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Bunny

Chapter 43

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

 

Seis años después.

 

Los flashes de las cámaras llenan el aeropuerto, periodistas se empujan entre ellos solo para tratar de obtener una mejor vista del avión que va llegando. Pese a los mejores esfuerzos del personal, mucha gente todavía logra colarse a esperar el avión.

 

Alguien se asoma por una de las ventanas, notando la cantidad descomunal de gente junto a cámaras y diversos equipos periodísticos, se queja en voz alta, cruzando los brazos.

 

—¿No se supone se mantendría esto en privado? 

 

Una de sus acompañantes se ríe, mirando a las personas acercarse lo más que pueden, ansiosas. —Lo hicimos, pero eres muy popular, debe ser por el cabello. 

 

Se ríe, evitando que alguien logré desordenar su peinado. El avión aterriza y les dan autorización de bajar poco después, se asegura de cubrirse el brazo izquierdo con una manga negra, su pulsera de plata en su lugar. 

 

Los reporteros siempre preguntan por qué lo hace, su respuesta es siempre la misma. Desde hace seis años no recibe un mensaje de su alma gemela, todo intento de comunicación es unilateral, es su forma de guardar luto.

 

Toma su mochila, su corazón late acelerado cuando baja por las escaleras, los flashes lo ciegan por cortos segundos y las preguntas lo abruman. Su equipo baja su maleta, los observa corriendo para llevarla a su auto, sonríe, acercándose a la multitud para resolver sus preguntas.

 

Recibe regalos, cartas, da autógrafos y se toma fotos con todos los fans que puede, consciente del cansancio en sus huesos, de lo mucho que quiere llegar a casa a descansar. Ellos parecen entender, así que a dispersan para que la prensa se pueda acercar.

 

—¡Gavi! Increíble verte hoy, tenemos algunas preguntas, si no te molesta.

 

—Seguro —no es que tenga mucha más opciones, en realidad —. Solo sean breves. 

 

—¿Cómo te sientes al ser ganador de los Grandes Premios de las Asociaciones Literarias, en la categoría de Bellas letras?

 

Esa es una fácil. —Es un gran honor para mí que hayan elegido mi obra, estoy muy contento, de verdad. 

 

—¿Y al ser ganador del premio Alfaguara de Novela? 

 

—Igual, me siento muy honrado y feliz de que mis obras hayan sido premiadas, es increíble y para mí era un sueño que casi se veía imposible. Es muy bueno ver qué se está haciendo realidad.

 

Siguen con algunas preguntas más, si piensa sacar un nuevo libro, si apunta a ganar el Nobel de Literatura, incluso preguntas más curiosas sobre su conejo mascota. Aunque como siempre, llega la pregunta que toca su fibra más sensible.

 

—Pese a qué tocas el tema de las almas gemelas con mucho romance en tus novelas, no se te ha visto nunca con alguien. ¿Tu corazón no está abierto a nuevos prospectos? ¿O es que en realidad no crees en el amor duradero?

 

Siente el ambiente helarse, reporteros más experimentados se alejan un poco de la persona que hizo la pregunta. Se aclara la garganta, evitando ponerse a jugar con el brazalete en su muñeca.

 

—Hace seis años perdí la conexión con mi alma gemela, él me amó y me entregó todo de sí, jamás podría estar con alguien que no sea él. Trato de reflejar ese mismo amor incondicional que siempre me entregó, siempre lo voy a recordar con mucho cariño —hace una pausa para tomar aire y contener las lágrimas. —Hoy es el día de nuestro aniversario, así que si me lo permiten, me gustaría llegar a casa lo antes posible. 

 

Entre su equipo y la seguridad del aeropuerto le permiten atravesar a la gente que todavía trata de hacerle preguntas, él permanece callado, su ánimo arruinado por completo. Agradece a todos una vez que logran llevarlo hasta su auto, asegurándoles que se verán dentro de medio año. 

 

Suspira, se siente más seguro aquí, así que se permite quitarse la manga junto con la pulsera, las letras brillan a la luz del sol como siempre lo han hecho. En su brazo destaca el dibujo de dos conejos, el más pequeño acurrucado debajo de la barbilla del más grande. El pequeño tiene todos los detalles y está relleno de color negro, el grande es solo una silueta. 

 

Tatuar el brazo de la conexión del alma era una práctica considerada por muchos grosera, ya que la tinta se reflejaría en la otra persona. Cómo siempre, lo suyo parecía ser un caso muy especial. 

 

Bajo un gran estrés, la conexión entre las almas gemelas podía romperse. Las letras permanecerían ahí, pero el vínculo estaría perdido para siempre. Los casos documentados hablaban de un gran trauma, del que pocos podían recuperarse. 

 

Una sonrisa melancólica llega a su rostro al ver el tatuaje, lo acompaña desde hace dos años, siempre le brinda algo de consuelo. Suspirando, comienza a conducir, el sol ilumina las nubes esponjosas que hay en el cielo, acompañando su camino. 

 

Conduce por horas, la carretera lo acompaña mientras su ánimo mejora mientras menos casas ve a la vista, solo pasto verde brillante y algunos animales dispersos. Es pacífico, ideal para él.

 

El sol comienza a ocultarse cuando llega a un camino de tierra, no se han visto otras casas en kilómetros. 

 

Bajo el aire fresco del campo y la tranquilidad, se llena de recuerdos.

 

Tiene cinco, recibe su marca del alma.

 

Tiene ocho, su corazón se acelera por alguien que desea sea su alma gemela.

 

Tiene once, descubre lo que es sentirse enamorado. 

 

Tiene trece, su alma gemela es la persona que quería.

 

Tiene catorce, su amor es correspondido con fuerza.

 

Tiene quince, encuentra fuerza en lo que perdió para seguir adelante.

 

Tiene dieciocho, ama y es amado con la misma intensidad.

 

Tiene veintidós, se gradúa con honores, impulsado por el amor.

 

Tiene veinticuatro, se siente en paz. 

 

Conduce a menor velocidad por el rústico sendero, sonriendo al ver la adorable casita.

 

Está pintada de un suave rojo, tiene un solo piso y una chimenea por la que se siente muy orgulloso, en general, ama su casa. Estaciona al lado del camino, ya sintiéndose mucho mejor. Lo reciben los sonidos emocionados de los animales de su granja. 

 

Desciende sin preocuparse por bajar sus maletas, los escalones de piedra tienen dientes de león creciendo a su lado. Rodea la casa, caminando a pasos emocionados al corral más cercano. Las cinco cabras exigen su atención, moviendo sus colas y tratando de mordisquear su ropa cuando se acerca para acariciar sus cabezas. 

 

Ríe contento y pasa al siguiente corral. Dos vacas y un becerro giran sus cabezas hacía él, sin dejar de rumiar, tampoco hacen ningún intento por acercarse, así que solo revisa que tengan alimento y agua para continuar caminando. 

 

Brinca una de las pacas que hay en su camino, solo por lo divertido que le resulta, con una risita, llega junto a los conejos. Ahora son diez, Kibou no creció demasiado, pero vive contento junto a los otros, con suficiente espacio para correr y jugar junto a ellos. 

 

Los observa durante algunos minutos, adorando a cada uno en silencio. Camina, pasa entre árboles frutales y sembradíos de maíz, un granero más pequeño que la casa donde se almacena alimento para sus animales. Las nubes se tiñen de rosa, lila y naranja cuando llega a dónde quiere.

 

Es un árbol grande y robusto, con ramas fuertes dónde se colocó un columpio para dos personas, el viento mueve sus hojas en una suave danza. Sonríe al verlo en el mismo lugar, mirando la puesta de sol.

 

Se asegura de que sus pasos sean ruidosos cuando camina para sentarse a su lado, el asiento derecho siempre está ocupado por él. El sol baja más, llenando el campo de una luz tenue que lo hace ver mágico.

 

Él mueve su brazo izquierdo, el tatuaje de los dos conejos visible, con el pequeño siendo una silueta. Lo deja tomar su mano derecha, sus dedos acariciando la piel hasta que parece estar satisfecho. 

 

Recarga la cabeza en su hombro, moviendo los pies contra el suelo para mecerlos. Observan al sol ocultarse, la noche cae sobre ambos, el campo se llena de luciérnagas que brillan bajo el cielo nocturno.

 

Él besa su cabeza, se pone de pie y toma su rostro entre sus manos. Se ve cansado, el paso del tiempo visible en su piel, sus ojos claros batallan en enfocarse en los suyos, cuando lo logran, se llenan de amor.

 

Sus manos encuentran su cintura y lo colocan entre sus piernas, le da una sonrisa coqueta que él corresponde con una mirada de dulce exasperación. Se ríe, inclinándose para juntar sus labios en un beso largo cargado de sentimientos. 

 

Se separan jadeando suavemente, se lame los labios, sin dejar de acariciar sus mejillas. —Pensé que regresarías mañana.

 

—Terminé temprano, estaba desesperado por regresar. Marco dijo que no quisiste acompañarlos a tomar un café, me preocupé. 

 

—Estaba ocupado —responde, sus manos acarician su espalda y lo pegan más a su cuerpo —. Planté fresas. 

 

—¿Y por eso no fuiste? 

 

—Me gustan las fresas. 

 

No lo dice, pero lo entiende. Tiene días que le resulta más difícil levantarse y hacer cosas, ha encontrado un consuelo en la jardinería, todos sus cultivos han sido gracias a él. 

 

—Vamos a casa, necesito un baño caliente. 

 

Toma su mano, caminan juntos por el mismo sendero, nunca deja de sostener su brazo. Le ayuda a subir los escalones y abre la puerta para él, las luces llenan su casa y ambos ríen en su camino a la habitación.

 

Lo deja sobre la cama aunque él no lo suelta, sus manos fuertes lo sostienen haciéndolo caer encima suyo. Él ríe, abrazándolo para no dejarlo ir.

 

—¡Vamos! Tengo que llenar la bañera.

 

—Lo haré después, déjame disfrutar de mi esposo. 

 

Sus mejillas se calientan, pero accede. Se acomoda mejor sobre él y junta sus labios en un beso desesperado, ayudándolo a quitarle la ropa. 

 

Más tarde, permanece despierto mirándolo dormir. Está tranquilo, sus respiraciones son profundas y su corazón late fuerte bajo la palma de su mano. Acaricia su pecho, grabando cada detalle suyo. 

 

Su mirada viaja a la pared que tiene detrás, una pequeña insignia de felicitación por pasar cinco años sobrio y completar su rehabilitación. Un mueble con medicamentos para los días particularmente malos, cuando él siente que su cabeza va a explotar, las gotas para sus ojos. 

 

Recuerda el día de su graduación, su corazón un poco roto al verlo batallar para encontrarlo, su tono avergonzado cuando le dijo que había perdido la mitad de la vista en un accidente, que había completado su rehabilitación y que si quería, había un buen terreno en el que podía construir la granja que tanto quería, alejados de la gente.

 

Pablo, impulsivo como siempre, se lanzó a besarlo a penas hubo terminado de hablar, llorando y diciendo lo mucho que quería pasar su vida a su lado.

 

Se casaron a los tres meses. Su casa estuvo lista luego de un año, no volvieron a separarse desde entonces.

 

Aún hay días en los que un peso cae sobre los hombros de Robert, haciéndolo lucir intranquilo e inquieto. Son episodios poco frecuentes, pero siguen ahí, recordándole un pasado por el que se esfuerza en superar.

 

Nota sus párpados moverse, su respiración se corta un segundo antes de que suspire.

 

—Deja de mirarme, duérmete.

 

—No puedo. 

 

Él le sonríe, todavía sin abrir los ojos. —¿Qué parte? 

 

—No quiero dejar de verte. No es un crímen mirar a mi esposo.

 

—Me estoy volviendo viejo, deja de verme. 

 

Muerde con suavidad uno de sus pectorales, sonriendo al verlo sobresaltarse y mirarlo alarmado. —Eres como el vino, entre más viejo más bueno. 

 

Se ríe con fuerza, se levanta para colocarse encima suyo y le llena el cuello de besos junto a pequeñas mordidas. Sus carcajadas estridentes llenan la habitación, súplica piedad cuando empieza a llorar de la risa y él se detiene, mirándolo. 

 

Sus ojos se esfuerzan para encontrar su figura en la oscuridad, jadeando, toma su mano izquierda para besar el interior de su muñeca, mirándolo con ojos llenos de cariño. 

 

—Conejito... Haría todo de nuevo con tal de tenerte así, conmigo. 

 

Lo abraza, acariciando su cabeza y parte de su espalda, deja un beso suave sobre su mejilla y le murmura en voz baja.

 

—Te amo, Robert.

 

—Te amo más, mi dulce conejito.

 

Iluminados por la luz de la luna, Pablo conecta su mirada con el conejito de peluche en la repisa, el mismo que Robert le dió tantos años atrás, cuando no tenía idea de que serían almas gemelas, cuando ninguno imaginaba el vínculo que se crearía entre ambos. 

 

Sonríe, el camino ha sido difícil, pero todo ha valido la pena. 

 

Ama ser su conejito. 

Notes:

Muchas gracias a cada linda personita que ha seguido el fic, gracias gracias gracias.

Estaré subiendo pequeña historias sobre qué pasó en esos seis años en facebook, me encuentran como Sigrun con una foto de perfil de Lewan.

Se siente irreal dejar ir Bunny, pero todo tiene que acabar en algún momento.

Muchísimas gracias por estar aquí, nos vemos en más historias.

Sigrun.

Notes:

Hola.

Entonces, ya me conocen, supongo. Bunny será subido aquí también:)

Por si alguien necesita una confirmación, no van a tener sexo mientras Pablo sea menor de dieciocho añitos, pero marqué la historia como underage porque si hay besos y situaciones sexuales (no entre ambos) que incluyen a un menor, situaciones como sueños húmedos, masturbación y así.

Entonces, si a alguien le incomoda por favor absténgase de entrar y comentar, ya tuve a alguien diciéndome que debería ir a terapia porque estoy mal de la cabeza, no necesito leerlo una segunda vez.

Gracias por leer.