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Español
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Draco In Love 2021
Stats:
Published:
2021-04-19
Words:
7,762
Chapters:
1/1
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17
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230
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24
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2,235

El arte de la sanación

Summary:

Draco Malfoy está conforme con su entrenamiento para volverse auror, de verdad. Y si le dan una buena paliza de vez en cuando y está enamorado de alguien que jamás va a tener, bueno, ¿qué más da?

o

En el que Harry se entera que Draco está herido, y procede a sanarlo.

Notes:

¡Escrito para el Bottom Draco Fest en Facebook!
Agradezco a O y a D por haberme hecho de betas, ¡a pesar de que me tardara muchísimo con una y apurara a la otra!
También a B, que nunca va a ver esto porque ni siquiera habla español, pero me ayudó a encontrar un título.
Son un amor, chicas.

¡Disfruten! <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Si Draco no hubiese estado tan desesperado por recuperar la reputación de su apellido después de que su padre la pisoteara por completo (o, más bien, dejado que cierto monstruo serpentino, pálido y desquiciado la pisoteara por completo), es muy probable que hubiese renunciado a la academia de aurores hace meses.

Tal como estaba en ese momento, sudado, amoratado y con sus túnicas llenas de manchas de barro en forma de botas, lamentaba profundamente todas las decisiones que tomó en su vida entera. Incluyendo haber concebido este ridículo plan para limpiar su nombre, que involucraba hacer algo bueno para la sociedad, para variar, uniéndose a los aurores en lugar de volver a Hogwarts a cursar su último año (Madre había estado escandalizada, y Draco comenzaba a pensar que tenía razón de estarlo), optando en su lugar por estudiar por su cuenta en el verano y tomar sus ÉXTASIS frente a Junta de Educación Mágica.

Honestamente, Draco odiaba todo lo que tenía que ver con ser un auror. Bueno, técnicamente todavía no era un auror, pero, en los días de entrenamiento, la suciedad y sudoración mencionadas eran cosa de todos los días. Sus compañeros eran vulgares, salvajes, repugnantes y propensos a golpearlo y maldecirlo al menos cinco veces a la semana, porque sabían que Draco no podía devolverles una sola ofensa sin que ésta fuera utilizada para tirarlo en Azkaban junto con su padre. Sin embargo, Draco razonaba mientras se levantaba de la pila de escombros de una sección bajo reparaciones del Ministerio, el lugar donde preferían llevarlo a que recibiera sus golpizas estos días, ¿qué se podía esperar de una profesión diseñada para y por neandertales con más músculo que cerebro, sino violencia innecesaria y hábitos deplorables, como el meterse con alguien de la mitad de su tamaño?

Se bañó en hechizos de limpieza, agradeciendo a todas las deidades el conocer tantos que casi podían reemplazar una ducha apropiada. Ya curaría sus heridas en casa, pensó.

Casa. Esa era otra cosa que no emocionaba a Draco mucho que digamos. Después de que sentenciaran a su madre a pasar su condena de dos años bajo arresto domiciliario en la Mansión Malfoy, Draco se sintió obligado a vivir allí con ella, también. Narcissa Malfoy era una mujer dura como el acero, casi imposible de alterar, y daba la impresión de ser tan emocional como una roca puesta al sol; pero ¡quién lo diría! Al parecer, tener a tu esposo encerrado en prisión y a tu hijo repudiado por la sociedad era suficiente tormento para suscitar emoción incluso de una roca al sol. Narcissa había llorado casi cada noche de los primeros tres meses, deambulado como un fantasma por los corredores de la Mansión el resto de ese año, y ahora su actividad favorita consistía en hojear viejos álbumes de fotos y suspirar.

Draco a veces pensaba que un poco de su alma se iba en cada suspiro.

Así que, en pocas palabras, necesitaba de él. Y Draco se aseguró de estar allí en todo, desde los llantos hasta los suspiros, a tal punto que no tenía ningún tipo de vida social fuera de su casa.

Bueno, a menos que uno contara los matones de todos los días. Eran todos muy buenos amigos, claramente.

Estiró la espalda hasta que oyó un suave clic, haciendo una leve mueca de dolor cuando el movimiento ejerció presión sobre sus ya abusados músculos, y se puso en marcha hacia las chimeneas del Ministerio, cojeando lo más disimuladamente que podía, anhelando una tina de agua caliente, sales minerales, una copa de vino...

—Malfoy.

Draco gruñó, tal vez exageradamente para quien no supiera de su largo, largo día. No ralentizó su paso.

—¿Qué quieres, Potter?

Harry Potter era, quizá, el único de sus compañeros al que Draco —¿y no era la ironía simplemente hilarante? — no detestaba.

En realidad, más que no detestar, a lo mejor incluso agradar. Solo un poco. O gustar. Ligeramente. O estar tan enamorado que a veces no podía hacer nada sino pensar en tenerlo por encima, moviéndose, susurrando su nombre, sudoroso y no por su entrenamiento, dejando marcas en su cuerpo, no de moretones, sino de…

¡Ya detente, idiota!, se reprendió a sí mismo. Potter era tan heterosexual como Draco era homosexual, e incluso si no lo fuera, no estaría ni remotamente interesado en él, de cualquier manera.

Había imágenes que mantener, reputaciones que limpiar, dignidades a las que aferrarse. Así que cuando Potter le aferró la muñeca, enviando relámpagos viajando de su brazo hasta su columna vertebral y bajando hasta la punta de sus pies, Draco solo tragó saliva y apretó los ojos con fuerza.

Para cuando se dio vuelta, unos decentes tres segundos después, ya estaba preparado para volver a ponerse su máscara de leve molestia, nada más, nada menos.

Potter tenía el labio inferior atrapado bajo sus dientes, apenas visibles por debajo de su labio superior, tentador en su apariencia algo agrietada, incitante en la manera en que te hacía querer besarlo hasta que no quedase ni un milímetro de piel reseca en…

Basta, basta, basta.

Draco levantó la vista abruptamente a los ojos de Potter, y carraspeó.

—Bueno, si no tienes nada que decir, quisiera volver a…

—¡No, no! ¡Quédate! —Potter dijo apresuradamente, y sujetó la muñeca de Draco con más fuerza, causando que soltara un siseo de dolor. No le había molestado la presión antes, cuando había sido gentil, pero esto era un poco demasiado para él ahora mismo. Potter debió notar su expresión adolorida, porque lo soltó inmediatamente.

» ¿Estás bien? —preguntó, y sus cejas se arquearon en una expresión que gritaba preocupación. Draco prácticamente sintió, físicamente, cómo sus defensas se derrumbaban. Era por cosas como estas, por las emociones que Potter siempre llevaba colgando de la manga de su uniforme, dibujadas en su manera de moverse, escritas en la piel de su rostro, que Draco se había enamorado de él.

Francamente, a veces pensaba que nunca, en toda su vida, había tenido otra opción más que estar enamorado de Harry Potter. Más que suspirar su nombre en noches solitarias, más que vivir con la renuente esperanza de que un día fuera el suyo el que Potter dejara escapar por sus labios.

¿Y no era acaso un necio ingenuo por desear algo así?

—Estoy bien —respondió. Potter abrió la boca para replicar, pero Draco lo interrumpió—. Escupe lo que tengas que decir, Potter, no tengo toda la noche.

—Oh, um, sí —balbuceó, pero se aclaró la garganta y continuó—: Quería saber si te gustaría trabajar juntos en el informe que tenemos que escribir para pasado mañana, sé que no es necesario hacer el proyecto en parejas, pero, uh, tu caso y el mío están relacionados, así que pensé que, es decir, si te gustaría, podríamos, uh…

Draco arqueó una ceja. Esa mañana se le había dado a cada estudiante papeleo de uno u otro caso importante en la historia del sistema judicial mágico, para fabricar un informe que sumarice los eventos que tomaron lugar, como práctica para los informes que tendrían que hacer en el futuro, cuando tuvieran sus propios casos. Él mismo apenas había tomado una hojeada del suyo antes de que se lo llevaran a la encantadora reunión entre los escombros del Ministerio, así que, ¿cómo demonios sabía Potter que tenían casos similares?

Bueno, aunque no iba a preguntarlo y tirar a la basura la oportunidad de pasar tiempo a solas con él.

Sí, necio e ingenuo. Buenas palabras para describirlo.

—Seguro —respondió, y Potter ciertamente no tenía derecho a verse tan feliz al respecto, ¿verdad?

Que alguien le dijera que pare de darle esperanza al corazón abatido de Draco, muchas gracias.

—Genial —dijo, con una sonrisa tan brillante que iluminaba todo su rostro—. ¿Tu casa o la mía?

Draco levantó las cejas y sonrió socarronamente.

—Vaya. ¿Ni siquiera un trago antes, Potter?

Potter balbuceó incoherentemente por un minuto entero antes de calmarse lo suficiente para decidir ir a su casa, porque en la de Draco… Simplemente, tuvieron un acuerdo tácito de que no era una buena idea reunirse en un lugar donde la última vez que estuvieron ambos presentes, la mejor amiga de Potter había sido torturada frente a los ojos de Draco. No, la casa de Potter era muchísimo mejor.

Y si la idea de poner pie allí enviaba centellas efervescentes por todo el cuerpo de Draco, bueno, nadie tenía porqué enterarse.


Para cuando llegaron a la casa de Potter (que, le sorprendió descubrir, era el hogar de su tía abuela Walburga, que él mismo había visitado un par de veces cuando era un infante), Draco ya estaba haciendo un gran esfuerzo para esconder la dificultad que tenía al caminar. Ni siquiera había pensado en sus golpes antes, por haber saltado inmediatamente a la posibilidad de engañarse a sí mismo e imaginar que esto era una especie de cita, pero ahora lamentaba no haber vuelto a su casa a curarse lo máximo posible con hechizos básicos antes de venir aquí. Al menos no le dolía demasiado nada excepto su pierna.

—¿Quieres una bebida? —preguntó Potter luego de dirigirlo hacia una sala de estar que obviamente había visto días mejores.

—respondió Draco, con más vehemencia de la que se proponía. Hizo una mueca ante su propio deslice, que cubrió rápidamente con una sonrisa juguetona, y agregó—: Parece que estás aprendiendo cómo tratar a una persona que traes a tu casa para un encuentro nocturno, ¿hm?

Potter le indicó que se sentara donde quisiera y tropezó con sus propios pies en su prisa por escapar de allí, saliendo por un pasillo lateral y murmurando algo que sonaba como “encuentro nocturno…” un par de veces antes de desaparecer en una esquina. Draco, por su parte, se tendió sobre la superficie blanda más cercana a él, un sofá de tres piezas con una mesita ratona cerca y una especie de caja negra en frente. Inhaló y exhaló, escuchando el tintineo de cristal contra cristal en una habitación contigua y tratando de calmarse un poco.

Claro, no pensaba que fuera a pasar nada entre él y Potter —no deliraba—, pero estar aquí, a tan solo unos pasos de su habitación, sentado en el mismo sofá en el que era posible que Potter hubiera deslizado una mano por debajo de sus pantalones alguna vez, disfrutando la soledad de su hogar para hacer lo que quisiera en donde se le viniera en gana...

Merlín, ¿qué tan desesperado estoy? , pensó, aflojando el collar de su camisa Cerró los ojos y mordió su labio inferior, inclinando su cabeza hacia atrás en el respaldar del sofá y tratando con todas sus fuerzas de no dejar que su mente divagara en la dirección en la que quería ir.

Oyó una pesada exhalación y levantó un párpado para encontrar a Potter a solo unos pasos de él, con dos copas de vino en manos y las mejillas inexplicablemente rojas. Volvió a cerrar los ojos con una sonrisa ladeada (¿cómo sabía que vino era exactamente lo que quería tomar?), estirando su brazo hacia él para agarrar una copa, pero apuntando demasiado lejos y accidentalmente tocando con la punta de sus dedos una tela áspera y dura. Cuando giró la cabeza para ver de qué se trataba, descubrió que sus dedos habían terminado sobre el cierre de los pantalones de Potter. Se sonrojó, avergonzado, pero levantó la vista e hizo contacto visual con él antes de, recién, retirar su mano y tocar los dedos de Potter con los suyos con la pretensión de obtener su copa de vino. Potter le devolvió la mirada con una intensidad que lo dejó ligeramente sin aliento, y se tuvo que apresurar a tomar su copa antes de poder hacer algo estúpido, como ponerse de rodillas y descubrir qué se ocultaba bajo la tela de esos jeans. 

—Gracias, Potter. Justo lo que quería. Muéstrame tus papeles, en un momento te muestro los míos.

Potter arqueó las cejas, parpadeó y sacudió la cabeza como deshaciéndose de pensamientos indeseados, antes de murmurar un “claro” y sentarse junto a él. Estaba tan cerca que si Draco moviera su pierna solo un poco hacia la derecha, tocaría la de Potter.

Desintegró ese tren de pensamiento tan pronto como apareció, y se sentó propiamente. Tomó un sorbo bastante grande de vino (se sintió mejor de inmediato), dejó su copa por sobre la mesa de centro, y sacó su varita para agrandar los papeles que esa mañana había achicado para que entren en sus bolsillos. Se los entregó a Potter, que en cambio le dio los suyos, y Draco sintió crecer su interés al leer el título: Caso Stonehenge, 1713.

El Caso Stonehenge había sido el primer gran caso resuelto después de la creación del Ministerio de Magia en 1707, y había sido fascinante. Brujas y hechiceros habían estado desapareciendo por años en las cercanías de aquel monumento, sin rastro, y el fenómeno parecía no afectar a los muggles en absoluto. Al final, Lady Frances Brudenell, en uno de sus tantos viajes a Wiltshire junto a su amante, Lady Margaret Allen, había resuelto el misterio. Cuando también Lady Margaret había desaparecido gracias a la extraña magia que circundaba el área, Lady Frances dejó todo atrás y se unió al Ministerio, que podía proveerle las herramientas necesarias para investigar el caso.

—Pensar que una alteración a nivel molecular en el tejido mágico temporal era tan difícil de determinar con precisión en esa época —murmuró Draco, para sí mismo, con una sonrisa plasmada en el rostro—. ¡Brillante! —exclamó al llegar a un aspecto particular de la información detallada en los documentos asignados a Potter. Los suyos trataban del eventual asesinato de Lady Frances a manos de su esposo, a quien había abandonado para resolver el caso y con quien nunca había regresado—. ¿Puedes creer que tremenda mujer se dejara asesinar por ese…? ¿Qué pasa?

Draco levantó la vista para hacerle la primera pregunta, pero lo que vio le hizo dar pausa. Potter tenía su sobre, sin abrir, sobre su falda, y le sonreía de una manera que hacía que su mirada entera se suavizara, desde el pequeño hoyuelo en su mejilla izquierda hasta sus electricos ojos verdes, fijos en Draco, comos si no hubiera otra cosa que valiera la pena ver en el mundo entero.

A veces atrapaba a Potter mirándolo así, especialmente en los últimos meses, y las mismas mariposas revoloteaban en su estómago cada vez que pasaba. Esta no fue la excepción, y Draco se encontró a sí mismo, como de costumbre, incapaz de articular palabra o de mirar hacia otro lugar que no fueran esos maravillosos ojos, del mismo color del Avada Kedavra, pero inmensurablemente más letales, e infinitamente más gentiles.

—Deberías verte, Draco —dijo suavemente, acercándosele un tanto más—. Tu rostro cuando estás concentrado en algo que te apasiona, es... —Se mordió el labio, claramente reticente a terminar esa oración.

—¿Es…? —incitó Draco, quien se sentía tan ofuscado por el uso de su primer nombre que de repente sentía que necesitaba oír el final de aquella frase o combustiría espontáneamente ahí mismo. Harry se volvió a acercar, sus muslos tan cerca que podía sentir el calor radiando de su cuerpo, y Draco sintió que sus mejillas se enrojecían.

Esto se sentía diferente a las veces anteriores que habían interactuado desde que cruzaron caminos aquel primer día de Academia. A Draco se le ocurrió que nunca habían estado tan absolutamente solos en todo ese tiempo. Nunca trabajaron en proyectos juntos, nunca hablaron en un lugar que no fuera público. Pero aquí, en la casa de Potter, brillaba por su ausencia el murmullo de voces, distantes o cercanas, que había envuelto cada una de sus conversaciones hasta la fecha.

Draco entendió entonces que esto, venir a la casa de Potter, había sido una mala idea. Estar solo con él había sido una mala idea. Tuvo que contenerse para no jalarse el cabello cuando se dio cuenta que no podía confiar en su propio autocontrol en esta situación; en que no intentaría hacer algo que arruinara su relación, que de por sí estaba forjada sobre cimientos inestables, cimientos de enemistad desgastada y amistad cuidadosa.

Tenía que salir de aquí.

—Es enc-

Draco se paró de un salto, pero el movimiento fue tan repentino que su pierna derecha flaqueó bajo su peso, haciéndolo caer de vuelta en el sofá con un ángulo extraño y un jadeo involuntario de dolor. Se encontró, un segundo después, medio sentado sobre la falda de Potter, con ambos sobres olvidados en el suelo, y dos brazos fuertes (vaya, Potter tenía músculos) rodeándole la cintura en un gesto protector. Cuando miró hacia el costado, vio que Potter volvía a fruncir el entrecejo en esa manera que tenía que gritaba preocupación.

—¿Estás bien?

Draco maldijo a esos malditos idiotas que ni siquiera tenían el suficiente cerebro como para herirlo en lugares donde no fuera evidente que lo habían hecho, y a Potter por tener reflejos tan rápidos y no dejarlo caer al suelo en lugar de atraparlo entre sus brazos.

—Es- sí. Solo deja que- ¡auch! —exclamó cuando un espasmo de dolor recorrió todo el camino desde sus pies hasta su cadera y de vuelta cuando intentó volver a levantarse.

—¿Estás herido? —preguntó Potter, y no había que ser un genio para notarlo, pero Draco aun así había estado esperando que quizá no lo haga—. ¿Es tu pierna?

—Estoy bien, Potter, así que si me pudieras soltar... 

Pero él solo lo sostuvo con más fuerza, y Draco soltó otro quejido apagado cuando la presión le hizo sentir dolor. Su reacción hizo que Potter afloje su agarre sin que tenga que pedírselo.

—También te dolió cuando te agarré la muñeca antes —Potter intentaba mirarlo a los ojos, pero Draco los evitaba—, ¿dónde más estás lastimado?

—No te incumbe. —Esta vez sí se levantó, y dio un paso hacia la chimenea de Grimmauld que dolió más que nada hasta el momento, pero cerró los ojos y se rehusó a dejar que ningún sonido escape de sus labios—. Tengo copias de este caso en la mansión, quédate con estas. Buenas noches.

Potter estaba a su lado antes de que pudiera reunir la fuerza de voluntad para dar un solo paso más.

—¡Tienes que ir a San Mungo! —exclamó, sujetándolo del brazo de manera sorprendentemente cuidadosa—. No sé qué te pasó, pero…

—Potter, la última vez que fui a San Mungo se negaron a atenderme. Déjame en paz, ¿sí? Iré a casa y ahí podré-

—Te curaré yo, entonces —soltó Potter, abruptamente, como si no hubiera pensado antes de hablar, pero sus ojos no vacilaron—. Fui el mejor de la clase en hechizos de primeros auxilios. —Y, entonces, deslizando hacia abajo la mano que sostenía el antebrazo de Draco hasta que sus dedos rozaron la palma de su mano, dejando un camino de pura calidez en su piel, añadió—: Déjame ayudarte, Draco. ¿Por favor?

Se miraron a los ojos por un largo instante. Draco podía sentir cómo su convicción se desmoronaba con cada segundo que los ojos de Avada Kedavra de Harry Potter se fijaban en los suyos, sin dudas, sin titubeos.

¿Acaso había tenido alguna opción en primer lugar?

Incapaz de hablar, asintió lentamente con la cabeza, volviendo a sentarse en el sofá. Potter, o Harry, como su mente insistía en llamarlo cada vez que Draco se volvía a enamorar de él, se sentó a su lado, sonriéndole como si curar a Draco fuera un honor.

—Voy a… —Harry señaló vagamente hacia los botones de la camisa de Draco, y éste asintió otra vez, dándole permiso. Harry se sonrojó mientras liberaba los pequeños botones, y Draco no pudo evitar pensar que esto se sentía muy, muy íntimo.

¿Por qué no estaba desabotonando su camisa él mismo? No lo sabía, pero no pudo molestarse en que le importe cuando sintió el ligero roce de los nudillos de Harry contra la piel expuesta de su pecho.

Harry exhaló entrecortadamente cuando terminó su tarea, y deslizó la tela por sus hombros hasta que la única parte que cubría de su cuerpo era sus muñecas. Draco cerró los ojos, ruborizado, para no ver los moretones que seguro cubrían todo su torso ahora mismo. Los volvió a abrir con el aire atorado en su garganta cuando sintió las manos de Harry sobre su estómago, un toque que apenas estaba ahí, pero que Draco sintió hasta las puntas de sus dedos.

Se mordió el labio al ver la expresión de Harry: cejas fruncidas en tanto enojo (¿por él?) como concentración, mientras sacaba su varita y murmuraba hechizos que se sentían mil veces mejor que cualquiera de los encantamientos que Draco alguna vez se hubiera aplicado a sí mismo. De hecho, la última vez que alguien lo curó tan rápida y eficazmente fue en Hogwarts, cuando la señora Pomfrey se encargaba de sus heridas después de un partido de quidditch.

—Eres bueno en esto —murmuró, logrando que el ceño de Harry se relajara fraccionalmente y esbozara una leve sonrisa.

—Es la práctica —respondió él, moviendo su atención del estómago de Draco hasta sus brazos—. Solía lastimarme bastante seguido cuando estábamos en la escuela.

Draco soltó una risita.

—Sí, me acuerdo —comentó—. ¿Recuerdas nuestro segundo año, después de ese partido, con el…?

—No, no, sin menciones de mi pasado embarazoso, por favor —rio Harry, y Draco sonrió. Sí, Harry Potter se veía mucho mejor con una sonrisa en el rostro.

—De acuerdo, pero solo porque no quiero recordar cómo me ganaste a la snitch ese día. ¿Cómo conseguiste una saeta de fuego, de cualquier manera?

La expresión de Harry se tornó extraña, una mezcla de afición y tristeza. Nostalgia, tal vez.

—Fue mi padrino —dijo, levantándose del sillón el tiempo suficiente para rodear a Draco y sentarse a sus espaldas, y oh, Draco no estaba preparado para eso. Los dedos de Harry sobre su piel, aunque no podía verlos (o quizá porque no podía verlos), erizaron la piel de sus brazos, y no pudo reprimir el estremecimiento que siguió—. Él me la regaló. 

—Mm… —Draco se esforzó por escuchar, aunque podía sentir el calor de Harry en cada centímetro de piel desde su nuca hasta el último hueso de su columna vertebral, y sabía sin tener que comprobarlo que su sonrojo se había extendido por todo su torso—. Él era el segundo primo de mi madre, ¿sabes?

—¿Ah, sí? —dijo Harry, distraídamente, levantándose otra vez. Draco extrañó su calor inmediatamente, hasta que volvió a sentarse frente a él y murmuró—: Um, Draco, tus pantalones no son lo bastante sueltos como para subirlos, así que, um…

Así que, Draco pensó, se tienen que ir.

No sabía si estaba eternamente agradecido o eternamente mortificado por su elección de guardarropas. Por un lado, sentiría por primera y única vez las manos de Harry sobre sus piernas, por el otro… sentiría por primera y única vez las manos de Harry sobre sus piernas.

Oh, Merlín.

—Está bien —susurró, pero, otra vez, no hizo ningún movimiento para sacarse su ropa él mismo. Harry no pareció notarlo, porque un segundo después sus manos se suspendían por sobre los botones tallados de los pantalones de vestir que a Draco le gustaba usar.

Y él, con el corazón latiendole a toda velocidad, tragó saliva y volvió a subir su camisa hasta que cubrió sus hombros, solo para tener algo que hacer, pero Harry eligió el preciso momento en que comenzaba a abotonarla para rozar las puntas de sus dedos contra la entrepierna de Draco, haciéndole olvidar completamente lo que estaba por hacer.

Salazar, esto fue una mala idea, Salazar, Salazar…

Con cada botón fuera de su ojal, la respiración de Draco se hacía más laboriosa y más gotas de sudor bajaban por su temple y por su nuca. Si hubiera estado en un estado mental más lúcido, podría haberse dado cuenta de que Harry estaba en las mismas condiciones, o al menos podría habérsele ocurrido algo qué decir. Sin embargo, como estaban las cosas, el único sonido de la habitación parecía provenir de su propio corazón, y de la ropa que Harry estaba sacándole.

Porque Merlín , Harry Potter estaba desvistiéndolo.

Cuando la acción casi tortuosa al fin terminó, Harry levantó la mirada hacia Draco, quien entendió sin palabras lo que tenía que hacer y se medio recostó en el asiento del sofá, apoyado sobre sus codos, levantando sus caderas. Harry se arrodilló para poder sacarle sus pantalones, dejándolo solo en boxers y una camisa sin abotonar, y prosiguió a mirarlo de arriba abajo, recorriendo con los ojos toda su piel descubierta con algo muy cercano a la adoración. Draco se sintió enrojecer todavía más solo con eso, porque Merlín , se sentía bien que lo mirasen así.

—Oh, Godric… —Harry exhaló con dificultad, fijando en Draco una mirada que, si no lo conociera mejor, catalogaría como hambrienta.

—Rápido, Potter —consiguió decir Draco, y levantó su pierna lastimada hasta que su rodilla hizo contacto con el brazo de Harry. Tuvo otro estremecimiento imposible de controlar cuando Harry agarró sus muslos antes de deslizar sus manos hasta su tobillo herido, haciendo que Draco extienda más las piernas en el proceso y terminara con su talón a la altura del temple de Harry. Éste lo curó con un solo movimiento de su varita, tan rápido que Draco se quedó sin aliento, pero no retiró sus manos. Solo las deslizó de vuelta hasta sus muslos, sin nunca romper contacto con la piel desnuda, y acarició allí con sus pulgares, subiendo un último centímetro más hasta que su pulgar izquierdo comenzó a desaparecer en la parte inferior de la tela de sus bóxers con cada movimiento circular que hacía.

—¿Te sientes mejor? —preguntó en voz baja, inclinándose hacia adelante tanto que tuvo que sostenerse con su brazo derecho plantado al lado de la cabeza de Draco, sin dejar de mover su pulgar izquierdo ni por un momento. Draco, que todavía estaba apoyado sobre sus codos, podía oler la esencia masculina y almizclada que solo podía pertenecer a Harry Potter, y no pudo hacer más que asentir con la cabeza, que le daba vueltas—. Bien. —Fue lo último que dijo antes de cubrir los labios de Draco con los suyos.

Draco gimió y le rodeó los hombros con abandono, recostándose por completo en el sofá mientras Harry atacaba su boca como si fuera un hombre al borde de la muerte, y solo los labios de Draco pudieran salvarlo. Harry capturó su labio inferior entre sus dientes, abriéndose camino a la fuerza para explorar el interior de su boca con ansias. Draco, por su parte, juntó sus pantorrillas por detrás de la espalda de Harry, y empujó hacia abajo hasta que sus erecciones se tocaron por entre finas capas de tela, causando que se separaran por un momento para dar idénticos jadeos ahogados.

—Llévame… mmmn… —Harry volvió a besarlo—. Habitación... 

Harry, que no parecía capaz de despegarse de sus labios, hizo un sonido afirmativo en su garganta, pero no se movió hasta que volvieron a quedarse sin aire. Cuando lo hicieron, cambió de posición para sentarse en el sofá, llevando a Draco con él hasta que éste estuvo sentado en su falda, capaz de sentir mejor que antes el bulto que se había formado en sus pantalones.

Salazar, Harry era grande.

—Rápido —jadeó, entrelazando sus dedos en el cabello de Harry—. No puedo esperar más, Harry...

Harry gruñó y lo besó con tanto fervor que Draco estaba seguro que podría sentir sus labios contra los suyos por días después de esto, y se puso de pie justo como estaban, causando un grito ahogado de parte de Draco al ser cargado como si no pesara más que una hoja de papel. El solo pensamiento ser manejado con tanta brusquedad, de estar a la merced de alguien tan fuerte, causó que una oleada de placer recorriera todo su cuerpo, y tembló.

—Veo que… —rio, abrazando las caderas y los hombros de Harry lo más que podía con cada extremidad de su cuerpo— ...nuestro entrenamiento al menos sí te sirvió a ti.

Harry soltó una risa, echando una mirada inescrupulosa hacia el torso descubierto de Draco, en forma pero para nada musculoso, y sus pupilas se dilataron todavía más. Pareció olvidarse de responder entonces, porque comenzó a caminar hacia —probablemente— su habitación, aunque a Draco ahora mismo le hubiera dado igual si lo hubiera follado aquí y ahora contra el suelo de la sala de estar, y comenzó a darle besos sin ton ni son en donde sea que alcanzara en esta posición. Draco tuvo menos de medio minuto para maravillarse de lo fácil que era hacer esto con Potter, y preguntarse imprudentemente si tal vez podría ser igual después de esta noche, antes de que Harry lo apoyara sobre frías sábanas de algodón. Lo dejó allí, recostado, y se quedó de pie para poder quitarse la ropa.

Draco miró, extasiado y sin disimulo por una vez en su vida, cómo Harry se pasaba la remera por encima de su cabeza y descubría abdominales bien trabajados, antes de abrir sus pantalones y dejarlos caer al suelo, dejando a la vista el bulto de su ropa interior, que se veía aun más grande sin el pantalón cubriéndolo. A Draco se le hizo agua la boca, y estiró la mano para acariciar la pequeña mancha de humedad que se iba formando en la tela, haciendo que Harry tragara saliva audiblemente.

En un impulso del momento, se sentó en la cama y sus ojos quedaron a la altura del elástico de los bóxers de Harry. Miró hacia arriba, haciendo una pregunta silenciosa, y Harry acarició su cabello suavemente antes de asentir con entusiasmo.

Draco sonrió, queriendo parecer presumido, pero probablemente terminando viéndose igual de deseoso que Harry. Apoyó su nariz contra su entrepierna, inhalando ese delicioso aroma de excitación, y lamió su erección por encima de la ropa, sintiendo cómo Harry se estremecía bajo sus atenciones, antes de meter dos dedos por debajo del elástico de la prenda y liberar, al fin, ese miembro erecto le hacía agua la boca.

¿Cuántas veces habrá fantaseado con hacer esto? ¿Con ponerse de rodillas un día en las duchas del Ministerio, o en las del campo de quidditch, y tomarlo en su boca sin darle tiempo ni de pensar antes de comenzar a darle placer?

Y ahora… Draco tragó saliva, y decidió que fuera o no esta la última vez, no dejaría que Harry la olvidara nunca.

Comenzó plantando besos en la punta, rosada y goteando, mientras se agarraba del interior de sus muslos y acariciaba la suave piel morena. Dio una lamida experimental desde la base hasta la punta, sintiéndolo palpitar bajo su lengua, y fue recompensado con una exhalación entrecortada y un suave Draco que lo hizo sonreír. Sintiéndose todavía más intrépido, succionó con delicadeza uno de sus testículos, aplicando la más ligera presión con sus dientes, solo lo suficiente para atormentarlo un poco. La mano de Harry se disparó hasta su cabello, y por un segundo Draco estuvo seguro que lo mantendría en lugar mientras usaba su boca como él quisiera (la idea, honestamente, era intoxicante), pero Harry pareció contenerse a último momento, y solo le dio un pequeño tirón, como de advertencia. Y como si le estuviera leyendo la mente, dijo:

—Apúrate, Draco, o te ataré las manos para que no puedas hacer nada mientras uso tu boca como a mí se me antoje.

Draco se mordió el labio, tan excitado que sus ojos estaban un poco desorbitados, y asintió. Encontró una vena que se extendía desde la base hasta la punta, y repasó toda su longitud con su lengua hasta llegar a su glande, que lamió y besó un par de veces, pero un tirón más de su cabello y supo que hasta ahí llegaba su propio autocontrol. Sin previo aviso, envolvió todo el sexo de Harry con su boca, hasta que su nariz rozó el cabello rizado de su pelvis y sintió que tocaba su garganta. Movió un poco sus caderas en la cama, sintiendo cómo su propia erección imploraba que le diera atención, pero resistió el impulso de tocarse.

—Dios —murmuró Harry, tomando más cabello rubio en su mano y apretando su agarre hasta que Draco gimió—, eres estupendo, Draco.

Draco miró hacia arriba y fijó sus ojos en Harry, ahuecando sus mejillas y moviendo su cabeza hacia adelante y atrás, saboreando líquido preseminal, sintiendo que podía venirse solo con hacer esto, perdido en aquel vaivén que ahora creía que era su actividad favorita... Hasta que Harry tiró otra vez de su cabello, fuerte esta vez, incitándolo a que lo deje ir, y lo hizo, no sin cierta reticencia, dándole una última lamida juguetona.

—Te gusta mucho hacer eso, ¿verdad? —rio Harry, pero su voz sonaba grave y rasposa, y gotas de sudor bajaban por su pecho. Draco se sonrojó, pero asintió con la cabeza—. Me quiero venir dentro tuyo, Draco. ¿Me dejarás?

El mejor escalofrío recorrió todo su cuerpo, y volvió a asentir, retrocediendo en las sábanas hasta volver a acostarse, abriendo las piernas con anticipación.

—Mierda, Draco —Harry gruñó, paseando su mirada por todo el cuerpo de Draco y deteniéndose en su ropa interior. Sin decir una sola palabra o hacer un solo movimiento, ésta desapareció, liberando el pene de Draco tan súbitamente que lanzó un jadeo de sorpresa. Debió saber que Harry Potter podía hacer hechizos sin encantamientos y sin varita. Draco amaba lo poderoso que era este hombre, y el saber que podría hacerle lo que quisiera, como lo quisiera, y que él sería completamente incapaz de resistirse, hizo que su miembro diera un espasmo involuntario. Harry lo notó, y sonrió—. También te gusta estar a mi merced, ¿no es así? —preguntó, subiéndose a la cama y levantando las piernas de Draco con firmeza, hasta que sus talones se enlazaron por detrás de su cintura. Draco no contestó, demasiado avergonzado para admitir que le gustaba el sentimiento someterse por completo a una persona; de sentirse protegido, envuelto en tanto poder, y entregarse libremente a él…

Pasaron un par de segundos, y al notar que no obtendría respuesta, Harry hizo un sonido de desaprobación en su garganta y murmuró un encantamiento que debió de haberle lubricado los dedos, porque no pasó ni un minuto antes de que Draco sintiera una húmeda presión sobre su entrada, un solo dedo que dibujaba círculos por sobre ella, pero nunca entraba.

—Potter…

—Harry —corrigió, inclinándose hacia abajo para darle un solo beso, casto y largo—. Contéstame, Draco. —Fue dejando besos húmedos por toda su quijada, trazando un camino hasta el costado del cuello de Draco, y mordió el lugar exacto en donde se sentía su pulso. Succionó en aquel mismo punto, probablemente dejando una marca que se vería al día siguiente, y Draco suspiró entrecortadamente. Harry siguió dejando besos y marcas por su clavícula y pectorales, donde mordió tan fuerte, y se sintió tan bien, que le subieron lágrimas a los ojos.

Harry, al ver que todavía no le contestaba, presionó la punta de un dedo en su entrada, tentándolo con esa deliciosa provocación, pero no fue más lejos, y en su lugar se concentró en lamer y morder suavemente uno de sus pezones hasta que Draco comenzó a sentir que toda la sangre de su cuerpo de seguro había viajado hacia abajo, porque su erección estaba tan firme que resultaba casi dolorosa. Era la tortura más dulce que hubiera experimentado nunca.

—H-Harry… por favor… —imploró, enterrando sus uñas en los hombros de Harry, sintiéndose embriagado de placer, y al mismo tiempo tan desesperado que tenía que sujetarse a Harry como si fuera lo único manteniéndolo con vida, aunque también fuera quien lo estaba matando.

—¿Te gusta que yo tenga todo el control, Draco? —volvió a preguntar, hundiendo su dedo un poco más dentro de él, solo para retirarlo por completo un segundo después. Draco gimoteó patéticamente, y una lágrima finalmente escapó de sus ojos. Asintió con fervor, dando por vencida toda pretensión, y el índice volvió, trazando círculos en sus paredes internas, dolorosamente lento—. Habla, corazón —Harry murmuró, dejando besos con la boca abierta en su cuello—. Quiero saber todo de ti —admitió, cerca de su oído—, quiero hacerte sentir bien —continuó, mordiendo el lóbulo de su oreja—, quiero que no puedas volver a estar con nadie sin pensar en mí —Draco sintió que el vello de sus brazos se erizaba, le costaba trabajo escuchar bajo el sonido de su propio corazón—, quiero que nunca te aburras de mí, porque quiero hacerte el amor mil veces más —capturó sus labios en un beso todavía más desesperado que el primero que compartieron, y si a Draco le quedaba alguna duda de que Harry lo quería para más que solo esta noche, ésta fue obliterada bajo la fuerza de aquel beso.

—S-sí, sí, sí… —respondió entonces, sin aliento, y Harry lo recompensó añadiendo un segundo dedo, y moviendo los dos en su interior con más fuerza—. ¡Sí! Por favor, ¡por favor! Haz... necesito… lo que quieras conmigo- por favor... —En algún lugar de su mente, Draco sabía que no estaba haciendo demasiado sentido, pero esto no pareció importar, porque Harry sonrió contra su mandíbula y abrió y cerró sus dedos en intervalos, estirándolo por un par de minutos hasta que Draco ya no pudo más—. Estoy listo, Harry, te necesito, por favor…

Harry gruñó, y lo besó una vez más antes de separarse, quitando sus dedos y usándolos para lubricar su propia erección, que estaba goteando tanto como la de Draco. El solo verla logró que a Draco se le hiciera agua la boca, y empujó a Harry más cerca suyo usando sus piernas, moviendo sus caderas petulantemente para apurar todo el asunto, haciéndolo reír.

Harry se posicionó en su entrada, con las manos en sus caderas, y finalmente, finalmente, Draco pudo sentir ese ardor placentero que significaba que lo estaban abriendo completamente. Gimió y lo atrajo todavía más hacia sí, esta vez también con sus brazos entrelazados en su nuca, besándolo como si se le fuera la vida en ello, sintiéndolo enterrarse dentro suyo con una intensidad abrasadora que estuvo a punto de hacerlo correrse así sin más.

—Te sientes fantástico, Draco —cumplimentó, y Draco, si era posible, se excitó todavía más, apretando sus paredes internas y haciéndolo jadear—. Mírate, eres perfecto…

Draco no podía mantener los ojos completamente abiertos, y cuando Harry dijo aquello, se terminaron de cerrar, casi sin querer, al son de su respiración laboriosa. Sentía cada centímetro de su cuerpo conectado con el de Harry, era una sensación abrumadora, y no quería que termine jamás.

—¿Estás bien? —preguntó Harry, y Draco casi quiso reírse, porque ¿cómo podría no estarlo, cuando ni siquiera se estaba moviendo pero ya se sentía tan bien?

Asintió, sin embargo, y Harry conectó sus labios, más dulcemente en esta ocasión, como un preludio antes de comenzar a moverse.

Al principio fue lento y rítmico, se notaba que estaba tratando de dejar que Draco se acostumbre a la sensación de intrusión, y también de encontrar el ángulo perfecto. Y cuando Draco gritó, abriendo sus ojos de golpe, rasgando su espalda con sus uñas y subiendo sus caderas involuntariamente, pareció decidir que lo había encontrado. Comenzó a ir más rápido, siempre golpeando ese pequeño bulto de nervios que hacía que Draco viera estrellas.

—¡Más fuerte! —exclamó él, todo sopor completamente olvidado frente al placer llameante que sintió en todo su cuerpo. Sus ojos le rodaban hacia atrás de puro éxtasis, sus caderas saltaban casi sin su permiso para encontrarse con Harry en cada estocada—. ¡Más rápido, Harry- ah!

Harry hizo un sonido gutural que rozó en lo animal, y mordió con fuerza el hombro de Draco mientras le daba exactamente lo que quería, apretando la piel de sus caderas lo suficiente para dejar marcas y estableciendo un paso al límite de lo brutal, embistiendo contra Draco con abandono, haciéndolo arquear la espalda y gritar de placer mientras arañaba la piel de sus omóplatos sin siquiera darse cuenta de lo que hacía.

—Draco, Draco, Draco… —repetía, extasiado, repartiendo besos y mordidas en su cuello—. Te amo…

Draco sintió que todos sus sentidos se agudizaron al mismo tiempo, y se corrió sin previo aviso, gritando el nombre de Harry mientras sus caderas se movían ya por voluntad propia, ansiosas por proporcionar el mayor placer posible a esta persona que aparentemente lo amaba. Harry siguió moviéndose por encima de él, abusando su próstata, ya sobrestimulada, y Draco sintió, en ese límite entre la sanidad y la locura, que lo estaban usando de la manera más deliciosa que jamás había experimentado.

—Vente para mí, Harry —susurró en su oído, su tono dulce contrastando fuertemente con el ritmo enloquecido con el que se estaban moviendo—. Córrete dentro de mí, vamos...

Harry gruñó y lo penetró una, dos, tres veces más, antes de quedarse completamente quieto y venirse con el nombre de Draco en sus labios.

Se quedaron recostados así entre cinco minutos y una eternidad, tratando de recuperar el aliento. Cuando Harry salió de dentro suyo y rodó hacia su costado, Draco todavía sentía que la cabeza le daba vueltas así que tuvo que mantener los ojos cerrados.

—No sabía que dabas este tratamiento extra cuando sanabas a alguien —dijo, soltando una risa sin aliento—. Con razón fuiste el mejor de la clase. ¿Me debería quejar de esto con nuestros superiores? —bromeó. Al ver que Harry no le contestaba, giró su cabeza hacia él, y lo que vio le dejó descolocado: Harry lo miraba con una expresión de dolor pobremente reprimido, como si pensara que era la última vez que lo iba a ver o algo así—. Oye, estaba bromeando- no quise molestarte —dijo rápidamente. Claro que terminaría arruinando esto de una forma u otra, por supuesto que...

Pero Harry negó con la cabeza, y miró hacia el techo, mordiendo su labio con nerviosismo y sin atreverse a mirarle a los ojos. Draco no sabía si entrar en pánico o no, se sentía como si tuviera un paro cardíaco esperando a hacerse presente pero sin pasar todavía por el umbral de la puerta.

—No, no, no es eso, pero… Escucha, sobre lo que dije antes… —Tomó aire, como armándose de valor, y Draco sintió que el estómago se le ataba en un nudo. Seguro estaba a punto de decir que solo había dicho aquello en el calor del momento, o algo así. Bueno, había sido bueno mientras duró, pensó con tristeza.

De repente, Harry giró la cabeza y lo miró de lleno a los ojos, con una expresión determinada en el rostro.

—Lo que dije, lo dije de verdad. Entiendo que tú no sientes lo mismo por mí, y no quiero que sientas ninguna obligación de devolver mis sentimientos, ¿de acuerdo? Pero, estaba pensando, um… —Volvió a desviar la vista un momento, flaqueando en su resolución. Draco, por su lado, no se atrevía ni a respirar—. Estaba pensando que podríamos salir a comer algo, si quieres. ¡Pero no sientas que debes hacerlo! Ya sé que para ti seguro que solo fue cosa de ahora mismo, pero para mí no, así que pensaba que estaría bien que- o sea, si tú quieres... 

Se detuvo cuando Draco soltó una risa que le brotó desde lo profundo del pecho. ¿Harry Potter, nervioso e invitándolo a salir después de tener sexo con él?

¡Ojalá su yo frustrado sexualmente de quince años pudiera verlo ahora!

Harry soltó un gimoteo que parecía indicar que había herido sus sentimientos, así que Draco se apresuró a aclarar:

, si quiero ir a una cita contigo, Potter —dijo, todavía sonriendo, estirando una mano para acariciar su mejilla. Los ojos de Harry se abrieron de par en par, como si no lo pudiera creer.

—¿En serio?

—Sí, idiota. Vengo queriendo salir contigo desde que teníamos catorce años. ¿Estás contento?

Por la sonrisa que le dedicó, brillante y sin reservas, sí lo estaba.


Escena extra:

—Pero dime una cosa —dijo Draco, trazando círculos en los pectorales de Harry con un dedo—, ¿cómo supiste cuál era mi caso?

—¿Mm? ¿Caso?

Harry se veía demasiado feliz y adormilado como para conectar sus pensamientos. Draco rodó los ojos.

—De nuestro proyecto, Potter. Yo apenas había alcanzado a ver el título de los papeles que me tocaron, así que ¿cómo supiste que nuestros casos estaban relacionados?

Harry de repente parecía avergonzado. Se sonrojó, y evitó la mirada de Draco mientras se mordisqueaba el labio. Draco se acercó a darle un pequeño beso casto que Harry devolvió con vehemencia, pero él no dejó que suba de tono, quería saber la respuesta a su pregunta.

Harry parecía ligeramente alicaído por ello, pero al final exhaló con fuerza y dijo:

—Bueno... Es decir, el profesor Davies dijo que cada caso se relacionaba con otro, para que trabajáramos en parejas si así lo quisiéramos, y bueno… ¿Recuerdas que salté a agarrar un sobre antes que nadie? —Draco asintió—. Puede que… —Se sonrojó— ¿...que haya hecho un pequeño hechizo para intercambiar los contenidos del sobre de la persona que realmente obtuvo el caso relacionado al mío con el que tú agarraste así tenía una excusa para verte fuera del Ministerio? —dijo todo en una sola respiración, y con tono de pregunta, como si no supiera si Draco desaprobaría o no sus acciones.

Él se lo quedó mirando un largo momento, parpadeando con sorpresa, y la cara de Harry enrojecía más y más con cada segundo que pasaba, hasta que Draco soltó una risotada repentina que fue subiendo en intensidad hasta que tuvo que rodar de encima de Harry y acostarse en la cama, sosteniendo su estómago con una mano y limpiando lágrimas de sus ojos con la otra.

—¡No tienes por qué reírte! —se quejó Harry, lo cual solo lo hizo reír aun más.

—¡Pero si es brillante! —exclamó entre risas.

De repente, Draco tenía las muñecas a ambos lados de su cabeza, sobre la almohada, clavadas en su lugar por las fuertes manos de Harry, quien además había puesto una pierna por entre las de Draco, rozando su entrepierna y haciendo que su ataque de risa se detenga inmediatamente y escapara un gemido de sus labios en su lugar.

—Funcionó, ¿no? —susurró Harry, moviendo su pierna rítmicamente, causando más fricción que tuvo a Draco sonrojado y jadeante en segundos. Asintió rápidamente, abriendo sus piernas casi por instinto, mordiendo su labio y entrecerrando sus ojos. Harry se le acercó todavía más, rozando sus labios en el lóbulo de su oreja—. Ahora, ¿quieres seguir hablando, o quieres que vuelva a hacerte gritar mi nombre?

Draco se mordió el labio, y eso fue todo lo que tomó para volver a empezar.

 

~Fin

Notes:

Bueno, hace años que no escribo smut, así que espero haberlo hecho bien, pero bueno, ya me dirán jaja

Los comentarios y los kudos son super apreciados <3

PD: ya que algunos me comentaron de la situación de Draco, admito que en realidad estoy planeando otro one-shot que actúe como secuela, en la que pase algo respecto a eso y un par de cosas más que dejé establecidas aquí y que tengo ganas de explorar un poco más. ¡Ya les avisaré si lo hago!