un suspiro de alivio dejó sus labios al ver que el número grabado había aumentado en uno.
Al parecer su soulmate había podido aminorar el dolor que sentía el mismo día que su cumpleaños había llegado y, aunque una parte de él se alegraba, otra tan solo quería maldecir sin parar a esa persona por hacerle pasar tan malos ratos cuando ni siquiera debía importarle en primer lugar.
Pero ese era el caso, que a Torao le importaba, y desde el día en que lo conoció por primera vez lo había hecho, pero incluso su soulmate, la persona que estaba supuestamente hecha para él, no merecía tener que sufrir más de lo que parecía haberlo hecho si llegaban a encontrarse. Porque Torao era la última persona en el planeta que merecía encontrar a su soulmate, e incluso si lo hacía, nada le garantizaba que su soulmate fuera a ser diferente a todas sus ex parejas.
Torao hacía mucho había decidido ignorar el tema de su alma gemela, y cuando ese periodo de tiempo finalmente pasó, decidió que seguiría sin ser importante para él.
Pero fue raro, pues no mucho tiempo después de que el dolor en su pecho se hubiera calmado, conoció a Tsukumo Ryo.
Pero, como siempre, lo atribuyó a una coincidencia .
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Al final, hacer equipo con Touma había sido divertido, aunque perdieron miserablemente contra Haruka y Minami, pero Torao no podía evitar pensar que había sido una de las pocas veces que jugar un deporte lo había hecho sentir así.
“Le agradezco a Isumi-san por habernos llevado tan lejos en ese partido.” Minami dijo cuando se encontraban cenando en una mesa fuera de la pequeña casa que había conseguido separar, en una de sus manos una copa de vino se balanceaba, quedando al centro de todos, y Haruka fue rápido en levantar su vaso de jugo de naranja y chocarlo levemente contra la copa de Minami, riendo en el proceso.
“Fue un esfuerzo de equipo.” Haruka dijo, ahogando una risa cuando Torao chasqueó la lengua en falso fastidio. “Como fue esfuerzo de equipo el que hicieron para perder.” Touma se quejó, a la par que lo hizo Torao, pero Minami y Haruka tan solo se dedicaron a reírse suavemente de ellos, pero pronto la risa se contagió a toda la mesa, incluso si Touma y él eran los perdedores.
“Pero creo que debería agradecerme Inumaru-san, si Mido-san e Isumi-san hubieran estado en el mismo equipo nada habría salido bien para nosotros.” Minami dijo cuando finalmente las risas cesaron, y Touma asintió levemente ante el comentario, dejando poco espacio para que Torao pudiera decir que no era para tanto. “Hubiéramos hecho lo posible, pero al final seguro que Haru y Torao habrían ganado...” Torao le dio un leve golpe en el brazo a Touma, negando con la cabeza, pues de verdad en lo que a él constaba, no era para tanto.
“¡Ustedes dos son demasiado rápidos!¡No entiendo cómo!” Touma exclamó, asombro, orgullo y un poco de envidia en su tono. Y, para sorpresa de Torao, Haruka asintió sin dudarlo un segundo, levantando su vaso de nuevo y mirándolo directamente. “Los destrozaríamos en un segundo, ¿no es así?” Torao suspiró, pero sonrió de igual manera, llevando su copa hasta el vaso de Haru y repitiendo la acción que antes el menor había compartido con Minami.
Y, entonces, cuando iba a finalmente decir que no era para tanto, Haruka agregó con aquella brillante sonrisa que rara vez le daba a alguien, y con la misma energía que usaba cuando declaraba la victoria de su grupo: “¡Incluso si fuéramos dos contra diez!¡Nadie tendría oportunidad!”
Se congeló , pero no supo la razón.
Por suerte, Touma decidió hablar, y eso pareció sacarlo de su trance. “Parece que estás de buen humor, Haru.” El líder del grupo dijo, ganándose un golpe en el brazo de Haruka. Minami no tardó en agregar también su pequeña frase. “Fufu~ Parece que nuestro querido centro se está divirtiendo.” Después de eso, Haruka también le dio otro leve golpe a Minami, pero era evidente, por la pequeña sonrisa que Haruka no se molestó en ocultar, que era verdad.
Dicen que el dinero no compra la felicidad, pero si lo que Torao debía hacer para ver esa sonrisa en Haruka era pagar entradas a parques de atracciones, rentar casas en la playa o llevarlo a restaurantes con los más costosos alimentos, entonces realmente no le molestaba hacerlo, porque para él, sentir felicidad era tan fácil como ver esa sonrisa en Haruka.
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La suave brisa nocturna movía levemente las hojas en los árboles, pasaba a través de las ventanas abiertas y elevaba las cortinas unos centímetros antes de dejarlas en su posición original, era fría, pero no de una manera que provocara escalofríos, simplemente era dulce y agradable brisa nocturna que ayudaba a enfrentar el calor de la playa.
El silencio era cómodo, pues solo la naturaleza dejaba que sus sonidos envolvieran a quien estuviera dispuesto a oír sus sonidos tan únicos. Las hojas de los árboles moviéndose de lado a lado, el leve batir de las alas de los pájaros cerca de la ventana, las suaves olas tocando la orilla y luego adentrándose nuevamente en el mar, el mismo viento cuya fuerza sólo era la suficiente para mover los objetos más débiles a su alrededor, pero no para ser molesta.
Era, en pocas palabras, una noche hermosa.
Y en sus momentos de insomnio, aprovechando el ambiente tan agradable y, ya que sería incapaz de dormir, Torao decidió salir de la pequeña casa para sentir la brisa y relajarse con el paisaje tan hermoso que había visto a través de la ventana tan solo ligeramente, quizá después de eso, podría dormir finalmente.
Al abrir la puerta, la luz de la luna llena alta en el cielo, tan brillante y hermosa, cubrió su vista tan solo unos segundos y, después de eso, remarcó con su resplandor a la figura de su compañero apoyado en la baranda de madera fuera de la casa.
Un suspiro salió de sus labios al ver a Haruka más claramente, aunque no dijo nada, la vista desde su posición, después de todo, era simplemente mágica. El cabello de Haruka meciéndose suavemente, de un color incluso más vibrante a la luz de la luna, y su camiseta cediendo al viento ya que era tan solo un poco más grande de lo que Haruka necesitaba; la piel de sus brazos descubierta como rara vez tenía la oportunidad de ver, y quizá más brillante de lo normal gracias a la iluminación de la luz nocturna.
Y cuando Haruka comenzó a tararear una canción que no conocía, Torao pudo haber jurado que estaba en presencia de un ángel. Su voz cargada por el viento sonaba dulce y cálida, incluso con el leve frío de la brisa y, de repente, parecía que las hojas de los árboles se movía al ritmo de su canción, parecía que solo entonces lo grillos cesaron sus sonidos, e incluso leves destellos de brillo dorado comenzaron a aparecer a su alrededor.
Extraño, Torao pensó, apoyandose en la puerta cerrada detrás suya, no sabía que había luciérnagas aquí.
Era algo realmente mágico de presenciar, por lo menos hasta que Haruka sintió su mirada sobre su espalda y se detuvo, devolviéndole la mirada, sin molestia o fastidio, tan solo con un leve cansancio. Unos segundos después le hizo una seña a Torao con la mano para que se acercara, y Torao no tardó mucho en hacerlo, apoyándose en la misma baranda que Haruka a su lado, con poca distancia entre ellos.
“Creo que jamás había visto un paisaje así.” Haruka dijo, un suspiro escapando de él. Torao solo pudo asentir, aunque internamente ya estaba pensando en otros lugares en los que pudiera mostrarle a Haruka vistas aún más bellas.
Porque quería que Haruka pudiera disfrutar de cosas tan simples como paisajes así, era una de las personas que más merecía algo así en el mundo, por lo menos a sus ojos. “¿Qué estabas tarareando?” Decidió preguntar después de lo que sintió como un minuto entero de silencio; Haruka entonces lo miró de nuevo, una de sus manos posándose sobre el interior de su muñeca, acariciando nerviosamente la zona, Torao supuso que era un reflejo que Haruka tenía cuando no usaba manga larga.
“No estoy seguro, recuerdo la melodía, pero solo eso. Es como un recuerdo lejano que no puedo ver bien.” Haruka explicó, su expresión incómoda y su espalda tensa mientras su mano continuaba frotando la misma zona en su muñeca.
Torao sintió curiosidad de repente, o por lo menos más de la que ya había sentido cuando Haruka llevó su mano a esa zona en un movimiento tan inesperado para él por primera vez. “Fue hermoso.” Torao dijo, ganándose una mirada algo extrañada de Haruka junto con una mueca de incomodidad. “Tu voz es hermosa.” Agregó meros segundos después, aunque no supo la razón, simplemente las palabras abandonaron su boca sin que él tuviera mucho control sobre ellas.
Y Haruka casi saltó en su lugar, apartando la vista, pues su rostro comenzó a tornarse de un leve color rojo, y probablemente el de Torao también, pero no podía sentir arrepentimiento ante sus palabras, ¿por qué debería si era la verdad? En especial si era una de las pocas que se atrevería a decir en voz alta.
“¿Te duele?” Torao preguntó, señalando a la muñeca de Haruka que aún seguía sosteniendo con su otra mano. “Se ve como si lo hiciera.” La espalda de Haruka se tensó aún más, sus ojos se pegaron a su muñeca y unos segundos después dejó de sostenerla, un suspiro cansado saliendo de su boca.
“No realmente, creo que es solo un reflejo.” Haruka levantó su mano, permitiendo que quedara frente a ambos y a la vista de Torao, la combinación de letras y número escritas en su muñeca fue lo primero en llamar su atención, pero no dijo nada hasta que Haruka lo hizo. “Recuerdo que solo tocarla me ayudaba a sentir mejor cuando estaba nervioso, y parece que no he superado ese hábito.”
Torao notó que la espalda de Haruka se había relajado, y conforme sus palabras continuaban formando su oración, su tono de voz se suavizaba levemente. “Es extraño, porque no recuerdo que mi soulmate me importara, incluso en esa época, pero así me sentía cuando la tocaba.” Haruka apartó su mano, dejándola sobre la baranda nuevamente, y una exhalación nerviosa dejó sus labios. “¿Tú piensas en tu soulmate?”
“No me importan esas cosas.” Respondió al instante, apartando la vista hacia la luna llena sobre ellos, porque eso era verdad, hacía mucho se había convencido de que no le importaba, y de que estaría mejor sin encontrar a esa persona que estaba supuestamente hecha para él.
Haruka soltó un suave sonido de afirmación junto a él. “Kujou-san solía decir que eran una pérdida de tiempo.” Agregó el menor después de unos segundos, y para Torao sonaba levemente resentido, pero eso quizá era solo porque había mencionado aquel nombre.
Pero Torao no se atrevió a decir nada más. Dejó que el silencio volviera a la tranquilidad de la noche y, aunque intentó evitarlo, sus ojos cayeron sobre su propia marca en su muñeca tan solo unos segundos antes de que soltara el aliento y cerrara los ojos.
P
orque eso ya no importaba, su soulmate tal vez sería una persona hecha para él, pero tal vez sería la misma persona que todas las que había conocido antes de su grupo, y ya no quería tener que fingir frente a nadie más, había decidido eso.
“Haruka…” Por eso, quien quiera que fuera su soulmate, ya no importaba. “¿Puedes tararear esa canción de nuevo?”
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Las cosas no siempre habían sido de esa manera. Torao aun podía recordar una época en la que la marca en su muñeca le generaba felicidad, una época en la que sus ojos brillaban con anticipo el día en el que sabía que el número cambiaría, una época en la que le deseaba a su alma gemela buenas noches internamente antes de acostarse; en general, una época en la que podía sonreír libremente y desear cosas tan tontas como encontrar a esa otra persona que estaba hecha para él.
Su hermano mayor, por esa época, solía contarle historias de soulmates; esas historias las recordaba con cariño, pues sabía que su hermano probablemente había adaptado esas historias de su propia alma gemela, desde su primer encuentro cubierto de magia y fantasía, hasta sus batallas juntos en una tierra azotada por calamidades y guerra.
Solía narrarle muchas historias de los mismos protagonistas, un chico con voluntad de hierro, pero apartado de su familia y errante en un mundo de solo guerra y muerte; y de una chica cuya habilidad con la espada era tan impresionante que llegaba a sonar fantástica, pero que cuya sonrisa nunca parecía más que una mueca, y cuya voz sonaba triste y sola que incluso el viento evitaba molestarla.
Torao alguna vez le preguntó por qué no cambiaba los personajes en sus historias, solo para ganarse una risa de su hermano mayor y ninguna respuesta que pudiera entender, por lo menos no en ese entonces. Pero después de mucho tiempo Torao entendió lo que su hermano le decía.
“Conozco a estos personajes, ¿por qué habría de cambiarlos?” Solía decirle con la más cálida sonrisa.
Sus padres jamás habrían aprobado una relación que ellos no hubieran forzado a existir, eso Torao lo supo después de un par de años, después de que su hermano fuera al extranjero por órdenes de su padre, y después de que su hermano le confesara que había encontrado a su alma gemela hacía mucho tiempo.
Torao jamás conoció a esa persona, y sus padres tampoco. Era un secreto que su hermano había mantenido durante tanto tiempo porque sabía lo que sus padres dirían si se enteraban, porque su hermano no tuvo la suerte de que su soulmate fuera una persona de su misma clase o cercana a su familia, y porque probablemente amaba a su alma gemela mucho más de lo que respetaba las reglas de su padre.
Era deprimente en realidad, ¿conocer a esa persona que está hecha para ti solo para no poder estar con ella libremente? Torao se preguntaba cómo era que su hermano podía soportar algo así, se preguntaba si él podría soportar algo así…
No. Torao no podría.
No importaba cuanto deseara ser el valiente guerrero que su hermano narraba en sus historias, no podía ser esa persona, nadie realmente querría a esa persona de todas maneras, así que, ¿para qué intentarlo?
Torao, después de todo, no era más que una simple fabricación de las reglas del mundo a su alrededor.
Se lo que la gente quiere que seas, es lo que había aprendido. Ser el hijo que su padre quería, ser el amigo que sus conocidos querían ver en él, ser la pareja perfecta que sus novias quería que fuera, ser el estudiante modelo que sus maestros deseaban; Torao podía ser todo eso, o por lo menos podía pretender ser todo eso, porque al final del día, ¿quién era realmente Mido Torao? Quizá su soulmate lo sabría, pero incluso si el universo creía tener a la persona ideal para él, todo era una mentira, y su alma gemela lo sería igual.
Todas las personas en su vida lo eran, ¿por qué su soulmate sería distinto?
¿Para quién estaría hecho su soulmate?¿Para el Torao elegante en las fiestas familiares?¿Para el Torao que sus novias habían creado?¿Para el Torao que su padre había creado? Porque ninguna de esas personas era él.
Y si ni siquiera Torao podía distinguir quién era realmente, ¿por qué su alma gemela podría?
Por eso sería mejor si Torao no conociera a su soulmate. Rendirse era más fácil, y, por eso, no dudó en hacerlo, entonces aquella marca en su muñeca tan sólo se convirtió en eso, una marca inamovible que no significaba nada especial para él.
Y debía permanecer de esa manera.
~
El baile no era lo de Touma, eso Torao lo había confirmado desde aquella coreografía en Bang! Bang! Bang! Pero dado lo mucho que su compañero se esforzaba por hacer lo mejor posible con sus condiciones, Torao no podía decir nada en su contra; pero Haruka podía, y lo hacía cada vez que practicaban juntos, su voz firme y una mirada casi aterradora opacaba el brillo de sus ojos mientras repetía las mismas palabras una y otra vez.
Haruka no pretendía hacerle daño a nadie, los tres lo sabían, pero aunque así era, no evitaba que las palabras de Haruka fueran desalentadoras y, hasta cierto punto, crueles.
Así que cuando se detuvieron por decimoquinta vez, Torao miró a Minami un breve segundo, y Minami sacó a Haruka de ahí con la excusa de conseguir algo para beber, dejándolo en la sala de prácticas con su falto de aliento líder.
“¿Sabes que puedes decirle a Haruka que se calle, verdad?” Torao dijo, sus brazos cruzados y una mueca de fastidio creciendo por cada segundo que pasaba. Le frustraba que Haruka fuera de esa forma en ocasiones, pero le frustraba mucho más como Touma nunca hacía nada al respecto.
“¿Por qué debería?” Touma, con su tremenda cantidad de paciencia y amabilidad, por supuesto que no le diría nada a Haruka, no le sorprendía a Torao, pero le molestaba, ¿por qué debía simplemente aguantarse las palabras aunque estuviera intentandolo con tanta fuerza?¡Dios! Torao estaba seguro de que ni siquiera Haruka lo intentaba tanto como Touma. “Tora… no te molestes con él, no dijo nada malo.”
Pero ese era el caso, que Haruka lo había hecho. Para él por lo menos, así había sido, y quería decir algo, pero no sintió que fuera su lugar para hacerlo. “Quizá. Pero solo porque sea el mejor de nosotros no tiene derecho a ser tan cruel al hablar.”
Touma tuvo la audacia de reírse de él, y eso solo hizo que se sintiera aún más frustrado que antes. “¿Cruel? Por favor, ¿escuchaste a Izumi Iori o a Kujou Tenn hablar con sus compañeros?” Hubo otra risa, y Torao solo pudo mirarlo como si estuviera loco, ¿acaso Touma estaba tomando ese asunto a juego?¿Acaso no veía las cosas tan claras como él? Torao iba a golpearlo y ver si de esa forma podía hacer que algo de sentido común le entrara en la cabeza. “Tora, por favor, ¿en serio crees que estoy molesto por eso?”
“¡Deberías!¡Yo sé que yo lo estoy!” Torao era consciente de que eso comenzaba a parecer un berrinche, pero era demasiado tarde para bajar de la nube de enfado en la que se encontraba. “Haruka es un completo idiota cuando practicamos coreografías. ¡¿Qué importa si él no tiene que esforzarse?!¿¡No puede ver lo mucho que te esfuerzas?!”
Torao estaba seguro de que había terminado su rabieta con un golpe en el suelo con su pie, pero decidió ignorar lo ridículo que eso debió ser y soltó un “huff” de molestia.
Touma solo suspiró a su lado. “Haru se esfuerza, quizá demasiado, ¿sabes?” No, Torao no lo sabía, pero aunque así fuera, aun no le daba derecho a ser tan arrogante y cruel con ellos.
“No me estás escuchando… así que dudo que pueda hacerte cambiar de parecer, pero lo que quiera que sientas cuando Haru me regaña así, no es cierto.” Torao podría golpearlo, y quizá debía, pero se guardaría eso para cuando Haruka entrara por la puerta de nuevo. “Antes de lanzarte a gritarle porque estás preocupado por mí, intenta… ver sus pasos cuando practicamos, ¿sí?”
Touma estaba definitivamente loco. “Los veo todo el tiempo.” Dijo sin ganas, y Touam enseguida negó energicamente, sintió que sus manos se posaban sobre sus hombros y le daban un pequeño jalón. “¡No me refiero a eso! Intenta ir a destiempo y velos, quizá así me entiendas…”
“Va a gritarme si hago eso.” Comenzaba a creer que Touma era masoquista o algo similar, quizá le gustaba que Haruka le gritara, lo cual era tonto, pero Torao se negaba a creer que a Touma realmente no le molestaban los regaños tan tontos de Haruka.
“¿Qué será distinto?” Touma le dio un último suspiro antes de darle un leve golpe en el hombro, y su sonrisa era algo que desesperaba a Torao de sobremanera. “Pero agradezco que te preocupes por mí, Tora, es lindo.” Si Torao se sonrojó después de eso, fue por fastidio, no por vergüenza.
Y después de un par de minutos, Minami entró con Haruka detrás de él.
Por la manera en que Haruka estaba evitando mirar al compositor, Torao supuso que Minami le había dicho algo también, o que simplemente lo había hecho avergonzarse y esa era su manera de evitar sentir más de eso.
Fuera como fuera, la práctica se reanudó casi al instante y, aun encontra de su mejor juicio, apenas la música inició, Torao decidió retrasarse un par de tiempos en la coreografía; algo imperceptible si no tenías un ojo para las coreografías, pero que era evidente para cualquier persona que hubiera hecho tan solo un baile en grupo en su vida.
Torao no supo bien el motivo por el que decidió tragarse sus palabras y hacerle caso a Touma, quizá tenía curiosidad por ver a lo que se refería, pero a decir verdad, estaba algo decepcionado con el resultado, pues Torao no sintió mucha diferencia incluso si iba a destiempo con el resto; apenas había valido la pena el experimento, pues al segundo en el que la canción llegó a su final, Haruka se tambaleó hasta recobrar su equilibrio y se volteó bruscamente hacia él con una expresión que parecía mucho más propia de Minami que de él. Sus ojos gritaban que quería decirle algo, pero no lo hizo, tan solo apretó los puños y pronunció un mordaz: “de nuevo” ante el que nadie se atrevió a contradecir.
Francamente Torao no entendía por qué Haruka no le había gritado cuando no parecía dudar en hacerlo con Touma y, ese solo hecho, lo hacía sentir aún más molesto por razones que, de nuevo, no entendía.
Y quizá era por frustración, quizá era por rabia, o quizá era porque quería que Haruka le diera una razón para poder sacar todo lo que quería gritarle desde que comenzó esa sesión, pero Torao no dudó ni un solo segundo en fallar los tiempos de la coreografía las siguientes cuatro rondas.
Haruka lo había mirado con rabia después de todas ellas, pero había apartado la vista sin decirle nada, frustrando a Torao aún más de lo que podía expresar en palabras.
Pero fue durante la quinta que Touma falló un paso y terminó cayendo al suelo. La música se detuvo casi inmediatamente y Torao se acercó para ofrecerle una mano a su compañero.
Touma le agradeció, pero no parecía tener la misma energía de siempre en la voz, y Torao iba a atribuirlo a que seguro estaba cansado, pensó en insistir que tomaran un descanso o que lo dejaran ahí, pero Haruka se metió entre ellos, empujandolo con una fuerza que ni siquiera él era consciente que el menor tenía.
Le tomó exactamente dos segundos recomponerse y abrir la boca, era el momento que estaba esperando después de todo. “¿Cuál es tu problema?”
“Tú.” Haruka respondió inmediatamente,tenía la cabeza baja y la vista en el suelo, sus manos estaban apretadas con tanta fuerza a sus costados que Torao juraría que podía ver el rojo de su sangre resbalar sobre sus uñas. “¡Y eso debería preguntarte a ti!¿¡Qué es lo que te pasa?!” Minami no se metió, y Touma tampoco lo hizo, más bien, Torao sintió que estaban preguntando lo mismo en silencio mientras intentaban mantenerse al margen de una pelea a punto de ocurrir.
“¿Cuánto te tomó juntar valor para gritarme?¿Cinco rondas? Pero por supuesto si fuera Touma no lo dudarías.” Touma se cubrió el rostro con sus manos, y un ahogado sonido de frustración dejó su boca, pero solo Minami le dio una mirada simpatética acompañada de un leve suspiro.
Haruka entonces dejó de apretar las manos y, aun con la mirada en el suelo, Torao podía sentir el aura de Haruka hacerse más amenazante. Sus manos entonces se juntaron y aquel reflejo de Haruka volvió, su izquierda apretó con fuerza su muñeca contraria, parecía ser tan fuerte que si no fuera por la ropa de manga larga que llevaba, probablemente dejaría una marca en esa zona. “Voy a golpearte.” Dijo el menor en un susurro apenas perceptible.
“Intentalo.” Torao le respondió, y Minami fue quien tuvo que sostener a Haruka cuando el menor hizo el ademán de moverse.
Le tomó un tiempo considerable decidir lo que quería hacer, decidir lo que quería decir, porque Haruka aun parecía estar mordiéndose la lengua, frustrando a su muy cansado ser a extremos impresionantes. “¿Te molesta que fallemos?¿Por qué?¿Quizá porque así tienes que esforzarte tú? Supongo que es normal, ¿no estás acostumbrado a esforzarte, verdad?”
Haruka prácticamente le gruñó de vuelta, levantando la vista por primera vez durante toda esa conversación, sus ojos brillantes en rabia y resplandeciendo con las leves lágrimas que comenzaban a acumularse al borde de su visión, estaba apretando lo dientes casi con la misma fuerza con la que que aún estaba apretando su muñeca. “¡Eres un idiota tan sumido en su propio mundo como para notar la estupidez que haces!¿¡No puedes verlo?!”
A decir verdad, Torao no había visto a Haruka tan molesto antes, pero no podía sentir arrepentimiento aun, quería decir algo más de hecho; pero entonces un sollozo ahogado dejó la garganta de Haruka, se veía incluso más molesto que antes, pero ahora estaba llorando mientras sus gritos escalaban un decibel más que antes. “¡Sigue haciendo el trabajo a medias a propósito!¡Sigue!¡Te reto a que lo hagas!¡Quizá estés contento cuando ya no pueda cubrir tus errores y cuando Minami o Touma se lastimen por tu culpa!”
Entonces Torao sintió una pizca de culpa, pero no dijo nada más, tampoco sentía que quisiera hacerlo. Y después de un tiempo considerable de silencio, Haruka se soltó de Minami sin mucho esfuerzo y salió de la habitación, azotando la puerta en el proceso.
~
Touma aún no parecía molesto. Torao se preguntaba si alguna vez sentía eso, o si en verdad Touma era capaz de sentir molestia.
Dentro de su auto, sin Minami o Haruka, Touma aún parecía ser la misma persona de siempre; relajado y amable, con esa leve y suave sonrisa que muy pocas cosas podían quitar de su rostro. Esa pelea con Haruka era una de las pocas que había en la lista, pero aun así, se recuperó rápidamente y le pidió a Torao que lo llevara a su departamento.
Torao no quería estar solo con sus pensamientos, mucho menos en un momento así, cuando todo en su cabeza era tan ruidoso que era casi imposible ignorarlo, incluso con la presencia tan agradable de Touma.
“En verdad eres como un caballero en busca de justicia.” Touma murmuró a su lado, y extrañamente lo había dicho con una leve sonrisa en los labios, gracias a eso, Torao no pudo sentirse más confundido, pero antes de que pudiera preguntar nada, Touma se le adelantó. “Quieres defender a la gente que está siendo tratada injustamente, pero por eso a veces olvidas que no todo es blanco y negro.”
“No era mi intención…” Touma le colocó una mano en el hombro, lo apretó un segundo antes de quitarla, entonces Torao arrancó el auto. “Solo sentía que había sido demasiado.” Torao sabía que había sido inmaduro, y aceptaba su parte de la culpa, pero Haruka no estaba precisamente libre de esta; ¿por qué debía?¿Sólo porque se había puesto a llorar? Pero, de nuevo, esos pensamientos eran solo Torao guardando un leve rencor contra no solo Haruka en esta ocasión, sino también consigo mismo por haber actuado como un niño cuando se suponía que era un adulto.
“Está bien Tora. Estoy seguro de que Haru no te guarda rencor, tú tampoco deberías.”
“¡Pero ese no es el problema!” Torao por poco gritó gracias a la frustración que aún era capaz de sentir, porque tal vez Touma seguía sin entenderlo, o quizá no había nada que entender y Torao simplemente debió haber seguido de largo.
“Lo sé.” Touma admitió con un pequeño suspiro. “Tora, ¿alguna vez has sido el líder de un grupo?” Torao quería responderle que eso no tenía nada que ver con el problema, ni siquiera tenía que ver con la situación, pero finalmente decidió que, dado que Touma parecía saber más que él por el momento, solamente negaría con la cabeza. “¿En serio? Eso es difícil de creer, ¡eres Tora, después de todo!”
“No soy un líder. Nunca lo he sido, y nunca he querido serlo.” Torao le cortó, desviando los ojos de la carretera un breve segundo para hacerle saber a Touma que no estaba mintiendo y, por supuesto, si alguien iba a entender, era Touma.
“Ya veo. Supongo que no era mi intención ser el líder de ŹOOĻ al inicio, y bueno, tampoco fue mi intención ser el líder de NO_MAD en ese tiempo… pero las cosas se dieron de esa manera.” Apretó el volante, pues una molesta sensación nerviosa le subió por la espalda.
A Torao no le gustaba escuchar a Touma hablar de su antiguo grupo; se escuchaba triste y nostálgico, pero siempre había un tono mayor a esos que hacían que Torao no pudiera interrumpir: felicidad, porque sabía que Touma no veía al pasado con arrepentimiento, y quizá él debía aprender una o dos cosas de eso. “Ser el líder es horrible, y más con ustedes, ¡nunca escuchan a no ser que les grite!”
“Estás exagerando.” Touma alcanzó a darle un leve golpe en el hombro cuando pararon un segundo en un semáforo, pero estaba sonriendo como usualmente, con la misma energía de que podría levantar el espíritu de cualquiera.
“Pero igual… ser el líder significa que la mayor parte de la responsabilidad recae en ti. Los errores, las victorias, las derrotas… es una presión bastante pesada. Sé que lo es, pero no me molesta, desde el RedFes no lo ha hecho, porque ustedes la hacen menos pesada, ¿sabes?”
“¿Qué quieres decir?”
“¡Ya sabes! Antes no importaba nada, no importaba el grupo o las personas, si no tenían ganas de hacer algún trabajo, entonces no lo hacían, ¡y era un trabajo horrible tener que ir y disculparme con las personas a las que estábamos dejando plantadas! Pero supongo que después del RedFes, después de que ninguno abandonara, después de que todos lo intentaran de verdad… sentí que, incluso si tenía que agachar la cabeza, no lo haría solo, y no lo haría en vano.” Touma sonaba orgulloso al decir aquello, y bueno, quizá sí que habían crecido desde ese tiempo, aunque no creyó haber notado a lo que Touma se refería antes; quizá era porque solo Touma era el líder que no había notado las cosas que él había mencionado, quizá, aunque estuvieran juntos, estaban lejos de entender lo que el otro sentía sin palabras aun.
“¿Y sabes? Ser el centro de un grupo es algo similar. Es igual de muchas maneras, pero muy diferente en otras, ¡y créeme!¡Soy el líder y un centro, sé de lo que hablo!” Oh, Torao pensó para sí mismo, suprimiendo sus ganas de suspirar, así que sí vamos a hablar de Haruka. “Es verdad aunque pongas esa cara.” Touma soltó una pequeña risa cuando Torao refunfuñó, y su inhabilidad de voltear el rostro gracias a estar conduciendo no le ayudaba.
“¿A dónde quieres llegar con eso?” Torao soltó exasperado, evitando por milagro rodar los ojos, porque realmente quería evitar el tema, no quería sentirse peor de lo que ya lo hacía con sus propios pensamientos.
“Para la música hace falta unidad y coordinación, si cada persona en ŹOOĻ hiciera las cosas a su ritmo, nuestras voces solo harían ruido, y nuestros pasos no tendrían sentido; por eso es que tenemos un centro. Haru y yo tenemos que marcar un ritmo, empujarnos, pero sin soltarnos, si Mina comete un error, Haru y yo lo cubrimos, mantenemos el ritmo y los jalamos para que sea más fácil para ustedes seguirlo.”
“Eso lo sé, pero ¿qué tiene que ver?”
“No tenemos el mismo ritmo Tora. Muy pocos seres humanos tienen el mismo ritmo. Haru y yo somos compatibles, pero también estamos muy lejos de tener el mismo ritmo. Haru es de reacción rápida, se concentra mucho en cubrir los errores de otros, pero cuando lo hace, crea más errores, porque pierde el ritmo... y por eso es que yo estoy ahí, para darle el ritmo de vuelta, pero si yo no tengo ritmo, entonces el centro de ŹOOĻ está incompleto… y Haru se presiona demás por cubrirme y cuidar el ritmo de ustedes sin ayuda.”
Por eso te caiste, Torao pensó para sí mismo, por eso no sentí que nada cambiara aunque estuviera a destiempo. Ya se sentía mal, pero francamente aún no entendía una cosa, y esa era la única razón por la que el problema había iniciado en primer lugar. “¿Por qué dejas que te grite?”
Touma le dio una leve sonrisa, una un poco más cansada esta vez. “Sí le gritó de vuelta solo va a empeorar, además de que Haru se disculpa a su manera cuando hace eso. Pero es presión, Haru siente mucha presión desde el Black or White, sé que no es excusa, pero ya sabes cómo es, irritable e irracional, no hay mucho que se guarde. Y lo prefiero así, me preocuparía si dejara de escuchar sus quejas.”
Eso era verdad, Haruka pocas veces se guardaba las cosas, a diferencia de él que no solía hablar en voz alta de sus verdaderos pensamientos o sentimientos, porque prefería guardarlos, quizá se había acostumbrado a hacer eso; pero Haruka obviamente elegía decir las cosas de frente, y era admirable a su manera, aunque no todo el tiempo.
Incluso esa vez… Haruka le habló de su marca con libertad, aunque no fuera asunto de Torao, aunque Torao no le dijo nada a Haruka de vuelta.
Eran simplemente tan diferentes que a veces se preguntaba por qué estaban en el mismo grupo en primer lugar.
“A veces creo que hubiera sido mejor si tú hubieras sido centro con Haru.” Touma dijo después de un par de minutos de silencio y ruido de fondo en la radio, deteniendo cualquier pensamiento que estuviera cruzando por su cabeza de inmediato, porque Touma definitivamente estaba loco ¿Haruka y él?¿Centros? Por supuesto que no, sería un desastre.
“¿Te golpeaste la cabeza al caer?” Preguntó incrédulo, esperando a que Touma se volteara y le dijera que era una broma, pero eso no sucedió, en cambio Touma soltó una risa tirando a carcajada, asintiendo cuando volvió a calmarse. “Ustedes dos… me sorprende que no lo veas, pero siempre están al mismo ritmo, es asombroso de ver.”
Torao finalmente frenó, aparcando frente al edificio que sabía era en el que Touma tenía su departamento, golpeando su cabeza contra el respaldo y soltando un sonido de fastidio. Touma estaba irremediablemente loco. “¿No dijiste que no teníamos el mismo ritmo hace nada?”
De nuevo Touma se rió de él y, mientras abría la puerta, dijo, antes de cerrarla y dejarlo a su suerte: “Haru y yo no, pero ustedes dos lo tienen, solo escucha nuestro concierto del RedFes y lo verás.”
~
“¿Qué es eso?” Escuchó la voz de Haruka detrás de él junto con la puerta del camerino cerrándose, y por la manera en que Haruka había hablado, parecía haber estado corriendo para llegar hasta allá.
“Magdalenas.” Respondió, volteandose y apartándose unos pasos de la mesa para que Haruka pudiera ver mejor la bandeja llena de pequeños bizcochos que había traído con él. “No están envenenadas.” Agregó después de unos segundos, pues Haruka parecía estar congelado en la puerta, mirando la bandeja y a Torao como si dudara en si podía pasar o no.
Habían pasado dos simples días desde su pelea en la sala de prácticas y dos días desde su extraña conversación con Touma y, a decir verdad, había tenido tiempo suficiente para aceptar que estaba haciendo una rabieta con Haruka, y poco le importaba si Haruka aceptaba su parte de la culpa o no, por lo menos él deseaba quitarse la sensación de estar peleando por nada del camino.
Las magdalenas fueron un extra en el que pensó cuando habló con el Izumi mayor del tema. Resultó que, a diferencia de lo que creyó inicialmente, Mitsuki estuvo más que dispuesto a darle una mano después de burlarse de su situación un rato, y gracias al cielo que lo hizo, o si no Haruka no se habría acercado con tanta facilidad a él.
Más bien a la bandeja de postres, pero el punto era mantener su atención en él sin que huyera. “Gracias…” Haruka murmuró dejando su mochila en un sofá y acercándose a tomar uno de los postres. La expresión que el menor intentó ocultar después de haber mordido uno solo de los panes no tuvo precio para Torao, y deseó haberle tomado una fotografía.
“¿Están buenos?” Haruka asintió, pero por mera inercia, porque en seguida bajó la vista con las mejillas cubiertas de rojo. “Tendré que felicitar al chef.” Torao entonces dejó el espacio personal de Haruka en paz y se dejó caer en el sofá del camerino, aún tenía que decirle algo a Haruka del tema que ambos tenían en mente, pero, llamalo cobardía o precaución, Torao no sentía que fuera el momento.
La situación era lo suficientemente tensa como para que acabaran peleándose de nuevo, así que sería mejor no decir nada aun. Sonaba un poco cobarde, pero como Touma había dicho, Haruka era irritable e irracional, por eso tenía que ser cuidadoso con su manera de tratar el tema.
Pero a mitad de sus excusas mentales mientras mantenía los ojos cerrados buscando algo de paz interior, sintió una leve presión aparecer de la nada sobre su pecho y, por un segundo, le preocupó, por lo menos hasta que llevó su mano hasta ese mismo punto y alcanzó una de las magdalenas que definitivamente no había llevado consigo al recostarse. “Comer sin nadie es desperdiciar.” Escuchó sobre él, quizá no precisamente en su espacio personal, pero definitivamente aún cerca suya.
Y en contra de su mejor juicio, abrió los ojos, encontrándose inmediatamente con Haruka cuyos brazos estaban apoyados en el respaldo del sofá, y cuyo rostro sonrojado estaba inclinado hacia él, aunque sus ojos estaban puestos en cualquier otro punto de la habitación. “Gracias…” Murmuró de vuelta, pues, de alguna manera, había acabado sintiéndose avergonzado por el gesto.
Así que Touma decía la verdad , Torao intentó respirar de nuevo, tenía que decirle a Haruka tarde o temprano que lo sentía, no me guardas rencor, ¿eh? Pero más importante, tenía que saber por qué Haruka gritaba de esa manera. “Lamento lo del otro día.”
Haruka parpadeó y sus ojos volvieron a mirarlo, parecía sorprendido de escuchar eso, pero unos segundos después le dio una mueca incómoda. “¿Por qué? Yo fui un completo idiota antier, yo debería disculparme.” De nuevo, Haruka había desviado la vista, pero Torao decidió, por tontas razones y por instinto, llevar una mano al rostro de Haruka, haciendo que el menor casi diera un salto por la sorpresa, pero finalmente lo miró de vuelta.
“¿Por qué?” Torao cuestionó, sintiendo la piel de Haruka bajo su mano calentarse, pero el menor no hizo esfuerzo por apartarlo, parecía demasiado ocupado pensando en su respuesta como para preocuparse por las cosas vergonzosas que Torao hiciera.
“Sentí…” Haruka comenzó, su voz aún más suave que un susurro, tan aterrada y temblorosa que no parecía la suya, pero se escuchaba completamente sincero. “Que estaba perdiendo algo. Que estaba completamente solo y eso…” Para Torao, Haruka sonaba tan vulnerable en ese momento, que sintió la necesidad de abrazarlo, pero se detuvo a sí mismo de hacer eso y se limitó a acariciar el rostro de Haruka mientras el menor continuara sin querer apartarse.
“Jamás había sentido eso con ŹOOĻ y me…” Haruka sollozó, finalmente apartándose de Torao y moviéndose hasta otro lugar de la habitación, su respiración temblorosa delataba que estaba intentando aguantarse el llanto.
Torao se levantó casi en seguida, con Haruka dándole la espalda no muy lejos de su alcance, pero, de nuevo, se resistió a tocar a Haruka en una situación así. “Me sentí mal. Me frustró, me molestó, me dolió y me… aterró.”
Pero no puedo entender por qué...
“Supongo que me desquité contigo.” Torao asintió, aunque Haruka no estaba viéndolo como para que eso importara.
Entonces la olvidada magdalena en su mano llamó su atención y, después de pensarlo un poco, se acercó un poco más a Haruka y colocó el pan con cuidado contra su mejilla. Haruka se sobresaltó, pero tomó el postre apenas se recuperó, una risa nerviosa abandonando sus labios. “Idiota, estaba llorando, arruinaste el sabor del pan.”
Torao no pudo evitar reírse también. “Te perdono, pero tienes que perdonarme también.” Haruka se volteó, y aunque se notaba a leguas que había estado llorando hacía meros segundos, aun se veía igual de fuerte que siempre. “¿Puedes?”
Haruka negó con la cabeza, asustando a Torao un par de segundos hasta que su voz lo interrumpió. “No hay nada que perdonar. Solo no vuelvas a dejarme así, necesito a alguien que me compre estas cosas de vez en cuando ¿de acuerdo?” Levantó el pan en su mano, y esta vez fue Torao quien soltó una risa nerviosa.
“De acuerdo.”
~
“¿¡Touma está qué?!” Sí, ese era totalmente su estado mental, y el grito de Haruka a través del celular no había ayudado a su caso. Pero, como Torao era una persona paciente, se repitió tranquilamente aun con su pánico mental y emocional. “¡Que el diota de Touma se esguinzó el tobillo mientras hacíamos el rodaje de práctica y ahora no tengo compañero!¡¿Te lo deletreo?!”
“¿¡Y qué mierda pretendes que haga?!¿¡Llevarte hielo?!” Haruka le respondió, pero juraría haber escuchado una puerta cerrarse de fondo. “¡No tengo compañero!¿¡Acaso no te cabe eso en la cabeza?!” Hubo una maldición que su cerebro decidió no registrar y luego sonidos de coches pasando a mitad de una carretera, como si Haruka estuviera en la calle. “¡Idiota! ¡Eso te pasa por ser tan idiota!”
Torao sonrió para sí mismo. “Y aún así estás viniendo a salvarme, eres tan lindo a veces Haruka.” Hubo un sonido de indignación al otro lado de la línea, pero por suerte se aguantó la pequeña risa cariñosa que estuvo a punto de salir de su boca. “Voy a colgarte.” Y así lo hizo, ni siquiera dejó a Torao decirle nada más, simplemente colgó en seguida.
Pero tan solo pasaron diez minutos y Haruka ya estaba entrando al set, gente en el staff que antes por poco había tenido un paro cardiaco ahora estaba agradeciendo a Haruka por haber venido con tan poco tiempo de antelación. Haruka solo se detuvo a mirar a Torao un segundo antes de ser jalado por un par de miembros del staff para darle su ropa y maquillaje.
Vaya que estaban apurados, pero Torao comprendía la razón, estaban casi quince minutos atrasados gracias al accidente de Touma.
Y cuando Haruka se paró a su lado se veía bastante fastidiado. “Mi pelo está hecho un desastre.” No que eso realmente le importara al menor, pero Torao asintió de todas maneras. “Y odio Drift Driving, ¿por qué Minami tenía que ponerle tanto rap?” Eso tampoco lo decía en serio, pero de algo necesitaba quejarse Haruka después de haber sacrificado su día libre por ir a ayudarlo, solo por eso Torao asintió de nuevo.
“Seguro te la sabes mejor que Touma y yo, dramático.” Haruka entonces lo golpeó, y aunque Torao se quejó por el golpe, también soltó una pequeña risa un par de segundos. “Te ves tan genial como siempre Haruka.”
Haruka chasqueó la lengua. “No esperes la misma coordinación que con Touma, esta no es mi canción.” Torao rodó los ojos, dándole un leve empujón a Haruka. “Acepta el cumplido y vámonos.”
Todo sea dicho, Torao no esperaba nada de esa situación, o por lo menos nada bueno. Probablemente sus fans no estarían precisamente contentos de que Touma desapareciera así como así, y quizá su coordinación con Haruka fuera nula ya que jamás habían hecho esa canción juntos, pero había pocas opciones en la mesa y cancelar el programa no era una de ellas.
Así que Torao se tragó sus malos pensamientos y esperó a la señal de que estaban grabando.
Pero en cuanto la luz se apagó y las cámaras comenzaron a rodar, fue como si sus pies se movieran por sí solos. Torao no lo llamaría instinto, pero era definitivamente algo similar. Sabía lo que Haruka haría, y Haruka sabía lo que él haría, Torao podía sentir que incluso Haruka lo estaba dejando guiar la canción. Torao estaba marcando el ritmo y Haruka lo estaba siguiendo sin equivocarse, era una coordinación impresionante, mucho más considerando que era la primera vez que hacían eso juntos.
Sintió, mientras escuchaba la voz de Haruka resonar con la suya, que su corazón estaba latiendo a una velocidad inconcebible, pero aún más extraño, sabía que el corazón de Haruka estaba latiendo a la misma velocidad. Por alguna razón, mientras sus pasos se combinaban casi a la perfección, de manera similar a sus voces, sintió que estaban coordinados como nunca antes.
O, más bien, como antes.
Entonces, cuando la canción llegó a su último verso y dieron sus últimos pasos juntos, en el momento en el que todo se detuvo, miró directamente a Haruka, y cuando Haruka lo miró de vuelta con sus brillantes ojos llenos de emoción y adrenalina, entonces fue que lo sintió.
“Siempre están al mismo ritmo, es asombroso de ver.”
Haruka, falto de aliento, pero desbordante con adrenalina, saltó a abrazarlo sin pensarlo dos veces, y Torao sonrió, devolviéndole el abrazo al segundo. Se había divertido, pero de una forma distinta a como lo hubiera hecho si hubiera sido Touma; era mucho más libre y sencillo de una manera casi aterradora, quizá entonces era verdad… su corazón y el de Haruka iban al mismo ritmo.
Quizá siempre lo habían hecho.
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Cocinar era algo terrible, por lo menos en su caso, no era capaz ni de hervir agua sin que la mitad de su apartamento corriera peligro de incendiarse, ¿por qué? Realmente no podía comprenderlo, simplemente jamás había sido capaz de utilizar los instrumentos de cocina adecuadamente para cocinar y, de hecho, parecía que cada vez que ponía un pie en la cocina las cosas funcionaban de la manera completamente opuesta a la que debían.
Pero el trabajo era el trabajo, y si cocinar era parte del trabajo, entonces Torao intentaría con toda su fuerza que el agua no se le quemara. Aunque fuera un esfuerzo en vano, pues Touma terminaría haciendo todo el trabajo, y Minami tal vez ayudaría, eso claro si Touma se sentía suficientemente desesperado ¿quién sabe lo que Minami podría ponerle a la comida si nadie lo supervisaba?
Aun si sus aportaciones eran mayormente inútiles en la cocina, las de Haruka eran aún peores, pues el menor no se molestaba en tocar nada y se limitaba a mantenerse observado la situación desarrollarse; Torao pensó, en un inicio, que quizá Haruka le tenía miedo a la cocina, pero resulta ser que cuando el staff le preguntó por qué no se movía mucho Haruka respondió, con una mueca y un recipiente de manzanas recién cortadas en las manos que él, por supuesto, no había cortado, que no ayudaba en la cocina porque si lo intentaba terminaría arruinando el trabajo de sus compañeros.
Entonces, de cierta forma, le tenía miedo a la cocina, pero también estaba en las mismas condiciones que Torao, ¿lo positivo? Por lo menos en su caso, hablarle a una cámara para un programa era mucho más fácil y pocas veces le quedaba mal, así que mientras Touma mantenía la cabeza ocupada en cocinar y vigilar a Minami, Torao podía distraer a la cámara con su carisma y encanto natural.
Haruka, por supuesto, le ayudaba como podía, pero no parecía el más apto para nada de lo que estaba sucediendo ahí, así que mayormente se quedaba en su lado de la cocina viendo las cosas ocurrir hasta que alguien le dirigía la palabra y se veía obligado a responder.
Y sí, quizá Haruka no se veía del todo ahí, pues sus ojos podían pasar minutos enteros mirando el mismo punto del espacio hasta que alguien interrumpía u otra cosa lo distraía; Torao lo envidiaba, ¿cómo alguien podía perderse en sus pensamientos con tanta facilidad sin miedo a ellos? Tampoco lo entendía, pero le alegraba, a la par que envidiaba, que Haruka pudiera hacer eso.
La única ocasión en que Haruka comenzó una conversación sin alguien abriendo esta primero, fue cuando un dulce olor llenó el set y Touma soltó un suspiro cansado mientras se apoyaba en alguna pared. “Huele bien.” Había dicho, bastante rápido y sin mucha energía, y si no conocieran a Haruka, probablemente creerían que había sonado bastante falso, pero siendo que los tres escucharon el pequeño tinte de alegría en la voz de Haruka, no dudaron la veracidad del comentario.
“Ojalá sepa igual de bien.” Touma dijo después, quizá como broma para cualquier otra persona, pero para ellos era evidente que estaba estresado por el trabajo que le habían dejado a él. No que cualquiera de ellos creyera que cocinar le fuera a salir mal, de hecho era lo contrario, cualquier cosa que Touma cocinaba era simplemente celestial, y era una pena que la gente al otro lado de la pantalla no fuera a ser capaz de probarla.
“Lo cocinaste tú, Touma, sabrá mejor de lo que huele.” Torao le dijo, Minami y Haruka asintiendo al segundo, y fue un alivio que algo tan simple como eso hubiera hecho sentir mejor a Touma, pues animar a otros no era precisamente su fuerte, pero, como antes lo dijo, el trabajo es el trabajo, y si ser animador hacía falta, entonces eso intentaría ser.
Aunque Haruka era mucho mejor en ese ámbito que él, quizá no mejor que Touma, pero tenía sus maneras de animarlos cuando sabía que debía. “¡Por supuesto que lo hará! Y aunque hayas hecho algo de más o de menos, lo hiciste siguiendo tus instintos, ¿cómo podría salir mal de esa forma?” Haruka dijo, esta vez con mucho más ánimo, agregando después de morder una de las rodajas de manzanas sobrantes: “Funcionó con nosotros, ¿por qué no con una tonta tarta de manzana?”
Touma le sonrió y asintió una sola vez antes de volver a su usual forma animada. “La próxima vez podríamos intentarlo juntos.”
“¿Nos cobrarán si rompemos algo, Staff-san?” Minami dijo inmediatamente después, mirando al grupo de personas detrás de las cámaras y, pasadas un par de expresiones confusas, finalmente les asintieron diciendo que se lo cobrarían más bien a Tsukumo Pro. “Bueno, dudo que Utsugi-san aprecie una cuenta extra porque incendiamos la cocina.” Minami pareció decirlo como una broma, quizá por eso el staff soltó un par de risas, algunas más nerviosas que otras, pero la verdad era que Minami no bromeaba.
“Prefiero no tocar nada, la última vez que me acerqué a la estufa se quemaron hasta los platos de cerámica.”
Definitivamente Haruka le tenía tanto miedo a la cocina como él, pero no lo mencionó, estaba disfrutando demasiado de la conversación de sus compañeros como para algo tan irrelevante; por lo menos hasta que finalmente el staff les recordó que aún tenían un postre en el horno a punto de quemarse, entonces Touma pareció sufrir de un pequeño ataque de pánico al punto de casi olvidarse de utilizar guantes para sacar la bandeja del horno, por suerte Minami le recordó que necesitaba ponerse algo o se quemaría y dejaría caer la bandeja.
Por lo menos el estrés de Touma terminaría pronto y todos podrían compartir la comida de Touma con el staff, o quizá Haruka querría llevarse todo lo que no comieran a casa considerando lo dulce que olía y se veía el resultado final.
Era, para describirlo sin rodeos, un postre apetitoso. La corteza que cubría el relleno se veía dorada de manera casi brillante, probablemente crujiente por fuera, pero lo suficientemente suave como para que morderla fuera placentero, formando un patrón elegante en forma de cuadros que dejaban ver ligeros toques del relleno bajo la superficie, un color ambarino era visible entre los cuadros de la corteza, echando un humo apenas visible de lo caliente que debía estar por dentro; el relleno se veía como miel, quizá algo pegajosa al tacto, pero brillante de una forma que reflejaba las luces del set como monedas doradas, o más bien, como Torao pensó en un inició, como los ojos de Haruka.
Quizá era extraño comparar lo que era básicamente una mermelada con los ojos de Haruka, pero mientras más pensaba en lo tonto que eso sonaba, más creía que tenía el más leve atisbo de sentido. Los ojos de Haruka eran brillantes, mucho más cuando estaba feliz, y apartar la mirada era imposible cuando ese era el caso, quizá podía verse agresivo, pero los ojos de Haruka desprendían una dulzura poco perceptible para muchos, pero no para él; eran, en muchos sentidos, similares a ese dulce que rellenaba el postre, quizá tanto que Torao se sentía algo extraño por comenzar a pensar en las similitudes en primer lugar.
Pero, por suerte para él, Touma interrumpió sus pensamientos tendiendole una rebanada en un plato junto con un pequeño tenedor, y menos mal, porque quizá Torao no había sido tan disimulado con su manera de mirar a Haruka como había pretendido serlo en primer lugar.
En el plato, el postre se veía aún más dulce que tan solo en el molde, el humo ahora era algo más visible y el relleno brillaba frente a las luces en todo su esplendor, la mermelada mantenía forma, curiosamente, pero con los segundos comenzaba a desbordar sin algo que pudiera mantenerlo dentro, aunque tan lentamente que no importaba, Torao se lo habría terminado antes de que perdiera forma completamente.
Y Haruka, incluso cuando la grabación terminó y el staff se sentó con ellos, cortesía de Touma que había preparado demás pensando en el resto, no se midió ni un poco y terminó dos rebanadas sin empalagarse en menos de diez minutos, pidiendo una tercera con un brillo tan radiante en los ojos, que Torao temió que a Haruka fuera a darle un coma de azúcar.
Pero ni siquiera Minami pudo oponerse al ver a Haruka comer con tanto ánimo, sus ojos de un ámbar tan radiante y hermoso que el oro no podía compararse a ellos denotaban tanta alegría por algo tan simple que parecía irreal.
Touma parecía feliz al ver a Haruka así, Minami tenía una leve sonrisa que ocultaba tras su mano, y Torao se preguntaba si debía comenzar a pagar por clases de cocina, pues si algo tan simple parecía hacer a Haruka tan feliz, Torao tenía que intentar aunque la cocina pudiera incendiarse cien veces.
Al final el staff agradeció a ŹOOĻ, y Touma dejó que Haruka se llevara lo poco que quedó del postre a su hogar, aun a sabiendas de que Haruka probablemente se terminaría lo que quedaba en el camino a su casa.
“Torao” Haruka le llamó antes de que pudiera presionar cualquier botón del elevador. “¿Podemos ir a tu apartamento?” El menor preguntó en cuanto estuvo junto a Torao. Ciertamente una extraña pregunta que hacer, pero Torao era quien menos podía hablar en cuanto a ese tema dado el conjunto de pensamientos que habían plagado su mente toda la tarde.
Así que solo asintió mientras presionaba el botón que llevaba al sótano donde había estacionado su auto. “¿Se te olvidó algo ahí?” Se atrevió a preguntar de vuelta cuando Haruka le dio una leve sonrisa complacida, parecía ser que el menor estaba de mejor humor aquella tarde, a Torao le alegraba obviamente, pero quizá deseaba ser la causa de ese buen humor más que un simple testigo. “¿O mi consola está llamándote?”
Haruka pareció pensarlo unos cuantos segundos, ladeando la cabeza con una mueca que no supo descifrar, pero finalmente volteó el rostro a la pared contraria del pequeño espacio en el que estaban, evitando que Torao pudiera ver su expresión. “Veamos una película, quizá un par si estás de humor, mi abuela no me espera temprano hoy.”
Torao simplemente no podía resistirse, Haruka estaba siendo demasiado lindo en ese momento. “¿Quieres decir que te tengo para mí solo el resto de la tarde?” Pensó en acercarse, decirlo tan cerca de su oído que sonara inapropiado, pero se resistió a hacerlo, pues sabía que tan solo hacer la pregunta bastaría para que Haruka reaccionara, saltando en su lugar y cubriendo su rostro con sus manos.
“¡Idiota!¡¿Por qué eres así?!” No pudo hacer más que reírse, pues aunque le era imposible ver el rostro de Haruka, podía ver la punta de sus oídos coloreada de un leve rojo. “Lo siento, lo siento. Pero en serio Haruka, sabes que mi puerta siempre está abierta para ti, pasar la tarde contigo será un placer.”
Estaba seguro de que lo sería más para él que para Haruka, después de todo, apreciaba la compañía mucho más de lo que Haruka podía llegar a imaginar. Quizá estaba mal de su parte todo lo que había sido, haber dejado ir a todos con tan poca resistencia presentó sus consecuencias, aunque si bien muchas de esas personas realmente no le importaban lo suficiente, eran compañía, mala o buena, eso poco importaba.
Por lo menos poco había importado por un largo periodo de tiempo. Creyó, en vano, que cualquier persona llenaría los huecos en su alma, pero resultaba ser que en realidad nadie podía. Incluso si aquella persona lo intentaba, solo lo estaba intentando por la persona que creía que Torao era, no por Torao.
Mejor no tenerla , pensó durante mucho tiempo, si solo será un momento en el que todo será mentira, mejor evitar la compañía. Pero Torao la necesitaba, como cualquier otra persona, y su hermano mayor ya no estaba ahí para ayudarlo.
Por eso estaba seguro de que la compañía de Haruka significaba más para él de lo que el menor podía imaginar, pero no se lo diría, ¿por qué habría de hacerlo? Al final sería mejor si Haruka no veía toda su soledad, al final sería mejor si no veía más de lo necesario, al final sería mejor fingir que tenía la suficiente compañía.
Repítelo hasta que te lo creas. “Lo haces sonar como si fuera una especie de cita…”
Eventualmente se lo creería, eventualmente todo estaría bien. No podía mejorar mucho más que con ŹOOĻ, después de todo era la primera vez en años que sentía la más mínima excusa de confianza y deseo por algo propio. “Pero supongo que me alegra que hayas aceptado, estar contigo es… divertido.” La risa de Haruka cerró la oración y las puertas del elevador se abrieron, pero no se movió junto a Haruka para salir.
Su corazón repentinamente se sintió… diferente.
Se sintió… ligero… “Estás de buen humor, ¿eh?” Fue lo único que respondió antes de salir finalmente del elevador y llevar a Haruka a su apartamento.
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Era una situación precaria y, muy dentro de él, desearía que fuera normal, por lo menos un poco, pero no podía hacer más que gritar internamente mientras intentaba evitar los movimientos por más mínimos que fueran.
Y todo sería mucho más fácil si su gato, Elizabeth, dejara de mirarlo como si estuviera juzgando cada una de sus acciones; que probablemente se merecía aquello, pero las oportunidades así no se presentan todos los días.
Había perdido la noción del tiempo con Haruka a su lado, y había creído, por meros segundos, que la tarde terminaría sin percances el instante en el que el sol comenzó a ponerse, pero, obviamente, el universo simplemente no podía aguantarse jugarle aquellas bromas pesadas a Torao.
Decir que se lo esperaba sería mentira, pero no le sorprendía precisamente.
En cuanto la noche comenzó a caer y la luz comenzó a hacer falta, a excepción por la que entraba por las ventanas de los demás edificios en la ciudad, sintió un peso demás sobre su hombro, y no se atrevió a moverse, no se atrevió a respirar por un minuto entero, porque sabía perfectamente, por la suave respiración de Haruka a su lado, que el menor se había dormido.
Era desafortunado para él, pues no sabía lo que debía hacer en una situación así. No se atrevía a mirar a su lado, pues ese error lo había cometido en sus sueños muchas veces, no podía porque entonces probablemente no podría dejar de mirar el rostro relajado de Haruka, sus ojos cerrados suavemente en un sueño profundo, sin muecas o expresiones molestas, simplemente en un trance en el que tal vez estuviera soñando con algo que lo hiciera feliz; su respiración relajada, ligera y lenta, entrando por su nariz y saliendo por sus labios probablemente entreabiertos, no en una línea, no en una sonrisa, y no en un gesto de fastidio, simplemente una expresión relajada sin preocupación alguna.
Su imaginación era traicionera, tanto que podía ver el rostro de Haruka a la perfección incluso sin voltear, pero no tenía el valor de mirar en la realidad y comprobar si aquella imagen mental era la que Haruka tendría de verdad. ¿Se vería incluso más lindo de lo que ya se veía en su cabeza?¿Estaría tan relajado como se lo imaginaba?
¿Se sentía cómodo sobre él o ni siquiera lo sentía?¿Estaría teniendo un sueño sobre su hombro o una pesadilla? Quizá no le haría daño mirar un segundo para asegurarse de que Haruka estuviera cómodo en sus sueños.
Y en cuanto lo hizo sintió que su respiración era cortada en un instante.
Haruka tenía una expresión mucho más hermosa de lo que pudo haber imaginado, las facciones relajadas de su rostro le daban una suavidad que jamás podría mostrar despierto, su cabello desordenado, con hebras cruzando sobre sus ojos, realmente remarcaban el brillo de su piel y profundizaban las sombras visibles; y su suave respiración era apenas audible, pero salía en leves exhalaciones por sus labios ligeramente abiertos que en ocasiones se cerraban unos segundos cuando movía su cabeza inconscientemente para acomodarse mejor.
Era una vista que creyó no debía estar viendo, pero aun así sintió el impulso de llevar una de sus manos al rostro de Haruka, quizá para apartar el cabello rebelde de sus ojos, o quizá para sentir su piel bajo su mano, o simplemente para ayudarlo a acomodarse sobre él; pero ninguna de ellas sucedió, pues un maullido lo despertó de su trance y bajó su mano casi en seguida, mirando a Elizabeth que lo miraba de vuelta como si hubiera estado a punto de cometer una estupidez.
“No me mires así Liz…” Torao murmuró, extrañamente avergonzado por que un gato hubiera estado a punto de ser testigo de sus impulsos. “No iba a hacerle nada malo…” Volvió a murmurar, excusándose frente a un gato que tan solo ladeó la cabeza, su mirada parecía estar perforando a través de su alma en busca de la verdad, pero eso quizá era solo el subconsciente de Torao queriendo decirle algo.
Fuera como fuera, negó con la cabeza levemente, con el mayor cuidado del mundo para no mover a Haruka. “Sabes perfectamente que jamás le haría daño.” Suspiró cuando Elizabeth maulló de vuelta, levantando una de sus patas y colocándola sobre su pie, su mirada aun parecía estar inquiriendo algo, pero Torao no sabía exactamente qué. “No entenderías, pero verlo me hace sentir diferente… mejor… y me aterra que tenga ese poder sobre mí.”
Miró a Haruka un corto segundo antes de volver a mirar a Elizabeth, pero no parecía que ella estuviera contenta con sus palabras, sus ojos felinos aún estaban juzgándolo y su pata comenzaba a verse amenazante. “Liz por favor, es solo muy similar a lo que mi hermano me hacía sentir, es agradable y aterrador a la vez.” Elizabeth maulló de nuevo, quitando su pata de su pie, dando unos pasos pequeños que solo la llevaron hasta la mesa de café frente a ellos a la que se subió sin problema, mirándolo de vuelta nuevamente con aquella expresión que parecía querer decirle algo.
Torao simplemente no podía decidir si era su imaginación o si en verdad Elizabeth sabía algo que él ignoraba. “Eso es todo. Touma, Minami y Haruka son mis amigos más cercanos, y Haruka obviamente es lo más cercano a un hermano menor que he tenido, así que, ¿por qué sigues mirándome como si estuviera mintiendo?” Torao ahogó otro suspiro, estaba repentinamente cansado, y entonces Elizabeth saltó a su regazo, ganándose su atención nuevamente.
Pero al mirar a Elizabeth, vio que una de sus patas se había colocado sobre la muñeca de Haruka, tan solo fue un segundo y después se apartó para acomodarse sobre su regazo y quedarse quieta, probablemente durmiendo.
“Jamás… me ha importado, Liz.” Fue lo único que murmuró, pero aun así llevó una de sus manos hasta la de Haruka, tomando cuidadosamente el final de la manga de su chamarra, aun no quería despertarlo, así que alzó la manga tan lentamente como pudo para no molestar a su compañero.
La vista era la misma que tuvo la mala suerte de presenciar aquella noche en la playa. Dos iniciales marcadas por letras y una combinación de números que indicaban una edad, la persona que estaba hecha para Haruka no era más que una matrícula sobre su muñeca que probablemente jamás encontraría, al igual que él; pero eso estaba bien, su soulmate no importaba si finalmente lo usaría tanto como cualquier otra de las personas que había llamado “parejas” en el pasado. “Quizá tú…”
Escuchó otro maullido y al cambiar su vista a Elizabeth, encontró que sus ojos felinos estaban aún mirándolo de esa manera que parecía indicarle algo, pero Torao no sabía lo que era, quizá se negaba a verlo, quizá temía verlo.
Ya te has rendido. Escuchó en lo profundo de su mente, la única frase que se negaba a ocultarse y que, curiosamente, no se molestaba en ser silenciosa. Elizabeth tampoco ayudaba a acallar sus pensamientos, tan solo acentuaba esa línea, remarcandola con un volumen aún más molesto, imposible de ignorar incluso si fuera sordo con solo su persistente mirada.
Quizá era todo demasiado deslumbrante, lo suficiente como para cegarlo unos segundos. Tal vez perdió la vista hace mucho, y por eso no podía ver lo que ya estaba escrito; a través de sus ojos, las cosas se veían borrosas, las luces a su alrededor le hacían imposible ver incluso lo más evidente, quizá por eso se rindió, quizá por eso se congeló, quizá por eso olvidó lo que era querer a alguien.
Todo lo que intentó alguna vez tan solo lo llevó de vuelta al punto de inicio, así había aprendido que rendirse era lo más rápido, lo más sencillo, lo menos doloroso; seguir peleando en un mundo así, tan adornado con luces cegadoras, brillantes y llenas de una belleza falsa, era irracional, pero mucho más que eso, era un error.
Quizá alguna vez tuvo la esperanza de encontrar a su soulmate, quizá alguna vez soñó con ver a esa persona y pasar una feliz vida juntos, quizá alguna vez hubo algo dentro de él que deseara creer que existía una persona hecha solo para él, pero eso era el pasado. Sus pensamientos tan inocentes e infantiles eran de una persona que había vivido en él hace mucho tiempo, pero que se había ido eventualmente, y con esa persona, también se había ido esa esperanza.
Así que sí, se había rendido ante ese cegador y cruel mundo. Sin importar si la regla era que debes levantarte después de caer… porque no tenía la fuerza para empezar de cero de nuevo. Ya no tenía caso después de todo, confiar en alguien, querer a alguien, esas cosas eran algo en lo que solo esa persona del pasado creía.
Pero este no es el final. Rodó los ojos y miró a Elizabeth, quien volvía a acomodarse sobre su regazo para dormir, y deseaba hacer lo mismo, ignorar sus pensamientos un largo rato y descansar con Haruka tan cerca suyo, aun si a la mañana siguiente despertaban con un dolor horrible de espalda. Habría valido la pena por lo menos.
Suspiró, pues aunque el pensamiento era atractivo, necesitaba dejar que Haruka descansara apropiadamente en una cama en condiciones. Lo último que quería era que el centro de ŹOOĻ terminara con dolor muscular por dormir en la peor de las posiciones.
Y se habría levantado a llevar a Haruka hasta su habitación, pero en el instante en el que soltó la muñeca de su compañero, la mano de Haruka se movió hasta tomar la suya.
Por un segundo se paralizó completamente, quizá incluso su corazón paró de latir un segundo gracias al repentino movimiento, pero en cuanto sintió que su voz volvía a él llamó a su compañero silenciosamente, por si aún seguía dormido después de eso. “¿Haruka…?” Y aunque no hubo respuesta verbal, el leve cambio de fuerzas sobre su mano le dijo todo lo que necesitaba saber. “¿Hace cuánto te desperté?”
Escuchó un suspiro y, después de unos segundos, Haruka soltó su mano, levantándose hasta sentarse nuevamente en su espacio lejos de él. “Cuando tomaste mi mano.” Bueno… eso era vergonzoso. No solo para Torao, que había sido atrapado en uno de sus momentos más estúpidos, sino también para Haruka, que había tenido a Torao sosteniendo su muñeca una cantidad de tiempo considerablemente incomoda.
“Oh…” Fue lo único que consiguió decir, y estaba demasiado avergonzado como para decir nada más, aunque, a juzgar por el rostro ligeramente rojo de Haruka, no era el único. “Parece que tienes el sueño ligero…” Debí saberlo, se regañó mentalmente, forzando una excusa de sonrisa que probablemente se veía más como una mueca. “Bueno yo… iba a llevarte a mi cama antes de que-”
“¿¡Ibas a qué?!” Haruka lo interrumpió, volteando a verlo con el rostro aún más rojo y una expresión escandalizada de la que, francamente, Torao no entendió la razón hasta que repasó sus palabras nuevamente y su rostro, de nuevo, volvió a agarrar ese molesto tono rojizo.
Parecía ser que su neurona estaba de vacaciones. “¡Para que pudieras dormir en un lugar más cómodo!” Aunque, a decir verdad, era culpa de Haruka por asumir lo peor y no dejarlo terminar, pero no se lo diría por varias razones, entre ellas, que era muy tarde para ponerse a discutir y realmente quería dormir una cantidad de tiempo razonable antes del día siguiente.
No que eso hubiera sido parte de sus planes cuando lo único que tenía en la cabeza antes de que Haruka despertara eran pensamientos, en parte depresivos, y en parte ridículos. Pero ahora que la situación se estaba volviendo cada vez más incómoda para ambos, por supuesto que lo único en lo que podía pensar era en dormir sus ocho horas diarias.
“No necesitas darme tu cama…” Haruka murmuró, interrumpiendo sus pensamientos una vez más. “Puedo dormir aquí.” Y Torao sabía perfectamente que Haruka diría algo así, aunque eso no hacía que estuviera conforme a dejarlo ganar con la simple excusa de la cortesía siendo que estaba extrañamente decidido en darle a Haruka un lugar cómodo en donde descansar.
¿Por qué? Torao no sabría explicarlo, pero lo atribuía a la preocupación del dolor de espalda que sabía que Haruka tendría si se dormía en ese sofá en lugar de en una cama.
Así que, con una determinación extraña en él, cortó a Haruka, quien parecía querer dar más excusas sobre por qué debía dormir en ese incómodo lugar. “No.” Rudo , pensó por un momento, pues había sonado ciertamente cortante, así que hizo lo que pudo por arreglarlo agregando unos segundos después: “Tu espalda me lo agradecerá mañana, te lo prometo.”
Y, como era de esperarse, Haruka no estaba convencido de un argumento tan simple, por lo que no se movió ni un centímetro, aun cuando Torao se levantó primero.
“¿Qué harás si te digo que no?” Preguntó el menor, con una sonrisa extrañamente retadora para la situación en la que se encontraban, quizá la idea de dormir en una cama era mucho más atrayente que la idea de dormir en un sofá de forma incómoda, incluso si Haruka se negaba a aceptar su oferta directamente por razones que, francamente, estaba demasiado cansado como para intentar adivinar.
Pero, aun así, le siguió el juego a su compañero. Se inclinó hacia Haruka, colocando sus brazos hasta apresarlo contra el respaldo del sofá, devolviéndole la leve sonrisa retadora que el menor había dejado de mostrarle hacía meros segundos. “Quizá entonces tenga que llevarte como la princesa que eres.” Su voz bajó quizá un octavo más de lo que pretendía, pero aunque Haruka se había sonrojado, en parte por la cercanía y en parte por la línea, no se movió y, más bien, cruzó sus brazos sobre su pecho, un brillo desafiante en sus casi deslumbrantes ojos.
“No te atreverías.” La voz de Haruka, Torao notó después de haber procesado las palabras, también bajó de su tono normal. Quizá había estado equivocado al pensar, en algún momento de su vida, que Haruka jamás podría sonar seductor a su manera y, si bien le resultó lindo, también sintió un leve escalofrío para el cual no tuvo explicación razonable.
Por lo menos no una que fuera a aceptar. “¿Me estás retando, Isumi Haruka?” ¿Y era idea de Torao o sus rostros se habían acercado más en el transcurso de ese intercambio? Sí, Torao realmente no aceptaría explicaciones de su cerebro en un buen rato, a no ser, claro, que estuviera lo suficientemente borracho como para ello.
Haruka, por su parte, aunque no estaba sonriendo como Torao, definitivamente estaba mirándolo como si supiera que iba a ganar esa batalla tan bizarra y juguetona que había salido tan de la nada entre ellos.
Y si algo encendía el espíritu de Torao, era ese brillo en los ojos de Haruka. Antes de un concierto, durante los ensayos, las grabaciones, las tomas e incluso un simple almuerzo, el brillo en los ojos de su compañero lo hacía sentir mucho más vivo que cualquier cantidad de alcohol con el que pudiera embriagarse.
De hecho, era probable que ya estuviera borracho, o de ninguna manera se habría atrevido a pensar esas cosas, pero mucho menos se habría atrevido a levantar a su compañero del sofá, con uno de sus brazos sosteniendo su espalda y el otro bajo sus piernas, de un movimiento tan rápido que incluso él se sorprendió.
Haruka entonces soltó un leve sonido de sorpresa, sosteniéndose con uno de sus brazos del cuello de Torao por mera inercia, cubriendo la parte inferior de su rostro con su mano libre, probablemente por el sonrojo que comenzaba a hacerse mucho peor con cada segundo, pero mucho más que ese pequeño sonido de sorpresa antes, Haruka no se quejó ni se movió para hacerle saber a Torao que estaba cruzando la línea.
Más bien, en lugar de incomodidad, Haruka, después de un par de segundos, dejó caer su cabeza sobre su hombro. “Eres un idiota. No puedo creer que te hayas atrevido.”
Torao, por una u otra razón, soltó un suspiro de alivio apenas audible y, después de tambalearse un poco y sacar más sonidos exaltados de Haruka por un largo minuto en el que intentó moverse fuera de su sala, finalmente consiguió llegar hasta la puerta, convenientemente abierta, de su habitación. “Pesas más de lo que creí.” Dijo, a lo que recibió una mueca ofendida de Haruka que casi no pudo ver por la posición del momento.
“También tengo músculos, ¿sabes?” Eso fue muy gratuito , Torao pensó después de haber soltado una leve risa ante el comentario irritado de Haruka. “Y si te estoy pesando demasiado deberías bajarme, vas a romperte algo si te fuerzas.” Torao soltó otra suave risa, pero bajó a Haruka con cuidado hasta que el menor volvió a pararse sobre sus propios pies a unos pocos pasos de su cama.
“¿Por lo menos disfrutaste el viaje?” Haruka chasqueó la lengua, sin mediar una sola palabra más, y aunque quizá le extrañó a Torao, no podía quejarse, después de todo Haruka no se había quejado tampoco de toda esa particular escena aun.
Por lo menos hasta que Haruka agregó, dándose la vuelta y deshaciéndose de su chamarra en el proceso, “Ninguna princesa habría disfrutado de esos tambaleos, idiota.”
Torao reprimió otra risa, pero sonrió, negando suavemente con la cabeza mientras se disponía a salir de su propia habitación y darle a Haruka su privacidad, pero, como toda la noche había sido una confusa mancha de acciones irracionales y sin sentido alguno, el final de esta no podía ser menos.
Haruka tomó su mano cuando estuvo a pocos pasos del marco de la puerta, provocando que se volteara, aunque quizá debió haberlo pensado dos veces antes de hacerlo, pues cuando Haruka volvió a mirarlo con el mismo brillo retador en los ojos, supo, enseguida, que había perdido la batalla incluso antes de que empezara.
“No.” Haruka soltó con simpleza, agregando unos segundos después, con una pequeña sonrisa: “Créeme, tu espalda me lo agradecerá mañana.” Torao rodó los ojos, pensando a cada paso que daba mientras le permitía a Haruka jalarlo, que el menor era un tramposo al usar sus propias palabras en su contra.
“¿Qué harás si te digo que no?” Torao repitió, una vez más siguiéndole el juego a Haruka, cuando estaban a solo unos centímetros de caer en la cama lo suficientemente grande para tres personas de Torao. Quizá estaba resistiendo demasiado sin motivo a la idea de compartir la cama.
“Quizá entonces tenga que jalarte como la testaruda princesa que eres.” Definitivamente Haruka tenía algo extraño, o por lo menos uno de los dos tenía que estar borracho para llegar a algo como eso, pero, si bien no lo parecía, Torao no lo dudaría.
Y aun así, Torao no evitó seguir el ritmo de Haruka, a donde fuera que este le llevara en tan extraña noche. “No te atreverías.” Dijo y, en seguida, Haruka agregó, sabiendo perfectamente las líneas que diría antes de jalarlo con él, “Es un reto, Mido Torao.”
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“Te ves de buen humor hoy, Mido-san.” Por supuesto, Minami no podía haberse guardado el comentario para sí mismo. Obviamente tenía que expresarse abiertamente frente a Touma y Haruka durante una agradable sesión de práctica lo que pasaba por su cabeza, y ni siquiera de forma disimulada, pues eso sería demasiado benevolente de su parte.
Pero, supuso Torao mientras hacía el esfuerzo más inhumano de todos por ignorar las miradas de Touma y Haruka sobre él, así era Minami y, aunque quisiera negarlo, así lo quería. “No sé por qué lo dirías.” Intentó que la conversación muriera ahí, pero hablamos de Minami, así que, por supuesto que la conversación no terminó ahí.
“¿Cómo podría ignorarlo? Estás cantando la canción que yo escribí con mucha más emoción que cuando te la mostré por primera vez, ¿no es ese motivo suficiente para preguntarme la causa de tu cambio de humor?” La rata… por supuesto que estaba jugando sucio.
Pero, como las cosas no estaban ya suficientemente complicadas, por supuesto que Touma tenía que meterse y agregar su innecesario comentario al de Minami; aunque Torao no lo culpaba, pues en parte también había querido hacer un comentario al respecto, pero Touma por favor, la próxima vez elige mejor el momento. “Hablando de cambios repentinos… es raro verte sin chamarra Haru, ¿demasiado calor hoy?”
“Cierto, Isumi-san usa mangas largas incluso en el verano.” Minami dijo y, como era obvio que sucedería, Haruka automáticamente llevó sus manos a sus brazos en un desesperado intento de cubrirse, su mirada claramente avergonzada dirigida la esquina más lejana de la habitación y el sonrojo que no parecía ceder persistente sobre su rostro mientras murmuraba cosas que ni siquiera Touma a su lado entendió.
“No podía decidir qué ponerme.” Eso era mentira, pero Torao no expondría a Haruka así, por lo cual se limitó a mantenerse callado, con suficiente suerte tal vez no llamaría la atención de nuevo.
Pero, como ya había supuesto, Minami no podía hacer más que jugar sucio en situaciones como esa. “Oh vaya~ ¿por qué nadie me dijo que era el día de cambiar de estilo con tu pareja? De haberlo sabido me habría puesto una de esas chamarras que a Inumaru-san parecen gustarle tanto~” Sí, Minami definitivamente había hecho un triple ataque y había acertado los tres con daño crítico.
No le sorprendía a decir verdad, pero no por eso lo hacía menos vergonzoso. Quizá debió haberlo pensado dos veces antes de llevarse la primera chamarra que vio en su armario, ¿por qué, en el nombre de ZERO, había decidido que utilizar algo así sería un buen cambio en primer lugar? Era un completo idiota, pero, todo sea dicho, Haruka era peor, ¿quién lo mandaba a no ponerse nada sobre los brazos ese día?
Pero bueno, por lo menos Touma también había caído con el ataque. “Mina… la última vez dijiste que tenía pésimo gusto…” ¿En serio?¿De eso se estaba lamentando Touma? Vaya que había gente cuyas prioridades no tenían orden coherente.
“Te gusta él, así que por supuesto que tienes un pésimo gusto.” Torao replicó, apuntando a Minami brevemente, ganándose una leve risa del rubio y una exclamación ofendida de su líder.
“¿Eh~? Mido-san es tan cruel, ¿cuál era la necesidad de romper mi corazón así~?”
Torao rodó los ojos y, aunque lo intentó evitar, una cariñosa sonrisa se posó sobre sus labios. “¿Tienes uno?” Minami soltó otra leve risa con su mano cubriendo su boca, negando suavemente con la cabeza. “¿Quién sabe?”
No tenía la intención de responderle verbalmente a Minami, pero definitivamente habían mantenido una larga e incluso tediosa conversación silenciosa a través de sus miradas, Torao no sabía si había ganado, y lo dudaba a decir verdad, pero ya que Haruka carraspeó interrumpiendo su aparente intercambio de ideas no verbal, tampoco podía decirse que Minami había ganado.
Lo dejarían en empate, por lo menos hasta que Minami decidiera que quería barrer el suelo con él, como era costumbre. “¿Podemos volver a la canción?” Haruka dijo pasados unos segundos de haber interrumpido su conversación con Minami.
Había sido un buen descanso, aunque si algo sobraba eran las preguntas incómodas y los juegos sucios de Minami, pero finalmente así era el compositor y así lo querían.
Quizá era el día en particular, pero Torao habría preferido seguir con la conversación incómoda antes que ensayar más, aunque ni siquiera él podía entender la razón exacta de esa sensación.
Tal vez era precisamente el hecho de que, como Touma había mencionado antes, Haruka no tenía nada cubriendo sus brazos, un hecho que, si bien no era negativo, definitivamente era extraño.
Para eso Torao solo podía suponer la razón, pero nada era realmente seguro, lo único que podía confirmar, pues había sido en su presencia hacía no más de un par de noches, era que mientras él estuviera con Haruka, el menor se desharía de su chamarra o no se molestaría en sí quiera hacer el esfuerzo de ponersela en primer lugar.
Pero, de nuevo, Torao no sabía la razón, solo que no podía ser una simple coincidencia que al estar juntos Haruka hiciera algo así y, si bien antes hubiera considerado la posibilidad de las “coincidencias”, en ese preciso momento le era difícil pensar que eso fuera la realidad. De solo rememorar que Haruka había comenzado a hacer eso después de aquella noche en su departamento la posibilidad de una coincidencia era imposible.
Y deseaba que algo tan simple como un cambio de vestimenta le distrajera menos, pero era esa marca que no paraba de perseguirlo en sus sueños la que había decidido seguirlo hasta la realidad. Si ignorarla fuera posible, Torao podría mirar a Haruka a los ojos como siempre, pero, al parecer, eso no estaba entre sus posibilidades actualmente.
Le frustraba, pero a la par le causaba una confusa sensación de fortuna que no era capaz de explicar. Odiaba pensar en eso, pero no podía evitarlo, sin importar si intentaba frenar esas acciones, frenar esos pensamientos, parecían perseguirlo incluso si los encerraba bajo llave.
No podía explicarlo, pero Torao no era capaz de explicar muchas cosas últimamente.
~
Torao tenía insomnio. Eso no era secreto para nadie, por eso Minami aceptaba ir con él a cualquier restaurante o bar tarde en la noche, por eso Touma respondía sus llamadas de madrugada somnoliento y recién levantado, y también por eso era que Haruka podía pasar la noche entera respondiendo sus mensajes.
Pero era extraño, pues últimamente era capaz de dormir plácidamente durante largos periodos de tiempo y a las horas correctas; así que ya no tenía motivo para invitar a Minami a cenar, o para llamar a Touma y escuchar la voz de alguien familiar, ni siquiera para enviarle un mensaje a Haruka y llenar la conversación con fotos de Elizabeth, porque ahora podía dormir como por arte de magia.
Aunque eso era mentira. No había magia alguna trás la desaparición de su insomnio, tan solo la solución que muy dentro suya sabía que siempre había necesitado, pero nunca había conseguido aceptar.
Compañía, era el nombre de esa solución, pero muchas personas simplemente lo conocían como Isumi Haruka, el centro de ŹOOĻ.
Torao no sabía la razón, pero Haruka, después de aquella particular noche juntos, había comenzado a demandar quedarse en su departamento a pasar la noche por lo menos una vez a la semana y, ante eso, Torao nunca tuvo voluntad para negarse. Tal vez no tenía el corazón con la brillante expresión de Haruka escondida detrás de una mueca fastidiada, o tal vez Torao simplemente no quería negarse, tal vez en serio deseaba la compañía de alguien más en su vacío departamento.
Porque era verdad, Torao estaba completamente solo… y odiaba cada parte de ello. Por eso decidió quedarse con Elizabeth, y era obvio que por eso nunca se negaba a la compañía nocturna de Haruka, incluso si esa misma compañía estaba haciendo que su corazón se contrajera dolorosamente en su pecho cada vez que aquella marca en la muñeca de Haruka estaba a la vista.
Quería ignorarla, por supuesto que quería, pero nunca lo conseguía. Gracias a eso, Torao sentía que recibía cada vez más miradas acusatorias de Elizabeth, cada vez más sensaciones que se negaba a reconocer, ¿por qué si Elizabeth sabía algo no podía simplemente decírselo y ya?
Porque era obvio. Torao lo seguiría negando incluso si alguien se lo deletreaba con la mayor claridad y fuerza.
Pero no podía negarlo, Haruka durmiendo junto a él realmente le facilitaba el sueño.
Cuando el menor se dejaba caer en la cama, dejando un espacio considerable para que Torao durmiera al otro lado, sus ojos se cerraban y una exhalación cansada salía de sus labios; Torao entonces se acostaría en su espacio de la cama, incapaz de cerrar los ojos con una situación tan bizarra y tonta a su alrededor, por lo menos hasta que Haruka decía en la voz más suave y cargada de cariño: “Buenas noches.”
Entonces, y solo entonces, todo a su alrededor se calmaba, la oscuridad de la habitación parecía estar llena de luz, y el silencio tan molesto de la mayor parte de sus noches era roto con la suave respiración de Haruka a su lado. Eso, por muy contradictorio que pudiera sonar, era realmente mágico; simplemente poder cerrar los ojos y dormir después de escuchar algo tan mundano como un “buenas noches”.
Le hacía… feliz.
Despertar a mitad de la noche, esperando encontrarse con una habitación vacía y en completa soledad, como durante la mayor parte de su vida, como ya se había acostumbrado, pero en su lugar encontrar el rostro durmiente de Haruka, encontrar que en realidad no estaba solo en una oscura habitación; eso, por muy tonto que pudiera parecer, le brindaba una calma que no creyó poder volver a sentir.
Haruka era su solución, le ayudaba a dormir mágicamente como si jamás hubiera padecido insomnio. Era aterrador, era confuso, pero, por sobre todo, era de esperarse.
Y era solo a mitad de la noche, cuando despertaba sin esperar compañía, que veía a Haruka, e incluso si esa marca estaba a la vista, Torao no podía prestarle la más mínima atención, se encontraba pensando en lo poco que le importaba eso, y en lo mucho que le importaba Haruka.
Era solo en esos momentos que Torao pensaba que cambiar era posible. Aunque antes ŹOOĻ se lo hubiera probado tantas veces, esos temores tan arraigados dentro de su ser no parecían dar señales de cambiar, pero con la calma que sentía al compartir su cama con Haruka, sentía que, tal vez, le era posible dar ese salto de fé y admitirlo finalmente.
¿Admitir qué, exactamente?
Eso es obvio, y algo que Torao seguiría negando cuando la noche pasara. Pero, tan solo por ese breve instante, Torao sentía que podía decirlo en voz alta sin temor, con cuidado de no alertar a Haruka en sus sueños. Que le debía tanto al menor, que se lo agradecía y nunca podría pagarle con nada, que su compañía lo hacía indescriptiblemente feliz, que le daba aquella calma que creyó no volvería a sentir jamás y que él…
“Solo deseo que seas feliz, incluso si no es conmigo.” Por supuesto, sabía que amaba a Haruka, más que lo que desearía, más de lo que podía admitir; pero incluso si lo sabía, lo negaría hasta que esas emociones desaparecieran, después de todo, Haruka merecía encontrar la felicidad, solo desearía no haber bloqueado la opción de encontrarla con su alma gemela.
Haruka merecía mucho más de lo que creía. ¿Y Torao? Torao no merecía a un alma gemela así, pues herirlo, la sola idea de no ver de nuevo esa hermosa y rara sonrisa en Haruka, era aterradora, mucho más que la soledad de su departamento.
El amor era complicado, por lo menos a sus ojos y, al parecer, la escritura atravesando su muñeca no probaba lo contrario.
Quizá todo era una broma para el destino, quizá quien quiera que haya tomado esa decisión sabía que Torao jamás cambiaría, que Torao era un cobarde, y que después de entender lo que es el amor por primera vez, la persona a la que dirigía esos sentimientos jamás le correspondería.
Era un chiste sin gracia, pero aún siendo de esa forma, Torao no podía evitar susurrarle a Haruka, en esas noches donde podía hacer ese salto de fé, aunque nadie estuviera escuchando realmente, un inaudible y débil: “Te amo.” Uno que, después de que aquella ola de coraje y valentía desapareciera, rezaba por que Haruka no hubiera escuchado.
Se preguntaba entonces, volviendo a cerrar los ojos, si esas palabras eran realmente de Mido Torao, o si, por el contrario, la persona intentando asesinar esos sentimientos era Mido Torao.
Se preguntaba si en realidad podía aceptar a Mido Torao, fuera una marioneta de otros, o fuera una persona con voluntad propia. Fuera quien amaba a Haruka con toda su alma, o fuera quien deseaba que Haruka fuera feliz con toda su alma.
~
“Vaya Mido-san, hacía mucho que no me invitabas a cenar. Por un momento creí que estabas viendo a otra persona.” Tan solo con esa línea Torao debió haber sabido que llamar a Minami fue una pésima idea, pero ahí estaba, y ahí se mantendría hasta que terminara la velada.
¿Por qué? Porque se tenía 0% de estima y, además, aunque Minami fuera insufrible en ocasiones, en especial cuando tenía razón, Torao aun así lo necesitaba. Alguien debía ser la voz de la razón en su vida, después de todo.
Así que solo soltó un suspiro, levantándose de su lugar y jalando la silla de Minami hasta que el rubio se sentó, al segundo le agradeció con una leve risa antes de que Torao empujara la silla tan solo levemente, dejando que Minami se acomodara a su gusto mientras volvía a sentarse en su respectivo lugar. “Todo un caballero, ¿cómo podría salir con otras personas cuando tengo a alguien así delante?”
“¿Te refieres a alguien que pague por tus costosos gustos sin quejarse?” No lo decía a malas, y agradecía infinitamente que Minami lo supiera y tan solo respondiera con esa peligrosa sonrisa y un leve “hmm”, pues eso le decía que lo había tomado a broma, casi tanto como Torao tomaba a broma los comentarios fastidiosos de Minami.
“Aun así soy más barato que un psicólogo, tienes que admitirlo.” Minami se inclinó por el menú del lugar mientras Torao rodó los ojos ante el comentario, pero ciertamente no se quejaría, tener a Minami constantemente escuchando de sus problemas y quejas era útil, no porque fuera más barato que un psicólogo, sino más bien porque, a diferencia de un psicólogo, a Torao le sería imposible no escuchar a Minami cuando este le decía las cosas más obvias sin darle la posibilidad de negarlas.
De cierta forma, se podría decir que Torao iba con Minami cuando necesitaba que alguien le diera la patada más dolorosa de su vida directamente en su orgullo, cuando sabía, muy dentro de él, que necesitaba escucharlo en voz alta de una persona como Minami o lo continuaría negando hasta el final de los tiempos.
En ocasiones se preguntaba si ese trabajo no llegaba a cansarle a Minami, pero entonces recordaba los números de las cuentas que le llegaban de cada restaurante al que iba con el rubio y dejaba de preguntarse tal tontería.
Pero, aun si una sola cena le costaba tanto el dinero como la dignidad y el orgullo, apreciaba que Minami siempre aceptara sus invitaciones y escuchara atentamente sus problemas y quejas, incluso si no le afectaban directamente.
“¿Mido-san?” Minami agitó una mano frente a su rostro, exaltándolo brevemente, pero regresandolo a la realidad. El rubio parecía preocupado, aunque fue una expresión de un segundo que desapareció cuando Torao negó con la cabeza, aun si Minami se vio algo inseguro de olvidar su preocupación.
“No es nada de lo que tengas que preocuparte.” Torao agregó, levantando la mano en un gesto sutil para que el camarero les tomara la orden. Minami arqueó una ceja, pero no le respondió nada, tan solo se limitó a darle una sonrisa agradable al camarero que parecía nervioso de haber entrado a un ambiente tan repentinamente tenso.
Realmente todo parecía bien, el camarero preguntó qué deseaban y entonces a Torao se le ocurrió preguntar: “¿Tienes alguna recomendación?” Como si fuera a pedir algo distinto a lo usual, pero entonces Minami se metió, repentinamente diciendo, sin pena o vergüenza alguna: “Que dejaras de mentirte a ti mismo.”
Lo dijo con aquella sonrisa agradable tan llena de agresión que podía helar la sangre a cualquiera, provocando que el camarero de nuevo intentara excusarse y salir de ahí, pero Minami lo detuvo, agregando con una suave risa que más bien dio escalofríos: “Oh, te referías a respecto al vino, fufu~ Lo siento, mi error~”
El pobre camarero tragó escandalosamente e intentó recomponerse, mirando a Torao como si estuviera rogándole que ordenara de una maldita vez porque Minami estaba asustándolo y vaya que su salario no cubría eso. Pero cuando Torao tan solo hizo otra seña para que le respondiera la pregunta que antes había hecho, el pobre chico soltó una risa nerviosa, preguntando si tenían antojo de vino tinto, blanco, o rosa y, oh dios, cómo se arrepintió de haberlo hecho.
Minami, con ninguna intención de dejarlo ir hasta que le dijera la verdad, soltó con un tono amenazante envuelto en una voz dulce, “Por una vez me gustaría un vino fuerte que no fingiera ser otra cosa.” Aunque siempre pedían vino tinto, por eso, y por el tono de su compañero, Torao supo que Minami no se refería a la bebida en lo absoluto.
Torao se planteó dejar ir a ese pobre chico que se veía más y más aterrado por cada segundo que pasaba, pero decidió que responderle a Minami era más importante que sacar a ese pobre camarero de su miseria, después Torao le daría una propina extra. “No puedes pedirle a un vino rosa que aspire a ser como es un vino tinto, tan solo que finja ser como el blanco.”
Minami apoyó los antebrazos sobre la mesa, inclinándose mientras dejaba el menú de lado. “¿Y porque no puede el vino rosa simplemente apegarse a su propio sabor? Negar lo que es solo le hará daño.” Torao lo sabía, Minami no podía jugar limpio, pero aun así ahí estaba, intentando ganar una batalla contra la única persona en el mundo contra la que era imposible ganar.
Y todavía estaba lejos de querer rendirse en un esfuerzo inútil que sabía no valía la pena en lo absoluto. Porque negar las cosas siempre era más fácil que aceptarlas. “Odio el vino rosa, y mucha gente lo hace también. ¿Qué más puede hacer ese vino para salvarse si no es fingir?” Estaba apoyado contra el respaldo, intentando alejarse de la mesa, alejarse de Minami, como si eso fuera posible.
“A mí me gusta el sabor, y a mucha gente también… es único, pero por alguna razón se niega a aceptar que está bien ser él mismo.”
¿Era idea suya o Minami estaba inclinándose más con cada segundo que pasaba? “Quizá porque sabe que un Beringer no puede alcanzar Merlot sin importar cuanto finja ser un Moscatel, pero por lo menos si finge alguien lo querrá.”
“Pero siempre habrá alguien que ame ese Beringer por lo que es, no por lo que intenta ser. Solo tiene que dejar de negar lo que es y lo que siente.” Torao apartó la vista, un suspiro cansado dejando sus labios mientras cerraba los ojos.
Negar las cosas era más fácil, pero si se trataba de Minami, era completamente lo opuesto. Porque así era el rubio, incapaz de dejarlo rendirse cuando sabía que tenía razón; cuando se trataba de las personas que le importaban, Minami no podía permitirse perder una batalla. Torao lo sabía, quizá por eso lo había llamado en primer lugar, porque era Natsume Minami.
“Siento que esto ya no se trata de vinos…” El camarero murmuró, aunque parecía que lo decía para sí mismo sin intención de que lo escucharan, pero, obviamente, Minami lo escuchó casi tan perfectamente como Torao. La sonrisa que Minami le dio al camarero era lo siguiente de aterradora, y Torao vio como el chico saltaba en su lugar con una expresión ahogada en pánico.
Minami entonces soltó una leve risa, ladeando el rostro y haciéndole una seña al camarero. Pobre chico, tuvo mala suerte. “Vaya, vaya~ Parece que nos dejamos llevar. Disculpa la falta de cortesía. Si no es mucha molestia, ¿podría traer una botella de Beringer White Zinfandel y dos copas?”
“Minami, odias el Beringer.” Torao dijo a modo de broma, ganándose una leve risa de Minami, pero agitó la mano para indicarle al nervioso camarero que se fuera, y vaya que el chico pareció aliviado ante la idea de irse, se notó lo mucho que deseaba desaparecer cuando finalmente comenzó a alejarse de la mesa a una velocidad considerable.
Pero finalmente estuvieron solos y Torao se cruzó de brazos, otro suspiro nervioso más dejando su boca antes de que soltara esas palabras que había estado temiendo decir en voz alta desde hacía ya más de un mes. “Estoy enamorado de Haruka.”
Y todo se detuvo en ese instante, por lo menos para Torao. Lo había admitido finalmente, lo había dicho en voz alta y sin dudarlo. ¿Estaba temblando? No… solo se arrepentía terriblemente de haberlo hecho. ¿Qué pensaría Minami?¿Qué le diría? Quizá sería la primera persona en decirle que eso era incorrecto, quizá él…
“Lo sé, Mido-san. Es bastante evidente.”
¿Eh?
“¿¡Eh?!” Tal vez se sorprendió demasiado, pues otras mesas se voltearon a mirarlo después de su exagerada exclamación. “¿Lo sabías?¿Desde cuándo?” Torao no podía ser tan obvio… quizá la desaparición del insomnio lo había delatado. Sí, tenía que ser eso, se negaba a creer que era así de evidente.
“Estoy seguro de que lo supe incluso antes de que tú lo supieras.” Mentira , quiso decir, pero se mordió la lengua, ya no quería que Minami lo humillara más por esa noche. “Pero no comprendo Mido-san, ¿cuál es el problema?” El rubio parecía genuinamente curioso al preguntar aquello y, quizá Torao estaba exagerando, pero la pregunta le ofendió un poco.
“Te lo acabo de decir, estoy enamorado de Haruka.”
Minami negó con la cabeza, llevó una de sus manos al puente de su nariz y cerró los ojos mientras soltaba un exagerado suspiro. “¿Y te dijo que él no?” Torao no respondió en los siguientes diez segundos que pasaron, pues sabía que si lo hacía Minami terminaría asesinándolo, pero aunque lo sabía, eso no evitaba que continuara evadiendo decírselo a Haruka en primer lugar como Minami probablemente habría querido que hiciera.
Y entonces, cuando pasó un minuto entero de silencio, Minami soltó otro pesado suspiro, llevándose las manos a la cara y ahogando un sonido de frustración que Torao solo lo había escuchado proferir mientras estaba componiendo y se atoraba en alguna parte. “Mido-san…” Minami lo miró de nuevo con una expresión cansada, y lo mejor que pudo hacer Torao fue encogerse de hombros y apartar la vista de su creciente vergüenza. “Con todo mi cariño, pero eres un idiota.”
Torao abrió la boca para negarlo, pero Minami entonces alzó una mano y la puso frente a su rostro, deteniendolo mientras llevaba su otra mano a sacar algo de cabello de su propio rostro con otro suspiro exasperado. “¿Por qué no se lo has dicho? Y más vale que sea una buena razón.”
Se sentía ofendido de que Minami creyera que no tenía una buena razón, aunque, para ser justos, probablemente no tenía una buena razón, pero aun así la insinuación le dolía en el orgullo. “Sabes la razón…”
“Mido-san, por Dios, están durmiendo juntos, ¿en verdad crees que no va a corresponderte?” Quizá , Torao quería responder, pues parecía que realmente no importaba que fuera a decir al final, Minami seguiría mirándolo de esa manera tan molesta hasta que se levantara de la mesa y fuera a confesar sus sentimientos, así que, finalmente no era relevante lo que pudiera llegar a responderle a Minami, el rubio solo se conformaría con un resultado.
Así que solo negó con la cabeza sin intención de responderle. Y tal vez Minami no quiso dejarlo ir con tanta facilidad, o, tal vez, deseaba torturarlo por ser tan idiota, pero, fuera cual fuere la razón, el compositor lo atacó de nuevo. “Si no se lo dices ahora, quizá no tengas oportunidad de hacerlo más tarde.” Minami casi hablaba como si Haruka fuera a morir en cualquier momento, pero debía estar exagerando, o por lo menos Torao no creía que pudiera ver el futuro de verdad como para saber si algo así pasaría.
Pero entendía a lo que el rubio se refería con esa exageración, aunque, de nuevo, que lo entendiera no hacía nada más fácil. Torao podía mentir en muchas cosas, pero jamás negaría que le agradaba la manera en que eran las cosas hasta el momento, la calidez, la comodidad, la seguridad, la nueva fuerza que sentía cuando estaba en el escenario con su grupo, cuando escuchaba el suave buenas noches de Haruka; era demasiado bueno como para arriesgarse a perderlo todo.
“Y si se lo digo podría arruinar lo que ya tenemos ahora.” Aunque… Minami… ¿cómo sabía que él…? “¿Y cómo sabes que estamos durmiendo juntos?”
Un leve hmph de Minami fue lo único que obtuvo como respuesta a esa pregunta, y decir que no tuvo un mal presentimiento después de ello sería una completa mentira que ni siquiera Touma se creería. “Mido-san, quiero que respondas una cosa… ¿quién eres?”
A veces el compositor hablaba en código, a veces incluso Torao sentía que no comprendía lo que Minami decía, sentía que era un lenguaje demasiado metafórico como para poder entenderlo; pero en aquella ocasión, la pregunta era clara, incluso si Torao no sabía cómo responderla, podía entenderla, y eso le frustraba. “¿Qué quieres decir con eso?”
“Mido-san.” Minami se inclinó sobre la mesa, colocando sus hombros sobre la superficie y su rostro sobre una de sus manos, pero aunque Torao sintió una confusión abrumadora, no se atrevió a interrumpir. “No levantes esa fachada, no hay forma de que puedas enmascarar lo que eres en realidad.”
Entonces suspiró, viéndose obligado a interrumpir antes de que Minami siguiera con algo tan ridículo. “Minami, en serio, ¿Touma te pegó esas cursilerias?”
Minami soltó otra risa, aun sin tener intenciones de detenerse. Quizá Touma en verdad le había afectado. “No tienes ni idea, Mido-san.” Torao sabía que Minami no jugaba limpio, pero creyó que, por lo menos, el rubio sería más considerado con sus métodos para hacerle entender las cosas. El fallo en esa teoría era que estaba completamente errónea, pues Minami solo se volvía más injusto conforme Torao se volvía más testarudo.
Quizá se lo merecía, pensó brevemente mientras Minami levantaba su otra mano hacía él y apuntaba a su rostro, la forma en la que había acomodado sus dedos similar a la forma de una pistola. “ Bang! Bang! Bang! está escrita para cada uno de nosotros, y siento que debo recordarnosla de vez en cuando.”
Minami bajó su mano y la dejó nuevamente sobre la mesa, apartando la vista con una extraña sonrisa realmente pequeña que parecía cargada de calidez, una de esas raras que incluso Torao no veía muy seguido en el rubio. “Mido-san, pelea ¿a quién le importa si salimos heridos?” Torao quería apartar la vista, pero cuando Minami conectó sus miradas, lo único que pudo hacer fue soltar otro suspiro.
Minami en verdad lo estaba mirando con ese extraño brillo de cariño que era apenas visible a primera vista, a no ser que conocieras al rubio lo suficiente, y eso le hacía sentir que quizá debía dejar de negarlo con tanto fervor, quizá no valía la pena pensar en el peor de los futuros, quizá decirle a Haruka valía la pena, quizá aceptar lo que era en verdad le ayudaría.
Y ese era el efecto más maravilloso de ŹOOĻ, que sin importar cómo fuera el mundo a su alrededor, Torao creía que era posible cambiar, cambiar las reglas, no para que el mundo lo aceptara, sino para demostrarle al mundo que no le importaba ser quien era, con todas las consecuencias negativas o positivas de eso. Quizá era la parte más mágica de Bang! Bang! Bang!
“Si tienes una pasión ferviente, entonces no hay nada que temer.” Murmuró para sí mismo, pero Minami soltó otra suave risa al escucharlo, esta vez sin malicia o intenciones ocultas.
“No levantes una fachada…” Minami comenzó, dándole otra suave sonrisa mientras asentía levemente con la cabeza, y aunque quizá fuera sólo su imaginación, Minami parecía estar animándolo.
Y tal vez eso era lo que debía gritar, tal vez si dejaba a su corazón latir libremente entonces todo estaría bien, incluso si todo era un salto de fé, después de todo… no es tan divertido tomar el camino fácil.
Torao lo repitió en su cabeza un par de veces y, finalmente, no pudo evitar que una pequeña y corta sonrisa se posara sobre sus labios. Minami realmente tenía razón... Bang! Bang! Bang! No levantes una fachada… “Este es quien soy, no hay forma en que pueda engañarme a mí mismo.”
~
Torao no estaba realmente seguro de que Haruka se encontrara en su departamento esa precisa noche, y quizá estaba poniendo demasiada confianza en que lo estuviera, pues tal vez si esperaba al día siguiente, ese valor que ahora ardía con tanto fervor dentro de su ser moriría y se convertiría en cenizas que sería difícil volver a encender. Pero siempre se encenderían de nuevo sin importar lo imposible que pudiera parecer, así funcionaba la pasión después de todo, sin importar que fuera confuso y doloroso, siempre ardería incluso si llegaba a apagarse momentáneamente.
Por eso estaba bien si Haruka no se encontraba en su departamento esa precisa noche. Eventualmente Minami volvería a empujarlo con suficiente fuerza como para que ese fuego volviera a arder como esa noche.
Pero, en el ahora, Torao aun sentía la adrenalina de su conversación con Minami. El tiempo pasaba tan lento y tan rápido a la vez que resultaba confuso, pero emocionante y, antes de darse cuenta, ya estaba en la puerta de su departamento a la una de la madrugada, con un valor y una energía que se sentían ajenas.
Sería tonto de su parte desaprovechar esa nueva parte suya que había despertado hacía unas horas sin intención. Sería un desperdicio no dar ese salto de fé cuando se sentía más vivo que nunca antes. Sería triste si lo dejaba ir como tantas cosas antes en su vida.
Le había dejado una llave a Haruka por una razón, tan solo esperaba que el destino y la suerte le hubieran ayudado un poco, aunque fuera esa sola y única noche. Realmente deseaba que Haruka estuviera ahí, e incluso si dejaba de estarlo después de que la adrenalina hiciera su trabajo, no quería arrepentirse de ocultarlo más tiempo.
Pero las luces de su departamento estaban apagadas, y la única que estuvo al otro lado de la puerta para recibirlo fue Elizabeth. Y aunque por un momento pensó que era deprimente, no fue más que un momento antes de que la adrenalina nuevamente lo invadiera; acarició a Elizabeth como saludo con una leve sonrisa y escuchó un maullido de vuelta, quizá incluso ella estaba animándolo.
Después de dejar la puerta cerrada de nuevo Elizabeth se inquietó, maullando y poniéndose en su camino al moverse hasta que Torao preguntó en voz alta, como si ella le entendiera, “¿Qué sucede Liz?¿Tienes hambre de nuevo?” No, recordaba haberle dado comida antes de salir, y Elizabeth generalmente comía solamente una vez al día, así que, por ende, debía ser otra cosa.
Elizabeth entonces ladeó la cabeza y se giró para correr hacía el pasillo que llevaba a su habitación, dejando a Torao congelado sin saber muy bien qué era lo que debía hacer, por lo menos hasta que Elizabeth volvió frente a él y repitió la moción anterior. Torao entonces suspiró, pero se apresuró a seguir a su gato hasta la puerta cerrada de su propia habitación, donde Elizabeth maulló, ladeando la cabeza en su dirección.
Torao reprimió una risa nerviosa. Las luces de su habitación estaban encendidas.
Quizá la suerte no estaba del todo en su contra, quizá esa sería la noche en la que sería capaz de romper ese espacio entre ellos, o quizá haría todo lo contrario; no le importaba por el momento, tan solo quería creer en él, quería abrir la puerta y decir la verdad, quería decir las cosas en voz alta, quería decirlo en voz alta antes de arrepentirse de ser un cobarde.
“Bien…” Torao colocó su mano en el pomo de la puerta, Elizabeth maullando a su lado y frotándose contra su pierna, mirando la puerta intensamente, parecía que incluso ella estaba impaciente por lo que sucedería.
Mido-san… are you ready~? “Si es ŹOOĻ, siempre lo estaré.” Entonces abre la puerta y demuéstrame que eres la persona indicada para cantar mis canciones.
“Aquí vamos.” Lo que sucediera después estaría bien, sin importar si terminaba en el peor de los finales, entonces sería doloroso, pero si las cosas se daban como deseaba, entonces se arrepentiría de no haber aceptado esos sentimientos antes; pero no iba a arrepentirse del futuro imaginario, o del pasado que enterró en mentiras, el tiempo de decir “y sí…” y “pero...” se había acabado.
Por una vez en su vida, Torao daría ese salto de fé. Por una vez, sería aquel héroe del que su hermano solía contarle en sus historias. Por una vez, aunque quizá se encontraba solo mientras empujaba la puerta, estaba seguro de que tenía a Minami a su espalda y de que, incluso si era algo aterrador, el compositor le cuidaba la espalda.
La luz dentro de la habitación era cegadora comparada con la oscuridad que inundaba todo el resto de su departamento. De cierta forma resultaba poético: la luz al final del túnel que tardó tanto en alcanzar y que, sin ayuda, probablemente jamás habría conseguido encontrar; aunque eso era, quizá, demasiado metafórico para él, tal vez contarle a Minami de eso después podría sacarle una nueva letra al compositor, pero, mientras tanto, solo adecuó su vista a la nueva luz.
No supo si se alegraba de encontrar, en la habitación tan llena de luz, a Haruka profundamente dormido sobre lo que había proclamado como su lado de la cama. Quizá fue suerte que Haruka estuviera de hecho ahí, en su departamento, de todos los otros lugares en los que podría haber estado, aunque no tuviera el corazón para despertarlo.
Lo haré mañana, se dijo con un suspiro. Su corazón aun latía con una fuerza tan impresionante que dudaba que fuera sano, pero finalmente consiguió soltar aquel aire que había contenido con nerviosismo aunque, incluso si no era lo mejor si deseaba dormir, la adrenalina estaba ahí para mantener aquella voz en su cabeza repitiendo sin cesar que aquello seguía siendo la oportunidad que quería y que, si bien no despertaría a Haruka, definitivamente no iba a acobardarse a la mañana siguiente.
Acercarse a su cama fue una odisea, de nuevo sentía que aquello era demasiado bueno para ser cierto, que quizá debía conservarlo en lugar de arriesgarse a arruinarlo, que era una tontería dar un salto tan solo basado en la fé, que no deseaba volver a estar solo en un oscuro y frío departamento; pero aunque pensó todo eso, nunca dejó de avanzar hasta alcanzar su propia cama, sentándose en el borde de esta al lado contrario del que Haruka se había colocado.
Sí, estaba aterrado, pero tan solo sentir la presencia de Haruka tan cerca le hacía recobrar aquel valor y calma que siempre se sorprendía de sentir. Tal vez eso era lo más mágico en realidad, que se sentía tan correcto que arruinarlo era aterrador, pero que, a la vez, se sentía demasiado incompleto como para dejarlo así.
Otro suspiro más dejó sus labios y, por mera coincidencia, escuchó a Haruka soltar el aliento contra la almohada un par de segundos después. Desvió su mirada hasta el menor removiendose levemente bajo las sábanas, sus ojos cerrados sin presión extra y su expresión tan pacífica como la que estaba acostumbrado a ver en Haruka cuando dormía en su departamento.
Aunque no fuera una nueva vista, Torao no podía evitar que su corazón latiera rápidamente dentro de su pecho o que una suave sonrisa se posara sobre sus labios cada vez que se detenía a mirar a Haruka aunque fueran meros segundos antes de apartar la vista o cerrar los ojos.
De cualquier forma, no era algo molesto,de hecho, era una sensación agradable. Pero era, quizá, demasiado embriagadora para su propio bien. Siendo de esa forma, Torao en ocasiones olvidaba pensar dos veces, pero generalmente podía regañarse mentalmente a tiempo antes de cometer una estupidez; ese no era el caso por el momento, pues si bien algunas alarmas sonaban en su cabeza, no eran tan ruidosas como su propio corazón o su desbordante adrenalina.
Pero Torao no despertaría a Haruka, no se atrevería incluso si fuera completamente controlado por su emoción y adrenalina, tan solo se conformaría con apartar algo de cabello de su rostro y dejarlo tras su oído. Quizá Haruka estuviera muy cansado esa noche, pues no se movió cuando Torao hizo aquello incluso si Haruka era, más bien, una persona de sueño ligero.
Lo agradeció, puesto que realmente no deseaba despertar a Haruka, pero incluso si dijo gracias silenciosamente, continuó tentando a su suerte, inclinándose hasta el lado de Haruka y, si bien las alarmas en su cabeza no cesaron y, más bien, le alertaron con más fuerza, Torao estaba demasiado cerca como para arrepentirse y darse la vuelta.
Apartó el cabello de Haruka nuevamente y, aun en contra de su mejor juicio, dejó un pequeño beso en la coronilla de su compañero, apartándose al inmediato segundo seguido de haber hecho aquello.
Nuevamente estaba sentado al borde de la cama, pensando en por qué había hecho algo así, por qué no se había detenido, pero, aún más importante, por qué no se arrepentía de haberlo hecho.
Quizá ya no tenía derecho a preguntarse tales cosas sabiendo que ya tenía una respuesta, pero era un hábito.
Suspiró lo que parecía ser la millonésima vez esa noche. “En verdad… y yo que venía con la intención de confesarme.” Y mañana lo haría, se repitió una vez más. “Pero mañana seguiré amándote tanto como lo hago esta noche, así que está bien esperar.” Realmente lo estaba, pensó mientras se levantaba de la cama, dispuesto a quitarse esa ropa y acostarse a dormir también, lo dejara su adrenalina o no.
Aunque, desobedeciendo la última pizca de sentido común que tenía, soltó desde la puerta de su habitación, apenas audible para alguien: “Si es contigo, sé que puedo dar ese salto de fé cuando sea.” Apagó la luz y dejó la habitación con la puerta abierta, una extrañamente cálida sonrisa en sus labios, de esas que no podía mostrar con naturalidad frecuentemente.
Concluyó, mientras terminaba de arreglarse para volver a su cama, que Minami realmente tenía razón, lo cual no era precisamente algo novedoso; si tienes una pasión ferviente no hay nada que temer y, en el más literal de los sentidos, eso era verdad. Incluso si el solo dejara de brillar, mientras su fervor siguiera ahí, ¿quién sabe? Quizá su calidez aun les llegaría.
Mañana, se repitió una vez más y, mientras atravesaba la puerta de su habitación nuevamente, cerrándola detrás suya, podía sentir una leve fuerza empujándolo hacía adelante, pero tan solo tan gentilmente que si lo deseaba podía resistirla. Mañana tomaré el camino difícil.
“Estoy en casa, Haruka.” Finalmente consiguió acostarse del lado que compañero usualmente usaba de la cama, sin esperar una respuesta mientras cerraba los ojos, pero, tal vez, debió haber sabido que Haruka era, de hecho, una persona de sueño ligero incluso si estaba exhausto.
Pero, de nuevo, no consiguió arrepentirse cuando escuchó, en medio de la oscura y cálida habitación, en el tono más suave que había tenido la oportunidad de oír jamás: “Bienvenido a casa…” Haruka rompió el espacio restante entre ellos y, sin darle oportunidad a responderle o abrir nuevamente los ojos, una leve presión se posó sobre la comisura de sus labios y se fue al segundo siguiente. “Pero yo no tengo suficiente paciencia para esperar otro día más.”
Una suave risa dejó sus labios, una de esas que solo podía soltar con Haruka alrededor, pero no abrió los ojos, no le hacía falta comprobar que Haruka estaba ahí, por lo menos ya no más, no cuando podía sentir el peso agregado de Haruka sobre su hombro y su mano entrelazandose con la suya. “Llega a casa temprano la próxima, idiota.”
“Prometo no hacerte esperar demasiado…” Este es quien soy…
“¿De nuevo?”
Torao negó con la cabeza y soltó el último suspiro de esa noche. “Nunca más.”
Y no seguiré engañándome a mí mismo.
