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Desearía que mi esposo me entendiera

Summary:

¿Cómo podía una simple frase haber originado todo ese caos? Cuando Shen Qingqiu pensó ‘Desearía que mi esposo me entendiera’, no se refería ni por un segundo a pasar vida tras vida, mundo tras mundo, volviendo a encontrarse con él.

Día 8: Día libre

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Morir a manos del protagonista había sido por mucho tiempo su peor pesadilla. Desde que tuvo que lanzar a Luo Binghe al Abismo sin fin, Shen Qingqiu había pasado incontables noches enteras sin poder dormir, pensando en lo que sucedería una vez que regresara a buscar venganza. Imaginaba el dolor, soñaba con la expresión que tendría, sentía el odio en sus ojos. Había hecho hasta lo imposible por sobrevivir y, sin embargo, al final todavía estaba listo para morir con él. 

Para Luo Binghe, la idea de ver morir a la persona más importante de su vida una vez más era lo único que podía causarle verdadero terror. Algunas veces, todavía soñaba con su cuerpo sin vida cayendo al suelo. Otras, al verlo dormir, tenía que comprobar que estuviera respirando, por miedo a que todo hubiera sido una ilusión y aún se encontrara abrazando su cadáver en aquel palacio helado. Lo había visto morir varias veces frente a su ojos, pero lejos de acostumbrarse, el miedo a que no volviera a despertar cobraba cada vez más fuerza.

Esta vez, lo que sea que los hubiera atrapado en ese ciclo de ilusiones, lo estaba obligando a matar a la persona que más amaba y admiraba con sus propias manos. ¿Cómo podría seguir viviendo después de algo así? Aún si solo era una ilusión, nunca se perdonaría el hacerle daño. Además, por si fuera poco, su muy amado esposo estaba allí, sosteniendo su mano con firmeza, dispuesto a aceptar ser asesinado por él en ese lugar porque estaba seguro de que, en realidad, Luo Binghe no le haría daño. ¿Cómo podía ser digno de esa confianza?

—Lo siento —dijo Luo Binghe, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Está bien, después de esto, al fin podremos volver a casa —respondió Shen Qingqiu, con voz suave y comprensiva.

Un par de cálidas manos tomaron el rostro de Luo Binghe, invitándolo suavemente a levantar la mirada. En cuanto sus ojos se encontraron con los de Shen Qingqiu, sus lágrimas comenzaron a fluir. Los delgados dedos que tantas veces había besado con devoción ahora limpiaban esas mismas lágrimas, pero aquel gesto cariñoso, lejos de reconfortarlo lo hacía sentir peor consigo mismo.

—Lo siento —repitió. Porque aunque era él quien debería ser fuerte para su esposo y no al revés, una vez más era incapaz de protegerlo.

Shen Qingqiu suspiró. También odiaba que Luo Binghe tuviera que hacer estas cosas pero, ¿qué otra opción tenían? Ni siquiera sabían que sucedería si no cumplían con esa última misión, o si había otra forma de cumplirla, aunque, siendo honesto, preferiría que fuera su Binghe quien acabara con su vida a que apareciera el Luo Binghe original y volviera a provocarle ese dolor que aún no había olvidado. Por lo menos esta vez no estaban siendo presionados por el tiempo, por lo que decidió que él tampoco tenía ninguna prisa. Si ya habían estado tanto tiempo en esas ilusiones, qué mas daba esperar un poco más.

—Ven aquí —dijo, tomando la mano de Luo Binghe para guiarlo de regreso a la plataforma que había sido su celda durante los últimos días. Luo Binghe, aunque no comprendía cuáles eran sus intenciones, lo siguió obedientemente. —Muy bien, ahora vamos a hablar.

—¿De qué quieres hablar? —preguntó un muy confundido Luo Binghe, mientras observaba sin comprender nada cómo su esposo se sentaba en el suelo, cruzando sus piernas en una pose que no era para nada formal, como estaba acostumbrado a verlo, pero que parecía bastante cómoda.

Shen Qingqiu le hizo señas para que se sentara frente a él, ignorando la forma en que lo observaba como si le hubiera crecido otra cabeza. Este niño, ya lo había visto actuar de forma más relajada en muchas otras “vidas”, pero todavía no se acostumbraba a verlo actuar diferente de esa imagen de elegancia que se había construido al llegar a ese mundo. Quizás era porque antes no tenía esa apariencia, pero de verdad esperaba que al volver las cosas fueran diferentes y poder relajarse al menos cuando estuvieran solos.

—Quiero disculparme —dijo, yendo directo al grano y provocando una expresión llena de angustia en Luo Binghe—, yo sé que ya lo sabes, pero creo que mereces escucharlo de mi boca. Es mi culpa que estemos atrapados en esta mierda.

—¡Por supuesto que no! —respondió Luo Binghe indignado. —No es tu culpa, en realidad tenías razón, yo… no podía entenderte.

Shen Qingqiu casi pudo reír ante lo ridícula que era toda esa situación. Él era quien había comenzado a disculparse, pero ahora que había decidido tomar su parte de la responsabilidad y disculparse también, parecía que acabara de ofender a todos sus ancestros. Pero, sin importar si Luo Binghe quisiera o no admitirlo, era cierto que el único culpable de todo ese embrollo era él.

—Sé que no podías entenderme, pero fue injusto de mi parte pretender que lo hicieras cuando ni siquiera sabías lo que estaba pasando.

Esta vez, fue el turno de Luo Binghe de suspirar. 

—Es verdad —admitió—, aunque tampoco debí insistir en que Shizun me contara. Sé que hay cosas que no puedes decirme, o que no quieres decirme, y está bien, no debí obligarte a hablar sobre eso.

Shen Qingqiu asintió, dándole la razón en eso último. Aceptar sus errores, aunque no solucionara su situación actual, por lo menos serviría para que no volvieran a repetirlos.


Unas horas antes.

—¿De verdad no hay nada por lo que quisieras regresar? 

—No.

Shang Qinghua lo observó detenidamente, como si fuera alguna especie de demonio extraño. No podía creer lo que estaba escuchando. Cuando llegó ahí, entusiasmado por contarle lo que había soñado y lo mucho que deseaba comer una pizza, pensó que ambos estarían de acuerdo en que la pizza era una de las pocas cosas por las que valdría la pena volver a su mundo. Pero no había obtenido la reacción que esperaba y eso lo desconcertaba.

—Debes estar mintiendo — se quejó, pensando que se estaba burlando de él—, no pudo creer que no haya nada de ese mundo que extrañes tanto como para querer regresar. ¿Qué hay del internet?

—¿Qué hay con eso? —preguntó Shen Qingqiu, fastidiado por la insistencia de ese molesto sujeto.

Cuando lo recibió en su casa, dispuesto a escuchar lo que fuera que tuviera que decir, no esperaba que todo aquello terminara en un interrogatorio sobre cosas absurdas. ¿Y qué si extrañaba el internet? Nunca había sentido tanta paz como la que sentía desde que despertó en este mundo. Además, de nada le servía pensar en cosas que no volvería a tener. 

Y si extrañaba o no otras cosas, eso era asunto suyo.

—Hermano, no puedes negar que ese mundo tenía cosas buenas. Si pudiera regresar aunque fuera solo por un día, comería hasta hartarme.

Shen Qingqiu estaba cansado de sus tonterías. Honestamente, no estaba de humor para soportar esa clase de conversación. Él también había tenido sueños sobre el pasado en algunas ocasiones pero, al despertar, siempre conseguía distraerse de la incómoda sensación que le dejaban al hablar con Luo Binghe sobre lo que sea que hubiera preparado para desayunar. Ese día, para su mala suerte, Luo Binghe se había ido muy temprano y no parecía que fuera a regresar pronto. Por mucho que odiara admitirlo, extrañaba a su pegajoso discípulo.

Al no obtener el mismo entusiasmo por parte de Shen Qingqiu, Shang Qinghua se rindió y se fue. No era que de verdad quisiera volver, después de todo, no tenía a nadie esperándolo en ese lugar, pero algunas veces disfrutaba de la idea de ir allí por un rato. Comer algo, recorrer la ciudad, escuchar el ruido de los autos. Si se permitía soñar dejar volar su imaginación, podía incluso verse a sí mismo caminando al lado de Mobei-jun por los barrios más populares. Ah, de verdad no podía creer que fuera el único que pensara en eso.

Shen Qingqiu, entonces, se encontró disfrutando de la tranquilidad de haberse quedado solo. Al menos esa era la intención, pues una imagen del pasado llegó a su mente sin previo aviso. La misma imagen que había visto en sus sueños esa noche, en la que varias personas conocidas lo observaban con emoción y lo invitaban a acompañarlos.

¿Cuántos años habían pasado ya? Los rostros de sus familiares se difuminaban en su memoria. Ya casi no podía recordar sus voces y hacía mucho que había olvidado ciertos detalles. ¿Qué edad tenían sus padres la última vez que los vió? ¿Su hermana tenía el cabello largo o corto? ¿Cuándo fue la última vez que asistió al cumpleaños de alguno de sus hermanos? ¿Cómo reaccionaron al enterarse de su muerte?

Aunque ya había decidido dejar esa vida atrás, había ocasiones como esa en las que se preguntaba qué haría si tuviera la oportunidad de regresar aunque sólo fuera por un día. La respuesta, por supuesto, era 'nada'. No haría nada. Porque por mucho que echara de menos a las personas que había dejado atrás, su familia ahora estaba en este mundo, su vida estaba allí, y no cambiaría nada de lo que tenía ahora por un recuerdo del pasado que había decidido aparecer para molestarlo. Y aún así…

—Shizun, estoy en casa —anunció una voz que sonaba cansada y contenta a partes iguales.

—Bienvenido —lo saludó, levantándose de donde había estado sentado leyendo para ir a su lado.

Luo Binghe, quien no había visto a su esposo en todo el día, se inclinó de inmediato en busca de un beso de bienvenida, pero Shen Qingqiu estaba distraído y, lejos de corresponderle, se alejó por la sorpresa. Luo Binghe notó entonces que había algo extraño y no dudó en preguntar.

—¿Sucedió algo?

Shen Qingqiu se obligó a sonreír, enterrando los recuerdos en el fondo de su memoria para que no lo molestaran. No quería pensar en eso, ni ahora ni nunca más. Todo estaba en el pasado y ahí era donde se iba a quedar. Su presente, y su futuro, estaba justo frente a él.

—No ha pasado nada —respondió, pero Luo Binghe lo conocía lo suficiente para saber que estaba mintiendo. 

—Shang- shishu estuvo aquí hoy, ¿hubo algún problema? ¿Shizun, te molestó? Si se atrevió a molestarte en nuestra propia casa, no permitiré que vuelva a entrar aquí —declaró con firmeza, pues no estaba dispuesto a tolerar que nadie provocara esa expresión en el rostro de su Shizun.

—Binghe no necesita preocuparse, este maestro puede cuidarse solo, además, ¿por qué prohibirle regresar? —respondió, tratando de controlar la tormenta de emociones que estaba sintiendo, pero sus sentimientos estaban a flor de piel y su voz sonó mucho más molesta de lo que esperaba. Ya le habían sido arrebatado tantas cosas, ¿por qué tendría que renunciar a esto también? 

Luo Binghe no entendía de qué estaba hablando o por qué estaba tan molesto, pero sí creía tener una idea sobre lo que estaba pasando. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que regresaron a la montaña Cang Qiong, pues él había estado demasiado ocupado atendiendo los asuntos del reino demoníaco. Su Shizun lo sabía, pero quizás había comenzado a pensar que era él quien inventaba esos asuntos para retrasar su regreso. Tal vez sentía que lo mantenía encerrado para que no volviera a ver a sus hermanos de secta, pero esa nunca había sido su intención.

—Shizun, tú… ¿Quieres regresar a la cumbre Qing Jing? Este discípulo aún tiene cosas que atender aquí, pero si eso es lo que deseas puedes ir primero —comentó, temiendo escuchar una respuesta afirmativa pero dispuesto a aceptar cualquiera que fuera su deseo.

Pero Shen Qingqiu no entendió cómo había llegado a esa conclusión tan absurda.

—¿De qué estás hablando? ¿Cuándo dije que quería regresar? —preguntó, alzando la voz hasta el punto en que casi estaba gritando por la frustración. 

—¿Si no es por eso entonces qué es? —insistió Luo Binghe, sin poder comprender por qué de pronto habían comenzado a discutir.

— No importa, sólo… Sólo olvídalo, ¿está bien? —pidió Shen Qingqiu, cansado de toda esa situación.

—¿Cómo puedes decir que no importa cuando es obvio que te está afectando? —preguntó Luo Binghe, bajando la voz en un intento por terminar esa absurda pelea y apoyando sus manos en sus hombros suavemente, sin pensar que aquello haría que las cosas empeoraran aún más.

—¡Porque no lo entenderías! —gritó Shen Qingqiu, empujando a Luo Binghe para que le diera espacio.

Necesitaba respirar. Necesitaba calmarse, porque no quería sacar su frustración con Luo Binghe y mucho menos hacerle sentir que había hecho algo malo, pero sus preguntas no estaban ayudando a que se tranquilizara.

—Shizun —insistió, tomando sus manos suavemente entre las suyas con miedo a ser rechazado de nuevo—, no puedo entenderte si no me explicas qué está sucediendo. 

Shen Qingqiu quiso luchar por liberarse. Apartarlo y salir de allí a cualquier lugar donde pudiera estar solo para calmarse. Pero este era su esposo, el hombre que había elegido para compartir su vida. Si huía de él en lugar de enfrentar los problemas, ¿no estaría condenando el futuro de su matrimonio?

Agobiado, cansado, se recargó contra él, ocultando su rostro en su hombro mientras intentaba concentrarse únicamente en respirar. Luo Binghe, notando que necesitaba un momento para tranquilizarse, lo sostuvo en silencio y esperó. Sabía que necesitaba disculparse por haberlo molestado pero, en ese momento, lo más importante era que su Shizun estuviera bien. Que supiera que, aún si no podía entenderlo, estaba ahí para él.

Shen Qingqiu sentía una profunda frustración creciendo en su interior. Estaba molesto porque Luo Binghe no lo entendía, pero, ¿cómo podría hacerlo? Lejos de estar molesto con él, odiaba el hecho de no poder contarle nada. Si al menos supiera que no era a sus hermanos marciales a quienes echaba de menos, y que no tenía intenciones de ir a ningún otro lugar, no tendría que volver a ver esa expresión llena de miedo en su rostro. Estaba enojado consigo mismo. Una vez más había hecho que tuviera miedo de ser abandonado.

En ese momento, una voz robótica resonó en sus oídos sin que él le prestara atención.

[ Misión: "Desearía que mi esposo me entendiera" activada. Buena suerte a ambos usuarios ]


—Hay algo que no te he dicho —dijo Shen Qingqiu con seriedad, provocando que Luo Binghe se tensara en donde estaba sentado frente a él.

—¿Hm?

Viendo la actitud de su esposo, no pudo evitar reír. Luo Binghe podía lucir fuerte e indestructible, pero quién sabría que por dentro era como un adorable cachorrito. Sin embargo, aunque siguiera siendo el mismo hombre con corazón de doncella, no podía ignorar el hecho de que también se había vuelto más sabio y maduro con el paso de los años. Aquel discípulo que había criado con tanto esmero se había vuelto un hombre capaz de cuidarse por sí mismo y de proteger a su familia.

Sus labios formaron una cálida sonrisa y sus ojos brillaban de emoción al verlo. Shen Qingqiu estaba listo para decir lo que por tanto tiempo había estado callando.

—Te amo.

Los ojos de Luo Binghe se abrieron tanto, que Shen Qingqiu tuvo la sensación de que se saldrían de sus cuencas en cualquier momento. Su boca se abría y cerraba sin que lograra formar palabras, hasta que usó sus manos para cubrirla. Toda su reacción parecía demasiado exagerada, pero Shen Qingqiu no se atrevió a burlarse, pues era culpa suya que le hubiera tomado por sorpresa dado que había esperado tanto tiempo para decirlo.

Hacía mucho que estaba enamorado perdidamente de él, incluso antes de que estuvieran juntos, pero siempre se había sentido avergonzado al pensar en poner esos sentimientos en palabras. Claro, nunca había dudado en demostrarlo con acciones y sabía que Luo Binghe era consciente de esos sentimientos, pero también sabía que en algún momento ya no sería suficiente. El momento había llegado. 

Ya no le bastaba con besarlo o caminar juntos de la mano, necesitaba más, necesitaba decirlo en voz alta para que todo el mundo lo supiera. Que este hombre con el que se había unido en matrimonio, era su alma gemela. Aquel con el que quería estar en esa y en todas las vidas que les faltaran por vivir.

Luo Binghe tardó un momento en procesar lo que acababa de escuchar, no porque no lo creyera, sino porque ya se había hecho de la idea de que nunca escucharía esas palabras saliendo de la boca de su esposo. Él sabía que lo amaba y no necesitaba que se lo dijera para creerlo pero, fue justamente por eso, que escucharlo había sido una bendición.

—Yo también te amo —respondió una vez que se sintió tranquilo, sonriéndole de vuelta y llevando una de sus manos a acunar el rostro de Shen Qingqiu—. Pero Shizun no necesita obligarse a decirlo si no se siente a gusto. Puedo ver el amor en tus ojos cada vez que me miras al despertar. No me atrevería a codiciar nada más.

Shen Qingqiu cubrió su mano con la suya, y se giró para dejar un beso en la cálida palma de Luo Binghe, justo sobre la cicatriz que aún conservaba. Su rostro estaba completamente rojo por la vergüenza, pero no iba a permitir que eso lo detuviera.

—No, eso no está bien —respondió mirándolo a los ojos—. Fueron los malos entendidos los que nos metieron en esto. Además, mi esposo merece saber que es amado y deseado todos los días de su vida.

No supieron quién fue el primero en acercarse pero, un momento después, se encontraban besándose justo a la mitad del camino entre ambos. No fue un beso apasionado, sino uno tranquilo, lleno de ternura y comprensión. Un beso que sellaba la promesa de encontrarse una y otra vez; de entenderse y adorarse. 

La escena a su alrededor cambió súbitamente, pero estaban demasiado ocupados disfrutando del suave roce de labios como para darse cuenta. 

Hasta que la molesta voz robótica del sistema los interrumpió.

[ Ruta secreta desbloqueada: Camino a un matrimonio estable ]

Anunció con exagerado entusiasmo, y tanto Luo Binghe como Shen Qingqiu miraron con desprecio la pantalla que había aparecido ante ellos. Oh bueno, al menos ahora los dos podrían odiarlo juntos. Ahora que habían logrado volver a casa, lo único que deseaban era descansar. Y, quizás más tarde, reafirmar sus votos y tener una segunda noche de bodas. 

[ ¡Felicidades, felicidades, felicidades! Las cosas importantes deben decirse tres veces. Ambos jugadores han cumplido todas las pruebas de la misión: ‘Desearía que mi esposo me entendiera’. +500 puntos de comunicación, +800 puntos de relación sana, +30 puntos de romance adolescente, +300 puntos de plenitud sexual, +25 puntos… ]

—Sólo déjanos en paz —gruñó Luo Binghe. 

¿Cómo podía una simple frase haber originado todo ese caos? Cuando Shen Qingqiu pensó ‘Desearía que mi esposo me entendiera’, no se refería ni por un segundo a pasar vida tras vida, mundo tras mundo, volviendo a encontrarse con él. Aun si sólo había sido una ilusión de unas pocas horas, todavía se sentía tan cansado como si de verdad hubiera vivido una eternidad.

—Binghe, ven aquí, este esposo necesita dormir —dijo, mientras ya se encontraba tomándolo de la mano para llevarlo consigo a la cama. 

Sin embargo, a pesar de las quejas, cuando sus cuerpos se enredaron bajo las sábanas, los dos mantenían una sonrisa imposible de borrar. 

De cualquier modo, Shen Qingqiu tenía que admitir que haber conocido todas esas facetas de su esposo, y haberse enamorado de todas y cada una de ellas, había valido cada segundo de esa pequeña eternidad. 

Luo Binghe, a su lado, pensaba exactamente lo mismo. 

Notes:

Y así termina el último día de la BingQiu Week. Tenía pensado subir este fic el martes, pero no pude terminar de escribirlo a tiempo y luego no había podido revisarlo.

Disfruté mucho escribiendo estas historias y explorando la idea del BingQiu encontrándose y enamorándose en distintos universos. Creo que, sin importar la apariencia o personalidad, sus almas sin duda se reconocerían. Además, amo plasmar la idea de la relación sana y bonita que pueden construir con el tiempo.

Espero que les haya gustado, si se animan a comentar este o cualquiera de los otros fics de esta serie, me harían muy feliz. Y gracias a todos los que leyeron estas historias, ahora que terminé me daré tiempo de responder sus comentarios.

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